El nguillatún, fiesta popular de los mapuches, por Rodolfo Casamiquela

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Fiesta de los mapuches  El pueblo exuda alegría. Y expectativa. Todos desplazan su fervor hacia el réwe, el poste sagrado. Hombres y mujeres, de pie o a caballo, acompañan a la machi, la sacerdotisa con su kultrún (tambor). Y entonces parpadean los primeros latidos de la fiesta, del ngillatún, acto sagrado, rito ancestral de los mapuches, llamados araucanos por los conquistadores.  Mediante el ngillatún se busca rogar bienestar a Nguenechén, el Padre de todas las cosas. En esta primera palpitación de Fiestas populares en Temakel, nos asiste una doble satisfacción: primero, recordar en su riqueza simbólica y dignidad una festividad de una comunidad indígena que sobrevive en el desencantado mundo blanco; y, en segundo término, nos causa beneplácito poder presentarles un artículo de Rodolfo Casamiquela, gran investigador de los pueblos indígenas de la Pampa y la Patagonias argentinas. Durante décadas, un sostenido acto de amor lo impulsó a estudiar y difundir la lengua, los símbolos y la imagen del mundo de los tehuelches y mapuches, onas y querandíes. Un pequeño acto de reconocimiento a su labor le tributamos desde aquí a Don Rodolfo, uno de los pocos hombres blancos conocedores de las amplitudes poéticas de la lengua mapuche.

 Ahora le ofrecemos un artículo originalmente publicado por una revista cultural de la Provincia de Río Negro, en la Patagonia Argentina, donde Casamiquela recrea, a través de su investigaciones de campo, el rito festivo por excelencia de la orgullosa nación mapuche.  

 

 

EL NGILLATÚN O KAMARIKUN ARAUCANO
Por Rodolfo Casamiquela

   Ngillatún significa en araucano "rogar", "pedir" y rogativa". Sinónimos son Kamarikún, amarikún, marikún.

   Con estos nombres los araucanos nominan a su fiesta religiosa por excelencia, todavía viva en numerosos lugares de Chile y Argentina....El ngillatún tiene en la actualidad, por lo menos en nuestro país, carácter ceremonial anual, y se realiza en fechas que, variables según los lugares, muestran siempre relación con las siembras o las cosechas. Queda así señalado desde ya el aspecto agrario, innegable en las versiones modernas de la fiesta. Antiguamente -y al parecer todavía hoy ocasionalmente en Chile- no era así. El Ngillatún se celebraba en cualquier momento, provocado por visiones, sucesos extraños, y con motivos diferentes. Era convocado y dirigido por un encargado especial, por lo general un anciano prestigioso de la comunidad, el Ngenpín o "dueño de la palabra", distinto del cacique (con el que se ha identificado en la Argentina), encarnado otrora en el machi, o hechicero cuyo papel fue fundamental en la antiguedad. En nuestros días, con las casi desaparición de la institución del machicazgo (shamanismo), aquél se ha visto reducido muchísimo; subsiste en la anciana tamborera que dirige el canto totémico y el baile de las mujeres. El Ngenpín está ayudado por un numero variable de individuos, entre los cuales figuran los llamados "sargentos"(Sarkento).

  El escenario para la ceremonia es una llanura o pampa, suficientemente  pareja como para permitir la libre evolución de la partida de jinetes que constituye una de sus piezas claves. Ella consiste en un amplio círculo que, sujeto a la estrictas reglas del ritual, describen aquéllos, formados de a cuatro, en fondo, en torno al centro del espectáculo, en donde están erigidos el réwe y el "campamento" y se desarrollan la rogativa propiamente dicha y la danza.

   Réwe puede traducirse en este caso como "sitio sagrado", o conceptos semejantes. Se lo suele denominar en castellano "altar", por su semejanza externa con este elemento de la liturgia cristiana, pero en realidad una analogía mayor con el altar tiene el llamado llagni-llagni, o llagnil, inexistente en nuestro país, especie de plataforma en que se deposita la sangre del  sacrificio y otras ofrendas destinadas a la divinidad.

   El réwe, (imagen de la derecha abjo) consistente allende los Andes en un árbol sagrado (canelo)  y escala (prawe) o variantes de esos elementos, aparece en Argentina remplazado por retoños de araucarios, otros  árboles,  y más generalmente cañas colihue.  Siempre enfrenta al naciente, y así la concurrencia, al amparo de los carros, o mamparas especiales, dispuestos en semicírculo, se ubica al poniente. La rogativa frente al réwe y el canto totémico se realizan igualmente de este lado. El otro está reservado para los piwichén wentrú o kallfü wentrú, pareja mágica de jóvenes, con sus caballos (un alazán y un blanco por lo general) y  el fuego sagrado (pilláñ kütrál), cuando existe.

   En el réwe figuran las banderas (azules, amarillas, blancas y argentinas, según los lugares), y a su pie o en alguna plataforma especial, los jarros para la chicha y otros elementos del ajuar sagrado de la fiesta. A ambos lados, hacia el oeste -al menos en nuestro país- sendas  horquetas destinadas a recibir el cuerno en que remata el extremo de las trutrukas, clásico instrumento gigante de viento de los araucanos.

  Para integrar el cuerpo completo del Ngillatún falta todavía mencionar tres aspectos fundamentales, a saber la rogativa propiamente dicha, inseparable del sacrificio, y la danza. El desarrollo de la fiesta no es sino el juego alternado de estas piezas principales. Su duración es variable: dos o cuatro días, incluido el de la "junta" o reunión de la gente parecen ser lo más frecuente.

   En la faz cultural está presidida por ngenechén ( "Dominador de los hombres"), dios-diosa central del panteón araucano actual, que es invocado con apelativos diversos tales como ngenemapún  ("Dominador de la Tierra"), Chao ("Padre"), Kallfu Rei Chao-Kallfu Rei Ñuké ("Padre Rey Azul-Madre ReinaAzul"), Fechá Wentrú-Kushé Zomó ("Anciano-Anciana"), y otros menos frecuentes, como "Aplastador del Río", "Dos Caras", etc. Las preces se elevan al cielo, en cuyo centro habita en una casa de oro y rodeado de muebles y utensilios de ese mismo metal. Hasta él llegan el vaho de la carne y la sangre que se depositan en el llagni-lagni, el humo del fuego sagrado, en que se queman ciertas víctimas, animales enteros, o sus despojos -según las prácticas y las regiones- y en el fin del humo de las pipas y las aspersiones de chica que rubrican las rogativas, sobra fórmulas de este tenor: "Favoréceme Padre! Por ti vivimos; por ti hay siembras que nosotros estamos cuidando. Tú nos das bueyes. Creados por ti existen las ovejas. Creados por ti, Dios, Padre, existen los caballos. Faroréceme, Padre, Dios, favoréceme pues: Que yo esté bueno. Que viva mi hijo, dirás", etc. O bien: "Dame otra vez mi lluvia, Cara Negra, Hombre Viejo. Dame otra vez mi estero, Alma vieja de cara negra", etc. O: "Dame mi buen cielo, mi gran sol caliente. Dame mi blanca nube, Alma vieja de cabeza blanca. Hoy pues te ruego, favoréceme, pues. Dame  mi buena hacienda, mi cosechas. Tú, pues, cerca estás, favoréceme, pues, Rey del centro del cielo.

 ...La rogativa, como he dicho, se realiza, en conjunto o alternadamentecon hombre y mujeres, en dos filas, frente a la cara oeste del réwe. En algunos lugares participan de ella los jinetes del awun, que circulan al efecto lentamente ante el altar.

    En cuanto a los sacrificios de animales -que reemplazan ciertamente a otros humanos-, tienden a desaparecer en la actualidad, y así en algunos sitios se saca sangre de las orejas a las víctimas sin matarlas; por el contrario, se las incorpora a las majadas con presumibles finalidades mágicas.
  Donde existen, juegan un papel fundamental los corazones de las víctimas, objeto de ritos especiales que incluyen su aseguramiento por medio de cordeles al réwe o las banderas, desfiles, y por fin sepultación bajo tierra o agua, o comida ritual, todo variable de acuerdo con las regiones y las épocas.

   Palavecino ha señalado igualmente la importancia de los sacrificios de vegetales, en cuya categoría incluye a las oblaciones de chicha (mazái) y otros elementos de origen vegetal, y la cremación ritual de productos de la huerta. Pueden agregarse las "tortillas"que en Chile se depositan, con la sangre, en el llagni-lagni, etc. En cambio, es peligrosa la inclusión en la categoría, de los gajos de plantas que empuñan distintos colaboradores de la ceremonia, y elementos de esa naturaleza, que tendrían otra significación, en conexión quizá  con las prácticas shamanísticas (del machi).
  Las rogativas y el sacrificio alternan con la danza, que incluye un número variable de bailes, para ambos sexos (incluso en algunas partes parejas de hombres y mujeres), a saber por lo común los que se distingue con los nombres de amuperrúm, enegilituperrún, shaf-shafperrún y rinku-rinkuperrún. El lonkomeo, de hombres solos, ocupa un lugar aparte, como veremos.

     Las danzas mencionadas, en las que participan también los niños, se ejecutan por parejas tomadas de la mano, que bailan en grupos de a dos en fondo, encabezados los hombres por los piwichén wentrú (que llevan en bandolera fajas con cascabeles) y las mujeres por las piwichén zomó y la tambor era, en torno al réwe, o bien, siempre de la mano, en grandes rondas. Hombres y mujeres giran en sentido inverso, al compás del tambor (kultrún), los cascabeles que agitan los "punteros", numerosas pifullkas (pitos de madera) tocadas por los danzarines, y las trutrukas, que en ciertas danzas abandonan su inmovilidad -colaborando con el ejecutante otro individuo- para acompañar a aquellos en sus giros.

     Para el lonkomeo se ha reservado un lugar aparte. Y que le corresponde por su extracción, evidentemente extra-araucana. Lonkomeo (de lonkó, "cabeza" y meu, preposición que en este caso da idea de "vaivén") parece ser un nombre genérico bajo el que se agrupan diferentes danzas, la principal de las cuales sería el choiké-perrún o "baile  del avestruz". En Chile -en donde se baila ilimitadamente- se lo conoce por puelperrún, "baile oriental", nombre que ha sido también trasladado a la Argentina. Si a esta denominación agregamos sus características de danza pantomímica e imitativa de carácter exclusivamente masculino, y la circunstancia especial de ser ejecutada em el kultrún-puesto en el suelo- con dos palos (a diferencia del tambor del machi, que se empuña con una mano y se toca con un solo palo) y por un hombre, creo que su procedencia no araucana es clara. Si recordamos que los tehuelches de la Patagonia (que ocuparon Neuquén hasta época muy reciente) -en cuya cultura de cazadores encaja perfectamente- conocían una danza idéntica, su origen en estos pueblos se acredita de manera muy sólida.

    El lonkomeo es ejecutado por cinco bailarines, semidesnudos y descalzos, pintados de plumas en la cabeza y otro a manera de cola, como remate de la punta del poncho hecho chiripá. Bailan cósmicamente serios, sin perder jamás el compás a pesar de los violentos movimientos de cabeza que justifican el nombre de la danza, la mano izquierda puesta en la cintura y en la derecha el extremo de la faja con cascabeles que les cruza el pecho en bandolera. Se trata de un baile festivo y sus participantes (cuadrilla que  representan distintas regiones) se permiten ciertas libertades, licenciosas a veces, que no existen de ningún modo en las restantes.

   Superponiéndose parcialmente con la danza tiene lugar el
awun o ronda externa de los jinetes, ya mencionada. Es encabezada por los piwichén wentrú -quienes reciben de manos de los piwichén zomó las banderas que enarbolan-, y está sujeta a una serie de reglas estrictas, que también  varían según los lugares. Incluyen la formación de a cuatro en fondo,  el número de vueltas y las paradas.

   ...La significación del awun no es del todo clara, aunque de acuerdo con las observaciones de varios autores y aun la opinión expresa de algunos indígenas, parece probada su finalidad de "espantar a los malos espíritus".
Sin rechazar la veracidad de esta interpretación, pienso que quizá ella no explique sino uno de los aspectos, el más externo del awün.

   Para cerrar esta descripción del ngillatún araucano debo referirme  todavía al canto totémico de las piezas fundamentales de la fiesta, y curiosamente inadvertida hasta hace poco tiempo. Es función exclusiva de las mujeres -ancianas- que secundan a la tamborera y que aparecen ubicadas, en todos los ngillatunes que he podido ver, personalmente o por fotografías, al oeste del réwe.
   Como es sabido, todos los apellidos araucanos significan algo, y se relacionan, o relacionaban, con objetos o criaturas provenientes de los tres reinos de la naturaleza: kurá, "piedra"; millá, "oro", etc., por ejemplo. Combinados en Namunkurá ("Pie de piedra"), Millaleo (Millalleufü, "río de oro"), al par que ejemplifican lo que quiero decir, aclaran precisamente la idea de totem. Cada familia -aun en los casos en que el apellido se ha deformado o ha sido remplazado por otro no araucano- tiene un totem de esta clase, denominado kempeñ modernamente en esa lengua.

   Y bien, cada kempeñ a su vez tiene una canción particular dedicada (taiel), que es la que entonan las mujeres encargadas  del canto sagrado en el ngillatún. La elección de los taiel que han de cantarse la realiza la tamborera u otra anciana especialmente elegida por su edad o sus conocimientos, y se relacionan con los kempeñ de los organizadores de la fiesta, de los bailarines de lonkomeo, de las víctimas, y aun de los caballos sagrados.

   Ciertamente faltan en esta descripción otros puntos interesantísimos, como todo los referente al mareupull (ceremonias relacionadas con los cántaros de ese nombre por un lado y con una figura divina oscura por el otro), al konchotún (reafirmación sagrada de la amistad), etc., pero la ausencia de una correcta interpretación en algún caso y de universalidad en todos, hacen que los deje de lado en este trabajo.

  Para terminar, debo apuntar que el ngillatún se celebra todavía, de este lado de los Andes, en varios lugares del Neuquén; en Colonia Cushamen y Boquete Nahuelpán, y tal vez en otros lugares del Chubut. En Río Negro se ha extinguido en todo el centro, norte y este de la provincia; según algunos datos, se realiza todavía en la región de Epuyén y algún otro punto del ángulo suroeste. (*)

 

(*) Fuente: Versión abreviada del artículo "El ngillatún o Kamarikun (Kamaruco) Araucano", de Rodolfo Casamiquela, publicado en Revista Misiones culturales, N 4 (sep. 1960), de la Dirección General y Cultura de la provincia de Río Negro, Patagonia Argentina.

Las investigaciones de Rodolfo Casamiquela pueden ser consultadas en la Biblioteca del Museo Etnográfico de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.