Siesta en el Huechulafquen, por Ariel Puyelli

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Frente al Lago Huechulafquen (Foto Ariel Puyelli)  En Neuquén, en la Patagonia Argentina, brilla el lago Huechulafquen. Entre sus aguas, un pescador se pescará a sí mismo. Se sacará del agua a través de una trucha. Y se descubrirá como un latido más del paisaje. El hombre que se con-funde con el entorno patagónico cabrillea entre las líneas de la narración de Ariel Puyelli que gentilmente nos ha enviado y que presentamos en este nuevo momento de Patagonia: poesía e imagen.

Puyelli vive en la la ciudad de Esquel, en Chubut, Argentina. Allí, además del cultivo de la poesía y la literatura impulsa una publicación cuyas señales podrán hallar abajo.

 

   El lago de Patagonia, una vez más, embruja. Y revela.

E.I

 

Ariel Puyelli  realiza Palabras del alma. Encuentro con la poesía y el cuento. Publicación literaria mensual de distribución gratuita.

Palabras del alma es una publicación literaria que se edita en la ciudad de Esquel, Chubut. Su distribución es gratuita y abarca, entre otras, las localidades de Esquel, Trevelin, El Bolsón, El Maitén, General Costa, Río Pico, Puerto Madryn, Rawson, Trelew, Comodoro Rivadavia, otras del interior de la provincia del Chubut así como Río Gallegos, Tierra del Fuego, La Plata, Neuquén y Buenos Aires.

Mil quinientos ejemplares se entregan en los comercios auspiciantes, Direcciones de Cultura, bibliotecas municipales, populares y barriales, centros culturales y ferias artesanales, alcanzando así a un público muy diverso compuesto por residentes y turistas.

En Palabras del alma se publican cuentos cortos y poesías de autores -en su mayoría-patagónicos;sean éstos adultos, jóvenes o niños, ya que la intención de la publicación es que los periódicos sean leídos por toda la familia. La cantidad de autores interesados en editar sus obras en Palabras del alma crece mes a mes; reflejándose este hecho en los mails y cartas que llegan con cuentos, poemas o libros, de diversos puntos del país.

A través del periódico, los autores conocidos ganan difusión a la vez que los inéditos encuentran una vía de edición gratuita y efectiva para hacer conocer su obra. Éste es uno de los objetivos más importantes que se cumplen mes a mes y que poetas, escritores y lectores reconocen y valoran.

Todos los meses, distintas escuelas patagónicas cuentan en sus bibliotecas con ejemplares del periódico para que el material sea trabajado con sus alumnos, dada la avidez de las instituciones por proveerse de literatura patagónica de autores reconocidos o inéditos.

El carácter gratuito de Palabras del alma le otorga una difusión tan amplia como rápida y efectiva y, debido a la creciente demanda del público lector de distintos puntos del país, próximamente habilitaremos una página web con gran parte del contenido de todas las ediciones editadas, así como las biografías de los autores, quiénes hacen posible la edición (auspiciantes, instituciones, etc).

Director: Ariel Puyelli

Chacabuco 1232 - Depto. 3 - Tel.: (02945) 450052 - (9200) Esquel - Chubut - Patagonia Argentina

e-mail: palabrasdelalma@topmail.com.ar / aapuyelli@hotmail.com

 

 

 

SIESTA EN EL HUECHULAFQUEN
Por Ariel Puyelli

Vista del Lago Huechulafquen (Foto A.Campos)    El hombre miró la mosca que colgaba en el extremo de la caña, una vez más. No sería la última. Tampoco era la primera. Un zumbido cortó el silencio de la tarde de sol, tan apacible, que convertía al lago en un gran espejo.

Por momentos, el hombre creía estar en el cielo; ya no era un reflejo. Luego volvía a la realidad y observaba en las mansas aguas la silueta de algún pájaro que volaba desde el bosque hacia las montañas, frente a él, en la otra orilla del Huechulafquen.

"Los relojes no existen en estos lugares", le habían dicho muchos turistas, aprendices de pescadores con mosca. Los calendarios tampoco, agregaba él entonces con la satisfacción de aquellos que trascienden el tiempo y se hacen carne con el paisaje. Pero había una fecha en su vida. Una sola. Un día. Y hasta una hora aproximada.

Volvió a lanzar la mosca y se sorprendió al notar que lo hacía con más fuerza que la necesaria.

"La paz se respira en estos lugares", le habían dicho los mismos turistas, aprendices de pescadores con mosca, tantas veces. Sí, acotaba él entonces con la quietud del paisaje en sus venas, en su historia, en su corazón. Pero había pasado algún tiempo. Y la paz no era la misma ahora.

Las arrugas de la frente -sus relojes, su calendario-, señalaban que las horas y los años se habían precipitado en el cansancio y el dolor, como si esas arrugas fueran extensiones de piel de las laderas de la precordillera del Neuquén, tan cambiante de colores éstas; tan cambiantes de dolores aquellas.

La trucha se resistía en el combate con el experimentado pescador. El animal intentaba una estéril última batalla. El hombre observaba la acción en silencio. En calma. El movimiento del agua hacía añicos el espejo natural frente al hombre, que chasqueó los labios por el tamaño de la pieza.

Cuando hubo guardado todos sus elementos de pesca, se sentó junto a un árbol que lo cobijara de este inusual calor de noviembre y se dedicó por completo a contemplar el lago - cielo.

"Con que atiendas a la mitad de turistas que atendiste la temporada anterior, te salvás, viejito", le había dicho esa mañana un vecino. Pero él no quería turistas ni salvaciones en efectivo.

Deseó esa tarde de noviembre, que el lago no le hubiera jugado la mala pasada de la temporada anterior. Que el cielo claro de esa tarde regresara en el tiempo y no lo hallara postrado en una cama con una enfermedad pasajera y terminal. Tan pasajera como una gripe. Tan terminal como una muerte del alma. Tan maldita como para haberle robado lucidez y no poder repetirle una vez más a ese hijo que el lago es muy traicionero con las embarcaciones.

El hombre miró las montañas. Bajó la vista hasta su trucha. Se encontró con sus manos callosas, sucias, pero fuertes, casi invencibles.

Al menos mientras él mismo fuera parte del paisaje.