Inicio Temakel Volver Mundo mítico y arqueología  Contacto  Mapa del sitio

 

  

WIRACCOCHAN EN EL SANTUARIO DE OLLANTAYTAMBO

 



   

      Este antiquísimo santuario, se encuentra a 89 Km. de la ciudad del Cusco, en el Valle Sagrado de los Incas, y es uno de los mayores complejos arqueológicos del Perú. En su extensión total ocupa un área aproximada de 600 hectáreas, conformada por complejos religiosos, astronómicos, administrativos, urbanos, ganaderos y agrícolas, que hicieron del lugar uno de los más nombrados de los Andes.
    En él, se pueden apreciar los testimonios de su antigua grandeza, la que asociada a sus mitos y leyendas nos sumergirán en este momento de Mundo mítico y arqueología de Temakel, en un mundo lleno de encanto y magia.


  
WIRACCOCHAN O TUNUPA
   El testimonio d piedra que desde la cosmovisión andina evidencia y legitima
el mito de Wiraccochan, se encuentra en el santuario de Ollantaytambo. Esta es una gigantesca representación escultórica (140 m. de altura), labrada en parte del cerro Pinkuylluna; en uno de sus flancos rocosos denominado Wiraccochan Orcco (el cerro del enviado de Wiraccocha). En este perfil escultórico se plasmaron cada una de las características iconográficas con las que se identificó este héroe cultural.
    La fotografía Nro. 02 y el gráfico Nro. 01, recrean las versiones dadas por las crónicas de los siglos XVI y XVII, las mismas que refieren que a este Wiraccochan se le habían hecho esculturas en piedra a su semejanza, representándolo como a un personaje investido de gran autoridad (pese a su vestir andrajoso y portar una carga en la espalda, propio de peregrinos).
   
   Para esto, realizaron un exquisito trabajo en la parte correspondiente al arco superciliar del ojo y la nariz, los mismos que en conjunto denotan una actitud vigilante y amonestadora (izquierda, imagen estilizada del Wiraccochan esculpido en una falda de la montaña).
   Otro de los elementos importantes de su diseño, se aprecia en la parte correspondiente a la cabeza; zona en la que se realizó un cuidadoso trabajo de esculpido en la roca, con el objeto de caracterizar un  personaje de pelo corto y oreja crecida, detalle estético propio de la gente noble.

  En la parte superior de la cabeza y en correspondencia a su condición de hombre de conocimiento y sabiduría, se construyó un edificio a manera de mirador, el mismo que representa un bonete en forma de coronilla que identificaba a los sacerdotes y astrónomos (imagen izquierda).   

   Todos estos elementos iconográficos, manifiestan contenidos culturales de mucha importancia pues reflejan en sus significados el por qué se identificaba a este personaje como a un maestro conocedor del mundo y del tiempo, así tenemos:

El Hombre

   En el particular caso andino, la enorme cantidad de frágiles e interrelacionados ecosistemas que alberga su variada geografía unida a su inestabilidad climática y geológica, hizo que el hombre desarrollara en miles de años, un conocimiento y un pensamiento dirigido a encontrar los medios tecnológicos necesarios para buscar la forma de integrarse armónicamente a la Naturaleza. Para esto, a diferencia de muchas otras culturas, desarrolló el particular modo de "ver" y entender el mundo como un todo vivo e nterrelacionado del que el hombre es parte indesligable.


El Sacerdote

   Este saber manejado inicialmente por los especialistas (astrónomos y sacerdotes), se tradujo en una ciencia de carácter sagrado, que expresado en el lenguaje simbólico de los rituales dirigidos a la Pachamama (madre Naturaleza o madre de los tiempos), posteriormente se reflejó en una actitud común de respeto de los hombres por la Naturaleza.

    La búsqueda de la esencia contenida en esta, fue la que generó en los sacerdotes y astrónomos la necesidad de conocerla en toda su dimensión y profundidad, para lo cual asumieron comportamientos y usos cotidianos de sencillez tal como la que observan las alpacas, denominadas también Paqo (altamente sensibles a las variaciones climáticas y movimientos telúricos), así lo manifestaba el cronista Blas Valera en 1590 cuando escribía que:
      "El sacerdote Inca era un personaje al que respetaban los grandes señores y el pueblo. En su vida observaba mucha abstinencia ya que nunca comía carne si no sólo hierbas y raíces acompañadas de su pan de maíz: no bebía vino sino sólo agua, su casa era el campo, raras veces en lugares poblados; su hablar poco, vestido de lana muy simple que le daba hasta los tobillos y encima una mantas parda, negra o morada. Su vivir en el campo tenía por objeto el contemplar y meditar más libremente en las estrellas y en las cosas de su religión".

  Esta concepción de relación integrada entre el Hombre y el Cosmos, se pone de manifiesto en la representación escultórica que describimos, la misma que fue labrada y construida con el objeto de evidenciar estas antiguas ideas. 

   ¿Se podrá acaso negar que el ciclo de la vida empieza siempre influido por la fuerza vital del cosmos? La imagen representada es solo una muestra de este antiguo comprender, es por ello que las semillas de la vida proporcionadas por la Pachamama debían ser fecundadas por la luz del Sol. 
  Antiguamente, en la fecha del Solsticio de Verano se celebraba el Capac 
Raymi
o la Fiesta de los Reyes, la que esta dedicada a la maduración de los hombres y sementeras.
    Actualmente, se denomina con la palabra Paqo, no solo las alpacas, sino también a las personas dedicadas al cultivo y a la práctica del manejo de las fuerzas generadas por la Pachamama y la de los Apus (poderes de las montañas).
    A estos hombres se les denomina también Yachac o sabios, ya que son conspicuos observadores y a la vez profundos conocedores del medio ambiente donde practican, es por ello que pueden predecir muchas veces con asombrosa aproximación las variaciones climáticas a presentarse en un año dado. Conocen también del comportamiento social de las personas, tanto como de sus males corporales y espirituales, debido a esto es que hacen de la medicina natural junto a las creencias mágicas de su contexto, una unidad que crea las pautas necesarias para curar y  aconsejar a las personas que acuden a ellos.

      Estas curaciones se efectúan mediante rituales cuyo principal objetivo es el de establecer por medio de estos, una relación recíproca con los objetos de sus creencias. La labor del paqo consiste pues, en restablecer el equilibrio entre las fuerzas vitales y el medio social, natural y mágico de las personas que acuden a ellos. Para esto se valen de algunos conocimientos, tales como el saber interpretar mediante las hojas de Coca los problemas y múltiples necesidades materiales y espirituales de las personas, así como la aplicación de sus conocimientos relacionados con la medicina (Hampeq), utilizando una serie de hierbas, así como algunos otros elementos que a más de sus propiedades terapéuticas, gozan también de algunas otras de naturaleza mágica. Estos últimos, se utilizan también para efectuar algunos otros rituales al salir el sol en los amaneceres de fechas específicas, con el objeto de propiciar la purificación y fertilidad de los rebaños (Chu’ya), así como la de las semillas y la buenaventura de los hombres (Saminchay).

El Astrónomo

   En la antiguedad, inicialmente las actividades pastoras indujeron a los hombres a la observación del cielo nocturno, en el cual posteriormente se identificó en algunas constelaciones y estrellas, un orden de elementos importantes de sus actividades cotidianas ligadas a su mundo mágico. Más luego, con el surgimiento de la agricultura se vieron en la necesidad de computar el tiempo, observando e identificando la sucesión de las estaciones, la periodicidad de los ciclos lunares, el movimiento de las estrellas y los ciclos solares. Para lograr esto, localizaron puntos fijos de observación o hitos que les permitieron estudiar el movimiento de los cuerpos celestes, y principalmente el movimiento aparente del sol en el horizonte.
     Muchos de estos hilos fueron algunas montañas a las que se consideraban sagradas, por estar asociadas a la idea de ser ejes del mundo.
     Este es el caso de la montaña Pinkuylluna (en la cual se encuentra labrada la escultura de Wiraccochan), la que vista desde la zona de los observatorios astronómicos, aparenta ser un eje alrededor del cual el sol fija su movimiento en el transcurso del año.
     Estos ejes se sitúan en zonas consideradas como el centro de las cosas, pues esta condición les confiere la característica de representar lo sagrado por excelencia.
     El reconocimiento y el acceso al centro, es decir a la montaña sagrada donde se reúne este mundo (Kay Pacha), el de lo desconocido o el de adentre (Uju Pacha), y el de afuera (Hanan Pacha), equivale a una consagración pues trasciende el espacio profano.

El predicador

     En la cultura andina, la capacidad de ver o la visión tiene una importancia excepcional ya que se encuentra asociada al concepto del conocer. Estas ideas en el plano supraestructural son manejadas por los Paqos, a quienes se atribuye la capacidad de ver en el tiempo. Es este el motivo por el que las representaciones simbólicas del ojo están de continuo presentes en objetos cerámicos, textiles, metalúrgicos y principalmente en la disposición arquitectónica de los espacios rituales y esculturas en piedra. 

    Esta  es una forma simbólica de expresar que todo cuanto existe tiene vitalidad y por consiguiente es capaz de "ver". Tal es el caso de la representación escultórica que describimos, la misma  fue diseñada de modo que el personaje que representa no sólo está allí para recordarnos su pasada presencia, si no por sobre todo para mostrarnos su vigencia. Es por esto que vigila el pueblo y para demostrarlo todos los días "despierta" (ver imagen arriba). 

   Wiraccochan o Tunupa, fue entonces la representación cultural de la vitalidad cósmica de Wiraccocha. Vitalidad que no es más que la síntesis del comportamiento de la Naturaleza.
   El significado de sus nombres así lo dejan entender:

      Wiraccochan: El enviado de Wiraccocha.

     Tunupa: La copa del árbol (Naturaleza protectora) Su mal mandado, soberbio, atrevido (Naturaleza desordenadora). 
    En el particular caso andino, si bien existen períodos con cierta estabilidad climática (Naturaleza ordenadora), en otras circunstancias las alteraciones climáticas ocasionadas por alternancia de las corrientes marinas frías y calientes que circulan por el litoral sudamericano, ocasionan perturbaciones climáticas con características de hecatombe, las mismas que invierten totalmente los períodos de orden y estabilidad causando grandes sequías e inundaciones; y por consiguiente hambrunas (Naturaleza desordenadora).

   Estas alteraciones aunque en períodos mucho más prolongados, también se reflejan en el aspecto geosísmico por encontrarse la zona andina en el cinturón volcánico del Pacífico. No en vano se asoció la naturaleza de Wiraccochan con el mar y las fuerzas telúricas.

    Estas fueron algunas de las principales razones que impulsaron al pueblo andino a desarrollar una tecnología de deshidratación dirigida a la preservación de los alimentos por tiempos prolongados, que luego sentaría las bases de una economía de recursos a largo plazo o una economía de almacenaje, la misma que hizo posible que en un medio tan difícil se desarrollara vigorosamente en el tiempo esta gran civilización. Esta tradición de pensamiento se desarrolló en miles de años y logró definir un sistema de producción, tratamiento y almacenaje de productos agrícolas, en compatibilidad máxima con los requerimientos medio ambientales. Todo esto se encuentra simbolizado iconográficamente en la carga que porta en la espalda la representación de este héroe civilizador, en la misma que se hicieron varias edificaciones destinadas a servir de almacenes o depósitos de alimentos y productos de la industrial del hombre, los mismos que luego de almacenados y sacralizados era distribuidos de acuerdo a las necesidad de su tiempo.

   Cuando el mito hace referencia a que en esta carga Wiraccochan llevaba los dones con los que premiaba a los pueblos que lo escuchaban es cuando sintetiza como es que la aplicación de su mensaje civilizador (almacenar, prever y conocer el tiempo) cobra vigencia plena, pues como producto de la aplicación de este mensaje, se contará siempre con los elementos más respetados por el poblador andino: los alimentos y por consiguiente la vida. (*)

(*) Fuente: Fernando E. Elorrieta Salazar y Edgar Elorrieta Salazar, El valle sagrado de los incas. Mitos y símbolos, Sociedad Pacaritanpu Hatha, Cusco, Perú, 1996.

 Foto encabezamiento de nota: Iair Khon; resto de las ilustraciones correspondientes El valle sagrado de los incas, citado arriba.

 

 

©  Temakel. Por Esteban Ierardo