Textos de William Morris

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William Morris nació en Inglaterra en 1834. Murió en Londres, en 1896. Fue un singular hombre polifacético, una personalidad renacentista en el siglo XIX. Fue escritor, pintor, diseñador y reformador social. Abrazó fervorosamente el socialismo como una vía para mejorar las condiciones de vida de la clase obrera. En el terreno de la pintura su único cuadro es La reina Ginebra, que manifestaba los ideales del grupo prerrafaelista, al que Morris perteneció.  En 1861, con un grupo de amigos, entre ellos Rossetti y Burne-Jones (también prerrafaelistas), fundó la empresa de decoración Morris, Marshall, Faulkner & Co.. Su actividad fundamental fue la producción de vidrieras, tapices, alfombras y artículos de artesanía en general. Los propios artistas diseñaban y confeccionaban manualmente las piezas. En esta acción se evidenciaba el compromiso de Morris por el trabajo artesanal, con marcas individuales y personales que eran una forma de reacción contra la degradación de la producción en serie promovida por el capitalismo. Esta defensa de lo artesanal estimulada por Morris fue recogida por la Arts and Crafts.

Morris dejó numerosas piezas artísticas surgida de su exquisito trabajo artesanal y ornamental. Vitrales, diseños y decoraciones de libros, tapices, están entre sus principales logros. En 1888  escuchó una conferencia sobre impresión de Emery Walker en la Feria de Artes y Oficios. E. Walker, era un gran experto en el oficio de imprimir y no un diseñador. Ayudó a Morris, de quien se convirtió en gran amigo, a fundar Kelmscott Press, cuyo propósito era impulsar la caligrafía ornamental de raíz medieval, la producción artesanal de papel y el diseño de libros.

Como escritor, Morris escribió el libro de poemas Vida y muerte de Jasón, el relato El  bosque del fin del mundo, y su obra más conocida: Noticias de ninguna parte. Aquí, el joven londinense William Guest despierta en una nueva Inglaterra, la del año 2102. Descubre entonces que la revolución obrera abolió el capitalismo. La sociedad parece haber regresado al paraíso terrenal. Entre los ciudadanos late una perfecta igualdad entre los ciudadanos. La libertad individual es completa, y todos exhalan un gran respeto por el medio ambiente. El trabajo ya no es alineación sino placentera actividad creadora.

En William Morris, como en otros miembros de los prerrafaelistas, fue muy fuerte la seductora atracción del trabajador medieval que era dueño de sus herramientas y de su oficio, y que creaban a través de sus propios tiempos y de su individualidad. 

  En este momento de Textos olvidados de Temakel, le presentamos varios textos de William Morris, el autor de la gran obra utópica Noticias de ninguna parte. Son textos de diversas conferencias donde Morris despliega su cosmovisión donde el arte regresa a la artesanía y la ornamentación como forma de creación y como una concreta acción crítica de una sociedad de la mecanización y la opresión del brillo individual.

E.I

 

  La fuente de los textos de William Morris que presentamos a continuación es la página indicada abajo, un muy valioso sitio con numerosos documentos de valor histórico en torno a los diversos caminos de la arquitectura y el trabajo artesanal en la modernidad.

www.iespana.es/legislaciones/manifiestos.htm

 
 

 

Arte y socialismo

Por William Morris

Amigos míos, quiero que consideréis la relación existente entre el arte y el comercio, utilizando esta última palabra para expresar lo que corrientemente indica, es decir, ese sistema de competencia en el mercado que es, en verdad, la única forma que la mayoría de la gente, en la actualidad, considera pueda tomar el comercio.

Claro que así como han habido épocas en la historia del mundo en que el arte mantenía su supremacía sobre el comercio, en que el arte era mucho y el comercio, tal como nosotros entendemos la palabra, era muy poco, ahora, por el contrario, todos aceptaremos, imagino, que el comercio se ha convertido en algo de una importancia enorme, y el arte en algo de muy poca importancia.

Digo que, en general, se aceptara esa idea, aunque personas diferentes mantengan opiniones diferentes no sólo respecto a la bondad o maldad de ello, sino incluso respecto al significado de decir que el comercio se haya convertido en algo de importancia suprema y el arte se haya hundido hasta convertirse en asunto sin importancia.

Permitidme que os dé mi opinión sobre lo que esto significa, lo cual me llevará a pediros que consideréis qué remedios deberán ser aplicados para curar los males que existen en las relaciones entre arte y comercio.

Os voy a hablar con toda franqueza. Me parece que la supremacía del comercio (según entendemos esa palabra) es un mal, y un mal muy grave: y diría que es un mal sin mezcla alguna de bien, a no ser por esa extraña continuidad de la vida que fluye por todos los acontecimientos históricos y por cuyo medio hasta los mismos males de ciertos períodos tienden a abolirse por sí mismos.

Porque, en mi opinión, lo que quiere decir es esto: el mundo de la civilización moderna en su carrera para ganar una prosperidad material muy desigualmente repartida, ha suprimido enteramente el arte popular; o, en otras palabras, la mayor parte de la población no tiene ninguna participación en el arte, que, tal como están las cosas, debe ser conservado en las manos de unos pocos ricos o acomodados que, podemos decir honradamente, lo necesitan menos, y no más, que los esforzados trabajadores.

Pero no es ese todo el mal ni la parte peor de él, porque la causa de este hambre de arte es que, si bien la gente trabaja en todo el mundo civilizado con el mismo ardor con que siempre lo hizo, ha perdido -al perder un arte que estaba hecho por y para el pueblo- el solaz natural de su trabajo, un solaz que en otro tiempo tuvieron y que siempre debieron haber tenido, la oportunidad de expresar a sus semejantes su propio pensamiento mediante ese mismo esfuerzo, mediante ese trabajo diario que la naturaleza o la costumbre inveterada -una segunda naturaleza- de hecho les exige, pero sin que signifique una carga repulsiva y sin recompensa.

Sin embargo, debido a una extraña ceguera y a un extraño error de la civilización de los últimos tiempos, casi todo el trabajo, ese trabajo del cual alguna parte debiera haber sido compañero servicial de todos los hombres, ha llegado a convertirse en una carga tal que todos los hombres, si pudieran, se liberarían de ella. He dicho que la gente trabaja no menos laboriosamente que lo hizo en el pasado; pero creo que debiera haber dicho que trabajan más laboriosamente aún.

Esas máquinas maravillosas que en manos de hombres justos y previsores habrían sido utilizadas para aminorar el trabajo repulsivo y para conceder placer -o, en otras palabras, incremento de vida- a la raza humana, han sido usadas, por el contario, de tal modo que han llevado a los hombres a una precipitación frenética y a la prisa, y con ello han destruido todo placer, es decir, toda vida, por todas partes; en vez de aligerar el esfuerzo de los trabajadores lo han intensificado, y con ello han añadido más cansancio aun a la carga que los pobres deben soportar.

Y no se puede argüir en defensa del sistema de la civilización moderna que sus solas ganancias materiales o corporales equilibran la pérdida de placer que ella ha traído al mundo; porque, como antes sugerí, esas ganancias han sido divididads tan injustamente que el contraste entre ricos y pobres se ha visto enormemente intensificado, de modo que en todos los países civilizados, pero sobre todo en Inglaterra, se exhibe el terrible espectáculo de dos pueblos que viven en calles vecinas, en puertas vecinas, pueblos de la misma sangre, de la misma lengua y que viven, al menos teóricamente, bajo las mismas leyes y sin embargo, el uno es civilizado y el otro es incivilizado.

Todo esto, digo, es resultado del sistema que ha estrangulado el arte y exaltado el comercio hasta convertirlo en una religión sagrada; y parecería que está dispuesto, con esa terrible estupidez que es su característica primordial, a burlarse del noble consejo de aquel satírico romano, cambiándole el sentido, y así ahora se nos pide que, en nombre de la vida, destruyamos la razón de vivir.

Y ahora, frente a esa estúpida tiranía, presento mi reivindicación en nombre del trabajo esclavizado por el comercio, reivindicación que sé que ninguna persona con dos dedos de frente podrán tachar de irracional; pero que si se llevará a cabo implicaría un cambio tal que derrocaría el comercio, es decir, que establecería la asociación en lugar de la competencia, el orden social en vez de la anarquía individualista.
A pesar de todo, he considerado esta reivindicación a la luz de la historia y de mi propia conciencia y me parece que, considerada de ese modo, es una reivindicación muy justa y que resistirse a ella quiere decir, ni más ni menos, negar toda esperanza a la civilización.

Esta es, pues, mi reivindicación:

Es justo y necesario que todo hombre trabaje en algo que valga la pena, que sea agradable de hacer por sí mismo y que se realice bajo unas condiciones que no hagan la tarea ni excesivamente fastidiosa ni excesivamente angustiosa.

Por más vueltas que se le dé a esa reivindicación, por más que piense en ella, no puedo encontrar que sea una petición descabellada; sin embargo, repito que si la sociedad la admitiera (o pudiera admitirla) la faz del mundo cambiaría; el descontento, la lucha y la deshonestidad terminarían. ¡Sentir que estamos realizando un trabajo útil para los demás y agradable para nosotros, y que ese trabajo y su debida recompensa nunca nos faltarán! ¿Qué grave perjuicio podría ocurrirnos en tales circunstancias? Y el precio que deberíamos pagar para dar al mundo esa felicidad sería la revolución: socialismo en vez de laissez faire.

¿Cómo podemos nosotros, las clases medias, ayudar a que se realice ese estado de cosas, esa situación que sería, en la mayor medida posible, lo contrario del estado de cosas actual?

Lo contrario, ni más ni menos. Porque, en primer lugar, el trabajo debe valer la pena: ¡Pensad en el cambio que ello implicaría en el mundo! Os digo que me siento aterrado al pensar en la inmensidad del trabajo que se lleva a cabo con el único objetivo de hacer cosas inútiles.

Para cualquiera de nosotros lo bastante fuerte para pasear por dos o tres calles principales de Londres, sería un día de trabajo instructivo anotar con detalle todo lo que se exhibe en los escaparates que resulta embarazoso o superfluo en la vida diaria de un hombre sensato. Más aún, la mayoría de esas cosas no hay nadie que las quiera en absoluto, sensato o insensato; tan solo una estúpida costumbre hace que hasta aquellos de mente más ligera supongan que las quieren, e incluso para muchos que las compran se convierten en auténticos estorbos para el trabajo, para el pensamiento y para el placer. Pero os ruego que penséis en la enorme cantidad de hombres que se ocupan de esos miserables cachivaches, desde los ingenieros que han tenido que hacer las máquinas para elaborarlos, hasta los míseros escribientes que pasan el día sentados, año tras año, en las horribles cuevas en que se lleva a cabo todo el intercambio, y los vendedores que los venden al por menor entre un sinfín de insultos que deberán escuchar sin ofenderse; y el público ocioso que no los quiere, pero que los compra para aburrirse y hartarse totalmente de ellos.

Estoy hablando de las cosas meramente inútiles; pero hay otros objetos que no sólo son totalmente inútiles, sino que son activamente destructivos y venenosos y obtienen buen precio en el mercado; por ejemplo, la comida y bebida adulteradas. Es ingente el número de esclavos que el comercio competitivo emplea para producir ruindades semejantes. Pero también a gran distancia de ello existe una enorme masa de trabajo que se desperdicia, simple y llanamente; muchos miles de hombres y de mujeres que no hacen nada, con esfuerzo terrible e inhumano que aniquila sus almas y acorta su misma vida animal.

Todos estos son esclavos de lo que se llama el lujo, que en el sentido moderno de la palabra comprende una masa de riqueza falsa, invento del comercio competitivo y que esclaviza no sólo a los pobres que están obligados a trabajar en su producción, sino también a los desventurados y bastante infelices que las compran para atormentarse con su estorbo.

Ahora bien, si queremos que exista el arte popular o simplemente el arte del tipo que sea, debemos liberarnos de una vez por todas de esos lujos; son los sustitutos, los falsarios del arte; y tanto es así que los que no conocen nada mejor han llegado a considerarlo arte, solaz divino del trabajo humano, emoción en la dura práctica diaria del difícil arte de vivir.

Pero digo que el arte no puede vivir en esta situación ni en ella puede haber estimación propia. El afeminamiento y la brutalidad son sus compañeros, a ambos lados. Y somos ante todo nosotros, las clases acomodadas, quienes debemos librarnos de todo ello si deseamos seriamente ese nuevo nacimiento del arte; y si no, entonces la corrupción está excavando ya una terrible fosa de perdición para la sociedad, de la cual podrá, ciertamente surgir tal vez ese nuevo nacimiento, pero con toda certeza lo hará entre el terror, la violencia y la miseria.

En realidad, ya sería algo que valdría la pena con tal de que nos desembarazara, a la gente acomodada, de esta montaña de escombros, de las cosas que todos sabemos que no tienen ninguna utilidad; los mismos capitalistas saben bien que no existe una demanda genuina y sana de ellas, y están obligados a ponerlas a hurtadillas en manos del público, avivando un deseo febril de excitación barata, cuya muestra externa se conoce con el nombre convencional de moda, un monstruo extraño nacido en la vacuidad de la vida de los ricos y de la ambición del comercio competitivo por sacar el mayor partido posible de la gran masa de trabajadores a los que adiestra, como menos instrumentos, para lo que se llamará "hacer dinero".

No creais que es poca cosa resistir a ese monstruo de locura; pensar por vuestra propia cuenta en lo que realmente deseais, no sólo os convertirá en hombres y mujeres, sino que también os puede llevar a pensar en los deseos auténticos de los demás, puesto que pronto encontraréis, cuando lleguéis a conocer una obra de arte, que el trabajo de esclavos es indeseable.

Y aquí, además, se encuentra al menos un pequeño signo por el cual podemos distinguir entre un pingajo de la moda y una obra de arte: mientras que los juguetes de la moda, al perder el brillo, pierden en realidad todo valor, incluso para los frívolos, una obra de arte, por humilde que sea, siempre permanece; nunca nos cansamos de ella; mientras quede un fragmento, será valiosa e instructiva para cada nueva generación. Todas las obras de arte, en resumen, tienen la propiedad de hacerse venerables en medio de ruinas; y es razonable que así sea, porque desde el principio existió en ellas un alma, el pensamiento del hombre, que se hace visible mientras existe el cuerpo en el que fue injertada.

Y esta última frase me lleva a considerar el otro aspecto de la necesidad de que el trabajo se ocupe solamente de hacer objetos que valga la pena hacer. Hasta ahora hemos estado pensando en ello solamente desde el punto de vista del usuario; claro que, incluso considerado de ese modo, ya tenía bastante importancia; sin embargo, desde el otro punto de vista, desde el del productor, tiene aún mayor importancia.

Porque repito que, al comprar estas cosas, ¡son vidas humanas lo que compráis!

¿Seréis partícipes, debido tan sólo a la locura e irreflexión, del crimen que cometen quienes obligan a sus hermanos a trabajar inútilmente?

Porque cuando dije que era necesario que todas las cosas que se fabricaran valieran la pena, planteé esa reivindicación principalmente en nombre del trabajo, puesto que el despilfarro de hacer objetos inútiles aflige doblemente al trabajador. Como parte del público, se ve forzado a comprarlos, y la mayor parte de su mísero jornal es absorbida por una especie de sistema universal de trueque; como productor, está forzado a hacerlo; y, así a perder el mismo fundamento de ese placer en el trabajo diario que es su derecho de nacimiento; está obligado a trabajar sin alegría fabricando el veneno que el sistema de trueque le obliga a comprar. Así que ese ingente número de hombres que se ven obligados por la locura y por la avaricia a fabricar cosas dañinas e inútiles, es sacrificado a la sociedad. Mantengo que esto sería terrible e insoportable, aunque se sacrificara por el bien de la sociedad, si fuera posible; pero si se sacrifican, no por el bienestar de la sociedad, sino  por su capricho, para aumentar su degradación, ¿qué aspecto tendrán entonces el lujo y la moda? Por una parte, despilfarro ruinoso y agotador que nos lleva de corrupción en corrupción hasta terminar en un cinismo completo y en la desintegración de toda sociedad; por otra parte, opresión implacable que destruye todo placer y toda esperanza de vida y que lleva.... ¿hacia dónde?

He aquí, pues, una tarea para nosotros, las clases medias, antes de poder alisar el terreno para el nuevo nacimiento del arte, antes de poder limpiar nuestras propias conciencias de la culpa de esclavizar a los hombres mediante el trabajo. Algo es; y, si pudiéramos hacerlo, tal vez eso solo sería suficiente y de ahí se derivarían todos los otros cambios saludables; pero, ¿podemos hacerlo? ¿Podemos escapar de la corrupción de esta sociedad que nos amenaza? ¿Podemos nosotros, las clases medias, regenerarnos a nosotros mismos?

A primera vista se diría que un conjunto humano tan poderoso que ha levantado ese edificio gigantesco del comercio moderno, cuya ciencia, inventiva y energía ha subyugado las fuerzas de la naturaleza para hacerlas servir a sus propósitos cotidianos, y que guía la organización que mantiene subyugados esos poderes naturales de un modo casi milagroso; a primera vista se diría, sin miedo a equivocarse, que un grupo de hombres opulentos tan considerable podría hacer todo lo que quisiese.

Y, sin embargo, lo dudo; su propia creación, ese comercio del que está tan orgulloso, se ha convertido en su amo; y todo lo que nosotros, las clases acomodadas -algunos con júbilo triunfante; otros con satisfacción estúpida, y algunos con tristeza de corazón-, estamos obligados a admitir es que el comercio no fue hecho para el hombre sino que el hombre fue hecho para el comercio.

Por todas partes estamos obligados a admitirlo. En la clase media inglesa actual, por ejemplo, se encuentran hombres de altas aspiraciones artísticas y de voluntad decidida, hombres que están profundamente convencidos de la necesidad de que la civilización rodee de belleza las vidas humanas; y muchos hombres de menor importancia, miles de ellos, me consta, refinados y cultivados, les siguen y alaban sus opiniones; pero tanto los dirigentes como los dirigidos son incapaces de salvar ni siquiera a media docena de hombres del pueblo de las garras del comercio inexorable; se hallan tan indefensos, pese a su cultura y a su talento, como si fueran todos ellos simples zapateros sobrecargados de trabajo; menos afortunados que el rey Midas, nuestros verdes campos y nuestras aguas claras e incluso el mismo aire que respiramos, se han convertido, no en oro (lo cual tal vez nos hubiera gustado a algunos durante cierto tiempo), sino en polvo; y, para hablar sin tapujos, sabemos con toda certeza que no es sólo que bajo este evangelio actual del capital no haya esperanza alguna de mejora, sino que las cosas empeoran de año en año, de día en día. Comamos y bebamos, que mañana moriremos sofocados por la suciedad.

Dejadme que os ofrezca un ejemplo directo de la esclavitud del comercio competitivo en que vivimos nosotros, desventurados miembros de la clase media. Os he exhortado a dejar a un lado los lujos, a que os desnudéis de estorbos innecesarios, a la simplificación de la vida, y creo que estaréis totalmente de acuerdo conmigo en ello. Bien, he pensado muchas veces que una de las circunstancias más hirientes que se engarzan en nuestro sistema de clases actual es la relación que existe entre nosotros, los ricos, y nuestros criados; nosotros y nuestros criados vivimos juntos bajo el mismo techo, pero somos casi totalmente extraños los unos a los otros, pese a la afabilidad y buenos sentimientos que a menudo existen por ambas partes; no, extraños es una palabra suave; aunque seamos de la misma sangre y estemos ligados por las mismas leyes, vivimos juntos como personas de tribus diferentes. Ahora pensad en las consecuencias que ello tiene en el trabajo doméstico ordinario de cada día en un hogar y en si cabe la posibilidad de simplificar nuestras vidas mientras tal sistema perdure. Para no ir más lejos, las que seáis amas de casa sabéis muy bien (como me ocurre a mí, puesto que he aprendido el arte útil de hacer la comida) en qué manera se simplificaría el trabajo diario si las comidas más importantes pudieran tomarse en común; si no existiera doble comida, una en el piso principal y otra debajo. Y, evidentemente, nosotros, que pertenecemos a un siglo amante de la educación, no podemos ignorar el valor educativo que tendría para los miembros menos refinados de un hogar reunirse con los más refinados, una vez al día por lo menos; observar los modales elegantes de las señoras bien educadas, participar en la conversación de hombres de cultura y de viajes, de hombres de acción y de imaginación; creedme que aventajaría en mucho a la enseñanza primaria.

Más aún, este asunto se relaciona con nuestro tema del arte: porque observad, como muestras de esa estupidez de nuestra civilización de pacotilla, que nuestros hogares acomodados están obligados a ser estúpidas madrigueras de conejos en vez de estar planeados según el antiguo sistema racional utilizado desde la época de Homero hasta pasados los tiempos de Chaucer; una gran sala, digamos, y unas cuantas habitaciones unidas a ella para dormir o en las que encerrarse. No es extraño que nuestras casas sean complicadas e innobles, porque las vidas que en ellas se viven son también complicadas e innobles.

En ese caso, ¿por qué los que hemos pensado en ello, pues estoy seguro de que muchos de nosotros lo hemos hecho, no cambiamos esta costumbre mezquina y vulgar, simplificando nuestras vidas con ello y educando a nuestros amigos, a cuyos esfuerzos debemos tantas comodidades? ¿Por qué vosotros -y yo- no os ponéis a hacerlo mañana mismo?
Porque no podemos; porque nuestros siervos no lo aceptarían, sabiendo, como sabemos nosotros, que ambas partes serían, con ello, más desgraciadas. ¡La civilización del siglo XIX prohibe compartir el refinamiento de un hogar a sus miembros!

Así que, ya lo véis, si nosotros, la clase media pertenecemos a un pueblo poderoso -lo cual, en buena fe, es cierto-, no hacemos más que representar un papel que ya se ha interpretado muchas veces en la historia mundial; somos grandes, pero desdichados; somos gente importante y digna, pero moralmente aburrida; hemos comprado nuestro poder al precio de nuestra libertad y de nuestro placer.

De modo que, en respuesta a la pregunta de si podemos alejar de nosotros los lujos y vivir vidas sencillas y decentes, digo que sólo podremos cuanto estemos libres de la esclavitud del comercio competitivo; antes no.

Con certeza algunos de vosotros deseáis ser libres, habéis sido educados y sois refinados, y vivificasteis vuestra percepción de la belleza y del orden sólo para que pudiera ser sacudida y lesionada en todo momento por la brutalidad del comercio competitivo; habéis sido tan perseguidos y acosados por el que, aunque gocéis de buena posición, incluso aunque quizás seáis ricos, no tenéis ahora nada que perder de la revolución social; el amor al arte, es decir, al placer auténtico de la vida, os ha llevado a tal punto que debéis compartir vuestra suerte con la de los esclavos asalariados del comercio competitivo; vosotros y ellos debéis ayudaros los unos a los otros, y tener una esperanza en común; de lo contrario, vosotros, en cualquier caso, viviréis y moriréis sin esperanza y sin ayuda. A vosotros, que deseáis ser liberados de la opresión de los buscones del dinero, os digo: ¡Esperad el día en que seréis obligados a ser libres!

Mientras tanto, si por otro lado esa opresión apenas nos ha dejado algún trabajo que valga la pena hacer, una cosa al menos queda por la que luchar; la elevación del nivel de vida en aquellos casos en que se encuentra en su punto más bajo o en un punto bajo; eso pondrá alguna traba al comercio competitivo triunfante.

Y no puedo concebir nada que tenga más probabilidades de elevar el nivel de vida que la labor de convencer a algunos millares de personas que viven de su esfuerzo, de la necesidad que tienen de apoyar la segunda parte de la reivindicación que he hecho en nombre del trabajo, es decir, que el trabajo sea agradable de por sí. Si pudiéramos simplemente convencerles de que esa extraña revolución del trabajo sería de beneficios infinitos no sólo para ellos, sino para todos los hombres, de que es tan perfectamente justo y natural que lo contrario, es decir, que la mayor parte del trabajo humano resulte penoso, es una mera monstruosidad de estos últimos tiempos, que debe, a largo plazo, acarrear ruina y confusión a la sociedad que lo permite; si tan solo pudiéramos convencerles, en ese caso, en efecto, existiría la oportunidad de que la frase arte del pueblo fuera algo más que meras palabras.

A primera vista, sin duda alguna, podrá parecer imposible conseguir que hombres nacidos bajo el actual sistema del comercio entiendan que el trabajo pueda ser para ellos una bendición; no en el sentido con que a veces les predican esa idea aquellos cuyo trabajo es ligero y de facil evasión; tampoco como una tarea necesaria que la naturaleza impone a los pobres en beneficio de los ricos; tampoco sólo como un opio que atonte su sentido del bien y del mal, que les haga estar sentados, sin protestar, bajo sus cargas, hasta el fin del tiempo, bendiciendo al señor y a su familia: podrían entender con bastante facilidad todas estas cosas, y algunas veces las escucharían con cierta muestra de complacencia, al menos en caso de pensar que pudieran sacar algo de nosotros con ello. Pero la doctrina auténtica de que el trabajo debe ser una bendición real y tangible, en sí misma, para el trabajador, un placer incluso como ahora lo son el sueño y las bebidas fuertes, podrá parecer muy difícil de entender, siendo, como es, tan diferente de todo lo que han encontrado que es el trabajo.

Sin embargo, aunque la mayor parte del trabajo humano se soporta solamente como se soporta un mal necesario (la enfermedad, por ejemplo, mi experiencia al respecto es que, bien sea debido a un cierto carácter sagrado del trabajo manual que se injerta en él, incluso bajo las peores circunstancias, o bien porque el pobre, llevado por la necesidad a tratar de cosas terriblemente reales, cuando piensa -si es que lo hace- en tales asuntos lo hace menos convencionalmente que los ricos; sea lo que fuere, mi experiencia al respecto es que el trabajador encuentra más fácil de entender la doctrina de la reivindicación del placer en el trabajo que puedan encontrarlo los ricos o los de clase acomodada. Dejando aparte cualquier palabra trivial que pueda añadir, me ha sorprendido encontrar, por ejemplo, en públicos de la clase trabajadora una admiración tan apasionada hacia John Ruskin; pueden verlo como profeta, más que como el retórico fantástico que descubren en él los públicos de mayor finura.

Es esto un buen augurio, me parece, de la educación de los tiempos venideros. Pero nosotros, a veces tan teñidos de cinismo, debido a nuestro desamparo en el mundo repugnante que nos rodea y nos oprime, ¿no podemos acaso levantar nuestras propias esperanzas, de algún modo, hasta el punto de pensar que la esperanza que pueda aún brillar en los millones de esclavos del comercio es algo mejor que una mera ilusión, que una falsa aurora de una noche encapotada contra la que solo lucha la luna? Recordemos que aun quedan en el mundo monumentos que nos muestran que no siempre fue todo el trabajo humano un pesar y una carga para los hombres. Pensemos en la hermosa y señorial arquitectura, por ejemplo, de la Europa medieval: en los edificios levantados antes de que el comercio hubiera puesto la piedra cimera del edificio de la tiranía al descubrir que la fantasía, la imaginación, el sentimiento, la alegría de la creación y la esperanza de un renombre justo son mercancías demasiado preciosas para que puedan comprarlas hombres sin dinero, simples artesanos y jornaleros. Recordemos que hubo un tiempo en que los hombres hallaban un placer en su trabajo diario, pero, sin embargo, respecto a otros asuntos ansiaban la luz y la libertad incluso tanto como ahora se desean: su tenue esperanza se hacia cada vez más brillante y veían que se iba acercando de día en día su realización aparente, y la contemplaban con tanta ansiedad que no se dieron cuenta de que el enemigo que siempre acecha, la opresión, había cambiado de forma y les estaba robando lo que ya habían conseguido en aquellos días en que la luz de su nueva esperanza no era sino débil destello; de este modo perdieron su vieja ganancia, y a falta de ella, esa nueva ganancia les fue cambiada y desperdiciada y se convirtió en algo que no era mucho mejor que lo que habían perdido.

Entre los días que ahora transcurren y el final de la Edad Media, Europa ha ganado libertad de pensamiento, aumento de conocimientos y gran talento para tratar con las fuerzas materiales de la naturaleza; junto con todo ello, una relativa libertad política y un respeto hacia las vidas de los hombres civilizados, y otros logros que acompañan a todo ello; sin embargo, digo deliberadamente que si la situación actual de la sociedad continua, ella ha comprado esas ganancias a un precio demasiado alto; la pérdida del placer del trabajo diario que en otro tiempo proporcionó auténtico solaz en los temores y opresiones de una masa de hombres: la muerte del arte fue un precio demasiado alto que tuvimos que pagar a cambio de la prosperidad material de las clases medias.

Doloroso fue, ciertamente, que no pudiéramos mantener nuestras manos llenas, que nos viéramos obligados a derramar con una mientras recogíamos con la otra; sin embargo, en mi opinión, aun es más grave ser inconscientes de la pérdida o, siendo escasamente conscientes de ella, tener que forzarnos a olvidarla y a proclamar en alta voz que todo va bien.

Porque, aunque todo no vaya bien, sé que la naturaleza humana no ha cambiado en tanto en tres siglos que nos permita decir a todos los milenos que les precedieron: "Os equivocasteis al amar el arte; ahora hemos descubierto que lo que todos los hombres necesitan es alimentos, ropas y cobijo, y un barniz de conocimientos sobre la forma material del universo. La creación no es ya una necesidad del alma humana; la mano derecha bien puede olvidar su instinto; el hombre no empeorara por ello.

Trescientos años, un día en el transcurso del tiempo, no han cambiado la naturaleza del hombre irremisiblemente, podéis estar seguros; un día recobraremos el arte, es decir, el placer de la vida; devolveremos el arte a nuestro trabajo diario: ¿Dónde está, pues, la esperanza?, "nos podéis decir, "Mostradnosla".

La esperanza se encuentra precisamente en el mismo lugar en que la esperanza antigua nos defraudo. Abandonamos el arte por lo que creiamos ser luz y libertad, pero lo que compramos no fue, ni mucho menos, luz ni libertad: la luz mostro muchas cosas a que los de clase acomodada que se tomaron la molestia de buscarlas; la libertad dio a la clase media muchas posibilidades, si se preocupaban de utilizar esa libertad; pero estos eran, en el mejor de los casos, pocos; a la mayoria de los hombres la luz les mostro que ya no necesitaban andar en busca de una esperanza y que la libertad habia otorgado a la mayoria de los hombres la libertad de aceptar, con un suelo miserable, el trabajo de esclavos que se hallara mas cercano o, por el contrario, verse obligados a morir de hambre.

Ahi esta nuestra esperanza, os digo. Si el trato hubiera sido realmente justo, totalmente completo, entonces lo unico que se podria hacer es enterrar el arte y olvidar la belleza de la vida; pero ahora la causa del arte puede apelar a algo mas: nada menos que a la esperanza que la gente tiene en la vida feliz que aun no se les ha concedido. Ahi esta nuestra esperanza: la causa del arte es la causa del pueblo.

Pensad en un momento historico, ¡y vuestra esperanza despertara! Hubo un tiempo en que el poder de Roma abarcaba, en abrazo envenenado, todo el mundo de la civilizacion. Todos los hombres -incluso los mejores, podeis ver en los mismos evangelios- pensaban que ese imperio estaba llamado a durar eternamente: los que en el vivian no podian imaginar que existiera en el mundo, fuera de el, nada digno de consideracion; pero los dias pasaron, y aunque nadie advirtiera los presagios del cambio que se avecinaba, el cambio, sin embargo, llego, como llega un ladron en la noche, y los barbaros, ese mundo que se extendia fuera del dominio de Roma, cayeron sobre ella; y los hombres, ciegos de terror, lamentaron el cambio y consideraron que el mundo habia sido destrozado por la furia del Norte.

Pero incluso esa furia trajo consigo ciertas cosas totalmente extrañas a Roma y que en otro tiempo habian sido el alimento que nutriera sus glorias: odio a la mentira, desprecio a las riquezas, menosprecio hacia la muerte, fe en la reputacion honrada obtenida por el esfuerzo tenaz, amor honorable hacia las mujeres...., todas esas cosas trajo consigo la furia del Norte, como el torrente de la montaña transporta el oro, y asi Roma se hundio y surgio Europa y la esperanza del mundo renacio.

Para un espiritu sensible, esta historia del pasado servira de parabola de los dias que han de venir, del cambio que se nos avecina, ahora oculto en el seno de los barbaros de la civilizacion, del proletariado; y a nosotros, las clases medias, sosten del sistema poderoso y monstruoso del comercio competitivo, atañe limpiar nuestras almas de avaricia y de cobardia y enfrentarnos con ese cambio que, otra vez, esta en el camino; comprender la bondad y la esperanza que trae consigo, pese a todas las amenazas de violencia, pese a toda esa repugnancia, que no engendro el, sino que fue engendrado por el mismo sistema que esta llamado a destruir.

Quiero decir, una vez mas, que la mejor esperanza que tenemos nosotros, las personas acomodadas, los que amamos el arte, no como un juguete, sino como algo necesario para la vida del hombre, como muestra de su libertad y de su felicidad, es la de elevar el nivel de vida del pueblo; o, en otras palabras, conseguir la reivindicacion que plantee en nombre del trabajo y que ahora expondre de modo diferente, para que intentemos ver cual es el obstaculo mayor que nos impide hacer que esa reivindicacion se cumpla y cuales son los enemigos que debemos atacar. Asi que voy a exponer de nuevo esa reivindicacion:

El trabajo humano no debera producir nada que no valga la pena, y ese trabajo no debera ser degradante para los trabajadores.

Por sencilla que parezca esta proposicion, y creo que os debe parecer tan cierta como me parece a mi, al meditar sobre este asunto vereis que es una amenaza de muerte directa contra el sistema actual de trabajo de los paises civilizados. Este sistema, que he llamado comercio competitivo, es claramente un sistema de guerra; es decir, de despilfarro y de destruccion; o, si quereis, un juego de tahures, cuyas reglas son que todo lo que un hombre puede ganara bajo ese sistema lo gana a costa de lo que otro pierde. Tal sistema no presta atencion -ni puede prestarla- al problema de si vale o no la pena fabricar ciertos objetos; ni le preocupa una cosa, y una cosa sola, es decir, lo que llama obtener un beneficio, palabra que ha llegado a ser usada tan convencionalmente que debo explicaros lo que realmente significa, y es esto: ¡el despojo del debil por el fuerte! Y quiero añadir que este sistema es, por su propia naturaleza, destructor del arte, es decir, destructor de la felicidad de la vida. Toda consideracion que pueda existir por la vida del pueblo en la actualidad, todo lo que se haga que tenga algun valor, se hace pese al sistema y en contra de sus maximas; y es muy cierto que todos nosotros, al menos tacitamente, admitimos que se opone a las aspiraciones mas altas de la humanidad.

¿Es que acaso no sabemos como trabajan esos hombres de talento que son la sal de al tierra, sin los cuales la corrupcion de la sociedad hace ya tiempo hubiera llegado a hacerse insoportable? Los poetas, los artistas, los cientificos, ¿no es cierto que en sus dias jovenes y gloriosos, cuando alcanzan el cenit de su fe y de su entusiasmo, se ven constantemente frustrados por la guerra comercial con su ironica pregunta: "¿Dara dinero?". ¿No es cierto que cuando comienzan a obtener exito mundial, cuando se hacen relativamente ricos, pese a nosotros, nos aparecen como tiznados por sus corrompidos contactos con el mundo comercial?

¿Necesito hablaros de los grandes proyectos arrinconados, de cosas cuya ejecucion es tremendamente necesaria -asi lo confiesan todos los hombres-, pero que nadie puede decididamente poner en marcha debido a la falta de dinero? Por el contrario, si se trata de crear o de estimular algun capricho vano en la mente del publico, y si para satisfacerlo se obtiene algun beneficio, el dinero llovera a toneladas.

Y aun hay mas: bien sabeis que es muy vieja la historia de las guerras que engendra el comercio en busqueda de nuevos mercados, que ni los estadistas mas pacificos pueden resistir; es una vieja historia, pero parece eternamente nueva, y ahora se ha convertido en una especie de broma siniestra, de la cual, si pudiera evitarlo, no reiria, y sin embargo, me veo obligado a hacerlo desde mi alma repleta de ira.

Pues bien, ¿que ha hecho por nosotros todo ese dominio sobre los poderes de la naturaleza que hemos conseguido en los ultimos cien años, o en menos tiempo aun, bajo el sistema actual? En opinion de John Stuart MIll, era dudoso que todos los inventos mecanicos de la epoca moderna hubieran hecho algo para aligerar la carga del trabajo; y tened la certeza de que no fueron hechos con aquel objetivo, sino con el de obtener un beneficio. Esas maquinas casi milagrosas que, de haber sido tratadas con prevision ordenada, pudieran ahora ya estar extinguiendo a pasos agigantados todo el trabajo fastidioso e insensato, dandonos la libertad de elevar en nuestros trabajadores el nivel de habilidad manual y de energia de mente y producir de nuevo la belleza y el orden, que solo pueden producir manos humanas guiadas por su espiritu, ¿Que es lo que en realidad han hecho por nosotros? El mundo civilizado esta muy orgulloso de sus maquinas, si, pero, ¿Tiene algun derecho a estar orgulloso del uso a que han sido destinadas por la guerra y el despilfarro comercial?

Me parece que no existe en ello motivo de jubilo: la guerra comercial ha obtenido un beneficio de estas maravillas; es decir, por sus medios ha engendrado millones de trabajadores infelices, maquinas sin inteligencia en lo que respecta a su trabajo diario, para obtener mano de obra barata, para mantener su juego apasionante, pero asesino, eternamente. Y es cierto que esa mano de obra hubiera sido tremendamente barata -barata para los generales de la guerra comercial, y mortalmente cara para el resto de nosotros- a no ser por las semillas de libertad que unos hombres valientes sembraron hace algun tiempo entre nosotros y que estan brotando en nuestros propios dias en forma de cartismo, sindicalismo y socialismo, en defensa del orden y de una vida decente. Nuestra propia esclavitud hubiera sido terrible -no solo la de las clases trabajadoras- a no ser por esos germenes del cambio que debe acontecer.

Incluso tal como estan las cosas, mediante ese amontonamiento de los obreros de las maquinas y de sus acolitos en las grandes ciudades y en los distritos industriales, ha mantenido nuestras vidas por los suelos y las mantiene por los suelos, a un nivel de vida miserablemente bajo; tan bajo, que cualquier plan de mejora llega a ser dificil de imaginar. Por los medios de comunicacion rapidos que ha creado, y que debieran haber elevado el nivel de vida al esparcir el conocimiento desde las ciudades al campo y al crear en todas partes centros modestos de libertad de pensamiento y de habitos culturales, por el ferrocarril y lo que se le parezca, ha enganchado nuevos reclutas al ejercito de reserva de competidores indigentes, del cual dependen en gran manera las ganancias de la especulacion, desnudando al campo de su poblacion y extinguiendo toda esperanza razonable y toda vida en las ciudades pequeñas.

Como artista, no puedo dejar de pensar, ni relegar a un ultimo termino, en las consecuencias externas que nos ha acarreado este gobierno de la anarquia miserable que es la guerra comercial. Pensad en la ulcera de Londres, que se agranda, que devora de modo repugnante campos y bosques y brezales, despiadada y desesperadamente, burlandose de nuestros debiles esfuerzos para atajar algunos de sus males menores, y los cielos cargados de humos, los rios infectos; pensad en el horror sombrio y en la indiferente suciedad de nuestros distritos industriales, tan terrible para los sentidos desacostumbrados a ello que llega a ser siniestro para el futuro de la raza el que haya hombres que puedan vivir sumidos en ella y manteniendo el buen humor; aun hay mas; pensad en el mismo campo abierto en el que, para sustituirlas por miserables edificios de ladrillo y pizarra construidos apresuradamente, se echan a un lado esas viviendas solidas y grises que aun se encuentran esparcidas a nuestro alrededor, emblemas apropiados, debido a su sencillez alegre y bella, de los campesinos libres del campo ingles, cuya destruccion a manos de la entonces joven guerra comercial lamentaron tan conmovedoramente el magnanimo More y el valeroso Latimer. Por todas partes, en resumen, un cambio de lo viejo a lo nuevo implica, aun dudando de todo lo demas, una certeza: el empeoramiento del aspecto del pais.

Esta es la situacion de Inglaterra: si, de Inglaterra, pais del orden, de la paz y de la estabilidad, pais del sentido comun y del pragmatismo, pais al que se dirigen las miradas de todos aquellos que esperan que el progreso moderno continue y se perfeccione. Hay paises europeos cuyo aspecto exterior no esta tan arruinado, aunque tengan tal vez menos prosperidad material, aunque la riqueza de la clase media este menos extendida para asi equilibrar la miseria y la desgracia que antes mencione; pero si esos paises son miembros del gran complot comercial tendran que pasar por la misma puerta, a no ser que ocurra algo que detenga la marcha triunfal de la guerra comercial antes de que llegue a su fin.

Eso es lo que nos han legado tres siglos de comercio, la esperanza que surgio cuando el feudalismo comenzaba a hacerse pedazos. ¿Que podra darnos el amanecer de una nueva esperanza? ¿Acaso podra ser algo distinto a una revuelta general contra la tirania de la guerra comercial? Los paliativos de que muchas personas de valor se ocupan son, en estos momentos, completamente inutiles, porque tan solo son revueltas parciales, desorganizadas, contra una organizacion vasta, insaciable, que recibira todo intento de mejorar la condicion de la vida de la gente con un nuevo ataque; nuevas maquinas, nuevos mercados, emigracion masiva, renacimiento de supersticiones rastreras, predica del ahorro a gentes que carecen de todo, de templanza a los miserables; cosas de este tipo frustraran en toda ocasion las revueltas parciales contra ese monstruo que nosotros, las clases medias, hemos creado para nuestra propia destruccion.

Hablare con toda claridad de este asunto, aunque deba decir al final algo desagradable, si he de confesar todo lo que pienso. Lo unico que debemos hacer es que todo el mundo piensa en todo momento en que es posible elevar el nivel de vida. Si os fijais en ello vereis claramente que equivale a promover el descontento general.

Y ahora, para demostrar que vuelvo a mi reivindicacion en favor del arte y del trabajo, para que pueda ocuparme de la tercera demanda, he aqui de nuevo la reivindicacion completa:
Es justo y necesario que todos los hombres trabajen en algo:

1º El trabajo debe valer la pena.

2º Debe ser agradable en si mismo.

3º Debe hacerse en tales condiciones que no resulte ni excesivamente fastidioso ni excesivamente angustioso.

Yo he procurado referirme a las dos primeras clausulas, que estan muy relacionadas entre si. Son, pudieramos decir, el alma de la reivindicacion de un trabajo justo; la tercera clausula es su cuerpo, sin el cual el alma no pueda existir. Asi que voy a exponerla de esta forma y ella nos llevara a un terreno que en parte ya hemos cubierto.

Ninguna persona con ganas de trabajar debera temer nunca la falta de empleo que cubra todas sus necesidades basicas de mente y de cuerpo.

"Todas las necesidades basicas", ¿y cuales son esas necesidades basicas para todo buen ciudadano?

En primer lugar, un trabajo decoroso y digno, lo cual implicaria dar la oportunidad de capacitarse para el trabajo mediante la educacion debida; tambien, y ya que el trabajo debe ser digno de efectuarse y debe ser agradable, nos daremos cuenta de que para lograr este objetivo es necesario que la posicion laboral este de tal modo asegurada que no se pueda obligar a un hombre a efectuar trabajos inutiles o trabajos en que no pueda hallar placer.

La segunda necesidad es que exista un ambiente decente, lo que implica:

a) Buenas viviendas.

b) amplio espacio.

c) orden y belleza general.

Es decir:

a) nuestras casas deben estar bien construidas, deben ser limpias y saludables.

b) debe existir abundante espacio verde en nuestras ciudades, y nuestras ciudades no deben devorar los campos y el aspecto natural del campo; mas aun, pido incluso que se dejen espacios abiertos y tierras virgenes salvajes; de lo contrario, el encanto y la poesia -es decir, el arte-, moriran entre nosotros;

c) orden y belleza significan no solo que nuestras casas deben estar construidas de modo duradero y con propiedad, sino que deben tambien estar bien decoradas; que los campos que se dediquen al cultivo no se estropeen mas de lo que se pueda estropear un jardin; por ejemplo, no se permitira que nadie pueda talar, por mero beneficio personal, arboles cuya perdida perjudique un paisaje ni bajo ningun pretexto podra nadie oscurecer la luz del dia con humos, emponzoñar los rios o degradar ningun lugar de la tierra con desperdicio inmundos o con ese desorden brutal y despilfarrador.

La tercera necesidad es tiempo libre. Comprendereis que al utilizar esa expresion entiendo, en primer lugar, que todos los hombres deberan trabajar durante una parte del dia y, en segundo lugar, que tienen el derecho positivo a exigir un descanso despues de ese trabajo; el tiempo libre que tienen derecho a exigir debe ser lo bastante extenso para que les permita un descanso completo de la mente y del cuerpo; todo hombre debe tener tiempo para el pensamiento intelectual profundo, para la imaginacion (incluso para soñar), o la raza humana, por el contrario, inevitablemente empeorara. Incluso respecto a ese trabajo decoroso y digno al que me he referido, que es la misma gloria, si esta totalmente separado del trabajo forzado del sistema capitalista, no se le debe exigir a un hombre mas de lo que en justicia le corresponda; si no, los hombres se desarrollaran desigualmente y seguira habiendo en la sociedad algo corrompido.

Os he expuesto, pues, las condiciones bajo las cuales se puede realizar un trabajo que valga la pena y que no sea degradante: no se puede realizar bajo ninguna otra condicion, y si el trabajo global del mundo no vale la pena y a la vez es degradante, sera un contrasentido hablar de civilizacion.

Ahora bien, ¿pueden alcanzarse estas condiciones bajo el evangelio actual del capitalismo, cuyo lema es "salvarse quien pueda"?
Consideremos nuestra reivindicacion de nuevo, expuesta en otras palabras:

En un estado social debidamente ordenado, todo hombres con ganas de trabajar debera tener asegurados:

1º Un trabajo decoroso y digno.

2º Una vivienda saludable y bella.

3º Tiempo libre, disponible para el descanso de la mente y del cuerpo.

Ahora bien, supongo que ninguno de los aqui presentes negara que seria deseable conseguir esta reinvidacion; pero quiero que todos penseis que es necesario que se logre, que, mientras no hagamos todo lo posible para conseguirlo, seremos tan solo la parte esencial de una sociedad fundada en el robo y en la injusticia, condenada por las leyes del universo a destruirse a si misma mediante sus propios esfuerzos para pervivir eternamente. Mas aun, quiero que penseis que, si por una parte es posible lograr esta reivindicacion, por otra es imposible lograria bajo el sistema plutocratico actual, que nos prohibira incluso todo intento serio de lograrlo: el comienzo de la revolucion social debe ser el cimiento de la reconstruccion del arte del pueblo, es decir, del placer de la vida.

Debo decir ahora ciertas frases desagradables. ¿Sabemos que la mayor parte de los hombres de las sociedades civilizadas, son sucios, ignorantes, brutales, o en el mejor de los casos, avidos del sustento de la semana que viene, que son, en pocas palabras, pobres? Y al pensar en su situacion, bien sabemos que es injusta.

Dice un cuento viejo que aquellos hombres que se labran una fortuna por medios deshonrados y tiranicos, derrochan con liberalidad y en obras caritativas -como ellos dicen- sus ganancias mal obtenidas; pero el cuento no alaba a tales personas, sino que, por el contrario, cree que, pese a todo, el diablo los atrapa. Es una historia vieja, si, pero yo os digo: "De que fabula". ¡De ti habla esa historia, tu eres el protagonista!

En mi opinion, las clases ricas y acomodadas estamos actuando diariamente del mismo modo: inconsciente o semiinconscientemente tal vez, amontonamos riquezas comerciando con las imperiosas necesidades de nuestros semejantes, y luego arrojamos unas monedas a aquellos que, de una u otra forma, nos chillan con mas fuerza. Nuestras leyes de pobres, nuestras obras de caridad, organizadas y desorganizadas, no son mas que debiles barreras para atajar un torrente, mero chantaje pagado a una injusticia renqueante, para que no pueda darnos alcance.

¿Cuando llegara el dia en que los hombres honrados y con claridad de ideas se harten de todo este caos de desperdicio, de este sistema que roba a Pedro para darselo a Pablo, que es la esencia misma de la guerra comercial?¿Cuando nos uniremos todos para sustituir este sistema, cuyo lema es "Salvese quien pueda", por otro sistema cuyo lema sea, realmente y sin ningun calificativo: "Todos para uno y uno para todos"?

¿Quien sabe? Tal vez ese dia se aveine, pero, ¿Veremos nosotros, los que ahora vivimos, el comienzo de ese final que exinguira el lujo y la pobreza, que fusionara las clases alta, media y baja en una sola clase, que vivira alegremente una vida sencilla y feliz?

Muy larga resulta esa frase para describir el estado de cosas que os pido me ayudeis a conseguir: "la abolicion de la esclavitud es una frase mas corta y significa lo mismo. Tal vez, por una parte, podais estar tentados de pensar que no vale la pena luchar por ese objetivo; o que, por otra, supongais todos vosotros que ese objetivo se halla a tanta distancia que no se puede hacer nada importante para conseguirlo en nuestros dias y que, por esa misma razon, bien puede uno cruzarse de brazos y no hacer nada. Permitidme que os recuerde que, hace muy poco tiempo, muchos miles de hombres de nuestra misma condicion dieron sus vidas en el campo de batalla para que concluyera felizmente un solo episodio en la lucha por la abolicion de la esclavitud: son ellos hombres admirados y felices, porque les llego su oportunidad, la aprovecharon e hicieron todo lo que pudieron, y el mundo se ha enriquecido con ello. Ahora bien, si se nos ofrece una oportunidad semejante, ¿La echaremos de lado para poder descansar con tranquilidad, mientras la duda, la enfermedad oprimen nuestra alma? Estos son dias de combate: ¿Quien podra dudarlo, si a nuestro alrededor se escuchas sonidos que presagian el descontento, la esperanza y el temor por doquier, sonidos del valor que despierta y de la conciencia que resurge? Estos, os digo, son dias de combate, en los que no hay posibilidad de paz externa para un hombre honrado; en los que, por esa misma razon, es mas facil conseguir la paz interna de una buena conciencia fundada en convicciones seguras, puesto que se nos esta ofreciendo accion en defensa de la causa.

O bien, ¿direis acaso que en este pais de Inglaterra, tranquilo y gobernado constitucionalmente, no se nos ofrece ninguna oportunidad de accion? Si estuvieramos en la amordazada Austria, en Rusia, donde un par de palabras te pueden hacer aterrizar en Siberia o en la prision y fortaleza de Pedro y Pablo...., claro, entonces con toda certeza............

¡Ay amigos mios! ¡Que ofrenda mas pobre podemos presentar ante las tumbas de los martires de la libertad, si rehusamos tomar la antorcha de sus manos desfallecientes! ¿no fue acaso Goethe quien, al oir que alguien se iba a America a iniciar una nueva vida, le replico: "America esta aqui o no esta en ninguna parte"? Del mismo modo yo os digo: "Aqui esta Rusia, o no esta en ningun lado".

Decir que las clases gobernantes inglesas no se asustan de la libertad de expresion y que, por lo tanto, debemos abstenernos de hablar con libertad me suena a extraña paradoja. Ahondemos, por el contrario, esa brecha que nos abrieron hombres valientes; si nos echamos atras, haremos que sus esfuerzos, sus sufrimientos, sus muertes, no tengan ningun valor.

Creedme, nos mostraran que se trata de todo o de nada. ¿O acaso alguno de los aqui presentes querra argüir que un mujik ruso se halla en una situacion peor que la del sudoroso esclavo asalariado de la confeccion? No nos engañemos: la clase de las victimas existe tanto aqui como en Rusia. Pero, ¿existen menos aqui? Quizas; pero en ese caso se encuentran mas indefensas y por ello tienen mas necesidad de nuestra ayuda.

¿Y como podemos nosotros, las clases medias, nosotros, capitalistas y parasitos, ayudarles? Renunciando a nuestra clase, y siempre que exista un antagonismo entre las clases, poniendonos al lado de las victimas: al lado de los condenados a la falta de educacion, de refinamiento, de placer y de reputacion, en el mejor de los casos y en el peor, a una vida inferior a la de los salvajes mas brutales, para que el sistema del comercio competitivo prevalezca.

No hay otro camino; y este, os lo digo sin tapujos, nos dara, a largo plazo, multiples ocasiones de sacrificio personal, sin que para ello tengamos que ir a Rusia. Tengo la plena seguridad de que el auditorio, aqui hay gente que se siente llena de descontento hacia la anarquia miserable de este siglo del comercio; yo les ofrezco un medio de renunciar a su clase apoyando la propaganda socialista, alistandose a la Federacion Democratica, que tengo el honor de representar ante vosotros y que me parece ser la unica en este pais que presenta como programa un socialismo constructivo.

Esta es, mi opinion, una buena oportunidad para aquellos que estamos descontentos con el estado actual de las cosas y deseamos una oportunidad de renunciar a el; y es muy cierto que al aceptar esa oportunidad tendreis que sufrir, desde ese momento, algunos de los inconvenientes del martirio, sin obtener al mismo tiempo su dignidad. Al menos se burlaran y se reiran de vosotros esas personas cuya burla es muestra de honor para un hombre honrado; pero tambien, no lo dudo, os miraran con frialdad muchas personas excelentes, y no todas ellas seran completamente estupidas. Correreis el riesgo de perder vuestra posicion, vuestra reputacion, vuestra fortuna, vuestros amigos incluso: perdidas que, en realidad, no son sino pellizcos comparados con el martirio genuino del que os he hablado; pero que, sin embargo, revelan de que pasta esta hecho un hombre, tanto mas cuanto que es muy facil escapar de ello sin ningun otro reproche de cobardia que el que vuestra conciencia os dicte.

Claro que tampoco puedo aseguraros que salgais siempre impunes de los ataques de la tirania abierta. Es cierto que en la actualidad la sociedad capitalista mira al socialismo en Inglaterra con sarcasmo. Pero recordad que ese grupo de personas que, por ejemplo, han devastado la India, han matado de hambre y han amordazado a Irlanda, han torturado a Egipto, tiene capacidad -ultimamente ha mostrado sintomas de mal agüero- de representar abiertamente el papel de tirano no tan lejos de casa.

Asi que, lo miremos por donde lo miremos, la posicion que os ofrezco implica sacrificio: esa posicion os daria vuestra "America" en casa y os daria la seguridad interna de que, al menos, sois de alguna utilidad para la causa; y por ello, a quienes esteis convencidos de la justicia de nuestra casa, os pido no titubeeis en participar activamente en la lucha que -con ayuda de quien sea, con oposicion de quien sea-, debe, sin duda, culminar por fin ¡En la victoria!.

Arte popular

Toda obra de arte, aun la mas humilde, es inimitable. Estoy completamente convencido de que todo el conocimiento acumulado por la ciencia moderna, toda la energia del comercio moderno, toda la profundidad y espiritualidad del pensamiento moderno, no pueden reproducir las obras de arte de los campesinos ignorantes y supersticiosos de Berkshire en el siglo XIV; ni tampoco las de los oprimidos y esqueleticos campesinos indios. Estoy completamente seguro de ello; y esta certeza no me deprime: me alienta, porque ella nos hace recordar que el mundo ha sido valioso durante mas de un siglo y en mas de un pais, una verdad que tendemos a olvidar con facilidad.

He tenido que hablaros esta noche del arte popular, la base sobre la que todo arte descansa. No podria entregarme a la tarea monotona de hablaros de un fantasma del pasado, de algo sin vida; tengo que hablaros de algo viviente y con esperanza o, de lo contrario, callarme; y estoy profundamente convencido de que el arte popular no puede vivir si el trabajo sigue siendo esclavo del desorden, la fatal de honradez y la desunion. Debo confesar con alegria que vislumbro a nuestro alrededor indicios de una era de orden, de buena voluntad y de union, que se aproxima, y esto precisamente me ha dado valor para deciros estas palabras finales y para sugerir que, en mi humilde opinion, todos y cada uno de los que llevamos la causa en el corazon, podemos hacer algo por que progrese.

Arte y sociedad

Señor: el proposito de mi conferencia era plantear un asunto distinto al del "arte puro". Deseaba indicar especialmente que la cuestion del arte popular era una cuestion social que implica la felicidad o la miseria de la mayor parte de la comunidad. La ausencia del arte popular en nuestra epoca es mas inquietante y dolorosa por esta razon que por ninguna otra, y se debe a la fatal division humana entre clases cultivadas y clases degradadas que el comercio competitivo ha creado y ahonda. El arte popular no tiene oportunidad de vivir una vida saludable, ni siquiera de tener vida, mientras no estemos en vias de salvar ese terrible abismo entre la pobreza y la opulencia.

Es indudable que muchas cosas lo salvaron, y si el arte tiene que ser una de ellas, que asi sea. Pues, ¿que nos importa el arte si no podemos participar de el todos? Lo unico que temo es que el arte resucite de entre los muertos, aunque otras coasas descansen alli tambien. Porque, en realidad, ¿Cual es el verdadero fin y objetivo de toda politica y de todo comercio? ¿No es lograr un estado de cosas en el que todos los hombres puedan vivir en paz y libres de una ansiedad extenuamente, dotados de un trabajo que les agrade y produzca resultados utiles para sus semejantes?

Puede ser una carga para la conciencia de los hombres honrados que viven una vida mas viril, el pensar en las innumerables vidas que se agotan en fatigas no mitigadas por la esperanza ni estimuladas por el elogio; hombres que muy bien podrian pese a todo el bien que prestan a sus vecinos con su trabajo, estar dando vueltas a un manubrio en el aire; pero este es el destino de los que trabajan al servicio del comercio competitivo ciego, que insiste en ser considerado como un fin y no como un medio.

Ha sido esta carga sobre mi conciencia, lo digo con toda sinceridad, la que me ha llevado a hablar del arte popular en Manchester y en otras partes. No podria olvidar nunca que, pese a todas sus desventajas, mi trabajo me resulta un placer casi puro y que bajo ninguna circunstancias imaginalbe lo abandonaria, aunque pudiera. Una y otra vez me he preguntado por que mi destino no es un destino corriente. Mi trabajo es un trabajo bastante simple: gran parte de el, y no la menos agradable, podria ser realizada por cualquier hombre de inteligencia media, con tal de que quisiera preocuparse del trabajo y de sus resultados. En realidad, me he sentido avergonzado al reflexionar sobre el contraste entre mis felices horas de trabajo y la explotacion monotona, sin alabanza ni recompensa, a que estan condenados la mayoria de los hombres. Nada me convencera de que un trabajo asi pueda ser bueno o necesario para la civilizacion.

 

¿Por qué me hice socialista?

Me ha pedido el editor que le escriba algun relato de la conversion anteriormente citada, y creo que el hacerlo tal vez sea de utilidad, si mis lectores me consideran como arquetipo de ciertos grupos; a pesar de todo, no resulta facil hacerlo con claridad, brevedad y certeza. Lo intentare, sin embargo. Pero antes quiero aclarar lo que entiendo por socialista, pues me han dicho que esa palabra ya no expresa de forma cierta y definida lo que expresaba hace diez años. Bien; lo que entiendo por socialismo es un estado de la sociedad en que no haya ni ricos ni pobres, ni dueños ni esclavos, ni ociosos ni oprimidos, ni intelectuales de mente enferma ni trabajadores de espiritu decaido; en una palabra, en la que todos los hombres vivan en igualdad de condiciones, se ocupen de sus asuntos sin desperdiciar nada, y con la conviccion plena de que dañar a uno significa dañar a todos...., la realizacion de la palabra COMUNIDAD (Commonwealth)

Ahora bien, esta vision del socialismo que ahora mantengo y que espero morir manteniendo, es la misma con la que empece; no he pasado por ningun otro periodo, a no ser que asi denomineis un breve periodo de radicalismo politico, durante el cual veia mi ideal con bastante claridad, pero no tenia ninguna esperanza de llevarlo a cabo. Aquello termino algunos meses antes de entrar en la que entonces era Federacion Democratica, en ingrese en ese grupo porque alli vi una posibilidad de realizar mi ideal. Si me preguntais si tenia mucha o poca esperanza, si pensaba que nosotros, los socialistas, durante nuestra vida y con nuestro trabajo lo llevariamos a cabo, o cuando se efectuaria algun cambio en la sociedad, debo contestar que no lo se.

Tan solo puedo decir que no media mi esperanza, ni la alegria que entonces me proporcionaba. Por otra parte, cuando tome aquella decision no tenia ni idea de las cuestiones economicas; ni siquiera habia abierto los libros de Adam Smith, oido hablar de Ricardo ni de Karl Marx. Aunque parezca raro, habia leido algo de Mill, a saber, las paginas postumas en que ataca el socialismo de estilo fourierista. Sus argumentos estan planteados en esas paginas de forma clara y honrada, hasta donde puede, y el resultado, por lo que a mi se refiere, fue que me convencio de que el socialismo era un cambio necesario y que era posible efectuarlo en nuestros propios dias. Aquellas paginas dieron el toque final a mi conversion al socialismo. Bien, habiendome inscrito en una asociacion socialista (porque la Federacion pronto se hizo decididamente socialista) puse cierto empeño en tratar de aprender el aspecto economico del socialismo, e incluso arremeti con Marx, aunque deba confesar que, si bien disfrute completamente de la parte historica de El Capital, sufri autenticas agonias de confusion mental al leer la parte puramente economica de ese gran libro. De todas formas, lei lo que pude y espero que alguna informacion me haya quedado de esa lectura; me ha quedado mas, creo, de las frecuentes conversaciones con amigos, como Bax, Hyndman y Scheu, y de la animacion de las asambleas que realizabamos en aquellos tiempos, en las cuales tambien participe yo. El ultimo toque a toda la educacion socialista que he podido absorber, me lo proporcionaron con posterioridad algunos amigos anarquistas; de ellos aprendi, muy a pesar de sus intenciones, que el anarquismo era imposible, del mismo modo como habia aprendido de Mill, pese a su intencion, que el socialismo era necesario.

Pero al narrar como me hice socialista en la practica, ahora me doy cuenta de que he empezado por la mitad, ya que desde mi posicion de hombre acomodado que no sufre las desgracias que a cada paso oprimen al trabajador, me parece que nunca me habria dejado arrastrar hacia el aspecto practico del asunto, si un ideal no me hubiera obligado a buscarlo. Puesto que la politica por amor a la politica -es decir, considerandola como el medio necesario, aunque engorroso y desagradable, de lograr un fin- nunca me hubiera atraido. Ni aun cuando hubiese sido constante de las injusticias de la sociedad establecida y de la opresion de los pobres, podria haber creido nunca en la posibilidad de una solucion parcial de esas injusticias. En otras palabras, nunca podria haber sido tan tonto como para creer en los pobres felices y respetables.

Si, segun he dicho, un ideal me obligo a buscar un socialismo en la practica, ¿que fue lo que me impulso a concebir tal ideal? Aqui puedo repetir lo que dije lineas atras de que yo era un arquetipo de cierta forma de pensar.

Antes de la aparicion del socialismo moderno, casi todas las personas inteligentes estaban satisfechas con la civilizacion de este siglo, o declaraban estarlo. Repito: casi todos estaban realmente satisfechos y no veian ninguna otra labor sino la de perfeccionar esa civilizacion eliminando cuantos vestigios ridiculos de los tiempos barbaros. En breve, este era la estructura mental whig (liberal), propia de los hombres de la prospera clase media moderna, quienes, de hecho, en cuanto al progreso mecanico se refiere, no tenian nada que pedir, a poco que el socialismo les hubiera dejado tranquilos para disfrutar de su esplendida forma de vida.

Pero, junto a los satisfechos, habia otros que no lo estaban y que sentian una vaga repulsa contra el triunfo de la civilizacion, pero que estaban reducidos al silencio por el poder ilimitado de la sociedad "whig". Por ultimo, habia unos pocos en abierta rebeldia contra los susodichos "whigs": unos pocos, digamos dos, Carlyle y Ruskin. El ultimo, antes de mi etapa de socialismo militante, fue el maestro que me llevo al ideal antes citado, y mirando hacia atras, no puedo dejar de pensar que hace veinte años, sin Ruskin, el mundo hubiera sido terriblemente aburrido. Por medio de el aprendi a dar forma a mi descontento, que debo decir no era de ningun modo incorrecto. Aparte del deseo de producir cosas bellas, la mayor pasion de mi vida ha sido y es el odio a la civilizacion moderna. ¿Que dire sobre ello ahora, que las palabras me vienen a la boca, sobre mi esperanza de destruccion? ¿Que dire sobre su sustitucion por el socialismo?

¿Que dire sobre su dominio y su desperdicio de la fuerza mecanica, su bienestar social tan pobre, los enemigos de la comunidad tan ricos, su extraordinaria organizacion.... de una vida miserable? ¿Y de su desprecio hacia los placeres sencillos, de que todos podrian disfrutar si no estuvieran locos? ¿Y su vulgaridad ciega que ha destruido el arte, unico solaz autentico para el trabajo? Todo esto lo siento ahora igual que lo sentia entonces, pero entonces no sabia por que. La esperanza de las epocas pasadas habia desaparecido; las luchas de la humanidad durante tantos siglos no habian producido nada, excepto esta confusion sordida, sin sentido, fea; me parecia que el futuro inmediato iba a intensificar todos los males actuales barriendo las ultimas reminiscencias de los dias en que la sordidez sombria de la civilizacion aun no se habia cernido sobre el mundo.

Era, ciertamente, un panorama triste, y si puedo hablar de mi como individuo y no como prototipo, lo era mucho mas para un hombre de mi posicion, al que tenian tan sin cuidado la metafisica y la religion, como el analisis cientifico, pero con un amor profundo hacia la tierra y hacia la vida sobre ella, y apasionado tambien por la historia del pasado de la humanidad. ¡Pensad en ello! ¿Iba todo a acabar en una oficina sobre un monton de rescoldos, con el despacho estilo Podsnap a lo lejos, y un comite "whig" festejando con champan a los ricos y con margarina a los pobres en las proporciones justas para contentar a todos, aunque el placer de la vista hubiera desaparecido del mundo y el lugar de Homero lo ocupara Huxley? Si, creedme, cuando en lo mas intimo me propuse adivinar el futuro, eso es lo que vi, y, en mi opinion, casi nadie pareceria creer que valiera la pena luchar contra la destruccion de la civilizacion. De modo que asi estaba yo, predispuesto a concluir mi vida con bastante pesimismo, si no hubiera vislumbrado la idea de que, entre toda esta civilizacion inmunda, la semilla de un gran cambio, lo que otros llaman Revolucion Social, empezaba a germinar. El aspecto global de las cosas cambio para mi con ese descubrimiento y todo lo que entonces debi hacer para hacerme socialista fue amarrarme a un movimiento militante, lo cual, como dije antes, he intentado hacer tan bien como he podido.

En resumen, el estudio de la historia y el amor al arte me llevaron al odio hacia la civilizacion que, si las cosas se detuvieran en este momento, convertiria la historia en un absurdo inconsecuente y haria del arte una coleccion de curiosidades del pasado sin ninguna relacion con la vida actual.

Pero la conciencia de la revolucion que palpita en el interior de nuestra odiosa sociedad moderna impido que yo, mas afortunado que muchos en percepcion artistica, me convirtiera en un gruñon contra el progreso, de una parte, y de otra, que perdiera tiempo y energias en cualquiera de los numerosos esquemas por medio de los cuales los cuasi-artistas de la clase media esperaban que el arte se desarrollaran, cuando a este ya no le queda ninguna raiz. De este modo me hice un socialista militante.

Una o dos palabras para terminar. Tal vez digan algunos de nuestros amigos: ¿Que tenemos que ver con esos asuntos historicos y artisticos? Por medio de la Social Democracia queremos ganar una forma de vida decente, de algun modo de vivir, y lo queremos enseguida. En realidad, todos aquellos que suelen pensar que el tema del arte y de su cultivo deben ir por delante del tenedor y del cuchillo (y hay algunos que lo proponen), no entienden lo que el arte significa ni que sus raices necesitan de un terreno de vida prospera y tranquila. Sin embargo, se debe recordar que la civilizacion ha reducido al obrero a una existencia desnuda y desgraciada que apenas si sabe expresar el deseo de una vida mucho mejor que la que ahora, a la fuerza, soporta. Es mision del arte presentarle el autentico ideal de una vida plena y razonable, una vida en la que la percepcion y la creacion de la belleza, el disfrute del placer autentico existente, sea tan necesario al hombre como el pan de cada dia, y en la que ningun hombre ni ningun grupo de hombres sean privados de ello, salvo por su propia oposicion, que debera ser resistida al maximo.

 

¿Cómo vivimos y cómo podríamos vivir?

La palabra revolucion, que tan a menudo nos vemos obligados a usar los socialistas, tiene un sonido terrible para la mayoria de la gente, aun despues de haberles explicado que no significa necesariamente un cambio acompañado por toda clase de tumultos y de violencias y que menos aun puede significar un cambio efectuado mecanicamente y en contra de la opinion por un grupo de hombres que se las hayan arreglado de un modo u otro para hacerse con el poder ejecutivo por el momento. Incluso al explicar que usamos la palabra revolucion en su sentido etimologico y que este implica un cambio en la base de la sociedad, la gente se asusta ante la idea de un cambio tan vasto e implora que se le hable de reformas y no de revolucion. Como a pesar de todo nosotros, los socialistas, no entendemos lo mismo con nuestra palabra revolucion que esa buena gente con su palabra reformas, no puedo dejar de pensar que seria un error usarla, cualesquiera que fuesen los proyectos que pudieramos ocultar bajo envoltorio tan inofensivo.

Asi que nos quedaremos con nuestra palabra, que significa un cambio en la base de la sociedad; puede espantar a la gente, pero les anunciara al menos que hay algo de lo que espantarse y que no sera menos peligroso si se desconoce; ademas, puede dar animos a otras gentes, y, para ellas al menos, no significara terror, sino esperanza.

Temor y esperanza, he aqui los hombres de las dos grandes pasiones que gobiernan a la raza humana y con las que los revolucionarios tienen que tratar: dar esperanza a los muchos oprimidos y temor a los pocos opresores, este es nuestro asunto. Si hacemos lo primero y damos esperanza a los muchos, los pocos tendran que asustarse debido a tal esperanza; de otro modo no queremos asustarlos: no es venganza lo que queremos para los pobres, sino felicidad; porque, ¿que venganza podria tomarse por tantos miles de años de sufrimientos de los pobres?

Sin embargo, muchos de los opresores del pueblo, la mayoria diriamos, no son conscientes de la opresion que causan ( y ahora mismo veremos por que). Viven de un modo ordenado y tranquilo, muy lejos de sentir lo que sentia el propietario de esclavos romano o fenicio. Saben que el pobre existe, pero sus sufrimientos no se les presentan de un modo agudo y dramatico. Ellos mismos tienen preocupaciones que soportar, y sin duda piensan que soportar preocupaciones es el destino comun de la humanidad; tampoco tienen medios de comparar las preocupaciones de sus vidas con las de aquellos que estan por debajo de ellos en la escala social; y si acaso alguna vez se les cuela el pensamiento de esas cargas mas pesadas, se consuelan con el refran de que la gente se acostumbra a los problemas que le toca soportar, sea cuales fueren.

Y ciertamente, al menos en lo que a los individuos se refiere, es esa una gran verdad, y por ello tenemos, apoyando al actual estado de cosas por malo que este sea, en primer lugar a esos opresores comodos e inconscientes que piensan que tienen todas las de perder en cualquier cambio que implique algo mas que la mas suave y gradual de las reformas; y en segundo lugar, la gente pobre que, viviendo tan precaria y angustiosamente como viven, apenas pueden imaginar que pueda ocurrir algun cambio en su beneficio y que no osa arriesgar nada de sus miserables pertenencias emprendiendo ninguna accion que se dirija a una posible mejora de su condicion; asi que, si podemos lograr poco con los ricos, salvo inspirarles miedo, es tambien muy dificil dar al pobre alguna esperanza. Por lo tanto, pues, es razonable que aquellos a los queremos comprometer en la gran lucha por una forma de vida mejor que la que ahora llevamos, nos exijan al menos algunas ideas sobre como sera esa vida.

Es una peticion razonable, pero dificil de cumplir, puesto que vivimos bajo un sistema que convierte en casi imposible todo esfuerzo consciente por la reconstruccion; no es irracional, por nuestra parte, contestar: "Hay ciertos obstaculos claras para un autentico progreso del hombre; podemos deciros cuales son; eliminadlos y entonces ya vereis".

Sin embargo, propongo ofrecerme como victima para la satisfaccion de aquellos que consideran que, tal como van ahora las cosas, al menos algo se ha obtenido y se sienten aterrorizados con la idea de perderlo, por temor a encontrarse peor que ahora y no tener nada. Pero, a lo largo de este empeño mio por demostrar como podriamos vivir, tendre que utilizar, en mayor o en menor grado, negaciones. Quiero decir que tendre que indicar en que nos quedamos cortos en nuestro esfuerzo actual por una vida decente. Tendre que preguntar a los ricos y a las personas acomodadas que clase de bienestar es este que se desviven por mantener a toda costa y si, despues de todo, seria una perdida tan terrible para ellos desprenderse de el; y tendre que indicar a los pobres que ellos, con la posibilidad de vivir una vida digna y generosa, se encuentran en una situacion que no pueden prolongar sin degradarse cada vez mas.

¿Como vivimos entonces bajo el sistema actual? Detengamonos un poco en ello

Y, en primer lugar, intentad comprender que nuestro actual sistema se basa en un estado de guerra perpetuo. ¿Piensa alguno de vosotros que debiera ser asi? Se que muchas veces se os ha dicho que la competencia, actualmente norma de toda produccion, es buena y que estimula el progreso de la raza. Pero los que asi opinan, para ser honrados debieran llamar a la competencia por su nombre abreviado, guerra y entonces podriais considerar libremente si la guerra estimula o no el progreso de un modo distinto al de un toro rabioso que os perisiguiera en vuestro propio jardin. La guerra o la competencia, como querias llamarla, significa como maximo la busqueda de la propia ventaja a costa del perjuicio de otros, y en este proceso nadie puede estar seguro de no destruir ni siquiera sus propias pertenencias, si no quiere perder la batalla. Entendeis perfectamente que esta situacion es la de las guerras en que la gente sale a matar y a ser matada; esa clase de guerra en que los buques tienen la mision, por ejemplo, de hundir y destruir. Pero creo que no sois muy conscientes de ese despilfarro de bienes cuando estais ocupados en la otra guerra llamada comercio. Observad, sin embargo, que el desperdicio es exactamente el mismo.

Y ahora veamos mas de cerca este tipo de guerra, recorramos algunas de sus formas y comprobemos como aqui tambien se cumple el lema "hundir, incendiar y destruir".

En primer lugar, tenemos ese aspecto particular llamado rivalidad nacional, que en buena moneda es la causa de todas las guerras a sangre y fuego que sostienen las naciones civilizadas. Durante los ultimos años nosotros, los ingleses, nos hemos mantenido bastante apartados de ellas, excepto en aquellas felices ocasiones en que podamos llevarlas a cabo sin ninguna clase de riesgo por nuestra parte: cuando la matanza se daba en un solo bando o, en todo caso, cuando asi esperabamos que ocurriera.

Nos hemos mantenido apartados de toda guerra con las armas contra enemigos respetables durante mucho tiempo. Y yo os dire por que: porque hemos tenido la parte del leon en el mercado mundial; no quisimos luchar por ella, como nacion, porque ya la teniamos. Pero ahora esa situacion esta cambiando del modo mas significativo, y para un socialista, del modo mas animoso. Estamos perdiendo, o hemos perdido ya, esa parte del leon. Existe ahora una deseperada competencia entre las grandes naciones de la civilizacion por el control del mercado mundial, y mañana esto puede convertirse en una guerra desesperada con ese fin. Como consecuencia, la propaganda belica (con tal de que no lo sea a gran escala) no esta ya restringida al espiritu de honor y gloria de los viejos "tories" que, si con ello querian decir algo, querian decir que una guerra "tory" seria una buena ocasion para sofocar la democracia. Pero todo esto ha cambiado y ahora es un tipo completamente distintos de politicos el que acostumbra a exigirnos patriotismo, como se ha dado en llamar a eso. Los lideres del liberalismo progresista (asi les gustaria llamarse), gentes de espiritu avispado que saben muy bien que los movimientos sociales progresan, que no ignoran el hecho de que el mundo avanzara con su ayuda o sin ella, estos, digo, han sido los jingoistas de los ultimos tiempos. No quiero decir que saben lo que estan haciendo: los politicos, como bien sabeis, se cuidan mucho de cerrar los ojos a lo que pueda ocurrir seis meses mas tarde; pero lo que ocurre es esto: que el sistema actual, que siempre debera traer consigo una rivalidad entre las naciones, nos esta empujando a una contienda desesperada por los mercados en (mayor o menor) igualdad de condiciones con las demas naciones, porque, repito, hemos perdido ese dominio sobre ellas que en otro tiempo tuvimos. Desesperada no es una palabra lo bastante fuerte. Dejaremos que este impulso nos lleve a arrebatar mercados donde quiera y donde tenga que llevarnos. Y lo que hoy es rapiña triunfante e ignonimia, mañana podra ser ignonimia, y, ademas derrota.

Ahora bien, esto no es ninguna divagacion, aunque diciendolo me acerco mas a lo que comumente se llama politica, que nunca pueda hacerlo. Yo solo quiero mostraros a lo que conduce la guerra comercial cuando se hace con otras naciones y que aun el mas obtuso puede darse cuenta del enorme desperdicio que debe traer consigo. Asi es como vivimos hoy en nuestra relacion con las naciones extranjeras: preparados a arruinarlas, si es posible, sin guerras, y si es necesario, con guerras. Esto sin considerar mientras tanto la lamentable explotacion de las tribus salvajes y de los pueblos barbaros, a los que encajamos a la vez nuestras falsas mercancias y nuestra hipocresia a fuerza de cañon.

Bien, pues, con toda seguridad el socialismo puede ofreceros algo en lugar de todo eso: puede ofreceros paz y amistad en vez de guerra. Podriamos vivir perfectamente, sin rivalidades nacionales, reconociendo que, aunque sea mejor que aquellos que sienten que forman una comunidad nacional del mismo nombre se gobiernen a si mismos, al menos ninguna comunidad civilizada debiera sentir que tiene intereses, opuestos a los de ninguna otra, siendo en todo caso sus condiciones economicas semejantes. De modo que todo ciudadano de cualquier comunidad pudiera trabajar y vivir y adaptarse con perfecta naturalidad a su puesto en cualquier pais extranjero, sin ninguna molestia para su forma de vida; de modo que todas las naciones civilizadas formaran una gran comunidad, acordando en comun todo lo referente a la calidad y cantidad de produccion y de distribucion necesitadas; ocupandose de producir los bienes alli donde mejor pudieran ser producidos; impidiendo el despilfarro por todos los medios. ¡Pensad, por favor, en la cantidad de despilfarro que asi se evitaria y en que medida una tal revolucion acrecentaria la prosperidad del mundo! ¿Que criatura sobre la tierra se sentiria perjudicada por esa revolucion? ¿No estarian todos mejor a causa de ella? ¿Y que es lo que la impide? Os lo dire ahora mismo.

Mientras tanto pasemos de esa competencia entre las naciones a la competencia entre los organizadores del trabajo: grandes firmas, sociedades anonimas, capitalistas en suma, y veamos como la competencia estimula la produccion entre ellos: porque esta claro que la estimula, pero ¿que clase de produccion? Bien, la produccion de algo que pueda ser vendido con beneficio o, mejor, la produccion de beneficios. Y observad como es estimulada por la guerra comercial: Cierto mercado solicita productos; hay, por ejemplo, un centenar de industriales que fabrican esa clase de productos y cada uno de ellos querria, si pudiese, tener ese mercado para el solo y lucha desesperadamente para conseguir lo maximo posible, con el resultado evidente de que las cosas se salen de madre, el mercado queda saturado y toda esa fiebre de produccion viene a sofocarse en rescoldos frios. ¿No se asemeja esto a una guerra? ¿Es que no veis el desperdicio que implica? ¿Desperdicio de trabajo, de pericia, de destreza, de vida misma en suma? Podeis decir: si, es cierto, pero abarata los productos. Y es verdad, en un cierto sentido. En ciertos sentido lo hace, pero solo en apariencia, puesto que los salarios de un trabajador corriente tienden a hundirse en la misma proporcion que los precios. ¡Y a que precio logramos esa apariencia de baratura! Hablando llanamente, al precio de estafar al consumidor y matar de hambre al verdadero productor en beneficio del tahur, que utiliza tanto al consumidor como al productor como si fueran sus vacas lecheras. No necesito insistir en el asunto de la adulteracion, pues cada uno sabe el papel que le toca representar en esa clase de comercio; pero recordad que es un factor absolutamente necesario para la obtencion de beneficios a partir de los productos, y este es el negocio de los indsutriales; y debeis comprender esto: que, tomado asi, a bulto, el consumidor se halla totalmente indefenso frente al tahur: los productos le son encajados por su baratura, y junto con ellos, un cierto estilo de vida que esta baratura energica y agresiva determina. Y tan largo alcance tiene esta maldicion de la guerra comercial que ningun pais esta libre de su azote. Tradiciones de milenios se derrumban ante ella en menos de un mes; invade un pais debil o semisalvaje y todo cuanto alli existe que sea idilico, placentero o artistico es pisoteado y hundido en un lodazal de sordidez y fealdad; el artesano javanes o hindu no puede ya ejercer su oficio tranquilamente, trabajando unas pocas horas al dia y creando un laberinto de exotica belleza en una tela: en Manchester se ha instalado una maquina de vapor y esta victoria sobre la naturaleza y sobre mil tercas dificultades es utilizada para el mezquina trabajo de producir una especie de estuco, de mala porcelana, con lo que el obrero asiatico, si no muere de hambre, como tan a menudo sucede, se ve arrojado a una fabrica para rebajar aun mas el salario de su hermano, el obrero de Manchester, y nada de su antigua personalidad se mantiene, a no ser posiblemente una acumulacion de aborrecimiento y miedo hacia su mayor mal, su amo ingles. El isleño de los mares del Sur tiene que abandonar la talla de sus canos, su dulce descanso y sus graciosas danzas, para convertirse en el esclavo de un esclavo: pantalones, lana barata, misioneros y enfermedades mortales. Tiene que tragarse toda esa civilizacion en bloque y ni el ni nosotros podemos ayudarle hasta que el orden haya derribado la monstruosa tirania de la especulacion que lo ha derribado.

Esos son los diversos tipos de consumidores; pasemos al productor, quiero decir al verdadero productor, al trabajador. ¿Como le afecta a el esa pelea desaforada por el saqueo del mercado? El industrial, debido a la avidez de su guerra, ha tenido que reunir y amontonar un vasto ejercito de trabajadores, los ha adiestrado hasta conseguir que sean lo mas aptos posibles, para su ramo especial de produccion, esto es, para extraer un beneficio de ella, con el resultado de que no son aptos para ninguna otra cosa. Bueno, pues, cuando la saturacion comienza a manifestarse en el mercado que esta abasteciendo, ¿que sucede con este ejercito, en el que cada soldado ha dependido de la demanda continua del mercado y actuando, pues no podia elegir otra cosa, como si esta fuera a continuar siempre? Sabeis muy bien lo que les sucede a esos hombres: las puertas de las fabricas se cierran sobre ellos, casi siempre sobre una gran parte de ellos, y en el mejor de los casos solo para el ejercito de reserva laboral, tan activamente empleado en epoca de inflaccion. ¿Que es de ellos entonces? Tambien los sabemos muy bien. Lo que no sabemos, o preferimos no saber, es que el ejercito de reserva laboral es una necesidad imprescindible para la guerra comercial. Si nuestros industriales no contasen con esos pobres diablos que reclutan para sus maquinas cuando la demanda se hincha, otros industriales en Francia, en Alemania o en America, se meterian y les robarian el mercado.

Como veis, tal como vivimos hoy es necesario que una gran parte de la poblacion industrial sea expuesta al peligro de una semimuerte por hambre periodica, y ello no para mejorar a otro pueblo en algun lugar del mundo, sino para su propia degradacion y esclavitud.

Dejad vagar vuestras mentes por un instante sobre la clase de despilfarro que esto implica y sobre esta apertura de mercados nuevos en paises salvajes y primitivos, que es el caso limite del poder del mercado de beneficios en el mundo, y seguramente vereis que monstruosa pesadilla representa un tal mercado de beneficios. Nos hace vivir explotados y temerosos por nuestro sustento, incapaces de leer un libro o contemplar un cuadro, de pasear por campos agradables o tumbarnos al sol, de participar de la cultura de nuestro tiempo o de tener en una palabra, algun placer intelectual o animal. ¿Y todo esto para que? Para que podamos seguir viviendo la misma vida de esclavos hasta que muramos, para suministrar al rico lo que se llama una vida facil y lujosa; es decir, una vida tan vacia, malsana y degradada que tal vez, en conjunto, este peor que la de los trabajadores, y en cuanto al resultado de todo este sufrimiento, lo mejor que pudiera ocurrir es que no tuviera ninguno, que se pudiera decir que los productos manufacturados no han hecho ningun bien a nadie, pues lo que ocurre muchisimo mas a menudo es que si hacen daño a muchos y que nos hemos fatigado, gemido y reventado fabricando veneno y destruccion para nuestros hermanos.

Bien, pues yo digo que esto es la guerra, y es el resultado de una guerra, no entre las diversas naciones competidoras, sino entre firmas y organizaciones capitalistas rivales; y es esta guerra de empresas la que impide la paz entre las naciones que, estareis de acuerdo conmigo, resulta tan innecesaria; porque tambien debeis saber que la guerra es el mismo aliento de estas firmas beligerantes y que, en nuestros dias, han reunido en sus manos practicamente todo el poder politico, y que todas militan juntas, en los respectivos paises, a la hora de hacer cumplir a sus gobiernos tan solo dos funciones: la primera, en el interior, es la de actuar como poderosa fuerza policiaca, proteger el tablado en que los fuertes apalean a los debiles; la segunda, actuar en el extranjero como piratas guardaespaldas, como un petardo para hacer saltar las puertas que abren los mercados del mundo: mercados en el extranjero a cualquier precio, no entorpecidos por privilegios, falsamente llamados "laissez-faire); mercados en el pais a cualquier precio; garantizar esto es lo unico que debe hacer el gobierno, segun lo que han sido capaces de concebir nuestros capitanes de industria. Y ahora debo intentar mostraros la razon de todo esto y en que se asienta, buscando responder a esta pregunta: ¿Por que han logrado acaparar todo ese poder los creadores de beneficios? , o por lo menos, ¿por que logran mantenerlo?

Y esto nos lleva al tercer aspecto de la guerra comercial, el ultimo y aquel sobre el que se asienta todo lo demas. Hemos hablado primero de la guerra entre naciones rivales; luego de la que enfrente a las firmas rivales; debemos hablar ahora de la rivalidad de los hombres. Al igual que las naciones se ven empujadas, bajo el sistema actual, a competir entre si y al igual que las empresas o los capitanes de industria tienen que pelear por su capacitacion en los beneficios de los mercados, asi tambien tienen que competir entre si los trabajadores por el sustento; y es esta lucha o competencia constante entre ellos la que permite a los cazadores de beneficios el lograrlos, y, por medio de la riqueza asi adquirida, acaparar todo el poder ejecutivo de un pais en sus manos. Pero aqui esta la diferencia de posicion entre los trabajadores y los beneficiarios: para los ultimos, para los beneficiarios, la guerra es necesaria; no puede haber beneficio sin competicion individual, corporativa y nacional; pero si se puede trabajar por el sustento sin competir: se puede cooperar en vez de competir.

Ya he dicho antes que la guerra era el aliento vital de los que obtienen beneficios: de una forma parecida, la cooperacion es la vida para los trabajadores. Las clases trabajadoras o proletariado no pueden existir como clase sin algun tipo de cooperacion. La necesidad que impulso a los extractores de beneficios a reunir los hombres primero en talleres, trabajando segun el principio de la division del trabajo, y luego en grandes fabricas que funcionan con maquinas, y arrastrandolos asi gradualmente hacia las grandes ciudades y centros de la civilizacion, dio nacimiento a una clase trabajadora distintiva, el proletariado: esto fue lo que le dio su existencia mecanica, por decirlo asi. Pero observad que, si bien colaboran formando grupos sociales para la produccion, lo hacen tan solo de un modo mecanico; no saben en que trabajan para producir mercancias cuyo beneficio forma una parte esencial para el patron, en lugar de producir bienes para su propio uso; en la medida en que hacen esto, y compiten entre si por dejar de hacerlo, seran y sentiran que son, simplemente, parte de esas firmas rivales de las que antes he hablado; seran, de hecho, tan solo una parte de la maquinaria para la produccion de beneficios; y mientras esto dure, sera meta de los amos o fabricantes de beneficios reducir el valor de mercado de esta parte humana de la maquinaria; es decir, puesto que ya tienen en sus manos el trabajo de los hombres muertos, en forma de maquinaria y de capital, es su interes, o mejor dicho, su necesidad, pagar lo minimo posible por el trabajo de los hombres vivos, que tiene que ser comprado dia a dia; y puesto que los trabajadores que emplean no posean nada salvo su capacidad de trabajo, se ven impulsados a competir entre si pidiendo menos para lograr empleo y salario, y asi permiten que el capitalismo juegue su juego.

He dicho que, tal como estan las cosas, los trabajadores son una parte de las empresas competidoras, un anexo del capital. Sin embargo, lo son solo a la fuerza; y aun sin ser conscientes de ello, luchan contra tal coaccion y contra sus resultados inmediatos, la disminucion de sus salarios y de su nivel de vida, y esto lo hacen, y deben hacerlo, tanto como clase como individualmente: al igual que el esclavo romano que, aun sintiendose claramente parte de los bienes inmuebles, era colectivamente una fuerza en reserva para su destruccion e individualmente robaba a su amo siempre que podia hacerlo sin peligro. Aqui, pues, teneis otro aspecto de la guerra tan necesaria para nuestra forma de vivir: la lucha de una clase contra otra, que, cuando alcance su verdadero nivel, y parece que en la actualidad lo esta alcanzando, destruira esas otras formas de guerra de las que hemos estado hablando; hara insostenible la actitud de los multiplicadores de beneficios, de la guerra comercial perpetua, y destruira el actual sistema de privilegios competitivos o de guerra comercial.

Y ahora observad: dije que, para la existencia de los trabajadores, la colaboracion, y no la competencia, era lo necesario, mientras que para los productores de beneficios la colaboracion era imposible y la guerra necesaria. La actual situacion de los trabajadores es la del engranaje del comercio, o en mas llanas palabras, la de sus esclavos. Cuando esta situacion cambie y se hagan libres, la clase de los productores de beneficios debe dejar de existir, ¿y cual sera entonces la situacion de los trabajadores? Incluso ahora ellos forman la unica parte necesaria de la sociedad, la parte que le da vida; las otras clases son meros parasitos que viven sobre ella. Pero, ¿Que seria de ellos, que seran ellos cuando se den cuenta, de una vez por todas, de su poder autentico, cuando cesen de competir entre si por el sustento? Yo os lo dire: seran sociedad, seran la comunidad. Y siendo sociedad, seran la comunidad. Y siendo sociedad -es decir, no habiendo clase alguna fuera de ellos con la cual competir- podran regular su trabajo de acuerdo con sus propias y reales necesidades.

Se ha hablado mucho sobre la oferta y la demanda, pero la oferta y la demanda de que se habla es, por lo general, algo artificial: esta sometida a las leyes del mercado de tahures; la demanda esta condicionada, como sugeri, antes de que sea abastecida, y como cada productor trabaja en contra de todos los demas, los productores no pueden unir sus esfuerzos hasta que el mercado llega a saciarse y ellos son arrojados a la calle, donde les dicen que ha habido una superproduccion y que hay un exceso de productos invendibles, en medio del cual los trabajadores se encuentran mal abastecidos incluso de los bienes mas necesarios. La causa es sencilla: la riqueza que ellos mismos han creado esta mal distribuida, como solemos decir. Es decir, les es injustamente arrebatada.

Cuando los trabajadores sean sociedad, regularan su trabajo, de modo que la oferta y la demanda seran autenticas y no un mero juego; ambas estaran proporcionadas, porque es la misma sociedad la que pide y la que abastece; no habra mas carestias artificiales ni mas miserias en medio de la superproduccion, en medio de esos enormes stocks de los mismos bienes que transformarian lo que hoy es pobreza en prosperidad. No habra, en una palabra, despilfarro, y por tanto, no habra tirania.

Lo que el socialismo os ofrece en lugar de esas carestias artificiales, con sus llamadas superproducciones, es, una vez mas, regulacion de los mercados; oferta y demanda proporcionadas; eliminacion del juego, y consecuentemente, del despilfarro. No mas sobrecarga de trabajo y agotamiento del obrero durante un mes para no tener trabajo y si terror a la inanicion al mes siguiente, sino trabajo constante y abundancia de ocio todos los meses; no mas productos de saldo, o sea mercancias adulteradas, sin apenas nada bueno en ellas, puros andamios para la edificacion de beneficios; no se invertira ya ningun trabajo en tales productos, porque cuando la gente haya cesado de ser esclava, habra dejarlo de desearlos. No en estos, sino en los que mejor puedan colmar las necesidades reales del consumidor, se invertira el trabajo, porque, abolido el beneficio, la gente tendra lo que desee y no lo que los multiplicadores de beneficios le obliguen a tomar, tanto en el propio pais como en el extranjero.

Pues lo que quiero que entendais es esto: que en todo pais civilizado, por lo menos, hay abundancia para todos; lo hay o la deberia haber. Pues aun con un trabajo tan mal dirigido como el de hoy, una equitativa distribucion de la riqueza que tenemos haria relativamente confortable la situacion de todos. Pero esto no es nada comparado con la riqueza que podriamos tener si el trabajo no estuviera tan mal dirigido.

Fijaos que en los primeros tiempos de su historia el hombre era esclavo de sus necesidades mas inmediatas. La naturaleza era poderosa y el debil, por lo que tenia que estar en constante guerra con ella para poder arrancarle sustento y cobijo. Su vida estaba atada y limitada por esta continua batalla; todas sus leyes, su moral, su religion, eran de hecho el resultado y el reflejo de esta inacabable fatiga por ganarse el sustento. Pero paso el tiempo y, poco a poco, paso a paso, se fue haciendo mas fuerte, hasta hoy dia en que, despues de tantos siglos, parece haber conquistado casi por completo la naturaleza. Y uno pudiera pensar: ¡ha llegado la hora de que el ocio le haga pensar en preocupaciones mas elevadas que la de procurarse la comida de mañana! Pero paso el tiempo y, poco a poco, paso a paso, se fue haciendo mas fuerte, hasta hoy dia en que, despues de tantos siglos, parece haber conquistado casi por completo la naturaleza. Y uno pudiera pensar: ¡ha llegado la hora de que el ocio le haga pensar en preocupaciones mas elevadas que la de procurarse la comida de mañana! Pero he aqui que el progreso ha sido interrumpido y deshecho y, aunque el hombre haya conquistado la naturaleza y disponga del control de sus fuerzas para hacer con ellas lo que guste, aun tiene que conquistarse a si mismo, aun debe pensar cual sera el mejor uso de estas fuerzas de las que se ha adueñado. Porque actualmente sigue usandolas a ciegas, locamente, como si aun estuviera regido por el destino. Casi pareceria que el fantasma de la incansable persecucion del sustento, que fue en otro tiempo dueño del salvaje, estuviera aun acuciando al hombre civilizado, quien se esfuerza en un sueño, obsesionado por confusas e irreales esperanzas, cargado con las vagas reminiscencias de tiempos ya pasados. Debe despertar de este sueño y enfrentarse con las cosas tal como son. La conquista de la naturaleza es completa, ¿no podemos ya decirlo?, y nuestro asunto consiste ahora, y ha consistido durante largo tiempo, en la organizacion de la vida del hombre, que gobierna las fuerzas de la naturaleza. Y hasta que esto al menos no se intente, jamas nos veremos libres de ese terrible fantasma del miedo al hambre que, junto con su diabolico hermano, el deseo de dominio, nos conduce a la injusticia, a la crueldad, a la cobardia de todo tipo; acabar con el miedo a nuestros camaradas y aprender a depender de ellos, derribar la competencia y edificar la cooperacion, he aqui nuestra gran necesidad.

Ahora entremos en detalles. Probablemente os dais cuenta de que el hombre, en la civilizacion, y para decirlo de algun modo, vale mas que su simple pellejo; trabajando como debe, es decir, socialmente, puede producir mucho mas de lo que necesita para mantenerse vivo y en buena posicion; y esto ha sido durante muchos siglos, desde los tiempos en que las tribus guerreras comenzaron a convertir en los enemigos vencidos en esclavos, en vez de matarlos. Como es natural, la capacidad de producir estos sobrantes ha ido creciendo de forma cada vez mas rapida, hasta llegar a nuestros dias en que, por ejemplo, un hombre teje en una semana toda la ropa que un pueblo viste durante años; y el autentico dilema de la civlizacion ha sido siempre el empleo de ese producto extra del trabajo: una cuestion que el fantasma del miedo al hambre y su compañero, el deseo de dominio, han llevado a los hombres a solucionar siempre de forma bastante deplorable, aunque probablemente bastante peor en nuestros dias en que este producto sobrante ha crecido a velocidad tan prodigiosa. La respuesta practica del hombre ha sido siempre luchar con sus semejantes por la posesion privada de la mayor parte posible de la participacion indebida de tal sobrante, y han usado todo tipo de estratagemas los que se encontraron con el poder de arrebatarselo a otros para mantener a aquellos quienes habian robado en sumision perpetua; y estos ultimos, como ya he sugerido, no tuvieron oportunidad alguna de resistirse a ese saqueo mientras fueron pocos y mal repartidos, y por ello poca conciencia podian tener de su opresion comun. Pero ahora que los hombres, debido al mismo hecho de la persecucion indebida de beneficios o ganancias extras, se han hecho mas dependientes en la produccion los unos de los otros y se han dejado llevar, como ya dije antes, a una colaboracion conjunta y mas completa para este fin, el poder de los trabajadores -es decir, de la clase saqueada y robada- ha aumentado prodigiosamente y solo les queda comprender el poder que tienen. Cuando lo consigan, seran capaces de dar la adecuada respuesta al dilema de que hacer con el producto sobrante del trabajo, una vez descontado lo necesario para mantener vivo al trabajador para el trabajo; y la respuesta es: que el trabajador tenga todo cuanto produce y nada le sea robado; y recordad que produce colectivamente y que, por lo tanto, hara tan solo el trabajo que le sea asignado segun su capacidad y que del producto de este trabajo tendra cuanto necesite; pues, comprendedlo, no puede usar mas de lo que necesita; puede tan solo derrocharlo.

Si esta solucion os parece absurdamente utopica, como bien pudiera suceder, considerando nuestra actual situacion, me es posible rebatiros con solo deciros que, cuando los hombres esten organizados de forma que su trabajo no sea malgastado, seran liberados del miedo al hambre y del deseo de dominio y se sentiran libres y con tiempo de descanso para mirar alrededor y descubrir que es lo que realmente necesitan.

Algo de esto puedo imaginar yo mismo, y quiero exponer mis ideas para que podais compararlas con las vuestras, pidiendoos que recordeis siempre que, una vez superada la comun necesidad del sustento y la morada, las diferencias mismas de capacidad y deseos entre los hombres haran mas facil satisfacer a todos en un estado de cosas comunitario.

¿Que es, pues, lo que yo necesito y que mis circunstancias vitales pueden proporcionarme, dejando a un lado, claro esta, los accidentes inevitables que la cooperacion y la prevision no puedan controlar, en caso de que los haya?

Bueno, pues mi primera exigencia es la de una buena salud; y digo que una gran cantidad de gente, en la civilizacion, apenas si tiene idea de lo que esto significa. Sentir la misma vida como un placer; disfrutar del movimiento de los propios miembros y del ejercicio de las facultades fisicas; jugar, como si dijeramos, con el sol, la lluvia y el viento; regocijarse en la satisfaccion de los apetitos naturales propios del animal humano, sin temor por ello a la degradacion, sin la conciencia de estar haciendo algo malo; si, y ademas estar bien formado, con miembros rectos, constitucion recia, semblante expresivo: ser hermoso, en una palabra, esto tambien lo exijo. Si no podemos satisfacer esta exigencia, no seremos mas que pobres criaturas, despues de todo; y lo reivindico en las mismas narices de esas horribles doctrinas asceticas que, nacidas de la desesperacion de los oprimidos y humillados, han sido usadas durante siglos como instrumentos para la perpetuacion de esta opresion y degradacion.

Y esto seguro de que esta reivindicacion para todos nosotros de disfrutar de un cuerpo sano implica otras exigencias: pues, ¿Quien sabe de donde surgio la primera se milla de la enfermedad, que aun la gente rica padece? ¿Del lujo de algun antepasado? Tal vez, aunque es mas probable, sospecho, que surgiera de su pobreza. Y en cuanto al pobre, un medico distinguido ha dicho que hay una enfermedad que todos los pobres padecen: el hambre; y, por mi parte, indicare algo cierto: si un hombre se halla de algun modo sobrecargado de trabajo, no puede gozar en absoluto de esa salud de la que hablo; ni tampoco puede si se encuentra encadenado indefinidamente a una rutina aburrida de trabajo mecanico, sin esperanza alguna de librarse de ella; ni tampoco si vive en una continuada y sordida angustia por su sustento; ni si vive en una casa ruinosa; ni si se le priva de la facultad de deleitarse en la belleza natural del mundo; ni si no goza de alguna diversion para reavivar su espiritu de vez en cuando; todas estas cosas, que se relacionan mas o menos directamente con su condicion fisica, nacen de la exigencia que he planteado de vivir una vida sana. Claro que me temo que todas estas condiciones deban estar en vigor durante varias generaciones, antes de que la poblacion en general, como ya sugeri, sea realmente sana. Pero tampoco dudo de que en el transcurso del tiempo y junto con otras condiciones de las que hablaremos en lo sucesivo, iran engendrando gradualmente una poblacion asi: una poblacion que viva disfrutando, al menos, de su vida animal, feliz por ello, y bella de acuerdo con la belleza de su raza. Llegados a este punto quiero indicar que las variaciones de las razas humanas obedecen a las condiciones bajo las que viven, y aunque en estas latitudes del mundo, mas desapacibles, carecemos de algunas de las ventajas del clima y del medio, seria posible, si trabajaramos por el sustento y no por el beneficio, neutralizar facilmente muchas de las desventajas de nuestro clima, las suficientes para dar rienda suelta al pleno desarrollo de nuestra raza.

Mi segunda exigencia es la educacion. Y no debeis decir que actualmente todo niño ingles recibe una educacion; esa clase de educacion no responde a mi exigencia, aunque admito de buen grado que ya es algo; algo, pero, pese a todo, una educacion solamente clasista; lo que exijo es una educacion liberal, es decir, participar de los conocimientos del mundo, segun mi capacidad, inclinacion o inteligencia, bien sean historicos o cientificos; pero tambien participar de la habilidad manual que existe en el mundo, ya sea mediante un arte industrial o mediante las bellas artes: pintura, escultura, musica, teatro, etc.... Exijo que se me enseñe, si puedo aprenderlo, mas de un solo oficio que ejercer en beneficio de la comunidad. Podreis pensar que es una exigencia demasiado amplia, pero estoy convencido de que no es demasiado amplia si la comunidad debe obtener algo de mis capacidades especificas, y si no vamos a ser todos reducidos al mismo rasero de mediocridad, tal como ocurre ahora, exceptuando a los mas fuertes y resistentes de entre nosotros.

Pero se tambien que esta exigencia de educacion implica otra de servicios publicos, tales como bibliotecas generales, escuelas y cosas por el estilo, que ningun particular, ni siquiera los mas ricos, podria dirigir; pido estas cosas con mucha confianza, pues estoy seguro de que ninguna comunidad razonable podria soportar la existencia sin una ayuda de ese tipo para una vida decente.

Y la exigencia de una educacion tambien presupone la exigencia de ocio abundante, y esto, una vez mas, lo exijo confiadamente, puesto que, una vez que nos hayamos sacudido la esclavitud del beneficio, el trabajo sera organizado con tan poco despilfarro que no recaera sobre el individuo ninguna carga excesiva; cada uno de nosotros tendra que pagar tributo, como lo mas natural del mundo, mediante algun trabajo que sea realmente util. Actualmente debeis advertir que toda la asombrosa maquinaria que hemos inventado ha servido solo para incrementar la cantidad de los beneficios embolsados por ciertos individuos para su propia ventaja, parte de los cuales se utilizan como capital para la multiplicacion del beneficio, siempre con el mismo derroche que lo acompaña y otra parte como riquezas privadas o medios para una vida de lujo que es de nuevo un puro despilfarro y debe considerarse como una hoguera en la que los ricos queman todo el producto del trabajo robado a los trabajadores que estos no pueden gastar. Por eso digo que, pese a todos nuestros inventos, bajo el actual sistema ningun obrero trabaja una hora menos debido al ahorro de una de esas maquinas ahorradoras de trabajo, segun se llaman. Pero en un estado de cosas mas afortunado, las maquinas serian utilizadas tan solo para ahorrar trabajo, y el resultado seria que la comundidad ganaria una gran reserva de ocio, que podria añadir al logrado mediante la eliminacion del despilfarro del lujo esteril y la abolicion de la servidumbre de la guerra comercial.

Respecto a ese ocio tengo que decir que, al no perjudicar en ningun caso con el a nadie, si podria muchas veces beneficiar a la comunidad participando del arte o bien desenvolviendome en una ocupacion manual o intelectual que pudiera proporcionar placer a muchos de mis ciudadanos; en otras palabras, una buena proporcion del mejor trabajo realizado seria hecho durante el tiempo libre de los hombres, aliviados ya de la angustia por el sustento y deseosos de poner en practica sus talentos especificos, como todo hombre y como todo animal sienten.

Por otra parte, el ocio me permitiria divertirme y ampliar mi mente viajando, si tuviera interes en ello; pues, pongamos por ejemplo que fuera zapatero; si un orden social correcto estuviera ya establecido, nada implica que estuviera obligado a  hacer zapatos siempre o en un mismo lugar; algun acomodo facil de imaginar me permitiria, por ejemplo, ir tres meses a Roma a hacer zapatos y regresar con nuevas ideas sobre la construccion -producto de la contemplacion de las obras de otras epocas- que, junto con otras cosas, pudieran muy bien ser de utilidad en Londres.

Ahora bien, para que mi ocio no fuera a parar en la mera inactividad y futilidad, es preciso que indique una demanda sobre el trabajo a realizar. Nada es tan importante para mi como esta exigencia, y os ruego que me permitais decir unas palabras sobre ella. He dicho ya que probablemente emplearia mi tiempo libre en hacer una buena cantidad de lo que hoy llamamos trabajo; pero es evidente que, si soy miembro de una comunidad socialista, tengo que colaborar en algunos trabajos mas duros que ese: la parte proporcional de acuerdo con lo que soy capaz de hacer, claro esta; no tumbandome en un lecho de Procusto; pero incluso esta parte de trabajo necesaria para la existencia de la vida social mas simple debe, en primer lugar y aunque sea otra cosa, ser un trabajo razonable; es decir, debe ser un trabajo tal que cualquier buen ciudadano pueda comprender su necesidad; y como miembro de la comunidad debere entonces aceptar hacerlo.

Para dar dos ejemplos claros del caso contrario: podeis asegurar que no me resignare a ser disfrazado de rojo y enviado a batirme con mis hermanos franceses, alemanes o arabes en una pelea que no entiendo; antes de aceptarlo me rebelaria.

Y tampoco me resignaria a perder mi tiempo y mis energias haciendo cualquier chucheria que se que solo un loco puede desear; me rebelaria antes que hacerlo.

Sin embargo, podeis estar seguros de que en un estado de orden social no necesitaria rebelarme contra ninguna de esas muestras de sinrazon; pero ahora tengo que hablar de como vivimos y como podriamos vivir.

Ademas, si el trabajo necesario e imprescindible fuera de tipo mecanico, tendria derecho a ser ayudado por una maquina, no para abaratar mi tarea, sino para que en el se invirtiera el minimo tiempo posible y para que pudiera pensar en otras cosas mientras me ocupara de la maquina. Y si el trabajo es especialmente duro o agotador, estoy seguro de que convendreis conmigo en que deberia realizarse por turnos: quiero decir que, por ejemplo, no se debe esperar que ocupe siempre mis horas de trabajo en el fondo de una mina de carbon. Creo que un trabajo como ese debe ser en gran parte trabajo voluntario y realizado , como  ya he dicho, por turnos. Y lo que he dicho acerca de los trabajos muy duros, lo digo tambien de los que son desagradables. Por otra parte, me mereceria una opinion muy pobre el hombre que, siendo de constitucion fuerte y saludable, no sintiera cierto placer al realizar un trabajo duro, suponiendo claro esta, que trabajara bajo las condiciones ya citadas, es decir, sintiendose util (Y, por consiguiente, teniendolo a honra), no siendo su tarea interminable ni desesperada y habiendola emprendido por propia voluntad.

La ultima exigencia que planteare en cuanto a mi trabajo, es que el lugar en que este se realice, fabricas o talleres, debe ser agradable, asi como son agradables los campos en los que se realiza el mas necesario de todos los trabajos. Creedme: no hay nada en el mundo que lo impida, salvo la necesidad de extraer beneficios de todos los productos; en otras palabras, los productos son abaratados a expensas del pueblo, que esta obligado a trabajar hacinado en antros malsanos, escualidos y ruinosos, o sea son abaratados a expensas de la vida del trabajador.

Y con esto he acabado mis exigencias referidas al trabajo necesario, mi tributo a la comunidad. Estoy seguro de que la gente encontrara, a medida que avance en su posibilidad de lograr un orden social, que una vida asi vivida es mucho menos costosa de lo que hoy podemos imaginar, y de que, tras un cierto tiempo, se sentira bastante mas interesada en buscar trabajo que en evitarlo, que nuestras horas de trabajo seran asi alegres reuniones en las que hombres y mujeres, jovenes y viejos, disfrutaran de su trabajo, y no como ahora en que todo se reduce a malhumor y aburrimiento. Llegara entonces el momento adecuado para el nacimiento del nuevo arte, tan discutido y por tanto tiempo diferido. La gente no podra evitar el deseo de expresar el regocijo y placer de su trabajo de un modo tangible y mas o menos permanente, y el taller sera de nuevo una escuela de arte, a cuya influencia nadie podra escapar.

Y de nuevo la palabra arte me lleva a plantear mi ultima exigencia, y es que el ambiente material que nos rodee sea agradable, generoso y bello; se que es una exigencia amplia, pero os dire que, si no puede ser satisfecha, si toda comunidad civilizada no puede proporcionar ese ambiente a todos sus miembros, prefiero que el mundo no siga; la existencia del hombre habra sido pura miseria. No creo que, bajo las actuales circunstancias, sea posible hablar demasiado sobre este asunto. Pero estoy seguro de que llegara el dia en que la gente encuentre dificil de creer que una comunidad rica como la nuestra y con tal dominio sobre la naturaleza exterior, haya podido resignarse a vivir una vida tan mezquina, andrajosa y sucia como la nuestra.

Y, de una vez por todas, no hay nada en nuestras circunstancias, salvo la persecucion del beneficio, que nos arrastre a ello. Es el beneficio el que amontona a los hombres en enormes e imposibles aglomeraciones llamadas ciudades, por ejemplo; es el beneficio el que alli los hacina en barrios cerrados, sin jardines ni espacios abiertos; es el beneficio el que no toma la mas minima precaucion contra la inmersion de distritos enteros en nubes de humos sulfurosos; el que transforma hermosos rios en inmundas cloacas; el que condena a vivir a todos, salvo a los ricos, en casas dificilmente sujetas y apretujadas en el mejor de los casos, porque en el peor no hay ni siquiera palabras para designar tal ruindad.

Me parece imposible que podamos soportar tan crasa estupidez; pero no se que no lo hariamos si pudieramos evitarlo. No la soportaremos cuando los obreros se quiten de la cabeza que son un mero apendice del proceso de creacion de beneficios, que cuanto mas beneficio se obtenga, mayores empleos y salarios mas altos tendran y que, por lo tanto, toda la inmundicia increible, el desorden y la degradacion de la civilizacion moderna no son mas que signos evidentes de su esclavitud. Cuando hayan dejado de ser esclavos exigira, como lo mas natural del mundo, que cada hombre y que cada familia puedan tener una morada generosa; que cada niño pueda jugar en un jardin cercano a la casa de sus padres; que las casas, por su evidente decencia y orden, puedan ser ornamentos de la naturaleza y no desfiguraciones de ella, porque es casi seguro que la decencia y el orden mencionados, cuando lleguen a ser habituales, llevaran a la belleza en la construcion. Todo esto sera posible con unas gentes -es decir, con una sociedad- debidamente organizadas, en posesion plena de los medios de produccion, no como propiedades individuales, sino para uso de todos en el momento en que la ocasion lo exija; y solo en esos terminos es posible; en cualesquiera otros la gente sera arrastrada a acumular riquezas privadas para si misma, y la consecuencia sera una vez mas el derroche de los bienes de la comunidad y la perpetuacion de la division de clases, lo que significa guerra y despilfarro continuos.

Si nos referimos al grado en que sea deseable o necesario que, bajo un orden social, la gente viva en comun, hay una gran divergencia de opiniones, segun nuestras respectivas tendencias en la vida social. Por mi parte no veo por que deba considerarse molesto el tener que comer con aquellos con quienes trabajamos. Estoy seguro de que respecto a muchas cosas, como libros valiosos, cuadros, belleza del medio ambiente, veremos que lo mejor es aunar nuestros esfuerzos; y debo decir que, a menudo, cuando enfermo de asco al contemplar la estupidez de esas mezquinas madrigueras que los ricos se construyen para si mismos en Bayswater y en otros lugares, me consuelo imaginando la noble residencia comunal del futuro, de materiales ricos, generosa en ornamentacion, valiosa, vivificada por los mas nobles pensamientos de nuestra epoca y del pasado, plasmado con el mejor arte que un pueblo libre y viril pueda producir; una morada de un tipo tal para el hombre que ni en belleza ni en conveniencia podria lograr jamas ninguna empresa privada, porque solo el pensamiento y la vida colectivos podrian formentar las aspiraciones que darian nacimiento a esta belleza, al tener la destreza y el tiempo libre necesarios para realizarla. Por mi parte, no me pareceria en absoluto una molestia el tener que leer mis libros y reunirme con mis amigos en un lugar asi; y no creo que pudiera estar mejor viviendo en una casa vulgarmente estucada y cubierta de tapices que desprecio, donde la vida resulta degradante para el espiritu en todos los aspectos y enervante para el cuerpo, simplemente porque pueda llamarla mia, mi casa.

No es una observacion muy original, pero de todas formas la hare: mi casa es el lugar donde me encuentro con las personas que me son simpaticas y a quienes amo.

Bueno, al menos esta es mi opinion como miembro de la clase media. Si un miembro de la clase obrera pensara que la posesion familiar de su pequeña y destartalada habitacion era preferible a participar del palacio de que he estado hablando, lo dejo a su opinion, y a la imaginacion de la clase media, que a veces concibe el hecho de que ese trabajador esta apretujado, sin espacio ni comodidades, por ejemplo, el dia de hacer la colada.

Antes de dejar este tema del medio que rodea la vida, me gustaria enfrentarme con una posible objecion. He hablado de que la maquinaria podria usarse libremente para evitar a los hombres el aspecto mas mecanico y necesario del trabajo; y se que para cierta gente culta, gente de mentalidad artistica, la maquinaria les resulta particularmente desagradable y no dudaran en decir que no se podra lograr un medio vital agradable mientras estemos rodeados de maquinas. Por mi parte, esto me parece absurdo; lo que tanto perjudica a la belleza de la vida hoy dia es el hecho de permitir que las maquinas nos dominen, en lugar de servirnos. En otras palabras, es la muestra del terrible crimen en que hemos caido, al utilizar el control de las fuerzas de la naturaleza para esclavizar a la gente, preocupandonos poco, mientras tanto, toda la felicidad que robamos a sus vidas.

Sin embargo, y para consuelo de los artistas, dire que tengo la creencia cierta de que lo primero a que el estado de orden social nos conducira sera a un gran desarrollo de la maquinaria para fines realmente utiles, porque la gente estara todavia ansiosa de acometer el trabajo necesario para mantener a toda la sociedad unida; pero tras un cierto lapso de tiempo se daran cuenta de que, en realidad, no hay tanto trabajo que hacer como imaginaban, y entonces tendran tiempo suficiente para estudiar de nuevo toda la cuestion; y si les parece que una determinada industria pudiera funcionar de forma mas agradable para sus obreros y mas efectiva para los productos utilizando la mano de obra en vez de la maquinaria, no dudaran en desembarazarse de su maquinaria, porque entonces podran hacerlo.

Ahora no es posible; no tenemos la libertad de hacerlo; somos esclavos de los monstruos que hemos creado. Tengo tambien una cierta esperanza de que la misma elaboracion de la maquinaria en una sociedad cuyo proposito no sea la multiplicacion del trabajo, como lo es ahora, sino la realizacion de una vida agradable como ocurriria bajo el orden social, que la elaboracion de la maquinaria, digo, nos conduzca a una simplificacion de la vida y, por tanto, de nuevo a la limitacion de la maquinaria.

Y con esto dejo ya, tal como las he planteado, mis exigencias por una vida decente. Para resumirlas brevemente son; primero, un cuerpo saludable; segundo, una mente activa, compenetrada con el pasado, el presente y el futuro; tercero, una ocupacion apta para un cuerpo sano y una mente activa y cuarto, un mundo hermoso en que vivir.

Esas son las condiciones de vida que el hombre refinado de todas las epocas se ha propuesto conseguir por encima de todo. Pero tan a menudo ha sido frustrado en su empeño que ha vuelto hacia atras sus ojos con nostalgia, a los dias anteriores a toda civilizacion, cuando la unica ocupacion del hombre era conseguirse alimentos dia a dia y cuando la esperanza estaba aun latente o, al menos, no podia ser expresada.

Si es que en verdad la civilizacion (como muchos piensan) niega la realizacion de la esperanza de lograr unas tales condiciones de vida, la civilizacion niega entonces al genero humano la posibilidad de ser feliz; y si este es el caso, abandonemos toda aspiracion de progreso -mas aun: todo sentimiento de buena voluntad y afecto entre los hombres- y arrebatemonos los unos a los otros todo lo que podamos del monton de riquezas que los tontos crean para que los bribones se crien gordos; o mejor aun, encontremos, tan pronto como nos sea posible, alguna forma de morir como hombres, ya que se nos impide vivir como hombres.

Mas vale, sin embargo, cobrar valor y creer que nosotros, los hombres de esta epoca, hemos recibido a pesar de todo su desorden y complicacion, una maravillosa herencia amasada con el trabajo de los que nos han precedido, y que el dia de la organizacion del hombre esta amaneciendo. No somos nosotros los que construiremos el nuevo orden social; la mayor parte de ese trabajo ya lo han hecho las epocas pasadas; pero si que podemos abrir nuestros ojos a los signos de los tiempos: veremos entonces que el logro de una buena condicion vital esta siendo posible para nosotros, y que es cosa nuestra alargar los brazos y tomarlo.

¿Pero como? Sobre todo, creo, educando al pueblo para que cobre conciencia de sus capacidades como hombres, de forma que puedan usar en beneficio propio todo el poder politico que les esta siendo rapidamente conferido; conseguir que se den cuenta de que el trabajo organizado para el beneficio industrial se esta haciendo inviable y que actualmente todos tendran que elegir entre la confusion resultante de la ruptura de ese sistema y la determinacion de tomar el trabajo entre las manos, organizado hoy para el beneficio, y utilizar su organizacion para el sustento de la comunidad; conseguir que el pueblo se de cuenta de que los individuos que obtienen beneficios no son ya una necesidad del trabajo, sino un obstaculo, y no solo o principalmente porque ellos sean los eternos rentistas del trabajo -lo cual es cierto-, sino, y esto es mas importante, por el derroche que su existencia como clase exige.

Todo esto es lo que tenemos que enseñar a la gente, cuando nosotros mismos lo hayamos aprendido; y admito que es una labor dura y larga; y empiezo por decir que los hombres se han vuelto tan timoratos a todo cambio por temor al hambre, que incluso el mas desgraciado de ellos se muestra reacio y dificil de convencer. Pero, por dura que sea la tarea, la recompensa no admite dudas. El mero hecho de que un grupo de hombres, aunque pequeño, se haya unido para emprender su mision socialista, muestra que el cambio esta ya en marcha. Cuando la clase trabajadora, la parte autenticamente organica de la sociedad, tome para si estas ideas, la esperanza surgira en ella y entonces exigira cambios en la sociedad, muchos de los cuales no tenderan directamente a su emancipacion, porque seran exigidos sin el conocimiento debido de lo unico que es esencial reivindicar: la igualdad de condiciones, pero ello ayudara indirectamente a terminar con nuestra falsa y corrompida sociedad, mientras que la exigencia de una igualdad de condiciones será planteada constantemente y de forma cada vez mas fuerte, de modo que tendrá que ser escuchada y entonces, por fin, estaremos solo a un paso del cambio y el mundo civilizado será socializado; y cuando volvamos la vista atrás para contemplar lo que ha ocurrido, nos asombraremos al darnos cuenta del tiempo tan largo que soportamos viviendo como ahora vivimos. (*)

 

    (*) Fuente: La fuente de esta versión de los textos de William Morris es el sitio    www.iespana.es/legislaciones/manifiestos.htm , un muy valioso sitio con numerosos documentos de valor histórico en torno a los diversos caminos de la arquitectura y el trabajo artesanal en la modernidad.