Inicio Temakel   Mapa del sitio Volver Mundo mítico y arqueología  Contacto   

 

 

 
  

 

PALENQUE: ENTRE LA SELVA Y LO SAGRADO

 

Fotos de Florencia Moretti

 

  El Templo de la Cruz Foliada, en Palenque, Chiapas.

 

 

LAS REVELACIONES DE PALENQUE

Por Shelagh McNally

 

Imagen de Tlaloc, dios de la lluvia maya, en una de las paredes de los templos de Palenque.

 

LOS PRIMEROS EXPLORADORES

   Un hombre encuentra un libro donde se habla de una ciudad perdida en lo más recóndito de la selva. El hombre va entonces tras ese lugar misterioso, haciendo caso omiso de los críticos que consideran su búsqueda una locura. Después de enfrentar muchos peligros y penalidades, descubre la ciudad perdida y, con ello, toda una civilización. Este romántico argumento es tema recurrente en la imaginación de los occidentales y ha inspirado libros y películas. Por muchos conceptos, la exploración que realizó John Lloyd Stephens en la antigua ciudad maya de Palenque es el prototipo de esta clase de aventura.

    Hacia 1835, Stephens era un famoso escritor de viajes que había publicado varios volúmenes sobre sus descubrimientos en Egipto, Arabia, Grecia, Turquía y Rusia. Llamó la atención cuando en 1839 anunció su propósito de efectuar una "investigación imparcial" de Palenque y otros lugares mayas de México y Centroamérica; el público se entusiasmó con la idea, pero los eruditos lo desdeñaron.

    Como eran muchos quienes ansiaban tildarlo de mentiroso, sabía que iba a necesitar pruebas contundentes de sus descubrimientos. Entonces propuso integrarse a la expedición al dibujante Frederick Catherwood, el cual tenía fama de habilidoso ilustrador y erudito que no se dejaba llevar por las fantasías de muchos otros artistas viajeros. Llegaron a Belize el 3 de noviembre de 1839 y les tomó seis meses más arribar a Palenque. Ingresaron a Chiapas durante de la temporada de lluvias. Stephens describió el viaje como arduo y lento, pues se vieron obligados a abrirse paso por una "selva tan poblada de matorrales y arbustos que era impenetrable...".

    Llevando a lomo de mula sus pertenencias, soportaron diez días de lluvia que los calaba, tuvieron que combatir la fatiga, lodazales, hordas de mosquitos y empinados cerros. Stephens consideraba las montañas de Chiapas "las peores que había encontrado en ese o en cualquier otro país". Llegaron a Santo Domingo de Palenque, remoto pueblo situado al oeste de la ciudad maya, en "condición desastrosa" causada por enfermedades, hambre y agotamiento. El poblado también sufría una hambruna y no era el lugar ideal para descansar.

    Tras procurarse las provisiones más básicas, los exploradores salieron en busca de la ciudad perdida. Luego de tres horas de deslizamientos y resbalones por "una gran carretera atestada de gente" llegaron a Palenque. Sus guías gritaron "el palacio, el palacio" y Stephens y Catherwood, mirando entre los árboles, divisaron la fachada de un edificio ricamente adornado. Arrastrándose por las escaleras penetraron en el patio del Palacio y dispararon cuatro cargas para celebrar la llegada.

    Stephens asentó: "Por primera vez estábamos en un edificio levantado por los habitantes aborígenes antes que los europeos supieran de la existencia de este continente".

    El Palacio sirvió de campamento base. Catherwood comenzó sus esbozos mientras Stephens exploraba los macizos laberintos de habitaciones abovedadas, angostos corredores y cámaras subterráneas del complejo residencial. Juntos descubrieron una pirámide escalonada en la esquina suroeste del Palacio, bajo una maraña de vegetación. Ascendieron penosamente por los escalones para descubrir cinco puertas decoradas con relieves de estuco. Las inscripciones, tableros de jeroglíficos y pilastras de dibujos esculpidos los dejaron sin aliento. "Ni descripción ni dibujo alguno pueden reflejar la sublimidad moral de aquel espectáculo", escribió Stephens en su diario. Acababan de descubrir el Templo de las Inscripciones. Al llegar a la bóveda examinaron antorcha en mano los jeroglíficos. No podían saber que se encontraban arriba de lo que llegaría a ser uno de los descubrimientos arqueológicos más famosos del Mundo Maya. Bajo sus pies estaba la tumba de Pakal, el gran gobernante palencano, que sería hallada solamente un siglo después.

    Las condiciones del campamento eran primitivas. De noche, los exploradores no conseguían dormir mucho debido a los voraces mosquitos; la comida se les echaba a perder rápidamente en medio del húmedo calor y durante el día tenían que estar a la defensiva de serpientes venenosas y escorpiones. En determinado momento, Stephens se vio obligado a regresar al pueblo para recuperarse del ataque de unas pulgas tropicales llamadas niguas. Catherwood se había enfermado también por las crisis intermitentes de paludismo. No obstante, ambos continuaron su trabajo hasta descubrir el Templo de la Cruz, el Templo del Sol y el Templo de la Cruz Foliada. Catherwood, con esmero, copiaba cada bajorrelieve y las fachadas, mientras Stephens redactaba las descripciones.

    El 30 de mayo de 1840, Palenque se vio azotado por una tormenta tropical, que Stephens describe como "sublime y terrible... La tormenta amenazó la existencia misma de los edificios". Todos se empaparon y enfermaron, hasta el punto que el 1 de junio tuvieron que abandonar la ciudad. El 31 de julio del mismo año llegaban a Nueva York. Stephens comenzó a trabajar en su libro Incidentes de viaje por Centroamérica, Chiapas y Yucatán, ilustrado con los meticulosos dibujos de Catherwood.

    A su publicación, el libro causó sensación, desconcertando a muchos historiadores y eruditos, los cuales de inmediato se dispusieron a revisar sus opiniones respecto de los mayas. El público se entusiasmó con la idea misma de que acababa de ser descubierta una civilización. De sus hallazgos en Palenque, Stephens concluyó: "Aquí están los restos de un pueblo cultivado, refinado y peculiar que pasó por todas las etapas propias del auge y caída de las naciones, alcanzó una edad de oro y pereció, quedando por entero desconocido".

    El tiempo probaría lo atinado que John Lloyd Stephens estuvo en sus conclusiones.

LA CIUDAD DE LOS REYES

   No hay duda de que Palenque es una de las ciudades mayas que más cautiva tanto a turistas como a arqueólogos. Numerosos factores contribuyen a ese encanto: el lujurioso verdor de la selva chiapaneca, con su eterno paisaje de niebla; la arquitectura palencana, tan fina y elegante, que se distingue como de las más bellas en el Mundo Maya; la fascinante biografía de sus reyes, y la abundancia de jeroglíficos, en los cuales se narra la historia del lugar.

    Palenque tiene una extensión de 4.5 km de este a oeste y 2 km de norte a sur. Se ubica a 230 m sobre el nivel del mar, en la primera serranía del norte de Chiapas y es alimentada por varios arroyos que circulan entre los edificios. La ciudad fue descubierta en 1773 por un grupo de soldados y misioneros españoles, quienes llegaron al lugar cuando ya estaba abandonado. Fundada hacia el 200 d.C., tuvo su apogeo entre el 600 y el 750 d.C., para después decaer entre el 850 y el 900, al igual que sus vecinas Tikal, Copán y Bonampak.

    La ciudad posee un distintivo estilo arquitectónico que lo diferencia de cualquier otro sitio maya. Alfonso Morales, arqueólogo en jefe del Instituto de Investigaciones de Arte Precolombino, en Palenque, cree que la posición de este lugar como emplazamiento fronterizo pudo haber contribuido a la claridad de su técnica. Importante centro comercial cercano al río Usumacinta y confinante con las tierras bajas de Yucatán (México) y del valle del Petén (Guatemala), Palenque tuvo que haber recibido numerosas influencias del exterior, las cuales enfrentó desenvolviendo su propio estilo.

    "Aquí en Palenque hay culto a la personalidad", reconoce Morales, señalando que la presencia de sus dos máximos soberanos está indeleblemente plasmada en la ciudad. En efecto, es imposible visitar Palenque sin encontrarse a los dos excelsos señores. Aunque con perfiles personales diferentes, Pakal y su hijo Chan Bahlum fueron grandes estadistas y visionarios. A lo largo del gobierno ininterrumpido de ambos el lugar floreció como una gran potencia.

    La devoción a la construcción de templos no fue algo inusual, puesto que todo rey maya utilizaba los monumentos públicos como una especie de propaganda. Los templos eran decorados con relieves que afirmaban el derecho del monarca al trono. Lo que distingue a Pakal y a Chan Bahlum es la duración de sus respectivos reinados, la coherencia de su visión y la pervivencia de su legado. Pakal subió al trono en el 615 d.C., a la edad de doce años, y se mantuvo en él sesenta y ocho. Le sucedió en 684 su hijo Chan Bahlum, quien gobernó durante dieciocho. Ochenta y seis años de estabilidad dieron origen a la época de oro de Palenque, donde religión e historia se fundieron con la arquitectura.

    Cronológicamente, la zona excavada de Palenque se divide en tres grandes áreas: el Grupo Norte, que alberga los edificios más antiguos; la Gran Plaza, en la que destacan dos construcciones monumentales: El Palacio y el Templo de las Inscripciones; y el Grupo de las Cruces. En el Grupo Norte hay cinco edificios sobre plataformas a diferentes niveles. Aquí se muestran las estructuras típicas de Palenque: una elevación natural que sirve de base de terrazas y escaleras artificiales por tramos superpuestos que aprovechan el declive. El edificio más occidental es el Templo del Conde, llamado así en honor al conde Frederick Waldeck, quien a principios del siglo XIX vivió durante tres años en este templo. Cerca de ahí hay un pequeño juego de pelota, en su mayoría sin excavar, que data del 250 d.C.

   EL PALACIO

Es la pieza central de Palenque. Se trata en realidad de un complejo de edificios construidos en diferentes épocas, de donde resultó una serie irregular de patios y aposentos. Al igual que la mayoría del resto de las estructuras del sitio, posee un techo curvo que estuvo por completo recubierto de estuco y rematado con cresterías. Con sus altares, tronos, bancas, respiraderos, altos techos y patios, El Palacio tiene el aire de haber sido muy funcional. Las docenas de cuartos indican que aquí vivía el rey con la nobleza, jefes, sacerdotes y altos funcionarios. De seguro fue una cómoda residencia: el uso de techos de doble bóveda, los pórticos y puertas le dan una atmósfera liviana y etérea, sobre todo en comparación con las reducidas y oscuras habitaciones que se encuentran en otros edificios. En las secciones norte y este, los cuartos son más grandes, quizá porque pertenecieron a la familia real, mientras que las piezas más pequeñas de la sección sur habrían sido destinadas a los huéspedes y a nobles menores.

    El Palacio fue una de los primeros proyectos de renovación de Pakal una vez en el poder. A las galerías porticadas les añadió bóvedas y paneles labrados, abrió cámaras subterráneas que dan a los patios, mandó a hacer nuevos bajorrelieves al patio este y construyó los anexos conocidos como Casas E, B y C.

    El flanco oeste del Palacio tiene una escalinata que conduce a un aposento porticado. Las pilastras que enmarcan las puertas muestran relieves de estuco donde aún hay figuras de nobles vestidos con sus galas y en las cuales aún se adivinan los colores originales.

    Una de las singulares características del Palacio es el gran arco triple que da al patio este. Dicho patio se distingue por los paneles de finos bajorrelieves dispuestos a lo largo de las escaleras. Estos paneles narran una escena: del lado derecho hay cinco figuras humanas; las dos más próximas a la escalera tienen la cabeza hacia arriba, como si orasen, mientras las otras miran al frente. Seis de las figuras pueden ser sacerdotes o nobles. La figura más a la derecha está sin ropas y debido a su expresión, de profunda angustia, parece que ha sido condenada por las demás.

    La galería oeste es un aposento porticado conocido como Edificio E; se llamaba antes Zac Nuc Nah o Gran Casa Blanca. Sobre la pared del fondo puede verse la famosa Tabla Oval, en la que está representada la entronización de Pakal. Del lado izquierdo se ve a su madre, la Señora Zac Kuk, con un tocado de plumas, propio de los reyes de Palenque. Pakal, sentado con las piernas cruzadas sobre un trono de jaguar bicéfalo, lleva joyería ritual.

    Zac Kuk destaca como una de las pocas mujeres mayas que llegaron a reinar. La sociedad maya era patriarcal y el trono pasaba de padre a hijo; cuando Pakal fue ungido por su madre, se produjo una ruptura de la tradición y los enemigos políticos alegaron que no tenía derecho a ser rey. En realidad, Pakal se pasó mucho tiempo de su mandato justificando el derecho al trono y resultado de ello fueron los relieves y las construcciones que proliferan en Palenque.

    Otra peculiaridad del Palacio es la torre de cuatro pisos que se levanta en la esquina suroreste. La angosta escalera comienza en el segundo nivel y es muy cuadrada. Se cree que Kan Xul, hermano de Chan Bahlum, fue el constructor de la torre, pero no está muy claro su propósito. Pudo haber sido una atalaya de vigilancia, aunque también un observatorio astronómico. Durante el solsticio del 21 de diciembre el sol, al ponerse, se alinea desde la torre hasta el Templo de las Inscripciones, donde está enterrado Pakal.

EL TEMPLO DE LAS INSCRIPCIONES

Esta pirámide tiene 22.8 m de altura y es el edificio más alto de Palenque. Se considera la obra maestra de Pakal y rinde testimonio de la legalidad de su dinastía. Espectacular muestra de ingeniería creadora, la pirámide está formada por ocho terrazas, con una moldura que recorre la parte superior de cada terraza. Una escalera conduce a la parte superior, donde hay cinco puertas separadas por cuatro pilastras con decoraciones de estuco, semejantes a las del Palacio. Por cualquiera de las puertas se penetra a una gran cámara abovedada, con tres paneles que contienen la segunda inscripción jeroglífica más larga del Mundo Maya. Consta de cuatro listas que asientan la estirpe dinástica de Pakal a lo largo de diez generaciones.

    El verdadero secreto de la pirámide quedó al descubierto en 1952, cuando el arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier levantó la losa del piso interior. Bajo el cascajo aparecieron unos peldaños de piedra que conducían al corazón de la pirámide, donde había una tumba. A lo largo de la escalera hay un "psicoducto", tubo hueco en forma de serpiente que supuestamente hacía las veces de conducto al inframundo. La tumba estaba cubierta por una losa de caliza labrada, con un peso de cinco toneladas, y en el interior de la tumba descansaba el cuerpo de Pakal, recubierto de joyería.

    Hay miles de otras sepulturas repartidas por todo Palenque. En el modesto Templo XIII, anexo al de las Inscripciones, destaca una tumba real que se cree pertenece a la madre o abuela de Pakal.

GRUPO DE LAS CRUCES

Con la muerte de Pakal ascendió al trono Chan Bahlum. Su primera responsabilidad fue concluir el Templo de las Inscripciones. Renovó las pilastras exteriores, ahora con relieves de él mismo, donde aparece elegido, todavía muy joven, como heredero legítimo. No puede haber duda sobre su identificación: el niño está representado con seis dedos en las manos y en los pies, deformidad que se le atribuye a Chan Bahlum.

    Al tiempo que concluía las Inscripciones, Chan Bahlum comenzó a trabajar en el Grupo de las Cruces, frente al Palacio. Aquí puso en práctica la misma fórmula de Pakal: usar los templos para glorificar su vinculación a los dioses, afianzando así su derecho al trono. Tuvo la ingeniosidad de sacar provecho a los motivos religiosos mayas, en particular la poderosa estructura triangular.

    En efecto, los edificios del grupo están distribuidos de tal forma que simulan un triángulo: el más alto, el Templo de la Cruz, se encuentra al norte; el de talla media, el Templo del Sol, está al oeste; y el más bajo, el Templo de la Cruz Foliada, se localiza al este. Cada uno tiene tres puertas en la pared frontal, y su interior está dividido en una antecámara con tres cámaras traseras.

    Cada templo posee una cámara central, o cella, con relieves donde se representa la transformación de Chan Bahlum de heredero en monarca de Palenque. Y en cada relieve, Pakal entrega a Chan Bahlum un objeto sagrado que simboliza sus deberes como nuevo gobernante del reino palencano. Un edificio menor, el Templo XIV, situado al lado del Templo del Sol, completa la plaza. Esta construcción tiene sólo un panel principal, donde aparece la madre de Chan Bahlum entregándole el glifo de un dios (identificado como el dios K), mientras el nuevo rey sale del Inframundo danzando triunfalmente, luego de derrotar a los Señores de la Muerte.

    Palenque cautiva tanto por su arquitectura como por su historia. A través de los relieves en sus edificios no sólo podemos reconocer los rostros y los nombres de quienes estuvieron aquí antes que nosotros, sino que podemos enterarnos de cómo fueron sus vidas y cuáles fueron sus principales obras. Esta conexión entre pasado y presente vuelve a Palenque, sin lugar a dudas, la más íntima y personal de las ciudades mayas. (*)

 

La misteriosa atmósfera de un pasaje en el interior de uno de los templos de Palenque.

 

(*) Fuente: Shelagh McNally, "Los primeros exploradores" y "La ciudad de los reyes", editado en página mundo maya online.

 

Todos las fotografías fueron obtenidas por Florencia Moretti.

 

 

 

 

 ©  Temakel. Por Esteban Ierardo