En las nuevas costas del Bioarte. Entrevista a Eduardo Kac, creador del arte transgénico

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“Génesis”, una obra de Eduardo Kac. Luego de crear  un modelo de bacteria en una computadora se proyecta y amplifica la formación bacteriana en una pantalla con forma esférica. A la izquierda, una sucesión de letras que simula el código del ADN. Eduardo Kac impulsó fuertemente una corriente peculiar de la creación artística que hoy se denomina Bioarte. Una gran polémica causó Alba, una conejita que, mediante un proceso de manipulación genética, le fueron introducidas moléculas de medusa capaces de irradiar un tenue luz verdosa en un ambiente de oscuridad. Se habló entonces de la creación del primer conejo fluorescente de la historia. El bioarte no pretende que el arte imite a la ciencia, sino que la ciencia desarrolle un proceso de expresividad artística capaz de superar su dimensión utilitaria. Es una variante de la actividad artística que merece ser meditada para entender sus significados y elaborar una posición sobre la trascendencia de sus aportes. En la entrevista que sigue a continuación a Kac, se presentan ideas y fundamentaciones de la contemporánea práctica del bioarte.

Esteban Ierardo

 

 


EN LAS NUEVAS COSTAS DEL BIOARTE
Entrevista a Eduardo Kac, impulsor del llamado arte transgénico
Entrevista por José Luis Vicente

BARCELONA.- Eduardo Kac es un artista desesperado por recuperar su mejor creación. La obra, sin embargo, no está en poder de ningún coleccionista ni ha sido robada por ladrones de arte. Se llama “Alba”, y pasa sus días encerrada en una jaula del Instituto de Investigación Agronómica de Francia. Alba es una coneja muy especial: en determinadas circunstancias, su piel desprende un fulgor verde, como si se tratase de una luciérnaga. La creación por parte de Kac del primer mamífero fluorescente ha desatado una ruidosa polémica que mantiene a Alba “secuestrada” en su lugar de nacimiento. ¿Es lícito utilizar las discutidas técnicas de manipulación genética en nombre del arte?

Kac con la coneja Alba. Tras trabajar en campos como la robótica y la telemática, este profesor del Instituto de Arte de Chicago anunció en la edición del 99 del festival Ars Electronica la fundación de una nueva disciplina creativa: el arte transgénico. ¿Su tesis? Si los avances de la genética van a cambiar por completo nuestra sociedad, la única manera de reflexionar sobre estos cambios a través del arte es utilizando las mismas herramientas y técnicas que los científicos.

Hace dos años, Kac propuso al festival digital de Avignon un provocador proyecto: crear un conejo cuyos genes hubiesen sido modificados con proteína verde fluorescente (GFP), una sustancia extraída de las medusas, con el fin de que brillase en la oscuridad. Hay que decir que la mayor parte del tiempo Alba es una conejita perfectamente normal; sólo cuando está expuesta a “una luz azul con un nivel de excitación máximo de 488 nanómetros”, su piel emite un resplandor verdoso.

Pero el nacimiento de Alba no suponía el final del proyecto. Para Kac, la obra no consistía en crear un ser transgénico sino en convivir con él y provocar un gran debate alrededor de su existencia. El debate se produjo (no hay más que visitar el foro de su página web), pero la convivencia no ha sido todavía posible. Asustados por las fuertes críticas que recibió el experimento, los responsables del centro francés en el que Alba fue creada se echaron atrás y no entregaron el animal a Kac, que pretendía llevárselo a Chicago y convertirlo en la mascota de su familia. Mientras intenta conseguir su “liberación” el artista brasileño trabaja en una nueva obra, un “ecosistema transgénico.”

Diario del Navegante: Usted está acostumbrado a que su trabajo produzca un fuerte rechazo. ¿Cómo defiende el proyecto de Alba ante los que le consideran una especie de Antinori del arte?

Eduardo Kac: Por un lado, me gusta explicar que ciertas cosas que consideramos naturales y damos por sentadas han sido en realidad creación del hombre. Un ejemplo es el perro doméstico, el animal de compañía al que el hombre ha ido “moldeando” a lo largo de cincuenta mil años, para acabar convirtiéndolo en lo que es hoy, un ser que no existía originalmente en la naturaleza. En cierto sentido, se trata de un organismo artificial.

Además, todos los hombres emitimos luz, todos desprendemos luminescencia. Si acercas las palmas de tus manos sin que lleguen a tocarse, sientes un calor, ¿verdad? Ese calor es luz infrarroja. Ciertos animales pequeños e insectos pueden verla. Para estos animales nosotros no tenemos esta forma bien definida, sino un aura luminosa. La bioluminescencia es una característica que ya está presente en los mamíferos.

Finalmente, la queja más habitual que se me plantea es que “el conejo no podía escoger” si quería ser transgénico. La respuesta evidente es que ninguno de nosotros hemos podido elegir ninguno de nuestros rasgos físicos ni intelectuales: ni nuestro color de pelo, ni nuestra piel, ni nuestro carácter. No hay ninguna diferencia; la naturaleza tampoco te deja escoger. Además, la apariencia de Alba es perfectamente normal. En la inmensa mayoría de situaciones, nada la diferencia de resto de conejos.

DN: Pero éstas no son las únicas críticas que su trabajo ha recibido. Un artículo reciente de la revista Wired arrojaba muchas dudas sobre su historia. Una de las cosas que sugería era que en un sentido estricto Alba no existía, que no era más que un conejo tomado de entre cientos de un proyecto científico desarrollado independientemente por el centro que la creó, con vistas a aplicaciones concretas.

EK: No, yo concebí el proyecto y se lo propuse a Louis Bec, el director del festival de Avignon. No hay duda de que el proyecto es mío. Pero es evidente que la razón por la que trabajamos con el INRA es porque ya trabajaban con conejos transgénicos y con GFP. Yo nunca dije que Alba fuese el primer conejo transgénico con GFP. La diferencia es que a los científicos no les interesa extender sus efectos a todo el cuerpo, porque no tiene ninguna aplicación práctica. Habitualmente la usan en sitios expecíficos del cuerpo del conejo, para estimular cosas como la producción de proteína de leche, acoplando el GFP a un gen ligado a la producción de esta proteína. Para que se produjese la luminescencia yo necesitaba que extendiesen sus efectos a todo el cuerpo, y eso es algo que normalmente no hacen.

DN: Usted emplea las herramientas de la ciencia para crear arte. ¿Cuál es la relación que su trabajo establece entre vías artísticas y vías científicas? Se supone que ambos campos tienen objetivos muy distintos.

EK: Cuando hablamos de la ciencia creemos que hablamos solamente de tecnologías que no están difundidas en la sociedad. No decimos que los artistas que trabajan con el vídeo o con el ordenador están haciendo ciencia, porque estas tecnologías son bien conocidas. En mi caso yo trabajo con algo que se desarrolló en el contexto científico, igual que Internet, el ordenador o el vídeo, pero mi mensaje no es un mensaje científico; es una reflexión sobre los cambios de la percepción, los cambios culturales y políticos, las implicaciones filosóficas producidas por la expansión y la modificación de la percepción del ser humano... hago arte que habla de cosas humanas, como todos los artistas.

“Quiero crear nuevas realidades”

DN: El arte transgénico supone la penúltima gran revolución en el mundo de la creación digital. Pero usted lo ha considerado siempre una reacción contra éste. ¿Cree que los caminos del arte electrónico “tradicional” están agotados?

EK: Creo que nos encontramos en el crepúsculo de lo digital, la revolución digital está completa, y todas sus fases ya han tenido lugar. Lo que no quiere decir que no se vayan a seguir produciendo cambios a través del aumento del ancho de banda, la convergencia de las tecnologías y el auge de los dispositivos portátiles.. Pero no serán rupturas, sino expansiones. Significativas, pero no radicales. En lo que respecta al mundo del arte, el medio digital se ha convertido además esencialmente en un mecanismo de representación a través del texto, la imagen y el sonido. Pero a mí lo que me interesa es pasar de la representación a la presentación, que las creaciones salten de la pantalla al espacio físico. Por ejemplo, en una obra anterior llamada “Genesis”, creé en mi ordenador el modelo de una bactería y se lo envié por correo electrónico a la compañía que la sintetizó, y ésta me la devolvió de manera física.

Este salto de la pantalla al espacio físico me parece lo más radical, pasar del interés por reproducir la realidad a crear nuevas realidades. Yo quería saltar de la pantalla al espacio físico. Seguir utilizando los medios digitales, pero de una forma mas intensa, estableciese una conexión entre lo físico y lo virtual, entre lo biológico y lo tecnológico. Pretendo crear un universo dinámico entre los dos para romper las fronteras y entrar en una nueva ecología.

DN: Este concepto de “nueva ecología” es la base de “El Octavo Día”, la nueva obra que presenta en octubre...

EK: “El octavo día” consiste en una semiesfera en la que podemos encontrar una ecología transgénica formada por ratones, plantas y peces. Todos han sido modificados con el gen de la medusa y al igual que Alba producen un brillo verde cuando son expuestas a la luz azul. Pero además, he introducido en la semiesfera un “biobot”. Desde el 97 vengo creando máquinas que son el opuesto del cyborg; es decir, en vez de integrar la tecnología en un ser vivo, se trata de un robot en el que he integrado un grupo de amebas. El biorobot se mueve en el espacio de acuerdo con la actividad de estos organismos, pero también podremos dirigir un poco su dirección desde una página web.

Ni las amebas ni nosotros tendremos control total sobre el dispositivo, con lo que el robot se convierte en un lugar de interacción entre organismos y participantes. Además, el biobot incorpora una cámara a través de la que tendremos una perspectiva en primera persona del ecosistema transgénico. Los animales transgénicos han sido creados por un equipo de 18 científicos de la universidad de Arizona.

DN: Por último, buena parte del efecto de su trabajo reside en su facilidad para suscitar la polémica y despertar reacciones viscerales. Sin embargo, hace poco una compañía anunció que pretendía vender gatos modificados genéticamente para personas alérgicas a estos animales. ¿No le preocupa que con cosas como ésta la sociedad asimile en poco tiempo el discurso de sus obras y su trabajo pierda capacidad de impacto?

EK: Si, además en Singapur se están creando peces decorativos con colores y diseños que no existen en la naturaleza usando la GFP, la misma proteína que hace a Alba fluorescente. Es inevitable que la publicidad, el mercado, los medios asimilen con rápidez el discurso del arte de vanguardia. Los dibujos animados parodiaban la estética del surrealismo (a Max Fleischer le gustava mucho el surrealismo), y el ‘pop art’ fue convertido muy pronto en camisetas y merchandising. Pero todo esto no altera el propósito de mi trabajo. Lo gracioso es que yo bromeaba desde hace más de un año con la posibilidad de los gatos para alérgicos, pero nunca se me hubiera ocurrido que alguien lo fuera a intentar en la realidad. En cualquier caso yo no podría haberlo hecho, porque mis proyectos no pretenden ser útiles; son intervenciones simbólicas. (*)

 

 

(*) Fuente: Entrevista de José Luis Vicente, "Eduardo Kac, artista electronico", el creador de seres imposibles", originalmente publicado en El Mundo, Madrid, Lunes, 10 de septiembre de 2001.