Heidegger: ¿un teórico de la ecología?, por Ricardo Pobierzym

strict warning: Only variables should be assigned by reference in /home/temakel/public_html/modules/links/links.inc on line 1121.

Heidegger meditó el olvido del ser. Pero también, al menos en algún recodo de su pensar, pensó en otro sendero olvidado de lo real: el mundo animal. Aquí, Ricardo Pobierzym nos acerca un latido muy poco conocido del pensador alemán. Pobierzym es un profesor argentino de filosofía contemporánea. Cursó estudios en la universidad alemana de Eijstatt en 1999. Actualmente, investiga la imbrincación naturaleza y ecología en Heidegger. Ahora, en Temakel, nos guiará hacia el filósofo de los ensayos de Caminos de bosque en el momento en que éste advierte que "hemos prescindido por completo del problema de la esencia de la 'vida', de la animalidad, del ser de las plantas".
 

 

HEIDEGGER: ¿UN TEÓRICO DE LA ECOLOGÍA?
Por Ricardo Pobierzym

 

"¿Habrá sido Heidegger, a fin de cuentas, el primer teórico de la lucha ecológica?" Dicha pregunta la formula Rene Scherer al principio de su texto denominado El último de los filósofos (1), escrito éste, que indaga sobre el camino meditativo del pensador alemán.
"Si en algún sentido puede tomarse este pensamiento como inactual - prosigue Scherer - no es porque se oriente hacia la expresión de una verdad eterna, sino porque rompe con una cierta idea de la historia y de su evolución, así como con las convicciones progresistas de la que ha vivido el pensamiento europeo posterior a Kant y Hegel."
Y es que las meditaciones sobre la cuestión del ser que ha desarrollado Heidegger a lo largo de su periplo filosófico se encuentran íntimamente entrelazados con el despliegue y la expansión de la tecnociencia occidental. Por ello el escritor francés afirma que: "El señorío del hombre sobre la naturaleza no tiene ante sí el radiante porvenir que le prometía la ciencia al alborear los tiempos modernos y que hace algunos decenios se presentaba todavía como una perspectiva inobjetable. Perturba la conciencia actual el peligro que una industrialización desenfrenada hace correr a la naturaleza, a la tierra, a las condiciones de la vida humana sobre el planeta."(2)
Por esta razón se puede sostener que la reivindicación de una "lucha ecológica" puede estar esencialmente ligada con el pensamiento deconstructivo que apunta hacia la recuperación de la pregunta por el olvido del olvido del ser, es decir, por la posibilidad de poder pensar la diferencia entre ente y ser.
El propio Heidegger en la conferencia Superación de la metafísica afirma que "la técnica como forma suprema del estado de conciencia racional, interpretado técnicamente, y la ausencia de meditación como incapacidad organizada, impenetrable a ella misma, de llegar a establecer un respecto con lo digno de ser cuestionado se pertenecen mutuamente: son lo mismo." Por ello mismo se puede afirmar que los alcances de dicho estado de conciencia, el halo de ignorancia, que acosa de modo inescrupuloso al hombre contemporáneo está fundamentado a partir de las "maquinaciones (Machenschaft) que organizan esta imposición y la mantienen en el dominio" provienen precisamente "de la esencia de la técnica, palabra que aquí se identifica con el concepto de metafísica que se está consumando. La uniformidad incondicionada de todas las humanidades de la tierra bajo el dominio de la voluntad de la voluntad explica el sinsentido de la actuación humana puesta como absoluto."(3)
De lo afirmado por el pensador alemán se puede concluir que en los comienzos de este siglo XXI la globalización tardomoderna trae aparejado el fenómeno de la "devastación de la tierra" y el ciego desenfreno de la voluntad de poder que se irradia desde los dispersos "centros" administradores de la insignificancia y del vacío de sentido que impera y domina a la vida de los pueblos. ¿Heidegger, primer teórico de la lucha ecológica? ¿Pero cuál es el sentido y el grosor ontológico que fundamenta a dicho término?
"He aquí un planteamiento- prosigue Scherer- que a primera vista podría parecer descabellado o fútil a aquellos que fundan la dignidad del pensamiento filosófico en el desprecio por lo periodístico y lo cotidiano. Pero la incongruencia desaparece desde el momento en que nos abrimos a las sorprendentes resonancias existentes entre la obra del pensador y los problemas que suscita la información ecológica, resonancias que afectan al plano mismo del lenguaje." (4)
En una línea argumentativa parecida a la de Scherer, Kah Kyung Cho en un trabajo titulado Die ökologische Suggestibilität der Spätphilosophie Heidegger (5) va más lejos aún cuando afirma que en Die Grundbegriffe der Metaphisyk (6) se aborda directamente la temática del mundo-entorno (Umwelt) de los seres vivos relacionándola en una aguda meditación en referencia a la cuestión ecológica. Según Kah Kyung Cho, a partir de las meditaciones esbozadas en los Grundbegriffe der Metaphysik (lección ésta dictada en Friburgo entre los años 1929/30) Heidegger se habría adelantado como medio siglo a lo que, posteriormente, serán los reclamos críticos que los movimientos verdes (die Grünen) realizaron en el parlamento alemán intentando reivindicar una política ambientalista fundamentalmente crítica en lo que se refiere al supuesto darwinista de la ecología.
 Se trata de reivindicar en todo su derecho a la ecología como aquella disciplina que trata sobre "la investigación de en dónde y cómo están los animales en su casa, su modo de vivir con referencia a su entorno."(7) Ahora bien: ¿En qué sentido defiende Heidegger a los seres vivientes y cómo realiza la mentada crítica al darwinismo? Para empezar en Die Grundbegiffe der Metaphysik se emprende la tarea consistente en una
meditación que intenta dilucidar el fenómeno del mundo. Para ello Heidegger formulará las tres siguientes tesis: 1) La piedra es carente de mundo; 2) El animal es pobre en mundo; 3) El hombre es conformador de mundo. De estas tres proposiciones la tesis central será la que intente, de algún modo, esbozar las posibilidades de una filosofía del organismo, es decir, un tipo de meditación que indague sobre el modo de ser de los seres vivos.
En este aspecto ya en el & 10 de Ser y Tiempo Heidegger había afirmado que "la vida es un modo peculiar de ser pero esencialmente sólo accesible al Dasein". Pero en este sentido era imprescindible advertir que "la vida no es un puro estar-ahí (pures Vorhandensein) ni tampoco es un Dasein." La vida y, consiguientemente, los seres vivientes tan sólo podían ser definidos en dicha obra a partir de una "interpretación privativa". Ni siquiera en un curso dictado en el semestre de 1928/29 que lleva por título Introducción a la filosofía Heidegger se anima a definir positivamente el fenómeno de los seres vivos. Es por ello que en dicha obra todavía se afirma que: "Hemos prescindido por completo del problema de la esencia de la "vida", de la animalidad, del ser de las plantas. Si somos honestos, habremos de confesarnos que hoy no tenemos ni idea de cómo habría que plantear siquiera estas cuestiones, ni mucho menos, naturalmente, de la respuesta que habría que darles."(8)
Pues bien; un año más tarde se intentó el revocamiento de dicho escepticismo en la Vorlesung de los Grundbegriffe der Metaphisyk. Es por ello que la tesis "el animal es pobre en mundo" será objeto de investigación y desarrollo que se extenderá a lo largo de 26 parágrafos. Obviamente, que no es éste el lugar para poder realizar un minucioso análisis en lo que compete a los resultados a los que arriba Heidegger en esta obra. Simplemente intentaremos resumir algunas de las ideas claves que aquí se plantean.
Para empezar las tres mentadas tesis tienen como común denominador el fenómeno del mundo. Por esta razón Heidegger afirma que "la pregunta ¿Qué es el mundo? No es arbitraria sino que en ella se intenta desplegar un auténtico preguntar metafísico." Por lo que se refiere a la tesis que versa sobre el animal, aunque bajo dicho nombre (das Tier) el pensador alemán hace referencia al conjunto de todos los seres vivientes, incluidas las plantas y los microorganismos, la misma (por ser una tesis de índole
metafísico) no proviene de la biología (por ser una ciencia) pero tampoco puede ser discutida independientemente de la misma. Es sumamente interesante tener en cuenta que en esta lección Heidegger intentará (tal vez por primera y única vez...) reivindicar la positividad de las ciencias biológicas. En efecto; se trata de hacer hincapié sobre "la variedad y vivacidad de la investigación" que tiene como referente a la vida. En viva discusión con biólogos e investigadores de la talla de Driesch, Buytendijk y Jacob v. Uexküll, se acentuará la necesidad que tienen las ciencias biológicas de "asegurar y devolver al modo de ser de la planta y el animal su carácter propio." Es por esta razón que, entre las ciencias naturales, "la biología intenta protegerse contra la tiranía de la física y de la química". La lucha que emprende la biología contra estas ciencias se debe a la razón de que desde las mismas no es posible comprender el fenómeno de la "vida" ("Leben") en cuanto tal.
Las ciencias biológicas necesitan, pues, conquistar su propia esencia. Pero aquí no se trata de reivindicar algo así como "un vitalismo positivista" sino, en todo caso, se intenta establecer una interrelación entre la investigación positiva y la filosofía tratando de comprender que "la interna unidad de ciencia y metafísica es una circunstancia del
destino.
Retomando la tesis que versa sobre el animal en tanto pobre en mundo, aquí la pobreza no deberá ser concebida como jerárquicamente inferior a la supuesta "riqueza" del mundo del hombre, sino que se trata de definir la apertura que el animal posee hacia su entorno. La pobreza del mundo del animal patentiza una diferencia. Esta misma se define en referencia al hombre y a la piedra (aunque Stein significa, en este caso, el conjunto del reino mineral). La piedra es carente de mundo y dicha carencia significa una total ausencia de mundo, en otras palabras, no posee ninguna apertura hacia su entorno. El animal, en cambio, es pobre en mundo y en sentido
estricto estará privado del mismo. Como ya dijimos; la privación no debe
ser tomada como un mero "menos" en referencia al humano Dasein conformador de mundo. ¿Se deduce de esto una comparación lineal entre el hombre y los seres vivos? No, puesto que no se trata de establecer una relación cualitativa desde el animal hacia el hombre sino que se trata de dos dimensiones -si bien comunicables- ontológicamente distintas entre sí. El humano Dasein en tanto ser-en-el-mundo comprende el ser y, por ende, es conformador de mundo (weltbildend). El animal en tanto que pobre en mundo posee una privación, pero la misma, implica una apertura hacia su entorno que Heidegger denomina anillo o círculo desinhibidor (Enthemmungsring). Los análisis que el pensador alemán emprende sobre dicho entorno de los seres vivos -con sus específicas formas de movimientos y de conducta- se extienden en esta Vorlesung a lo largo de varias páginas y con diversas clases de complejidades. Lo importante en esta obra es tratar de comprender cómo Heidegger intenta desarrollar otro modo de "pensar" a los seres vivos y otra manera de "definir" a la naturaleza. Habiendo arribado a este punto, Heidegger señala (sin duda alguna bajo la influencia del barón v. Uexküll) una fuerte crítica al darwinismo en
particular a la interpretación que éste realiza sobre la noción de adaptación (Anpassung). Para Heidegger el error fundamental en la cual recae esta teoría consiste en definir al animal como a un ente Vorhanden ("ante los ojos") (9) y que, además, ha de adaptarse a un mundo -también conocido por el animal como Vorhanden- donde sobrevivirá aquel que sea más apto. Según la crítica de nuestro pensador, Darwin no sólo caería en la tradición filosófica occidental incapaz de definir a los seres vivos de un modo propio (es decir; Darwin sería incapaz de incorporar a su tesis la diferencia ontológica que caracteriza a los seres vivos y al hombre) sino que también habría desconocido el fenómeno del mundo y, por ende, el entorno o anillo desinhibidor dentro del cual se conduce el animal. Con todo ello se puede concluir que el espesor ontológico que define a la naturaleza seguiría siendo ignorado por el darwinismo.
Pero la discusión y el debate no sólo la lleva a cabo nuestro pensador con los biólogos de su tiempo sino que a su vez se establece una fuerte crítica al antropomorfismo que se desprende desde la filosofía occidental.
La definición del hombre como "animal racional" no solamente "perjudica" al Dasein (sabido es que dicha definición del hombre obtura la comprensión de éste en tanto "pastor del ser") sino -¿sincrónicamente?- a los propios seres vivientes. Pues bien: ¿Acaso no ha medido el hombre occidental a los seres vivos -en este caso; animales e insectos- desde los parámetros de sus propios sentidos y de su misma razón? Los ejemplos que se indican en esta Vorlesung son bien elocuentes.
Así, por ejemplo: el sentido de la ubicación de las abejas, la captación
que posee la vista del águila o la capacidad de olfato del perro son todos
ellos diversos tipos de sentidos que no pueden compararse, ni medirse, con aquellos que posee el hombre. La distinción entre el hombre y los seres vivientes resulta tajante. En el caso de la abeja, por ejemplo, es cierto que ella conoce las flores que visita, pero no conoce los estambres de estas flores en cuanto tales, tampoco conoce las raíces de las plantas, ni su número de hojas. Todo ello queda reservado para el conocimiento humano.
El hombre es aquel ser a quien le es revelado el ente como tal. Al mundo -propiamente dicho- le pertenece la manifestabilidad del ente como ente. Por ello Heidegger afirma que "con el mundo va juntamente este enigmático "como", el ente como tal." Este "algo en tanto algo" fundamentalmente no le es dado al animal. Sólo el hombre posee aquel tipo de comportamiento que deja ser al ente. Pero esto mismo no coloca al hombre "por encima" de los seres vivos ni habla de una presunta perfección del hombre en relación al animal; "sobre todo -sostiene Heidegger- si se considera que el hombre puede rebajarse y depravarse más profundamente que el animal." Sin embargo, la presunta perfección del hombre como aquel "animal racional" que rige y domina a la naturaleza se ha constituido como un ideal
en la cosmovisión del hombre occidental. Por tal motivo, en los Grundbegriffe se asevera que "primero y regularmente" (zunächst und zumeist) dejamos advenir al ente en una "curiosa indiferencia" (merkwüdigen unterschiedlosigkeit), es decir, la presencia tanto de la tierra y el mar, las montañas, bosques, plantas y animales e, inclusive el propio hombre y sus obras, todo ello es tomado y reducido como si fueran entes Vorhanden ("ante los ojos"). Como ya hemos mencionado es sabido que Heidegger considera -precisamente por reductiva- insuficiente el empleo de dicha categorización. Ni el Dasein, ni el ser vivo (Lebewesen) pueden ser comprendidos en tanto entes en el modo de ser de lo Vorhanden. Con toda esta uniformidad, esta reducción de los diversos entes al modo de ser de lo Vorhanden ("ante los ojos") es "lo que le otorga a la vida cotidiana la peculiar seguridad y firmeza" para que pueda quedar garantizada la disponibilidad y "la necesaria ligereza de la transición de un ente a otro". Es importante señalar que aquí se anticipan algunas de las meditaciones que más tarde tendrán como tema el modo de imperar de la esencia de la técnica. De este modo el vivir y el trajinar de los hombres transcurre a partir de esta uniforme interpretación del ente en la cual, precisamente, se ignora la diversidad y riqueza del mismo. Es más, este uniforme modo de ser que caracteriza a la existencia del cotidiano Dasein ha sido descuidado por la propia filosofía.
La filosofía (así lo indica su historia) no sólo ha ignorado el modo de ser de la cotidianeidad que inhibe la patentización de la riqueza del ente sino que, a su vez, no ha sido capaz de abrirse hacia aquel ámbito en cual se mueve la vida animal, ámbito que es manifiesto "y por consiguiente reclama de nosotros un determinado comportamiento fundamental en cual, sin embargo, en primera instancia no nos movemos."
Ahora bien; al principio de este artículo nos preguntábamos si Heidegger podía ser considerado como el primer teórico de la lucha ecológica. Si bien los argumentos de Scherer y Kah Kyung Cho resultan convincentes, sin embargo, la pregunta no es fácil de responder porque en el siglo XX han sido muchas las manifestaciones que se embanderaron tras las causas del ecologismo. Finalmente, todas parecen haber "negociado", todas -en mayor o menor medida- transigieron con los sistemas político-económicos vigentes.
Ello no obsta que la praxis ecológica en cuanto tal deba ser censurada.
Todo lo contrario. Para ello es necesario que acaezca de un modo originario la posibilidad de experimentar un nuevo vínculo con la naturaleza. En este caso la reivindicación heideggeriana sobre la dimensionalidad animal y la crítica a la unidimensionalidad tecnocientífica podrían señalar la posibilidad de avizorar un nuevo paradigma. (*)

 

(*) Fuente: Ricardo Pobierzym, "Heidegger: ¿un teórico de la ecología?, editado aquí de manera original.

 

CITAS:

(1) Heidegger, René Scherer y Arion Lothar Kelkel. El último de los
filósofos, pág. 11 Edit. Madrid, 1975
(2) obra. Cit. pág. 16.
(3) Conferencias y artículos, Martin Heidegger. Págs. 78-88. Edic. del
Serbal. Barcelona 1994
(4) Obra.Cit. pág. 18
(5) Die ökologische Sugestibilität der Spätphilosophie Heideggers, Kah
Kyung Cho. Seite 62. Allgemeine Zeitschrift für Philosophie. 1986
(6) Introducción a la filosofía, Martin Heidegger. pág. 160. Edit Frónesis.
Cátedra. 1999, Madrid.
(7) Die Grundbegriffe der Metaphysik, Band 29/30, Martin Heidegger. Seiten
261-409. Vittorio Klostermann. Frankfurt am Main. Zweite Auflage 1992. Las
citas que se mencionan a continuación pertenecen a este texto.
(8) Interpretamos aquí -Vorhanden- siguiendo la traducción de Gaos como un
ente "ante los ojos".