Inicio Temakel  Volver Argentina invisible   Contacto Mapa del sitio

  

 

      

 

  HÉCTOR OESTERHELD, CREADOR DE "EL ETERNAUTA"

 

                                                Por Esteban Ierardo

                                                                                                  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  Juan Salvo, "El eternauta", 

    por  © Carlos Brussain.

 

       Héctor Germán Oesterheld es el más imaginativo guionista de la historieta argentina. Su célebre El Eternauta aún suscita interés a nivel mundial. Por litigios judiciales, Adolfo Aristarain, un director argentino, no ha podido llevar al cine  la obra de Oesterheld mediante un fuerte financiamiento norteamericano. Ahora, en este momento de Temakel y de Mundo, Historieta y simbolismo, presentamos esta amplia exploración sobre la luminosa y mágica obra de un creador cuyo genio fue cegado por la dictadura militar.  

 

  HÉCTOR OESTERHELD, CREADOR DE "EL ETERNAUTA"

 

                                                Por Esteban Ierardo

     El rostro de aquel hombre irradia bondad y un encanto casi  infantil. Camina sobre una planicie espolvoreada de piedras, acariciada por un viento fresco. Es geólogo. Y mientras avanza piensa en el petróleo que debe hallar, en la riqueza fósil que yace oculta bajo el suelo. El oro negro posee ya millones de años de sueño en lo profundo, en una suerte de inconciente de la tierra. Rescatar y expresar lo que permanece dormido bajo vetas hondas es lo que hará Hector Germán Oesterheld durante todo su élfica y trágica existencia. 

Oesterheld renuncia a su primera profesión, la de geólogo, para abocarse después a la labor de guionista de historieta. Aquella decisión dibujará enderredor de la historieta argentina el aura de la trascendencia internacional. Gracias al genio creador de Oesterheld en distintos lugares del mundo hoy se estudia  el ¨estilo argentino de historieta¨ junto con los otros tres estilos canónicos: el norteamericano, el francés y el japonés.

 Las primeras creaciones de Oesterheld son Bull Rockett y El Sargento Kirk. Kirk opta por apartarse del ejército para iniciar una vida errante a través del desierto. En su aventura, en su abandonar la norma, el orden, Kirk es acompañado por Mahu, un joven indio de la tribu tchatoga; y por el doctor Forbes y Cortu Lea, un ladrón de caballos. La historieta exhibe los dibujos del italiano Hugo Pratt. 

Ya en sus comienzos como guionista, Oesterheld se relaciona con grandes dibujantes como Hugo Pratt, Paul Campani y Alberto Breccia. Trabaja en un principio por encargo. Pero, luego, junto con su hermano Jorge, se independiza  y constituye la Editorial Frontera. Bajo el auspicio de este sello editorial nacen Hora cero y Frontera. La novedad de estas publicaciones consistió que, en ellas, se ofrecían historietas completas en un espacio de nueve páginas. Oesterheld realiza la totalidad de los guiones. Esta vasta labor virtualmente instituye el oficio de guionista en la Argentina, poco valorizado por aquel entonces, hasta el punto de que muchos guionistas no firmaban sus guiones. También, por medio de editorial Frontera, Oesterheld publicará en libros de bolsillo la versión novelada de El Sargento Kirk en la que se quiebra la oposición indio-blanco. El supuesto salvaje y el civilizado se igualan cuando se dejan confundir con el paisaje del desierto.

 Nos encontramos en la posguerra. Un tumulto de cambios acaloran al mundo. Dentro de su ámbito local y profesional, Oesterheld contribuye a las mutaciones de la época. Comienza a imponer una forma de plasmar historieta en la que lo importante no es sólo entretener sino la posibilidad de construir una crítica alegórica y humanista de la sociedad.

Es en la década del 50' cuando Oesterheld fulgura con su astro más ardiente: su obra clásica: El Eternauta.

El 4 de septiembre de 1957, en Hora cero semanal aparece el primer número de El Eternauta. Los dibujos son de Solano López. La obra supondrá once números, 350 páginas. 

En 1962 publica la historieta Mort Cinder. Un anticuario, Ezra Wiston, adquiere un escarabajo, un ídolo y un espejo de supuesta procedencia egipcia. Al contemplar el reverso del espejo, Ezra Wiston no puede establecer si unos jeroglíficos que observa proceden de la antiguedad o si fueron grabados en la actualidad. Imposibilidad de separar pasado y presente. Una combinación de tiempos que es  una cierta continuación de la transformación de la temporalidad habitual tal como acontece en El Eternauta.  

En 1969 nace una segunda versión de El Eternauta en la revista Gente. Los dibujos son ahora de Alberto Breccia. Esta nueva edición se extiende a lo largo de 17 entregas y 50 páginas. La primera entrega se realiza el 29 de mayo de 1969 en la misma semana del Cordobazo, una resonada sublevación popular, en la provincia argentina de Córdoba contra la dictura de Ongania. La opresión política no es ignorada por Oesterheld. Al contrario, es asimilada por  su ficción. Antes, en la primera versión de El Eternauta, los países del Norte y el Sur se unen solidariamente para enfrentar a los ¨Ellos¨, los misteriosos invasores extraterrestres. Pero ahora la lógica del poder en el mundo modifica la historia. Las potencias del hemisferio boreal consiguen que los invasores respeten su libertad a cambio de entregarles las regiones subdesarrolladas del planeta, ubicadas en el sur... 

¨¿Cómo es posible?, ¿Cómo los grandes países van a abandonarnos así!¨, pregunta Juan.

¨¿De qué te extrañas, Juan? Si en verdad los grandes países nos tuvieron siempre atados de pies y manos. El invasor eran antes los países explotadores, los grandes consorcios...Sus nevadas mortales eran la miseria, el atraso, nuestros propios pequeños egoísmos manejados desde afuera...Por nuestra propia culpa sufrimos la invasión, Juan. Nuestra culpa es ser débiles, flojos. Por eso nos eligió el invasor. En la manada, el animal enfermo y sin fuerza es el que  atrae al león...El león caza siempre al débil nunca al fuerte!¨

Las diferencias con la revista Gente se tornan insalvables. Gente representa la cultura del entretenimiento ligero que encubre las anomalías y las perturbaciones sociales. Frente a este gesto de encubrimiento ideológico, Oesterheld y Breccia consuman una enseñanza sociológica pocas veces meditada: en algunas ocasiones, la cultura de masas niega su condición de territorio de  la dominación y la manipulación para transformarse en fuerza que desnuda la oscuridad del poder mediante el ariete de la imaginación.

 En este punto, la obra de Oesterheld se asemeja a Operación masacre de Rodolfo Walsh publicada en el mismo año de la aparición de El eternauta. (1) 

Gente decide anular la publicación de la segunda versión de El Eternauta cuando ésta se encontraba a la mitad de su proyecto original. En esta ruptura la incompatibilidad ideológica no es el único factor. También contribuye el estilo sutil y no convencional de los dibujos de  Breccia. Breccia crea un mundo de fuertes y sugestivos dibujos que sofocan la historia. Una historia que corre el riego de ser absorbida por el fuerte impacto visual de las imágenes plasmadas con un intenso y sostenido color negro.

Luego de la experiencia truncada de Gente, Oesterheld trabaja para la Editorial Columba. El perfil comercial de esta editorial no le permite la manifestación de sus ideales. Su historieta se hace entonces marginal y adquiere una alta temperatura política en  La guerra de los Astartes.

Entre 1976 y 1977 publica la segunda parte de El Eternauta en la revista Skorpio. Los dibujos afloran nuevamente del lápiz de Solano López. 

En 1973 regresa a la Argentina Juan Domingo Perón. Un fervor de transformación revolucionaria de la sociedad entrega a miles de jóvenes a la lucha armada. Se inicia entonces la macabra tempestad de la represión militar. Oesterheld y sus cuatro hijas son atrapadas por los brazos sangrientos del vendabal represor. Un huracán sin compasión del que no habrá regreso.

 EL ETERNAUTA

El Eternauta se construye como historia circular. El círculo comienza en un chalet de Vicente López. Allí, durante una noche apacible,  juegan al truco(2) Juan Salvo, dueño de una pequeña fábrica de productos eléctricos; Favalli, físico, profesor universitario; Polsky, jubilado; y Lucas Herbert, empleado bancario. Los acompañan Elena y Martita, esposa e hija respectivamente de Salvo. Mientras la partida de naipes se sucede amable y placentera, afuera, se inicia una inesperada nevada. Primer hecho extraño, anómalo, de la atmósfera en el Gran Buenos Aires(3). Pero la segunda rareza es más incisiva. Y mortal: los copos que se precipitan desde lo alto provocan una muerte rápida, ineludible. Cuando los relajados jugadores descubren la nevada mortal ya ha perecido buena parte de la población de Buenos Aires, la capital argentina, y sus alrededores. Favalli, el físico, arquetipo de la agudeza intelectual y el poder del ingenio, descubre la única forma de regresar al mundo exterior con alguna posibilidad de supervivencia: un traje aislante que consigue fabricar a través de materiales existentes en la casa de Salvo.

Y es Salvo, Juan Salvo, el primero en sumergir su anatomía en el traje y entregarse a una incierta exploración de los devastados paisajes urbanos. Salvo comprueba que el traje es una eficaz protección contra el mortal roce de los copos. Hecho feliz que se empalidece con el descubrimiento  de incontables cuerpos sin vida esparcidos en las veredas, calles y casas. En el devenir de la aventura, se devela una verdad no sospechada al comienzo: la nevada asesina se vincula con una invasión extraterrestre. Los invasores son los ¨Ellos¨. Quienes carecen de atributos tangibles. Nunca se hacen visibles. Su fisonomía y la naturaleza de su espíritu permanece oculta, distante, indefinida. La visibilidad sólo alcanza a los servidores de los invasores: los cascarudos, los hombres-robot, los gurbos y los Manos. Las tres primeras especies de seres son dirigidas por los Manos. Una de las más fascinantes creaciones de Oesterheld. Los Manos fueron invadidos y luego conquistados en su planeta de origen por los ¨Ellos¨. Su imperativa misión es dirigir los ataques de los cascarudos, los hombres-robot y los gurbos. Los Manos poseen en su cuerpo una glándula de terror instalada por los ¨Ellos¨.  En caso de desobedecer, un Mano sentirá miedo. Y entonces la glándula liberará una sustancia que envenenará su sangre. Por eso los Manos no tienen otra opción  que ser fieles a los mandatos de los ¨Ellos¨. Se abocan así a su tarea. A través de un órgano de numerosas teclas, generan ondas que transmiten las órdenes que deben seguir los otros instrumentos de la invasión.

En su apesadumbrada travesía nocturna, Juan Salvo se encuentra con otros sobrevivientes: el obrero Franco y un grupo de soldados dirigidos por el cabo Amaya. Militares y civiles se unen con el propósito de repeler a los invasores. El inicial camino individual y solitario de Salvo deviene ahora  acción colectiva y solidaria. Las distintas individualidades que sobreviven bajo la nevada mortal, configuran ahora un solo ser. Es la idea de Oesterheld de trascender el Robinson original de Defoe mediante un heroísmo grupal.  

 El héroe colectivo y argentino combate aguerridamente contra los cascarudos en la General paz (4). Y, luego en la memorable batalla del Estadio de River Plate. En aquel combate, los defensores de la Buenos Aires invadida experimentan  otro de los poderes del invasor: la potencia de las alucinaciones. Una nube que navega disimuladamente en el firmamento acribillado por los copos de la muerte emite invisibles efluvios que perturban la percepción. Ondas que  muestran lo falso como verdadero. Un medio para conquistar mediante el engaño antes que la fuerza.

Salvo descubre las nubes alucinatorias. También comprueba su modo de destrucción: si se traspasa su ligero cuerpo con salvas de cañón, se disipa la nube. La alucinación se desvanece. En esta oportunidad, como en otras, Salvo es el primero en atisbar el paisaje más secreto que bulle tras el fatídico semblante de la invasión. 

En la continuidad de la historia, Salvo, junto con Franco,  halla un pabellón que emite una fuerte luminosidad. En el interior de aquel sitio fulgurante, un Mano dirige las fuerzas invasoras. Salvo y Franco son capturados. Pero sucesivos y cambiantes hechos los convierte luego en los raptores del Mano. El Mano les revelerá parte de las intenciones de los invasores: conquistar a los humanos para luego convertirlos en esclavos en las minas de su propio planeta.

Los defensores descubren después el gran Cuartel Central de la invasión en la Plaza del Congreso. Desactivan sus sistemas de defensa. Pero esto tiene consecuencias negativas. Desde el norte llega un misil nuclear para destruir, en principio, el cuartel invasor. Pero al no existir ya defensas, el artefacto atómico destruye la ciudad de Buenos Aires. 

A los últimos sobrevivientes no les queda más que huir hacia las regiones libres de nevada que existen en alguna escasas regiones. Allí Salvo nuevamente es quien se adentra profundamente en el ritmo inesperado de la nueva realidad que se manifiesta en Buenos Aires. Se introducirá en un aparato semiesférico. Se adentrará definitivamente en un tiempo circular y repetido. Donde eternamente renacerá dentro de una narración fantástica.  

LOS SENTIDOS DE LA FICCION

a) La interpretación tradicional

Son muchos los lugares comunes habituales para la interpretación de la ficción de Oesterheld. Lo habitual no inhibe la justeza de algunas explicaciones corrientes. Por lo que primero rescataremos algunas de esos tópicos y, después, ensayaremos nuestro propio desciframiento.

La invasión extraterrestre enlaza inevitablemente a El Eternauta con las numerosas invasiones alienígenas que prosperan en el cine norteamericano de la década del 50'. La suposición de la vulnerabilidad de la Tierra que se inicia con La guerra de los Mundos de H.G.Wells.  Del afuera procede un constante aluvión de fuerzas destructoras. El afuera galáctico oculta el temor del mundo capitalista de la posguerra a ser invadido, conquistado, por ese afuera ideológico, cultural, de la ex Unión Soviética.

 Pero Oesterheld fragua su escenografía de la invasión en Buenos Aires. Palpitación urbana del sur. Un entramado político-social muy diferente del que se ofrece en el Estados Unidos macartista de los 50'. En 1955, en la Argentina, se derrumba el proyecto político de los dos primeros gobiernos peronistas. Luego, se encienden el tiempo de la ¨Revolución Libertadora¨ y el gobierno desarrollista de Frondizi.  En esta coyuntura, Argentina modifica su política exterior. Antes, durante el gobierno peronista, se rechazó las privatizaciones de las empresas públicas. Ahora los capitales extranjeros son bien recibidos. Apertura para una invasión de los intereses económicos foráneos. Pero, quizá, una intuición sutil como la de Oesterheld, aunque sea inconcientemente, pudo sospechar otra invasión cercana: la de la genocida barbarie militar.

b) La potencia artística de una historieta

Mediante la ficción, Oesterheld ensaya lo que todo artista invariablemente fragua: la danza transformadora de lo conocido. Los objetos y los seres son superficies constantes, extendidas. El tacto artístico desliza sus dedos sobre aquellas formas, e intuye que la interioridad de todo es pliegue. El cielo, los árboles, el rostro humano y la urbe no son sólo lo manifestado. Dentro de sí, poseen otras formas, pliegues apretujados y secretos.

Al desplegar, al sacar afuera,  los pliegues inadvertidos de la Buenos Aires conocida, ésta se transfigura. Deviene otra. Pero sigue siendo la misma.  Una inscripción en una pared en uno de los dibujos de El eternauta: ¨Vote a Frondizi¨ revela esa existencia paralela del Buenos aires conocido y la otra ciudad del pliegue desplegado. Este desplegar que transfigura lo dado asocia a Oesterheld con otros momentos de la imaginación literaria argentina. Tal es el caso de la obra de Leopoldo Marechal, Cortázar, Artl y Borges. En Adán Buenos Aires, Leopoldo Marechal imagina el regreso de Adán en una casa de clase media de Villa Crespo. Adán inicia luego un viaje místico donde las calles de Buenos Aires pueden convertirse en vías de navegación; o el escenario de la lucha de huestes angelicales. También, bajo esa otra urbe puede existir una peculiar variación del infierno dantesco con sus nueve círculos. (5)

En Los Siete Locos de Artl no emerge una otra Buenos Aires como tal; pero el vínculo entre los personajes esculpe  una atmósfera donde la ciudad no es sólo lugar de propagación de sitios conocidos. Erdosain, el Rufián Melancólico y  El Astrólogo, son cómplices en el intento de revolucionar al mundo. Lo extraño de su conspiración irradia sus visos sobre una Buenos Aires que adquiere un cariz entre mágico y grotesco. (6) 

 En  Historia de Cronopios y fama, Cortázar, con un imaginar de cuño surrealista, altera los hábitos y convenciones mediante las rarezas de los cronopios. Seres de creatividad encendida que convierten varios sitios de la ciudad en escenografía para la expresión de su magia transformadora de la realidad corriente.(7)

En Tlon, Uqbar, Orbis Tertius, Borges concibe un planeta imaginario llamado Tlon. Allí los objetos sólo existen en tanto creaciones mentales de los sujetos. Sobre el final del relato varios objetos de Tlon se manifiestan en Buenos Aires. El preludio de una futura expansión de lo fantástico sobre la capital argentina. (8)

El Eternauta de Oesterheld puede ser leído dentro de aquellas diversas reinvenciones literarias de Buenos Aires. Pero a la transmutación del ámbito urbano, se le debe agregar otra modificación: el pasaje del objeto urbano anodino al objeto de presencia mágica y resonante. Veamos:

Luego de la captura de un Mano, Salvo y Franco lo conducen hasta una casa. El Mano se asombra ante una cafetera. Cree que aquel objeto práctico, doméstico, es una escultura. Mientras sostiene el fabuloso objeto, el Mano manifiesta: ¨¿Se dan cuenta los hombres de todas las maravillas que los rodean? ¿Tienen idea de cuántos mundos habitados hay en el universo, y de cuán pocos son los que han florecido en objetos como éste? Allá en nuestro planeta hay un objeto parecido, sirve para una ceremonia muy bella, todas las tardes cuando se ponen los dos soles ¨.

El objeto anodino es recreado como presencia fulgurante. La singularidad de un objeto, de la ¨escultura cafetera¨, habla también de la particularidad del planeta que contiene a ese objeto. El planeta Tierra es diferente respecto a otros mundos no sólo por su vida orgánica, sus montañas y bosques. Mediante los objetos pequeños, domésticos, cotidianos, la Tierra se relaciona con el universo. Una humilde cafetera dialoga secretamente con todos los mundos donde ella no existe. Aun el más opaco objeto resuena  en el espacio cósmico. Pero el Mano luego agrega:

¨Cada cosa irradia aquí milenios de inteligencia...milenios de arte... milenios de ternura...Lástima no tener tiempo, para saber por qué ese recipiente es cilíndrico, por qué tiene molduras la pata de ese mesa y por qué...¨

En cada objeto palpita un sedimentado tiempo geológico. En el tiempo del planeta se acumulan capas de minerales y rocas. En la temporalidad de un objeto urbano existe también una acumulación, una concentración de milenios. Perduración  de una riqueza antigua. El Mano recuerda con nostalgia su mundo donde los objetos o los amaneceres son percibidos con veneración y con regocijo. Aquí, en la Tierra, el Mano desea gozar con la proximidad de los objetos. El goce estético, sensible, ante el mundo de las formas naturales o de las creaciones culturales. El Mano es quizá el alter ego de Oesterheld. Es el artista que llega desde el afuera, desde lo extraterrestre entendido como lo extraordinario. Es quizá metáfora del artista y de su ojo extraterreno. El artista mira, contempla, la Tierra con ojos que están más allá de ella.                                        

El efecto de este proceso de asombro es la dignificación estética de cada objeto. Así, el Mano:

...¨siguió hablando. Al conjuro de sus palabras el abollado tarro de yerba, las cacerolas tiznadas, la desvencijada cocina de carbón, se tornaron objeto únicos, más valiosos aun que si fueran alhajas sacadas de una tumba egipcia¨  

El Mano, como representante de un afuera estético, habla del afuera en Oesterheld. Para el creador de El Eternauta el afuera no sería sólo fuente de la invasión, sitio de donde proceden la angustia, la violencia y la amenaza de la muerte. El Afuera se convierte también en sitio de revelación artística y metafísica. El diálogo de Salvo y Franco y el Mano es la  primera ocasión de esa revelación. La segunda se produce cuando Salvo descubre el aparato semiesférico en la zona de seguridad del Gran Buenos Aires. Dentro del aparato, Salvo jala algunas palancas. Y luego ingresa en un afuera temporal, en una temporalidad eterna que late dentro de nuestro tiempo.

Salvo ingresa a una dimensión de la realidad donde se encuentra con un Mano. El Mano le revela entonces una metafísica: a pesar de la pluralidad de los seres todos son uno por su espíritu. La diversidad de los mundos se disipa en la unicidad del espíritu. Ese conocimiento transforma esencialmente a Salvo. Deja de ser habitante de un tiempo lineal, sucesivo, para devenir eternauta, ser que viaja, navega, en un tiempo eterno, circular, donde todo vuelve y se repite. Es por eso que la historia comienza con Salvo ya convertido en ¨eternauta¨ mientras recuerda lo ya vivido ante un asombrado guionista de historietas, el propio Oesterheld. El narrador sólo existe dentro de lo narrado como el relato cortazariano de La continuidad de los Parques.(9)

Quizá a partir de ese momento, Salvo, y todo lo que él narra, la invasión, el Buenos Aires fantástico, el guionista que escucha y recuerda, sólo existen dentro del tiempo circular. Un tiempo del afuera que concluye por absorber nuestro adentro con su  tiempo y el espacio conocidos. El destino de esa repetición se convierte en lo esencial. ¿Qué es lo que se repite  como reiteración interminable? ¿El Buenos Aires invadido y destruido, o la repetición que siempre preserva la esperanza de una liberación?  Interrogante que cada lector deberá responderse.  

Hemos recorrido la transfiguración como despliegue, la percepción estética y geológica de los objetos, el tiempo circular que emerge dentro de la linealidad temporal, la repetición como reafirmación de la destrucción o de la esperanza. Pero todos estos ritmos posibles de la ficción de Oesterheld no pueden ser debidamente experimentados sin considerar su género particular de expresión: la historieta.

Habitualmente se asegura: la historieta funde la escritura con la pintura, el texto con la imagen. Sería una forma moderna y occidental de continuidad de la escritura jeroglífica egipcia, de los lenguajes ideográficos orientales. Esta aproximación posee sus méritos. Pero no olvidemos un modo de comprensión que religue al guionista de historieras Oesterheld con el geólogo. Las líneas horizontales de los dibujos de una historieta se suceden una debajo de la otra. Los colores cambian en cada imagen. Si las imágenes de la historieta se imaginan como minerales de diversos colores, las líneas de dibujos una bajo la otra sería el equivalente de la sucesión de las vetas de minerales que se acumulan una debajo de la otra. El lector que acompaña aquellas vetas-líneas  desciende cada vez más en la intimidad de un subsuelo, de una riqueza subterránea. Mientras más se aproxima al fondo, al final de la historia, más cerca estará del centro ígneo de la Tierra. Los colores de la historieta son así los tonos de una profundidad que avanza, que crece hacia un centro de fuego. Ese sitio quizá sea el inconciente, la misteriosa fuente de la creación, o el recuperado lugar de la  percepción mágica e infantil del mundo. El geólogo Oesterheld es también el historietista que desciende a través de  las vetas, de las rocas de la realidad, hacia un subsuelo. Hacia un fuego que está en el centro de lo real. Debajo de todas las rocas.

 

RÉQUIEM A OESTERHELD

                                                                        Por Esteban Ierardo

 

     Acaso fue en una mañana que nunca comenzó cuando las hienas vinieron a buscarte. Dentro de un carro de metal verde, una capucha negra te cubrió los ojos. Y entonces Buenos Aires se partió en un silbido áspero, entre jazmines lánguidos.

En una casa sin fachada te alojaron en una celda enamorada del secreto y el horror. Con frecuencia, te visitaban las hienas. Te acechaban. Te acosaban. Arañaban con uñas ansiosas el suelo de tierra, loza o cemento, para prepararte un lecho permanente. Un pozo enemigo del color. Pero en las paredes húmedas de tu encierro, veías la forma de una Mano, de muchos dedos. Y a través de aquella figura imaginabas una llanura de colores. Donde quizás la Mano de la pared te obsequiaba  un lápiz de trigo, con una punta de cristal. Un mágico lápiz para que escribieras nuevas historias.

Y unos duendes vociferantes, que nunca dejaban de saltar, lanzaban lodo sobre la forma de la mano en el muro.

Y en la noche huérfana de luna que gritaba a tu alrededor, rugían otros gritos. Los de aquellos a quienes las hienas arrastraban hasta el hueco mudo, sin regreso, ajeno al color.

Esos gritos se precipitaban muchas veces sobre tu cuerpo como montañas de cadáveres y  veneno. Así, empapado por aquellas gotas, emergías de alguna pesadilla que no era diferente de la noche que impedía que renaciera el alba. Esa noche en la que las hienas nunca dejaban de cavar huecos sin colores. Y los duendes grotescos que saltaban en tu celda seguían empeñándose en llenar con lodo la figura de la Mano en la pared.

¨¿Quiénes les ordenaron tapar la Mano?¨, les preguntaste. Los duendecillos deformes sólo vociferaban: ¨!Las hienas! !Las hienas!¨

 Y los duendes arrojaban lodo, inacabable fango sobre la Mano. Pero tu reías porque molinos de fantasía perduraban en tu rostro. Y porque a través de los dedos de la Mano tallada en la pared,  nuevamente veías  la llanura de colores y el lápiz de trigo con la punta de cristal.

Y, una vez, sentiste un brusco golpe. Creíste haber chocado con la pared del cautiverio en la noche que no dejaba de crecer. En ese instante,  entre tus dedos, estalló un trueno. Y en aquel rugido del aire, escuchastes un aullido que desmembraba la historia y los cuerpos de tus hijas, de algunos amigos, de millares de otros seres que agonizaban y morían en tornados de electricidad asesina.

Y entonces las hienas atravesaron los muros de tu encierro. Reían. Bramaban que tu pozo sin colores ya te reclamaba para que durmieras allí. Sereno. En un camastro definitivo de huesos rojos. 

Y las hienas te llevaron. Y los que disfrutaron de tu arte morían algo mientras caminabas hacia el hueco. Pero las hienas dejaron de reír, mientras comenzaban a sumergirte en el hoyo sin color. Porque a pesar de todo tú eras el que reía, porque los molinos de fantasía sobrevivían en tus mejillas; porque las nubes y el viento llevaban tu nombre hasta la cima del mediodía; porque sabías que las hienas no podrían destruir la llanura de colores. Y el lápiz de trigo. Y la punta de cristal. Con la que sin descanso nos vuelves a escribir alguna historia. 

CITAS:

(1) Rodolfo Walsh fue un escritor y periodista argentino. Lo mismo que Oesterheld, desaparecido durante la dictadura militar argentina de la década del 70'. En 1957 publica Operación Masacre, donde se narran los aciagos fusilamientos de unos obreros luego de la caída del segundo gobierno peronista.

(2)  El truco es un juego típico de la Argentina, muy popular en las regiones rurales.

(3) El Gran Buenos Aires es un arco de localidades fuertemente pobladas que rodean a la capital argentina. 

(4) La General Paz es una avenida que separa la ciudad de Buenos Aires del Gran Buenos Aires.

(5) Cf. Lepoldo Marechal, Adán Buenos Aires,  Buenos Aires, ed. Sudamericana.

(6) Cf. Roberto Arlt, Los siete locos,  Buenos Aires, ed. Losada.

(7) Cf. Julio Cortázar, Historia de Cronopios y famas, en Cuentos completos. Cortázar, v. 1, ed. Alfaguara.

(8) Cf. Jorge Luis Borges, ¨Tlon, Uqbar, Orbis, Tertius¨, en Obras Completas de J.L.Borges, v.1, Buenos Aire s, ed. Emece.

(9) Cf. Julio Cortázar, ¨Continuidad de los parques¨, en  Cuentos Completos, Cortázar, Buenos Aires, ed. Alfaguara. 

PARA LEER EL ETERNAUTA:

La versión original de El Eternauta, con los dibujos de Solano López, puede ser adquirida actualmente en Buenos Aires. Otras ediciones, con suerte, quizá puedan ser halladas en los puestos de Parque Rivadavia o Plaza Italia en la capital argentina. 

 

 

                                            

   ©  Temakel. Por Esteban Ierardo