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NATURALEZA Y HECHOS DE POSIDÓN, DIOS DEL MAR

 

                     

           Posidón, dios griego del mar. En imagen de arriba, el dios descansa un instante mientras acomoda su cabeza de agua y magia sobre una saliente rocosa, en las costas de sus dominios: el mar. Aquí, las principales olas de su mito, en versión de Robert Graves.

 

NATURALEZA Y HECHOS DE POSIDÓN, DIOS DEL MAR

    a. Cuando Zeus, Posidón y Hades, después de destronar a su padre Crono, echaron suertes en un yelmo para ver quién se quedaba con el señorío del cielo, el mar y el lóbrego mundo subterráneo, dejando la tierra como propiedad de los tres, a Zeus le tocó el cielo, a Hades el mundo subterráneo y a Posidón el mar. Posidón, que es igual a su hermano Zeus en dignidad, aunque no en poder, y que es de naturaleza hosco y pendenciero, se puso inmediatamente a construir su palacio submarino frente a Ege en Eubea. En sus espaciosos establos tiene caballos de tiro blancos con cascos de bronce y crines de oro y también un carro de oro; cuando este carro se acerca las tormentas cesan instantáneamente y los monstruos marinos saltan a su alrededor.

b. Como necesitaba una esposa que se sintiera a gusto en las profundidades del mar, cortejó a la Nereida Tetis, pero cuando Temis le profetizó que cualquier hijo nacido de Tetis sería más importante que su padre, desistió y le permitió que se casara con un mortal llamado Peleo. Anfitrite, otra Nereida, a la que se acercó a continuación, recibió sus requerimientos amorosos con repugnancia y huyó al monte Atlas para eludirlo, pero él mandó mensajeros tras ella; entre ellos se hallaba Delfino, quien defendió la causa de Posidón tan bien que ella cedió y le pidió que arreglara el casamiento. Posidón, agradecido, puso la imagen del mensajero entre las estrellas como una constelación, el Delfín.
     Anfitrite le dio tres hijos a Posidón: Tritón, Rode y Bentesicime, pero él le causó casi tantos celos como Zeus a Hera con sus amoríos con diosas, ninfas y mortales. Le disgustó, especialmente su apasionamiento por Escila, hija de Forcis, a la que transformó en un monstruo ladrador con seis cabezas y doce pies arrojando hierbas mágicas en el estanque en que se bañaba.
   c. Posidón codicia los reinos terrenales y en una ocasión pretendió la posesión del Ática clavando su tridente en la Acrópolis de Atenas, donde inmediatamente brotó un pozo de agua marina que todavía se puede ver; cuando sopla el Viento del Sur se puede oír el sonido del oleaje muy abajo. Más tarde, durante el reinado de Cécrope, Atenea fue a tomar posesión del Ática de una manera más apacible, plantando el primer olivo junto al pozo. Posidón, furioso, la desafió a un combate singular, y Atenea habría aceptado si no se hubiera interpuesto Zeus, quien les ordenó que sometieran la disputa a arbitraje. En consecuencia, al poco tiempo se presentaron ante un tribunal divino compuesto por sus compañeros, los otros dioses celestiales, quienes apelaron a Cécrope para que diera testimonio. El propio Zeus no expuso opinión alguna, pero mientras todos los otros dioses apoyaron a Posidón, todas las diosas apoyaron a Atenea. En consecuencia, por mayoría de un voto, el tribunal decidió que Atenea tenía más derecho al país, porque le había dado el mejor don.
    d. Muy ofendido, Posidón envió olas gigantescas para que inundara la Llanura Triasiana, donde se hallaba Atene, la ciudad de Atenea, y en consecuencia la diosa fijó su residencia en Atenas, a la que también dio su nombre. Sin embargo, para aplacar la ira de Posidón, se prohibió a las mujeres de Atenas el voto y a los hombre que llevaran los nombres de sus madres como había sucedio hasta entonces. Posidón también le disputó Trecén a Atenea, y en esta ocasión Zeus ordenó que la ciudad fuese compartida igualmente por ambos, arreglo desagradable para los dos. Luego trató sin éxito de reclamar Egina a Zeus, y Naxos a Dioniso; y cuando disputó Corinto con Helio recibió solamente el Istmo, en tanto que a Helio se le concedió la acrópolis. Furioso, trató de arrebatar Argólide a Hera, y otra vez estaba dispuesto a pelear, negándose a comparecer ante los olímpicos, quienes, según él, tenían prejuicios en su contra. Por consiguiente, Zeus remitió el asunto a los dioses fluviales Inaco, Cefiso y Asterión, quienes sentenciaron en favor de Hera. Como le habían prohibido que se vengara con una inundación como anteriormente, hizo exactamente lo opuesto: secó los ríos de sus jueces de modo que ya no fluyen jamás en verano. Sin embargo, en atención a Amimone, una de las Danaides, angustiada con aquella sequía, hizo que el río argivo Lerna fluyese perpetuamente.
   f. Se jacta de haber creado el caballo, aunque algunos dicen que, cuando era recién nacido, Rea dio a comer uno a Crono, y de haber inventado la brida, aunque Atenea lo había hecho antes que él, pero nadie discute su pretensión de haber instituido la carrera de caballos. Ciertamente, los caballos están consagrados a él, quizá a causa de su amorosa persecución de Deméter, cuando ella buscaba llorosa a su hija Perséfone. Se dice que Deméter, cansada y desalentada por su búsqueda y sintiéndose poco dispuesta a coquetear con dioses o titanes, se transformó en una yegua y comenzó a pacer con el ganado de un tal Onco, un hijo de Apolo que reinaba en Onceo, Arcadia. Sin embargo, no logró engañar a Posidón, quien se transformó en un caballo semental y la cubrió; de esa unión escandalosa nacieron la ninfa Despoina y el caballo salvaje Arión. La ira de Deméter fue tan grande que todavía se le rinde culto localmente como "Deméter la Furia" culto de las brujas del noroeste de Europa. (*)

(*) Fuente: Robert Graves, Los mitos griegos, Alianza Editorial, pp. 69-71.

     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                               ©  Temakel. Por Esteban Ierardo