Manuel Castilla y su poema El gozante

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    Poesía... percepción de la sagrada danza de los colores y formas del mundo por el poeta. El poeta que se funde con lo que contempla. El poeta que observa el bosque y el mar, y es lo observado. Es el árbol y el agua.

Manuel Castilla (1919-80) es el poeta que convocaremos para testimoniar ese encuentro entre la piel poética y el sagrado movimiento de los seres de la tierra y de los astros del cielo. Manuel Castilla nació en Salta, Argentina. Sus obras fueron traducidas al inglés, francés y alemán. Primer Premio Nacional de Poesía en 1975. Sus canciones del folklore argentino renovaron el género en los años '50 junto con otros compositores como Eduardo Falú, Rolando Valladares y Gustavo Leguizamón. Aquí, nuestro poeta expresa el gozo de ser el ramaje vivo del quebracho y de ser viento que sopla como un enardecido río de uñas y agua.

 

 

EL GOZANTE
Me dejo estar sobre la tierra porque soy el gozante.
El que bajo las nubes se queda silencioso.
Pienso: si alguno me tocara las manos
se iría enloquecido de eternidad,
húmedo de astros lilas, relucientes.
Estoy solo de espaldas transformándome.
En este mismo instante un saurio me envejece y soy
leña
y miro por los ojos de las alas de las mariposas
un ocaso vinoso y transparente.
En mis ojos cobijo todo el ramaje vivo del quebracho.
De mi nacen los gérmenes de todas las semillas y los riego con rocío.
Sé que en este momento, dentro de mí,
nace el viento como un enardecido río de uñas y de
agua.
Dentro del monte yazgo preñado de quietudes furiosas.
A veces un lapacho me corona con flores blancas
y me bebo esa leche como si fuera el niño más viejo
de la tierra.
(...) De cara al infinito
siento que pone huevos sobre mi pecho el tiempo.
Si se me antoja, digo, si esperase un momento,
puedo dejar que encima de mis ingles
amamante la luna sus colmillos pequeños.
Zorros la cola como cortaderas,
gualacates rocosos,
corzuelas con sus ángeles temblando a su costado,
garzas meditabundas
yararás despielándose,
acatancas rodando la bosta de su mundo,
todo eso está en mis ojos que ven mi propia triste
nada y mi alegría.
Después, si ya estoy muerto,
échenme arena y agua. Así regreso. (*)

(*) Fuente: Esta tierra es hermosa, de Manuel Castilla, ed.Mondadori.
Otras obras del autor: Agua de lluvia(1941); La niebla y el árbol(1946);
Bajo las lentas nubes(1967); Triste de la lluvia (1977).