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  ¿QUIÉN INSPIRÓ EL FRANKENSTEIN DE MARY SHELLEY?

 

Por Sibila Camps

 

 

 El actor Boris Karloff en la que se considera la mejor representación cinematográfica de la criatura creada por el Doctor Frankenstein, en la versión de 1931. 

    Frankenstein aún seduce a los lectores. Se acepta habitualmente que Mary Shelley creó el monstruoso criatura desde la pura libertad de su imaginación. Pero una reciente investigación histórica revela que el modelo inspirador de Mary S. Shelley pudo ser el  doctor James Lind y sus experimentos con descargas eléctricas en animales.

   Para crear al doctor Víctor Frankenstein, la escritora inglesa Mary Shelly se inspiró en un medico escocés que realizaba experimentos con descargas eléctricas en animales. Así lo asegura Christopher Goulding en su tesis de doctorado, publicada en el último número de la revista de la Royal Society of Medicine.

   Mary Shelley (1797-1851) no conoció personalmente al doctor James Lind (1736-1812). Sí lo trató de cerca su esposo, el poeta Percy Shelley (1792-1822), ya que Lind había sido su tutor para las materias científicas cuando estudiaba en Eton.

   Los especialistas en la obra de Mary coinciden en la influencia que ejerció su esposo en los temas vinculados con la medicina. Cuando se fugó de su casa con Percy, Mary tenía 17 años. Apenas había cumplido los 19 años cuando concluyó Frankenstein, tras compartir con Percy, con el escritor Lord Byron y con su secretario Polidori, la lectura de Fantasmagoriana, Compilación de historias de apariciones de espectros, reaparecidos y fantasmas. La velada había tenido lugar una noche de lluvia en la residencia de Byron, a orillas de lago Ginebra, en Suiza.

   Nacido en 1792 en Sussex, durante su infancia, Percy demostró gran avidez por la ciencia y frecuentemente realizaba preparados químicos. Tras haber intentado formalmente sus estudios en química, intentaba curar los sabañones de sus hermanas menores con descargas eléctricas.

   Durante los dos últimos años en Eton (1809-10), Percy se hizo amigo del doctor Lind, quien ya vivía casi retirado en Winsor. Como cirujano de un barco, había realizado viajes por África, India y China. Era también un consumado astrónomo y geólogo, y había acompañado a Sir Joseph Banks, presidente de la Royal Society en una expedición científica a Islandia.

  Para la fina sociedad de Windsor, Lind era más bien un excéntrico. Su hijo Alexander recordaba que en su estudio "había telescopios, baterías galvánicas, dagas y máquinas eléctricas". La propia habitación de Percy en Oxford College estaba abarrotada de instrumentos.

  En una época en que las ciencias exactas y las naturaleza no estaban disociadas de la filosofía, Lind se veía o se carteaba con los nombres de su época, como Benjamín Franklin y James Watt. Y en 1792 había realizado un experimento ante el rey Jorge III y su familia, haciendo saltar a ranas como si estuvieran vivas.

  En una breve biografía de su esposo, Mary escribió que Percy siempre citaba a Lind "con el más tierno respeto". "Le debo tanto a este hombre-solía decirle-, mucho más de lo que debo a mi padre".

EL PODER DEL GALVANISMO

El 3 de octubre de 1818, en Glasgow, Matthew Clydesdale fue hallado culpable de haber matado a un anciano durante una borrachera. La sentencia fue la horca y la entrega de su cuerpo a los anatomistas. El 4 de noviembre, no bien el verdugo lo declaró muerto, fue llevado al paraninfo de la Universidad de Glasgow, donde los anatomistas intervenían en los cadáveres a plena vista del público.

   Apenas llegó el cuerpo de Clydesdale, el doctor Andrew Ure, jefe del equipo, cargó su batería galvánica y realizó varias disecciones en busca de los nervios donde se haría la estimulación eléctrica. Con una de las descargas, una pierna se extendió con tanta fuerza que estuvo "a punto de derribar a uno de los asistentes", contó Ure.

  Cuando conectó los cables al nervio frénico izquierdo y al diafragma, "el éxito fue maravilloso-escribió el científico-. El aliento comenzó de inmediato. El pecho respiraba agitadamente y bajaba; el vientre sobresalía y se deshinchaba de nuevo..." El proceso siguió durante toda la estimulación eléctrica intermitente.

   Al público se le acabó la curiosidad cuando se aplicó corriente al nervio supraorbital y al talón. A medida que subía el voltaje, "..se exhibieron las muecas más horribles...Rabia, horror, desesperación, angustia y sonrisas espantosas unieron su horrible expresión en el rostro del asesino, sobrepasando en mucho a las más salvajes representaciones de un Fuseli o de un Kean- relato Ure, en alusión a dos pintores de la época-. En ese momento, varios espectadores se vieron obligados a dejar la sala a causa del terror o de la descompostura, y un caballero se desmayó".

  Ure también tomó nota de una experimento que le falló por falta de tiempo. Su descripción está muy cerca del desfibrilador cardiaco que, un siglo después, comenzaría a salvar tantas vidas.

   En su artículo, Goulding destaca las numerosas evidencias de que los Shelley comentaban y compartían las lecturas médicas de Percy, quien encargaba los últimos libros sobre la materia. Incluso en 1814 habían asistido en Londres a una lectura pública sobre el galvanismo y los usos medicinales de la electricidad.

   Durante aquel lluvioso verano de 1816, Percy y Byron conversaron largamente sobre las últimas teorías. En una de las charlas "discutieron diversas doctrinas filosóficas, en otras la naturaleza del principio vital, y la posibilidad de que se llegase a descubrir tal principio y conferirlo a la materia inerte", contó Mary en el prólogo a la edición de Frankestein de 1831. 

  Hablaron sobre todos los experimentos con el galvanismo del médico y filósofo naturalista Erasmus Darwin, o mejor dicho-aclaró la escritora- de "lo que entonces se decía que había hecho". El galvanismo es la propiedad física del producir mediante corrientes eléctricas, los movimientos en los nervios y músculos de animales vivos o muertos.

   En su investigación, Goulding hace notar que el doctor Lind se había formado con William Cullen, quien había jugado un papel decisivo en la temprana codificación de procedimientos para la reanimación de personas ahogadas o asfixiadas.

   "Quizá podía reanimarse un cadáver; el galvanismo había dado prueba de tales cosas; quizás podía fabricarse las partes componentes de una criatura, ensamblarlas y dotarlas de calor vital", escribió Mary en aquella introducción. Era una intensa preocupación de aquella época, así como en la Edad media se debatía sobre la alquimia, y como en la actualidad se discute acerca de los alcances de la clonación.

  En noviembre de 1818, ocho meses después de la publicación de Frankestein, un médico de Glasgow realizó un experimento público de galvanización con el cadáver de un asesino que acababa de ser ahorcado por orden de la justicia. Los informes de los anatomistas desbordan de una truculencia más cercana a la novela de Mary Shelley-no obstante, tan pulida y literariamente delicada-, que el informe científico.

  Los datos aportados por Goulding refuerzan la idea de que, aun siendo un cabal exponente del romanticismo, Frankenstien le da una vuelta de tuerca al fusionarla con el positivismo. Sin embargo, Mary pone un límite a la evolución de la ciencia: "Debía ser espantoso-escribe en relación al monstruo creado por el doctor Frankenstein-; pues supremamente espantoso sería el resultado de todo esfuerzo humano por imitar el prodigioso mecanismo del Creador del Mundo". (*)

(*) Fuente: Sibila Camps, "La creadora de Frankenstein se inspiró en un médico escocés", publicado en Diario Clarín, en Buenos Aires, el 10 de mayo del 2002.

 

                   

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