Volver inicio Temakel  Volver galerías de arte

 

 

 

    EL ANTIGUO ARTE CELTA

 

El caldero de Gundestrup, Dinamarca, realizada hacia el siglo I a.j.c, una de las más célebres piezas artísticas célticas, fue hallada en una ciénaga danesa. Un dios exhibe su poder al sujetar a dos hombre que, a su vez, sostienen jabalíes. Jabalíes y cerdos eran animales sagrados vinculados con los sacrificios, y simbolizan también a los guerreros; de ahí su presencia en la cresta de yelmos.      

   

    Pequeña presentación

    El arte celta de Hallstatt y La Téne, por Duncan Norton-Taylor 

    Galería arte celta

    Bibliografía arte y cultura celtas

    

   Pequeña presentación

EN EL CAMINO DE LA ESPIRAL

Por Esteban Ierardo

El sol colma la tierra con brillantes serpientes de luz. Los reptiles se mueven con lentitud sobre rocas, y los labios fértiles de praderas y bosques. En su devenir configuran líneas entrelazadas, dinámicas figuras. Que avanzan y retroceden. Espirales. Espirales celtas. Espiralados derroteros plasmados sobre piedras, cerámicas, espadas, lanzas, reversos de espejos, hojas de libros, yelmos o columnas.

Los celtas desarrollaron un arte de alto refinamiento e inclinado hacia lo abstracto y geometrizante en muchos casos. Para el siglo VI a. J.C los pueblos célticos dominaban buena parte de Francia y los Países bajos. Atravesaron los Pirineos y fundaron asentamientos en España. Dos siglos después, al dejar atrás el canal de la Mancha, se adentraron en el sur de la actual Inglaterra. Sin embargo, su principal poderío se afincó en el centro europeo en los valles del Sena, el Ródano, el alto Danubio y el Rin. Ya antes de la consolidación de los dominios célticos, por el 700 aj.c, se practicaban entierros donde, además de carros y herrajes de caballos, junto al muerto se colocaban calderos de bronces y recipientes de vino con diseños extranjeros griegos y etruscos. Pero también existían piezas de hierro con diseños autóctonos. Este primer período del arte céltico, conocido como estilo Hallstatt (que se extendió del 700 al 500 a. J.C), se vinculó con un importante desarrollo de la herrería. A su vez, la representación de la figura humana o de animales adquirió un singular carácter estilizado. La forma humana se acercó a la abstracción. Ejemplo paradigmático de la estilización céltica de la figura humana se encuentra en las urnas funerarias de cerámica halladas en Sopron, Hungría, donde se muestra un grupo de mujeres entregadas a diversas labores de la vida cotidiana (ver abajo galería). A pesar de su vínculo con la cotidianeidad, los dibujos son altamente estilizados, e irradian un delicado equilibro entre la figuración y la abstracción. Dos figuras con caras de pájaro sacrifican un animal astado sobre, quizá, un altar. Y, además de un adorador sumido en trance y un jinete que aferra las bridas de su caballo con cascos redondos, unas mujeres con vestidos decorados con círculos concéntricos se afanan en realizar un tejido del período de Hallstatt.

El segundo período del arte céltico es conocido como arte de La Téne, lugar de un yacimiento arqueológico en el lago Neuchatel en Suiza, donde en 1857, el arqueólogo aficionado Friedrich Schwab, extrajo del lecho lacustre cientos de objetos que llegaron allí arrojados desde un desparecido puente. Se trataba seguramente de ofrendas arrojadas al fondo del lago con el propósito de calmar a los espíritus del agua.

En la superficie de largas espadas halladas por Schwab, existían líneas retorcidas que componían verticilos y espirales. El patrón espiralado aparece también en los valles del Rin y del Marme. La aparición de las piezas con decoraciones espiraladas en una amplia región demostró que este arte dimanaba de un proceso colectivo; no era sólo una expresión local. Las espirales se convertirán en una constante arquetípica de la imaginación céltica. Luego, las ondulantes líneas entrelazadas de la antigüedad celta emergerán como exquisitas tramas decorativas en Bíblias medievales (como el Libro de Durrow o de Kells; ver abajo galería), en las cruces célticas o en las columnas de la Iglesia de Sta. María y S.David, Kilpeck, cerca de Hereford, Inglaterra, construida en el siglo XII d.J.C (ver abajo galería).

Como todo arte antiguo, la creatividad artística céltica se hallaba orientada hacia una finalidad sagrada o trascendente. La producción del placer de lo bello, el mero valor ornamental, o la expresión de la riqueza de la nobleza eran otras dimensiones posibles del arte. Pero siempre secundarias. El principal designio del arte es el poder de apertura a la otredad divina. El célebre caldero de Gundestrup, creado por el arte de la Téne, exhibe diversas figuras de posible significación mitológica. En esta refinada pieza, mediante la belleza artística se revela la presencia y el poder de algunos dioses. Pero la comprensión de una superior función metafísico-religiosa en el antiguo arte celta se enlaza con el simbolismo de la espiral, como figura de un significado y procedencia inconcientes. Jean Markale, uno de los grandes investigadores de la cultura céltica, en su obra Las tres espirales, destaca que lo espiralado "bien parece haber sido la base misma de toda la especulación metafísica de los celtas". La espiral, uno de los principios esenciales quizá de un perdido saber oral de los druidas, los supremos conocedores de lo sagrado en la tradición celta. Devenir de la espiral, el viaje hacia lo interior, hacia el ser, la fuente y el origen; y, a la vez, senda de regreso al mundo exterior, a lo creado, al espacio de las cuatro direcciones cardinales donde el hombre existe y observa el universo misterioso, con el que debe convivir.

Con el propósito de estimular el conocimiento de la cultura céltica y la valoración de su arte, presentamos aquí una galería con imágenes de algunas obras especialmente representativas del período Hallstatt, el posterior estilo de La Téne, y su manifestación ulterior en el cristianismo irlandés medieval donde la influencia de las tradiciones célticas y la extinguida sabiduría druídica aún ejercía una subterránea influencia.

Un texto de índole informativa precede la galería visual a fin de transmitir el contexto cultural y los principales rasgos de estilos de los períodos más representativos del antiguo arte céltico. Al final, hallarán también un listado de sugerencias bibliográficas.

La imaginación celta creó una mitología de radiante fantasía. Exhaló un halo de poesía y misterio sobre el extenso rostro de la naturaleza. Veneró el roble y el bosque. Creyó en fuerzas invisibles, en el devenir, en las mágicas metamorfosis del hombre que, en muchas vidas, desde su condición humana, se transforma en animal. Viento. Espada. O roca.

Y, también, la creatividad celta inventó un arte donde la sutil, omnipresente y divina espiritualidad es sugerida mediante el dibujo de tendencia abstracta, la figura que quiebra el naturalismo y danza en estilizadas formas geométricas. Y mediante el sinuoso y magnético devenir de las espirales. Inacabables.

 

 

  

EL ARTE CELTA HALLSTATT Y LA TÉNE 

  Por Duncan Norton-Taylor 

El dios Cernunos representado en una de los paneles del caldero de Gundestrup.  Es una muestra del arte céltico del período de la Téne. El dios, asociado a la naturaleza salvaje, se halla rodeado por un ciervo, un jabalí, un toro, una víbora cornuda, y un torque, un aro de superficie espiralada. 

 Muy por encima de la pequeña ciudad mercado austríaca de Hallstatt, que se asienta a orillas de un lago alpino, se eleva el Salzberg -literalmente "montaña de sal"--. De ella se ha estado extrayendo sal desde tiempos inmemoriales. Con toda probabilidad este tesoro fue originariamente descubierto por primitivos cazadores que rastreaban sus presas hasta las fuentes salinas, donde los cristales incrustados en las rocas podían lamerse fácilmente.

 Hacia el final de la Edad del Bronce, en el siglo VIII a. de J. C., las minas de Hallstatt estaban siendo intensamente explotadas puesto que la sal se había convertido en un producto valioso. Utilizando cuñas, picos y cinceles de bronce, aquellos hombres excavaron unos 350 m por la pendiente de la montaña, practicando precarios túneles que apuntalaban con armazones de madera. Algunos estaban provistos de escalones hechos de troncos de árbol para salvar los planos inclinados.

 En los siglos siguientes, los trabajadores de las minas de Hallstatt encontraron casualmente objetos utilizados o gastados por aquellos antiguos mineros, conservados más o menos intactos por la acción conservadora del mineral; trozos duros de ropas -mitones, polainas y gorros de piel-, hojas secas de pestwurt, una hierba medicinal muy usada todavía en la zona como remedio popular contra las enfermedades de los mineros, y los restos carbonizados de palos atados por éstos como antorchas. De vez en cuando se hallaban restos de comidas prehistóricas- fragmentos de huesos de animales.

 En 1846, el encargado de las minas de Hallstatt, George Ramsauer, se interesó vivamente por estos antiguos mineros y empezó a buscar más señales sobre ellos. Sus investigaciones condujeron a un descubrimiento asombroso: un lugar de enterramiento con casi un millar de tumbas. El hallazgo supuso a Ramsauer 17 años de intenso trabajo. Invirtiendo una buena cantidad de su dinero y todo el tiempo que podía escatimar a su trabajo profesional (así como a sus deberes paternales hacia los 24 niños de su familias), Ramsauer abrió sistemáticamente las 993 tumbas y anotó con minuciosidad los hallazgos en su diario.

  El resultado de estas investigaciones reveló la existencia de una comunidad próspera cuyos miembros eran diestros en el trabajo del hierro y que comerciaban ampliamente con escandinavos, etruscos y griegos, entre otros; estaba claro que las gentes del establecimiento eran además guerreros y que montaban a caballo, y también hábiles carpinteros y artistas. Generalmente se cree que los lugares de enterramiento, y otros parecidos encontrados posteriormente por arqueólogos que trabajaron en aquella zona, pertenecen a los antiguos celtas. Incluso otras tumbas, halladas en lugares que van desde Francia hasta Checoslovaquia, han sido identificados como pertenecientes al os celtas del mismo período. Las más antiguas se han fechado en el 7000 a. de J. C.- año del inicio de la edad de Hierro en Europa central-, y la gente enterrada en ellas había pertenecido evidentemente a un período de transiciones cultural. Algunos de los cuerpos estaban incinerados al estilo de los campos de urnas; pero la mitad, por lo menos, eran esqueletos. Algunos lugares contenían carros funerarios de cuatro ruedas, reminiscencia de los enterramientos en carro del pueblo del hacha de guerra, aunque en la tumba de estas gentes no se guardaban los carros. 

Más curioso aún es que muchas tumbas del período de Hallstatt contenían herrajes y adornos de arneses de caballo -antigua prueba de la importancia que las personas daban a sus caballos-. Puesto que las tumbas con atavíos de caballo eran ricas en otros ajuares, los expertos creen que pertenecía a la elite de la comunidad.

 Además de los carros y herrajes de caballo, las tumbas del período de Hallstatt proporcionaron a los arqueólogos otros objetos fascinantes. Recipientes para el vino y calderos de bronce elaborado diseño griego y etrusco, collares de ámbar de Escandinavia y pomos de espada con incrustaciones de oro y marfil importados, señalan una influencia basada en un comercio de considerables dimensiones. Aún más fascinante, muchas armas-espadas, puñales, lanzas, hachas de guerra -estaban hechas de un material nuevo en las tumbas de la región: el hierro.

El caldero de plata de Gundestrup con sus escenas mitológicas, originalmente el caldero estaba cubierto con una fina capa de oro. 

 En una primera visión de las tumbas de la necrópolis de Hallstatt, los estudiosos pensaron que los objetos de hierro, al igual que los otros artefactos, eran de importación. Después llegaron a la conclusión de que el diseño y la artesanía eran únicos, y probablemente indígenas. Ciertamente disponían del hierro de las minas cercanas de los Alpes orientales, muy conocidas en el mundo antiguo. Pero la ruta por lo que la tecnología del hierro alcanzó la región tuvo que ser larga y tortuosa.

 En el Próximo Oriente, los trabajadores del metal conocían el hierro desde hacía siglos; los hititas fabricaban y comerciaban objetos de hierro desde el 1500 a. de. J.C. ; pero desde el final del imperio hitita, en el 1200 a. de J. C., hasta la primera aparición del hierro en Europa central, hacia el 700 a. de J. C., hay un período en la historia de la tecnología del hierro sobre el que los arqueólogos únicamente pueden hacer conjeturas.

 ... Las gentes del norte de los Alpes, trabajadoras del metal, gracias a su anterior experiencia con el cobre y el bronce y a su natural aptitud para los logros tecnológicos, se hicieron rápidamente competentes como trabajadores de hierro. Aprendieron a extraer el mineral, a triturarlos y mezclarlo con capas de carbón de leña y a calentar el mineral hasta convertirlo en una masa esponjosa ennegrecida. 

...Hacia el siglo VI a. de J.C., estos celtas resueltos  y tecnológicamente avanzados habían llegado a dominar la mayor parte de Francia y de los Países Bajos y habían atravesado los Pirineos para establecer enclaves celtas en España. Hacia el s. IV a. de J. C., cruzaron el canal de la Mancha y se introdujeron entre los pueblos indígenas que vivían en las tierras bajas del Támesis. Pero el centro de su poder se estableció finalmente en una zona que en la actualidad ocupa, aproximadamente, Suiza, el oeste de Austria, sur de Alemania y Francia.

 En este centro- especialmente en los ricos valles del Sena, Ródano, Rin y alto Danubio- florecieron las tribus celtas, y se desarrolló una nobleza inmensamente rica. Los príncipes y princesas celtas eran enterrados con mayor esplendor que el que reflejan las tumbas hallstátticas.

 Incitados por las demandas de estos señores ricos e inspirados en la artesanía de los objetos de lujo importados, los artesanos celtas crearon productos de diseño cada vez más sofisticados. En efecto, apareció un arte celta personal que fascina a arqueólogos e historiadores. 

  La primera fase del arte celta, que va aproximadamente desde el 700 hasta el 500 a. J.C, se llama de Hallstatt, por el poblado alpino donde se encontraron las primeras tumbas identificables como celtas. Durante el período de Hallstatt, cuando el estilo artístico no había cruzado aún las vagas fronteras del centro celta de la Europa Occidental, los motivos utilizados por los artesanos celtas reflejaban esencialmente su herencia de anteriores tradiciones europeas. Los motivos se sacaban de la naturaleza, pero estaban estilizados. La figura humana aparece a menudo tan esquematizada que llega a lo abstracto. Un ceramista desconocido cuyo trabajo se encontró en una tumba cerca de Sopron, Hungría, decoró sus cerámicas con dibujos de hombres y mujeres hechos de un modo primario, con cuadros, círculos y triángulos. No obstante, los dibujos están muy lejos de ser estáticos, y forman además un vivo comentario social.  

Las mujeres del ceramista de Sopron llevan faldas cortas en forma de campana y están representadas hilando, tejiendo, bailando, tocando la lira y montando a caballo. En una escena, dos de ellas se tiran de los cabellos. Los hombres -la mayoría de ellos en escenas de lucha- llevan pantalones largos, o calzones, un estilo de vestir tan extraño a los ojos de la gentes europeas meridionales, que posteriormente se convirtió, para griegos y romanos, en una de las señales identificadoras de los celtas.

 Los artistas del período de Hallstatt dibujaron pájaros y animales con un realismo mayor y con mucha más gracias que la figura humana. Parece que los artistas se deleitaron especialmente con los cines y los patos. Además, los pájaros acuáticos sirvieron para decorar tal cantidad de objetos diferentes, desde recipientes de bronce hasta las varas del carro, que los estudiosos piensan que debieron de estar asociados a algún tipo de culto religioso (las antiguas leyendas irlandesas mencionan frecuentemente la pureza del cisne y las cacerías de cisnes.) En el repertorio de los artistas de Hallstatt había también cabras y ciervos, y una tapadera de un recipiente llevaba incluso la imagen de una esfinge, animal mítico con cabeza humana y cuerpo de león. La idea de estas criaturas fue importada de los griegos, que los ponen en los recipientes vendidos a los celtas. El creador del dibujo sobre la tapadera del caso copió quizás las figuras de las que había visto en las importaciones griegas- o quizá el mismo fue un artesano griego al servicio de un jefe celta-.

Además de los mitos de animales y pájaros, que quizás fueron símbolos de culto, los artesanos hallstátticos fabricaron de vez en cuando objetos con una clara finalidad ritual, aunque generalmente es difícil adivinar su exacto significado religioso. 

..A diferencia del arte hallstáttico, sobrio y reprimido, surgió un nuevo arte celta ampuloso y curvilíneo, deslumbrante por la complejidad de su dibujo. Parece que este arte encontró fácil acogida entre los valientes y seguros aristócratas celtas, puesto que se convirtió rápidamente en el estilo artístico celta dominante.

 

Una muestra de los ceramistas de la Edad del bronce, donde los círculos concéntricos, espirales y puntos adquieren un valor decorativo y simbólico. Aquí, estatuillas de mujeres con faldas en forma de campana descubiertas en 1955 en una excavación en Rumania.

 Se necesitaba un nombre con que denominar este estilo, y los arqueólogos le pusieron el de La Téne, lugar de un yacimiento junto al lago Neuchatel, en Suiza, donde se encontró la primera gran colección de objetos decorados de esta guisa.  En uno de sus cambios periódicos, el lago alcanzó, en 1857, un nivel inusitadamente bajo, y sobre la línea del agua aparecieron maderos espectrales. Atrajeron la atención de un buen aficionado arqueólogo de la región, el coronel Friedrich Schwab, que supuso eran los pilares de un palafito suizo de la Edad de Piedra. Los palafitos suizos eran la especialidad del coronel. Durante más de tres años dragó el lugar con un bote y una pala que había diseñado especialmente para esta finalidad. Desde el bote podía observar el fondo poco profundo del lago y con la pala sacada los frágiles objetos envueltos aún en un bloque de barro protector; de este modo no los dañaba en la extracción.

 En total el coronel extrajo del fondo del lado centenares de armas de hierro, lo que hizo pensar a los arqueólogos posteriores que La Téne había sido un lugar votivo. Los maderos espectrales -se demostró, no eran piletones, sino soportes de un puente que cruzaba un río que desembocaba en el lago, y la que cruzaba el puente arrojaba las ofrendas quizá para aplacar a los espíritus del agua que habitaban -según sus creencias- bajo la superficie del agua.

 Entre las armas de La Téne, había 50 espadas largas, agudas, con asombrosos dibujos sobre sus hojas, exactamente debajo de la empuñadura. En vez de ser rígidos y geométricos estaban trazados con líneas retorcidas que se rizaban en zarcillos y se enlazaban en verticilos y espirales. Posteriormente, en otras excavaciones celtas en los valles del Rin y del Marne, se encontraron composiciones similares, lo cual convenció a los estudiosos de que los dibujos de La Téne, lejos de ser un simple fenómeno local, abarcaban un entorno cultural mayor. ¿Qué significaban esos diseños y de dónde procedían? 

El arte de La Téne se parece en cierto modo al de los escitas del sur de Rusia, un pueblo con el que los celtas no pudieron tener sin duda mucho contacto. ¿Acaso algunos ejemplos perdidos del arte escita prosiguieron camino hacia Europa a través de algún intermediario y atrajeron la mirada de algún artesano especialmente hábil, una especie de Picasso celta, que después inspiró toda una escuela de seguidores? Quizá. Puesto que el arte de La Téne tuvo siempre una distribución bastante amplia y no llegó a ser completado y perfeccionado en una región determinada, algunos estudiosos piensan que el impulso original pudo llegar del taller de un hombre particular, un maestro artesano tan habilidoso que influyó sobre generaciones de otros artesanos. Este es llamado, algo románticamente, el Maestro de Waldagesheim, por un lugar del Rin medio donde se encontraron los ejemplos más típicos de este trabajo. Tan fuerte fue su influencia que, en vez de La Téne, el estilo podría haber llevado el nombre de su lugar de origen- Waldalgesheim.

 El arte de Waldalgesheim caracteriza a otras dos versiones del arte de La Téne que le siguieron: el estilo plástico y el estilo de las espadas. De un modo ideal, todas las partes del objeto aparecen dibujadas -cuanto más fantástico y retorcido el dibujo, mejor-. Dando riendas suelta a su imaginación, el Maestro de Waldalgesheim y demás seguidores de su estilo llenaron todo espacio posible con flores que se arraciman y emparejan, con tallos enlazados y hojas enroscadas, extraños rostros parecidos a máscaras y verticilos que acaban en ojos solitarios.

 En el arte de La Téne llamado plástico, este concepto se traduce en tres dimensiones; los contornos del objeto se configuraban con complicados dibujos calados. Y en el arte de las espadas el dibujo Waldalgesheim está sobrepuesto a dibujos figurativos rectos a fin de crear un arte que es la vez abstracto y representativo. Por ejemplo, en el arte de las espadas (así llamado porque aparece más corrientemente como decoración de vainas de espadas) la figura de un caballo se expresa sólo en su contorno. Dentro de la línea externa, el cuerpo del animal contiene dibujos que guardan una ligera relación con asuntos tales como la silla de montar y las bridas e, igualmente, pocas o ninguna conexión con los músculos y los huesos de la anatomía equina.

 El arte de La Téne no es un arte tranquilo. La mayoría parece un material sacado de un mundo de ensueño; y, como los sueños, es algo inquietante. Hay, por ejemplo, un bello frasco de Durnberg, Austria, con un delgado cuello dibujado en filigrana y un asa graciosamente curvada que es, en realidad, el cuerpo arqueado de un animal parecido al gato. La ejecución es elegante, y el dibujo una delicia; hasta que, de repente, uno se da cuenta de que la boca del animal tiene una cabeza humana cortada. Cuando el arte de La Téne madura, la cualidad oculta de sus dibujos se hizo más pronunciada. Ninguna cosa era nunca lo que parecía ser. Un adorno de bronce con una filigrana maravillosamente complicada, procedente de una tumba de Checoslovaquia, está dominado por lo que parece ser una cabeza de toro. Pero cuando se mira la cabeza desde otro ángulo, se ve que tiene una cara humana, de modo que, al final, la cara semeja una aparición.

 Hacia el siglo II a.de. J.C., el dibujo de La Téne ha desarrollado una forma de arte tan distintivamente celta que, cualesquiera que sean sus derivaciones y préstamos, no tiene nada en común con el arte de otros pueblos contemporáneos. La Téne, por ejemplo, estaba mucho más relacionado con el mundo natural que el arte humanista de los griegos - particularmente cuando afrontaba los aspectos más salvajes de la naturaleza-. Paul Jacobsthal, uno de los primeros estudiosos del arte celta, lo llamó al mismo tiempo "atractivo y repelente, complicado y hábil; lleno de paradojas, desasosegado, intrigadamente ambiguo; racional y irracional; oscuro y misterioso. No obstante fue un arte real". Esta descripción se puede aplicar también a la gente que realiza este arte. (*)

Escultura realizada en 1966 en bronce, por Oisin Kelly. Se halla en Phoenix Park, Dublín, para conmemorar la revuelta de Pascua en 1916. El artista apela al relato mitológico de los hijos de Lir que se transforman en cines; fue concebida como una expresión visual y mitológica del deseo de liberación política.

(*) Fuente: Duncan Norton-Taylor,Los celtas (v.1) en colección Orígenes del hombre, ediciones Folio, Barcelona.

 

 

  Galería de arte celta

 (Aclaración: todas las fotografías pueden ser ampliadas mediante un clik; en la ampliación, al pie de las imágenes, hallarán epígrafes explicativos)

 

 1

  2

  3

 

4

     

  5

  6

   

 7

 

 

  8

  9

  

        

 

10

 11

12

13

 

Fuente de las ilustraciones:  Los celtas (v.1) en colección Orígenes del hombre, ediciones Folio, Barcelona; David Bellingham, Mitología celta, editorial la Máscara, Valencia.

  

 

 Escultura en bronce de Oliver Sheppard, en The General Post Oficce, Dublín. Otra estatua construida tras la revuelta de 1916 contra la dominación inglesa. La estatua conmemora los muertos en la batalla por la independencia y se inspira en el héroe celta máximo CuChulainn, quien fue herido de muerte por su enemigo Lugaid. Decidido a morir de pie, CuChulainn se ató a una columna de piedra. Lugaid se le acercó sólo cuando el cuervo se posó sobre su hombro, signo de que ya había muerto.

 

  

 

   Bibliografía arte y cultura celtas

 

Cruces celtas. Una rueda solar rodea el centro donde se cruzan los dos maderos perpendiculares.

 

Henri Hubert, Los celtas y la civilización céltica, Madrid, Akal Universitaria.

Jean Markale, Los druidas, Madrid, Taurus.

                     Las tres espirales, Barcelona, José Olañeta editor.

                     La trama oculta del Grial, Girona, Tikal.

                     Pequeño diccionario de mitología céltica, Barcelona, José Olañeta editor.

Ramón Sainero, Leyendas celtas, Madrid, Akal universitaria.

M. José Llorens Camp, Leyendas celtas, Madrid, M.E. Editores.  

 R. Rosaspini Reynols, Los celtas. Magia, mitos y tradición, Buenos Aires, ed. Continente. 

Los celtas (v.I y II), en colección Orígenes del hombre, Barcelona, ediciones Folio. 

David Bellingham, Mitología celta, Valencia, editorial la Máscara.

T. G. Kendrick, Los druidas, Madrid, Bilblioteca Historia DM, E.E.Editores.

H.D'Arbois de Jubainville, El ciclo mitológico irlandés y la mitología céltica, Barcelona, Edicomunicación.

Mabinogion (mitología galesa, selección de Victoria Cirlot), Madrid, ediciones siruela.

Benedic, El viaje de San Brandán, Madrid, Siruela.

Bellingham, Mitología céltica. Historia, cultura y arte, Paidós.

Rutherford W, El misterio de los druidas, Paidós.

Berresford Ellis P., Druidas, el espíritu del mundo celta, Paidós.

E.C.R. Armstronh, Guide to the collection od Irish antiquities. Catalogue of Irish gold ornaments in the collection of the royal Irish Academy, Dublín, 1920.

J. Romilly Allen, Celtic art in pagan and christian times, Londres, 1912.

P.R. von Bienkowski, Die Darstellungen der Gallier in der hellenischen kunst, Viene, 1908.

 

 

Volver arriba

 
 

 

 

        ©  Temakel. Por Esteban Ierardo