Inicio  Volver Literatura   Mapa del sitio

 

   
   

MODERNIDAD MALDITA

 Caminos de la poética de Charles Baudelaire

 

Por Lucía Calomino

Charles Baudelaire

 

     En el texto que sigue a continuación, Lucía Calomino se adentra en varios de los meandros más significativos de la poética de Charles Baudelaire. Poeta simbolista, autor de Las flores del mal, observador de la trasformación de París en ciudad de masas, ojo sensible que proyecta versos donde confluyen lo demoníaco, la mujer, la libertad del paseante o flaneur, la búsqueda de la individualidad del dany, y la reacción contra los peligros de la masificación. Su camino artístico también inspiró agudas observaciones de Walter Benjamin en "Algunos aspectos de Baudelaire", incluido en Su programa sobre una filosofía futura. Además de varios momentos de su poética, Calomino también recorre su novela breve La fanfarlo.

E.I 

MODERNIDAD MALDITA

 Caminos de la poética de Charles Baudelaire

Por Lucia Calomino

Introducción 

El 9 de abril de 1821 nacía en París Charles Pierre Baudelaire. Exponente indiscutido de siglo XIX, de la poesía maldita de la modernidad y gran observador de los tiempos modernos que vivió.

A lo largo de su vida fue condenado por sus pares, por los críticos y los académicos, que no lo admitieron en el selecto mundo de los artistas consagrados  porque consideraron que su arte era blasfemo, obsceno e impuro.  Como también fue desaireado por su propia familia que no aceptaba su estilo de vida bohemio y decadente.

 Incomprendido y solitario, eligió la poesía, la bohemia, los prostíbulos, las drogas y las pensiones de mala muerte mientras anhelaba la consagración, el buen gusto y la vida de los salones. Fue hombre de múltiples rostros, definido a lo largo de los tiempos como: poeta maldito, adorador estético de Satán, como un dandy o un flaneur.

El presente trabajo intenta dar cuenta de la vida del escritor parisino en relación con su innovadora poetisa, en la que estos mundos, aparentemente contrapuestos convergen, y en que el mundo de los valores burgueses, el progreso capitalista y de la ciencia positivista son enfrentados oscura belleza.  

En Sobre algunos temas en Baudelaire, Walter Benjamín define “Baudelaire ha entrevisto espacios vacíos en los que ha insertado sus poesías. Su obra no sólo se deja definir históricamente, como toda otra, sino que ha sido concebida y forjada de esa manera” (BENJAMIN, WALTER en edición electrónica).

Su narrativa no puede ser comprendida sin un acercamiento a los tiempos modernos que vivió y a las circunstancias propias de su vida. De la misma forma que no puede comprenderse su vida sin entenderla como una gran obra de arte.

Para ello, se hará especial referencia a la única novela que escribió Baudelaire, publicada en el año 1847,  llamada La Fanfarlo; que contiene puntos de encuentros con la vida del poeta y de la que se supone es su autobiografía.

 

En el Arte, un Descubrimiento

Charles Pierre Baudelaire reconoce a partir de una teorización sobre lo artístico, la modernidad estética, dando cuenta por primera vez de la palabra Modernidad.  En Pintor de la Vida moderna, “Sin duda este hombre, (…), viajando siempre a través del gran desierto de los hombres, tiene un fin mas elevado que el de un simple paseante, un fin mas general, otro que el placer fugitivo de la circunstancia. Busca algo que se nos permitirá llamar la modernidad (…). Se trata para él, de separar de la moda lo que puede  contener de poético en lo histórico, de extraer lo eterno de lo transitorio” (BAUDELAIRE, CHARLES).

De esta forma el poeta parisino consigue nominar aquello que no podía ser nombrado hasta el momento, convirtiendo lo indecible en decible.  Asimismo, define en el mismo texto, a la Modernidad como “lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable” (BAUDELAIRE, CHARLES).

Esto supone un gran problema para el pintor de pintor de  la vida moderna, pues cuando se embarca en la tarea de retratar el tiempo presente debe reconstruir “lo clásico eterno en lo transitorio”, pues allí es donde la Modernidad cobra vida por primera vez. Esto implica ser un gran observador de la realidad, de lo cotidiano y tener la capacidad de traducirlo en palabras y metáforas pobladas de significaciones culturales. Y Baudelaire fue un maestro en el arte de utilizar las palabras en su máximo esplendor.

 

El Poder de la Palabra

El pronunciamiento de Baudelaire en contra de las tradiciones literarias de su época, tiene que ver con la necesidad que el autor tenía de expresar y percibir la realidad de manera mucho más directa la realidad que a comunicarla en raptos de inspiración y sentimientos como prescribía el canon romántico.

El  arte moderno de Baudelaire se encuadra en lo que se conoció como Simbolismo, un movimiento que planteó una nueva línea lírica en Francia del XIX y que supuso una ruptura sustancial con lo propuesto por las tradiciones literarias de la época, principalmente del Romanticismo. Fueron, además, exponentes de este movimiento Rimbaud, Verlaine y Mallarmé.

El poeta parisino simbolista busca expresar la realidad a través de la palabra, en un uso de esta en su extrema carga simbólica y a partir de las múltiples imágenes que culturalmente y literariamente evocan Baudelaire poseía una extraordinaria habilidad para encontrar la palabra perfecta, la palabra debía ser considerada “como un síntoma del gusto por el ideal”.

Su poética es mucho menos emocional que intelectual, admirador de Balzac, Baudelaire penetra en sus creaciones en los misterios de los conflictos íntimos, psicológicos, en la angustia de la que son presos los hombres de la modernidad.

 

El descubrimiento de un nuevo arte

La escritura de Baudelaire da paso a una etapa literaria que tiene lugar con la creación del Modernismo. En pocas palabras, el Modernismo se puede entender bajo la consigna: hacer de la propia vida una obra de arte. Lo que supone un conjunto de ideales estéticos y principios que deben aplicarse a todas las áreas de la vida, esto incluye tanto el arte, en todas sus expresiones, como la apariencia personal. El hombre moderno, entonces, era aquel que se inventaba a sí mismo, espiritual como físicamente.

Para Gautier y Baudelaire, el arte no es un medio para lograr algún fin predeterminado, sino que es un fin en sí mismo. En Francia a mediados del siglo XIX se desarrolla una teoría estética, desprovista de cualquier objetivo extrínseco de tipo moral, político, social o pedagógico, conocida como El Arte por el Arte de la cual Baudelaire será uno de sus impulsores.  El poeta va en busca de la pureza formal, se opone al realismo y al utilitarismo de la ética y la estética burguesa. Por ello, nunca será aceptado dentro del ámbito consagrado de las artes de su época, hasta será condenado, luego de la publicación de las Flores del Mal, por el gobierno francés de ofender la moral pública y sus versos son juzgados de obscenos.

La burguesía y la aristocracia gustaban del arte que embelleciese la realidad, eliminando lo sucio, lo oscuro, lo maligno que acechaba la propia realidad. No conseguían asimilar la miseria como componente del arte.  Y Baudelaire deseaba intentaba extraer la belleza del mal, pero no lo hacía con la intención de hacer el mal. Baudelaire decía haber encontrado belleza en aquellos lugares que los demás huían, en la decadencia, en lo putrefacto, en la perfecta miseria.

Baudelaire no será entendido por los hombres de ideas de su época y la estética tradicional como tampoco por el público consumidor, nunca llegará a tener un éxito de masas en vida. Pero, el autor deseaba ser comprendido y escribe pensando  en aquellos que se le asemejan. 

En referencia con lo obra más conocida de Baudelaire, Las flores del Mal, Walter Benjamín sostiene que el poeta parisino prefiere y se dirige a un publico que es como él, al más ingrato. Baudelaire escribe para loslectores a los que la lectura de la lírica pone en dificultades” (BENJAMIN, WALTER), que prefieren los placeres sensibles y se entregan al Spleen, a esa melancólica angustia que anula el interés y la receptividad.

Modernidad Fantasmagórica

La narrativa de Baudelaire es un camino hacia los márgenes de la estética consagrada y  puede ser entendida como el primer gesto de ruptura y el inicio de un nuevo tipo de escritura critica que pone al descubierto los fantasmas de la modernidad, y que al mismo tiempo se reencuentra en cada trazo con sus propias sombras, con los propios espectros. 

“El fantasma es una fuerza oculta que vuelve del pasado para `hacerse presente´. Que crea una atmósfera, más allá de la trama visible y lógica de una historia. Que es verdadera, si despierta sentimientos como leyenda, como literatura espectral. Es decir, como aquella escritura que se dispone en relación con lo real y a sus propios fantasmas, que se sitúa en los bordes de lo reconocido, aceptado, legalizado” (CASULLO, NICOLÁS).

Por un lado la modernidad se llena de fantasmas, de velos que obstaculizan la realidad del mundo de la cual Baudelaire, como otros hombres de letras románticas, anarquistas o comunistas, fueron testigos y denunciantes. Baudelaire retrató con fantasmagórica belleza el mundo moderno y sombrío de Paris del 1800, en que las promesas del iluminismo no fueron cumplidas y en el que el avance de capitalismo industrial y la ciencia positivista son enfrentadas en su poética. Para el autor el mundo de valores burgueses es el mundo de  la mezquindad,  el egoísmo, la  mediocridad y el cinismo. La realidad, entonces, no podía ser descripta como tampoco percibida exenta de su miseria. Su narrativa rompe con las tradiciones literarias de su época y despliega en su escritura nuevas formas de creación poética en donde lo real y lo irreal, de lo nuevo y lo viejo se entremezclan.

Por otro lado desde la construcción literaria, la misma imaginación creadora del autor, como su propia vida, se pueblan de espectros. Como hombre moderno, su propia vida es vivida en modo poético. Con apenas 6 años de edad su madre Carolina Archimbaut-Dufays se casa en segundas nupcias con Jacques Aupick, luego de la muerte de su padre Joseph François y comienza  la llamada “leyenda negra” que lo tiene como protagonista y que lo llevará a enfrentarse con sus propios fantasmas, alimentado por el odio hacia su padrastro y el sentimiento de abandono por parte de su madre.

 

Las Calles Sombrías de la Ciudad

El  proceso de industrialización tuvo, entre otras consecuencias, grandes migraciones de campesinos hacia la ciudad lo que conllevó a la formación de las urbes modernas.  Los hombres de letras del siglo XIX, testigos de este proceso,  encontraron en la ciudad y sus habitantes inspiración, dando paso a memorables creaciones.

Baudelaire es conocido como el poeta de la civilización urbana contemporánea, como el hombre que caminó y retrató las calles sombrías de Paris del siglo XIX con gran destreza. Como el hombre que descubre en ese “arte ciudadano, repetido, el alma, el corazón de una época de contrastes, de claros oscuros, de miserias suntuosas y miserias de los arrabales pobres” (CASULLO, NICOLAS; 2006)

 Retrata la vida y las cosas cotidianas de la ciudad moderna de una manera cruda y descarnada. No pretendía embellecer la ciudad, quería retirarle los velos impuestos por la estética moderna burguesa y demostrarle a la burguesía las zonas oscuras en que esta se descompone, revelando la angustia y la desesperación que acechaba bajo el poder del capitalismo industrial. Paris moderna era radiante tanto como caótica, “como una prostituta acatarrada” a la cual Baudelaire “quiere acariciar como una amante”.

Se trasluce en sus obras que Baudelaire es por excelencia un Flaneur, un paseante y observador exquisito de su ciudad. Goza de sus calles,  las vidrieras y de los cafés,  advierte los cambios en la moda y se deleita con las hermosas damas que se pierden en el gentío. Así como también conoce los caminos velados, sus fantasmas, sus miserias.  Sin embargo, de acuerdo con Benjamín, en las obras de Baudelaire no hay una descripción de la masa ni de la población ni la ciudad. Aparecen en sus obras los temas de esa nueva ciudad moderna, la multitud, lo anónimo, los extraños personajes de la noche como las prostitutas, agobio de la de la ciudad, la soledad y  el aburrimiento, pero como figuras secretas.

En el discurrir entre lo diabólico y lo divino que atrae al Flaneur las prostitutas son una figura recurrente como máxima expresión de la producción y el consumo de masas que azota al mundo de la metrópolis. Como mujerzuelas que habitan en esta ciudad de luces opacas, que pertenece a este mundo sombrío, como parte de la calle y del mundo mercantil.

Para el poeta parisino, las masas que desbordaban la ciudad no eran más que la multitud amorfa de los que pasan, del público de las calles. La masa cautiva y paraliza a Baudelaire. De todas formas, se rinde ante la multitud que lo atrae y lo convierte en parte de la masa.  Pero en ese mismo gesto en que se convierte en su cómplice se aparta de ella, la desprecia. “La masa era el velo fluctuante a través del cual Baudelaire veía París” (BENJAMIN, WALTER).  En complicidad con la masa, Baudelaire se convierte en un verdadero Flaneur cuyo verdadero fin de es darle un alma a esa multitud. Como expresa Benjamín en un poeta errante.

Maldita Poesía

 En el año 1882 Baudelaire regresa a Paris luego de haber sido enviado, bajo la presión de su padrastro, a una travesía en barco con la intención de distanciarlo de los ambientes bohemios y los prostíbulos. Ya mayor de edad, percibe la herencia paterna y se instala en un pequeño departamento donde escribe sus primeros poemas, dejando de una vez y para siempre de esconder su afán por la escritura.  

 A partir de este momento intentó sobrellevar su vida con la venta de sus poesías y escribiendo críticas artísticas como lo demandaba el rigor mercantil de la época. Al igual que las mujerzuelas que frecuentaba su arte se convierte en una mercancía más. Como un cortesano, debe resignarse a vender su arte por poco dinero así como la mujer se transforma en un objeto más de consumo para la satisfacción de los citadinos.

Baudelaire dilapida su dinero y la herencia paterna. En vano intenta, pertenecer al mundo de la alta sociedad. Su mundo será inevitablemente el de los prostíbulos, la noche, los hospitales y las prisiones. Irreversiblemente es un Poeta Maldito, abandonado y  sometido, económica y afectivamente, a una vida más cerca de los bajos fondo.

Desbordado por los problemas económicos y perseguido por los acreedores. En 1844, su familia lo somete a un consejo judicial y su dinero pasa a ser administrado por su padrastro, que le entrega una cantidad trimestral de seiscientos francos, suma que le hubiera permitido vivir cómodamente sin trabajar. Desamparado, económicamente y afectivamente, el poeta se somete a una vida signada por el aislamiento y la privación. Privado de recursos y humillado trabajará sin descanso en poemas, huirá incesantemente de sus deudas, recibiendo el refugio de sus amantes.

 

 Las Fanfarlos de Baudelaire

 El placer de sorprender y la satisfacción orgullosa de no sorprenderse nunca”

La pluma maldita de Baudelaire describe los tiempos modernos como una suerte de condena a la modernidad. Pero, la hipocresía y la desilusión frente al mundo burgués del siglo XIX es vivida y retratada por el poeta sin ningún tipo de “ilusión redencional de la historia”. Baudelaire actúa de manera distante respecto de todo y no se siente obligado a hacer nada por ello. El poeta llevó adelante su vida como un Dandi que como bien expresa el mismo Baudelaire, " no hace nada". 

El dandismo nació en el siglo XIX, como una suerte de una nueva religión entre de aquellos que están conformando las primeras avanzadas culturales y estéticas a mediados del siglo. Regida por la doctrina de la elegancia y originalidad.

Desde el punto de vista ético, es inutilidad, gratuidad e indiferencia. El dandi es inmutable hacia todo lo que le rodea, no puede querer cambiar nada porque no cree en nada, y por tanto no tiene ninguna ambición. Baudelaire no siente el menor imperativo moral de hacer algo al respecto del mundo de los valores burgueses, pues renuncia a cambiar ese mundo, sin ninguna esperanza real de destruirlos o superarlos. El dandi se rige por leyes que le son propias, posee una inteligencia sutil respecto de todo el mecanismo moral, pero aspira a la insensibilidad, moralmente  está más allá del bien y del mal.

Desde lo estético el dandi es un ser extravagante y distinguido que hace de su propia figura, de su propia identidad la mayor de las obras de arte. Realiza un constante trabajo sobre su yo, tanto en el plano físico como en el plano espiritual. Pero esta especie de “culto de sí mismo” puede a llegar hasta a la desaparición de la persona física, pues el dandi se transforma a sí mismo en objeto que se construye, se decora pero que siempre vuelve al mismo punto de partida: a la pura y simple afirmación del yo.

El mundo de lo útil, de las necesidades es completamente ajeno al universo del dandy que rechaza lo natural y la espontaneidad porque vulgar. El dandi se aferra a la pereza, el lujo, la moda y las drogas.  Baudelaire intenta recuperar lo inútil en los gestos aristocrático de la distinción y el artificio. Según el poeta, el gusto desmesurado por el vestido y la elegancia son expresiones de la superioridad aristocrática del espíritu dandi. "El dandismo es el último destello del heroísmo en las decadencias" (BAUDELAIRE, CHARLES).

 Pero el dandismo en baudelaire se puede entender como el choque entre lo ideal y la realidad de la vida, “…es un perfil fantasmal pero también un lugar sin demasiados asideros. Un lugar entre el salón literario burgués y la taberna donde se congregan literatos, soplones, terroristas, traperos, escritores y prostitutas. Un lugar entre el mercado del arte y sueños febriles de la obra magna a cumplir en la soledad y el martirio de la creación” (CASULLO, NICOLAS; 2006).

De quien derivan los placeres más enervantes y los dolores más fecundos

“La mujer es sin duda una luz, una mirada, una invitación a la felicidad, a veces una palabra; pero sobre todo, una armonía general, no solamente en su aspecto y en el movimiento de sus miembros, sino también en las muselinas, las gases, las amplias y las tornasoladas nubes de tejidos con los que se envuelve, que son como los atributos y el pedestal de su divinidad…” (BAUDELAIRE, CHARLES)

Para Baudelaire, la mujer ha sido tanto fuente de inspiración como el germen de su condena. Las despreciaba tanto como las necesitaba. Fuente de los más duraderos placeres, ser terrible e incomunicable como Dios, que nada tiene para comunicar, por la quien se hacen y deshacen las fortunas, para y por quien los artistas componen sus joyas más delicadas, así ve el poeta a la Mujer.

Gran parte de sus poemas más oscuros son frutos de sus amores. En honor a  su querida, Jean Duval, la actriz mulata que estuvo siempre a su lado, escribio “Sed Non Satiata” en  las Flores del Mal.

 

“Extraña deidad, morena como las noches, de perfume donde se mezclan el almizcle y el tabaco —obra de algún obí, Fausto de la llanura—, bruja de flancos de ébano, hija de las negras medianoches, yo prefiero a la constancia, al opio, a las noches, el elixir de tu boca donde el amor se pavonea. Cuando hacia ti mis deseos parten en caravana, tus ojos son la cisterna donde beben mis hastíos. Por esos grandes ojos negros, respiraderos de mi alma, oh demonio sin piedad, viérteme menos fuego.

 

En Consejos a jóvenes literatos, advierte sobre las mujeres que consideraba “peligrosas para los hombres de letras: la mujer honesta, la marisabidilla y la actriz. La primera porque pertenece necesariamente a dos hombres, la segunda por ser aprendiz del amor y la tercera por interesarse más al público que al amor”  (BAUDELAIRE, CHARLES; 1981) Es interesante apreciar el caso omiso que el mismo Baudelaire hace de sus consejos. Pues, a lo largo de su vida tuvo una seria de relaciones amorosas que se podrían calificar como de serias relaciones con mujeres de todo tipo, que tuvieron gran influencia en su poética, pero manifestaba una especial predilección por las prostitutas.

Charles Baudelaire era conocido en todo París por sus numerosas aventuras  y como asiduo visitante de prostíbulos. La primer mujer que se conoce con la cual mantuvo relaciones fue una prostituta judía del Barrio Latino llamada Sarah, a la que denomina Louchette por su bizquera, mantuvo con ella una relación estable durante sus años de estudiante en París. A ella le dedica algunos versos poco agradables en los que dice, “Una noche que estaba junto a una horrible judía”. Se presume que el rencor que manifestó sobre ella en diversos poemas  se debe a que la prostituta lo contagio de sífilis condenándolo a muerte. Se conoce además que se enamoró de Marie Daubrun, actriz del teatro de la Porte Saint-Martín. Tuvo con ella una breve historia de amor, pero tormentosa, consideraba por Baudelaire como un refugio para huir del pecado. Otra mujer con la que mantuvo una relación amorosa fue con Madame Aglaé Savatier. La relación concluyo cuando la mujer intento darle un nuevo sentido y le propuso a Baudelaire dar el paso hacia el encuentro de sus cuerpos.

Habrá una mujer sensual y bella, inocente sólo en apariencias, que estará siempre unida a la vida de Baudelaire y que será fuente de inspiración para el autor. Una desventurada actriz de un teatro de mala muerte. Su nombre era Jean Duval, una actriz mulata que representaba un papel secundario en un vodevil del Teatro Partenon que el poeta conoce en 1843. A pesar de su vulgaridad y de las asiduas infidelidades, Baudelaire volverá siempre a ella durante toda su vida, hasta su muerte.

 

LA FANFARLO  

Pertenecer al mundo del placer podía significa renunciar hasta la propia vida

Si bien Baudelaire consideraba a la novela como un género bastardo, en una carta a su madre le confiesa que se dedicará a este género, pues las necesidades económicas lo apremiaban y las novelas eran más cotizadas que las poesías y los poemas. De todas formas, La Fanfarlo fue la primer y única novela que el poeta escribió a lo largo de su vida. Escrita en su retorno a Paris, luego del viaje en barco que su padrastro le había obligado a realizar, y al mundo de la bohemia y del dandismo en los bajos fondos de París. Considerada inmoral a los preceptos burgueses, varios editores se negaron a publicarla hasta que en 1974 fue editada por primera vez.

La novela, que se supone autobiográfica, cuenta la historia del joven poeta Samuel Cramer, dandi y bohemio, quien se reencuentra por casualidad en una plaza con una vieja amiga de la infancia, Madame de Cosmelly. En un intento por conquistarla promete ayudar a la joven dama. Haciendo uso de sus dotes de poeta planea una estrategia para interponerse en el romance que sostiene el marido de esta con la célebre bailarina Fanfarlo, pensando que tan noble accionar haría que la Madame no se resistiese a sus encantos. Pero, en sus intentos por seducir a la Fanfarlo se enamora perdidamente de la artista y, preso del encantamiento, Samuel cae en su propia trampa y en la trampa de la irresistible mujer.

Samuel es complejo y contradictorio, frágil como perezoso y obstinado. Deliciosamente descrito por el autor y denigrado al mismo tiempo, “Samuel tiene la frente pura y noble, los ojos brillantes como dos gotas de café (…). A la vez es un completo holgazán, un ambicioso triste y un ilustre desdichado…” (BAUDELAIRE, CHARLES; 1994).  Condenado al fracaso económico frente al gusto literario burgués.  Así como Baudelaire fue despreciado e incomprendido por su arte, de la misma forma Samuel espanta a Madame Cosmelly con su obra lúgubre obra Las Osífragas.  

Las similitudes físicas, psicológicas, profesionales y en su relación con las mujeres entre Baudelaire y Samuel hacen pensar que La Fanfarlo es casi una parodia de su propia vida. En ciertos pasajes los personajes se confunden, esto llega a tal punto que cuando Baudelaire habla en primera persona, a veces, se tiene la impresión de que es Samuel Cramer quien esta relatando; en otros casos su voz es confundida con la del mismísimo Baudelaire.  Asimismo, en el Sr. Cosmelly, también se pueden encontrar rastros de Baudelaire que como muy dandi era extremadamente generoso con sus amigos, elegante  y dedicado de lleno a los asuntos inútiles de la vida.

Encarnado en la figura de Samuel Cramer, Baudelaire, recrea su propia historia de vida. El poeta odiaba a su padrastro con vehemencia, mientras deseaba tener cerca de su madre, que despreciaba su estilo de vida. Así como Samuel, añoraba los tiempos de la infancia. Además,  ambos manifiestan ser hombres gustoso del los paraísos artificiales y de las relaciones con mujeres, sobre todo con prostitutas. Apasionado de las letras, hacían suyas las obras de los hombres a quienes admiraban y vivían en consecuencia. Amantes de la pereza y de las empresas destinadas al fracaso. Ambos: Flaneur y dandi por excelencia.  La Fanfarlo es considera como la obra del dandismo, el máximo culto del yo, en la que Baudelaire se retrata sí mismo como un dandy encarnado en el personaje del poeta Samuel Cramer, interpretado como un "yoísta" a todo nivel.

Desde el inicio la obra, Samuel casi como un antihéroe deja entrever su debilidad, perfectamente revelada por ambas mujeres. Por un lado, Madame Cosmelly lo utiliza para sus propios propósitos, por el otro la Fanfarlo advierte en él el engaño del cual ha sido presa y despliega contra su persona el más terrible de los castigos.

Ambas mujeres consiguen manejar a su antojo los designios del poeta. Madame Cosmelly es una vieja amiga de su infancia, de los años dorados de Samuel en Lyon. Para Baudelaire, su infancia también fueron los años más dulces, en una carta a su madre recuerda aquella época “como la época feliz de las caricias maternales”.  En primer momento, Samuel está dispuesto, en su deseo por conquistar a Madame Cosmelly, a embarcarse en su destino y su condena. La Madame logra convencer al poeta con las armas que toda mujer honesta posee: la ignorancia pudorosa, el sollozo, la delicadeza, la impotencia. Herida por el engaño, hace uso de sus modales delicados e invoca a la moral burguesa como pretexto para recuperar a su marido que la había abandonado por que, en de acuerdo con su mujer: “ella lo había amado demasiado y el se había aburrido”.

La Fanfarlo, por su parte, es la encarnación de la belleza corporal, voluptuosa y vulgar. Es la perdición de Samuel, así como cada mujer fue a lo largo de la vida de Baudelaire adorada y despreciada. Aun, Jeane Duval fue objeto de su amor como de su desprecio.  En la novela la bailarina no tiene nombre real, es una mujer, “una divinidad que preside todas las concepciones del cerebro masculino. Es una especie de ídolo entupido encantador y deslumbrante que sostiene los destinos y las miradas pendientes de sus miradas. Es una reverberación de todas las gracias de la naturaleza condensadas en un solo ser” (BAUDELAIRE, CHARLES).

Ella aparece en escenario como una diosa a la que hay que adorar, adornada  con grandes vestidos, accesorios y maquillaje pues es su deber, causado por su divinidad, aparecer como mágica y sobrenatural. Para Baudelaire las prácticas con la cuales mujeres se embellecen están legitimadas como forma de consolidar su divinidad y su frágil belleza. Alaba el talento de la mujer para maquillarse y perfumarse pero las desprecia porque no disimulan sus instintos primarios: si la mujer tiene hambre y quiere comer; si en celo, quiere copular. La mujer es lo contrario del dandy, es natural, por lo tanto es vulgar y en la naturaleza sólo puede haber crimen sostiene Baudelaire.

 La bailarina somete a sus encantos al dandi, Samuel se enamora con locura de Fanfarlo. Baudelaire nos dice que “el amor es la ocupación natural de los ociosos y que el dandi no tiene el amor como un fin especial, pues la única  profesión que este ha de cultivar es la idea de lo bello en su persona que proviene de su inquebrantable resolución de no emocionarse” (BAUDELAIRE, CHARLES). Samuel quiebra los preceptos de su religión y se entrega a esta mujer apasionadamente. Se olvida de su vieja amiga que consigue retornar con  su marido y en un gesto de ingenuidad, hasta se podría decir como un hecho natural, revela a la Fanfarlo el engaño del cual ha sido presa. Contrariada y con rencor la bella actriz pone en marcha su venganza y Samuel es castigado “por donde había pecado: quien había fingido tantas veces la pasión se vio forzado a experimentarla: pero no fue el amor tranquilo, sereno y fuerte que inspiran las muchachas decentes, sino el amor enfermizo de las cortesanas” (BAUDELAIRE, CHARLES 1994)

En esta obra de ficción, el poeta deja ver todo lo que en su vida lo ha perturbado, todo lo que lo agobia y lo ha llevado hasta la miseria económica y la decepción de sus padres. El desenlace no debe ser visto como el simple triunfo de los valores y la moral burguesa. Benjamín explica el proceso de creación en Baudelaire como un duelo en el cual el artista, antes de sucumbir grita de espanto. En esta novela el poeta expone sus más íntimos secretos, se desagarra en sus palabras como si en la expresión de lo más íntimo, los miedos, la angustia y los traumas lograsen disiparse.

“A merced del espanto, Baudelaire no deja a su vez de provocarlo” (BENJAMIN, WALTER).  

Conclusión

La belleza del Mal

Acerca de Georges Bataille, Campillo nos dice en la introducción a Lo que entiendo por soberanía, “Pero la escritura es también un juego, una actividad inútil que tiene su fin en sí misma, que no se subordina a proyecto alguno y que precisamente por eso permite al escritor ponerse así mismo al desnudo, poner en juego la integridad de su ser, confesando no sólo las incertidumbres de su pensamiento sino también los temblores de su corazón, hasta el extremo del silencio, de la risa y de las lágrimas. Este otro tipo de escritura, denominada poética o literaria, hace posible una forma de comunicación, mucho mas profunda e intima”  (CAMPILLO, ANTONIO; 1996)

Si bien la construcción poética de Baudelaire se encuentra estrecha relación con su proceder, esto debe entenderse por su carácter de poeta maldito, hombre moderno, dandy o flaneur. La vida de Baudelaire era una gran obra de arte, tormentosa, lúgubre y espectral como su estética y sus escritos. Persiguió un camino signado por la oscuridad de las calles de Paris, los cuartos de pensiones baratas, los paraísos artificiales y las mujeres de los burdeles, pero anhela ser parte del mundo de los salones y las galerías de Paris.

Su poética es mucho menos emocional que intelectual, admirador de Balzac, Baudelaire penetra en sus creaciones en los misterios de los conflictos íntimos, psicológicos, en la angustia de la que son presos los hombres de la modernidad. Pero a diferencia del artista romántico, Baudelaire el es el propio sufrimiento encarnado en la poesía.  La obra literaria de Charles Pierre Baudelaire no puede ser reducida en la simple y llana  identificación del poeta en sus escritos o en sus personajes. El proceso creativo en Baudelaire esta poblado de fantasma, sus creaciones ponen al desnudo su alma agobiada de terribles y espantosos espíritus. Haciendo uso, como pocos hombres de letras han conseguido, de las palabras más perfectas y en su sentido ideal, lo que le permite entra en comunicación directa con el lector.

Es más bien, un proceso de íntimo encuentro con lo más profundo de su acontecer, un proceso de subjetivación en el que el poeta se reencuentra consigo mismo, sus temores y sus traumas en cada trazo. Este proceso esta poblado de imágenes que lastiman, y perturban que en un primer momento desagradan y que provocan en el lector consideraciones que obligan a  una segunda lectura, más profunda. Como sostiene Nicolás Casullo en Baudelaire se encuentra una subjetividad embozada de maquillaje, “trabajará desde sus mascaras y desde las mascaras de lo moderno” (CASULLO, NICOLAS; 2006). Baudelaire nos entrega parte de su ser en sus creaciones, nos propone develarlo, comprenderlo, porque desea que lo entendamos. Nos invita a ser ingratos como él y perdernos en sus poesías.   En un proyecto para un prólogo a la tercera edición de las Flores del Mal Baudelaire deliberadamente manifiesta aquello que resulta su condena, se define como un hombre que encuentra placer en el odio y gloria en el desprecio. Pero que no busca hacer el mal, sólo extraer la belleza que allí se encuentra

Necesita del estado de embriaguez porque necesita perderse desde la irrealidad de lo real. Los periodos de encierro son habituales en él, así como los intentos de suicidio se repiten en su vida. El destino es para Baudelaire irreversible.

El 31 de agosto de 1867 a los 46 años a  causa de su enfermedad muere paralizado, mudo y medio imbécil.  Por un lado, el Paraíso: fallece en los brazos de su amada madre. Por otro lado, el infierno: condenado a vivir la eternidad en el cementerio de Montparnasse junto a la tumba de su padrastro. (*)

 

(*) Fuente:  Lucía Calomino, "Modernidad Maldita. Caminos de la poesía de Charles Baudelaire", trabajo realizado en el contexto de la materia Principales corrientes del pensamiento contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en 2007.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

  • Baudelaire, Charles Pierre. “Pintor de la vida moderna”. Salones y otros escritos sobre arte. (Ficha de Cátedra número 4).

  • Baudelaire, Charles Pierre. Consejos a los jóvenes escritores y Proyectos de prólogos para Flores del Mal.  Torres Agüero Editor. Buenos aires. 1981

  • Baudelaire, Charles. Los paraísos artificiales. El vino y el  hachís. La fanfarlo. M. e. editores. España. 1994

  • Benjamín, Walter. Sobre algunos temas en Baudelaire. Publicado por la Escuela de Filosofía de ARCIS en www.philosophia.cl.Campillo, Antonio. El amor de un ser mortal. Introducción en Bataille, Georges. Lo que entiendo por soberanía. ICARIA. México. 1996Casullo, Nicolás; Foster, Ricardo y Kaufman, Alejandro. “Karl Marx y Charles Baudelaire: los fantasmas de la modernidad”. Itinerario de la Modernidad. Eudeba. 2006. 
    http://apuntes.rincondelvago.com/http://www.baudelaire.galeon.com
    http://www.estudiocaos.com/molodoi64/modernismo.htm.
    http://www.lamaquinadeltiempo.com/Baudelaire
    http://www.opcionlibros.gov.ar/editoriales/
    http://www.revistacontratiempo.com.ar/index.htm
    http://www.theoria.org/literat/baudelaire

 

 

 

   ©  Temakel