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MARCEL SCHWOB (1867-1905)

    Por Iair Kon

 

  Barreras melódicas, obra del pintor argentino Xul Solar. Hombres que recorren senderos, escaleras imaginarias. Imagen próxima al espíritu de las "Vidas imaginarias", una de las máximas obras del, muchas veces poco estimado, escritor francés Marcel Schwob

     

    Marcel Schwob (1867–1905): encarna dos formas posibles del destino de un escritor: el inherente al ascua de su obra, y el relacionado con el olvido de la misma. Schwob es autor de cristales de inspirada literatura, hoy escasamente recordados: El libro de Monelle, Las vidas imaginarias o La cruzada de los niños Aquí, Iair Kon nos entrega una aproximación al mundo de este poco frecuentado creador.

   En Temakel, en Textos olvidados, también pueden visitar La estrella de madera, una de las mágicas joyas olvidadas de Schwob.      

 

     "El criado chino, una jauría de perros menudos y quizá asiáticos también, el Napoleón derrotado al fondo de una vasta y oscura habitación en la que no se advertía ningún detalle luminoso, aparte de una hoja de papel apenas cubierta de signos bajo la pantalla de la lámpara, muy inclinada". En la penumbra de la última agonía, retratada por la propia visión de Guillaume Apollinaire, la cruzada final de Marcel Schwob se alzaba con la victoria sobre la fiebre calcinante, dejando sobre el lecho de enfermo la maldición de sus libros. La mirada clara, transparente, de sus ojos, encendía el misterio de una poesía a la que los admiradores de su época se atrevían a llamar oscura, hasta la osadía del mismo Apollinaire, quien llegó a calificarla de "diferente". El intrincado, histórico, erudito, imaginante mundo de Schwob, ingresaba al abismo de los póstumos, aquellos que con la muerte se vuelven más exclusivos, más negros, incluso fantasmales. Era la primavera parisina de 1905, el 26 de febrero, en su "sombrío" departamento de la calle Saint Louis-en-l'Ile de la cité. La nariz "un tanto carnosa, en pico de gaviota, vista de perfil, como la de muchos israelitas", según nos describe su amigo Francis James, revelaba su origen.

   Marcel Schwob no fue un poeta romántico, ni moderno, ni siquiera llegó a ser uno de aquellos satánicos poetas malditos. Se crió en el simbolismo francés, pero quebró el orden escrupulosamente metafórico con recetas exclusivas de alquimista literario: poesía y realidad, ficción matemática, sueño laberíntico, premonición, amor y dolor. Se dejó desangrar en el papel. Manchó sus escritos con el aguijón del profundo y lastimante conocimiento de la historia, pero también con las laceraciones de sus propias heridas. Como el nexo entre sufrimiento y escritura tendido paradigmáticamente por Artaud (1896-1948) -quien apenas nacía el año en que Schwob publicaba sus ensayos sobre Francois Villon, El Arte, El Amor, La Anarquía, recopilados en Spicilege-, el dolor schwobiano viola el buen sentido de las palabras para filtrar la ironía, el reclamo velado, la angustia, la melancolía (paradójica) casi renacentista de re-construir el presente con los gajos del pasado. Con la mirada "clara, transparente", con la persistente inclinación hacia su propia definición de arte: "polo opuesto de las ideas generales; sólo describe lo individual, sólo propende a lo único; en vez de clasificar, desclasifica", Schwob parece haber vivido bajo el influjo de Saturno. Como el Walter Benjamin de la norteamericana Susan Sontag, para quien "el ser melancólico, sintiendo que le hace falta voluntad, acaso tenga la sensación de que necesita todas las energías destructivas que puede reunir", de igual modo para Schwob, o mejor dicho para Monelle ("Libro de Monelle", 1894), la filosofía de la producción se resume en el apotegma: "destruye, pues toda creación proviene de la destrucción".

  Las amistades

   León Cahun, su tío materno, conservador adjunto de la Biblioteca Mazarine, fue la clave de una familia de rabinos y médicos, letrados y eruditos, para introducir a Schwob en la gran pasión villoniana, en el profundo conocimiento de Shakespeare (tradujo para Sarah Bernhardt Macbeth y Hamlet, 1900), en la primer lectura de Stevenson. En un viaje hacia el mediodía francés, "vers le midi", se despertó para Schwob la inagotable admiración stevensoniana, a partir de "Treasure Island". "Le récit est incontestablement tres superieur a l'image, qui cependant a été son point de départ", escribe Schwob en su elogio del británico, recopilado también en esa especie de tratado fragmentario del arte que es Spicilege.

   Amigo devoto de Anatole France, a quien le dedica el cuento que encabeza "El rey de la máscara de oro" (1893), el filólogo-poeta-husmeador de coquillars en un tiempo lejano a los de su fama, desafió la presión saturnina con la admiración y el amor recíproco que lo unía a los escritores y artistas que inhalaban junto a él los hedores del Seine. Su incomparable historiador, tal vez el único, Pierre Champion ("Marcel Schwob et son temps", Ed. Bernouard, Paris, 1928, es la edición definitiva de sus Obras Completas), reconstruyó el mundo de sus admiradores a través de las cartas de Jules Renard, Paul Claudel, Colette y Francis Jammes, además de las impresiones de Paul Valéry, Edmond de Goncourt, Remy de Gourmont, Oscar Wilde y el mismo Stevenson.

   "Usted es casi la única persona que me ha estimulado sincera y lucidamente", le confesó Valéry en 1895. Jules Renard, por su parte, descubrió la cara mítica de Schwob al observar el "leve parpadeo" de sus ojos cuando lo aprobaba en algo, "como unos labios que rezaran". Goncourt, en tanto, le confirió, merecidamente, el título de "el más maravilloso resucitador del pasado", por las sublimes y apócrifas biografías de Vidas Imaginarias (que comienza a publicarse en Le Journal en julio de 1894, y aparece en libro en 1896).

   El Legado de Dante

   Heredero primero del mito de los griegos, del que recuperó el tiempo eterno de los dioses; y luego de la Tragedia, que le enseñó a traducir el dolor irreversible, Schwob supo transmitir la palabra de sus musas. "Resucitó" el pasado -eternizó la memoria- enfrentando sus propios despojos a un grito de plaza pública casi alcofribasiano, como le gustaba llamar a Andre Salmon el estilo Rabelasiano (De Alcofribas Nasier: seudónimo anagramático de Francois Rabelais). Schwob, que había nacido en Chaville un 23 de agosto de 1867, (apenas ocho días antes de la muerte de Baudelaire) confesó su primer amor a los 23 años, hasta que la miseria y la tisis lo despojaron de su prima Beatrice. "Louise, menuda, frágil y pueril"- como la describe Ricardo Baeza, quizás el traductor oficial argentino del legado schwobiano-, "muere apenas cumplidos los 25 años (a fines de 1893), dejando inconsolable a Schwob, que se esforzó en salvarla, cuidándola con una ternura exquisita". El Libro de Monelle, para algunos su obra maestra, es el retrato póstumo de Louise, enmascarada bajo Monelle y sus hermanas. Para Schwob, la guía divina del ser femenino, como para los file de amore de Dante, era un murmullo insistente en el oído. "Tu Monelle empieza por darte una lección de sacrificio y concluye por darte una lección de exterminio. Mezcla palabras de profeta semita con actos de hermanas de caridad. Su odio despierta todos los días", le dice Agustin de Uturbey, en una conversación imaginaria que sostienen entre sombras ("La visita de Marcel Schwob", diario La Nación, suplemento Letras y Artes, pag 15, 1 de julio de 1928). Marguerite Moreno, actriz de la Comedia Francesa, heredó de la pobre Louise la misión de conducir a Schwob hacia el "amor de verdadero bien" que el poeta italiano encuentra en el empíreo. "Lloraba escuchándola decir versos, y todo en ella le parecía maravilloso", recuerda Champion, sumergiéndola en el mundo de las sacerdotisas. El secretario en Catulle Mendes en el Echo de Paris, el arqueólogo del argot francés ("Estudio sobre el argot francés," 1889), sabía, sin embargo, que el paraíso terrenal era, más que una meta, una utopía dantesca. Un mal misterioso, como corresponde a la personalidad laberíntica, se apoderó de su salud hacia finales de 1895, llevando a su escritura de la poética al trabajo crítico y erudito.

   Borges, el heredero

   La lectura oriental, la traducción stevensoniana, la filología, la concepción de un escritor cuyo orgullo principal es el de ser mejor lector, son algunos de los lazos con que el saber borgeano se ata al cosmos de Schwob. Los relatos de "Historia Universal de la Infamia" (1935), dice Borges en el prólogo a la edición de 1954, "son el irresponsable juego de un tímido que no se atrevió a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética alguna vez) ajenas historias". Es esta, sin duda, la mejor descripción de la excepcional re-fundición de historias de "Vidas Imaginarias". En la presentación de este libro (Vidas Imaginarias, Ed. Hyspamérica, colección "Jorge Luis Borges, Biblioteca Personal, 1985)", Borges reclama a sus críticos el no haber advertido la fuente schwobiana en su "libro candoroso". Antes de este homenaje, en el prólogo a la primera edición de Historia Universal..., el escritor argentino había subrayado la presencia en la obra de los ingleses Stevenson y Chesterton. (Schwob, no sólo tradujo al autor de "Treasure Island", sino que fue merecedor de sus elogios, al mismo tiempo que consultor de Oscar Wilde para Salomé, escrito en francés). La profunda sagacidad del autor de El Aleph, descubrió también una de las obras más importantes de Schwob: "La cruzada de los niños" (1895). Una exclusiva tirada de 500 ejemplares numerados que llevó a cabo en Buenos Aires Editorial La Perdiz, en 1949, también con traducción de Baeza, lleva la observación borgeana en el prólogo, además de las cinco delicadas ilustraciones de Norah Borges. "En ciertos libros del Indostán se lee que el universo no es otra cosa que un sueño de la inmóvil divinidad que está indivisa en cada hombre", dice Borges, y hace poseedor de ese sueño a la creación de Schwob. "La cruzada de los niños", composición casi mágica de las impresiones de aquellos que tuvieron algo que ver en el naufragio de "los niños que anhelaron rescatar el santo sepulcro", es la primer piedra que pone en el camino para cualquiera que se atreva a husmear en el arte de la biografía.

   El señor Mayer

   La mayoría de las enciclopedias argentinas, o españolas, desconocen por completo la palabra Schwob, incluso las que dedican sus páginas exclusivamente a la literatura. Probablemente sea ese uno de sus principales atractivos. Schwob, miembro activo de la Sociedad de Tiro al Cañon de París, prefería más su "¡amor locamente aceptado hacia los pobres bribones condenados de la tierra y tan ligados a ella!" -como nos cuenta Salmon- que su ego engrandecido por la fama conferida por los burgueses, a los que él pertenecía. Schwob tuvo el destino trágico que le impuso su enfermedad, pero el ser melancólico impone la redención antes de la partida, como un homenaje al pasado que nos pertenece. Al embestir las naranjas de un vendedor ambulante en el ángulo de un muelle, y a pesar de la furtiva caída que le provocaron los frutos bajo los pies débiles, Schwob consiguió su última alegría, expresada en una carcajada plena de ironía. Como escribió Apollinaire: "cuando se ha triunfado, ya no queda sino burlarse de la peste bubónica y correr en un pie para perseguir frutos dorados. ¿No es verdad?

    Cronología literaria de Schwob

  "Estudio sobre el argot francés", 1889

  "Coeur Double", cuentos, 1891

  "El rey de la máscara de oro", cuentos, 1892

  "Mimos", poemas en prosa, 1894

  "El libro de Monelle", 1984

  "La cruzada de los niños", narraciones, 1895

  "Vidas Imaginarias", 1896 (comenzó a publicarse en Le Journal en 1894.

  "Spicilege", críticas y ensayos, 1896

  "Viaje a Samoa", 1902

  "Moeurs des Diurnales", ensayo (publicado bajo el seudónimo de Loyson-Brydet), 1903

  "La lampe de Psyqué (incluye "El libro de Monelle", "Mimos", "La cruzada de los niños" y el cuento "L'Etoile de bois", de 1897), 1903

   Fuentes Consultadas

  Marcel Schwob, "El libro de Monelle", Ed. Argonauta, 1974. Prólogo de André Salmon.

  Marcel Schwob, "Mimos", Fondo de Cultura Económica, 1988.

  Marcel Schwob, "Vidas Imaginarias", Ed Hyspamérica, 1985. Prólogo de Jorge Luis Borges.

  Marcel Schwob, "Vidas Imaginarias", Ed. Emecé, 1944. Prólogo y traducción de Ricardo Baeza.

  Marcel Schwob, "Vidas Imaginarias", Ed. Brújula, 1967. Traducción de Hugo Acevedo.

Marcel Schwob, "La Cruzada de los Niños", Ed. La Perdiz, 1949. Prólogo de J. L. Borges.

  Marcel Schwob, "Spicilege", Paris, 1904.

  Marcel Schwob, "El rey de la máscara de oro", Ed. Fausto, 1974.

Marcel Schwob, "Corazón Doble" (fragmento), en Martin Riquer y José María Valverde, "Historia de la Literatuar Universal".

  Jorge Luis Borges, "Historia Universal de la Infamia", Ed. Emecé, Obras Completas, 1989.

  Agustín de Uturbey, "La visita de Marcel Schwob", diario La Nación, Suplemento Letras y Artes, pag. 15, 1 de julio de 1928.

  Susan Sontag, "Bajo el Signo de Saturno", Ed. Edhasa, 1987.

 

 

 

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