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EL RÍO AMAZONAS: MITO, GEOGRAFÍA E HISTORIA

 

    Imagen del Río Amazonas al atardecer

 

  Presentación

  El mito griego de las Amazonas, el origen del nombre del famoso río

  La leyenda de Yurupary, uno de los máximos héroes indios de la región del Amazonas

  El descubrimiento y la navegación del Río Amazonas por Francisco de Orellana 

 

 PRESENTACION

  La selva del Amazonas abarca 7 millones de kilómetros cuadrados de densa vegetación. Por su biodiversidad, es el mayor ecosistema del mundo. Entre sus pliegues de abigarradas hojas y plantas, viven 60. 000 especies arbóreas, centenares de mamíferos; 1500 especies de aves y peces diferentes; dos millones de insectos; y una gran número de reptiles, anfibios y microorganismos sin clasificar. La cuenca del Amazonas contiene del 40 a 50% de las especies de la tierra. La cantidad estimada de especies que lo pueblan es de 2 a 30 millones. La deforestación actual del universo amazónico sería de aproximadamente 500.000 kilómetros cuadrados.  El río Amazonas que atraviesa el llamado "pulmón del mundo" es el segundo río más largo del mundo, con 6.275 metros. 6000 islas se esparcen por su líquido curso. En este momento de Geografía sagrada de Temakel, nos acercaremos a la grandeza de esta región esencial de nuestro hogar planetario mediante varios destellos. El Río Amazonas fue bautizado así por el conquistador español Francisco de Orellana quien, junto con sus hombres, fue el primer europeo en remontar sus aguas en 1541. Orellana afirmó que, durante su viaje, sostuvo un combate con mujeres guerreras durante el cual perdió un ojo. Así, primero les ofrecemos el mito griego que inspiró el nombre del célebre río. Luego, la leyenda de Yurupary, quizás el más estudiado ciclo mítico del Amazonas. Y, luego, la relación de los hechos fundamentales de la expedición de Orellana. 

   En el futuro volveremos a acercarnos a esta poderosa región de vértigo y exuberancia vegetal de la geografía sagrada de nuestro pequeño planeta azul.

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EL MITO GRIEGO DE LAS AMAZONAS Y EL ORIGEN DEL NOMBRE DEL FAMOSO RIO

Nenúfares sobre las aguas del Amazonas

  Las amazonas son un pueblo de mujeres que descienden del dios de la guerra Ares y de la ninfa  Harmonía. Su reino se ubica al norte, ora en las laderas del Cáucaso, ora en Tracia, ora en la Escitia meridional (en las llanuras de la margen izquierda del Danubio). Se gobiernan por sí mismas, sin intervención de ningún hombre, y a su cabeza tiene una reina. Solo toleran la presencia de hombres a titulo de criados, para los trabajos serviles. Según algunos, mutilaban a sus hijos varones al nacer, volviéndoles ciegos y cojos; según otros, los mataban, y, en determinadas épocas, se unían con extranjeros para perpetuar la raza, guardando solamente los hijos de sexo femenino. A estas niñas les cortaban un seno para que no les estorbase en la practica del arco o el manejo de la lanza, costumbre que explicaba su nombre ("las que no tienen senos"). Su pasión principal es la guerra.

  Diversas leyendas cuentas los combates sostenidos por los héroes griegos contra estas extranjeras: por Belerofonte, cumpliendo una orden de Yóbates; por Heracles, que recibió de Euristeo la misión de ir a las márgenes del Termodonte, en Capadocia, a apoderarse del cinturón de Hipólita, reina de las Amazonas. Hipólita habría consentido en dar su cinturón a Heracles; pero Hera, celosa del héroe, provocó una sedición entre las Amazonas, y Heracles tuvo que matar a Hipólita y retirarse luchando. A Heracles en esta expedición lo acompañaba Teseo. Este se apodero de una amazona, llamada Antíope. Para vengar el rapto, las amazonas se dirigieron contra Atenas, y la batalla se trabó en la misma ciudad; las invasoras acamparon en la colina que, posteriormente, recibió el nombre de Areópago (colina de Ares). Fueron vencidas por los atenienses, acaudillados por Teseo. También se contaba que las amazonas habían enviado a Troya un contingente mandado por su reina Pentesilea, en socorro de Príamo. Pero Aquiles no tardó en dar muerte a Pentesilea, cuya última mirada le infundió un amor abrasador.

  La diosa a quien adoraban principalmente las Amazonas era, naturalmente, Artemis, cuya leyenda tantos puntos comunes ofrece con el género de vida asignado a aquellas, guerreras y cazadoras. Por eso se les atribuye a veces la fundación de Efeseo y la construcción del gran templo de Artemis. (*)

(*) Fuente: Pierre Grimal, Diccionario de Mitología griega y romana, Ed. Paidós, pp.24-25.

 

LA LEYENDA DE YURUPARY 

En el pueblo de los Tenuina cayó una peste y acabó con los varones. Sólo quedaban las mujeres y los ancianos, y la tribu estaba condenada a desaparecer. Las mujeres asumieron el poder del pueblo, y se encargaron de tomar todas las decisiones. Sin embargo, no porque gozaran de este privilegio significaba que siempre tuvieran la razón.

La hermosa Seucy (las Pléyades) venía a bañarse cada tanto en el lago Muypa, y cuando lo hacía, los ancianos les habían dicho a las mujeres que no debían acercarse a ese lugar. Pero ellas eran muy tercas, y a pesar de la advertencia, fueron allí y se sentaron en la orilla, porque querían decidir lo que iban a hacer para que su tribu no se extinguiera, pensando que tendrían tiempo para volver al pueblo antes de que llegara Seucy.

Pero estaban tan entretenidas maquinando absurdas artimañas, que el tiempo pasó volando.De pronto, en el centro de ellas, vieron aparecer a un viejo brujo. Él se metió al agua y las invitó a bañarse con él. Y todas le obedecieron. Entonces se zambulló en el agua, y un polvillo blanco llenó el lago. En ese momento lo vieron mucho más joven. Él les dijo: "La generación que va a nacer mañana excluirá para siempre a las mujeres de participar en todo asunto de importancia". Seucy no vendría más a bañarse en el Muypa porque las aguas habían quedado contaminadas. Las mujeres habían quedado encinta, y de esta manera fue posible el nacimiento de una nueva generación en la tribu Tenuina.

Entre los niños que nacieron había una niña muy bella, tanto como Seucy, por lo que fue llamada con el mismo nombre para rendirle homenaje. Esta niña creció, cada día más bella, y cuando llegó a la pubertad se metió en la selva para buscar una fruta llamada pihycan, sin importarle que era prohibida para las vírgenes por ser afrodisiaca. Le fue fácil encontrarla, porque unos monos las habían bajado del árbol, y sólo tuvo que empezar a comerlas. Estaban tan maduras, que el jugo se le escurrió por entre las manos. Las gotas se le metieron por entre las piernas.

Cuando hubo saciado el hambre y la sed, volvió al pueblo y no le dijo a nadie lo que había hecho. Pasado el tiempo, su vientre empezó a crecer, a crecer, y al cabo de diez lunas nació un niño muy hermoso, tan hermoso como el Sol, y ella lo llamó Yurupary.

Dos meses después, los Tenuina pensaron que el niño tenía que convertirse en el jefe de la tribu, pero desapareció en el bosque. Seucy se puso tan triste que se fue a vivir sola en la cima de una montaña, y lloraba todo el día y toda la noche. Podía oír de cuando en cuando el llanto de su hijo en la selva, pero cuando salía a buscarlo no lo encontraba por ninguna parte. Extrañamente, todas las mañanas, sus pechos amanecían sin leche. Así pasaron los años, y el llanto de Yurupary se convirtió en sonidos de alguien cazando en la espesura de la selva, o jugando, y finalmente un día, quince años después, Yurupary volvió al pueblo, convertido en un hombre, y con una misión que el Sol, su padre, le había impuesto, y que debía cumplir. Dijo que venía para ser elegido como jefe y brujo de los Tenuina, y que tenía que cambiar las leyes de todos los pueblos, porque el Sol así se lo había pedido. Acto seguido, se fue a buscar lo que, por regla, era necesario para que a un hombre lo coronaran como jefe.

Las mujeres, como no querían que él les quitara el poder que tenían, trataron de que no consiguiera los ornamentos. Sin embargo, con la ayuda del Sol y de la Luna, Yurupary logró tener todo lo que necesitaba, y fue proclamado jefe y brujo de los Tenuina. Entonces reunió a los hombres de la tribu para dictarles las leyes del Sol, y mientras estaba hablando con ellos, algunas de las mujeres se pusieron detrás de unos matorrales para espiarlos. Entre ellas, su madre. Al saber que lo espiaban, las convirtió en piedras. Luego, al ver a su madre en ese estado, lloró, pero ya no había nada qué hacer.

Luego construyó un templo que se llamó la Yurupary-oca, mandó a cinco ancianos emisarios a establecerse en ella, promulgó las leyes del Sol y habló de las fiestas de Yurupary. (Entre esos ancianos está Ualri, de quien no hablaremos todavía). Les aclaró a todos que el carácter de estas leyes y de estas fiestas era secreto, y que sólo podrían saberlo los hombres de cada tribu, para asegurar que las mujeres no siguieran gobernando.

Cuando Yurupary volvió a su pueblo encontró que las mujeres habían matado a los hijos varones, se habían arrancado los cabellos y habían huido. Con los cabellos, fabricó las máscaras de Yurupary, que debían ser utilizadas en las fiestas junto con las flautas.

En el pueblo de los Nunuiba, Ualri, y luego los otros cuatro ancianos emisarios, fueron seducidos por las mujeres de esa tribu, y traicionaron las leyes, revelando el secreto. Por lo que recibieron su castigo. A Ualri lo quemaron los mismos Nunuiba - echo que relataremos con detalle - y a los otros cuatro, Yurupary, con uno de sus hombres - llamado Caryda -, tuvo que ir a castigarlos. Los ancianos, que eran payés, se transformaban en un animal y otro con tal de no ser atrapados por Yurupary o por Caryda, pero ellos pudieron encontrarlos y los mataron. Luego de enseñar las leyes, música y cantos a los Nunuiba, Yurupary y Caryda se reunieron con los otros hombres en la Yurupary-oca, cerca del pueblo de los Arianda. De allí partieron hacia todos los puntos de la tierra para enseñar las leyes del Sol.

Date, discípulo de Yurupary, con un grupo de hombres, fue al oriente, donde vivía una gente muy hermosa, gobernada por la más hermosa de todas, Naruna, quien le propuso a Date que fuera su esposo. Él aceptó, pensando que si se convertía en jefe de esa tribu podría someterla a las leyes del Sol. Sin embargo, temía que en tal proyecto él o sus hombres resultaran dañados, y en eso no hacía más que pensar todo el tiempo. Yurupary, en un sueño, supo que Date se casaría con esta mujer, y que tenía problemas para saber cómo impartir las nuevas leyes. Así que, con los hombres que tenía bajo su mando, fue a reunirse con él. Asistió al casamiento y a la fiesta, y allí conoció a una mujer llamada Carumá. Se dejó seducir por ella, a pesar de que sabía que lo apartaba de su misión. Vio que ella no pretendía nada más que tenerlo a él, pero como él no podía estar con ella todavía, la convirtió en montaña para que nadie más pudiera tenerla.

Cuando ya estaba seguro de haber cumplido la misión que le había impuesto su padre el Sol, transformó de nuevo a Carumá en mujer, se reunió con Caryda, y luego se alejó por el oriente. Pero no iba muy contento, pues había una parte de la misión que no había podido completar: encontrar a una mujer perfecta para llevársela a su padre. "Todas las mujeres tienen tres defectos", le dijo a Caryda antes de separarse de él, "y estos defectos las hacen imperfectas e incapaces de gobernar: son curiosas, impacientes e incapaces de guardar un secreto". Y luego le dijo: "Cuando tú, yo y el sol nos encontremos un día, eso querrá decir que he encontrado a la mujer perfecta". (*)

 (*)  Fuente:  www.geocities.com/tallerdegabi/yurupary/y_resumen.html

 

   DESCUBRIMIENTO Y NAVEGACION DEL AMAZONAS POR FRANCISCO DE ORELLANA 

    
   Un año antes de ser asesinado en su palacio de Lima, donde podía decirse que reinaba con todos los honores, aureolado con su doble título de Gobernador y de Marqués, Francisco Pizarro confió a su hermano Gonzalo la gobernación de Quito, con objeto de satisfacer su anhelo de aventura, pues le veía aburrirse en sus ricas propiedades de Chaqui, mientras soñaba con alguna extraordinaria empresa. Gonzalo aceptó muy gustoso, pues hacía tiempo le rondaba por la mente la idea de ir en busca de las "tierras de la Canela", que si bien de ubicación imprecisa, se suponían por aquellas latitudes.
    Una vez en Quito, y a no se trató solamente de las "tierras de la Canela", sino también de El Dorado, país de maravilla, del cual contaban los indios que estaba regido por un poderoso monarca, quien en lugar de usar traje, cosa que estaba en pugna con la dignidad divina, bañábase todos los días con polvo de oro que quedaba adherido a su cuerpo, y que al anochecer se lo quitaban las olas del mar, en el cual sumergía. El polvo de oro que se perdía diariamente en su inmersión marítima, nada importaba al soberano que derrochaba aquel precioso metal.

    Los indios respondían a las curiosas preguntas de los españoles dándoles detalles cada vez más precisos sobre aquel extraordinario rey, muy superior en riquezas aun al poderoso Inca. Y esto determinó a Gonzalo Pizarro a preparar una expedición con ese doble objetivo, como comunicó en carta al Emperador: el árbol de la canela y El Dorado. En su preparación empleó buena parte del cuantioso botín que  correspondió en la conquista del Perú. El ejército con que salió de Quito para su fabulosa conquista, a principios de 1541, se componía dc doscientos españoles y cuatro mil indios. Con él llevaba doscientos caballos -lo que representaba  una riqueza inaudita para aquellos tiempos-; numerosas llamas, que se utilizaban como bestias de carga, rebaños de cerdos y provisiones de toda índole. Y además de seis municiones y las armas, herramientas para la fabricación de nuevas factorías, semillas europeas, en fin, todo lo necesario para la fundación de un imperio propio. Ninguna potencia europea hubiera podido sufragar los gastos de semejante expedición; solamente los altivos conquistadores podían permitirse el lujo de prepararla, con la riqueza adquirida por medio de la espada y el coraje. Con la particularidad de que, lo que ganaban en una expedición, lo gastaban en la preparación de otra. En el camino se unirla a Gonzalo Pizarro otro extremeño, que había participado como él la conquista del Perú, Francisco de Orellana, y que abandonó la tenencia de la gobernación de Guayaquil para participar ahora, con veintitrés hombres armados a sus expensas, en esta aventura.

   A pesar dcl cuidado que se puso en la preparación de la expedición, todas las prevenciones resultaron insuficientes. Las dificultades obedecían a la naturaleza y al clima. Empezaron las calamidades al atravesar la cordillera, donde murieron buena parte de los indios, acostumbrados al clima suave de la meseta ecuatoriana; pero cuando llegaron a los valles del Amazonas, la cosa fue aún más grave. Todas las contingencias geofísicas y climáticas propias de las selvas  vírgenes, que habían obstaculizado varias expediciones iniciadas desde el Este, Nordeste y Sur hacia el interior del continente -humedad, nubes espesas, lluvia tropical, etcétera- empezaron a hacerse sentir con intensidad entre los expedicionarios, especialmente entre los indios, pues perdieron allí los que habían sobrevivido al paso de las montañas. Pronto Gonzalo Pizarro se encontraría sin indios y sin llamas, que murieron también o fueron sacrificadas, al igual que los caballos y los cerdos. Se terminaron así los medios de transporte y las provisiones. En la humedad de la selva tropical -la región de las lluvias-, empezaron a enmohecerse los trajes, a oxidarse las armas y a descomponerse los víveres y las semillas. La pólvora, como no se guardara con mucha cautela, se mojaba y no servía para nada. Las continuas molestias, provocadas por los enjambres de insectos, produjeron un estado de excitación nerviosa y rabia entre los expedicionarios. A todo esto había que agregar los ataques de los indios refugiados en la selva, que les arrojaban flechas envenenadas. En cuanto a un reabastecimiento desde el Perú, todos los intentos para ir en busca de provisiones fracasaron, porque no había grupo que se alejase del grueso de la expedición, que no cayera en manos del enemigo, perdiendo la vida. Muy pronto el hambre llegó a ser el más fiel compañero de ruta de los expedicionarios. Llegaron finalmente a orillas del río Coca, afluente del Napo, tributario éste a su vez del Amazonas. Para seguir avanzando necesitaban otro medio de transporte. Inmediatamente empezaron la construcción de un barco de poco calado y bastante fuerte como para resistir a los ataques de las canoas indígenas. La madera no faltaba. Los clavos se fabricaron con los arneses y las herraduras de los caballos muertos. A lo largo del río Coca, y más tarde del Napo, hasta la confluencia del Aguarico, empezó a navegar por vez primera una embarcación europea de extraña construcción. Debido al aumento de las enfermedades y a la falta de víveres, Gonzalo Pizarro decide establecer un campamento a orillas del río, y explorar el país con la embarcación. De esto último encarga a Francisco de Orellana, que zarpa el 26 de diciembre de 1541, llevando a bordo del frágil navío cincuenta y siete hombres. 

   Orellana promete volver en doce días. Pero pasa el plazo fijado. Pasan no ya días, meses, sin que Orellana vuelva. Cuando Gonzalo Pizarro ya no puede prolongar más la espera, resuelve volver al Ecuador. El viaje de vuelta es aún más torturador que el de ida. Y en junio de 1542, a los dieciséis meses de su salida de Quito, comandando un formidable ejército, entra en la ciudad al frente de ocho fantasmas -con él nueve- vestidos de harapos: a eso había quedado reducida la espectacular expedición.

   Cuando Gonzalo Pizarro entró en Quito hacia cabalmente un año que su hermano el Marqués había sido asesinado por un grupo de almagristas en su palacio de Lima. Diego de Almagro el Joven se proclamó gobernador di Perú, y comenzaron una serie dc persecuciones y sangrientas represalias contra los pizarristas. Por añadidura, el hijo de Almagro desconoció la autoridad del nuevo Gobernador, Vaca de Castro, enviado por la Corona. De este modo estalló una especie de guerra civil entre los conquistadores, que vino a complicarse y a agudizarse con la promulgación de las famosas "Ordenanzas" o "Nuevas Leyes", dictadas por Carlos V bajo la influencia de Fray Bartolomé de las Casas. Las "Nuevas Leyes" son resistidas por los conquistadores y colonos, que se declaran en rebeldía contra la autoridad del monarca español. Al frente de la rebelión se pone Gonzalo Pizarro, que por un momento parece haber triunfado, siendo finalmente vencido por La Gasca, el enviado del Emperador, que no era hombre de espada, sino de estudio, pero que acabó llevándole a la horca, donde murió a manos del verdugo, como los dos Almagros, padre e hijo, al cabo de sus revueltas.

   Pero, ¿qué pasó con los tros compañeros de Gonzalo Pizarro, que habían salido por el río a explorar la región, en busca de víveres? Apenas liberado de la tutela de su jefe, Francisco de Orellana sintió el deseo de emprender una gran aventura personal, al frente de los cincuenta y Siete hombres que iban con él. En vez de dedicarse a la busca de víveres, decidió ir a la busca de El Dorado. Como la embarcación que llevaba no era suficiente para su empresa, decidió, como primera medida la construcción de una nave mayor. Parece que Orellana era entendido en la materia -el barquichuelo en que iban se había construido con su dirección-, y en el término de treinta y cinco días, hizo construir por sus gentes un bergantín, en el que continuaron el viaje por el rúo adelante, contando también con la embarcación antigua, que seguía a la nueva. Reanudaron el viaje el 24 de abril de 1542, y el 12 de mayo llegaban a Machiparo. Allí tuvieron que luchar con los indios para abastecerse. Y, continuando su navegación, penetro con ellos el primer barco tripulado por europeos en el mayor río del mundo, denominado en un principio Trinidad, más tarde de Orellana y finalmente  Amazonas, nombre que se debió al propio Orellana, quien creyó ver mujeres guerreras en uno sus desembarcos. Precisamente en la lucha sostenida con aquellas amzonas indias, Orellana perdió un ojo.

   El  inmenso río no ofrecía riquezas, ni había oro por allí. Los indígenas vivían de la pesca y del cultivo de la mandioca. El maravilloso paisaje suplantaba cualquier otra necesidad de enriquecerse. El río y la selva virgen les proporcionaban alimentos, y, en cuanto a la vestimenta y a la vivienda, los indios se arreglaban de cualquier forma. ¿Qué iban a encontrar los españoles en aquel "infierno verde"? Navegando siempre tras la ilusoria sombra de su sueño -El Dorado- Orellana llegó al mar Atlántico el 24 de agosto de 1542. Había recorrido el río más grande de la América del Sur, atravesando todo el continente. El primer punto que tocó fue la isla de Cubagua, en la costa venezolana, donde se encontró con pescadores de perlas españoles que le recibieron muy bien a él y a sus compañeros. Podían vanagloriarse de ser los primeros exploradores del Amazonas. Poco después, Orellana marchó a España, donde sus relatos llamaron poderosamente la atención. En la Corte consiguió el nombramiento de gobernador de la tierra por él explorada y dos años después intentaba surcar el Amazonas, pero en sentido inverso. No logró su propósito. Apenas hubo entrado en la barra del Amazonas, le acometieron unas fiebres  mortales, y rindió su vida a orillas del gran río que perpetuaría su memoria. (*)

Zigzagueantes aguas del Amazonas

(*) Fuente: Ernesto Samhaber, "Busca de El Dorado y descubrimiento del Amazonas", en Los grandes viajes a lo desconocido, Buenos Aires, El Ateneo, pp.335-340.

 

 

 

 

   ©  Temakel. Por Esteban Ierardo