A propósito de Bowling for Columbine

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"Un país bajo las armas" - Bowling for Columbine (2002)Aquí le presentamos dos artículos en torno al importante documental donde Michel Moore plantea el enigma de la sociedad norteamericana y su desmesurada capacidad de generación de violencia. Marcelo Dosa, autor del primer artículo, y quien gentilmente nos ha enviado estos dos textos, es director de la importante  Revista Cadáver Exquisito. En el número 11 de esta publicación, que actualmente circula por email, fue editado originalmente el primer artículo que presentamos. El segundo aporte pertenece al número 12 de Cadáver Exquisito. Su autora, Mercedes Agustina Nuñez (también integrante de la revista arriba mencionada), explora la explotación política del miedo en Estados Unidos, la guerra en Irak, y algunos paralelos, en cuanto al flagelo de la inseguridad, con la sociedad argentina.


 

Todo el mundo tiene derecho a tener armas en el país de los cowboys

por Marcelo Dosa

 

 

    Ganadora del Oscar al mejor documental, la película del periodista norteamericano recorre todos los aspectos que hacen a la sociedad estadounidense la más violenta del mundo. Un ejemplo de investigación periodística independiente que reformula los códigos del documental.

 

    El Oscar al Mejor Documental que ganó Michael Moore por Bowling for Columbine puso algo de justicia a esa ceremonia frívola y cobarde que coronó a Chicago como la película del año, postergando a Martin Scorsese y Pandillas de Nueva York. Moore tal vez haya logrado dos éxitos muy importantes con su discurso esa noche. En primer lugar, mostrar la cara híbrida de la sociedad norteamericana y su "mundo del espectáculo" –que por un lado deja sin un sólo Oscar al film de Scorsese por "políticamente incorrecto", pero por el otro premia al corrosivo documental de Moore para no serlo y evitar la acusación de censura. Y en segundo lugar hacer popular el género documental con una investigación fabulosa e inteligente sobre la cultura de las armas en Estados Unidos.

¿Las referencias a Bush y su gobierno ilegítimo al retirar la estatuilla? Una buena estrategia publicitaria. Desde una semana antes a la entrega se conocía una carta abierta al presidente norteamericano enrrostrándole las mismas acusaciones. Y ni que hablar del próximo documental que está encarando Moore –Farenheit 911- sobre las escandalosas relaciones entre Bush padre y Bin Laden, aún dos meses después de los atentados a las Gemelas.

El documentalista norteamericano nos acerca su trabajo más impactante en momentos en que la Guerra del Golfo II levanta las peores críticas a la "política exterior" estadounidense. Y la película es un suceso allá donde se presenta: ovación cerrada en el Festival de Cine de Mar del Plata, un millón de personas viendo un documental en Francia y Alemania, una recaudación de veinte millones de dólares en la propia tierra de Bush (para una película de un presupuesto de cuatro millones) y, la reacción más cercana para mí, la ira de un espectador norteamericano en la función de estreno del Abasto de Buenos Aires. Creánlo o no, pero en la exhibición que yo presencié, un espectador norteamericano sentado justo detrás mío se cansó de las carcajadas irónicas del público y, luego de una escena en la que la platea festejaba la caída de las Torres Gemelas les gritó desaforado: "Fuck you", arrojó su pochoclo –pop corn, obviously- sobre la gente y finalmente pateó mi sillón. En otras circunstancias se hubiera armado una trifulca, pero la película es tan vertiginosa y entretenida que nadie se molestó en enfrentarlo y dejó que se perdiera por la puerta de salida. Eso sí... más de uno fantaseó con que el sacado volviera con una escopeta y nos matara a todos. Porque Bowling for Columbine provoca todo eso. Y una certeza concreta: la sociedad norteamericana está demente.

Pero antes de dedicarse a la película es mejor reseñar un poco quien es éste Jorge Lanata americano –pero con mucha más movilidad física- que se arriesga a enfrentar a gente tan peligrosa como las brigadas armadas del Medio Oeste norteamericano o el presidente de la Asociación del Rifle, Mr. Charlton "Moisés" Heston; todo eso para ponernos delante de las pruebas documentales que nos permitan inferir cuales son las causas de tanta violencia americana. Porque esa es la mayor virtud de Moore: el no imponernos una visión única del asunto –tal vez él se juegue por la hipótesis de una sociedad miedosa desde sus orígenes- y ofrecernos todos los parámetros para que nosotros arribemos a nuestras propias conclusiones.

Michael Moore es, además del director y protagonista del documental ganador del Oscar, un periodista que inició su carrera polémica y comprometida a fines de los 80. En ese momento presentó el documental Roger and me, pieza sobre el cierre en su pueblo natal de una planta de General Motors que dejó a 30.000 obreros sin empleo, destruyendo la economía del lugar. Sus investigaciones tomaron un curso similar al del No logo –libro de la canadiense Naomí Klein sobre la globalización- cuando empezó a preocuparse por las compañias multinacionales. De esa época es su film The big one, que denuncia a Nike por explotación del trabajo infantil en Indonesia, obligando a la compañia a reformar sus prácticas esclavistas. Luego vinieron su contratación en NBC y Fox, cadenas que no quisieron desaprovechar su figura. Actualmente tiene 49 años y unos cuantos kilos de más y es el mayor opositor junto a Mailer, Pean y tanto otros artistas a la política de los republicanos.

En Bowling for Columbine Moore toma como punto de partida a una masacre escolar. Dos chicos que deciden un día y porque sí –aún hoy no se conocen las causas- entrar a su colegio y asesinar a balazos a una docena de compañeros y un docente. Esto "dispara" su investigación que se va abriendo por diversas ramas, una más interesante que la otra. Hasta llevarlo incluso a Canadá para comparar sus conclusiones con los hábitos de vida de otro país diferente a los Estados Unidos. La recorrida va de lo micro a lo macro. De los casos particulares –perros armados que hieren personas, bancos que regalan rifles al abrir una cuenta, el hermano declarado inocente de Timothy Mc Veight, la campaña personal de Charlton Heston a favor de el libre uso de las armas- se pasa, mediante infinidad de recursos, a fenómenos masivos: la cantidad de asesinatos anuales en Estados Unidos, el control de armas en las escuelas, la violencia racista, la incitación de la televisión. En la mitad del film surge una revelación que resulta escalofriante: en los Estados Unidos el índice de delincuencia ha bajado un 60 % pero la presencia en los medios de noticias policiales aumentó un 800 % en los últimos años. ¿Paranoia incitada? ¿Intento estatal de restringir las libertades de una sociedad en complicidad con los medios? ¿Consecuencia doméstica de la filosofía del ataque preventivo anticipada por escritores como Orwell o Dick (del que se versionó tiempo atrás Minority Report)?

Entre los momentos destacados del documental se encuentra una seguidilla de las incursiones bélicas norteamericanas en otros países y la cantidad de muertos que produjeron. La incoherencia de su política exterior que financia dictadores y terroristas para luego bombardearlos. Y el -difundido por la televisión argentina- dibujo animado que parodia a la historia de la sociedad norteamericana como una nación de cobardes que disparan primero y luego preguntan.

Bowling for Columbine es por momentos hilarante. Sus primeros quince minutos son de lo más desopilante que se haya visto por éstas tierras. Combina la ironía, forma contundente de dejar al descubierto la injusticia, con la investigación periodística comprometida. Explota el sentimiento antinorteamericano de una forma valiente –no olvidarse de que Moore es un norteamericano descendiente de irlandeses- y el disfrute que nos causa descubrir que la sociedad más poderosa y sojuzgadora del planeta está llena de idiotas. Y le ofrece al espectador todas las pruebas para que hilvane su propia hipótesis. Tiene una belleza de imágen muy diferente al documental tradicional. Un ritmo alocado y cruel para con quienes quiere denunciar. Es largo y no tiene desperdicio. Bowling for Columbine es un documento fundamental para explicar a las generaciones futuras la barbarie del siglo pasado y de éste que comienza.

El final nos deja en pleno desconcierto. ¿Qué pensarías si al espiar las cosas de tu jefe que te desprecia encontrarás que tiene el escritorio lleno de armas? ¿Alguien tiene alguna duda sobre quien es el jefe en nuestro planeta? (*)

 

(*) Fuente: Publicado originalmente en Revista Cadáver Exquisito Numero 11.

 

 

Michael Moore, el director de Bowling for Columbine, manipulando un arma, reflejo de la obsesión norteamericana por una peligrosa seguridad

 

LA SELECTIVA POLÍTICA DEL MIEDO
Por  Mercedes Agustina Nuñez

Un nuevo paradigma empieza a dominar al mundo. Y la inseguridad y el miedo son sus caballitos de batalla. La ultradifusión de noticias sobre delitos con violencia física acalla otro tipo de violencias que gozan de menos prensa y tienen influencias más vastas y nefastas sobre el futuro de la libertad. Un viaje a lo nuevo de las sociedades de control.

 

    En Bowling for Columbine, Michel Moore describe al miedo como el recurso ideal que utiliza el poder político para manipular a la sociedad norteamericana, así como también uno de los posibles factores que mejor explican la violencia radicada en dicha comunidad. En realidad, es probable que lo que el periodista circunscribe al suelo estadounidense constituya una herramienta bastante más difundida. Primero, pensemos por un momento cuántos discursos, no sólo mediáticamente sino también en charlas de café y oficina, escuchamos acerca del tan mentado tema de la inseguridad, vinculado tan de cerca al temor. Segundo, pensemos a qué se hace referencia cuando hablamos de inseguridad: la mayor parte de las veces, se alega acerca de la posibilidad de ser víctima de un delito violento. Sin embargo, la difusión de esta "política del miedo" sumada a la asociación inmediata entre inseguridad y criminalidad presentan dos graves problemas: por un lado, la aceptación casi total de recursos que invaden por sobre nuestras libertades individuales y derechos como el de la intimidad; por el otro, el desvío de nuestra atención hacia otra clase de inseguridades como la alimentaria, la política, la laboral o la jurídica.

 

Desde tiempos inmemoriales

Tal vez, el recurso de la política del miedo sea tan antiguo como la Biblia: no mirar atrás para no ser convertido en estatua de sal era el mandato para aquellos que huían del castigo divino en las ciudades de Sodoma y Gomorra, según el Viejo Testamento. Y si antes era el temor a Dios hoy es el miedo al terrorista islámico o al ladrón de la villa.

Pero también podemos pensar, como Julián Marías lo hace, que la inseguridad es tan anciana como la vida humana. El filósofo sostiene que nuestra existencia es contingente: como especie nunca dejamos de ser prescindibles. Es decir que, desde su origen la vida, revela su condición de insegura porque, aunque efectiva, siempre está condicionada por la muerte. De esta manera, tanto la incertidumbre de nuestra existencia como la utilización de esa inseguridad a través de la manipulación del temor ante la muerte constituyen dos elementos inherentes a nuestra condición de seres humanos.

 

Inseguros

 

Parece difícil no hablar de nuestras vidas sin olvidar nuestros mortales miedos. Pero: ¿Todas las inseguridades cuentan de la misma manera?

 

Primero, pensemos qué pasa en estas pampas: el aumento de la delincuencia es un dato tan innegable como el crecimiento del desempleo y los indicadores de pobreza. En el 2002, hubo 260 secuestros express en la provincia de Buenos Aires, donde la cifra de homicidios dolosos creció en un 127% durante la última década, según cifras oficiales. Por su parte, hasta octubre del año pasado, el desempleo había alcanzado en todo el país el 17,8%, mientras que según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) el 40% de los argentinos viven con menos de un dólar diario. El paralelismo entre estas estadísticas invita al debate acerca de dónde está el foco de la inseguridad: si en la cantidad de víctimas muertas en homicidios dolosos o en la cantidad de muertes generadas por la inanición. Cuando la sociedad y los medios hablan de inseguridad referida a la criminalidad pueden llegar a vincularla con los problemas de ocupación y con la creciente situación de indigencia, pero olvidan destacar que estos fenómenos también nos hablan de inseguridades como la laboral o la alimentaria. La precarización del empleo sumada a la regresión en la distribución del ingreso supone un panorama de una incertidumbre probablemente aun más grave que la vulnerabilidad desde el punto de vista penal. En cuanto a la creciente hambruna mundial, es la Food Alimentary Organization (FAO) quien utiliza el término "inseguridad alimentaria" al referirse a los 6 millones de niños de menos de cinco años que mueren anualmente por inanición alrededor de todo el mundo. Pero parece que esa clase de índices no son los suficientemente consistentes para generar miedo.

 

Ahora, reflexionemos sobre los fenómenos que tienen lugar en la tierra del Presidente George W. Bush, donde la vulnerabilidad a ataques terroristas amerita el desarrollo de un sitio web gubernamental que tiene la finalidad de difundir medidas de seguridad (www.ready.gov). Cuando criticamos la paranoia norteamericana, podemos llegar a ser injustos al olvidar que al menos 3000 norteamericanos murieron el 11 de septiembre de 2003 como consecuencia del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. Pero la aceptación del lógico miedo después de semejante tragedia, no debería implicar la tolerancia frente a las acciones "preventivas" ordenadas por el presidente norteamericano que asesinaron 1300 civiles iraquíes, hirieron a otros 5000 y dejaron a 3.000.000 de mujeres y niños en condición de urgente ayuda humanitaria, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Huelga decir que los iraquíes también tienen derecho a tenerle miedo a Estados Unidos, así como también señalar que hubiese sido bastante más funcional a la vida humana que esas "prevenciones" se hubieran realizado mucho antes y en otros ámbitos, por ejemplo, al momento de venderle las armas al dictador Saddam Hussein, antes y durante la guerra contra Irán. En realidad, difícilmente podamos argumentar que se ha tratado de una cuestión de "no reflexión" por parte del Departamento de Estado norteamericano, sino más bien que efectivamente se pensó pero, como siempre, en términos de imperialismo y dominación.

La intervención militar norteamericana en suelo iraquí encontró en casa otros modos para hacerse sentir. Es que la supuesta vulnerabilidad ante el potencial peligro terrorista ha inspirado una serie de medidas que terminan conspirando con otras clases de (in)seguridades como la jurídica o la política. Como parte de la aplicación de la "Ley Patriótica", los encargados de seguridad nacional han armado una lista de 13.000.000 de nombres para ayudar a "identificar a aquellos extranjeros que son inadmisibles o deportables", según lo describió el Presidente Bush. El documento incluye 20.000 nombres de sospechosos identificados por el Departamento de Estado a partir de los atentados en Nueva York y combina las listas antes confeccionadas por el Servicio de Aduanas, el Servicio de Inmigración y Naturalización y la agencia antidrogas (DEA). Como parte de esta búsqueda de información, el FBI está forzando a los bibliotecarios del gran país del Norte a dar información acerca de las lecturas de sus usuarios lo que constituye una grave violación al derecho a la intimidad y, aun más, a la libertad de pensamiento. Pero, tal parece, interesarse por cierta literatura invita a medidas "preventivas". Afortunadamente, todavía quedan focos de "rebeldía": en una entrevista con The New York Times, Anne M. Turner, directora del sistema de bibliotecas de Santa Cruz en California, afirmó negarse junto a otros 225 de sus colegas a otorgar información expresando: "Estoy más aterrorizada por tener atropellados mis derechos de la Primera Enmienda sobre la información y libre expresión, que por el tipo de atentados terroristas que se han realizado hasta ahora".

Un recurso "selectivo"

El miedo, un sentimiento tan humano como la vida misma, parece estar resultando más funcional a la derecha que a la izquierda. Por lo menos, es lo que observamos si comparamos las victorias ideológicas de la derecha tanto de Estados Unidos como de Argentina en detrimento de la postura "progresista" en esos mismos países. La línea más conservadora parece tener más "rating social" con sus argumentos en pos de la "seguridad", aun cuando tenga límites tan acotados como la protección respecto de la violencia física y eso implique la opresión sobre personas inocentes e incluya atropello sobre otros derechos. En cambio, el foco teórico desde el ala contraria respecto de otra clase de inseguridades como la alimentaria (frente a los dramáticos números del hambre), la laboral (como consecuencia del creciente desempleo estructural tan globalizado como McDonald’s) y la jurídica (ante el avasallamiento de libertades y derechos) no parece conseguir el mismo consenso social ni mediático. Parece que el miedo es igual de humano para todos, pero que no todos pueden hacer un igual uso como argumento para fundamentar acciones políticas.
(*)

 

(*) Fuente: Publicado originalmente en Revista Cadáver Exquisito Numero 12.