Hegel, la política y la guerra global, por Gabriel Kaplan

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La guerra no se detiene y, quizás, otro de los aspectos globales de Este Mundo sea el de la "guerra global".       El texto que presentamos a continuación corresponde a una ponencia dictada por Gabriel Kaplan en el Museo Roca, en la República Argentina, el 17 de octubre del año 2002.  La continuidad de la guerra, de hecho o como amenaza, es uno de las propiedades más ásperas de la realidad de Este Mundo. Por eso, estimamos conveniente presentar estas reflexiones en torno a la conflictividad bélica. En su conferencia, Kaplan vincula los conceptos sobre la guerra de los grandes y clásicos filósofos George Hegel y Emanuel Kant. Y luego se proyecta el concepto de contienda armada a la posible caracterización de nuestro tiempo como el de la "guerra global" y el censurable protagonismo de EEUU en este proceso.

 

 

 

   Quiero proponerles resumir algunos conceptos hegelianos sobre el tema de la guerra, en relación a la política y al derecho interestatal. Quizás nos ayuden a repensar algunas coyunturas que nos tocan vivir, y que son eje de debate en los medios de comunicación por estos días. Por ejemplo, se está discutiendo en las Naciones Unidas acerca de aprobar una eventual ofensiva militar de EEUU contra Irak, amparada en la necesidad de defender el sistema capitalista - democrático de la civilización occidental. También se cumplirá en pocos días el primer aniversario del comienzo de la invasión a Afganistán por parte del ejercito aliado, como respuesta o represalia al terrible y condenable atentado terrorista contra las Torres Gemelas. Paralelamente, en Medio Oriente, dos pueblos vecinos libran una lucha genocida a diario cuyo desenlace violento parece imposible de detener, y menos aún preveer que gravedad tendrá en el futuro. El odio mutuamente provocado por israelíes y palestinos, y a la vez alentado por otros vecinos que así evitan comprometerse, sigue creciendo como bola de nieve rodando por la montaña. Guillermo Hegel reflexiona sobre la guerra, al tratar la relación entre los Estados, una vez que estos internamente hayan alcanzado su desarrollo especifico que permite catalogarlos como tales En su libro "Fundamentos de la filosofía del derecho" publicado en el año 1821 (10 años antes de su muerte), el pensador germano esboza en su capítulo titulado sugestivamente "la soberanía frente a lo externo" algunas, por lo menos, incómodas ideas:

 

1) Si cada estado es independiente y autónomo, se plantea el problema del reconocimiento reciproco trasladado a nivel internacional. Coherentemente a como lo había planteado en etapas anteriores de su pensamiento, todo reconocimiento entre semejantes no es inmediato ni de tramite directo sino que requiere de pasos intermedios, tensiones, desgarros, en definitiva se plantea como una búsqueda dificultosa, una lucha entre ambas partes por conseguir que el otro la acepte tal cual es.
Previa a la famosa y ya mítica dialéctica del señor y el siervo, Hegel nos aclara que esa lucha de las autoconciencias independientes es a muerte, la cual se la piensa en el orden de lo simbólico, ya que si no la dialéctica caducaría. En el desenlace no hay empate posible: se gana como lo hace el amo, ya que arriesga su vida animal en pos de su libertad), o se pierde como el esclavo (que se ha resignado a su mera conservación biológica, por temor o miedo a morir en el enfrentamiento). En definitiva, el reconocimiento sería un objetivo resbaloso como la esmeralda perdida para Indiana Jones, si se me permite la metáfora no académica. En la mutua búsqueda por espejarse, el vínculo se torna inevitablemente conflictivo. Este panorama reaparece al comienzo de la Sociedad Civil. como 2da esfera de la Eticidad. Hegel puntualiza que allí se relacionan "individuos que son personas privadas, que tienen como fin su propio interés" (textualmente en el parágrafo 187), refiriéndose con ello a los burgueses egoístas, caracterizados por impulsarse a través una necesidad singular y especifica. El entrecruzamiento de dichas subjetividades atomizadas construye indirectamente la red colectiva (sociedad burguesa) que, como una telaraña, satisface los deseos específicos de sus miembros, a la vez que agudiza sus diferencias relativas. Es decir, la búsqueda del reconocimiento entre sus integrantes desemboca en una desigualdad real, tanto social como económica. Volviendo al tema que nos ocupa, la guerra será entonces un resultado inevitable del vinculo interestatal, ya que los Estados son los nuevos sujetos autónomos que se relacionan en este nivel (así como el amo y el esclavo de la Fenomenología o los burgueses individualistas de la sociedad civil). La tensión permanente es una consecuencia lógica, ya que "su relación tiene como principio su soberanía, de ahí que los Estados naturalmente se oponen" nos dice Hegel textualmente ya en el parágrafo 333.

 

2) Tradicionalmente, a este Hegel "belicista" se lo suele contraponer al Emanuel Kant "pacifista". Claro, a primera vista Hegel sería la contracara perfecta del optimismo kanteano acerca de la posibilidad real de construir una Federación de estados republicanos a través de un mandato racional, que permita suprimir todo conflicto entre las naciones. Es verdad que Hegel afirma que la posibilidad de la guerra esta siempre latente, aunque de hecho no suceda. Pero a la vez afirma que todo conflicto bélico será siempre transitorio y pasajero, que hay posibilidad de alcanzar un estado de paz provisorio. Ello se debe a que de hecho se logran tratados o convenios internacionales que lo permiten, aunque sean perecederos o de corta duración. Su caducidad reside en que, como dijimos antes, los Estados contrayentes naturalmente se oponen. En tal caso, la divergencia entre Kant y Hegel radica en la posibilidad o imposibilidad de alcanzar un estado de paz permanente entre los pueblos, respectivamente. Ambos (inclusive lo sostiene el propio Kant) coinciden en que la guerra es un paso inevitable en el camino para acceder a la paz. No por casualidad Norberto Bobbio explica al respecto, que en esta dupla de términos teóricos analizados en la historia del pensamiento, la guerra aparece normalmente mejor adjetivada o delineada que el estado pacifico. Al contrario, cuando se ha considerado a este ultimo se lo define por lo que no debería ser (ej: no violento, no peligroso, no inseguro, etc). Describir la guerra es menos problemático, ¿quizás se deba a que vivencialmente su matriz cala mas profundamente en el espíritu humano?
3) Hay dos causas,, nos aclara el pensador germano en el parágrafo 335, que generan principalmente el conflicto bélico entre Estados:
a) por un hecho real comprobable, que viola un acuerdo o pacto previo entre ambos.
b) por una ficción, que es la "representación de un peligro que amenaza desde otro Estado, para buscarse o procurarse en lo externo una materia para su actividad" (par. 334)
Según Claudio Cesa, este sería un pretexto para crear un enemigo común para varios Estados semejantes. Contemporáneamente a Hegel, un buen ejemplo de esto sería la Santa Alianza que firmaron Rusia, Prusia y Austria en 1815, para mantener la paz y el orden europeo con una propuesta conservadora y pro monárquica, ante los fantasmas revolucionarios de fines del siglo XVIII. O pensemos de nuevo en la reciente Alianza occidental de las grandes potencias (EEUU, Inglaterra y Alemania) contra un enemigo demonizado, asociado a las antípodas de su "style of life". Pelczynski comenta que dicho acuerdo será siempre pasajero de todos modos, ya que se sustenta en la "similitud ocasional del grado evolutivo civilizatorio, es decir que ahora (si se me permite la metáfora pre escolar) comparten el juego por ir a la misma sala. En algún momento, uno de ellos se desprende del resto por mejorar o declinar; y el acuerdo de "varios en contra de" se disuelve.
4) Por último, el conflicto armado es "un momento ético, no debe considerarse un mal absoluto" nos advierte Hegel en el parágrafo 324. La guerra cumple un rol positivo, indirectamente, en cada estado involucrado. Vale la pena releer textualmente esta nota al parágrafo 324:"la guerra es la situación en la que se acepta con seriedad la vanidad de los bienes y las cosas temporales (...) la solidez ética de los pueblos se mantiene en su indiferencia frente al fortalecimiento de las determinaciones finitas, así como el viento preserva al mar de la corrupción en que caería con una permanente quietud, lo mismo que los pueblos con una paz duradera o mas aun eterna"
Sin desperdicios. Con esta metáfora del viento, Hegel considera que la guerra sirve para poner a prueba a los sujetos, para que se atrevan a priorizar los intereses comunes por sobre los particulares y egoístas, que en esta situación límite cada uno pueda revalorar el bien publico por sobre los intereses mezquinos de lo cotidiano. Los pueblos se adormecen con la paz como el agua se estanca si no es movida a través de su superficie; la amenaza permanente de la guerra despierta el espíritu patriótico que vegeta en nuestro interior y obliga a unirnos contra el enemigo foráneo. Esta versión decimonónica de la teoría de los dos demonios ha sido utilizada en innumerables ocasiones en la historia política de la humanidad, para reafirmar artificialmente los lazos de pueblos disgregados internamente. Se me ocurre mencionar ahora la iniciativa que el tristemente célebre proceso de reorganización nacional (y militar) llevo a cabo en el año 1982 en nuestro país para invadir y reconquistar las islas Malvinas, kamikazee proyecto que buscaba reposicionar su poder ilegal ante los cuestionamientos en alza de la población. De hecho, obtuvo un éxito momentáneo siguiendo involuntariamente la lógica hegeliana: baste comparar las Plazas de Mayo contrapuestas del 30 de marzo y el 2 de abril. O revisar algo mas cercano en el tiempo, aunque mas alejados geográficamente: la precaria unidad de Yugoslavia, con su implosión de croatas versus serbios al caerse las mascaras de la nacionalidad forzada.
El sábado 17 de noviembre del 2001, José P. Feinmann escribió en su habitual contratapa de Pagina 12 un artículo titulado "Ni esclavos ni monstruos", parafraseando a Jean Paul Sartre. Alló reflexionaba sobre la guerra contra Osama Bin Laden, y decía lo siguiente:
"...a la globalización económica se sumará ahora la globalización militar. Todos deberemos estar al servicio de la reparación del orgullo de los Estados Unidos. Cosa que ya ocurrió a solo una hora de haberse derrumbado las Torres: el mundo entero se unió a una administración, digámoslo, fraudulenta, ya que será bueno recordar que este poderoso gobierno que hoy está al frente de la jihad norteamericana surgió de las elecciones más ridículas, más farsescas, más bananeras de la historia de ese país. El terrorismo, como suele ocurrir , legitimó lo ilegítimo: Bush, que era un impostor, es hoy el guerrero de Occidente contra la "barbarie islámica"."Entramos, de este modo, de la etapa superior de la globalización: la globalización bélica. Es decir, vivimos los tiempos de la globalización bélica como etapa superior de la globalización informática. Estados Unidos está en guerra contra el mundo: porque en cualquier lugar del mundo puede anidar el terrorismo."
Para cerrar mi exposición, no quería dejar de mencionar dos sentencias correlativas acerca del tema que nos atañe: Karl Von Clausewich sostuvo, en la época de Hegel, que "la guerra es la continuación de la política, pero por otros medios" o la revisión de Michel Foucault durante el siglo pasado que agregó : "la política es la continuación de la guerra, pero por otros medios", invirtiendo el orden de los factores. Todas estas reflexiones quizás nos ayuden a entender un poco mas la lógica no manifiesta que se esconde en la aparente locura e irracionalidad de actos tan pero tan.......humanos. Nada mas, buenas noches! (*)

 

 

(*) Fuente:  Ponencia dictada por Gabriel Kaplan en el Museo Roca, en la República Argentina, el 17 de octubre del año 2002.