La ciudad de Neuquén y la nostalgia de la naturaleza, por Agustina Paz Frontera

strict warning: Only variables should be assigned by reference in /home/temakel/public_html/modules/links/links.inc on line 1121.

 Imagen aérea de la ciudad de Neuquén, en la Patagonia Argentina.     Neuquén es una de las grandes ciudades de la Patagonia Argentina. Capital de la provincia del mismo nombre, se levanta junto al Río Limay. La naturaleza y su relación con el pasado indígena tuvo que ser sojuzgada para que la civilización se impusiera. La ciudad se alza entonces sobre un territorio extraño, ajeno. Sobre un suelo que no parece propio. Se vive en " una tierra apropiada y no propia", como afirma Agustina Paz Frontera, autora de este ensayo que aquí presentamos. Ella también asegura que la ciudad de Neuquén,  la "negación del contacto con lo natural, mitológico y sagrado del espacio genera su propio contrario: una fuerza o necesidad imperiosa de ese contacto".

   Una ciudad patagónica es así metáfora de la urbe moderna que vive escindida del paisaje y lo natural, pero con un subterráneo anhelo de superar ese conflicto e instaurar alguna forma, aunque sea ilusoria, de reconciliación con la tierra.

E.I

 

LA CIUDAD DE NEUQUÉN Y LA NOSTALGIA DE LA NATURALEZA
Por Agustina Paz Frontera

 

Avanzamos cegados por la senda que permiten los eucalipus de los bulevares. Trepamos, naranjas, la extensión de una barda que al vivirla ya es otra; con nueva arcilla, nuevos yuyos. Y montados en la ira del nombre citadino llegamos hasta el cruce de los cauces, hasta el punto donde la geografía grita el éxtasis de unir varias latitudes al expresarse en el agua.

 

     Neuquén no es una ciudad-paisaje como comúnmente se cree que son todas las áreas patagónicas. No es una extensión donde podamos echarnos a apreciar la naturaleza como la obra de arte de un dios creador y un gobierno decorador. Pero hay una sensación que se expresa en cada paseante o en cada habitante y nos hace pensar que hay puntos clave, símbolos para el espíritu, que nos demandan una cadencia especial. Es como si toda la ciudad se construyera sobre estos puntos naturales y cualquier atentado a ellos repercutiese en el movimiento, la apariencia, de todo el entramado urbano y los seres que lo recorren.

En Neuquén hay una larga Avenida (aproximadamente de 60 cuadras) que une el Río Limay con ¨las bardas¨, que son medianas formaciones de tierra arcillosa, muy áridas y con escasa vegetación. El río y las bardas son los extremos, la naturaleza que le da sentido, que sostiene la calle y su recorrerla.

Neuquén crece en una Patagonia que para ser incorporada a la República debió ser primeramente limpiada de indígenas. Las redes ferroviarias se extendían llevando consigo la garra aspiradora de barbarie pero también la ilusión de hacer de esa tierra un lugar habitable humanamente (donde humanamente esta modalizado temporalmente).

Este vaciamiento contribuye a que el hombre neuquino tenga la impresión de estar viviendo en una tierra apropiada y no propia. De no poder enraizar en estas tierras y en este cielo que ya tan cantado y sentido fue.

Es necesario para fundamentar esta afirmación relevar aspectos históricos de los fundadores y la fundación de la ciudad siguiendo la idea de que la fundación de una ciudad habla del modo de habitar la existencia particular.

También haré eco de la importancia del nombre del lugar que se habita como formador de cierta predisposición hacia el espacio habitado. Se hace hincapié en la particularidad de esta ciudad que no tiene un unívoco significado de su nombre.

El modo en que se fundó y el nombre modelan cierta identidad neuquina que se expresa en el desapego o el contacto de extrema comunión solo con puntos simbólicos de la ciudad. Es interesante recalcar cómo ese punto de negación del contacto con lo natural, mitológico y sagrado del espacio genera su propio contrario: una fuerza o necesidad imperiosa de ese contacto. Se filtran las ganas más humanas de comunicarse con la presencia real que dió origen a este mundo.

Rastreare esta protesta, esta necesidad, en las voces de habitantes, poetas neuquinos.

Parto de la convicción de que en el contexto gestado desde la modernidad que desoye los anhelos internos de contacto irracional con la existencia es aún posible la reconstrucción de la comunión con la tierra, el cielo y el aire. Pero esto es solo dable ejecutando una conciencia de esta necesidad y de los impedimentos puntuales e históricos para satisfacerla.

 

FUNDAR CIUDADES, ESTILO DE EPOCA

"¿Un poema? -Ni mas ni menos, replicó con viveza, pero poema moderno, no de palabras dulces, sino de piedra y hierro..."(1)

Previo a la invasión de América, con la que muchos dan por comenzada la Época Moderna, los traslados espaciales de los hombres eran considerados como un abandono, la traición a las fuerzas numinosas de su tierra madre. El hombre que viajaba sentía la culpabilidad de no percibir esas fuerzas y deber partir a buscarlas en otras apariencias "...tal hombre ya ha consumado su segunda expulsión del recinto de lo sacro, que consiste en quebrantar la raíz en su lugar originario que – en el misterio de su nacimiento- le fue concedida como una cifra de su destino" (2)

El hombre que viaja tiene la posibilidad de reanudar esos lazos sagrados que tuvo en su tierra-origen, ello es posible brindándole culto y ofrendas al cielo, la tierra, la naturaleza que atraviesa la nueva geografía. Los ritos de fundación purgan la impiedad del abandono.

El modo en que es fundada una ciudad, el espíritu de los fundadores determinará la calidad de la existencia de la comunidad que allí se asiente. El espíritu general de los fundadores de las ciudades de América, Buenos Aires en particular, no quiso formar una comunidad sino que vino movido por intereses dorados que nada tienen que ver con cierta apertura del espíritu.

Neuquén sufre una suerte particular. En el discurso inaugural de la ciudad el por entonces Ministro del Interior Joaquín V. González alertaba: "Mérito insigne adquieren en la República los primeros pobladores de estas tierras patagónicas, no solo por haber impreso en ellas con su posesión avanzada, bajo la bandera nacional, el sello de la propia soberanía, sino porque constituyen desde luego los orígenes venerables de las ciudades del porvenir..."(3)

Los primeros pobladores eran viajeros o expedicionarios que bien por abatares climáticos, deslumbramiento emocional o impedimentos económicos habían caído en una meseta que se hace palpable mayormente en la cualidad de su viento. La naturaleza vive en el aire que pule al desierto. El viento aplasta al hombre contra la tierra y lo mantiene extasiado contemplando (templándose con lo visto) la extensión que le da sentido, lo deja ser.

Esa potencia mágica que habita la Patagonia fue exaltada por otros hombres que primerisimamente habitaron la meseta pero que no se los llama pobladores: los Mapuches. Fueron ellos los primeros mediadores entre las fuerzas naturales de este espacio, los conocedores de sus ciclos, de sus plantas, de su aire. Sin embargo, mas allá de la armonía en que hasta el siglo XIX convivían viajeros e indígenas, las expediciones conquistadoras, el extendido ferroviario y la organización formal de la geografía política no tuvieron nunca en cuenta sus necesidades, conocimientos, ni el secreto que ellos ya poseían para comunicarse con lo sagrado de esas tierras.

Neuquén se funda sin expiar culpas y galantemente. Apostando a la potencialidad de una zona que debía convertirse en el conglomerado urbano de la Patagonia, un lugar de paso de privilegio, la usina eléctrica del valle, el nido administrativo...

Angel Edelman, legendario neuquino, bosqueja una historia del Neuquén y en su libro ya citado indica que la ciudad fue gestada por tres espíritus selectos, que ponían en las funciones de gobierno el idealismo creador de sus almas de poetas. Los tres, en coincidencia de románticos, eran cultores fervorosos de las musas. Joaquín V.González, Ministro del Interior; Carlos Bouquet Roldan, Gobernador; y Eduardo Talero, Secretario de la Gobernación. "tuvo Neuquén desde sus comienzos valores humanos que no desmerecían en el conjunto rector de cualquier comunidad civilizada"(4)

Es extraño pero ocurre que los valores que algunos propugnan desde su discurso no sean coherentes con las acciones que desencadena. ¿Es posible que un trío de vates y rapsodas románticos se movilice buscando conformar un núcleo de hombres "civilizados"?

Los fundadores de la ciudad del Neuquén se asentaron en una tierra que tomaron prestada al viento. En primer lugar hubo una villa junto al Río Limay. Luego asentamientos rodeando la estación de tren "Neuquén", y finalmente, con la decisión de trasladar la capital provincial desde Chos Malal a esta zona, se funda institucionalmente la ciudad en 1904.

Los Románticos fundadores eran conscientes de esa falta de contacto con lo numinoso de esas tierras, esa falta de fundamento mitológico y ritual para su relación con ese espacio. Conscientes de la gestación improvisada y no paulatina de esa comunidad. Y buscaron entonces afirmar una tradición, dar cualidades primeras donde asentar y empezar a construir la existencia común. En este sentido dan a la naturaleza un significado fundante: "Neuquén tiene su tradición en la grandeza de sus montañas(...)la rudeza de sus vientos(...)Nuestro terruño posee su tradición, plasmada con las luchas, pasiones, amarguras y desencantos de aquellos primeros hombres que lo habitaron, verdaderos constructores de su acervo económico, cultural y político..." Estas son palabras extraídas de la comunicación epistolar entre Juan Carlos Chaneton, periodista, también fundador,y Angel Edelman.(5)

Es en 1881 y 1883 que la campaña del Ministro de Guerra Julio A. Roca, comenzada en 1879, se completa en Neuquén al mando del bravo General Conrado E. Villegas. En 1884, una vez pacificados los ámbitos del otrora extenso dominio aborigen y resguardado en la casi totalidad por los fortines de la ocupación militar, se procedió a la organización institucional de los territorios nacionales. Se nombra como primer gobernador del Neuquén a Manuel J. Olascoaga, secretario del General Roca en la expedición al desierto y autor del diario de la misma. Olascoaga en una carta dirigida al Ministro del Interior hace patente las primeras intenciones de la expansión territorial y del asentamiento en puntos clave, el móvil era la apropiación de tierras, establecer una distribución que facilitara la aparición de una clase dirigente nacional, dominante definida, asociada a los altos mandos Militares. "...tengo el honor de dirigirme a ustedes proponiendo la subdivisión del territorio que considero mas apropiada para facilitar la mejor administración y el mas rápido desarrollo de la ploblacion".(6)

El 12 de septiembre de 1904 arriva a Neuquén Joaquín González en nombre del presidente Roca y esa misma tarde, junto al gobernador B. Roldan y El secretario Dr. Talero, se colocó la piedra fundamental de la pirámide recordatoria de la fundación y se sirvió un almuerzo de carácter campestre, junto al puente, con un día sumamente ventoso. La comitiva ministerial partió en tren ese día, evidenciando el tratamiento meramente protocolar de la instancia fundadora, que desoye el origen ritual del acto fundador, antaño garante de la protección y comunicación perpetua con dios.

Es el ejército expedicionario el que trae el progreso civilizador moderno a la zona. Ejército al que se le adjudica cierto heroicismo por el sacrificio físico puesto al servicio de la misión patriótica de impregnar todo con los primeros basamentos de la civilidad y el progreso...pero poco se recalca lo que se ha lastimado y violado en esta empresa. La dignidad indígena, la completitud del hombre que se comunica hondamente con su existencia material y espiritual fueron trocadas por telégrafos y redes de regadío, por vías camineras surgidas sobre las rastrilladas de la tropa de línea, por posibilidades productivas, por educación para la vida civilizada.

El espíritu poético de quienes llamaron "poema" a la urbanización, y bautizaron ¨ciudad de los Cesares" a la villa industrial se cruza con la vocación de progreso racionalizador, con el ansia de porvenir civilizado y éxito económico.

La fundación de Neuquén, su devenir histórico como ciudad construida sobre pilares endebles espiritualizados solo con palabras bellas, fruto quizás del estilo de la época, es el paradigma del Romanticismo que oculta su rostro mas oscuro, su innegable ser ilustrado.

La ausencia de un origen que involucre a la naturaleza humana hace muchas veces imposible enraizar en esta ciudad, generar pertenencia en un espacio que nace cerrado en si mismo a razón de la primera intención de crear en él únicamente un centro burocrático administrativo, que "usa" a su naturaleza circundante y que evita a la necesaria "comunidad".

 

NOMBRAR EL ESPACIO

   Si bien la argumentación me ha llevado a colocar en los Mapuches la propiedad primera y legitima de la extensión del norte patagónico donde se construiría la ciudad de Neuquén es válido plantear una idea que cuestiona aún también esta aplicación de la lógica del poseer en relación a la amplitud del espacio, que no solo comprende materia como la fauna, flora, el suelo y los accidentes topográficos, sino también al aire y ciertos ánimos, como ases lumínicos que dan contorno y existencia a lo palpable. De modo que existe una dimensión del espacio que no es adjudicable a ningún ser sino que es poderosa en si misma, digo: la relación con el espacio y sus fuerzas oscuras es siempre dialéctica e histórica.

Los Mapuches también intentaban explicar lo que los rodeaba, contarlo, revivir su causa. Como pueblo ágrafo mantenían una constante tradición de relatos orales. Los mitos sobre los ciclos naturales, los elementos de la naturaleza simbolizando cualidades humanas o figuras mitológicas se reiteran y expanden. Los aspectos más directamente ligados a las vicisitudes de la existencia humana reclaman una explicación mítica de mayor insistencia.

Los Mapuches eran dueños de una identidad muy fuerte, basada en una mentalidad individualista que se traducía en su organización política (un sistema democrático que no los sometía a un cacique), su destreza los trasladó desde Chile para pasar a dominar a todos los pueblos que vivían en estrecho contacto con ellos, como los Pehuenches de Neuquén. Comenzaron a penetrar pacíficamente en la Patagonia en el siglo XVIII y a principios del XIX enfrentamientos con Tehuelches concretaron la dominación de la zona. Luego sufren la Conquista del Desierto: la aniquilación física y cultural, la condena a la marginación y perdida de creencias tradicionales y del dominio de la propia lengua.

Tanto para los Mapuches como para los Tehuelches era riesgoso contar sus relatos a extraños, se creía que atraía sobre sí la desgracia por haber confiado algo que debía permanecer secreto. El lenguaje que nombra es la conexión secreta con el origen de lo nombrado.

En un relato mitológico popular (7) dos mujeres comentan sobre su calidad de madres luchadoras, son pájaras y se las nombra a una Carupotro Quesquesen, donde ambos términos son sinónimos y designan a un pájaro neuquino que se le atribuye la virtud de anunciar la primavera, cuando nacen los pichones; y la otra Rére, quien cobija y aconseja a su amiga, es el nombre de un gran y ágil pájaro carpintero que habita toda la zona surcordillerana. Se expresa entonces un homenaje a la mujer mapuche, quien es sumamente trabajadora y se despliega en contacto con las fuentes naturales para cuidar a su familia, animales y hogar. Se habla de la madre, Ñuque, por analogía a las aves vigorosas.

La educación oficial de Neuquén enseña que Neuquén es una palabra mapuche que significa audaz en honor al río caudaloso y a la fortaleza del pueblo Mapuche. En la violación que significó la conquista del desierto y por la creciente hibridación por contacto con otros pueblos, el Mapuche fue olvidando el significado y el significante, así como las simbolizaciones que se abrían de sus palabras.

Neuquén es un termino sorprendente. El habitante neuquino lo cobija en su piel. El misterio es divertido, desde chico es risueño advertir cada vez la magia de leerlo de un lado y del otro del mismo modo. Los Mapuches eran un pueblo sin escritura y al deber trasladar la oralidad al lenguaje escrito y aggiornarlo al español se ha perdido parte del origen de su existencia.

Neuquén fue escrito como Naghan, Nagquén, Nauquén, Necún, Nudquén y mas formas que mantienen similaridad en sus semas esenciales. Las acepciones hablan de una posible derivación de naghan, bajar; o Nauquén, cosa baja que tiene declive el terreno. Aplicada al Río sería: Río cuyo cauce tiene mucha caída. También se lo relaciona con brazo o medir a brazadas: Nevcún. Nedquén: atrevido, audaz, arrogante. O tal ves Neuquén de Nehuen, fuerza; quen, tiene.(8)

Gregorio Alvarez a la par que expone estas posibilidades cita en el mismo libro la resolución del Congreso del Area Araucana Argentina que "después de un estudio largo, profundo, no vacila (y lamenta tener que decir) que no sabe el significado de la palabra Neuquén, casi si, asegurar que es palabra Araucana". (9)

La primera noticia que tenemos sobre el nombre es la que consigna el misionero alemán Bernardo de Havestadt que en su libro impreso en 1777 relata su paso por la actual Neuquén y escribe el nombre del río: primero Ñudquén, y luego Nudquén.

Es raro que el aborigen recurra, para dar nombre a un río, a atributos de orden moral o espiritual; la regla que se evidencia es la de resaltar las características como, para el Río Neuquén, la fuerza de la corriente.

Según testimonios de indígenas se ve entre 1752 y 1788 aparecer una modificación documentaria en el sentido de Neuquén, palabra que ha logrado existir hasta hoy.

En los primeros tiempos de la provincia, cuando todavía prevalecía en ella la población chilena y mendocina, pues no había llegado sino en mínima escala la corriente venida desde Buenos Aires, siempre se dijo Neuquén. Con la llegada del ferrocarril en 1902 los ferroviarios acentuaron la primera e: Néuquen.

Gregorio Alvarez concluye que el vocablo es un topónimo, una denominación geográfica. Es una palabra de origen araucano o mapuche compuesta por dos términos: Nehuen: fuerza; y quén: tener. El río ha dado su nombre a la provincia De Neuquén porque, en la Ley Nacional que creó los Territorios Nacionales, se especificó que éstos debían llevar el nombre del río que los surcara, de ahí su verdadera designación de provincia Del Neuquén y no de Neuquén.

La provincia es del río. Esta característica refuerza la idea de la naturaleza (el río) que se alza sobre los hombres, que también ella sale en su búsqueda. ¿Qué consecuencias podrá tener en el habitante actual de Neuquén el hecho de que el nombre de su ciudad designe al río que le da origen? ¿Cómo repercute que no este esclarecido aún ni el significado ni la verdadera raíz de la palabra?

El hecho de que sea un accidente geográfico, un elemento natural, el que da nombre a la Provincia, y también a la ciudad, que también cobija al río, genera en el habitante cierta sensación de avasallamiento con respecto a las fuerzas naturales, sensación reforzada por estar la ciudad asentada en un "hueco", en un valle, y por la inminencia de sus vientos.

La ausencia de un significado unívoco y la profusión de posturas acerca del origen del nombres es otro elemento que mantiene "pujante" al ciudadano neuquino, que lo mantiene a la par del misterio, que lo coloca en un lugar de desconocimiento del origen pero le da la certeza de que este existe. Que hay algo que se nombra en el nombre.

Fantaseo hayan sido los indígenas quienes no han querido develar el misterio. Fantaseo nunca lo hagan.

 

POESÍA. ASIR LA TOTALIDAD

   He venido insistiendo: Hay una realidad otra, una fuerza natural concreta, que se nombra. Una naturaleza previa al hombre, que a su vez lo engloba. Y esa naturaleza tiene un sentido que le da comienzo. Un "algo" detrás o sobre ella que la ha originado, es ese "algo" lo que se convoca al nombrar las cosas del mundo, y se lo homenajea al armonizar con sus creaciones, al fusionarse con lo natural.

La ausencia de un unívoco significado de término Neuquén garantiza continúe en vilo el enigma y llama a la comprensión del sentido, que ya de por sí jamás se develará pero que es humano bosquejar. Las voces poéticas en su afán de decir cada vez más cualificadamente rozan el sentido primero, el contacto con Dios. "Es un acto de aguda respuesta que hace sensible el sentido"(10).

El acto estético es siempre una crítica al mundo, una declaración del punto de cruce entre lo "real" observado y la profusión imaginaria. Una protesta contra el estatisismo. Afirma que las cosas podrían ser (han sido, serán) diferentes.

El artista patagónico que en cada figura o forma llama a la naturaleza que lo absorbe ilumina la duda acerca de la importancia que se le otorga a la naturaleza por fuera de la obra.

En el orden pictórico una investigación sobre la influencia del medio ambiente en pintores neuquinos brinda una aclaración: "la influencia sociológica y el condicionamiento cultural pueden alterar el criterio cualitativo de las motivaciones pictóricas, pero se constató también la existencia de percepciones individuales independientes..."(10). Es decir que mas allá de la marcada tendencia a llamar a lo autóctono, a revivir los orígenes y la armonía perdida, hay una puja íntima por concretar esos anhelos no reducible a cierto "estilo de época" (o de región).

Aquí privilegiaremos al poema. Citaré una poesía de Lilí Muñoz que creo representativa.

 

Las Bardas

He preñado las bardas esta tarde.

Se han henchido de dulzura los botones,

fueron creciendo soles diminutos,

gotearon leches por los tallos ásperos

y el perfume zumbón

cubrió las latas.

 

He preñado el desierto de amarillo.

Rozamos los espejos con las yemas

Y en los huecos rugosos de la greda

Hicimos el amor

Sobre melosas.

 

Ocres de basural y villerío

Naif de resolana,

Horizontes de miel,

Moscas azules,

La tierra gruesa parió la primavera

Ojos de sed de estrellas,

Piel curtida.

 

He preñado las bardas en agosto.

Cara al sol

Sentí tu sombra ausente

Arremezar mi sombra.  (11)

 

   Las bardas son símbolo en Neuquén y ésta poeta caracteriza en su fusión con ellas un modo de experimentarlas. Las bardas son preñables en el presente basural para hacerlas madre nuevamente. Para revivir la idea de que ellas actualizan la matriz, son lo preexistente.

La naturaleza es lo que ha quedado. Es aquello detrás del shopping que han alzado en las bardas.

El pensamiento del moderno urbano coextiende la sensación generada por el contacto con lo natural a una sensación de pureza, de Dios: Ricardo Fonseca es representativo en este sentido en su poema Paisaje:

En este pueblo de chacras y de ediles;

De ajustados horarios comerciales, habría que hacer sitio a la ventura

Para nunca apagarnos totalmente.

Miren que vivir tan programados

Y andar poniendo sello en todas partes,

Y no seguir al viento hasta otoño

Y repartir mas risa por la barda.

 

Qué manera de ser municipales

Y no abrirle una hendija a la locura

Por donde transpirar más libremente

Y volver a los cantos del trabajo.

 

Yo me alegro del alegre borracho

Que cruza por el barrio en la alta noche

Y hace a un lado a los santos a puteadas

Y conversa con dios directamente. (12)

 

   En la Patagonia, sobreviviendo a la profusión demográfica, a la industrialización y shoppinización el habitante busca un anclaje de su identidad en la naturaleza avasallante. Los viajeros ya habían vivido la mágia de estos parajes "le endilgaron desalentadoras definiciones como la de Darwin "tierra maldita", o la de Antonio de Córdoba "esta parte es la mas despreciable y desdichada del Orba", pero también sentidas impresiones como las de Ramón Lista: "en estas latitudes todo excita a la emoción, unas veces la triste aridez de las planicies, otras el aspecto caótico de las montañas (13).

La magia patagónica, la naturaleza que se cuela dentro ("tengo tan dentro mi valle/que puedes confiar sin miedo: /para tu sed angustiada/traeré el cántaro fresco"(14)) parece no haber discriminado esquemas perceptivos y su galería de personajes alineó a una extravagante tipología compuesta por aventureros inescrupulosos, devotos colonos, buscadores de quimeras, fugitivos de distintas partes del mundo, entre ellos pistoleros del Far West, inmigraciones ansiosas de un ámbito mas tolerante de sus costumbres. También personaje como el francés Orllie Antoine De Tounesns quien se habría autoproclamado Rey de Araucania o Patagonia; y ni que hablar de nazis y Ted Turner. La Patagonia llama, abraza, retiene, y transforma.

"Viajar a la Patagonia por lo que imagino, es como ir hasta el límite de un concepto, como llegar al fin de las cosas (...) una región de exilio, un lugar de desterritorialización" según palabras del pensador francés Jean Baudrillard (15).

¿Es, entonces, Neuquén el límite entre lo pasajero y lo eterno, el punto donde el destierro del viajero, del Mapuche, del inmigrante es subyugado a la eterna naturaleza que le sale al encuentro? ¿Es posible que cierta voluntad de la naturaleza quiera atraernos hacia ella? ¿Y que nosotros nos resistamos impresionados por su bravéz? ¿Y que solo le demos lugar en sectores de la ciudad, en poemas y en leyendas sin permitirnos templarnos con ella, interpretarla en acción?

  CONCLUSION

   He intentado bosquejar la relación dialéctica e histórica de dominante- dominado en la que se inscribe el espíritu del habitante neuquino con su medio natural. Las características de la fundación hablan de un hombre moderno que avasalla a la naturaleza. La línea indígena Mapuche, como desde el término que nombra a la ciudad, permite a la naturaleza colarse en el hombre dándole la materia para su lengua y sus relatos. Aquí es la naturaleza el agente poderoso.

La naturaleza es un poder. La Patagonia es donde termina el mundo que vuelve a nacer.

Es de la naturaleza más humana responder corporal y espiritualmente a las fuerzas del espacio que hablan el idioma del origen ¿Qué ha ocurrido para que en particular el neuquino no pueda gozar de esa comunicación, qué no puedan decir- yo soy neuquino?

A sucedido la negligencia del conquistador, la aventurada fe en el progreso, la resignación Mapuche, la tecnología del desapego, el desprestigio de los mitos.

Pero el ansia humana está intacta, los poetas lo han dicho y lo sabe el paseante que bebe del río y se pierde en las bardas.

Solo generando consciencia de esa necesidad sublimada históricamente es posible restablecer el vínculo. ¿Es posible que ante la angustia que le causa al cuerpo estar insensible frente al mundo, los otros y si mismos continúe construyéndose en este sentido?.

Propongo tímidamente comenzar el cambio. Las principales calles de Neuquén llevan nombres de Generales y Coroneles de la expedición al desierto que limpió de magia y proyectó una urbe culpógena ¿Es necesario que siga llamándose Conrado Villegas el mas importante teatro de la ciudad?

Este es un cambio realizable político institucionalmente. En el mismo sentido de conformación de consciencia histórica pos a una libre interpretación de los hechos (no solo la historia de los vencedores) creo necesaria cambiar la orientación del tratamiento de las culturas indígenas argentinas. Son colocados unos junto a otros Onas con Tehuelches, Charruas y Aymará homogeneizando sus rasgos y recluyéndolos a un museo, no provocando mas que una prisión en el pasado y la acentuación de su categoría de "otro" que los mas progresistas reivindican con bolsitos tejidos en telar Mapuche. Propongo liberarnos de la estilización de lo indígena y valorar a cada pueblo por su íntima y secreta forma de existencia y expresión.

La tercer propuesta incluye, como la anterior, una apuesta por la inteligencia del hombre común (no ya utópicamente la de los políticos). En esta gran ciudad vivimos en el mismo espacio y solo nos separan vidrios y concreto, no tenemos acceso a la naturaleza mas que en el balcón, en el parque y en enero (mas alguna mascota ocasional), si somos todos también seres naturales: abramos las ventanas y contemplémonos sin pudores, quitemos las cortinas para dejar ser a los cuerpos. Sobrepongámonos de la alienación, usemos la cercanía para evitar la autodestrucción. (*)

 

(*) Fuente: Trabajo realizado por Agustina Paz Frontera en el contexto de la materia Principales Corrientes del Pensamiento Contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires en el año 2002.

 

 

Citas:

1 Carlos Bouquet Roldan, citado por Angel Edelman, Primera Historia del Neuquén. ed. Plus ultra ( Bs. As, 1991).

2 Hector Murena: El Rito más Primitivo, Material de Cátedra PCPC 2002.

3 Angel Edelman: Primera historia del Neuquén, ed. Plus ultra ( Bs. As, 1991).

4 idem.

5 idem p.14.

6 Idem.

7 Véase León Benarós, Leyendas argentinas, Ed. Atlántida. Bs. As, 1984. pp. 103-106.

8 Véase Alvarez, Gregorio, Neuquén: Historia, Geografía y Toponimia. Editado por Congreso Nacional. Bs. As., 1983. p.108.

9 Idem, p.109.

10 J. Steiner, Presencias reales, Material de Cátedra Casullo, ficha de prácticos, UBA 2002, p.19.

11 Universidad del Comahue, Influencia del medio ambiente en la expresión pictórica neuquina. Fondo Editorial Neuquino, 1991, p.45.

12 Lilí Muñoz en Voces a mano, poesía neuquina. Neuquen, 1997, pp. 54-55.

13 idem, pp.103-104.

14 Roberto Hosne, Barridos por el viento, Editorial Planeta, Buenos Aires, 1997, p.8.

15 Irma Cuña, "A tu sed", en Voces a mano, p.10.

16 Barridos por el viento. Op.cit., pp.281-282.

 

Bibliografía:

- Héctor Murena: El Rito más Primitivo, Material de Cátedra PCPC 2002.

- Angel Edelman: "Primera historia del Neuquén", ed. Plus ultra ( Bs. As, 1991).

- León Benarós, "Leyendas argentinas", Ed. Atlántida., Bs. As, 1984.

- Alvarez, Gregorio, Neuquén: Historia, Geografía y Toponimia. Editado por Congreso Nacional. Bs. As., 1983.

- Universidad del Comahue, Influencia del medio ambiente en la expresión pictórica neuquina. Fondo Editorial Neuquino, 1991.

- Autores Varios, Voces a mano, poesía neuquina. Neuquen, 1997.

- Roberto Hosne, Barridos por el viento. Editorial Planeta, Buenos Aires,1997