Unamuno y la inteligencia contra la fuerza

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Miguel de UnamunoEl gran pensador español Miguel de Unamuno, autor de El sentimiento trágico de la vida, rector de la Universidad de Salamanca, protagonizó en 1936, en el contexto de la Guerra civil española, un hecho que refleja el valor y la agudeza de la inteligencia confrontada con la estrechez de la violencia y el resentimiento. El artículo que sigue a continuación refleja esa colisión fundamental, que puede ser continua fuente de reflexión.

E.I

 

UNAMUNO Y LA INTELIGENCIA CONTRA LA FUERZA
"Venceréis pero no convenceréis"
Por Juan Carlos Algañaraz

  El gran pensador español Miguel de Unamuno no será rehabilitado como concejal del Ayuntamiento municipal de Salamanca, del que había sido despojado por la dictadura franquista , ante la completa oposición del Partido Popular, que cuenta con mayoría absoluta. En el centro de la polémica el enfrentamiento de Unamuno, que era vasco, con el
general Millán Astray, en octubre de 1936, cuando el escritor y rector de Salamanca les espetó en la cara a los sublevados fascistas: "Venceréis pero no convenceréis".

Los socialistas habían reclamado que se dejara sin efecto el acta vejatoria, aprobada en una sesión secreta, que dejó al rector de la Universidad de Salamanca sin el cargo obtenido por voto popular . También se reclamaba homenajear a los concejales, el alcalde y catedráticos que habían sido fusilados por los franquistas.

Este agravio a uno de los mejores escritores y filósofos de España tiene su origen en el histórico choque personal entre Unamuno y el fundador de la Legión Extranjera, José Millan Astray, en el paraninfo de la Universidad salmantina cuando se conmemoraba, el 12 de octubre de 1936, el Día de la Raza.

Unamuno, rector desde 1930, había tenido una cierta comprensión cuando el levantamiento contra la República, una actitud que se transformó en enérgicamente crítica cuando amigos y colegas comenzaron a ser asesinados en medio de una brutal represión contra los republicanos y liberales.

Al comenzar el acto Millán Astray, al que le faltaba un brazo y un ojo por heridas de guerra , proclamó que Cataluña y las provincias vascas (leales a la República) eran "cánceres en el cuerpo de la nación. El fascismo, que es el sanador de España , sabrá como exterminarlas, cortando en la carne vida, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos".

"¡Viva la Muerte!", gritó uno de los presentes evocando uno de los lemas de la Legión. Unamuno, con su pelo y barba blancos que lo destacaban del paisaje de uniformados, dijo: "A veces quedarse callado equivale a mentir", y mirando a Millán Astray le reprochó que sus palabras contra los vascos eran una ofensa personal .

En medio de un silencio amenazante, Unamuno siguió: "Acabo de oír el necrófilo e insensato grito de "¡Viva la muerte!", una ridícula paradoja que me parece repelente. El general Millán Astray es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo como se multiplican los mutilados a su alrededor."

Millan Astray, que tenía un carácter volcánico, se puso de pie y le gritó a Unamuno: "¡Abajo la inteligencia!. ¡Viva la muerte!", consignas coreadas a voz en cuello por legionarios y falangistas.

Don Miguel de Unamuno, como se lo llamaba siempre, esperó que amainara el griterío y pronunció estas palabras lapidarias: "Este es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España".

Al día siguiente, el consejo municipal de Salamanca, en sesión secreta, destituyó a Unamuno al que se agravió en numerosos discursos que rendían pleitesía al fascismo y a Franco. El rector dejó de serlo, se retiró a su casa de Salamanca adonde, mañana domingo se cumplirán setenta años, falleció con el corazón roto (*)

(*) Fuente: Juan Carlos Algañaraz,"Venceréis pero no convenceréis", publicado en Diario Clarín Ciudad de Buenos Aires, el sábado 30 de diciembre del 2006.