Exploradores de la Antartida(2): la expedición de Scott

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Robert Falcon Scott  En 1910 Robert Falcon Scott, se propuso alcanzar el Polo Sur. Tuvo un inesperado competidor: el noruego Roald Amundsen. Junto a Wilson,  Evans, Oates y Bowers, comenzó su travesía. Su aventura estaría signada por la fatalidad. Inesperados problemas con los víveres, junto a las inclemencias del riguroso y devastador clima antártico, precipitaron la tragedia. Todos los expedicionarios entregaron sus cuerpos a las heladas manos de la tierra blanca. Aquí, en Viajeros y exploradores de Temakel, le presentamos la narración del viaje de Scott y sus valientes compañeros, entre los que se hallaba el legendario Oates. Este artículo procede de la página http://members.es.tripod.de/antartica/   que recomendamos para descubrir las proezas de muchos otros exploradores antárticos (como James Weddell; Dumont D Urville; James Clark Ross; Ernest Shackleton). Luego, incluimos la última carta de Scott enviada a Inglaterra. En Temakel también puede encontrarse Nieve del sur, un relato literario personal que, fundiendo elementos reales y fantásticos, traza un homenaje al coraje de Scott y sus hombres. 

 

 

LA EXPEDICION DE ROBERT FALCON SCOTT

 

    El Terranova llegó a Melbourne el 12 de octubre de 1910. Previamente Scott ya había seleccionado los hombres que compondrían las dos partes de la expedición. La primera quedaría en el estrecho de McMurdo llevando a cabo trabajos de investigación, mientras la segunda realizaría el intento de llegar al Polo Sur. Un pequeño grupo de seis hombres llevado por Campbell denominado del Oriente, sería desembarcado en la tierra inexplorada del Rey Fernando VII, 400 millas al Este.

   El mismo día en que Scott llegó a Melbourne se llevó un disgusto que no disimuló; en el correo llegaba un telegrama enviado desde Madeira el 9 de septiembre que decía: "me permito informarle que el Fram se dirige a la Antártida. Amundsen". Su cara palideció, le acababa de salir un serio competidor que además le llevaba ventaja. Scott consideró la acción de Admusen desleal por no hacer públicas sus intenciones de acometer la conquista del Polo Sur. Admunsen había dado a conocer la idea de que se proponía una expedición al Ártico, cuando en realidad llevaba calladamente el proyecto de llegar al Polo Sur. El noruego llegó a Chistiania a bordo del Fram el 9 de agosto de 1910 con 97 perros, una casa refugio en secciones y provisiones para dos años. Cuando llegó a Madeira sólo dos miembros de la tripulación, su hermano Leo y el comandante del buque el Lugarteniente Nielsen, sabían sus verdaderas intenciones. Antes de partir desveló a la tripulación en que consistía su proyecto, y dejó un telegrama para ser transmitido a Scott con instrucciones de no ser enviado hasta cierto tiempo después de partir el Fram.

   Scott llegó a Nueva Zelanda el 27 de octubre de 1910, donde concluyeron todos los preparativos de equipos y animales: 430 toneladas de carbón iban en las estibas interiores, otras 30 toneladas apiladas en sacos en la cubierta superior, junto con tres trineos a motor que se iban a probar por primera vez. Montones de forraje y módulos de establos para los 19 caballos manchurianos, Cinco toneladas de comida para los 39 perros, 162 carneros, lechones y otros tipos de carne, además de cientos de artículos variados, que tenían que ser estibados incluso en los dormitorios debido a la falta de espacio.

Expedición terranova   El 29 de noviembre de 1910 a las 16:30  partían para el Antártico. La mayor parte de estos hombres no volverían a ver nada de color verde hasta un año y medio después. Otros cinco no regresarían nunca más.

El 2 de diciembre sufrieron una tormenta huracanada que desmanteló prácticamente la nave. La carga de cubierta se movió y desestabilizó el barco peligrosamente. Las olas golpeaban con tanta virulencia que los perros rodaban por cubierta y se golpeaban fuertemente de banda a banda. El agua llegó a penetrar en los compartimentos interiores. Los ponys sufrieron más que ningún otro animal; cuando la tormenta amainó dos habían muerto y un perro se había perdido en el mar. Pero los problemas continuaban, el agua había convertido el polvo del carbón en un lodazal y las bombas de achique estaban obturadas. Los hornos de las calderas tenían agua casi hasta su nivel, teniendo que ser apagados todos los fuegos por temor a una explosión, en los primeros momentos se temió la pérdida del buque. Finalmente, los hombres consiguieron desalojar gran parte del agua transportándola a mano al exterior mediante cubos. Mientras tanto, se pudo practicar un agujero en el mamparo por donde pasar las bombas, para hacerles llegar agua limpia con que aclarar las válvulas. Gritos de alegría se escucharon cuando el primer chorro de agua brotó de las bombas por primera vez. Se perdieron unos diez montones de carbón y 65 galones de gasolina y alcohol.

   El 8 de diciembre se divisó el primer iceberg, y al día siguiente, en 65º 8' de latitud Sur, el Terranova entró entre los hielos. Durante las siguientes tres semanas la nave fue empujada y golpeada por innumerables hielos macizos, que obligó a consumir gran cantidad de carbón para conseguir progresar. Se emplearon veinte días en avanzar 600 km. El 30 de diciembre llegaron al mar de Ross. El día de Año Nuevo el monte Erebus apareció a la vista, y el 3 de enero de 1911 alcanzaron el cabo Crozier. Intentaron desembarcar allí, donde habían planeado instalar el campamento de invierno, pero el mar estaba demasiado embravecido. La siguiente opción era el estrecho de McMurdo, rodeando el noroeste de la isla de Ross siguieron la costa hasta cabo Evans, a 23 kilómetros al Norte de la estación Discovery, donde tomaron la decisión de instalar allí los campamentos. El 4 de enero el Terranova se ancló al hielo y comenzó la descarga.

   Se descargaron los primeros dos trineos motorizados que inmediatamente se utilizaron para trasladar las cargas al campamento. El tercer trineo que era el más pesado y voluminoso tuvo que ser que ser arrastrado por 20 hombres hacia la orilla, pero antes de llegar una abertura en el hielo se tragó el trineo que se fue al fondo del mar. La casa refugio se construyó muy rápidamente, medía 50x25 pies y 9 hasta los aleros. Se aisló con acolchados de algas marinas y se le dotó de estufa, cocina e incluso compartimentos independientes, en donde no faltó la estiba del vino. En dos semanas estaba construida y ocupada. El invierno se emplearía para desplegar un gran esfuerzo logístico y humano, que les permitiera llegar con éxito al Polo Sur en el siguiente verano.

   El 24 de enero se inició una expedición preliminar de dos meses con objeto de establecer depósitos de apoyo al gran viaje al Polo. La primera parte de ese viaje debía realizarse en la meseta de la Gran Barrera de Hielo. La distancia desde los cuarteles de invierno de cabo Evans hasta el pie del ventisquero de Beardmore, evitando los rodeos, era de 750 km. Seguiría después una subida de 2.500 m. por pasos montañosos durante 200 km. más  en medio de peligrosos precipicios. La parte final del viaje abarcaría otros 500 km. por una meseta a más de 3.000 m. de altura. En esa meseta, Shackleton en su expedición de 1908, sufrió un temporal durante el cual la temperatura llegó superar los 40º bajo cero. La distancia total de la base de cabo Evans hasta el Polo Sur era de 1.450 km., de manera que, caminando a razón de 20 km. por día, el viaje de ida y vuelta debía durar cerca de cinco meses; se calculó que el regreso a cabo Evans se materializaría a principios de marzo.

   Cuando partieron hacia la Gran Barrera llevaban con ellos todos los perros y ocho ponys. Dos días más tarde Scott con un grupo de perros volvió a la nave a través del hielo, a despedir al lugarteniente Pennell y su tripulación. Éstos, que regresaban a Nueva Zelanda, habían dejado a Campbell y sus cinco compañeros en algún lugar de la tierra de Eduardo VII, tal como estaba previsto. Tras regresar a la Barrera establecieron el campamento con los depósitos, pero a prudente distancia del borde para evitar cualquier peligro de rotura del hielo. Llamaron a este lugar Campamento seguro (Safety Camp), y fue desde aquí que se realizaron los preparativos para el empujón final al Polo Sur.

   Las primeras dudas sobre la viabilidad de llevar caballos comenzaron al ver como éstos se hundían en la nieve blanda, que les obligaba a caminar con gran dificultad y alguno de ellos comenzaba a cojear. Se habían traído unos calzos de nieve para los animales, pero sólo tenían un juego en su poder. Se probó a atar a las patas de "Willie cansado" el par de que disponían y los resultados fueron excelentes, así que Meares y Wilson se pusieron de regreso a la base a recoger los restantes. Cuando llegaron a la lengua del glaciar encontraron que el hielo a lo lejos se había roto, y no había camino para llegar a la base de cabo Evans. Ambos regresaron entonces a Campamento Seguro, y el 2 de febrero la expedición continuó adelante con provisiones para cinco semanas. Atrás quedaron dos hombres, Atkinson con una herida en el talón, y Crean para cuidarlo. Marchando en dirección oriental establecieron un depósito que se llamo Córner Camp, aquí sufrieron la primera ventisca que les confinó en las tiendas durante tres días. Desde aquí caminaron diez noches hacia el Sur a establecer su depósito final. Tres ponys empezaban a estar visiblemente debilitados. Cuando se estableció el campamento nº 11 Scott decidió enviarles atrás para que empujaran con los demás, mientras él continuaría con sólo cinco. En los dos días siguientes las condiciones del tiempo empeoraron, la nieve se hizo pesada y el avance muy lento. El 17 de febrero Scott decidió regresar sin alcanzar el paralelo 80º como era su deseo. A 79º 28' Sur, a 142 millas del campamento base, construyeron una cabaña y depositaron más de una tonelada de reservas que llamaron Campamento de la Tonelada. Al cuarto día de retorno, a 12 millas del Campamento Seguro, Wilson y Meares vieron como los perros de Scott desaparecían uno tras otro de la blanca superficie, el trineo quedó colgado al borde de una grieta mientras los perros se balanceaban aullando y forcejeando sobre un abismo. Dos de los perros se soltaron de sus arneses y cayeron hasta un saliente. Wilson y Cherry-Garrad acudieron para auxiliar y arrastraron los perros hasta la superficie con gran dificultad. Abajo, a unos 65 pies, quedaban aun los otros dos perros gimoteando. Wilson no estaba de acuerdo en arriesgarse a bajar a por ellos, pero Scott insistió en descolgarse en la grieta, y balanceándose en el aire con su arnés consiguió alcanzar los perros y sacarlos fuera. Al día siguiente llegaron al Campamento Seguro, donde les esperaban Teddy, Evans, Ford y Keohane, éstos informaron a Scott que sólo tres ponys sobrevivieron al retorno, los demás habían muerto de agotamiento. Después de comer algo y descansar unas horas continuaron camino al campamento base. Scott estaba deseoso de tener noticias de la expedición de Campbell en la tierra de Eduardo VII.

   Cuando llegaron al campamento base lo encontraron vacío. Una nota en la pared decía que había una bolsa con correo del Terranova para el Capitán Scott, pero no encontraron la bolsa ni el correo. Regresaron entonces al Campamento Seguro, donde hallaron a Atkinson y Crean con el correo. Había noticias de Campbell que Scott se apresuró a leer. Según Campbell, el Terranova había navegado a lo largo de la Barrera de Hielo hasta la tierra de Eduardo VII, pero les fue imposible desembarcar. Cuando navegaban de regreso encontraron el 3 de enero a la altura de la Bahía de las Ballenas, un barco anclado al hielo que reconocieron enseguida como el Fram de Amudsen. Curiosamente Campbell, Levick y Pennell desayunaron en el Fram, y Amudsen almorzó en el Terranova con otros dos compañeros. Amundsen ofreció dar algunos perros a Scott, y Pennell por su parte llevar el correo del Fram a Nueva Zelanda. Cuando Amudsen   se acercó al Terranova para almorzar, Raymond Priestly se sorprendió de como controlaba a sus perros. Al llegar al costado del buque dio un silbato y el grupo entero de perros se detuvo como uno solo; colocó el trineo en sentido inverso sobre sus huellas, y permanecieron allí sin moverse durante todo el tiempo que duró la comida. El adiestramiento de los perros era impresionante, Amundsen había prestado a los animales tanta atención como a sus hombres. Sobre el Fram habían construido una cubierta falsa para proteger a los perros durante las tormentas, y un toldo para los días de sol. La dieta por su parte era cuidadosamente equilibrada.

  Cuando Scott leyó las noticias escribió: "No hay duda de que el proyecto de Amundsen es una amenaza muy seria para el nuestro". No solo los medios bien estructurados de Amundsen  preocupaban a Scott, también el emplazamiento que había elegido para iniciar el ataque al Polo Sur. La Bahía de las Ballenas donde Amundsen estaba acampado, se encontraba 60 millas más cerca del Polo, que el estrecho de McMurdo donde se encontraba Scott.

   Scott recibió las noticias sobre Amundsen  de buenas maneras, pero muchos de sus compañeros estaban enojados y deseaban trasladarse inmediatamente a la Bahía de las Ballenas. Scott se había inquieto por el riesgo que suponía esa zona; gruesos hielos se rompían cada año de la placa y salían flotando libremente hacia el mar. Sin embargo, Amundsen se arriesgó al comprobar que la Bahía de las Ballenas que Ross trazara en 1841, seguía en su sitio cuando Borchgrevink  desembarcó en ella en 1900, y cuando Shackleton la navegó en 1908. Finalmente Scott no consideró razonable modificar los planes.

   A principios de marzo Scott, Oates, Gran, Bowers, Crean y Cherry-Garrard continuaron la marcha con cinco ponys a establecer depósitos siguiendo la ruta del mar de hielo. Apenas comenzar "Willie cansado" se derrumbó y murió. Mientras, Scott, Oates y Gran quedaban en el lugar. Bowers, Crean y Cherry-Garrard siguieron con los cuatro ponys supervivientes y los trineos cargados sobre el mar de hielo bordeando el cabo Armitage. Cuando los ponys no pudieron ir más lejos acamparon. Dos horas más tarde se despertaron por un ruido extraño, cuando salieron fuera descubrieron que el hielo se había resquebrajado; su campamento era ahora una placa flotante, uno de los ponys había desaparecido y sobrevivir parecía improbable. La única esperanza era tomar los tres ponys que quedaban y los cuatro trineos, y saltar de placa en placa como pudieran para lograr alcanzar la Barrera. Seis horas pasaron hasta que consiguieron llegar a la Barrera. Usando trineos a modo de escalera de mano pudieron subir a ella, pero los ponys flotaban alejados de ellos sobre una placa con las orcas rondándolas. A la mañana siguiente Bowers vio la placa flotante con los ponys arrimados a un saliente de la Barrera. Bowers y Oates intentaron alcanzar los ponys, desgraciadamente uno se derrumbó y Oates tuvo que rematarlo con su hacha. Entretanto, los otros dos ponys estaban arrimados al borde de la placa. Se tiró de ellos pero uno no pudo saltar, resbaló y cayó al agua. Hizo intentos desesperados por incorporarse mientras las orcas se dirigían hacia él. Bowers, viendo que no había salvación, tomó el hacha y lo mató. Sólo un pony sobrevivió. La expedición inició las jornadas de establecimiento de depósitos con ocho ponys; regresaron al campamento sólo con dos.

   Ahora debían esperar a que el mar de hielo se hiciera firme de nuevo para continuar hacia cabo Evans. El 11 de abril Scott y la mitad de la expedición pudieron partir. Cuando llegaron encontraron la base en buena forma, pero uno de los ponys y otro perro habían muerto. Durante el invierno tres perros más morirían. El 23 de abril el sol desapareció en el horizonte hasta agosto. Durante ese tiempo se realizó bastante trabajo científico en cabo Evans.

   Scott acordó que la fecha de partida hacia el Polo Sur no debería ser más tarde del 1 de noviembre de 1911. No podían salir antes porque los ponys no sobrevivirían a las bajas temperaturas. Los primeros en salir de cabo Evans eran Day, Dashly, Teddy, Evans y Hooper con los trineos a motor, mientras los otros con ponys y perros les seguían atrás. Una máquina se paró poco más allá del Campamento Seguro, mientras el otro tuvo que ser abandonado una milla después de Córner Camp. Diez hombres, cada uno con un pony y trineo, componían la retaguardia: Scott, Wilson, Bowers, Oates, Atkinson, Cherry-Garrard, Wright, Evans, Crean y Keohane. Meares y Dimitri les seguían con los perros. Cada paso tenía que ser realizado a pie o con esquíes. Viajaron de noche porque beneficiaba a los ponys. Al decimoquinto día llegaron al Campamento de la Tonelada. Existió un cuidado constante de que los ponys aguantaran antes de llegar a realizar el depósito 20, ya que la razón primordial de optar por llevar ponys era disponer de carne fresca para la vuelta. El 24 de noviembre se mató el primer pony. Cuatro campamentos más tarde, el 1 de diciembre, se mató el segundo. Se hicieron depósitos a intervalos regulares de unas 70 millas. Cada uno contenía comida y combustible para una semana.

Wilson, Evans, Scott, Oates y BowersEl 5 de diciembre entraron en una ventisca, por cuatro días permanecieron confinados en sus tiendas. En el quinto día la ventisca disminuyó lo suficiente para abandonar el campamento. Once Horas después se mataron cinco ponys y se realizó un depósito. Dos días más tarde se hallaban al pie del glaciar Beardmore. Después de instalar aquí un depósito, Meares y Dimitri iniciaron el regreso con los perros y el correo; Day y Hooper ya lo habían hecho con anterioridad. El grupo que quedó empezó a tirar de los trineos hacia la cúspide a 10.000 pies de altura. El glaciar alcanzaba 100 millas de ancho, y en algunos lugares 40. Los hombres lucharon tirando hacia arriba, en una nieve blanda en donde se hundían hasta las rodillas. Algunos sufrieron ceguedad y varios más cayeron en grietas junto con sus trineos. El 13 de diciembre, el día que Amundsen alcanzó el Polo Sur, en nueve horas la expedición había avanzado menos de cuatro millas. Los hombres tiraron al límite de sus fuerzas pero ahora cuatro de ellos tenían que regresar: Atkinson, Wright, Cherry-Garrard y Keohane. Los hombres que quedaban divididos en dos grupos, siguieron adelante con dos trineos y el suministro para doce semanas de comida y combustible. En el grupo de Scott estaba Oates, Wilson y Taff Evans, Mientras Bowers llevaba a Teddy Evans, Lashly y Crean. Siguieron escalando otros 16 días más para llegar a la cúspide a 10.570 pies de altura. Desde el día de Navidad se realizaron marchas de catorce a diecisiete millas por día. El 3 de enero de 1912 Scott escogió cuatro hombres para que siguieran con él al Polo, y envió a otros tres de regreso.Teddy Evans, Lashly y Crean partían entristecidos a 87º 32' Sur, a una altitud de 10.280 pies, y 169 millas del Polo. El 6 de enero cruzaron la línea de latitud en donde Shackleton tuvo que abandonar en 1908. Los siguientes días avanzaron con dificultad. El 9 de enero permanecieron en sus sacos todo el día por una furiosa ventisca. El 10 de enero reanudaron la marcha, estaban a sólo 97 millas del Polo. El 13 de enero cruzaron el paralelo 89º. El día 14 comenzaron a descender e hicieron su último depósito de comida para cuatro días. El día 16 hicieron un buena marcha y calcularon que llegarían al Polo al día siguiente.

   En la tarde del día 17 de enero de 1912 Bowers divisó algo en la distancia. Hora y media más tarde se dieron cuenta de que se trataba de una bandera atada al patín de un trineo. Cerca estaban los restos de un campamento lleno de huellas de trineos y muchos perros. El Noruego Amundsen se había anticipado. Scott estaba hundido anímicamente, muchos pensamientos venían a su mente, y sobre todo, como encarar el regreso; seguramente sería muy triste, vencidos y cansados.

   El mismo 17 de enero un ventarrón hizo caer las temperaturas  a 54º bajo cero. Oates, Evans y Bowers sufrieron congelaciones. La mañana siguiente encontraron un campamento de Amundsen a dos millas de distancia. Dentro de la tienda había una hoja de papel con cinco nombres: Amundsen, Olav Olavson Bjaaland, Hilmen Hanssen, Sverre H. Hassel y Oscar Wisting. La fecha de la nota era el 14 de diciembre de 1911. Amundsen había llegado al Polo Sur vía un glaciar que habían llamado Axel Heiber. El día que Scott llegó al Polo,Amundsen  se encontraba a sólo una semana de su campamento de invierno en Bahía de las Ballenas, a donde llegó el 25 de enero de 1912.

   Se dirigieron siete millas sur-sudeste a una zona que se encontraba a media milla del Polo, en una altura de 9.500 pies. Aquí construyeron un soporte donde plantaron la bandera, para a continuación comenzar el retorno a la base. Les esperaban 800 millas de penoso caminar. El 7 de febrero alcanzaron la cúspide del glaciar Beardmore y al día siguiente comenzaron a descender. El 11 de febrero se perdieron, y empezaron a desalentarse porque no eran capaces de encontrar el siguiente depósito. Hubo de racionar los alimentos ya que no se estaban realizando las distancias entre depósitos de manera adecuada, y la debilidad empezaba a hacer mella. El 16 de febrero Evans se derrumbó y se tuvo que levantar un campamento. Al día siguiente siguieron viaje, pero Evans hubo de ser llevado al siguiente depósito con una mirada desencajada en sus ojos, poco después de medianoche murió.

Oates avanzando entre la ventiscaDespués de descansar unas horas siguieron adelante hasta el depósito que se encontraba al pie del glaciar, donde dispusieron de carne fresca del pony que habían dejado allí. Parecieron revivir después de ingerir la primera comida completa desde que abandonaran la meseta. El 19 de febrero abandonaron el pie del glaciar. Seis días más tarde alcanzaron el depósito Sur de la Barrera, aquí descubrieron que faltaba combustible, seguramente debido a la evaporación por un cierre inadecuado. En el siguiente depósito a otras setenta millas se detectó el mismo problema. En estos momentos Oates ya no podía disimular su dolor, los dedos de sus pies estaban negros por la gangrena. Las temperaturas eran de -40º F. y la fuerza del viento impedía arrastrar los trineos. Scott mencionó entonces los perros por primera vez, esperaba que estuvieran esperándoles en el siguiente depósito del monte Hooper, pero los perros que guiaban Cherry-Garrard y Dimitri se encontraban en el Depósito de la Tonelada, a 72 millas del monte Hooper. El 9 de marzo Scott y sus hombres llegaron al monte pero los perros que eran su salvación no estaban allí. Entonces discutieron la situación; anteriormente en cabo Evans debatieron sobre que hacer si se presentaba una situación como esta. Wilson llevó dosis letales de morfina y opio en su maletín de medicinas por si fuera necesario en un momento límite. Scott mandó a Wilson repartir las drogas. Wilson entregó a cada hombre 30 pastillas de opio. De todas formas el suicidio iba en contra de sus creencias, sólo las usarían si la situación era extrema. El 16 de marzo, o quizá el 17, ya que perdieron la noción de los días, estaban confinados por las ventiscas, se encontraban a sólo 11 millas del Depósito de la Tonelada pero era imposible salir. Scott pensó en que debían salir aunque murieran sobre sus huellas, pero no se movieron. Sin combustible y con raciones para sólo dos días eran conscientes de la certeza de sus muertes. Además, Scott no podría andar, la amputación de un pie por la gangrena era segura. Oates se sintió derrotado, dijo que no quería podía y se quedó en su saco a dormir; más tarde saldría fuera caminando a lo desconocido, sus compañeros trataron de convencerle de que abandonara esa locura pero no escuchó, había tomado su decisión para no ser un estorbo en el retorno con éxito a la base. Scott escribió "Sabíamos que el pobre Oates caminaba hacia su muerte, pero aunque tratamos de disuadirlo, entendíamos que era el acto de un valiente caballero inglés". A Oates no le volverían a ver de nuevo.

   El 29 de marzo Scott escribió por última vez: "Creo que no puedo escribir más. Por el amor de Dios, cuiden de nuestras familias". En otra hoja garrapateó: "Por favor envíen este diario a mi viuda". Mientras su cuerpo se iba congelando, Scott pudo sacar fuerzas para completar doce cartas legibles a su esposa y resto de la familia, a sus jefes y camaradas de la Armada, a las madres de sus compañeros Oates y Bowers, así como a la esposa de Wilson. A su esposa Kathleen le escribió una carta muy sentida en la que lamentaba no estar para ayudar a sacar a su hijo adelante. Para ella tenía palabras de consuelo con deseos de que rehiciera su vida y fuera feliz. Finalmente escribió al público explicando que el desastre de la expedición no fue debido a una mala planificación, sino a un tiempo desastroso acompañado de la mala suerte, así reconocía: "Iniciamos la expedición conociendo los riesgos y los asumimos. Las cosas salieron en contra nuestra. Ahora no tenemos ninguna queja", en otro punto aclaraba: "Cada detalle de nuestros suministros, ropa y depósitos fue llevado a la perfección. No hemos finalizado con éxito por un estrecho margen, que estaba justificado dentro de los riesgos".

  El 12 de noviembre Atkinson, Jefe de la patrulla de búsqueda, halló la tienda enterrada en la nieve. Los tres hombres estaban en sus sacos de dormir. En el izquierdo estaba Wilson con las manos cruzadas sobre su maletín, en el derecho estaba Bowers envuelto en su saco. Parecía que ambos habían muerto plácidamente, como en un sueño. Pero Scott tenía la mitad de su cuerpo fuera del saco, con un brazo estirada hacia Wilson. Estaba congelado con la piel amarilla. Atkinson se hizo cargo de los diarios y cartas, hizo una ceremonia funeraria y leyó un pasaje de los Corintios, finalmente se cantó el himno favorito de Scott "Adelante soldados cristianos". Se desmontó la tienda sobre los cuerpos, se cubrió de montones de nieve y en lo alto se colocaron dos esquíes cruzados. Aquí, en el lugar llamado Colina de la Observación, quedarían hasta que un día la rotura de la barrera les hiciera flotar, encontrando el descanso final en algún lugar del mar. Atkinson continuó la patrulla siguiendo los pasos de Oates en su deambular sin rumbo buscando la muerte. Encontraron su saco de dormir pero nada más. Cerca del punto donde supusieron que había caído erigieron una cruz con una inscripción.

 

LA ULTIMA CARTA DE SCOTT
  "Las causas del desastre no son debidas a una organización defectuosa de la expedición, sino a la mala suerte en todos los riesgos que teníamos que correr.

 1º-La pérdida de los ponies ocurrida en Marzo de 1911 me obligó a partir más tarde de lo que había decidido en un principio y a llevar una cantidad de víveres menor a la prevista,

 2º-El mal tiempo a la ida, sobre todo la larga tormenta que padecimos en los 83º de latitud, retardó nuestra marcha.

 3º-La nieve blanda en las regiones inferiores del glaciar hizo nuestro avance aún más lento.

   Con energía hemos luchado contras esas circunstancias imprevistas y las hemos vencido, pero a costa de nuestros víveres de reserva. Las provisiones, la ropa y la organización de la hilera de depósitos establecidos sobre la meseta, como sobre toda la ruta del Polo, de una longitud de 1300 km., han sido totalmente satisfactorias.

   Nuestro grupo habría regresado al glaciar Beardmore en buen estado y con un suplemento de víveres si no se hubiera producido el desfallecimiento sorprendente de Evans, aquel de entre nosotros que creíamos más resistente.

   En buen tiempo el glaciar Beardmore no es difícil de atravesar, pero a nuestra vuelta no tuvimos una sola jornada verdaderamente buena y la enfermedad de nuestro compañero agravó aún más la situación.

   Como ya he dicho, nos aventuramos en una región del glaciar extremadamente accidentada y, en una caída, Edgar Evans sufrió una conmoción cerebral. Murió de muerte natural. Su desaparición dejó a nuestro equipo debilitado en el momento en que un invierno precoz se cernía sobre nosotros.

   Pero todo esto no es nada en comparación con lo que nos esperaba en la barrera. De nuevo afirmo que las disposiciones tomadas para asegurar nuestra retirada eran adecuadas y que nadie habría podido prever, en esta época del año, las temperaturas y el estado de la nieve que nosotros encontramos. En la meseta, entre los 85º y los 86º de latitud tuvimos -28ºC. y -34ºC.; y en la barrera a 82º de latitud y una altitud de 3.000 metros la más baja, experimentamos generalmente -34ºC. durante el día y -44ºC. durante la noche, con un perpetuo viento en contra durante las marchas. Estas circunstancias se han producido en cierto modo de improviso y nuestro fracaso es debido a la llegada súbita del mal tiempo, fenómeno del que parece imposible descubrir la causa. Jamás seres humanos han sufrido tanto como nosotros en este último mes. A pesar del frío y del viento habríamos logrado pasar si no hubiese sobrevenido la enfermedad de un segundo de nuestros compañeros, el capitán Oates, si no hubiese acontecido la disminución inexplicable del combustible contenido en los depósitos y, en fin, sin este último huracán. Nos ha detenido a 11 millas del depósito donde esperábamos hallar los víveres necesarios para la última parte del viaje. ¿Alguien tuvo jamás peor suerte?. Hemos sido detenidos a 11 millas del One Ton Camp, con víveres para solo dos días y combustible para una sola comida. Desde hace cuatro días nos ha sido imposible salir de la tienda: el huracán brama a nuestro alrededor. Estamos débiles apenas puedo escribir. Sin embargo, no lamento haber emprendido esta expedición: ella demuestra la resistencia de los ingleses, su espíritu de solidaridad, y prueba de como saben mirar la muerte con tanto valor hoy como ayer. Hemos afrontado riesgos, sabíamos de antemano que íbamos a correrlos. Si las cosas  se han vuelto contra nosotros, no debemos quejarnos, sino inclinarnos ante la voluntad de la Providencia, resueltos a hacer todo lo que podamos hasta el final...

   Hemos vivido, me gustaría tener una historia que contar sobre la fortaleza, resistencia y valor de mis compañeros que removería el corazón de todos los ingleses. Estas torpes notas y nuestros cuerpos muertos, contarán la historia..."

   Carta de R.F.Scott al pueblo de Inglaterra.