EL COQUENA

  "Deidad diaguita-calchaquí, del norte de la república Argentina. Protector de las vicuñas, llamas y guanacos. Se lo describe como un hombre pequeño, lampiño y con rasgos indígenas, que viste pantalón de barracán, camisa de lienzo, ojotas y poncho de vicuña. Se cubre la cabeza con un sombrero ovejón (hecho de lana, con una tela muy primitiva moldeada en el mortero) o con un simple chujllo o gorra indígena. A veces se aparece también con la forma de un guanaco. Camina ligero y no deja rastros. Anda silbando por los cerros y masca coca continuamente. Oculto a la mirada de los hombres, vigila con celo su ganado. Cuando se ve moverse a lo lejos las tropas de camélidos sin que pastor alguno las conduzca, es que el Coquena las arrea hacia sitios de mejor pasto.

Es raro encontrarse con el Coquena, pero si esto ocurre, se lo toma como un presagio nefasto. Tal visión no dura más que un instante, porque de inmediato se transforma en un espíritu.  

Se enoja mucho cuando se cazan vicuñas con armas de fuego, y castiga duramente a los que hacen esto, pero también sabe conceder bienes. Se enoja asimismo con los arrieros que cargan demasiado a sus llamas. A los buenos pastores, en cambio, los premia con monedas de oro.

Coquena es además dueño de las minas de oro y plata, así como de los tesoros escondidos de la región, a los que defiende también con celo. Antes se decía que de noche llevaba rebaños cargados de oro y plata, extraídos dc distintas minas cordilleranas, hacia el Sumaj Orko de Potosí, para que no se agotaran sus legendarias riquezas. Los bagajes iban atados con víboras a guisa de cuerdas.

    Para Fortuny, el mito de Coquena vendría a confundirse con el del Llastay, 

aunque más  circunscripto a Salta y Jujuy, área donde mantiene una gran vigencia. 

El poeta Juan Carlos Dávalos le cantó." (*)

(*) En  Seres mitológicos argentinos, de Adolfo Colombres, Buenos Aires, ed. Emecé. 

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