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KARL KRAUS: EL MUNDO EN EL LENGUAJE O EL LENGUAJE EN EL MUNDO

Por Sabrina Andrea Díaz Virzi

 

 

Karl Kraus

 

 En la primera mitad del siglo XX, en la Viena atravesada por los ecos de la primera guerra mundial y los ideales políticos y estéticos de la modernidad. Kraus, pensador, dramaturgo y ensayista, reaccionó contra la creciente degradación de la palabra literaria ante el avance de la masificación y la levedad del verbo periodístico. Kraus, en su obra, buscó, con valor y tenacidad preservar el poder de la palabra romántica y la fantasía. El texto que sigue a continuación  nos sumerge en algunos de los méritos del creador del periódico La antorcha de la obra teatral, Los últimos días de la humanidad

E.I 

 

KARL KRAUS: EL MUNDO EN EL LENGUAJE O EL LENGUAJE EN EL MUNDO

Por Sabrina Andrea Díaz Virzi

 

Introducción

El objetivo de este análisis es lograr un acercamiento a la postura del periodista Karl Kraus y poder articular este saber con algunas posturas del movimiento romántico.

En una primera instancia, se expone una breve reseña sobre el romanticismo y su reivindicación del mito y la palabra como sustentadora de sentido.

En un segundo momento, se intentan plantear los puntos más significativos en torno a Karl Kraus y su postura respecto a la defensa del lenguaje.

Como conclusión, se trata de trazar una relación entre el pensamiento romántico y el periodista Karl Kraus con respecto a la reivindicación y defensa del lenguaje y la importancia atribuida a la individualidad.

La palabra romántica

En el siglo XVIII, las flamantes ideas ilustradas de libertad, igualdad y fraternidad estuvieron acompañadas por el desarrollo de una confianza ciega en la ciencia y en la técnica y, ligado a esto, la búsqueda de la verdad se orientó en ese sentido: hacia la firme creencia y eficacia en la razón. Las "luces" de la razón guiarían al hombre (en sentido abstracto, como idea de humanidad) hacia la felicidad.

Sin embargo, en las postrimerías del siglo XVIII comienzan a hallarse cambios en la orientación general de la cultura hasta ese momento. En ese tiempo tiene sus orígenes una nueva visión que rechaza al optimismo generado por la razón de base científico – técnica.

El movimiento romántico coloca en primer plano a la palabra, al lenguaje como sustentador de sentido y como forma de construcción de un saber humano genuino, verdadero. En la Grecia Clásica, la palabra, en tanto palabra mítica, que habla de las causas y los porqués, de los orígenes y el principio, expresa la verdad. El mundo es representado a través del lenguaje de la naturaleza divinizada. Y este lenguaje, el mythos, transmite el pasado del mundo, que es un relato de verdad. El encargado de cuidar de esas palabras es el poeta y, por lo tanto, es el "guardián de la verdad".(1)

El romanticismo rescata la búsqueda de la verdad a partir este tiempo mítico y, sitúa la validez de la palabra y la poética como narradoras del mundo por sobre el uso de la razón en busca de un progreso ilimitado. El poeta pone al mundo en palabras. Un importante exponente de este período es el poeta alemán Novalis que, en relación a esto, dice: "la poesía es la representación del alma. El sentido poético está en comunión con el sentido místico. Representa lo irrepresentable. El poeta es literalmente insensato. El sentido poético está vinculado con lo profético y con lo religioso. Las palabras del poeta están santificadas por algunas maravillosas reminiscencias. Necesita librar a las palabras su sentido habitual, general, para conferirles otra significación única, evocadora."(2) El romántico busca las historias fantásticas y la superstición y venera el mito, que los ilustrados ridiculizaban proclamándolo fuente de pura falsedad y generador de explicaciones irracionales.

Este movimiento favorece la supremacía del sentimiento frente a la razón y es así como incluye en el tratamiento de la verdad al orden de lo poético, "una nueva mitología". De esta manera lo expresa el teórico Friedrich Schleger: "La mitología es una creación esencial y voluntaria de la fantasía, debe estar, pues, fundamentada en la verdad. Lo fabuloso, por tanto, no ha sido tan sólo tenido por verdadero, sino que, en cierto sentido, es verdadero"(3). Es una verdad más humana, que tiene en cuenta al individuo y a su sensibilidad, al hombre particularizado en oposición a la homogeneización iluminista. Jean-Jacques Rousseau fue quien estableció el culto al individuo y celebró la libertad del espíritu humano al afirmar "Siento antes de pensar".

Karl Kraus

Karl Kraus fue un periodista, un ensayista, un poeta, un dramaturgo. Pero sobre todo fue un hombre, un hombre que desafió a su tiempo y que denunció a su tiempo desde sus profundas convicciones.

Karl Kraus nació en Jicin, Bohemia en 1874 pero desde su niñez vivió en la ciudad de Viena, Austria. Se constituyó como uno de los tantos intelectuales que esa ciudad agrupó en los inicios del siglo XX pero no fue uno más. Kraus "hizo algo bastante heroico, poner en tela de juicio al mundo intelectual. Hay intelectuales que ponen en tela de juicio el mundo, pero hay pocos que ponen en tela de juicio el mundo intelectual"( 4)

El 1 de abril de 1899 Kraus publica Die Fackel (La Antorcha), una revista quincenal satírica. Ese cuadernito rojo que comienza a circular por las calles de la ciudad es el primer número de los 922 que salieron hasta 1935. Y es desde ese cuadernito que Kraus hizo pública la corrupción, la falsedad y las pretensiones de la vida burguesa de la Viena de su tiempo y en particular de la prensa liberal. Kraus se constituyó como "el maestro –dentro del periodismo- de toda una generación intelectual y creadora que va a pensar que lo que se anuncia es la catástrofe, no la realización de los sueños de la Modernidad"(5).

Kraus redacta y publica su revista casi sin colaboradores, escribe de noche y duerme de día, vive para su obra y organiza su vida en torno a ella. "Rara vez ha existido una identificación personal tan completa entre un escritor y su obra (…) Sólo un hombre con una personalidad muy diferente a la ordinaria podía consumir casi cuarenta años de su vida de esa manera"(6).

Kraus denuncia la hipocresía de la época y polemiza fuertemente contra la gran prensa. Contra la prensa liberal que manipula las conciencias y moldea pensamientos según sus intereses. Kraus prevé la formación de la sociedad de masas, y lo ve a través del gran medio de masas de ese momento, el diario.

Para Kraus, los periodistas escriben porque no tienen nada que decir y, a su vez, tienen algo que decir porque escriben, es decir, en realidad, hablan por hablar. Lo real ya no es representado por las palabras sino que esto se invierte y ahora son las palabras las que le dan origen al mundo. Dice Kraus "el mundo pasa por el tamiz de la palabra para ser mundo"(7). El medio de masas va a formar y moldear la realidad a su antojo, va a dar origen al mundo y lo real pasa a formar parte de un segundo plano, ya no es importante, lo realmente importante es lo que se escribe, lo que la prensa produce y luego es convertido en mundo. Las noticias que da el medio sobre los acontecimientos se constituyen en los verdaderos acontecimientos.

Kraus ve a la prensa cada vez más lejos de su función primordial, la de informar los hechos y referir objetivamente en las noticias los hechos que suceden. De manera creciente los medios masivos se ven contaminados por los intereses económicos y las influencias políticas. Kraus denuncia la doblez y la falsedad de la gran prensa de ese tiempo nombrándola como un ejemplo de la sociedad de la época. La crítica que hace a la manera en que la gente usaba el lenguaje en su sociedad era, pues, crítica implícita de esa sociedad. Este vicio se convierte en una amenaza contra la sociedad ya que la prensa adquiere, cada vez más, un papel fundamental en la manipulación de las conciencias.

Esto lo ve en el tratamiento que le da la prensa austríaca a la Primera Guerra Mundial. Es en la propaganda bélica, que Kraus descubre el proceso de (de-) formación de las conciencias y el moldeado de las mentes de las personas, de las madres que vivan a sus hijos soldados marchando en pos de la nación. La prensa, más allá de su influencia puntual, creó durante mucho tiempo la falta de imaginación que necesitaba para dar salida a su "stock de metáforas prefabricadas" y vaciar de imaginario al público. Esto posibilita que se generen escenas como un enrolamiento gustoso aunque, en realidad, esto posibilita la matanza.

Kraus ve a la prensa como el principal agente de la homogeneización de la conducta: proclama los valores a seguir, la educación patriótica, el progreso, la ganancia. La metrópoli es ese lugar donde los individuos se disuelven en la masa. Por ello, Kraus renuncia a formar la opinión pública y funda La Antorcha como ejemplo de antiprensa. A tal punto se convirtió en opositora de la gran prensa que, llegado el momento que esperaban los editores de los diarios más importantes para aumentar su cantidad de ventas, el escritor deja de sacar La Antorcha. Se rebela ante las atrocidades que están ocurriendo y descubre que la forma de hacerlo es no hacer hablar a la palabra cuando no tiene nada para decir. Kraus va a decir: "No esperen de mí una palabra, tampoco podría decir nada nuevo. En la habitación donde estoy hay un ruido horrendo: carros de guerra, ediciones de la prensa voceada como batalla ganada, quienes nada tienen que decir ahora, porque de hecho tienen la palabra, continúan hablando. Quien tenga algo para decir, que de un paso adelante y calle para siempre"(8). De esta manera, Kraus va a teatralizar su acción, a llevarla hasta los límites de lo posible, haciendo callar a la palabra para protegerla. Es una forma de poner en acto su pensamiento, de implicarse él mismo, comprometerse y darse a sí mismo como prueba, con toda su persona y con todos sus actos.

En una de las primeras editoriales de La Antorcha dice: "En un tiempo en el que Austria amenaza con desplomarse de aburrimiento agudo ante las soluciones propugnadas por las páginas radicales (…) lo que aquí se persigue no es sino una desecación de los vastos pantanos de la fraseología, que otros quisieran acotar en términos nacionales (…) ¡Ojalá ilumine La Antorcha una tierra en la que, a diferencia del imperio de Carlos V, nunca se alza el sol."(9) Karl Kraus orientó siempre su lucha contra la fraseología, los clichés, las frases hechas porque lo que ve Kraus en la prensa es la muerte del lenguaje como la única sustancia humanizante.

Para Karl Kraus la lengua constituye la identidad de la persona, revela su ser. En el lenguaje se ponen en juego sus pensamientos, sus ideales, sus principios. Su posición es en defensa de la lengua, de la palabra que significa y que remite a cosas ciertas, lejos de la fraseología. El lenguaje en sí incluye todos los signos necesarios para entender las cualidades morales o éticas de una declaración y de quien la hizo. Por esto, es preciso leer cuidadosamente la declaración para atender a todas sus cualidades lingüísticas, a fin de llegar a descubrir la verdad. Kraus se sumerge en una lucha por la verdad en tanto era una lucha ética por la pureza del lenguaje. Kraus se interesa por el lenguaje, en su complejidad textual y su profundidad filosófica. Esto se puede ver en los juegos de palabras que incluye muy a menudo en sus textos, esto tiene su consecuencia en los escasos volúmenes traducidos del autor, debido a que muchos de estos textos resultan intraductibles.

"Temo el abismo que se abre debajo del lugar común, de la información cliché. Yo trabajo sobre los escombros del lenguaje". Utiliza un original recurso para mostrar el poder que ejercen las palabras. Kraus da a conocer aquellos chismes, murmullos inverificables, que tradicionalmente no se dan a conocer para no identificar a los protagonistas, declarándose personalmente fiador y responsable de su autenticidad. Este recurso es inmediatamente denunciado y, de esta manera, se señala su importancia: rompe la relación de complicidad que une a todos los participantes del juego de "encubrimientos mutuos" en el que habitualmente ganan todos (aunque, en realidad, todos –esta vez, la sociedad en general- salen perdiendo). Según Kraus, cada vez necesitaba menos esfuerzo para exponer aquella duplicidad existente de lo corrompido del lenguaje, entonces, muchas veces realiza una trascripción textual de lo dicho por algún personaje contemporáneo y, el contexto de su revista hacía el resto para poner al descubierto la verdad. La sátira perfecta es aquella a la cual no cambia las declaraciones satirizadas sino que las muestra para dejar ver su hipocresía inherente. Así, mediante la "citación objetivante", se produce una "paradoja de la objetivación": "y aun si no hice otra cosa, cada día, que recopilar y transcribir textualmente lo que dicen y hacen, me llaman detractor". La citación y el collage producen el efecto de voltear contra los periodistas una operación que ellos hacen cotidianamente. Kraus utiliza ese poder y nos muestra su eficacia. Objetiva a los detentores del poder de la objetivación pública y demuestra que éstos son los poseedores del monopolio de la "difamación legítima". Son ellos los que deciden la agenda, quienes deciden el destino de cada noticia (según su importancia: la noticia saldrá publicada o no, saldrá en un destacado o en un pequeño recuadro, etc.). Es el poder periodístico volteado contra él mismo, ese poder que el periodismo ejerce cotidianamente. "Yo domino tan sólo la lengua de los demás. La mía hace de mí lo que quiere".

Kraus trabaja "sobre los escombros y la ruina del lenguaje", sobre la palabra del otro, sobre la mentira de la palabra del otro. Y esto lo hace porque es la única manera que encuentra de ser optimista ya que, aquel que trabaja sobre las ruinas del lenguaje es el único que tiene la posibilidad de recuperación de lo humano en el lenguaje. Y por esto es por lo que lucha Kraus constantemente.

Karl Kraus toma de Paul Engelmann la idea de una "separación creadora" entre, por un lado, la esfera del discurso de los "hechos" (la razón) y, por el otro, de la artisticidad literaria (la esfera de los "valores", la fantasía). Así, Kraus diferencia al periodista ("el mercenario de la pluma") del artista (el poeta, por ejemplo). Y lo hace no en cuanto a su determinada habilidad sino, en relación a su talla moral: el artista es aquel que es sincero, que con sus metáforas no busca asegurar la reproducción de un significado útil, instrumental; "artista es el que no pretende que haya razones para que sus balbuceos sean los elegidos por el sentido para producirse". En cambio, el escritor que no hace más que manipular palabras, "es inmoral en proporción a su talento, ya que carecía de integridad". La característica distintiva de todo cuanto es moral y artístico era, para Kraus, la integridad (integridad era lo que les faltaba a tantos de sus contemporáneos y era por esto que Kraus justificaba sus ataques). La lengua tiene para ambos un significado distinto: para el periodista (o un científico, por ejemplo) el lenguaje constituye un instrumento; en cambio, para el artista, el poeta el lenguaje es un fin en sí mismo, trabaja sobre el lenguaje y no con el lenguaje.

Kraus plantea a la lengua como la única sustancia humanizante, es lo que nos hace presente el mundo. "La lengua es la vuelta a los orígenes. Cuanto más cerca observamos una palabra, tanto más atrás se remonta ella". Kraus dice que hay que "volver a las palabras antiguas" como un gesto de recuperación de la palabra como verdad, que expresa un principio, una posición; la palabra por encima de la fraseología.

El escritor está interesado no en los temas, sino en el lenguaje. "El artista da forma al día, a la hora, al minuto. Por muy restringido y condicionado en lo local y lo temporal que pueda ser su tema, en esa misma medida crece su obra más libre e ilimitada una vez arrancada a éste. Envejece en un parpadeo: rejuvenece en décadas. Lo que vive del tema muere de él. Lo que vive en el lenguaje vive con él". Kraus defiende la importancia del lenguaje no desde un punto de vista teórico sino que, a través de todos sus escritos, de su propia construcción de los textos lleva a la práctica lo que dice. El lenguaje nos representa y por esto es de suma importancia protegerlo.

 

Conclusiones

Se puede establecer un paralelismo entre el pensamiento romántico y las concepciones de Karl Kraus en relación al sustento de verdad que ambas concepciones plantean. Además, Kraus comparte con el movimiento romántico la importancia otorgada al lenguaje, al arte.

Los románticos critican el hecho que el iluminismo ha minimizado la importancia de los mitos, los sentimientos y las tradiciones frente a la razón ilustrada como forma de construcción de un saber válido. Retoma la concepción clásica del mito como contenedora de la verdad y al poeta como guardián de este saber. Lo real se pone en palabras a través del poeta, se habla del mundo a través del poeta. Se busca aquella realidad que escapa a lo racionalizable. En este sentido, se produce una evolución de la idea de la mimesis: mimesis como idea de imitación a los sentimientos. En el contexto en el que se halla Kraus, puede decirse que esta concepción está invertida. Es decir, el mundo ya no es el principio del cual se habla, deja de ser el origen para convertirse en un aspecto secundario: lo real ya no da inicio a las palabras sino que, son las palabras las que se convierten en mundo. Y no a través del poeta como guardián de la verdad sino todo lo contrario, el mundo que es contado es el mundo de los medios de masa, de la prensa. Y es esto lo que critica Kraus.

El románico se rebela ante el efecto homogeneizador que dejaron las ideas iluministas burguesas y revaloriza al hombre como individuo, como genio creador. El romanticismo significa una explosión de la individualidad, de la exhibición de lo más íntimo del alma del escritor. El escritor romántico va a exponer su yo a la contemplación de los demás sin vergüenza ni pudor. Este movimiento realza la importancia de las tradiciones, de la originalidad de la lengua. En su tiempo, Kraus comienza a ver los indicios de una sociedad de masas y se rebela contra ella. Busca valorizar la lengua como representante y exponente de la persona, como constitutiva de la identidad. La singularidad es la característica distintiva del artista verdadero, operativa de la verdadera "fantasía". (*)

 

(*) Fuente: Sabrina Andrea Díaz Virzi, "Karl Kraus: el mundo en el lenguaje o el lenguaje en el mundo", trabajo realizado en el contexto de la materia Principales corrientes del pensamiento contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en 2005.

 

  

Breve biografía de Karl Kraus

 

Gitschin, Bohemia, 1874 - Viena, Austria, 1936

Periodista, crítico y escritor de teatro comparado con Juvenal y Swift por su lenguaje satírico y mordaz. La excepcionalidad de su talento no siempre ha sido reconocida fuera del ámbito germánico, debido a las dificultades que ofrece la traducción de sus obras.

De ascendencia judía, abandonó sus estudios en la Universidad de Viena para dedicarse a la escritura; en 1899 fundó la revista Die Fackel, La Antorcha, de la que pronto se convirtió en director y único redactor. Desde sus páginas fustigó sin piedad la corrupción, la falsedad y las pretensiones de la vida burguesa de la Viena de su tiempo y en particular de la prensa liberal.

Pero sobre todo, su gran obsesión fue reclamar la precisión estética y moral en el uso del lenguaje; su propia escritura es notable testimonio de este esfuerzo, en particular, sus diversas colecciones de aforismos. Sus obras son en ocasiones visionarias y apocalípticas, producto de una especial lucidez que le convirtió en una referencia crítica fundamental en los últimos días de la cultura austriaca, a las puertas de la catástrofe.

 

  Bibliografía

Abbagnano, Nicolás, "Capítulo 2. El romanticismo", Historia de la filosofía. Volumen 3. La filosofía del romanticismo. La filosofía entre los siglos XIX y XX, Barcelona, Hora S.A., 1994 (Primera edición: 1956)

Bourdieu, Pierre, "Sobre Karl Kraus y el periodismo" publicado en Actes de la Recherche en Sciences Sociales, Paris, 2000

Casullo, Nicolás, "Capítulo 2. Viena del ‘900. Un barómetro crítico de la cultura", "Capítulo 12. Luces y sombras del siglo XVIII" y "Capítulo 13. El romanticismo y la crítica de la ideas", Itinerarios de la Modernidad, Argentina, Editorial Universitaria de Bueno Aires, 1999

Janik, Allan y Toulmin, Stephen, "Capítulo 3. Lenguaje y sociedad. Karl Kraus y los últimos días de Viena" y "Capítulo 4. Cultura y crítica. Los límites de la expresión artística", La Viena de Wittgenstein, España, Taurus Ediciones, 1987 (Primera edición: 1973)

Kraus, Karl, Escritos, España, Visor S.A., 1990

Mari, Enrique, La Viena de entreguerras. Karl Kraus y la prensa antisemita, nota publicada en Suplemento ZONA, Diario Clarín, 1999.

 

 

 

 

 

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