Cézanne. Motivos con variaciones, por Ángel Uranga

strict warning: Only variables should be assigned by reference in /home/temakel/public_html/modules/links/links.inc on line 1121.

Una de las vistas de la montaña de Sainte-Victoire que Paul Cézanne pintó varias veces durante su vida. Abajo, luego de texto de Uranga, uno de sus autorretratos.    Ángel Uranga es un notable ensayista y novelista patagónico. La reflexión sobre el significado del arte es uno de los centro de su pensar. Aquí presentamos uno de sus escritos dedicado a la "profundidad pictórica" en Paul Cézanne. En su exploración analítica incluye consideraciones sobre Cézanne y su serie de obras en torno a la montaña de Sainte-Victoire, su "postimpresionismo", que late en la antesala del cubismo, y su aporte a la construcción de la autonomía del lengua pictórico.

E.I

 

CEZANNE MOTIVOS CON VARIACIONES
  Por Angel Uranga

 

IDENTIDADES

No podría asegurar en qué momento me di cuenta de su presencia, de su nítida lejanía perfilada, de su soberbia figura solitaria. Existió sin duda el momento que no recuerdo, tengo eso sí, presente el lugar desde donde divisé su imagen, la que a partir de entonces sería una de mis obsesiones estéticas.

Fue cuando vivía en un barrio alto de la ciudad. Desde una de las ventanas de la casa que alquilaba veía esa imagen de azul lejanía y en algún momento que no recuerdo su presencia me resultó familiar, un rostro conocido sin saber de dónde y, si bien siempre estuvo ahí, recién entonces, en ese momento sin memoria, comencé a tomar conciencia de su presencia, tal vez porque hasta entonces sólo miraba sin ver.

La constancia en la observación y la familiaridad de aquella imagen se asoció a otra similar resultante de lecturas en mi juventud de libros ilustrados de arte. Fue entonces cuando pude comparar que esa nítida silueta que recortaba el horizonte hacia el poniente (me refiero al cerro Montenegro, distante de esta ciudad a unos treinta y cinco o cuarenta kilómetros), tenía un aire de parentesco con otra figura de geométrica orografía: la montaña de Sainte-Victoire pintada innumerables veces por Paul Cézanne un siglo antes.

LA DUALIDAD CREADORA Como en todo arte, en pintura y más allá de los géneros y las épocas, existen dos dimensiones fundamentales a partir de las cuales se recrea el mundo, me refiero a los espacios racional y emocional, el analítico y el intuitivo; por lo que el arte, como conocimiento oscilaría entre los polos racionalismo-irracionalismo, convertidos en el proceso histórico de la cultura en antinomias, serían aquellos principios que Nietzsche denominó, apolíneo y dionisiaco.

El arte entonces, como actividad imaginativa manifestaría la intensión de unir tales principios cognoscitivos, por lo que las grandes obras serían aquellas que expondrían la tensión vital entre ambas fuerzas formadoras .

La racionalidad del artista manifestada en obras, no puede ser una razón represora como la instituida en la sociedad, tampoco la razón autoritaria del empirismo político que violenta toda relación; por el contrario, la razón estética adquiere una actitud de admiración y comprensión para gozar en plenitud del mundo, un gozo sin interés ni objeto.

 

BIOGRAFIA DE UNA PASIÓN
Si bien los críticos no coinciden en torno a la periodización de la innovadora obra de Cézanne que atravesaría cuatro períodos bien definidos, se deberá tener en cuenta que el proceso de producción del artista nunca es lineal, porque hay contagios, retrocesos, negaciones, tiempos de silencio y etapas tempestuosas, telas mudas, en blanco y telas hechas y rehechas que configurarían (la obra total del artista) un movimiento en espiral, figura más cercana al movimiento creativo plagado de dudas como de saltos hacia nuevas modalidades.

En el primer período, entre 1866 y 1870 denominado "romántico", imperan los colores sombríos y empastados, de carácter vehemente y lenguaje exaltado, los trazos son gruesos y los temas dramáticos.

El período "impresionista", de 1870 a 1878/80, en el que adquiere un lenguaje más refinado, debido al trato con la vanguardia pictórica del momento: Manet, Monet y Renoir y en especial a la influencia y amistad con Camille Pizarro. Entonces su paleta se aclara, los planos se transparentan en base al color; "La casa del ahorcado" o "Vista del Estanque" traducen el "estremecimiento impresionista" del follaje y del aire a la vez que su composición se vuelve más sólida, más personal, más cézanneana.

La etapa "constructivista" entre 1880 a 1890, en la cual su lenguaje adquiere formas geométricas y rescata la grandiosa inmutabilidad de las cosas: mar, montaña, rocas, árboles.

La serie de La montaña de Sainte-Victoire da cuenta de éste período. Cézanne produjo no menos de sesenta y cinco obras entre dibujos, estudios en acuarela y cuadros al óleo de la montaña, para lo cual estudiará la formación del suelo (porque, dice: "Para pintar bien un paisaje debo descubrir primero sus características geológicas") en busca del principio estructural del objeto representado.

Otras telas que muestran este lenguaje que anticipa la abstracción en pintura son: "El puente de Mayney", "El golfo de Marsella visto desde El Estanque", "El florero azul", "Las cinco bañistas" o "La mujer con abanico" retrato de Mme. Cézanne

Un cuarto período la del "sintetismo", entre 1890 a 1906, año de su muerte, reflejado en "El castillo negro", la serie de "Las Bañistas",un "motiv" que recorriera casi toda su vida de pintor (desde 1875) y los innumerables "bodegones".

De esta época data la impresionante tela por su rigor compositivo de "Los jugadores de carta" -figuras concentradas en su dignidad terrestre- pintadas las cinco versiones en Aix, su lugar natal. Mientras que "Mujer con cafetera" y "El muchacho con chaleco rojo" son obras donde el movimiento y las deformaciones o "anomalías" en la perspectiva provocan una disonancia rítmica donde el ojo, seducido y asombrado recorre inquieto el juego de tensiones que hace oscilar lo conocido. Es también la etapa en que produce con más ahínco y desde distintos enfoques las series de La montaña de Sainte-Victoire y Las Grandes Bañistas.

 

LA NUEVA VISIÓN
Con el impresionismo comienza a diluirse la representación naturalista propuesta desde el Renacimiento, el enfoque monocular y tridimensional que da lugar a la perspectiva, en tanto método de representar el mundo objetivo, recurso de composición pictórica más que de experiencia óptica, con un punto focal centrado en el sujeto; Tal centralidad demostraría la correspondencia entre la novísima cosmovisión de la ciencia copernicana y la filosofía cartesiana después, que compondrían la visión y versión antropocéntrica fundada en el sujeto. Visión y versión que dominaría el conocimiento occidental durante cinco siglos.

Por lo que, ya con el "postimpresionismo" de Van Gogh, Gauguin y Cézanne, se irá desdibujando hasta su desintegración esta percepción moderna del mundo fundada en la razón abstracta y científica.

En el holandés y en el pintor de Tahití las superficies, ausentes de sombras se llenan de color, o de arabescos. Toda la pintura va tras la luz recientemente descubierta. A su vez en los "bodegones" del maestro de Aix o en los retratos de su esposa, la perspectiva ya es rebatida para dar sensación de movimiento y de múltiples enfoques.

"Cézanne –señala el crítico Mario De Micheli- reemplaza la concepción del objeto bañada de luz por la del objeto del cual la luz emana iluminado por dentro". Aquí, contrariamente a sus contemporáneos los impresionistas, los elementos sólidos constituyen el esqueleto de toda su composición.

 

EL LENGUAJE DE LO INVISIBLE
Con el invento de la fotografía, la pintura, en tanto lenguaje artístico irá librándose de la representación de la realidad "objetiva" para concentrarse en su específica construcción, en tanto resultado de la relación entre formas y colores sobre (detalle para tener en cuenta), el plano de la tela. Apoyado por los avances técnicos de reproducción pero por sobre todo para no caer en el lugar común del realismo mimético Cézanne se expresará:

"Tengo que empeñarme todo el tiempo para no conseguir esa perfección final que se ganaría la admiración de los imbéciles" Huye así del "parecido" que el lego burgués encuentra en el realismo fotográfico de la pintura el cual, al fin no es más que fría técnica y obsesivo lujo por lo detalles, retórica literaria que le dicen y subordinación al gusto ramplón y anacrónico.

"Pintar no es copiar servilmente lo objetivo; es captar una armonía entre relaciones numerosas, es transponerlos a una gama propia desarrollándolos según una lógica nueva y original"

Los grandes maestros del siglo como Goya, Delacroix o Courbet al igual que la generación impresionista habían demostrado que la pintura debía expresar emociones y sentimientos pictóricos antes que literarios.

Con el solitario provenzal estamos en el momento en que la representación realista ha perdido tanto su interés como su encanto.

Monet o Renoir exaltaron el momento, la fluidez como la fragmentariedad de las vivencias, la fugacidad del instante; Cézanne en cambio, tras la experiencia de aquellos insistirá en la búsqueda de lo perenne: "Yo quise hacer del impresionismo algo sólido y duradero como el arte de los museos".

Su pintura se abre a la instalación definitiva del lenguaje propiamente pictórico, a su realidad autónoma y se instala en su particular gramática: los planos de color construidos con pinceladas paralelas, la perspectiva rebatida de las cosas son génesis de la pintura moderna, es decir, del cubismo de la misma manera que la obra de Van Gogh lo será del fauvismo y del expresionismo y la de Gauguin del simbolismo.

Si "la naturaleza no dibuja", y dado que el elemento primordial del pintor es el color, las formas que "dibujan" sus cuadros resultan "forma-color". Las formas surgen de la luz, la luz que hace aparecer las cosas y los colores que emiten frecuencias provienen de los estratos más profundos de lo real.

"El dibujo y el color no son ya distintos; a medida que uno pinta, dibuja ,más se armoniza el color, más se precisa el dibujo…cuando el color llega a su riqueza ,la forma llega a su plenitud."

Si los impresionistas, obnubilados por la luz disolvieron los volúmenes, Cézanne los rescatará confiriéndole "profundidad pictórica" al yuxtaponer capas de color transparente con variación tonal, dando profundidad dinámica e ilusión de movimiento

La simplificación de las formas lo llevó a su propia síntesis geométrica que describirá así a un amigo:

"Trata a la naturaleza sirviéndote del cilindro, la esfera y el cono".

Y no es que se debiera pintar o dibujar conos, esferas y cilindros, sino de imaginar formas o esencias geométricas para expresar o manifestar lo Real; que la naturaleza que aborda el maestro provenzal no es la naturaleza virgen, no podría serlo, sino aquello que una cultura milenaria ha depositado en el ojo del hombre moderno que mide, que detalla, clasifica y organiza el campo de su visión para un fin determinado.

 

LA AVENTURA DEL OJO
Según la interpretación fenomenológica de Merleau-Ponty "el genio de Cézanne hace que las deformaciones de la perspectiva, en virtud de la disposición general del cuadro, dejen de ser visibles por sí mismas cuando se le mira globalmente, y contribuyen solamente, como lo hacen en la visión natural, a dar la impresión de un orden naciente, de un objeto que está apareciendo, que está cuajándose bajo nuestros ojos".

El pintor moderno deconstruye la percepción visual heredada a partir del Renacimiento (desde Paolo Ucello, Piero Della Francesca, Leonardo, Alberti, Brunelleschi), es decir, la perspectiva, con sus líneas de fuga hacia un centro, la "divina" proporción, en tanto puntos de referencia y ordenamiento del mundo, para reconstruir una gramática visual fundada en la intelección más que en la impresión, es decir no en esa primera ráfaga sensorial con que descubrimos las cosas el mundo.

El arte, en tanto forma cognoscitiva al igual que la ciencia, descompone la percepción superficial y hace emerger lo invisible de las cosas como de las relaciones humanas. En esa aventura, arte y ciencia nos hacen "ver" aquello que no es obvio, de ahí que todo avance en arte siempre se efectúa a contrapelo del enfoque pragmático y utilitario del sentido común

A partir de Cézanne la pintura elabora un texto autorreferencial (no en el sentido velazqueano de "Las Meninas") por el cual la propia pintura habla por sí y de sí misma, de su realización material y de lo que alcanzó a captar en su intención. Ya no busca "el final de obra", "el acabado perfecto", ahora la obra es un detalle, un momento del fluir que, al fin y al cabo es lo único permanente.

Años después, Matisse redondeará esta idea de autonomía de la pintura al decir que "una obra de arte debe llevar en sí misma su entera significación y debe imponerse al espectador antes de que conozca el tema".

El arte constituye la vanguardia de un nuevo modo de percibir el mundo expuesto por las distintas filosofías de la modernidad: racionalismo, empirismo, pragmatismo. Sin embargo el cambio no es casual, está, en última instancia determinado por la eficacia de la nueva división social del trabajo donde el arte, en tanto trabajo y producción no utilitario resulta marginado de la relación hegemónica de la oferta y la demanda.

Es en esta situación social e histórica de conciencia de la libertad y sometimiento económico cuando el arte comienza a manifestar su autonomía, como actividad libérrima que "busca emanciparse respecto de la realidad empírica" (Adorno).

 

LA VERDAD DEL ARTE
¿Qué buscaba Cézanne en sus pinturas? ¿Qué imágenes fugitivas o perennes intentaba plasmar en la tela?. ¿Por qué esa insistencia en repetir los motivos de la montaña, los bodegones, las bañistas?

Buscará la certeza de un mundo que los impresionistas habían desmenuzado y terminaron desdibujando (¿el mundo ordenado de la burguesía patriarcal?). Hoy sabemos que su aventura pictórica iba tras aquello que siempre lo obsesionó: la idea de lo permanente en el devenir de las cosas.

Porque si el mundo de la realidad resulta a la postre un mundo ficticio, los sentidos agudizados y sensibilizados del arte nos hace sospechar la presencia de lo invisible que se oculta tras las apariencias. La certeza del maestro de Aix surgirá del "inmanentismo terrestre" y pondrá su inteligencia al servicio de las sensaciones a fin de poder captar y transmitir la certeza del mundo y de su goce. Es la pasión de una razón, es la razón apasionada del maestro inmersa en la sensualidad de la vida. Hay una experiencia vivida de la naturaleza que el pintor buscará en "el perfume de los pinos, que es áspero al sol, debe desposarse con el olor verde de los prados, con el olor de las piedras, con el perfume del mármol lejano de la Montaña Sainte-Victoire"

Un arte metódico es el que elaborará el "clásico" de la pintura moderna quien pone en entredicho lo obvio o el "sentido común" de quinientos años de dióptrica y de perspectiva como método de representación gráfica, y, al trabajar sobre la deformación, rebatiendo la tradicional perspectiva pone en la tela el movimiento; busca una visión total del objeto, técnica que los cubistas emplearán como parte de su gramática plástica, proponiéndonos a su vez una perspectiva tan creadora como efímera del mundo.

¿No anuncia aquí el solitario de Aix el relativismo y multiplicidad de la mirada , no pone acaso los cimientos a la desaparición del objeto que mucho después hará la pintura abstracta?.

Lo cierto es que ya nada puede verse ingenuamente después de Cézanne. La aventura de la mirada es la aventura del ojo, y la aventura del ojo es y ha sido siempre la del conocimiento.

 

LA IMAGINACIÓN CREADORA
En la repetición está la diferencia. En las casi infinitas vistas que lleva a cabo del monte Sainte-Victoire, lo que varía es la luz, la luz que es el devenir, por lo tanto aquello que perdura es la naturaleza, esquema de nuestro mundo, mientras que la variación y el cambio está en el enfoque, en la percepción de ese mundo y en el sentimiento que acompaña a su visión.

El pintor se concentra en el motivo, un "motivo" es un centro a partir del cual se estaciona la visión y se concibe y se proyecta la imagen. El motivo consiste previamente en concentrar la mirada en un punto del espacio dándole mayor jerarquía visual y transformar ese segmento de naturaleza en un acontecimiento pictórico. Un motivo es un momento inefable del mundo.

En la sociedad industrial, la pintura como hecho artístico adquiriere un enfoque social, más ideológico si se quiere, por lo tanto más democrático en su temática. En una palabra, los temas de la pintura bajan de las nubes angelicales místicas y trascendentes para retornar a la inmediatez del mundo, a la inmanencia sensual y terrestre.

La pintura de Cézanne huirá como de la peste del tradicional motivo histórico, mítico o religioso, en una palabra de todo motivo literario, por lo que motivo pictórico puede ser cualquier cosa del mundo: girasoles, botines viejos, el cuarto del artista, puede ser nenúfares, caras aburridas en un bar, almuerzo desnudo en el césped, una locomotora o un campo de amapolas, de lo que se trata es de encontrar un punto preciso dentro del campo visual que no sólo tiene límites, los de la composición, sino que es un no lugar donde surge otra realidad.

La visión común de las cosas consiste en un paneo superficial, la mirada del común (que no daba cuenta del Montenegro que siempre estuvo ahí), es un vagar sin ver nada en especial ni extraordinario, es un permanente oscilar turístico de lo lejano a lo inmediato, una confusión de sensaciones donde todo tiene un monótono valor; por el contrario, el arte plástico enseña a ver a observar y estimar, a detenernos en los tonos cambiantes del día, las formas de las hojas, las arrugas de una mano, en los brillos de un jarrón o en los reflejos en el agua.

El ojo del pintor organiza el mundo visto, detiene la mirada en aquello que es de su interés. Y en la poética que elabora con su obra creará una nueva visión del mundo. Más tarde llegará la fenomenología con su invocación a las cosas, la psicología de las formas y del inconsciente, la ciencia de la relatividad y de la incertidumbre: pero el arte estuvo antes.

Cézanne busca un lenguaje que exprese e interprete el universo visual que tiene enfrente, va hacia su objetivo con visión científica la que lo lleva a investigar las estructuras sobre las que se organizan las cosas y de las que emana las formas y su coloración.

Siempre hay necesidad de interpretar el mundo, de afirmar y confirmar el lugar de nuestras vidas, un mundo y una realidad que nunca será el mundo ni la realidad de los que pasaron, y esa necesidad de conocimiento a Cézanne lo lleva a provocar la autonomía del lenguaje pictórico al desechar la visión tradicional, por lo que trabajará sobre la propia subjetividad en lugar de aceptar la verdad abstracta de las ciencias, se anclará en aquellas percepciones que enriquecen la subjetividad del hombre.

"Yo soy la consciencia subjetiva de este paisaje y mi tela es su consciencia objetiva. Mi tela y el paisaje, una y otro fuera de mi pero el segundo caótico, sin vida lógica, sin racionalidad alguna; la primera duradera, categorizada, partícipe de la modalidad de las ideas"

La solución de Cézanne, aunque diferente se asemeja la experiencia de Van Gogh y Gauguin, éstos producen superficies limpias de sombras y lisas de color puro. Con tal método, el pintor de Tahití llega al "synthétisme simbólico y el holandés al expresionismo que traduce estados de ánimo:

"En mi cuadro "Café nocturno" he tratado de expresar con el rojo y el verde las terribles pasiones humanas. (Vicent Van Gogh: Carta a su hermano Theo; 8 de setiembre de 1888).

 

 

RITTORNELLO (todos tenemos una montaña que escalar)
Vuelvo a observar al vecino Montenegro ensimismado en un límpido aire de distancia mediterránea, también el Sainte-Victoire de Cézanne está empapado de espacio patagónico, y esa sensación de cosa ganada por la liviandad de la atmósfera esa percepción de apertura y movimiento transmitido por la tela, es lo que siempre me seduzco en la obra del pintor provenzal

CézanneVuelvo, desde otra perspectiva a observar la oscura masa verdosa del cerro nativo, su nítido volumen se yergue contra un cielo inquieto borroneado de planos yuxtapuestos que, como un viento incesante a veces lo opacan y otras lo aclaran. Es una figura estática y primigenia que vibra bajo la atmósfera mediterránea que la hace variar en sus colores ahora dominados por los cálidos. Pareciera una gran piedra trabajada durante decenios por infinitas pincelados en azules, verdes, rojos y violetas. Compruebo líneas que señalan cortes que bajan hasta invisibles cañadones en busca del fresco y salobre aire marino.

En otro momento y desde otra eminencia miro sus nubes verde vegetal hechas por una mano apresurada; la distancia, toda la lejanía que me separa del "motivo" está resuelta en ocres, aquí y allá un amarillo sucio que cubre un lila grisáceo: y ese presente sin tiempo que me transmite la pintura ha quedado para siempre en mí.

Más allá de su visión, siempre amé ese monte donde nunca estuve, porque la pasión que el arte del genio provenzal transmite, al igual que todo arte grande, y el de Cézanne lo fue, es una celebración de los sentidos y de la vida terrena. Su arte me enseña que a lo único que debemos nuestra fidelidad es aquello de lo cual procedemos; fieles a la materia de la que estamos hecho, en suma, fieles a lo dionisíaco de nuestra naturaleza. (*)

(*) Fuente: Ángel Uranga, "Cézanne. Motivo con variaciones", editado aquí de manera original.