No yo, sino Cristo en mí, 25 de marzo de 1922.  En tiempos remotos, el hombre sentía a la naturaleza verde, y esta naturaleza estaba por doquier impregnada de alma y espíritu rojo. En tiempos posteriores, el hombre sentía la naturaleza, pero sentía también la posibilidad de percibir, frente a la naturaleza ya sin alma, el propio "yo soy" amarillo. En aquel momento se necesitaba para ello la imagen del Dios que reside en el hombre, y lo sentía en el dios Dionisio que le era presentado en el drama griego. En épocas aún más tardía el hombre sería nuevamente la naturaleza sin alma verde, y en sí mismo el "yo soy" amarillo. Y allí el drama se hace realidad. Sobre el Golgota se eleva la cruz. Pero al mismo tiempo se enciende en su interior lo que el hombre había perdido originariamente, y brilla rojo desde su propio interior hacia afuera: No yo, sino Cristo en mí.