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LOS ESTEROS DE IBERÁ 

 

 

Flores de exuberante salud danzan sobre las brillantes aguas de los Esteros del Iberá.

 

 

Presentación del Iberá y su estela mítica

Esteros del Iberá, el humedal más extenso de la Argentina

El ecosistema del Iberá en Peligro

 

Presentación del Ibera y su estela mítica

    Iberá, "agua brillante", la hija del cacique guaraní, resplandecía con su belleza y su misión cerca de una gran laguna y de vastos esteros en la hoy llamada Provincia de Corrientes. La familia guaraní de la princesa Iberá, los Cara Cará, veneraba a su dios: Tupá, y a las serpientes sagradas, como la yacará, la curiyu y la ñacanima. 

  Iberá cuidaba el templo donde se invocaba y ensalzaba a Tupá.

  Y los hombres barbados, y ávidos de oro, invadieron el aire guaraní, y proyectaron sus figuras enfundadas en reverentes petos, en las aguas del estero. Y junto a los españoles de fusil y armaduras, llegaron los misioneros. Pero el orgullo guaraní no reculó ante las intimidaciones de la espada y la cruz. 

   Entonces con suaves movimientos,  la princesa alojó las serpientes de escamas sagradas en una cesta. Adhirió a su frente su ava ñapoti (vincha). Arropó su grácil piel de mujer con su mejor ao (ropa). Vio luego el quieto espejo líquido de las aguas.

 Y entonces con un lento devenir de sus pies, hundió su nombre, su corazón, y la llama guaraní en las aguas del Estero. 

  Esteros de Iberá. Templo líquido del agua brillante donde aún vive la digna princesa.

  Los Esteros del Iberá exudan una líquida belleza y murmuraban los ecos de una historia sagrada. Se propagan por una superficie aproximada de 10.000 kms. Se estima que es el resto del antiguo cauce del Río Paraná. Habría surgido hace unos 60.00 años. Depende de las aguas de la lluvia exclusivamente. Contiene una importante biodiversidad donde sobresalen sus más de 300 especies de aves. Posee islas flotantes denominadas "embalsados". En sus aguas flotan los frondosos camalotes. Es la mayor concentración de agua dulce de América del Sur.

  Los Esteros del Iberá constituyen el último humedal libre de contaminación del planeta.

   En este momento de Geografía sagrada en Argentina de Temakel, acercamos el ojo sensible a estas aguas brillantes mediante un texto sobre sus propiedades geográficas y un artículo que advierte los peligros que se extienden sobre los esteros.  

Esteban Ierardo

 

Esteros del Iberá, el humedal más extenso de la Argentina

   

    Los Esteros del Iberá cubren aproximadamente 13.000 km2 formando una de las dos mayores áreas de tierras húmedas de agua dulce al sur del trópico de Capricornio.

Este humedal, único en su genero, se crea exclusivamente por precipitaciones y albergan una biodiversidad subtropical singular, se encuentran entre los ríos –Paraná- Paraguay y Uruguay- dentro de una de las cuencas hidrográficas más vasta del mundo, la del Río de la Plata.

Los Esteros del Iberá forman una gran base de pastos inundados denominados "embalsados", posee bañados, lagunas e islas flotantes. De los 1.3 millones de hectáreas que ocupan los Esteros, 57.000 hectáreas pertenecen a la provincia y 1.143.000 hectáreas son de propiedad privada; son depresiones de antiguos cauces o lechos de ríos que no se han modificado desde hace aproximadamente 60.000 años. La parte central esta compuesta por pantanos y lagunas poco profundas, inferior a los cinco metros, rodeada de tierras mas elevadas al norte, este y oeste. Hay siete lagos con una superficie mayor a los 14 km2.

La vegetación acuática frondosa y cubre extensas áreas con ortiga acuática (Camomba Australia), caña (Scirpus Californicus) y camalotes (Eichornia sp), entre otras. Esparcidas por los Esteros, hay pequeñas islas con mucha forestación. Rara vez se inundan y llegan a tener menos de 100 metros de diámetro. En el área de la reserva y más allá de los esteros y lagunas, existe otra variedad de vegetación. Hacia el norte, y bordeando el río Paraná, hay pequeños bolsones de bosques subtropicales hacia el noroeste y sudeste hay valles ondulantes con arboledas diseminadas de Algarrobillo (Prosopis Algarrobilla) y Espinillo (Acacia Caven). La fauna de vertebrados terretes consiste de 85 especies de mamíferos, 35 reptiles y alrededor de 45 anfibios. Existen aproximadamente 250 especies de aves, entre las cuales más del 90% es nativa de la región.

Una de las características más típica del área es la abundancia de Pirañas (Pirañas Semasolus sp), cubren las nacientes del Río Corrientes, por lo que las especies migratorias tales como el sábalo y el dorado se hallan en los lagos del sur, que se encuentran mas estrechamente conectados con el río. Se sabe que los lagos al sur de los Esteros son zonas importantes de desove. En total se estima que existen 80 especies de peces en éste lugar.

Sé esta confeccionando un inventario biológico de las especies de peces, que también incluirá su estado de conservación, el área de desove, área de crianza y rutas de migración. Se espera que esta información brinde suficientes datos de referencia a partir de los que se puedan monitorear los esfuerzos de conservación y su impacto en la salvaguarda de la biodiversidad.

Es a partir de junio de 1939 que la Administración de Parques Nacionales comienza un largo proceso que esta dirigido a la creación de un Parque Nacional en los Esteros del Iberá, éste proyecto no prosperó, aunque, diez años mas tarde se seguía adelante con otro impulso hacia la creación del parque nacional que también queda inconcluso; así llegaremos al año 1983 que es la Provincia de Corrientes quien crea la Reserva Natural del Iberá bajo la ley 3.771.

En aras de responder al desafío de otorgarle realidad operativa a la constitución de la reserva un grupo de destacados correntinos de la región iberana crean "Fundación Iberá". Esta organización ha bregado por la conservación y protección de los Esteros del Iberá.

En 1994 por decreto-ley 1.577 se conviene, entre el Ente Binacional Yacyretá y la Subsecretaria de Recursos Naturales de la Provincia de Corrientes, establecer áreas naturales protegidas dentro de la zona de influencia del proyecto hidrológico y dentro de la reserva natural creada bajo el régimen de la Ley 3.771, esto se realiza a fin de compensar parcialmente la pérdida del ecosistema iberano y se cristaliza en la delimitación de cinco unidades de conservación. La creación de las mismas fue acompañada de cierto apoyo financiero sirviendo para atender las unidades de conservación y ofrecer una presencia de cuidado y conservación en la zona este de la reserva.

La Unión Europea financió un proyecto que reúne a diez universidades lideradas por la Universidad del Salvador que consiste en un programa de estudios técnicos - científicos cubriendo diversos aspectos de la realidad física del ecosistema.

En el año 1998 Fundación ECOS, logra interesar a la organización "The Conservation Land Trust - Argentina" para que esta adquiera propiedades con fines conservacionistas dentro de los Esteros. La primera adquisición de 70.000 ha. ha sido acrecentada por varias compras mas sumando al presente un total de mas de 100.000 ha. con destino a la conservación del humedal y su frágil ecosistema. Este proceso debería continuar, pues, todas las propiedades han sido volcadas íntegramente a convertirse en áreas silvestres donde la flora y fauna tiene prioridad.

Ecos esta participando a su vez en apoyar un plan de recría y reintroducción de especies que la "Conservation Land Trust - Argentina" esta desarrollando.

Ecos por otra parte, esta obteniendo el apoyo del Banco Mundial por intermedio del GEF, para desarrollar el plan de conservación y manejo que cubra todo el ecosistema. Esta iniciativa esta siendo complementada por un programa de capacitación y concientización de la sociedad civil, el montaje de un proyecto integral de ecoturismo, un análisis de la estructura institucional legal que protegería al ecosistema y por último el manejo, la reintroducción de especies extintas o en peligro de extinción.

Nuestro objetivo es convertir al los Esteros del Iberá, el humedal más extenso de la Argentina, en un área efectivamente protegida para todos. (*)

(*) Fuente: Texto editado originalmente en página www.fundacionecos.org

 

El ecosistema del Iberá en Peligro

   La preservación ecológica plantea desafíos que los argentinos no debemos eludir. Cuanto se haga en esa materia tendrá influencia decisiva sobre la calidad de nuestra vida futura y sobre la evolución de nuestros procesos económicos y sociales. Sin embargo, no siempre las autoridades públicas adoptan los recaudos necesarios para asegurar a tiempo la conservación de nuestros recursos naturales y a menudo la única voz que se alza para reclamar las acciones correspondientes es la que proviene del campo de las organizaciones no gubernamentales ligadas a la preservación de la naturaleza.

Conviene detenerse a observar, por ejemplo, los problemas hídricos que se presentan en muchas partes de nuestras extensas llanuras debido a la reducida o nula pendiente de los terrenos, así como a las condiciones de permeabilidad de los suelos y al impreciso material de arrastre que acumulan los cauces de los cursos de agua.

Entre las amenazas que afronta la Argentina en relación con el estado de sus riquezas naturales hay que mencionar las inundaciones de la pampa húmeda, la desecación de los Bañados del Atuel, el cegamiento del río Pilcomayo y las marcadas variaciones en el caudal del Teuco, así como el asolador comportamiento de los llamados Bajos Submeridionales, situados en el norte santafecino. A todo eso se han sumado, en los últimos días, las alarmantes noticias sobre la evolución de los esteros, lagunones y áreas anegadas de la región del Iberá.

De alterarse el equilibrio natural de esa zona, se perderían inestimables bienes naturales, pues está en riesgo una multitud de especies vegetales y animales. Pero el daño ecológico no se limitaría a esas pérdidas y a su consiguiente impacto negativo en el movimiento turístico, sino que sería mucho más amplio, pues se destruirían las condiciones actuales de una inmensa zona rural en el sur de Corrientes y en las márgenes entrerrianas del Paraná y del Uruguay, y se modificaría por completo el régimen en el curso inferior de estos dos ríos. Desencadenado ese proceso de cambios, el problema podría asumir agobiantes características económicas. Es indispensable, entonces, poner en ejecución medidas de protección que garanticen el normal desenvolvimiento de las poblaciones aledañas y de sus sistemas productivos.

Según la información que se suministró durante el Simposio Internacional de Teleobservación del Medio Ambiente, realizado en Buenos Aires, en los 12.000 kilómetros cuadrados que ocupan, aproximadamente, los esteros del Iberá el nivel del agua ha tenido un aumento promedio de 80 centímetros, lo que equivale a una duplicación -o poco menos- de su profundidad histórica, no superior a un metro. No hay discusiones entre los especialistas acerca de la gravedad de este fenómeno, aunque sí existen discrepancias respecto de las causas que lo originaron. Según algunas de las opiniones vertidas en el simposio, los cambios se produjeron como resultado de las obras correspondientes al embalse de Yacyretá, cuya masa de agua derivaría por filtraciones y napas subterráneas hacia los esteros. Esa derivación habría multiplicado de manera prodigiosa el presunto aporte de agua que siempre ha hecho el Paraná a través de la Tranquera de San Miguel, pequeño istmo que separa al gran río de la cabeza norte de los pantanos.

Los técnicos del ente binacional que administra la represa, por su parte, niegan esa acusación -que en rigor no lo es, pues naturalmente se sabe que una gran obra de ingeniería modifica inevitablemente el ámbito en que se instala- y atribuyen la pertinaz crecida a la alteración del régimen pluvial, unida a la saturación de las napas existentes bajo los esteros.

Es difícil establecer a cuál de las dos explicaciones se le debe otorgar mayor crédito, sobre todo porque es probable que ambas describan una parte de la realidad. Lo que sí corresponde señalar es la necesidad de que las autoridades pongan en estado de alerta el ecosistema del Iberá, en peligro de extinguirse o de ser modificado por completo, y procuren evitar los perjuicios económicos en el área colindante. El problema está planteado y los trastornos de todo orden que pueden sobrevenir son obvios.

De lo que allí vaya a ocurrir quedará, como reiterada enseñanza, la necesidad de que las grandes obras públicas sean encaradas con una adecuada previsión de los daños que involuntariamente se pueden provocar. Es indispensable desarrollar en cada caso el máximo esfuerzo para minimizar el impacto en los procesos de la naturaleza, a cuyo cuidado y protección debe otorgarse atención prioritaria en todos los planes y en todos los emprendimientos que se ponen en marcha desde el poder político o desde la iniciativa privada.(*)

(*) Fuente: Artículo publicado en Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, el 18 de abril del 2002.  

 

Ñandués atraviesan con su gracia pajonales próximos a la laguna de Iberá.

 

 

Foto del atardecer (arriba en copete) y de los botes con el sol poniente de Norberto D. Bolzón  y  A. I. Norniella, en la interesante pagina sobre los Esteros del Iberá www.mercosurtramites.com.ar/ibera

 

 

 

 

   ©  Temakel. Por Esteban Ierardo