Los caminos de la lluvia

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Lluvia      La lluvia desciende desde los ríos del cielo. Su caminos son ondulados y fluidos. La lluvia que cae del firmamento puede causar asombro poético, interpretación simbólica o una indagación científica sobre las causas físicas que la generan. En este momento de Geografía Celeste de Temakel, nos acercaremos a las frescas gotas con las que el cielo fertiliza la tierra. Para esto primero presentaremos un texto sobre el origen natural de la lluvia; y, luego, un acercamiento a su simbolismo a través de Rene Guenón, uno de los principales conocedores de la historia de los símbolos.  

 

 

 

LAS CAUSAS FÍSICAS DE LA LLUVIA

   Por lo general las lluvias traen beneficios como la posibilidad de contar con buenas cosechas y por tal motivo son esperadas por una gran parte de la población. Pero no sólo las cosechas se benefician con las lluvias, sino que, en general, las lluvias permiten muchos de los procesos en la naturaleza que mantienen el equilibrio ecológico en el planeta Tierra.

   Pero, ¿por qué llueve?

   Resulta que el Sol calienta la superficie terrestre y con esto parte del agua de los ríos, los lagos, mares y océanos se evapora y al estar a mayor temperatura que el aire normal, sube a la parte superior de la atmósfera.

  Una parte del vapor de agua que sube se va enfriando hasta llegar a una altura en la que se condensa formando nubes. Otra parte de ese vapor se queda en la atmósfera en forma de humedad y algunas veces se condensa, sobre todo en las mañanas frías, formando el rocío matutino.

  Cuando la temperatura en las nubes baja lo suficiente y la concentración de vapor de agua en la atmósfera se incrementa, se inicia el proceso de formación de gotas de agua y puesto que estas son más pesadas que el aire, se precipitan generando las lluvias.

  El proceso que da origen a la formación de lluvia se puede reproducir y verificar fácilmente de la siguiente manera: cuando ponemos a hervir agua observamos que al calentarse, el agua se evapora y sube a la parte superior del recipiente que la contiene. Si colocamos una tapa en la olla, el vapor se condensa y se inicia la formación de gotas que más tarde se precipitan. El proceso de formación de gotas de agua en la tapa se hace más eficiente si colocamos hielo sobre ella.

   Poner hielo sobre la tapa equivale a producir corrientes de aire frío en las nubes originado la formación de gotas de agua y con esto la lluvia. Si la temperatura del aire que llega a las nubes es muy baja, el enfriamiento es brusco y las gotas de agua se congelan provocando la caída de granizo.

   Además, existen otros factores que contribuyen a la caída de las lluvias, tal es el caso de los vientos.

   Los vientos son originados por el calentamiento del aire sobre la superficie terrestre y por la rotación de la Tierra. Durante el día, el aire caliente sube y el aire frío baja, originando corrientes convectivas de aire. Este proceso visto a nivel planeta, implica que durante el verano, el Sol calienta más eficientemente la parte comprendida entre el Ecuador y el polo Norte, por lo que el aire calentado, en esas regiones, sube y el aire frío, proveniente del polo norte, se desplaza a ocupar su lugar. Esa masa de aire polar se le llama frente frío.

   Al desplazarse el frente frío sobre la superficie del planeta, el aire caliente, con vapor de agua, es desplazado hacia arriba por lo que se condensa más vapor de agua, las nubes se hacen más densas y se originan lluvias intensas. Por esta razón, en lugares donde se pronostica lluvia en los próximos minutos, se siente primero la presencia de un viento frío. Ese viento frío que siempre antecede a una lluvia.

   Sí a los fenómenos de calentamiento de la atmósfera, le sumamos el efecto de rotación de la tierra, tenemos como resultado que en ciertos lugares se origine la formación de huracanes u otros fenómenos meteorológicos tales como tormentas o trombas.

   Un huracán se caracteriza por la rotación de masas de aire alrededor de una región en la atmósfera de baja presión, llamada el "ojo del huracán". Estas masas de aire originan vientos muy intensos y arrastran mucha humedad del océano y por esa razón, los huracanes son muy destructivos cuando llegan a tierra.

   El impacto que tenga un huracán sobre la población, cuando toca tierra, depende de varios factores (por ejemplo la cultura en prevención de desastres que tenga un país y el desarrollo socioeconómico de sus habitantes). En lo que respecta a los factores físicos, el huracán se puede formar en el océano y permanecer allí sin ocasionar ningún daño. O bien, dependiendo de las condiciones atmosféricas, se puede dirigir a tierra y causar desastres; también, puede que se haga más grande o que pierda energía y se transforme en tormenta tropical.

  Finalmente, diremos que la forma de remolino que toman los huracanes tiene su origen en la rotación de la Tierra. En el hemisferio Norte esa rotación terrestre hace que los huracanes circulen en dirección contraria a como se mueven las manecillas del reloj, caso contrario en el hemisferio sur, dónde los huracanes giran en dirección de las manecillas del reloj.

Apolonio Juárez Núñez
                                      Laboratorio de Ciencias Aplicadas, FCFM, UAP.

 

EL SIMBOLISMO DE LA LUZ Y LA LLUVIA
 Por René Guénon

Lluvia     Hemos aludido a cierta relación existente entre la luz y la lluvia, en cuanto una y otra simbolizan igualmente los influjos celestes o espirituales. Semejante significado es evidente en lo que respecta a la luz; en cuanto a la lluvia, como hemos indicado en otro lugar(1), atañe al descenso de esos influjos al mundo terrestre. Subrayábamos entonces que ése es en realidad el sentido profundo, enteramente independiente de cualquier aplicación «mágica», de los difundidos ritos que tienen por objeto «hacer llover» (2). Por otra parte, tanto la luz como la lluvia tienen un poder «vivificante», que representa con exactitud la acción de esos influjos (3). Tiene cabida también aquí el simbolismo del rocío, que, como es natural, se halla en estrecha conexión con el de la lluvia y es común a numerosas tradiciones, desde el hermetismo (4) y la cábala hebrea (5) hasta la tradición extremo-oriental.(6)

    Desde este punto de vista, la luz y la lluvia no están referidas solamente al cielo en general, sino también y en concreto al sol. Y esto respeta la naturaleza de los fenómenos físicos correspondientes, es decir, de la luz y la lluvia en su sentido literal. En efecto, por una parte, el sol es real y verdaderamente la fuente de luz de nuestro mundo; y, por otra parte, él también, haciendo evaporar las aguas, las «aspira» en cierto modo hacia las regiones superiores de la atmósfera, de donde tornan a descender luego en forma de lluvia sobre la tierra. Adviértase además que la acción del sol en la producción de la lluvia se debe propiamente a su calor. Topamos así con los dos términos complementarios, luz y calor, en los que se polariza el elemento ígneo, según ya lo hemos indicado en diversas oportunidades. Esta observación explica el doble sentido de una figura simbólica que parece haber sido bastante mal comprendida en general.

    El sol ha sido representado a menudo, en tiempos y lugares muy diversos, incluida la Edad Media occidental, con rayos de dos tipos, alternativamente rectilíneos y ondulados. Un ejemplo notable se encuentra en una tableta asiria del Museo Británico que data del siglo I a.c.(7) en ella el sol aparece como una especie de estrella de ocho rayos (8): cada uno de los cuatro rayos verticales y horizontales está constituido por dos rectas que forman un ángulo muy agudo, y cada uno de los cuatro rayos intermedios lo está por un conjunto de tres líneas onduladas paralelas. En otras representaciones similares, los rayos ondulados están constituidos, como los rectos, por dos líneas que se unen por sus extremos y que reproducen así la conocida imagen de la «espada flamígera», (9). En todos los casos, es evidente que los elementos esenciales son la línea recta y la ondulada, a las que pueden reducirse los dos tipos de rayos si se quiere simplificar la cosa. Pero, ¿cuál es exactamente la significación de esas dos líneas?

   En primer lugar, cuando se trata de representar el sol, lo más natural es considerar que la línea recta representa la luz y la ondulada el calor, Curiosamente esto es afín al simbolismo de la letras hebreas resh y shin en cuanto elementos respectivos de las raíces ar y ash, que expresan precisamente esas dos modalidades complementarias del fuego (10). Solo que –y esto parece complicar las cosas– la línea ondulada es también muy a menudo un símbolo del agua. En la tablilla asiria las aguas aparecen como una serie de líneas onduladas semejantes en todo a las que se ven en los rayos del sol. La verdad es que, teniendo en cuenta lo que ya hemos explicado, no hay en ello contradicción alguna: la lluvia, a la que como es natural conviene el símbolo general del agua, puede considerarse realmente como procedente del sol; y además, como es efecto del calor solar, su representación puede confundirse legítimamente con la del propio calor (11). Así, la doble radiación que consideramos es luz y calor en cierta medida; pero es también luz y lluvia, mediante las cuales el sol ejerce su acción vivificante sobre todas las cosas.

    Cabe señalar aún que el fuego y el agua son dos elementos aparentemente opuestos, mas en realidad complementarios; y, más allá del dominio donde se afirman las oposiciones, deben, como todos los contrarios, conciliarse y unirse de algún modo. En el Principio mismo, del cual el sol es una imagen sensible, ambos se identifican en cierta medida, lo que justifica aún más cabalmente la figuración que acabamos de estudiar. También en niveles inferiores, aunque correspondientes a estados de manifestación superiores al mundo corpóreo al cual pertenecen el fuego y el agua en su faceta «densa» o «burda» que da lugar propiamente a su mutua oposición, puede haber entre ellos una relativa identidad, por decirlo de algún modo. Así sucede con las «aguas superiores», que son las posibilidades de manifestación no-formal, y que en cierto sentido están simbólicamente representadas por las nubes, de donde la lluvia desciende sobre la tierra (12) al mismo tiempo que son residencia del fuego bajo el aspecto del rayo (13). Lo mismo ocurre en el orden de la manifestación formal con ciertas posibilidades pertenecientes al domino «sutil». Resulta particularmente interesante observar, a este respecto, que los alquimistas «entienden por aguas los rayos y el resplandor de su fuego» y que dan el nombre de «ablución» no a «la acción de lavar algo con el agua u otro licor», sino a una purificación que se opera por el fuego, de modo que «los antiguos han ocultado esta ablución bajo el enigma de la salamandra, de la cual dicen que se nutre en el fuego, y del lino incombustible (14), que en el fuego se purifica y blanquea sin consumirse» (15). Puede comprenderse con esto que en el simbolismo hermético se aluda frecuentemente a un «fuego que no quema» ya una «agua que no moja las manos» y también que el mercurio «animado», es decir vivificado por la acción del azufre, se describa como una «agua ígnea», y a veces como un «fuego líquido» (16).

Lluvia   Abundando en el simbolismo del sol, agreguemos solamente que los dos tipos de rayos a que nos hemos referido se encuentran en ciertas representaciones simbólicas del corazón, y que el sol, o lo que éste representa, se considera, en efecto, como el «corazón del mundo», de modo que también en este caso se trata en realidad de la misma cosa; pero esto, en cuanto el corazón aparece como un centro de luz y de calor a la vez, podrá dar lugar aún a otras consideraciones.

 

NOTAS

1.- La Gran Triada, cap. XIV.

2.- Este simbolismo de la lluvia se ha conservado, a través de la tradición hebrea, incluso en la liturgia católica: «Rorate Caeli desuper et nubes pluant Justum» (Isaías, XLV, 8),

3.- Véase a este respecto, en lo que concierne a la luz, Puntos de vista sobre la Iniciación, cap. XLVII.

4.- La tradición rosacruz asocia el rocío y la luz, estableciendo una relación por asonancia entre Ros-Lux y Rosa-Crux.

5.- Recordemos que el nombre Metatron, por las diferentes interpretaciones que de él se dan, va asociado a la «luz» ya la «lluvia». El carácter propiamente «solar» de Metatron pone a éste en relación directa con las consideraciones que desarrollaremos enseguida.

6.- Véase El rey del Mundo, cap, III, y El Simbolismo de la Cruz, cap, IX.

7.- Esta tablilla está reproducida en The Babylonian Legends of the Creation and the Fight betweer; Bel and the Dragon as told by Assyrian Tablets from Nineveh (publicación del British Museum).

8.- El número 8 puede tener aquí cierta relación con el simbolismo cristiano del Sol Justitiae (véase el simbolismo del 8º arcano del tarot). El Dios solar ante el cual está colocada esa figura sostiene además en una mano «un disco y una barra, que son representaciones convencionales de la regla y de la vara de justicia». Por lo que toca al primero de estos dos emblemas, recordemos la relación existen entre el simbolismo de la «medida» y el de los «rayos solares» (véase El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos, cap, III).

9.- Señalemos incidentalmente que esta forma ondulada es a veces también una representación de relámpago, relacionado a su vez con la lluvia, en cuanto ésta aparece como una consecuencia de la acción del rayo sobre las nubes, que libera las aguas contenidas en ellas.

10.- Véase Fabre d,Olivet, La Langue hébraique restituée.

11.- Según el lenguaje de la tradición extremo-oriental, siendo la luz yang, el calor, considerado como oscuro, es yin con respecto a aquélla, de igual modo que el agua es yin para con el fuego. La línea recta es, pues, aquí yang, y la línea ondulada yin, también desde estos dos puntos de vista.

12.- La lluvia, en efecto, para representar los influjos espirituales, debe ser considerada como un agua celeste, y sabido es que los cielos corresponden a los estados no-formales. La evaporación de las aguas terrestres por el calor solar es, por otra parte, la imagen de una transformación, de modo que hay en ello como un tránsito alternativo de las «aguas inferiores», a las «aguas superiores», y viceversa.

13.- Cabe relacionar esto con la observación que hemos formulado antes respecto al relámpago; corrobora además la similitud existente entre la representación de éste y el símbolo del agua, En el antiguo simbolismo extremo-oriental, no hay sino una leve diferencia entre la figuración del trueno (lei- wen) y la de las nubes (yun-wen); una y otra constan de series de espirales, a veces redondeadas ya veces cuadradas. Habitualmente se dice que las primeras son yun-wen y la segundas lei-wen, mas existen formas mixtas que restan verosimilitud a esta distinción. Ambas están igualmente en conexión con el simbolismo del Dragón (véase H, G, Creel, Studies in Early Chinese Culture, págs, 236-237), Notemos también que esta representación del trueno por espirale se confirma lo que deciamos antes sobre la relación existente entre el símbolo de la doble espiral y el del vajra (La Gran Triada, cap, VI).

14.- Este «lino incombustible» (asbestos) es en realidad el amianto.

15.- Dom A- J, Pernéty ,Dictionnaire mytho-hermétique, pág 2.

16.- Véase La Gran Triada, cap, XII.