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DESEO DE GLORIA

Poema por Esteban Ierardo

 

 

 

  ¿Dónde encontraré la gloria?

 ¿La encontraré cuando camino entre castillos destruidos

 o al esquivar 

 puñales de hielo

 en este tiempo de valles congelados?

 ¿Encontraré lo glorioso 

  en esta era sin fuego

  ni altares

  de dioses de vino y ensueño?

  Y mientras dura mi incertidumbre  

  invito a la luna 

  a fulgurar en mis cabellos

 con sus rayos de plata;

 a la mujer la acaricio, penetro y venero

 para que en la tierra siembre

 campanadas fértiles;

 al cóndor le imploro que grite

 algo noble entre los vientos;

 a los cristales de los altos edificios

 les propongo que celebren la risa del sol;

 al pez le pido que guíe

 mi deseo del brillo digno

 hasta los lechos profundos;

 y la luna, la mujer, el cóndor, los cristales y el pez me contestan,

 pero, aun así,

 no encuentro molinos de aspas gloriosas en mí;

 no relampaguean

 cáliz sublimes 

 en mi garganta 

 lastimada de sequedad. 

 Dime, dime entonces: ¿dónde encontraré la gloria?

 Recorro el océano de rizos de agua

 y algo glorioso encuentro;

 observo el lento y tierno bosque de caricias

 de la madre sobre el hijo,

 y algo glorioso descubro;

 me acerco a las manos de amor del niño

 sobre la piel del animal,

 y algo glorioso encuentro;

 contemplo las alas del ave

 que derraman

 lavas de dicha

 en cimas celestes, 

 y algo glorioso descubro;

 pero en mi historia y mi oxígeno,

 en mis ojos de volcanes rugientes

 aun no descubro

 el calor y vértigo glorioso.

 Entonces, dime, dime: ¿dónde encontraré la gloria?

 ¿Cómo podré encontrarla entre la pasión asesinada,

  entre la belleza castigada, 

 y la poesía asfixiada?

 ¿Cómo podré encontrarla en  la selva 

  urbana y superficial 

 donde no se bebe 

 el licor del rayo 

 ni los los jugos de la diosa 

 del bosque profundo?  

 ¿Cómo haré para ser 

 cascada gloriosa 

 en el pozo 

 de los mercaderes y frívolos?

 Dime, dime entonces: ¿dónde encontraré la gloria?

 ¿Dónde, dónde me bañaré en sangre de dragones?

 ¿Dónde renaceré en el vientre de una antigua diosa?

 ¿Dónde descubriré las armaduras 

  que reflejen los cielos 

 del vuelo libre del halcón?

  ¿Dónde descubriré 

 el relámpago

 que me conceda

 voz de trueno

 para invocar

 a las musas

 de la poesía

 sagrada?

 ¿Dónde está la gloria?

 ¿Dónde podré encontrarla?

 Sólo en los libros

 de fatigada historia

 hallo las batallas

 donde defender la honra.

   Pero ahora ya no tengo

  la espada

  ni el yelmo de alas terribles;

  no tengo caballo

  ni el combate de la estampida heroica;

  no tengo la bendición

  de una bandera de colores fogosos

  ni el beso de la princesa

  de bellos huertos en sus senos

  y de cristales de agua tersa en sus ojos.

 Sólo tengo en las espaldas

 puñales de angustia

 y el raro destino de venerar

 aun, solitario,

 el fuego y la nube.

 Dime, dime entonces: ¿dónde encontraré la gloria?

  No sé dónde encontrarte.

 Pero, ten por seguro

 que te buscaré

 aun entre las calles que ignoran la rareza de mis plumas;

 aun dentro de la tumba del Quijote derrotado;

 te buscaré 

 entre los cementerios

 de árboles y estandartes.

 Porque sé que

 en alguna repentina tormenta futura

 mi corazón

 al fin lo devorará

  la diosa.

 Que enciende de fuegos claros

 la mañana.

Que

 gloriosa

 siempre

vuelve. 

 Vuelve.

 A pesar de la niebla fría.

 

  Arriba, imagen de Sir Galahad, caballero buscador de la gloria del Grial, en pintura de 1862 por George Frederick Watts

 

 

 

©  Temakel. Por Esteban Ierardo

 
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