Literatura, historieta y romanticismo. Aspectos de la literatura romántica y su relacion con la historieta "Love is hell" de Ma

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Imagen de la historieta "Love is hell" de  Matt  Groening   En este texto de Vanesa Gisela Lio se abordan algunos aspectos de la literatura romántica relacionados con la construcción del "amor romántico". Y, luego, en un segundo movimiento, se trazan relaciones con "Love is hell", historieta de Matt Groening, el creador de los Simpson. Se consuma así una ejercicio de compenetración entre un proceso de la llamada "cultura alta"  y una expresión de la cultura popular.

E.I

 

LITERATURA, HISTORIETA Y ROMANTICISMO
Aspectos de la literatura romántica y su relación con la historieta "Love is hell" de  Matt Groening
Por Vanesa Gisela Lio

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

El Cuervo, Edgar Allan Poe

 

El juego peligroso del amor romántico
A lo largo de la historia, conceptos o términos de la filosofía y del arte han sido tomados por el lenguaje de uso común, obteniendo una definición popular bastante alejada de su significado inicial. ¿Qué respondería, por ejemplo, el grueso del público al preguntarle por el significado del carácter “romántico” del amor? Quizá una en una primera aproximación
podríamos decir que referiría a un tipo de expresiones o actos de ternura  dentro de una relación sentimental y, por el contrario, rara vez  encontraríamos una respuesta sobre la asociación entre amor y muerte.
En este caso haré un recorrido por el concepto del amor durante el  Romanticismo a partir del libro La Revolución Romántica, de Alfredo De Paz,  y del análisis que realiza el italiano Mario Praz en su libro La carne, la  muerte y el diablo. Más adelante, se incluirán otros autores para descubrir  qué incidencias tuvo, y sigue teniendo, este periodo en la actualidad.
“El epíteto romántico y la antítesis clásico-romántico son aproximaciones  que desde hace mucho tiempo se han incorporado al lenguaje de uso común –  así lo explica Mario Praz en la introducción a La carne, la muerte y el diablo – El filósofo las pone con toda solemnidad en la puerta, con lógica  rigurosa, y ellas vuelven a entrar a escondidas por la ventana, y están  siempre ahí, entrometidas, evasivas, inoportunas, indispensables”(1). La
cuestión fundamental, según el autor, es tomarlas como lo que son,  “aproximaciones”, y no pretender de ellas ni exactitud ni rigor.

La historia del pensamiento occidental ha dado lugar a dos grandes  concepciones del amor: por un lado, aquella que lo entiende como una  relación finita y recíproca; y, por otro, aquella que ve en él una unidad  absoluta e infinita, o bien la conciencia, el deseo o el proyecto de tal  unidad. Esta división, presente en el texto “El ala de fuego: senderos del
amor absoluto” de Alfredo De Paz (2), permite agregar algunas características  específicas de cada una de dichas concepciones. La primera de ellas debe  ser entendida como “un intercambio en el que cada uno busca el bien del  otro como si fuera el suyo propio”3, pero donde el fenómeno pertenece al  campo de lo humano, perdiendo en sustancia cósmica, y no se podrá describir  a partir de términos como unidad, todo, infinito o absoluto. Dar el paso hacia la segunda concepción es como dar el paso de lo humano hacia lo  cósmico. “Lograr o no el amor humano se convierte en algo indiferente, e  incluso, el amor humano, como aspiración a la identidad absoluta, y como  intento por parte de lo finito de identificarse con lo infinito, está  condenado al fracaso y reducido a una aspiración unilateral para la que la  reciprocidad es desilusionante y se contenta con anhelar la incierta forma de un ideal fugitivo” (4).
Se pueden deducir, aquí, dos problemas fundamentales de esta segunda concepción del amor, de la cual –en su afán por demostrar la unidad de lo finito con lo infinito– forma parte el Romanticismo. En primer lugar, la infinitización de las aventuras amorosas que adquiere un significado muy importante para la personalidad humana. En segundo lugar, cada forma de amor humano está condenado al fracaso, cuya prueba es justamente la
conquista de dicho amor recíproco y mutuo.
 La conexión entre lo finito y lo infinito, característica del pensamiento  moderno, es percibida en la concepción del amor por medio de “la gran  pasión”. Ésta es la que constituye el puente entre los dos mundos: “Hay que  esperar allá arriba lo que no se ha cumplido aquí”. En realidad, el  cumplimiento de un amor verdadero y auténtico sólo puede tener lugar, para  los románticos, en ese más allá. La experiencia terrena no da la
posibilidad a los amantes de que concluyan con sus expectativas. Así lo  expresa De Paz: “Es propio del alma romántica, en este sentido, sentir con  una conciencia más o menos explícita esta dimensión de trágica imposibilidad que implica el amor” (5).
 El romanticismo logra una representación de la vida en sus extremos,  cargada de contrastes pasionales que se ubican del lado de lo ilícito.
   También De Paz hace referencia a la misma pasión que se adueña de la vida:  “El individuo, en el ámbito del romanticismo, tiende a convertirse en una  presa de su devoradora razón de vivir: el amor. Y el amor, el amor pasión,  ocupa, por tanto, uno de los primeros puestos en los intereses románticos” (6).

Una característica fundamental a tener en cuenta para el estudio del amor  entre los Románticos es, como ya se había anticipado, su relación con la  muerte. La asociación romántica entre amor y muerte surge de una forma de  amar por el amor mismo que lleva al hombre hasta la muerte, haciéndosela  desear previamente por descubrir en ella un principio de vida. Se trata de  la posibilidad de convertir a la muerte en vida: la muerte de amor es vida,  y la vida sin amor es muerte. “La ambivalencia según al cual cada  sentimiento supone siempre la existencia paralela y simultánea de su opuesto, más o menos manifiestamente activo y el hecho de que en la definición misma de la posesión de un objeto aparezca como característica esencial la posibilidad de perderlo, con la consiguiente producción de angustia, hace que la idea de muerte esté siempre presente en el amor” (7).
El amor en el romanticismo aparece como una condición necesaria para la  vida humana pero, a su vez, contiene un componente oscuro que no permite vivir dicho amor. Es esta contradicción la que se puede captar mediante la imagen de un callejón sin salida: una situación de la que el hombre no puede escapar debido a que cualquier decisión que sea tomada lo llevará a la infelicidad, ya sea por su vivencia del amor o por la falta de él. De la
misma manera podemos referir a la forma en que De Paz lo pone en relación  con el peligro. Para el autor, “el amor puede ser un juego peligroso en el  que más que jugar somos juguetes de fuerzas oscuras y devastadoras” (8).
  Los himnos a la noche de Novalis son un ejemplo de ese constante dolor que  siente el amante, pero expresa también la búsqueda de un bienestar del alma  que no está a su alcance en la vida terrenal.

Subo peregrino
y cada dolor
a la voluptuosidad
será un aguijón.
Aún poco tiempo
y desatado estoy,
y quedo ebrio en el seno
del amor.

La vida infinita oscila
con fuerza en mí,
desde la altura
te miro.
En aquella colina
se extingue tu brillo-
una sombra trae
la corona fría.
Oh, amada, absórbeme
poderosa
que puedo dormirme
y amar.
De la muerte siento
el agua que rejuvenece-
bálsamo y éter,
se hace mi sangre.
Vivo de día
con valor y fe
y muero de noche
en santo fulgor. (9)

El amor contradictorio, ese que tiene algo positivo por lo cual valorarlo  pero a la vez es imposible vivirlo, es analizado por Praz en tres temas: el  de la prostituta regenerada por el amor, el incesto y el sacrilegio (10). En  el primero es importante destacar una visión de “pureza en la  prostitución”, ya que el motivo de la prostituta regenerada por el amor se
convertirá entre los románticos en uno de los aspectos de su culto de la  belleza contaminada. El segundo tema destacado en la literatura romántica  es el incesto, en el que se envuelve de “poética fascinación” y de  “sentimental dignidad” al amor incestuoso entre hermanos, fundamentado en el principio del “derecho divino de la pasión” (11). Praz hace su análisis  citando a Chateaubriand que, en Atalá, no se conforma con la figura de la
hermana y agrega a ésta la característica de una virgen que ha hecho votos  de castidad. Es así como al incesto se le añade el sacrilegio. Dichos  motivos, que podrían entenderse como formas de amor prohibido, por sus  características generales y sus conflictos particulares, derivan  directamente en la vida infeliz, las torturas crueles y la muerte.

 

Todos somos románticos
Si bien una definición de manual coloca al Romanticismo como un movimiento  histórico que, a principios del siglo XIX, produjo una revolución  artística, política, social e ideológica, oponiéndola a la estética clásica  del período previo, todavía hoy viven muchos de sus principios: libertad,  nacionalismos, democracia y, sobre todo, individualismo.
 Una gran cantidad de expresiones correspondientes a la época romántica  pueden ser apreciadas en manifestaciones artísticas contemporáneas, aunque  difieran la forma y el soporte. Esto corresponde, según Blas Matamoro, a lo  que se puede denominar “folklore romántico”, la ideología de esa época que  se repite en la nuestra. “Quizá sea este supuesto folklore romántico el que  más incide en nuestro tiempo, acreditando lo que tiene de neorromántico.
  Tiempo de nacionalismos, ecologismos y diversidad de filosofías  identitarias. Y de eso lo contrario, o sea de la recaída ilustrada:  globalización, tecnocracia, cosmopolitismo, secularización de una vida extremadamente racionalizada” (12).
   A este mismo reflejo se refiere el semiólogo Oscar Steimberg desde otro  ángulo de análisis. En una entrevista publicada por la revista El  Perseguidor, realizó un cometario sobre la injerencia del romanticismo en  los últimos ciento cincuenta o doscientos años, haciendo referencia a su  presencia en la historia cultural: “Es imposible no referir al romanticismo  si se parte de una visión suficientemente abarcativa y que atienda a sus
continuidades” (13). Pero diferenció aquí dos modos de formulación del  romanticismo, uno con respecto a la celebración del genio individual, y el  segundo con “una apertura al registro de la multiplicidad de las zonas de  producción de la cultura a las que apelaría el poeta como un demiurgo del  lenguaje, no solamente en términos de la lengua oral, sino de todos sus  asentamientos, formas y tipos” (14).
  Es a partir de estas formulaciones que podemos captar en la cultura  occidental actual vestigios de las producciones románticas y de su forma de  entender el mundo, más allá del cambio de lenguaje o modo de expresión.

 

   El amor es el infierno: ¿una expresión romántica o una caricatura contemporánea?
“Hay románticos que invocan al lirismo del arroyo y del atardecer, lejos  de la ciudad; hay románticos que idealizan la populosa y pintoresca cité medieval; hay románticos conservadores hasta la caricatura; hay románticos jacobinos” (15). Las expresiones románticas pueden ser encontradas en toda  clase de medio, soporte y en la más amplia variedad de modos de producción artística.
Acotando el campo temático, podríamos decir que a ese pesimismo presente en  la definición romántica del amor, entendido como un problema y considerando  su imposibilidad de ser vivido, se hace referencia en una obra artística  actual. El objeto que se llevará a análisis en este caso será la tira El  amor es el infierno (Love is Hell) (16), del dibujante estadounidense Matt  Groening, llevado al formato libro en español a fines de 2005. La extraña  conexión entre este movimiento y esta obra perteneciente a un género
popular e informal, como es la historieta, es lograda a partir de la  comparación de los parámetros que permiten al autor definir, analizar y  opinar sobre el amor desde las relaciones entre dos conejos llamados Binky y Sheba.
La primera edición de este libro data de 1985. Veinte años después, el  autor escribe el prólogo para su primera versión en español y hace una  reflexión sobre los motivos que lo llevaron a comenzar a dibujar esta  historieta, que en un principio formó parte de una obra global a la que denominó Life in Hell (La vida en el infierno), aunque fue traducida al
español como La vida es el infierno. Para esto, relata una breve anécdota:  “Unas pocas mujeres aceptaron salir conmigo igual, pero no duraron mucho.  Siempre terminaba llegando el momento en que, al llegar a la casa de la  chica (...) ella me decía la cosa más malvada e hiriente que se le puede  decir a otra persona. Algo como: ‘Tenemos que hablar’ o ‘Esto no va más’ o  la más horrible de todas: ‘Espero que podamos ser amigos’. Entonces yo me arrastraba a mi sucio y desordenado departamento de soltero, me sentaba a la mesita que escondía debajo de la pileta, y dibujaba otro capítulo de La
vida es el infierno. Hacer esa historieta fue mi terapia durante años, y debo hacer una confesión: El amor es el infierno es un libro de autoayuda,  siendo yo el autor que buscaba la ayuda y casi nunca la encontraba.” (17)
Uno de los rasgos comparables con el Romanticismo también puede encontrarse  en el mismo prólogo, donde el autor hace referencia a un amor que torna  triste la vida de todo ser humano: “Lo que descubrí cuando comencé a  publicar historietas acerca del amor es que hay miles de personas tan desesperadas por recibir aunque sea una pista que los ayude a explicar por  qué sus vidas sentimentales son tan tristes, que hasta leen historietas con  conejos de ojos saltones con teorías al respecto” (18).
Así como lo hizo el Romanticismo, también en esta tira el autor hace referencia a un amor problemático que causa en los amantes dolor e infelicidad pero que, a la vez, es buscado reiteradamente debido a que necesitan de él para continuar con sus vidas.
“El amor constituye, incluso en una época post-romántica o antirromántica  como la nuestra, un problema. Y no un problema menor; a veces se tiene la  trágica sensación de que, igual que no se puede vivir sin amor, el amor es  imposible de vivirse”19. Si bien es verdad que vivimos en una época  posterior al romanticismo, todavía podemos encontrar, en la época actual,  algunas de sus concepciones y formas de entender el mundo o la vida.
Esta forma en que De Paz caracteriza al amor es reflejada en la obra prima  de Matt Groening a través del absurdo y la exageración de rasgos, a los que  coloca como un motivo de comicidad que, cuando recaemos en que son hechos  de la realidad, nos llevan a cuestionarnos su característica chistosa (del mismo modo que ocurre en las tiras del dibujante argentino Quino). Tenemos aquí otro punto importante: “Cada obra es su género, o todas son un único y mismo género. En ambos casos desaparece la pluralidad de géneros, ya que, al confundirse con su objeto, el género se proclama único. (...) Esta
dicotomía de la cual van pasando algunos ejemplos – lo dicho no coincide con el decir – abre el campo a la ironía, otra de las vías románticas de acceso al saber. Es el espacio de eso que los alemanes llaman Witz y que se suele traducir reductivamente por chiste, cuando tiene poco de chistoso y, si se quiere, ha sido relevado en su seriedad significativa por ese romántico significativo que fue Sigmund Freud” (20).

Desde siempre ha sido imposible extinguir los temas tradicionales en todo  tipo de expresión artística. Aún hoy, desde los autores de poemas más  sofisticados hasta los creadores de caricaturas populares y superficialmente simples siguen recurriendo, de la misma forma que la  lírica, a los grandes ejes temáticos para motivar sus producciones. En su  artículo “El romanticismo o un enigmático intervalo entre extremos”, Juan  Ritbo hace alusión a esta validez: “Los temas líricos siguen siendo los  tradicionales: el paso del tiempo, las miserias y grandezas del amor, el  origen y el destino del alma humana” (21). También este dibujante  norteamericano, creador de las series televisiva Los Simpsons y Futurama,  toma estos temas en sus producciones tanto gráficas como audiovisuales. En
el caso del texto en análisis, El amor es el infierno, es la temática sobre  las miserias y grandezas del amor la que toma el lugar de relevancia, en  medio de un análisis y una crítica sobre la vida y las relaciones humanas.

En su obra audiovisual, Groening también hizo alusión a la temática  romántica. Se puede tomar como ejemplo la transposición del poema “El  Cuervo”, del autor romántico Edgar Allan Poe, en el primer capítulo especial de noche de brujas de Los Simpsons. Aquí es representado el poema por dos personajes de la tira televisiva, pero respetando casi íntegramente el texto de Poe. Según Oscar Steimberg existe una catarata de formas de
citación en las obras y en lo géneros contemporáneos. En este capítulo, perteneciente a la primera temporada, Groening está citando la obra de Poe desde otro ángulo, desde su forma de expresión artística. “Uno podría pensar que en esta catarata de formas de citación que hay en las obras y en los géneros contemporáneos, este citarse los géneros, y citarse las obras dentro de cada género, y autocitarse momentos, episodios dentro de una
misma obra, en las rupturas del paradigma y de la jerarquía de géneros, en  la autorreferencia de los estilos, está la huella de eso que en un momento del romanticismo fue celebración y autocelebración de la poesía y de las artes en general. Y en ese momento, muchas veces, no aparece como celebración y como autocelebración –sobre todo en los medios–, sino como burla y como autoburla, como denuncia y como autodenuncia” (22). Cabe aquí una  aclaración: no estamos ante el ejemplo de una obra de copia burlona, sino  que se trata de una forma de citar al texto haciendo celebración del
contenido de la obra literaria, conservando también los ejes fundamentales  que le dan significado y expresando, así, sus mismos ideales.
No se está argumentando aquí que se trate de un autor romántico. Por el contrario, si bien se tiene en cuenta que no es posible asegurar que se trate de un artista seguidor de la corriente romántica, sí es posible observar ciertos rasgos asimilables con dicha época artística.
A continuación algunos ejemplos de la historieta podrán aclarar los rasgos descriptos en este análisis.

En el capítulo IX, denominado “Separación”, el autor representa los conflictos y sentimientos al momento de terminar con una relación amorosa. Se deberá tener en cuenta la diferencia en el lenguaje utilizado y la forma de expresión con respecto a textos literarios formales. De todas formas, lo que podemos captar en la experiencia de estos personajes son los pasos que se van siguiendo en toda ruptura de una relación amorosa, siempre
inevitable por la misma condición innata al amor.
El segundo ejemplo profundiza más en el interior de cada amante. Se trata  del capítulo XII, titulado “Las 22 etapas de un corazón roto”. El personaje experimenta una sucesión de sentimientos derivados de su sufrimiento por amor. Lo que es interesante destacar es esa característica de insistencia del amor: aunque lastime, duela y sea problemático, la necesidad que tiene todo hombre de vivirlo lo lleva a intentarlo una y otra vez, aunque se sepa que las consecuencias serán las mismas. Es esto lo que se describe con los
últimos cuadros ya que, de forma exagerada e irónica, esta tira representa  un círculo vicioso en el que incurre el amante. Presenta, de esta forma, la característica romántica de un amor imposible de ser vivido y ese constante dolor que provoca.
Por último, se presentará a continuación el tercer ejemplo extraído de este libro. En este caso –un dibujo de página completa denominado “Guía al amor moderno” que se construye como una especie de laberinto con flechas y globos en el que cada lector elige el camino a seguir- lo que intenta demostrarse es la condición problemática de todo amor, como es concebido por los románticos. Más allá de la amplia gama de posibilidades en la
construcción de una relación amorosa, no es posible vivir un amor simple y ajeno a todo problema. Si bien los conflictos difieren en gravedad, no cabe la opción de abstenerse de ellos.

Un sentimiento que perdura
Estas actitudes románticas que se siguen manifestando en literatura, música  y pintura son perceptibles también en la vida cotidiana. En su momento, la  decadencia del Clasicismo había dado lugar a una reconstrucción que estuvo  a cargo del Romanticismo, de ahí su característica revolucionaria. El  concepto de libertad ha sido acuñado desde esa época hasta la actualidad como regulador de las desigualdades sociales: liberación del individuo
frente a la sociedad, de la mujer frente al hombre, de la región frente a  la nación mediante los sistemas federales, de la colonia frente a las  potencias en las revoluciones liberales que permitieron la autodeterminación de los pueblos, del obrero frente al burgués dentro de
las fábricas. Luego de años de contradicciones y controversias, podríamos  decir que la libertad de expresión y de culto son dos características del  mundo actual. Pero la liberalización ha llegado a un límite que sumerge al  hombre en un sentimiento de soledad y vacío.
 “El sueño romántico no puede ser otra cosa que una aventura individual,  dolorosa y aristocrática, en un mundo en el que rige la ‘ley del mendigo’,  en el que rige, a través de la Razón científica y de la Razón político social –el Estado-, la negación del sueño” (23). Para Argullol, la angustia de  la razón que caracterizó al hombre moderno no hace otra cosa que llevarlo hacia un estado de escisión: “Autominimización y autodestrucción del hombre son, para el pensamiento romántico, los inevitables frutos a que conduce la
Razón científica, el sojuzgamiento intelectual de la naturaleza” (24). La ruptura generalizada con toda entidad o regla, lleva al individuo a encontrarse consigo mismo, advirtiendo que no hay nadie más. En este punto cabe destacar la aparición de los sentimientos de pesimismo, angustia y melancolía tan característicos de los románticos – analizados en este caso a partir del concepto de amor– y de los que hoy, dentro de la cultura
occidental moderna, somos herederos. (*)

(*) Fuente: Vanesa Gisela Lio, "Literatura, historieta y romanticismo. Aspectos de la literatura romántica y su relacion con la historieta "Love is hell" de  Matt  Groening, trabajo realizado en el contexto de la materia Principales corrientes del pensamiento contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en 2006, editado aquí de manera original.

 

Referencias

(1) Praz, Mario. La carne, la muerte y el diablo, Monte Ávila Editores C.A., Caracas (Venezuela), 1969, P. 21.
(2) Véase De Paz, Alfredo. Op. Cit. Pp. 79-95.
(3) Ib. Idem. P. 79.
(4) Ib. Idem. P. 80.
(5) Ib. Idem. P. 87.
(6) De Paz, Alfredo. Op. Cit. Pp. 47-48
(7) De Paz, Alfredo. “El ala de fuego: senderos del amor absoluto”, en La Revolución Romántica, en Ficha de Cátedra N° 3 PCPC, Buenos Aires, 2006. P.
49.
(8) Ib. Idem. P. 51.
(9) Novalis. Himnos a la noche, en Ficha de Cátedra N° 3 PCPC. Op. Cit. P.
107.
(10) Véase Praz, Mario. Op. Cit. Pp. 126-127.
(11) Ib. Idem. P. 127.
(12) Matamoro, Blas. “¿Quién no es romántico?”, en Revista El Perseguidor N° 11, Buenos Aires, 2003/2004, P. 29.
(13) Steimberg, Oscar. “Tradiciones románticas en los medios”, en Revista El Perseguidor N° 11, Buenos Aires, 2003/2004, P. 65.
(14) Ib. Idem.
(15) Ritbo, Juan B. “El romanticismo o un enigmático intervalo entre extremos”, enRevista El Perseguidor N° 11, Buenos Aires, 2003/2004, P. 31.
(16) Groening, Matt. El amor es el infierno, La Mano S.A., Buenos Aires, 2005. (Traducción a cargo de Guillermo Rubens).
(17) Ib. Idem. P. 3.
(18) Ib. Idem. P. 4.
(19) De Paz, Alfredo. Op. Cit. P. 51.
(20) Matamoro, Blas. Op. Cit. P. 29.
(21) Ritbo, Juan. Op. Cit. P. 31.
(22) Steimberg, Oscar. Op. Cit. P. 65.
(23) Argullol, R. El Héroe y el Único, Madrid, Taurus, 1982. P. 246.
(24) Ib. Idem. P. 250.

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
 Praz, Mario. La carne, la muerte y el diablo, Monte Ávila Editores
C.A., Caracas (Venezuela), 1969.
 De Paz, Alfredo. La Revolución Romántica, en Ficha de Cátedra N° 3
PCPC, Buenos Aires, 2006.
 Revista El Perseguidor N° 11, Buenos Aires, 2003/2004.
 Groening, Matt. El amor es el infierno, La Mano S.A., Buenos Aires, 2005.
 Argullol, R. El Héroe y el Único, Taurus, Madrid, 1982.
 Enciclopedia Pequeño Larousse en Color, Ediciones Larousse España, Madrid, 1991.
 Itinerarios de la Modernidad, Eudeba, Buenos Aires, 1999.
 Novalis. Himnos a la noche, en Ficha de Cátedra N° 3 PCPC, Buenos
Aires, 2006.