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LAGO BELGRANO: UN LAGO DE DOS COLORES EN EL PARQUE NACIONAL PERITO MORENO

                                                                                                              

                                                                                                            Fotos, textos y poesía Andrés Manrique

 

   El Parque de la provincia de Santa Cruz, en la Patagonia Argentina, sacude al visitante con una bienvenida ventosa. La achaparrada estepa coloreada por el sol de las horas no se quiere alejar y se prolonga hasta bien entradas las jurisdicciones. El lugar es bien seco y un camino de ripio corre hacia sus entrañas luego de pasar por la casa del Guardaparque. Los cerros comienzan a sucederse y un gran lago realza la oscuridad de las rocas que se elevan tenebrosas, llenas de filos cortantes. Uno de los picos que miran el lugar es redondo y de un color que lo distingue del resto: rojo. La gente del lugar lo llama cerro "Gorra de Vasco", y su nombre le queda tan bien como la gorra a aquel, hasta está ladeado, como si la mano vasca lo hubiera acomodado. Desde ahí arriba, balcón hacia el gran escenario, observamos dos colores bien distintos: Uno azul y el otro verde, son las aguas de un solo lago atravesado por una angosta península. A la izquierda el azul, por la derecha el verde. Hipnotizados andamos y andamos, el cielo se cubre y las nubes oprimen el valle. Entre densa bruma, bajo las sombras, el lago azul se enturbia hasta que unos rayos atrevidos se cuelan y lo penetran con toda la intensidad de su luz. Los manchones luminosos se destacan del resto sumido en la neblina. La garúa empieza a flotar y sin verla, al rato, estamos empapados. Caminamos sobre el istmo, y nos damos vuelta: el verde se asoma desde el bajo a pesar del velo nuboso: es un verde prístino del que se desprenden minúsculos prismas que el viento arranca. Miramos para un lado, verde y para el otro, azul. Azul y verde, verde y azul. Los colores se nos mezclan dentro pero allí siguen separados, conservando su identidad. En el centro del azul espeso se eleva un islote de granito que brilla barnizado por la humedad mientras unos paredones cobran altura en la orilla de enfrente. Son negros y de roca afilada que termina en una filigrana de agujas y pináculos. 

De regreso, mapa en mano, observamos que esos dos colores corresponden a un mismo lago que le da vuelta a la ristra de tierra. La patagonia misteriosa, nueva, esta, otra, nos vuelve a asombrar.

  

  LAGO BELGRANO: UN LAGO DE DOS COLORES

 

 

 

El agua corre del azul al verde,

rodeada de abruptas pendientes,

escultórica confusión de pináculos que arañan nubes y pájaros.  

 

Los paredones de un islote toman altura en el centro  

y se zambullen al azul helado, patagónico y fantástico.

Mientras pedazos de esmeralda refulgen atolondrados

sobre el verde más intenso, jamás imaginado.

 

El anillo de dos gamas de colores, estas aguas, 

nos envuelve en su origen, desconocido, olvidado...

Poco a poco el cuerpo se hunde y del material pesado,

fluye el alma liberada y sobrevuela el arcano.

 

 

                                                             

© Temakel. Por Esteban Ierardo