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EL EMPORIO DEL SOL MAYOR

Por Jorge Díaz 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cortázar con su trompeta. Uno de los escritores que valora la música en alto grado. Preludio para el texto que sigue a continuación sobre las variedades de perfiles de la música en el mundo contemporáneo. 

 

EL EMPORIO DEL SOL MAYOR

Por Jorge Díaz 

La música es el verdadero idioma universal. Atraviesa culturas de manera histórica, se transforma, y adapta diferentes cualidades: jamás está ausente. Así como el antropólogo francés Levi-Strauss considera a la prohibición del incesto como la causa y origen de toda condición cultural humana, haciendo referencia a su presencia en absolutamente todas las sociedades desde periodos arcaicos, no puede negarse tampoco la presencia de la música, no solo en toda sociedad cultural, sino también en el origen mismo del universo. Porque, como bien lo dijo el músico alemán contemporáneo Karlheinz Stockhausen: "Desde que el hombre existe ha habido música. Pero también los animales, los átomos y las estrellas hacen música". Si acaso las maravillosas explosiones en el cielo, la formación de las estrellas, los mares fundiéndose y el estruendoso sonido del caos, pudieran ser captados hoy en día por un dispositivo de audio, no alcanzarían los sentidos para poder denotar semejante voracidad melódica. Todo es música, nos encontramos sumergidos en ella desde el origen mismo, y por ello mismo es parte constitutiva de nuestros sentidos, de nuestro propio cuerpo, el sonido de nuestra sangre, el sonido de nuestras manos, el ínfimo sonido de un parpadeo en la madrugada, la solemne aureola de un respiro. Y ella, a pesar de su diversidad, infinita, incalculable, no distingue de etnias, sexo, especie, ni de lenguajes disímiles, ella lo atraviesa todo: La música no entiende de moral. Proviene de otro mundo, del vacío que mencionaban los antiguos taoístas, de ese vacío que todo lo contenía y donde el individuo debía fundirse con el todo. ¿Cómo es entonces posible que la modernidad nos presente a esta quinta esencia como un mero logro individualista, sumergido en aras de un comercio estrepitoso, nauseabundo, en donde la crítica se erige sobre aquello que produzca más capital y no sobre aquellas sensibilidades ligadas a una fuerza dionisíaca, sobrenatural, mucho más fuertes que cualquier concepción cultural o antropocentrista? El proceso de desacralización de la música es un proceso extenso, gradual y autodestructivo, nos encontramos frente el Apocalipsis de un arte, de una belleza eterna, se trata del asesinato despiadado de nuestra propia naturaleza. En tiempos donde la desigualdad se lo consume todo, donde el carácter egocéntrico del individuo se arrodilla frente a las instituciones, es de mi interés representar un oasis dentro del desierto de la mediocridad.

A continuación intentaré demostrar cómo es posible que a partir de un gradual regreso a las raíces de la música y su consecuente sacralización, la misma puede funcionar como transformadora en pos de un mejor porvenir de la humanidad. Ya no serán falsas promesas de revoluciones burguesas, ni se tratará de un progreso que no hace más que socavar la condición humana, sino que la música infundará cada rincón de la ciudad, formando parte misma de la realidad de la personas, generando cambios que van desde lo perceptivo hasta lo más netamente materialista, pragmático. Cuando hable del "Emporio del Sol Mayor" me referiré a un mundo utópico, imaginario, en el que todo se desenvuelva al compás de una religión en donde no existen los sacrificios infructuosos, ni plegarias a alguien que no existe, sino que se tratará como bien etimológicamente lo requiere la palabra: una re-unión con aquella fuerza celestial, creadora del todo, como es la música, en donde las personas confluirán para intensificar sus vidas, su criterio intelectual, será un maravilloso sueño en la vigilia de la frondosidad mundana.

Como dijo el gran compositor y músico alemán Ludwig Van Beethoven, la música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía. El arte debe ser colocado al nivel de la ciencia y la filosofía como modo de comunicar el conocimiento acerca de la realidad. ¿Y cómo no aferrarse a esta visión al oír el primer movimiento de su sonata 14? Muchos desearíamos morir bajo la luz de la luna con esta interpretación de fondo.

Pero veamos primero como es que históricamente la música fue perdiendo gradualmente su carácter sagrado para desembocar en un estéril testamento manipulado detrás de un escritorio.

En la edad media, la música era considerada un puente para encontrarse con lo divino, un puente de comunicación con Dios, con lo supremo, lo extra sensorial. Veamos un ejemplo de ello en la antigua cultura Persa, más precisamente en el Sufismo. El Sufismo tiene como fin encontrarse con Dios Mismo, es un camino de Conocimiento y es ante todo una vía práctica y experimental, donde los conocimientos y los estados del alma deben ser saboreados y experimentados para conocer a Dios en todas sus manifestaciones: en el Universo, en las criaturas, en los seres humanos y sobre todo en la propia alma, depositaria del secreto del Espíritu. El sufí pretende a partir de la experiencia de la palabra atravesar una experiencia mística, salir de sí para luego volver a sí mismo. El camino para ello lo logra a través de la repetición de una misma frase durante prolongado tiempo, a través de la cual logran olvidarse de sí mismos. A partir de la repetición, logra exiliarse de lo conocido y entra en contacto con ese mundo divino, místico, superior. Se trata de un ritual de la palabra. La palabra es vibración, por lo tanto también es considerada música, no sólo la combinación de tonos lo es, sino también el canto de un ave, el fluir de un río o los sonidos de los animales. A su vez, acompañan ese rito con danzas. Encuentran también en ella una forma de contacto con lo divino y los antepasados. Reducir la danza a una suerte de habilidad artística es una idea muy extraña para la mayor parte de las culturas. La danza tiene otros motivos que no pasan por lo puramente estético, como sí lo pretende el ballet en la modernidad por ejemplo. A nivel arcaico la danza siempre representó una forma de abandono del yo y una puesta en contacto con lo divino. La cultura sufí busca la unión entre el cielo y la tierra, a través de la repetición de la palabra y de la danza circular. También suelen encontrarse rastros de esta concepción teocentrista de la música en culturas más cercanas a la nuestra, como por ejemplo la judeo cristiana. Cuando en el Evangelio, Dios menciona la palabra "Hágase" para darle origen a la creación, también esta haciendo referencia a una palabra, a la música como creadora de toda fuente de vida. La música africana también constituye una empresa totalmente diferente a la tradición musical occidental. La música clásica de occidente está vinculada a la armonía, a aquellos sonidos que pueden ser anticipados, en la africana no sucede esto, la música no tiene un sentido lineal, le da un valor propio a cada instante, a diferencia de la música armónica es un lugar en el que cada instante vale en sí mismo, además, las danzas e invocación a los dioses se manifiestan en rituales que la música reconoce en forma predominante. Puede reflejarse en uno de sus instrumentos étnicos más reconocidos que es el tambor: es tocado de manera perfecta para que el Dios se manifieste, no como creación del mundo, sino como comunicación con una fuerza de otro orden.

Por otro lado, a fines del renacimiento (finales del siglo XVI), va a producirse un divorcio entre la antigua percepción y una nueva, ligada a un inminente proceso de cambio que iba a devenir en la modernidad. En la baja edad media predominaba la monodia, el canto monódico gregoriano, que representaba un sólo texto cantado al unísono por las mismas voces. A partir de la alta edad media, con la participación del músico italiano, Claudio Monteverdi, aparece la polifonía, donde 2 o más voces cantan al unísono distintos textos. Esta superposición suponía un contrapunto y por lo tanto una complejización de la música, haciendo que el texto no se comprenda con claridad como sí se lo distinguía antes. Debido a su controversial innovación recibió fuertes críticas como la del canónigo boloñés Giovanni Maria Artusi, quien publicó un ensayo atacando, entre otros, dos de sus madrigales por sobrepasar los límites de la polifonía equilibrada, objetivo de la composición renacentista. Monteverdi se defendió en un escrito publicado en 1607, en el que argumentaba que, mientras el estilo antiguo, que él denominaba prima prattica, era adecuado para la composición de música religiosa (y él así lo hizo durante muchos años), la seconda prattica, donde "las palabras son dueñas de la armonía, no esclavas", era más apropiada para los madrigales, composición en la que resultaba vital poder expresar las líneas emocionales del texto Monteverdi. En los madrigales se privilegian por sobre todas las cosas los sentimientos del hombre, y la palabra estaba por encima de la armonía. Monteverdi asegura que esto no es una deficiencia sino un progreso en la música, y es lo que caracteriza a La seconda prattica. La armonía sirve de complemento a la canción. La ópera surge como continuación de la tragedia griega, y es un punto alto en la seconda prattica. Lo que importa es la historia, la acción humana que hace posible los sentimientos, la música sólo acompaña, lo que importa es lo que le sucede a las personas. El canto predomina sobre la música y no es ya, una mera alabanza a Dios, sino una expresión del sentimiento humano.

Entrada la modernidad, más precisamente en el Romanticismo, su expresión musical genera una síntesis entre esos 2 caminos que se habían divorciado. Beethoven por ejemplo por un lado repite lo que había comenzado Monteverdi, pero al mismo tiempo puede observarse en su música el otro rostro, el de la música cargada de búsqueda de lo divino. Por lo tanto, la modernidad romántica presenta otro de sus matices a través de una sistemática síntesis entre los sentimientos del individo y la recuperación de algo fuerte, divino. La integración de estos elementos puede reflejarse fielmente en el pensamiento del filósofo alemán, Friedrich Nietzsche, y su particular y ponderosa interpretación acerca de la música: "La vida sin música sería un error". Nietzsche encuentra en la música, un elemento primordial que le permite al individuo ir más allá de si mismo: La música se trata ya como fenómeno humano y universal, se vincula con una fuerza creadora que es la que crea al mundo y al hombre, y en la que a su vez, el hombre la recibe y la plasma en su vida de manera dionisíaca. No se trata de una fuerza impulsada por ningún Dios, sino una fuerza abstracta, universal, única, e indestructible, gracias a ella, el individuo rompe los lazos de su propia individualidad, se funde con los demás hombres y descubre la suprema unidad de todas las cosas. De este modo consigue la convicción de que, por encima de todas las apariencias, la vida es indestructiblemente poderosa y placentera. Para Nietzsche, Dionisio es el dios de la embriaguez, de la alegría: el dios que canta, ríe y danza: el que no renuncia a nada que sea vida. El espíritu dionisiaco es lo contrario de la moderación de Apolo, de los valores de bondad, perfección y humildad que son la negación de la vida. Lo apolíneo representa un mundo irreal y de evasión. Los símbolos de Apolo y Dionisio vienen a significar la contraposición entre lo aparente y lo real. La música es una fuerza poderosa de creación de la vida y de comunicación con otras formas superiores de vida. Y es esta visión la que me interesará recuperar más adelante para dar énfasis a mi hipótesis.

Pero, ¿Cómo es posible que la modernidad haya sumergido en la mediocridad a un arte que, a pesar de las diferencias conceptuales de cada momento histórico, siempre ha tenido una importancia preponderante, ya sea por su relación con lo divino o como sitio de canalización de todos los sentimientos humanos? Mucho tienen que ver los procesos de industrialización que devinieron en un capitalismo vandálico que ha incursionado en casi todas las áreas de la vida de las personas, en donde el arte, no ha sido una porción menor. El arte ha sido reducido a una mera reproducción, ligado a un simple proceso de comercio en donde sólo se considera valioso lo que más dinero lleva a las arcas de las grandes productoras multinacionales. La emigración del hombre desde el campo a la ciudad, hizo necesario que se crearan espacios de dispersión. Con el apoyo de nuevos dispositivos técnicos y el desarrollo de los grandes medios masivos de comunicación, la música se inserta como un mero producto de distracción dentro de la vida cotidiana del hombre. Hay que agregar además que el individuo moderno, se encuentra sometido a un proceso que lo desgasta y que hace que los momentos de esparcimiento sean tan sólo eso, un momento de escape al mundo real en el que se encuentra incrustado, en el cual es explotado por las circunstancias de un trabajo injusto, desigual, por lo tanto es muy difícil que al sentarse a escuchar música, si es que tiene la posibilidad, logre una conexión superior con la misma. Probablemente dedique ese tiempo libre a hacer algo más superfluo como el mirar televisión, o entretenerse un rato con la familia, o más bien, dormir para esperar posteriormente un día similar horas más tarde.

El sociólogo alemán, Herbert Marcuse, perteneciente a la escuela de Frankfurt, había imaginado una sociedad en donde el arte constituyera más que un mero descanso en la vida cotidiana de los hombres, en medio del trabajo alienante y de la mera expresión del capitalismo, se trataría de algo más profundo, más verdadero: "El Arte no es un valor de uso destinado al consumo en el curso de las ocupaciones cotidianas de los hombres; su utilidad es de una naturaleza trascendente, una utilidad para el alma o el espíritu que no se relaciona con el comportamiento normal de los hombres y que realmente no lo transforma excepto, precisamente, durante el recreo cultural, ese breve período de elevación: en la iglesia, el museo, la sala de conciertos, el teatro, ante los monumentos y las ruinas del grandioso pasado. Tras la pausa, la vida real continúa: los negocios, como siempre." La belleza del arte es soportable en un presente de penurias: aún en él puede proporcionar felicidad. El arte y la belleza proporcionan consuelo. Pero también se reconoce el carácter efímero de la belleza en el arte. No hay nadie que conserve la propia felicidad después de la desaparición del instante, nadie que no caiga en el mismo aislamiento de los individuos solitarios. El arte se transforma así en una mera transitoriedad. Este pensamiento tiene una clara relación con una de las posibles actitudes que existen respecto a lo musical. En este caso se trata de una actitud hedonística: la música para el receptor hedónico se adapta a un momento de placer fugaz en la verdad cotidiana. Como realización, como una experiencia placentera. No es necesario ningún cuestionamiento filosófico respecto a algo profundo sobre ello, ni se pregunta acerca de qué relación hay entre la música y lo real. Es la actitud más corriente en la actualidad, buscamos la música solo como algo placentero y fugaz.

Cabe señalar que otra actitud respecto a la música también suele ser la relación desde el ámbito de la cultura especializada del arte (musical en este caso) la cual puede ser sostenida desde periódicos, etc. En esta actitud crítica por un lado hay un interés por explicar la estructura de un estilo musical, su relación con la historia, incorpora la música como costumbres de grupos en una sociedad. Empieza a preponderar un ordenamiento conceptual del fenómeno musical. Se busca, explicar la música de una manera coordinada, conceptual. Es otro posicionamiento distinto con respecto a una mirada hedonística o sacralizante de lo musical. Y otro aspecto que puede estar en la crítica puede relacionarse en un ordenamiento de la música, como por ejemplo la historia del jazz. Es decir, este posicionamiento se encuentra ligado más a un tipo de explicación sociológica o un explicamiento erudito, informativo.

Retomando esta breve genealogía del apocalipsis musical, Walter Benjamin, en su célebre texto, "la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica" habla de la existencia de un aura en toda obra artística, la cual remite a una "manifestación irrepetible de una lejanía", un fenómeno único, instantáneo e inaprensible. Y es en ella donde se hace patente el carácter cultual del fenómeno. Lo cultual está relacionado a lo auténtico e irrepetible, ese momento fugaz de creación del artista en donde pone de sí toda su intuición para expresar sus más profunda sensibilidad frente a los estímulos más diversos. Si bien Benjamin centra su atención en la fotografía, este concepto tiene una notoria relación con la música, ya que según el autor, la copia de una obra artística tritura el aura de la obra: una canción, una melodía, al ser acaparada por procesos industriales ligados a concepciones netamente terrenales, comerciales, tangibles, supone la pérdida de ese momento único, eso que la convertía en algo ligado a un proceso más irracional y celestial de conexión del artista con algo divino, ahora ya no es más que un reflejo más del mundo moderno que pugna por desacralizar absolutamente todas las artes para convertirlas en meros fantasmas técnicos reproductivos, industrializados.

Como cierre por este pequeño viaje relacionado con participantes de la Escuela de Frankfurt y su relación con el proceso de industrialización de las artes, en este caso la música, me interesa recordar algunos pasajes de Theodor Adorno y Max Horkheimer, referidos a lo que denominaron "La Industria Cultural". Ella da cuenta de que a través de la igualación y la producción en serie de un producto artístico, sacrifica aquello por lo cual la lógica de la obra se distinguía del sistema social. Tanto los filmes, como la radio, las publicaciones periódicas, antes que una serie desordenada de expresiones culturales, constituyen un sistema tendiente a la uniformidad, señala Adorno, y que asumiendo esa cultura como propia, las personas confían en su carácter igualitario y democratizante. De esta forma lo equivalente gobierna a la sociedad burguesa. Esa equivalencia consiste en producir heterogeneidad para establecer igualdades abstractas, y el abstraer es sinónimo de liquidar. Siempre que algo no pueda ser cuantificado, queda excluido, pasa a formar parte de la apariencia. La cultura mercantilizada, cosificada, es despojada de sus elementos críticos. La industria cultural otorga a las personas la posibilidad aparente de "elegir", pero en realidad, ofrece indiscriminadamente a todos aquellos lo que la sociedad misma va a quitarles. Las personas así creen moverse libremente cuando en realidad su comportamiento es una simple adaptación a una racionalidad burguesa que lo somete. La industria cultural, según el posicionamiento de estos autores, relegaría a la música también a un plano meramente homogéneo, en donde solamente habrá espacio para un determinado tipo de música, aquel que tenga afinidad próxima con las tendencias actuales y la cual este posicionada mejor en el mercado. Es por la conveniencia de las industrias discográficas, y de todo el sistema mediático que se alimenta de ellas, que se mantiene a determinados artistas al frente de la aceptación popular, haciendo creer a las personas que son libres de elección y que no existe música que no se encuentre ligada a la propuesta a través de los múltiples medios masivos, al servicio de las técnicas cada vez más poderosas, y si la técnica tiene más poder, también hay que decir que se trata del poder de los económicamente más fuertes, y que la racionalidad técnica es hoy en día la racionalidad del dominio mismo. Aquí encontramos quizás uno de los elementos más fuertes que justifican el por qué de la caída estrepitosa de la música en los reductos más oscuros del mundo prefabricado moderno. La música más que nunca se elabora detrás de un escritorio. Se cierran los espacios cada vez más para alternativas excluyentes, que vayan más allá de las reglas del juego, y si consiguen obtenerlo, son fácilmente devoradas por la indiferencia de un público acostumbrado al orden estructurado y establecido, me parece oportuno citar al célebre poeta francés Charles Baudelaire quien aduce a unos "ojos que han perdido la capacidad de mirar".

Ante un panorama tan desalentador, ¿cómo es posible reconstruir las paredes de un arte desbarato por la modernidad? Voy a hablar de dos palabras que etimológicamente surgen en periodos diferentes pero se construyen como dos de las palabras más emblemáticas para cualquier mirada trascendente, que intente ir más allá de los límites de lo establecido. Voy a hablar de Revolución y de Utopía.

La Revolución es una palabra clave en la modernidad. Su origen se encuentra relacionado a un término del tecnicismo astronómico, a un cuerpo que recorría determinada distancia, un determinado circuito y volvía al mismo lugar. En el siglo XIX ya se va a configurar como la conjunción entre ideas y acción, la quiebra de lo antiguo, como la quiebra de la tradición, y como comienzo de lo nuevo, hacerse cargo de la historia que ya no es escrita por ningún Dios sino por sus propios autores. Tendrá su epicentro en la Revolución Francesa de 1789, la cual va a configurar las bases del mundo burgués moderno. Revolución por lo consiguiente es sinónimo de cambio, un cambio radical en las ideas de un tiempo determinado.

Por su parte la palabra Utopía proviene de la sabiduría de un famoso poeta/escritor del renacimiento, Tomás Moro, en donde en su homónimo libro, la señala como la divisa y lugar común en todas las lenguas para designar tanto a lo irrealizable como a lo que no ha sido realizado todavía. Tomás Moro logró promover ese término del léxico corriente a la categoría de significante universal. Y como pronunciaba Hegel, cuando no se puede desencadenar una revolución, se escribe sobre ella. En este libro, Moro señala que "la utopía aspira a lo que debe ser y que nunca ha sido, mientras que la realidad muestra que ha sido lo que no debía ser". Agrega que cada vez que se intentó imponer una idea para regir el destino de las personas, los resultados que se consiguen son contrarios a los deseados, y que los resultados deseados casi nunca se consiguen. Existe una desproporción entre el decir y el hacer históricamente, quien es capaz de obrar, no es capaz de escribir, y quien es capaz de escribir, no es capaz de obrar. Una utopía por lo tanto es una construcción, una formación discursiva, una reacción a un estado de cosas a las que se pretende corregir, encausar. ¿Pero acaso es posible? Según el autor existe una inclinación natural, que hace al hombre obrar de buena manera, y él la promueve como base fundacional de toda sociedad. Pero la acción humana se encuentra restringida y condicionada por el marco donde ésta se despliega, y tanto aquello que la obstaculiza como aquello que la despliega, provienen de la misma fuente. Es decir que resulta una misión casi imposible que las condiciones se constituyan naturalmente para un cambio verdadero en las raíces de una sociedad corrompida por los estigmas de su tiempo. Los individuos han sido esclavos de su tiempo desde siempre, teniendo que someterse a diversas instituciones como la religiosa, los señores feudales, las monarquías y más cercana a nuestro tiempo a un régimen que esconde aún de manera más sangrienta sus garras predadoras como la democracia, elemento fundamental en las bases de una sociedad capitalista burguesa. Pareciera como si los individuos mismos al momento de crear cultura desearan encontrarse sometidos, no importan las circunstancias sociales de su época, así se trate de una Grecia aristocrática esclavista o un Europa del siglo XXI que, paradójicamente a su lema de promulgar la libertad, la igualdad y la fraternidad, instaura leyes que atentan contra personas en igualdad jurídica, amurallando la libertad de cientos inmigrantes que son denigrados por una autoproclamada cultura desarrollada y progresista, la cultura de la hipocresía.

Moro, nos propone controlar estos procesos a través de la praxis política, del mismo modo que lo proponía también Aristóteles. En las instituciones se encuentra el origen y la fuente del desorden y de los malestares sociales. Pero ¿Cómo relacionamos estos términos con lo musical y cómo es posible hablar de cambios radicales a partir de una fuerza única, universal y trascendental?

Se tratará de un proceso a largo plazo, utópico y revolucionario como he mencionado. Citando a Marcuse puede decirse que "será un baile sobre un volcán, una risa en la tristeza, un juego con la muerte". La música será el eje central de este gran cambio debido a que será el camino a través del cuál el individuo se dará cuenta de sus verdaderas condiciones de existencia, sus materialidades, la mediocridad de su vida cotidiana hundida en la racionalidad burguesa, sumergida y encallada en instituciones, leyes que rompen leyes aún más importantes, las de la irracionalidades, la de los sentidos superiores, las leyes de las pasiones, que no se encuentran escritas en ningún lado, ya que, materializarlas, sería destruirlas y acaso las cosas más sublimes que podemos encausar en nuestras almas son aquellas las cuales no gozan de una explicación lógica. El hombre buscará abandonar, a partir del reencuentro con una percepción universal de los componentes musicales, una visión estática y monolítica del mundo, la corromperá para luego concebir una nueva unión con la fuerza elemental, dionisíaca e indestructible y eterna que nutre cada átomo y rincón de nuestras vidas, la música. Pero este proceso, será además el desencadenante de un praxicismo inmediato que pondrá al borde del abismo a todo un sistema manejado históricamente por los opresores de las arcas de la libertad. Este análisis si bien en un principio puede interpretarse como un análisis pseudo-marxista de lo musical, pretende dar un paso más allá ya que no se tratará de una revolución social clasista, ni de una cuestión meramente económica en donde se pongan en juego las apropiaciones desiguales de los medios de producción, sino que se tratará de una revolución artística, trascendental, y en el que tanto la noción de idea como la de acción se funden sistemáticamente, a través de un regreso a una cosmovisión melómana del mundo, donde la experiencia espiritual nutre la acción de las personas, quienes buscarán la soberanía personal, para lograr un crecimiento efectivo de las asociaciones humanas por parte de cada uno de sus actores, promoviendo creatividad y cooperación como principios básicos fundamentales.

Para llegar a este posicionamiento, que recuerdo, no será de un día para el otro sino que será un cambio gradual, será necesario recuperar y posicionarse frente a una tercera actitud posible respecto a la música que será la que sentará las bases de esta teoría: La música como fenómeno esencialmente estético. Desde esta cosmovisión, tiene un valor independiente a su explicación crítica, conceptual, y tampoco desde aquí puede ser reducida a simples momentos dispersos de placer, a una cuestión hedonista. Decir que la música va a ser valorada como fenómeno estético es pensar de modo tal que lo sensible de la música desplace al concepto o discurso que la explica.

La palabra estética viene del griego y significa sensación. Lo estético consiste en buscar ser un hecho sensorial, transmutarse en él. Si lo estético se convierte solo en un discurso, entonces ha perdido su capacidad sensorial. Cuando una experiencia artística no la sentimos, ella pierde su estética y se convierte en un discurso crítico, conceptual sobre ello. Esto se relaciona también con el concepto de aura de Benjamin expuesto anteriormente. La música es un fenómeno sensible y sólo después, en segundo término, cuando ya se la ha recuperado como fenómeno estético y se opta por privilegiar la primacía de ello, recién allí no habrá riesgo alguno en que el concepto la pueda explicar para darle más profundidad a la percepción sensible de lo musical en nosotros.

La música como fenómeno sensible, a su vez, tiene un contenido en el que tiende a presentarse como una forma de trascender un tiempo histórico, una subjetividad, en donde finalmente ella puede ser una forma de conocimiento de lo real. Habría así un contenido objetivo para la música, es así como lo pensaban muchos filósofos en la antigüedad y este pensamiento aún es sostenido en muchas culturas modernas. El arte y la experiencia musical no sólo están encausados en una experiencia subjetiva, sino que nos muestran una realidad objetiva. Un claro ejemplo de cómo una persona se adapta a esta cosmovisión sensorial podemos encontrarlo en la figura del escritor argentino Julio Cortázar:

Cortázar era reconocido como un ferviente melómano. Gustaba mucho del jazz, la música clásica y el tango, pero por sobre todo tenía una afinidad especial con el sonido del saxo en el jazz, principalmente el que residía en la figura del famoso jazzista norteamericano, Charlie Parker. Fue tal su ardor por la música que intentó reflejarlo a lo largo de su literatura: siempre intentó que sus narraciones sonaran al oído como música. Su estilo fue claramente musical, como resultado probablemente de su frustrada participación como músico profesional, buscó siempre canalizar en su literatura aquella vieja pasión. En su cuento "El perseguidor", el personaje principal, Johny Carter, es perseguido por el vacío, por la angustia y es, a su vez, perseguidor de un cáliz creativo, inagotable y al que todo artista verdadero busca llegar, su vida está enteramente involucrada en ser el cazador, el rastreador de esa contemplación divina de lo artístico. Para Johny Carter, el ser, el Dios es la música, como fuerza creadora del tiempo y de la vida. Ese núcleo que persigue el personaje también lo persigue Cortázar: se compenetra en buscar el núcleo que personifica a la realidad a través de la creación artística, a partir de una experiencia musical dionisíaca. De esta manera, afirma que la música es al mismo tiempo varios componentes: compositor, pentagrama y un tercero que será el ejecutante de otro tiempo, que repite la ejecución para luego convertirla en información técnica (que se puede grabar) y vuelve a transformarla en música. Ser sensible a lo complejo es ser sensible a algo que tiene muchas aristas o pliegos, que no tiene una sola cara, así es la música. Todo fenómeno humano es complejo, la música no está alejada de esta concepción, y Cortázar buscará entonces sensibilizar al lector para que sea sensible a la complejidad musical. No será entonces sólo una cuestión hedonista el leer, sino que servirá para la reunión con aquella fuerza universal.

En su texto "¿Por qué escuchar con audífonos?", Cortázar le otorga una dimensión cultual al momento de escuchar música, el cual se incrementa aún más cuando la escuchamos a través de auriculares ya que nos da la sensación de que ella viene desde adentro de nuestra cabeza, desde el interior de nuestro cuerpo, intensificando aún más la experiencia sagrada que se establece en tal momento. Cortázar busca un acto ritual, sacralizante en la experiencia de escuchar música. El audífono sirve para generar un aislamiento total del mundo exterior y volver a conectarse con esa totalidad reinante y suprema que es la música. Luego de este momento de conexión suprema, sí se puede realizar una interpretación de la misma, pero no sin antes vivenciar una experiencia superior. Lo pensado posteriormente fortalece esa experiencia sensitiva que luego volveremos a tener. El pensamiento enriquece la forma de escuchar música en un segundo momento.

Imaginemos entonces por un instante ¿qué hubiera acontecido si ya en épocas medievales en donde la música si gozaba de una interpretación dionisíaca si hubieran existido dispositivos técnicos como los actuales? Seguramente los auriculares hubieran resultado una herramienta poderosa para la percepción de culturas enteras, transformadora. Es necesario para un proceso de sacralización y transfiguración del universo musical, que las herramientas tecnológicas existentes jueguen un rol importante también en dicho planteo, se pongan en disposición de este desarrollo y no en contra, como actualmente sucede con los medios televisivos, las radios en su gran mayoría, y en especial con el fenómeno mediático más importante de las últimas décadas, la Internet. Establecida como un arma de doble filo, por un lado presenta la particularidad de hacer heterogénea la distribución musical a lo largo del mundo, la música llega a cada rincón del planeta sin límites, la piratería está desbaratando lentamente a las industrias musicales que en unos cuantos años se verán obligadas a cerrar ya que el disco hoy en día no representa los verdaderos ingresos de un compositor. El arte por ese lado estaría perdiendo su vigencia mercantilista. Muchos artistas se encuentran furiosos por esta alternativa y encuentran nuevas formas de ingresar dinero en sus bolsillos, a través del ingreso publicitario y cobrando precios de entradas exorbitantes para asistir a sus shows. Es sabido que a los músicos en general les gusta vivir de la música, pero la esencia del verdadero arte se encuentra totalmente alejada de este pensamiento, y es importante recuperarla: la caída de las grandes empresas discográficas nos acercará en un futuro un poco más a ello, a artistas que difunden su música para desarrollar más esa capacidad sensorial suprema, que componen de manera desestructurada para unirse con el todo irracional, que buscan una manera de ser libres. Para muchas culturas antiguas el hombre piensa a través del corazón y ese pensamiento poco tiene que ver con la logística moderna que reduce al pensar a un mero accionar del cerebro respondiendo a cuestiones analíticas, tiene que ver con los sentimientos. Afirma Matthew Bellamy, cantante de una banda de rock contemporánea con grandes influencias románticas llamada Muse: "la atracción que uno siente hacia la música no la pueden reglamentar. Ahí es donde hay una cierta libertad, hay algo que no se puede sentir en la vida cotidiana como algo normal. Allí se encuentran partes del carácter humano, partes de las emociones que normalmente reprimimos, o por lo pronto una fracción de nosotros mismos que no hemos visto desde hace mucho tiempo." Es menester que este pensamiento reflote y cave una zanja profunda en la espiritualidad de cada músico compositor, los cuales a partir de la profundización en estos sentidos, llevarán a los oyentes a su vez a una mejor comprensión de una realidad ligada a términos melódicos. De todas formas hay que tener cuidado con el aspecto janiforme de un medio tan masivo como la Internet, ya que el sistema también se introduce allí, creando una supuesta y falsa democracia en la que todos tienen derechos a cargar sus canciones, lo cual favorece la reproductibilidad del arte, la industria cultural "adorniana", la cual gana en homogeneidad, las canciones pierden valor aurático debido a que gran parte de las ellas son puestas en la red compuestas desde la comodidad de un sillón, bajo experiencias totalmente remotas, racionales y ligadas más a una intencionalidad de conseguir un poco de fama que en desarrollar una forma de experiencia superior o difundir un mensaje que trascienda las barreras de la mediocridad cotidiana. Son infinitos los matices a tener en cuenta con la Internet, pero no es mi objetivo focalizarme en este medio, sino que, su correcto uso en manos de militantes de la utopía, será primordial para la recuperación de una sociedad que resurgirá con el fuego llameante de un cuadro de Van Gogh.

Como mencioné antes, este proceso representa también una dualidad: la música es concientizadora, actúa sobre la irracionalidad de la gente que pondrá, posteriormente, en práctica su razón sobre el mundo tangible. Desesperado, atravesado por una nueva percepción, con su interior provisto de una fuerza comparable a la de mil tormentas de arena, el individuo que ha abierto los ojos ya no podrá volver a cerrarlos, y serán esos individuos los que constituirán las bases de la reforma definitiva de la sociedad, que terminará definitivamente con las 2 cadenas más funestas conocidas: No habrá más Iglesias que impongan castigos ni reglas en pos de la promesa de un falso paraíso y desaparecerá el Estado quien azota duramente el látigo de la marginalidad conformado por instituciones también despreciables y funcionales como la escuela y la familia. Dice Mijail Bakunin "El estado es un inmenso cementerio al que van enterrarse todas las manifestaciones de la vida individual". Se configurará entonces gracias a la revolución de las ideas musicales una nueva sociedad, fundada en la autogestión económica, donde no existirán jerarquías, todo será estipulado en asambleas vecinales y cada individuo trabajará lo mínimo indispensable para dedicar el resto de sus días al desarrollo de lo sensible, lo irracional, lo artístico y la búsqueda del conocimiento eterno, ligado a lo universal, que constituye el todo y de lo que nunca más podrá separarse. A continuación presentaré la descripción de este nuevo mundo, que surge de los gritos de una nueva libertad emergente y que denominaré "El emporio del sol mayor":

La ciudad se ha convertido en una Venecia en donde fluyen ríos de melodías. Esa estructura armónica conlleva a su vez a una estructura social que no esta ligada ya a una estructura institucional. El emporio del sol mayor se presenta como un reducto en donde las instituciones han dejado de existir para dar lugar a una única institución, la de la excelsa y majestuosa armonía musical, fuerza universal e indivisible, que se canaliza en el interior de cada alma transeúnte. La vida social se encuentra totalmente viva, activa, y mella en su interior la idea baudeleriana del flaneur, un paseante, que asalta la ciudad y se funde en ella, para perderse en el anonimato que suscita la muchedumbre. Esta unión casi orgánica intensifica la sensibilidad de los individuos fomentando su creatividad, su expansión intelectual, su conciencia irracional, su elevación climática y plausible, su visión altruista y su admirable creatividad artística. El arte se comparte, la heterogeneidad se hace dominante, existen múltiples espacios para el desarrollo de las expresividades. La música ya no es sólo la que refleja una clase social, ha trascendido la estética clasista que la atribuía a un determinado sector productor que rogaba por ingresos aprisionándola desde sus tobillos. Perderse en las calles, entre cientos de historias anónimas, implica perderse también entre los sonidos que de ellas mismas emanan, sonidos que representan caricias al oído de cada explorador amedrentado en cada hueco sensible del casco urbano. Quien haya pregonado alguna vez el yugo de la desidia de una falsa promesa ilusoria racionalista, del progreso que no ha sido más que un fracaso, hoy ya es parte de una realidad indivisible y pletórica. Ya había mencionado Platón en tiempos dorados que la música es el sustento indeclinable del alma, esta filosofía antigua atraviesa el tiempo, destruye con todo a su paso, derriba fronteras, demuele banderas, y se precipita cual lluvia matutina sobre el seno espiritual de todos los individuos, no se trata de una representación, sino que el alma misma es la música. No existen clases sociales, todo aquello que había tomado las riendas de un siglo equívoco y desesperado ha desaparecido de la faz de la tierra dando lugar al árbol del conocimiento, que ha crecido y sentado sus raíces muy profundamente en la cotidianidad de los famélicos mundanos, hambrientos de sabiduría, elevador por la fuerza que los impulsa a querer ir más allá de cualquier sentido innato. Pero el sentido del oído ahora se encuentra más desarrollado que cualquier otro, lo superfluo ha pasado a un segundo plano, las publicidades han sido derrocadas, a los habitantes de este emporio ya no les interesa el consumo de objetos que sólo sirven para la división, a ellos no les interesa el dinero, ha sido erradicado de cada rincón hace largos años. Su forma de organización es sencilla, han aprendido el arte de la autogestión desde tiempos de la revolución la cuál todos recuerdan con mucho entusiasmo cada año. Pocos imaginan el dolor de una tremenda lucha que duró años pero que finalmente ha emancipado a la humanidad de una mentira que parecía eterna, los grandes relatos han caído para siempre y han dejado lugar al suspiro intenso del ser. Inspirados en la figura arcaica del jardín japonés, las plazas son pequeños reductos plagados de simbolismos que intensifican aún más la relación simbiótica entre el individuo y lo musical, y en el centro de cada una de ellas se emplaza un pequeño reducto montado arquitectónicamente para que, sin previo aviso, cualquier músico pueda dar riendas sueltas a sus pasiones. La música que se oye proviene directamente de los sentimientos humanos, por lo tanto es infinita, como ellos, se extienden por doquier, en cada esquina, si bien algunos prefieren mantenerse en lo instrumental porque consideran que no hacen falta palabras para expresar lo inexplicable, no se encuentran en oposición a los que consideran que las palabras son un puente más entre lo material y lo inmaterial, por lo contrario, se complementan entre sí abiertamente. Sin la existencia del dinero, no existe el hambre, cada uno trabaja diariamente aproximadamente 4 horas en lo que más sabe hacer y dedica el resto del día a alimentarse de lo que realmente debe alimentarse un individuo: de sabiduría. Quienes contemplan la armonía del emporio del sol mayor, viven sin miedo, sólo entregan sus cuerpos y sus almas a la latencia de su interior, la libertad es al fin una realidad y no una mera construcción, ser libres y poder contemplar el todo es la única razón de existir.

En esta breve descripción de un mundo utópico, concentro a manera de cierre, las más relucientes consecuencias finales de lo que será sin duda un proceso largo pero que sin dudas estará en camino, porque es posible, y está en manos de aquellos guardianes de la irracionalidad en llevar a cabo esa transformación que ha sido históricamente planteada desde diversas maneras pero que ha fracasado en el intento por quedarse allí encausadas, en la mera historia, por olvidarse de que lo más importante pasa por cuestiones mayores que el materialismo, y que ponerse del lado de lo irracional no es en absoluto el desligarse de las condiciones reales de existencia de las sociedades, sino por lo contrario, existe una conexión directa entre ambos polos, a partir del cultivo de lo irracional, de la unión con el todo, del despertar colectivo del sueño capitalista y tirano, esas almas ya consumadas en un nuevo modo de sentir, sentirán la necesidad misma de alterar la realidad concreta en la que se sitúan. La música es la musa creadora del todo, y si regresamos a ella, al origen mismo, es la única forma de conformar un cambio verdadero y de alterar las bases de una insípida sociedad moderna. Porque la música es la voluptuosidad de la imaginación, la armonía entre el cielo y la tierra, como afirma el músico Frank Zappa: "Sin música para decorarlo, el tiempo es sólo un puñado de aburridos plazos límite de producción o fechas en las cuales deben pagarse las cuentas". Existen muchos elementos más que habrá que tener en cuenta y que han sido pasados por alto en este breve análisis, no obstante, el objetivo primordial de mi hipótesis era el afirmar que es posible realizar un cambio concreto de las bases modernas a partir del que considero el arte más definitivo, universal y que en mayor o menor medida está al alcance de todas las personas hoy en día, que sale más allá de la sala expositiva de un museo, y se instaura en cada rincón de la sociedad: está en nuestras manos encausar a la música de nuevo ese camino del que realmente proviene, tomarla en nuestros corazones y destruir para siempre la cultura de la inexpresividad, demonocrática y bañada en las aguas de una amarga y pasiva mediocridad. (*)

(*) Fuente:  Jorge Díaz, "El emporio del sol mayor", trabajo realizado en el contexto de la materia Principales corrientes del pensamiento contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en 2008.

 

Bibliografía utilizada:

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Moro, Tomás. "Utopía". Buenos Aires: Gradifco, 2007.

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Nietzsche, Friedrich. "El orígen de la tragedia". 1ª ed. Buenos Aires: Andrómeda, 2003.

Marcuse, Herbert. "El arte como forma de la realidad". Extracto de su texto original en el sitio www.marcuse.org.

Apuntes de cátedra Casullo. "Música, arte y religión". Universidad de Buenos aires, 2008.

Rosato, Ana y otros. "Constructores de otredad: una introducción a la antropología social y cultural". Buenos Aires: Antropogafia, 2006

Citas bibliográficas extraídas de www.wikipedia.org

Citas directas extraídas de www.proverbia.net

 

 

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