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¿QUÉ ES MÚSICA CUANDO TODO ES MÚSICA?

Por Juan Manuel Robledo

 

 

Obra del pintor venezolano Jacobo Borges inspirada en una orquesta musical.

 

Creo que la cuestión de la música es central para la de los

significados del hombre, de su acceso o no a la experiencia

metafísica. Nuestras aptitudes para componer y responder

a la forma y el sentido musicales implican de modo directo

el misterio de la condición humana. Preguntar "¿Qué es la

música?" puede perfectamente ser un modo de preguntar

"¿Qué es el hombre?"

George Steiner

  

  En el mundo contemporáneo, lo que se define, o autodefine, como música, restalla en cada centímetro de ciudad y del tiempo moderno de las grandes compañías y técnicas reproductoras de obras. Pero, entre tanta proclamada música, ¿qué es música realmente? ¿El estado musical se ciñe a la experiencia subjetiva de cada oyente? ¿Existieron o existen todavía principios para diferenciar una vibrante apariencia musical de una musicalidad que muerda algo real y que haga borbotar una cascada de sensaciones trascendentes que bullan en el cuerpo del que escucha? En esta calle reflexiva de la música y su sentido, se adentra este texto que ahora presentamos en esta sección de Música de Temakel. Una corriente de reflexiones que nos estimula a sensibilizarnos ante la música y su posible justificación.

Esteban Ierardo

 

¿QUÉ ES MÚSICA CUANDO TODO ES MÚSICA?

Por Juan Manuel Robledo

 

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Durante la redacción de este trabajo, especialmente en aquellas partes donde se intenta transmitir en palabras la experiencia de la audición musical, requerí de un considerable esfuerzo mental. Y esto porque se trata de verbalizar algo que escapa a cualquier conceptualización, algo que trasciende aquello que puede ser transmitido por la lengua. Acudiendo nuevamente a Steiner, "más que cualquier otro acto de intelegibilidad y forma ejecutiva, la música entraña diferenciaciones entre lo que puede ser comprendido –esto es, parafraseado– y lo que puede ser pensado y vivido en categorías que, consideradas de modo riguroso, trascienden dicha comprensión". La música es algo que se experimenta en lo más profundo y lo más sagrado de la persona humana. Es algo que se vive y se niega a ser dicho. Cualquier intento por verbalizarla "produce metáforas impotentes".

Se supone que el lenguaje es aquello que nos hace diferentes en la naturaleza, aquello que nos eleva de la pura animalidad y nos convierte en seres racionales. Y es sorprendente, hasta casi ridículo y lastimoso, ver como el propio lenguaje, el "máximo" logro humano, es incapaz de encerrar dentro suyo al más mínimo fragmento de musicalidad. La música es un mundo irreductible a la razón, una experiencia que escapa al sentido que las palabras puedan o quieran darle. Y así como el lenguaje es lo que establece una separación entre lo humano y lo animal, entre lo racional y la naturaleza, entre el hombre y el mundo, de la misma manera creo que la música es el intento del mismo hombre por derribar esa barrera. La música, y con ella el arte en general, aspiran precisamente a reconciliarnos con ese mundo anterior, del que sin duda provenimos, pero del que solemos olvidarnos. Son el puente que tendemos hacia una realidad que nos precede, una realidad siempre enigmática y superior. Son los vivos testimonios del hombre como ser sagrado, en conexión con algo que lo trasciende. La música y las artes han sido desde siempre una apuesta por la trascendencia.

Ahora bien, el hecho de que la música nos presente y represente respuestas a esa primordial pregunta de qué es el hombre, no quiere decir que todos los hombres presten sus oídos a escuchar esas respuestas. Sabemos como son las cosas. Ciencia y razón son los carruajes triunfantes donde el ser humano pasea con orgullo su modernidad. Son ellas las que nos dan respuestas. Y ya ni siquiera respuestas: deciden qué es el hombre. El arte ha pasado a ser algo bonito, para el disfrute ocasional en el mejor de los casos, puesto que casi la única función (como si el arte debiera ser funcional) ya casi solo es la de otorgar prestigio y status. Saliéndonos un poco de la música podemos encontrar un ejemplo, por caso, la subasta de pinturas de artistas reconocidos. Suelen pagarse fortunas por alguno de estos lienzos. La cuestión no es solo la apropiación de algo que no debiera tener dueño: quién paga 20 millones de dólares por una pintura no tiene ni la más remota idea de lo que es el arte; no ha experimentado el arte y probablemente no lo hará jamás. Está comprando una obra como compra una casa, un yate de lujo o influencias en el gobierno: la lucha por ofrecer el precio más alto en una subasta es una demostración de poder y no de verdadera comprensión del arte. Pagar semejante fortuna por una pintura es un acto obsceno e indica no solo que el dinero no es todo, sino que muchas veces constituye el mayor obstáculo para el desarrollo de la plenitud del hombre.

Pero volvamos al problema inicial. Ciencia y razón, y no el arte, son las maneras fundamentales de entender y expresar lo real. Son ellas quienes nos develan los verdaderos significados de la vida. Max Horkheimer y Theodor Adorno (foto, abajo,derecha) en su Dialéctica del Iluminismo ilustran la separación entre ciencia y arte y sus implicaciones en el lenguaje. La cita es al respecto de la poesía, pero da cuenta de cómo funciona con el arte en general:

"Con la precisa separación entre ciencia y poesía la división del trabajo, ya efectuada por su intermedio, se extiende al lenguaje. Como signo, la palabra pasa a la ciencia; como sonido, como imagen, es repartida entre las diversas artes, sin que se pueda recuperar ya más la unidad gracias a su adición, sinestesia o "arte total". Como signo, el lenguaje debe limitarse a ser cálculo; para conocer a la naturaleza debe renunciar a la pretensión de asemejársele. Como imagen debe limitarse a ser una copia: para ser enteramente naturaleza debe renunciar a la pretensión de conocer a ésta."

La ciencia expresa mediante el lenguaje lo verdadero; el arte es pura copia, incapaz de decirnos nada sobre la naturaleza de las cosas. Pero hay más:

"Mediante su celebrado arte, Homero no ha llevado a cabo reformas públicas o privadas, no ha ganado una guerra ni ha hecho ningún descubrimiento. No basta que una nutrida multitud de secuaces lo haya honrado y amado. El arte debe aun probar su utilidad."

Es precisamente esta idea de utilidad que se pretende del arte la que llega a resultar irritante. Precisamente por no ser útil a la manera de la ciencia es que el arte puede hacernos conocer el mundo y a nosotros mismos. Su utilidad nada tiene que ver con la técnica ni el cálculo, ni siquiera con el "progreso" humano, por el que muchos se rasgan las vestiduras. El objeto del arte es acercarnos mundos que no pueden ser encerrados en una fórmula, mostrarnos cosas de las que ni la razón ni la ciencia pueden dar cuenta. En definitiva, dar una respuesta a ese supremo misterio de qué es el hombre, algo que la ciencia, por el solo hecho de plantearse como "verdadera" no puede hacer. La íntima angustia de la ciencia -que nunca hace visible- de saber que nunca alcanzará la Verdad, ni siquiera se plantea en el arte, pues éste no se maneja con criterios de verdad - falsedad.

 

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Pero el reino de la utilidad también ha llegado a las creaciones musicales. Y no es ciertamente algo reciente. Voy a precisar un poco más a que me refiero. Así como razón y ciencia -léase "lo útil", "lo práctico"- son las visiones de mundo imperantes en la actualidad, serán también las dominantes aquellas obras musicales útiles y prácticas (en el más literal sentido de esas palabras). En realidad no es sino una consecuencia lógica. En principio, estas obras han demostrado su "utilidad estética" (paradójica combinación): la estética de las canciones simples, con melodías pegadizas, "vendibles", fácilmente consumibles (y fácilmente olvidables). Son las canciones del momento, el "hit" del verano. Consecuencia de esta utilidad estética, nace la utilidad económica, que no hace sino perpetuar a la primera: a este respecto, las cifras de ventas de discos, las ganancias de las compañías discográficas, radios y canales de música hablan por sí solas. Y como dije, es una consecuencia lógica: si la visión imperante de mundo considera como válidas aquellas cosas que poseen utilidad práctica, no es de extrañar que esta utilidad se inmiscuya hasta en terrenos que siempre le fueron ajenos. El arte, el verdadero arte en cambio no tiene una "utilidad". Al menos no en el sentido que normalmente se le atribuye a ese término.

Sin embargo, este tipo de nuevas creaciones (nuevas es solo una forma de decir: en realidad ya tienen unas cuantas décadas encima) se regodean con el arte. Se definen y son presentadas como arte, tanto por los productores discográficos, los propios creadores e incluso por la crítica especializada. Los mismos músicos se autodefinen como "artistas". No estoy diciendo nada nuevo: cualquiera que escuche la radio o vea un canal de música lo notará fácilmente.

Ahora bien ¿es esto arte? Una de las fundamentaciones que he escuchado es que, como se trata de música, entonces se trata de arte. No se le puede negar su naturaleza artística ya que es música, y la música es arte. Algo bastante absurdo. Tomemos como ejemplo el cine. Cuando vamos al cine tenemos una amplia gama de distintos tipos de creaciones para ver: desde películas de ficción, con todos los diversos géneros que estas abarcan, desde el film de aventuras hasta el drama, pasando por una variedad amplísima; películas animadas para niños y hasta películas documentales. Si vamos en busca de entretenimiento y nos sentamos a ver una comedia liviana, nos reímos un rato y así como llegamos al cine nos vamos ¿podemos afirmar que es arte lo que presenciamos?. El cine no es arte en sí mismo, es solo un medio. Un medio que puede servir para crear muy diversas manifestaciones, entre ellas, por supuesto, se encuentran las artísticas. Pero el solo hecho de ser cine no convierte a una película en arte. Y lo mismo sucede con la música. El solo hecho de ser música no convierte en arte a la canción más estúpida que suene en la radio.

Pero entonces ¿cuál es el criterio para discernir qué es arte y qué no lo es? El arte, como se dijo más arriba, siempre está a la búsqueda de algo que es presentado mediante la obra, pero que a su vez la trasciende. Que trasciende incluso las fronteras de lo que percibimos como más cotidiano, aquella realidad que percibimos como inmediata. Y lo hace creando mundos nuevos, haciéndonos conocerlos y haciéndonos ver que algo se dibuja más allá de nuestra experiencia de todos los días, de lo que consideramos como "real". La gran mayoría de la música que hoy oímos, la música, por denominarla de alguna manera, "comercial", solo se queda en la inmediatez de aquello que se presenta, de lo que escuchamos. Su principal carácter es ser momentánea: la escuchamos revestidos de cotidianeidad, con la misma predisposición con que ponemos la llave en una cerradura para abrir una puerta, preparamos una ensalada o levantamos la mano para pedir un taxi. Y esto no porque seamos incapaces de descubrir aquel más allá que la obra propone: simplemente no hay más allá.

Para ilustrar lo que quiero decir voy a contar algo que me sucedió. Estaba escuchando la radio. Las canciones, bonitas algunas, se sucedían. Mientras tanto pensaba. No recuerdo en que, pero recuerdo perfectamente que pensaba. De pronto apagué la radio y puse en la compactera el Réquiem en re menor de Mozart (imagen izquierda y abajo derecha, un momento de la escritura del Requiem de Mozart). Empecé a escuchar. Mientras tanto me dispuse a pensar. No recuerdo en que quería pensar, pero recuerdo perfectamente que quería pensar. Mientras tanto la música sonaba. Y me fue imposible pensar. Por más que trataba de abstraerme, la música me lo impedía. Una y otra vez trataba de hilvanar el más mínimo rudimento de pensamiento, pero no podía. Lo que escuchaba se anteponía a mi razón e impedía que llegue a mí. Finalmente me entregué. Solo dejé que la música me llevara, que me dispusiera en uno de los tantos mundos que ella creaba y en los cuales yo era un visitante casi virtual, creado también por ella, nacido a través de ella. Y me dejé recorrer por ella y solo entonces entendí que esa música no había sido concebida para pensar. Había sido concebida para sentir.

Por supuesto, con este ejemplo no pretendo hacer una separación entre el pensar y el sentir: tal cosa sería ridícula. Una obra de arte, ya no solo musical, sino todas ellas, también nos llama a la reflexión. Es más, el componente de reflexión es una de sus principales características y en caso de no aparecer, una obra de arte no sería tal. Lo que quiero decir con esto es que en la música, más que en cualquier otra manifestación artística, el propio acercamiento a la obra consiste en un completo dejarse llevar, en compenetrarse en la obra y fundirse con ella. Es dejar que el sonido entre por nuestros oídos y envolviéndonos, nos transforme en algo distinto de lo que somos en nuestra rutina. Algo que también sucede en otras ramas del arte, pero creo que no en el grado con que se da en la música. Y es a partir de este momento de sensibilidad plena, de pura sensorialidad, que llega la reflexión. Es luego de haberse sumergido, de haber buceado en el mundo que la obra crea, de haberlo experimentado, en definitiva, de haberlo sentido, que podemos reflexionar sobre esa experiencia. Siempre me pareció que a la composición musical primero hay que sentirla y luego comprenderla: si el arte es la búsqueda permanente de trascendencia, el recrear una y otra vez nuevos universos, primero hay que vivirlos y experimentarlos, para luego comprenderlos. Y por supuesto, este momento de reflexión y meditación es tan importante como el primero, pero creo que no se puede acceder a él de la mejor manera si antes no se experimenta de forma vívida la obra.

Ahora bien ¿cuál es la diferencia con este otro tipo de obras de las que dije son las dominantes en la música actual? Cualquiera me puede decir que también se "siente" algo con ellas. Pues bien, yo opino que ese algo es radicalmente diferente a lo que se experimenta en la creación artística. Lo que se siente con estas obras es solo la inmediatez de lo que escuchamos, la experiencia que vivimos no va más allá del sonido que penetra nuestros oídos. Particularmente, en este tipo de obras no he notado jamás una búsqueda de creación que origine un cambio en la percepción que consideramos habitual. Es verdad, "sentimos" esa música, pero ese sentir no tiene nada que ver con el sentir del arte. Escuchar una canción puede originar en nosotros una gran variedad de sentimientos, pero nuevamente, creo que la naturaleza de esas emociones es radicalmente diferente a la de la creación artística.

 

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Creo que es preciso en este momento aclarar algo. El hecho de que esté afirmando que este tipo de música no es arte, no quiere decir que la niegue como creación cultural, ni que diga que no sirve y que es preciso desterrarla. Para nada. Es más, yo mismo escucho muchos grupos de música o intérpretes a los que no considero dentro del arte y sin embargo me gusta hacerlo y lo disfruto. De la misma manera tampoco puedo decir que algunos de estos músicos no intenten acercarnos algún tipo de significación profunda, o de comunicarnos algo que ellos consideran significativo. Solo creo que lo que se experimenta es muy diferente con respecto al arte.

Quizá el mayor problema surja –y esto es algo que va in crescendo- cuando empiezan a aparecer cada vez más músicos (si es que se los puede llamar así) que no tienen nada para ofrecer. No se plantean si tienen algo para decir y lo dicen creando. De alguna manera, hacen canciones como quien vive "porque el aire es gratis". No tienen nada para importante para comunicar. En realidad ya ni siquiera algo importante, puesto que lo que de entrada ya está ausente es la intención de comunicar algo. La música entonces no se toma como un medio para expresarse, sino como el camino más fácil y rápido para convertirse en rico y famoso, en un star. Y son precisamente estos músicos a quienes más se les escucha llamarse a sí mismos "artistas". Es algo que resulta sumamente irritante y es precisamente este hecho el que me llevó a escribir estas páginas. La diferenciación, dentro de la música, de lo que es arte y lo que no lo es me parece capital, porque de otra manera todo, hasta la canción más estúpida e insustancial, acaba por ser llamada arte y esto es algo que me niego rotundamente a aceptar.

Horkheimer y Adorno refieren, en los primeros párrafos del capítulo sobre la industria cultural, que hubo un momento en que este tipo de creaciones no tenían ya que hacerse pasar por arte. Se están refiriendo sobre todo al cine y a la radio y de esta manera a la música que en ella se escucha:

"Film y radio no tienen ya más necesidad de hacerse pasar por arte. La verdad de que no son más que negocios les sirve de ideología, que debería legitimar los rechazos que practican deliberadamente. Se autodefinen como industrias y las cifras publicadas de las rentas de sus directores generales quitan toda duda respecto a la necesidad social de sus productos".

En la actualidad esta cuestión es más ambigua. La línea que separa industria de arte es mucho más fina y confusa. Las creaciones siguen definiéndose como productos de una industria, pero a su vez reclaman para sí mismas un lugar dentro del arte. Esto nos lleva al problema de la obra como arte, pero también como mercancía. La problemática es bastante compleja y genera un campo de discusiones –y seguramente, disensiones- imposible de tratar aquí. De todas maneras, viéndolo de una manera más general, a lo largo de la historia el artista siempre, de una forma u otra, "comerció" con su obra, ya sea en la actual industria cultural, en el capitalismo naciente del siglo XVIII, o en el mecenazgo del Renacimiento. Pero como dije es un tema complejo y abre un debate que estas pocas páginas no pueden cubrir.

Aceptemos entonces, al menos de momento, que es posible que la obra como arte conviva a su vez con su faceta de mercancía. Tomemos como natural el hecho de que una obra circule en el mercado. Esto, por supuesto, tiene sus ventajas y desventajas, pero creo que aún sigue dejando indemne la cuestión de que el artista crea una obra porque tiene algo que comunicarnos, algo trascendente. Y también deja indemne a aquél que, aún no siendo artista y sin pretender hacer arte, quiere comunicarnos algo y lo hace mediante la música. Lo que quiero decir es que, aún viviendo en una sociedad de consumo como la actual, las posibilidades del arte y la creación siguen estando (algo que ciertamente no creían Horkheimer y Adorno, citados aquí ya en dos oportunidades).

El problema empieza cuando la parte de mercancía la obra empieza a prevalecer sobre la parte artística. Y esto es lo sucede con la gran mayoría de la música actual. El problema no es que las obras se vendan en el mercado, sino que solo el echo de vender impulse a que se haga música. La política del "hit" es lo que hoy prevalece: hay que hacer canciones "lindas", pegadizas, no importa su contenido ni lo que comuniquen, solo basta que suenen en la radio. De tal suerte quien hace música ya no es un músico, sino un empresario; su instrumento ya no es más la guitarra o el piano, sino la calculadora.

Hace poco estaba viendo la televisión y me detuve por un momento en el canal MTV. Le estaban haciendo una entrevista a Britney Spears, famosa diva del pop. En un momento le preguntaron con quién le gustaría compartir alguna vez el escenario en un concierto. Su respuesta fue: "con Madonna, porque creo que tiene una visión muy buena de cómo manejarse en este negocio". No habló acerca de que Madonna tenga buenas cualidades como cantante, de que sus canciones le llegaron profundamente o de que la considere una excelente compositora; en definitiva de si le parece una gran "artista". No. Su respuesta apuntó a los negocios. Lo peor de todo es que un ejemplo como este no es la excepción, sino la regla. La música ya no es un medio para expresarse, es un negocio: pase y llévese todo.

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Este carácter de negocio que ha tomado el mundo de la música, o al menos una parte, aún siendo la mayoría, no cercena totalmente las posibilidades del arte y de quien quiera comunicar algo. Se hace bastante más difícil, pero creo que aún no se han cerrado todos los caminos para poder expresarse. Aún se pueden encontrar hombres y mujeres con intenciones de acercarnos significado y otros hombres y mujeres dispuestos a participar en esa comunión. Quizá el mayor desafío se encuentre en prestar oídos a esa música y hacer oídos sordos del hit momentáneo que resuena en la radio o la TV. No resulta por cierto fácil: de hecho yo escribí este artículo precisamente por el hastío que me genera el hecho de autodenominarse artista quien a través de su música no tiene el más mínimo significado para comunicar. Como he dicho, el arte es la búsqueda permanente de sentido. Y el sentido solo tiene "sentido" para quien intenta constantemente comprenderlo, interpretarlo y reinterpretarlo. Ni el mercado, ni la industria, ni los negocios pueden arrebatarnos el poder que tenemos para explorar nuevos mundos en busca de significado. Como dije, no es fácil, pero creo que depende más que nada de las propias intenciones que tengamos de darle significación a nuestras vidas. Quien se embarque en esta cruzada será aquel que quiera traspasar la dimensión de lo habitual y rutinario, aquel que haya entendido que "lo real" puede ser precisamente aquello que cotidianamente no vemos ni oímos. (*)

(*) Fuente: Este texto fue escrito por Juan Manuel Robledo en el contexto de la realización de la materia Principales Corrientes del Pensamiento Contemporáneo en la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires.

 

 

 

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