Ejércitos llave en mano, por Héctor Pavón

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Un soldado mercenarioLos servicios bélicos están en el mercado. Y no se trata sólo de venta de armas. Hay ejércitos privados cuya presencia denuncia la ONU en la ex Yugoslavia o en Sierra Leona. Oficiales de prestigio están al frente de empresas que "hacen la guerra".

Por Héctor Pavón

 

 

 

 

POR UN PUÑADO DE DOLARES. El blanco final de los mercenarios es un sueldo muy superior al de un soldado de un ejército regular.

   Como si de un juego de guerra se tratara, electrónico o de técnica y estrategia, donde uno puede "comprar" soldados, terrenos y armas con las que quiere jugar, la guerra devino en los 90 en una instancia donde todo tiene precio. Hoy los servicios de un ejército se pueden adquirir y hay gobiernos que los pagan porque el costo parece menor que el de mantener un ejército propio. Esos servicios se cobran en dinero o en especies, por victorias o territorios tomados o por cantidad de bajas provocadas al enemigo. Muchas veces los resultados están lejos de lo esperado.
    En las últimas semanas en Sierra Leona, Africa, los combates entre fuerzas rebeldes y el gobierno se intensificaron y causaron numerosas víctimas. Detrás del revuelto panorama político de este pequeño país asoman las sombras de dos empresas de servicios militares. En 1995 el gobierno de Sierra Leona había firmado un contrato con Executive Outcomes (EO), una compañía de seguridad sudafricana relacionada con mercenarios cuyo nombre en inglés significa "resultados ejecutivos" y en lenguaje militar "misión cumplida". La presencia de EO provocó un espejismo de gobernabilidad que duró dos años y tuvo como fondo el constante acoso de fuerzas rebeldes que querían tomar el poder. El fracaso de las acciones de EO quedó en evidencia cuando tres meses después de abandonar oficialmente Sierra Leona, el gobierno legal fue depuesto por un movimiento armado. En mayo de 1997 un grupo de oficiales rebeldes y de guerrilleros derrocaron al presidente Ahmed Tejan Kabbah. En febrero de 1998, fuerzas de la Comunidad de Estados de Africa Occidental entraron en Freetown, expulsaron a los revolucionarios y restituyeron a Kabbah en el poder. El gobierno en el exilio había contratado, para su regreso triunfal, a Sandline International, una empresa registrada en las Bahamas y con oficinas en Londres. Cuando esta compañía se retiró, la violencia resurgió. Desde entonces los rebeldes emprendieron una guerra de guerrillas que en los últimos días, junto a la respuesta del gobierno, produjo más de 3.000 muertos y 250.000 refugiados.
    El "staff" de estas compañías se compone de reputados personajes provenientes del terreno militar. Los principales directivos de EO son ex miembros de fuerzas de seguridad sudafricanas y también extranjeras. Nació en 1989 y tiene aproximadamente 700 empleados.
   Otra emprendimiento importante en el mercado es Military Professional Resources Incorporated (MPRI), con sede en Virginia, Estados Unidos. Fue fundada por el general retirado del ejército estadounidense Vernon Lewis en 1987. También revistan militares con medallas, como el general Carl Vuono, uno de los comandantes de la invasión a Panamá y la guerra del Golfo, el general Ed Soyster, de la Agencia de Inteligencia de Defensa, el general Frederick Kroesen, comandante del ejército estadounidense en Europa, y siguen las firmas.
   El número de mercenarios que Executive Outcomes habría puesto a disposición en Sierra Leona sería aproximadamente quinientos. Se cree que cobraron entre 15 y 18 mil dólares por mes cada uno, más un elevado seguro de vida y aprovisionamiento de armas. "Por el trabajo de sus mercenarios, EO recibiría aproximadamente treinta millones de dólares y concesiones mineras en el distrito de Koidu", asegura el relator especial Enrique Bernales Ballesteros en el informe de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas sobre mercenarios de 1996. Un informe posterior, de 1998, afirma que EO se había hecho cargo en Sierra Leona de asuntos tan delicados como "entrenamiento de oficiales y soldados; reconocimiento aéreo y fotografía; planificación estratégica; preparación para empleo de nuevo material de guerra; asesoría en la compra de armas; diseño de campañas psicológicas orientadas a crear pánico en la población civil y a desacreditar a los líderes del Frente Revolucionario Unido". La guerra está servida.

Mercenarios del mundo, uníos

   "No quito ni pongo rey, pero sirvo a mi señor", exclamaba el guerrero francés Bertrand Duguesclin (1320-1380) uno de los primeros soldados en jurar lealtad sólo al dinero. Anteriormente los griegos habían empleado macedonios para su defensa; los romanos tenían a una tribu germana que defendía sus imperios contra los ataques provenientes desde el este; el papa Martín IV, en el siglo XV, contrató a Braccio de Montone con un ejército de mil lanceros y 1.500 jinetes con los que conquistó Perusa. El condottiero recibió 52.000 florines en los primeros 18 meses y 60.000 los 18 siguientes, más un adicional de 54.000 para armar una fuerza auxiliar de 600 hombres para la formación de un ejército regular.
   En las guerras del siglo XX y especialmente en las desarrolladas en plena Guerra Fría, combatieron mercenarios de todo el mundo. Estos personajes de película, hombres de aspecto rudo, coleccionistas de diamantes y mujeres, que desnudan sus pasiones en la revista norteamericana Soldiers of Fortune, hicieron del continente africano su hábitat natural. El cobro en especies con piedras preciosas y con el saqueo de territorios tomados se hizo costumbre. Por su parte los británicos mantuvieron desde el siglo pasado su ejército de gurkas, una tribu nepalesa célebre por su sangriento coraje. A las órdenes de la corona pelearon y mataron en la India, Irak, en múltiples escenarios de la Primera y Segunda Guerra Mundial, Malasia, Sarawak y en las islas Malvinas contra los soldados argentinos. Unos ocho mil gurkas se quedaron sin empleo cuando los ingleses decidieron en los noventa eliminarlos de su estrategia moderna. Los ingleses los utilizaron para proteger la frontera de Hong Kong y también fueron contratados por el sultanato de Brunei. Cobraban aproximadamente 800 dólares mensuales.
   El fin de la Guerra Fría trajo aparejada la prescindencia de cientos de miles de militares en todo el mundo que dejaron de pertenecer a las fuerzas armadas de su país. Muchos de ellos se resistieron a devenir en militares retirados. En Estados Unidos el nivel de formación de los militares de alto rango es universitario con maestría incluida, lo cual los pone en una situación privilegiada para insertarse en la vida económica. Sin embargo, muchos de ellos no soportan la vida sedentaria y quieren seguir en acción. Vincularse a una empresa de servicios bélicos es una de las salidas más rentables que han encontrado en los últimos años. Por otro lado, los militares rusos, por ejemplo, no encuentran un modo de inserción laboral después de pasar a retiro y se emplean como mercenarios para empresas que aceptan complacidas sus experimentados servicios.
   "Son empresas que se utilizan para que un gobierno no viole la ley al asistir militarmente a otro Estado en el terreno bélico; se establecen como consultoras que asesoran directamente a los gobiernos y son contratadas para una serie de tareas militares, que en muchos casos incluye en forma solapada el combate", define un ex agente de inteligencia de Defensa del gobierno de Estados Unidos en diálogo con Zona. "Buscan y contactan a ex militares por todo el mundo a través de comunicaciones encriptadas y terceras personas. Estas consultoras pertenecen a países con buena reputación bélica como Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y Rusia, a los que se agrega Sudáfrica. La fórmula es: dinero más poder político más manejo de fuerzas irregulares."

El porvenir de la guerra

   El informe de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas de 1998 sobre "la utilización de mercenarios como medio de violar los derechos humanos" registra el peligro que entraña el surgimiento de estas compañías, que tras un manto de actividades decorativas ofrecerían el servicio de "ejército llave en mano": "Las modernas empresas privadas dedicadas a la seguridad, con su oferta múltiple de servicios, asesoría económica y moderno entrenamiento militar, ocultan a ex profesionales de la guerra y mercenarios que, a cambio de grandes ganancias, se ofrecen como una solución a países afectados por la inestabilidad, los conflictos armados y la imposibilidad, en tal contexto, de poner en valor sus ingentes recursos naturales. Tales empresas son hoy el mayor y más refinado peligro para la paz, la soberanía y la libre determinación de los pueblos de muchos países". Por otro lado el investigador inglés David Shearer, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, autor de Private Armies and Military Intervention (Ejércitos privados e intervención militar), expone una visión distinta sobre el fenómeno: "...los estados y las organizaciones internacionales necesitan repensar las actuales percepciones del sector militar privado como una aberración desagradable (...) la comunidad internacional necesita ocuparse de las compañías, prohibirlas no es la opción".

     En plena guerra de la ex Yugoslavia aparecieron en el terreno bélico numerosos mercenarios y armas de las más variadas especies. Allí entró en escena la empresa MPRI, que ofreció sus servicios a Croacia. Sin mayores problemas éticos también prestó asistencia a Bosnia y Serbia. Juan Belikow, director del Centro de Estudios de Europa central y oriental en Buenos Aires, quien recorrió la zona del conflicto, asegura que Croacia recurrió a los servicios de mercenarios y ejércitos privados porque carecía de ejércitos propios, "los soldados contratados usaban el uniforme y las insignias de los militares croatas. En 1995, en el acto de la escuela de Guerra de Zagreb de graduación de oficiales superiores del ejército croata, asistieron unos cien funcionarios del MPRI con uniforme norteamericano". Los expertos creen que los intereses comerciales de estas empresas no se contradicen con la política exterior de su gobierno: "No cabe duda de que cuentan con el apoyo del Departamento de Estado. Para Estados Unidos era una salida cómoda, porque de una manera simple ayudaba al ejército croata sin involucrarse directamente", asegura Belikow.

    Durante el conflicto los serbios denunciaron que 250 ex boinas verdes estadounidenses entraron a combatir como un regimiento completo. David Shearer justifica: "Dados los particulares desafíos de los conflictos de baja intensidad, es entendible que algunos estados occidentales hayan parecido tolerar las actividades de compañías militares privadas. En los lugares donde estas compañías apoyan la política exterior y los intereses comerciales de sus gobiernos no sólo son toleradas, sino que son bienvenidas. Las compañías británicas y estadounidenses dominan el mercado y aunque sus actividades se asemejan a las de empresas comerciales, pocas actúan fuera de los intereses nacionales de los estados a los que pertenecen".

    En la interminable guerra de los Balcanes los conflictos con los combatientes pagos no parecen tener fin. Un miembro del gobierno yugoslavo aseguró a Zona que un batallón de mujaidines afganos pagados por el gobierno de Albania combate a favor de la guerrilla independentista kosovar. El dinero es recaudado en cuentas bancarias suizas a través de la fundación Homeland Calling, una entidad destinada a juntar fondos para pagar a los combatientes. El ex agente del Pentágono asegura que en Kosovo se juegan intereses de varios gobiernos europeos y el estadounidense para golpear al gobierno de Slobodan Milosevic. "No nos disgustaría nada si con estas acciones a favor de la independencia de Kosovo cayera Milosevic, al que consideramos un criminal de guerra." El funcionario yugoslavo denuncia, además, que en los últimos meses se detectó en Albania la presencia del terrorista Ossama Bin Laden, quien estaría planificando nuevos atentados en Europa. La información también fue difundida por The Sunday Times en noviembre pasado.
    Un documento del gobierno yugoslavo denuncia que en el Ejército de Liberación de Kosovo luchan unos mil mercenarios provenientes de Albania, Arabia Saudita, Yemen, Afganistán, Bosnia Herzegovina, Croacia, Alemania y Gran Bretaña. Los mercenarios rasos estarían cobrando por mes de mil a cinco mil marcos alemanes (600 a tres mil dólares) y los instructores unos treinta mil (18 mil dólares).
    Respecto de la recaudación de fondos fuera del país donde se centraliza la acción bélica, el grupo guerrillero peruano Sendero Luminoso ya la había practicado delante de las narices del gobierno estadounidense. En 1992 circulaban dentro del edificio de la OEA en Washington folletos que pedían ayuda económica para la agrupación a través de depósitos en una cuenta bancaria. En ese entonces el Departamento de Estado calculó que recaudaron 13 millones de dólares donados por ciudadanos estadounidenses.
   La presencia de mercenarios con sueldos siderales comparados con los de los locales suele provocar ciertos roces en la susceptibilidad militar. El 31 de enero de 1997 el gobierno de Papua Nueva Guinea firmó un contrato con la empresa Sandline International, mediante el cual la empresa se comprometía a brindar servicios de asistencia militar a las fuerzas de defensa de la nación. El gobierno era atacado por la guerrilla que reclama la independencia de la isla de Bouganville. La firma del contrato comprometía a Sandline a brindar asesoría y asistencia militar, entrenamiento táctico, provisión de servicios de inteligencia y conducción de operaciones militares. El pago por tres meses de trabajo era de 36 millones de dólares y participación en la empresa Bouganville Cooper Limited. Sin embargo, el contrato no llegó a buen término porque a fines de marzo 40 miembros de Sandline abandonaron el país por los conflictos con soldados locales que ganan mucho menos.
   EO niega terminantemente ser una corporación de contratación de mercenarios y reivindican su condición de "africanos decididos a trabajar por la viabilidad y desarrollo de Africa". De la misma forma MPRI (ambas ofrecen sus servicios por Internet) se presenta como una empresa de asistencia militar que ofrece servicios que oscilan entre los 27 mil dólares y los cincuenta millones de dólares. En su carta de presentación, también dicen vender "asistencia a la transición democrática" y que el volumen de negocios durante 1997 fue de 48 millones de dólares.
   En su informe sobre mercenarios de 1997, Ballesteros da cuenta de una entrevista que mantuvo con los directivos de EO, Eeben Barlow y Nico Palm, presidente y director de finanzas respectivamente. Barlow le informó que EO brindaba entrenamiento militar en el ejército sudafricano, protección a los pozos petroleros de Angola y que fueron contratados por el ejército de Sierra Leona para entrenarlo. Negó insistentemente que se tratara de una empresa de mercenarios y como despedida le enseñó a Ballesteros un diploma de reconocimiento entregado por la asociación sierraleonesa "Children Associated with the War" en agradecimiento por las labores de su empresa en favor de los niños víctimas de la guerra. "Nos vemos más bien como soldados y como africanos, que vamos en ayuda de otros africanos", finalizó. Misión cumplida. (*)

 

(*) Fuente: Héctor Pavón, "Ejércitos llave en mano", publicado en Diario Clarín, en Buenos Aires, Argentina.