Un mágico bosque petrificado en Patagonia

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Entrada a la reserva donde se encuentra el Bosque PetrificadoA 156 Kms. de Comodoro Rivadavia, por la Ruta Provincial Nro. 26 se halla la ciudad de Sarmiento, en la Patagonia argentina. A través de un buen camino de ripio, y luego de 30 kms. de marcha, se llega a la Reserva Provincial Bosque Petrificado José Ormaechea.

Ni bien entramos al parque nos hallamos ante un paisaje de semblanza lunar. Con troncos petrificados que surjen de la tierra producto de la erosión eólica. Una primera visión conmovedora. Aunque resulte dificil imaginar, hace 65.000.000 años, los trozos de piedra inerte fueron árboles; parte de un bosque henchido de fertilidad.

Cenizas volcánicas y otros minerales mutaron la estructura molecular de los troncos a lo largo de millones de años.

Uno de los árboles de piedra.El suelo se encuentra abarrotado de pequeñas astillas de madera petrificada, consecuencia de las constantes fragmentaciones por los violentos cambios de temperatura. Al visitante se le presentan dos oportunidades para recorrer la extensión del bosque petrificado: por una senda señalizada para recorrido a pié, y otra más extensa, acompañado por el guardaparque en el vehículo de la reserva.

En ambos recorridos encontrarán variados perfiles de este particular paisaje: grandes troncos, cerros  de coloridos estratos, cenizas volcánicas y un entorno de intensa magia patagónica...

 

 

Alguna vez fui madera.

Savia embriagada de árbol.

El viento y la luz

acicalaron cabelleras vegetales

 en mí.

Tiempos gigantescos

me acercaron lluvias y soles.

Creí que siempre sería

cáliz de hojas fértiles.

Pero el rayo y el temblor

hicieron que me fundiera

con la palma polvorienta

de la tierra.

Durante el tiempo gigantesco

fui madera desgajada, derrumbada.

En Patagonia.

Y desde entonces mi ser

es lento molino

de astas que se endurecen.

Desde entonces, quieta meditación soy

sobre el viaje repetido

de la estrella nocturna

y la hoguera esférica del día.

Desde entonces, soy un valle de tímpano sensible,

astillas que escuchan

el silencio y la ventisca.

Desde entonces,

soy piedra de Patagonia.

Piedra que medita.