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    LA CASA DE LOS GNOMOS

                                                                                             Fotos y texto Andrés Manrique

                                                                               y cuento de Héctor Germán Oesterheld

 

                                   

      Galería de la Casa de los Gnomos

      Los Gnomos: un poco de historia

      Truila y Miltar, por Héctor Germán Oesterheld

    En una casa de la ciudad de Buenos Aires, en un sitio de la Argentina Invisible, palpita la fantasía. Allí laten, entre risas, pensamientos indescifrables y miradas de ensueño, más de seiscientos seres mágicos: gnomos, duendes y elfos. Desde hace cuatro años, la pareja de Ricardo y Andrea, les dan albergue a estos enviados del mundo de Fantasía. Quizá en las noches, o aun en el mediodía, algunos de ellos abandonan su nuevo hogar urbano y se lanzan a explorar calles, veredas, u otras casas o túneles subterráneos de la gran ciudad. En este momento de Temakel, los seres de Fantasía han aceptado que los puedan observar por unos instantes a través de una galería fotográfica. Luego, en un texto de Andrés Manrique (ante cuya cámara digital aceptaron posar los mensajeros de la realidad feérica) rescataremos algunos latidos de la historia y costumbres de nuestros pequeños amigos. Y, por último, la magia refulgirá en un cuento de Héctor Germán Oesterheld, el gran historietista argentino, creador del memorable El eternauta. En su breve relato, Truila, el gnomo niño, y Miltar, el gnomo triste, se enfrentan mediante la colección de reflejos luminosos el uno, y de sombras el otro. Pero su enfrentamiento concluirá cuando el destino les depare un incidente donde la separación será sustituida por la unión y la amistad.    

    Que los perfumes extraños de Fantasía se expandan...

                      (Todas las fotos de la galería, como así también las que ilustran texto abajo,  pueden ser ampliadas mediante un clic)

 

GALERIA DE LA CASA DE LOS GNOMOS

 

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   Por este nuevo camino de Temakel ingresamos a otros planos: tierras fértiles de magia, repletas de carcajadas infantiles, de luces y sombras al resguardo de la escéptica mirada adulta. Una dimensión habitada por gnomos, elfos y duendes; impalpable para la ciencia y afortunadamente vedada a la razón.

    Algunas características curiosas sobre estos distintos seres preceden a un cuento sobre dos gnomos de Héctor Germán Oesterheld, inspirado guionista de "El Eternauta", "Corto Maltés" y "Sargento Kirk".

   Así, sin querer, por ahí queriendo, damos un traspié y caemos sobre un terreno donde las leyes físicas hacen vueltas de carnero; en el que lo sabido es trastrocado por la circunstancia mágica, heredera de la fantasía popular y mítica. Un lugar en el que lo fantástico reina y mientras esto puede ser aquello o lo de más allá, todo puede volver a cambiar. Tal vez sea un hecho único que una de esas transformaciones capte un instante de tu atención.

   Con esta suerte, sin saber muy bien cómo llegamos: si por la dirección o porque nos guiaron estos traviesas seres, tocamos la puerta de lo de Ricardo y Andrea, una pareja que desde hace cuatro años colecciona y convive con estos seres en una casa de Buenos Aires. Esta familia ha superado ya las más de seiscientas almas que, alojadas dentro de la madera, la cerámica, las telas y otras materias, ocupan una habitación de la casa en Buenos Aires. Su afán y contento hacen que nuevos compañeros se sumen a diario.

    Como nuevos miembros siguen llegando, los Gnomos, Duendes, Leprecauns y Elfos gritan desde los estantes y sillones, incluso desde la mesa y desde cada lugar que ocupan, que les amplíen el mundo; algo que Ricardo quiere hacer, y que de a poco va convenciendo a Andrea. "Hay que tirar la pared de atrás, ¿ves? Total desde hace casi un año que vivimos acá y el patiecito que tenemos detrás lo usamos dos veces. Lo que pasa es que preferimos estar en su cuarto.", nos cuenta Ricardo mientras sus ojos se hunden en el interior de ese ambiente, de esa enorme dimensión sin vallas.

  LOS GNOMOS: UN POCO DE HISTORIA

   En el año 1200, aproximadamente, el sueco Frederick Ugarph halló en la fotognomolector.jpg (25321 bytes)casa de un pescador (Nidaros) noruego, una estatuilla de madera de 15 centímetros, en cuyo pedestal aparecía una inscripción: "Nisse Riktig Storrelse", es decir, "Gnomo de estatura real". Análisis radiográficos demuestran que la figura tiene más de 2 mil años y fue tallada en la madera de un árbol actualmente inexistente. Las letras fueron grabadas tiempo después.

    En el año 470, un sargento romano retirado que vivía en las afueras de Lugdunum (hoy Leiden en Holanda), llamado Publio Octavio, escribió en sus memorias: "Hoy he visto con mis propios ojos una persona en miniatura. Llevaba un gorro rojo y una blusa azul. Su barba era blanca y sus pantalones verdes. Dijo que hacía veinte años que vivía en estas tierras. Hablaba nuestra lengua, mezclada con palabras extrañas. A partir de entonces he hablado muchas veces con el hombrecillo. Dijo que descendía de una raza llamada Kuwalden, palabra desconocida para nosotros, y de la que sólo existen unos cuantos en el mundo. Le gustaba la leche. Alguna que otra vez lo vi cómo curaba los animales enfermos de los prados."

    Desde el punto de vista histórico, estos dos documentos son de los pocos que existen, ya que a los gnomos no les interesa escribir historia, aunque en algunas zonas se rumorea que conservan sus crónicas en celoso secreto.

     Los escritores cabalísticos de la Edad Media hablan de unos genios que presiden en la tierra, lo mismo que las sílfides presiden en el aire, las ondinas en el agua y las salamandras en el fuego. Para estos escritores, son unos enanos fantásticos, genios elementales de la Tierra, en cuyas entrañas viven y se agitan, trabajan en las minas, guardan los tesoros subterráneos y cuidan cuantos tesoros se ocultan en el seno de la corteza terrestre. Desde esta doctrina, son criaturas longevas y consiguen la inmortalidad si se unen con un hombre o mujer.

    Si observamos la naturaleza, en ella se destaca que muchas de sus creaciones las realiza en dos o más tamaños. Esto se observa, por ejemplo, con el caballo y el pony; la liebre y el conejo; el ganso y el pato. Así es como llegamos al hombre y al gnomo, aunque estas criaturas posean características que el hombre ha perdido o que jamás ha tenido.

  Atributos y características de los gnomos

   A través de sus ojos grises, pueden penetrar en el yo verdadero del ser que tienen delante, lo que les permite conocer los paisajes interiores. Esta aptitud impide que uno pueda conservar secretos delante de ellos, pues ven con claridad lo que uno está pensando. Las llamadas "arrugas de la risa" que rodean sus ojos, se les trazan temprano y tironean de los pómulos rojos que se destacan de su tez clara.

    Tienen un olfato hiperdesarollado: un olor los puede guiar tanto como el mejor mapa a un explorador. Son tan ágiles como cautelosos. No dejan fotognomok.jpg (17435 bytes)rastro, pues caminan sobre el material duro de las piedras, las cortezas de árboles y cáscaras. Si tienen que andar por suelo desnudo, se colocan unas botas con el dibujo en relieve de una pata de pájaro.

    Como viven generalmente alrededor de 400 años, a los 275 aún se encuentran en la flor de la vida. El pelo comienza a encanecerse a temprana edad y algunos, de apenas 80 años, lo tienen completamente blanco.

    Para el crepúsculo de sus vidas, comienzan a descuidar el hogar y todas sus actividades. Empiezan a olvidar sus costumbres, hasta que un buen día, pasados los 400 años, les nace una afición por el vagar prolongado. Salen a dar un paseo y no vuelven jamás: el viaje hacia la Montaña de la Muerte (jamás vista por ojo humano), comienza.

   Atuendos

    El gorro rojo no es mera indumentaria. Les brinda la posibilidad de hacerse invisibles. También les sirve para que las aves de presa, amigas de los gnomos, no los confundan al atardecer o de noche con ratones y otros roedores.

    Además, como su peso oscila entre los 250 gramos para las mujeres y los 300 para los hombres, tampoco dejan demasiada huella. Sus zapatos pueden ser de corteza de abedul, pero esto varía de acuerdo a la región que habiten. Muchos usan zuecos de madera y la correa de cuero que usan de cinturón les sirve para colgar una bolsita donde llevan un juego de herramientas: cuchillo, martillo, broca y limas.

    Especies de gnomos

   Gnomos del bosque y de las dunas: reacios al hombre.

   Gnomos de jardín: de carácter sombrío y gran cultura, a quienes les placen los cuentos melancólicos. Muchas veces, avasallados por el crecimiento de las ciudades, se van al bosque pero generalmente regresan, pues su cultura les es incompatible con esa vida.

   Gnomos de granja y gnomos caseros: grandes conocedores del género humano, hablan y comprenden el idioma. Son de buen corazón y están siempre dispuestos para las travesuras, pero nunca con maldad.

   Por último, existen los gnomos siberianos, quienes son parecidos por su carácter malévolo a los Trolls o espíritus malignos.

   Entre ellos, conviven otras criaturas descuidadas por el hombre, a las que Ricardo y ......... también les han dado albergue.

   Los elfos

   Retazos de historia

    En la Edad Media se les aplicó este nombre a una pequeña fotoelfob.jpg (103049 bytes)raza de hombres que habitaban en cavernas y subterráneos de Escandinavia. Las leyendas populares los describen como una especie de duendes feos y deformes, con enredadas cabelleras y provistos de un arco y flechas de piedra que disparan con certera y mortal puntería. Se les atribuyen poderes mágicos, tanto para realizar el mal como para proteger a los débiles. En su mayoría eran perversos y se dedicaban al robo de niños, que sustituían por sus hijos idiotizados.

   La raza tradicional de los Elfos tenía caracteres simios y sus brazos eran tan largos que podían llegar a sus tobillos.

   Percepción contemporánea

   La mitología fue variando y hoy son vistos como espíritus etéreos de la naturaleza a los que les encanta bailar despreocupadamente mientras tañenfotognomopp.jpg (24080 bytes) sus instrumentos de cuerda. Viven bajo tierra, a veces en el agua, encima de ella y, preferentemente, en manantiales. Otros escogen el aire o las ramas de grandes árboles y de vez en cuando adoptan la forma de un animal. No son malignos, pero se han dado casos en los que sus bromas han causado tristes consecuencias. Hay machos, hembras y asexuales. Muchos también gozan de alas que los remontan por los bosques. Su pequeño tamaño (entre 10 y 30 cm.) contrasta con su gran nivel de inteligencia y enorme capacidad de concentración.

   Los Enanos

    Criaturas de sexo masculino que, actualmente casi extintos, sólo se pufotognomoaa.jpg (24546 bytes)eden hallar en bosques inhóspitos y montañas. Extraen oro y plata de las minas y viven en grupos. Son expertos en labrar los metales y suelen ser bondadosos, salvo algunos exiliados que pueden dedicarse al mal. Si un enano cae en manos humanas, suele negociar su libertad con oro. Tengan la edad que tengan, son imberbes y miden todas por debajo del metro veinte.

   Los duendes

   Destellos históricos

   Los duendes son seres intermedios entre los espíritus y los hombres, con poderes sobrenaturales, parecidos a los que se les atribuyen a los hechiceros y a las brujas. Este poder mágico les permite adoptar diferentes formas y hacerse invisibles. Son asexuales.

   En el Edda se distinguen dos clases: los duendes blancos, que viven sobre la tierra y los negros, habitantes de cuevas subterráneas.

    Su país se ha situado en diversos lugares. En Irlanda se dice que habitaban en los montículos funerarios conocidos por sid, y Gervasio de Tilbury dice que se entraba a dicho país por un pasaje fotognomooo.jpg (33181 bytes)subterráneo. En otras tradiciones el país de los duendes está en islas fabulosas o en las aguas de ciertos ríos, lagos o mares, y sólo se accede por pozos o excavaciones profundas. También se lo ha representado como un país íntimamente ligado al nuestro, pero invisible para los mortales. Las tribus de las islas de Fidji creen en los duendes de mar, a los que rinden un culto secreto, mientras en Nueva Guinea suponen que existe un pueblo subterráneo, maléfico y peligroso, habitado por los duendes.

   En cambio los jinn o jann de los árabes, mencionados en las Mil y una noches, también invisibles, viajan en las nubes tempestuosas de arena y sólo se les puede dominar por el hierro o con la evocación de nombres divinos; el pueblo para congraciarse con ellos les llama "los benditos".

  Interpretaciones

   Por su estatura y aptitudes, se ha supuesto que podrían ser formas de degeneración de antiguas divinidades. Otros autores opinan que podrían ser los integrantes de una raza pequeña y desposeída por conquistadores de mayor tamaño. También se los ha considerado como espíritus de la naturaleza, de los árboles y los bosques.

   Cualidades

   Los duendes pueden ser hermosos y bien proporcionados como los de las leyendas españolas; o contrahechos y monstruosos, como los germánicos.

   Viven en comunidad, dentro de las montañas y las minas. Son amantes de fotognomobb.jpg (33709 bytes)las piedras preciosas y los metales que trabajan como especialistas en la metalurgia.

   Tienen gran afición a la música, al canto y al baile, actividades que realizan por la noche. En ocasiones engañan a los mortales, llevándolos a sus danzas nocturnas o arrastrándolos a su reino.

     Si se los daña, son vengativos y crueles. Golpean al responsable, lo hacen tropezar y caer, le producen graves enfermedades y hasta tienen el poder de llevarlos a la muerte. Pero no siempre se entretienen en jugar malas pasadas y causar daños graves, limitándose a dar formas transitorias risibles o ridículas a aquel que los trató mal; también pueden cambiar de lugar los muebles e incluso hacer que el hombre abandone su hogar.

   Otras veces asisten a los mortales en sus quehaceres o apuros y son generosos, contentándose con poco, como el duende doméstico que se satisface con leche. Desaparecen con el alba, y se disgustan si son sorprendidos por mortales, a los que en tal caso encandilan, embrujan o ciegan.

    Goya, en unos de sus caprichos escribe: "Luego que amanece huyen, cada cual para su lado, brujas, duendes, visiones y fantasmas." Se les atribuye un prodigioso conocimiento sobre los poderes de la naturaleza, que les permite adivinar dónde se encuentran las cosas desaparecidas y descubrir las invisibles.

    El duende de casa, mencionado en el siglo XIII por Gervasio de Tilbury, habita en la casa o en el establo y es enemigo de la pereza. Ayuda al amo de casa sin recibir más recompensa que una capa o un sombrerofotognomonn.jpg (31094 bytes) nuevo. Goya comenta uno de los aguafuertes de su Caprichos: "Los duendecitos son la gente más hacendosa y servicial que puede hallarse; como la criada los tenga contentos, espuman la olla, cuecen la verdura, friegan, barren y acallan al niño."

      La pequeña estatura que se les atribuye se relaciona por su semejanza con las almas de los muertos, representadas en la antigua cerámica griega como diminutos hombrecitos, lo mismo que en los bajorrelieves egipcios o en los libros del Mahabharata de la India.

  Atuendos

   Sus vestidos son verdes, rojos o pardos, como los de los gnomos, o grises como los de las leyendas alemanas.

  Su oficio

   La habilidad metalúrgica que se les atribuye se explica por lo misterioso de este arte en las primeras edades de la humanidad, y porque se supone que los duendes viven, en general, bajo tierra.

   Día a día, el hombre los va olvidando

                                                                                                                                   

  TRUILA Y MILTAR

                                                               Por Héctor Germán Oesterheld

    Esta es la historia de Truila y Miltar, tal como me la contó Karyl, el más viejo entre los gnomos, en un atardecer de verano, mientras los árboles estaban serenos y apacibles, como si pensaran en recuerdos lejanos. Un atardecer de verano en que la luz y la sombra parecían confundirse.

    Truila, el gnomo que se quedó niño, y por eso no llevaba barba y por eso sus ojos están llenos de simpleza y de luz; Truila, el gnomo niño, tenía allá entre las retorcidas raíces de la encina una maravillosa colección de reflejos. Así como hay gnomos que cuidan el sueño invernal de los árboles, para que no despierten antes de tiempo, y gnomos que enseñan a las luciérnagas recién nacidas a encender y apagar sus lámparas, y gnomos que guían a sus hormigueros a las hormigas extraviadas, y gnomos que tejen la luz de la luna los sueños de los niños, Truila, el gnomo niño, reunía en su casita todos los reflejos que encontraba, para que los demás gnomos se recreasen mirándolos.

    En su resplandeciente museo, al lado de la luna mirándose en una charca, estaba el blanco destello de los colmillos del gato montés; y junto a un rayo de sol que resbalaba sobre una hoja brillaba el mirar dulce y profundo de las gacelas. Y también las estrellas, recogidas todas en una gota de rocío, y el arco iris producido por el sol al herir una aguja de hielo, y también... Muchas veces el pájaro de la aurora alzaría su vuelo, si nos pusiéramos a detallar todo lo que había en aquel museo.

   Por ese tesoro, Truila, el gnomo que se quedó niño, era considerado uno de los gnomos más ricos en el país de los gnomos. Pero no faltaban los envidiosos, que le decían que su colección nada valía al lado de la de Miltar, el gnomo triste, el de los ojos siempre en sombra, el gnomo que reunía penumbras allá en su casita oculta en lo hondo del barranco.

    Sería tan difícil enumerar todo lo que había en el tesoro de Miltar, el gnomo triste... Sería tan difícil como pretender nombrar una por una todas las piedrecitas de color que día a día va lavando el arroyuelo de la montaña. Dicen los que aún recuerdan que allí estaba la paz oscura del nido de hornero, la sombra melancólica de un sauce sobre el río, la penumbra llena de lejanos rumores de un caracol vacío. Y el pasado misterio de una noche sin luna ni estrellas, y la tiniebla circular que parecen abrigar los pies de los hongos sombrerudos... Sería tan difícil enumerar todo el tesoro de Miltar, el gnomo triste...

    Sí. No quedaban dudas de que Miltar era uno de los gnomos más afortunados. Pero los envidiosos ponderaban ante él el tesoro de Truila, el gnomo niño, y hasta agregaban que éste se burlaba de la colección de penumbras.

    Y tanto hicieron los envidiosos, que Miltar consideró insuficiente su riqueza de sombras, y se dedicó con afán a conseguir alguna nueva penumbra, algo que hiciese exclamar a todos: "Cosa que iguale en valor a ésta no hay en el tesoro de Truila ".

    Y Truila a su vez quiso humillar para siempre a Miltar encontrando algún resplandor nuevo, tan extraordinario que de él todos dijesen: " ¿De qué vale todo el tesoro de Miltar ante semejante hallazgo?"

   Caviló y caviló Truila, el gnomo niño, allá en su casita oculta entre las raíces de la encina. ¿Cómo conseguir ese resplandor extraordinario? Caviló y caviló, hasta que por fin imaginó atrapar todos los rayos de la luna que plateaban las hojas del bosque. Y decidió construir una trampa para cazarlos y llevárselos a su casita, reunidos en un haz maravilloso.

    En una de sus tantas correrías hasta las casas de los hombres, había visto cómo al salir la luna todos sus rayos asomaban por sobre un viejo muro que rodeaba un jardín. Y tras mucho pensar en la manera de atraparlos en el preciso instante que empezaran a asomar, encontró la solución: pondría en lo alto del muro muchos trozos de vidrio, y en ellos se enredarían los rayos de la luna cuando viniesen a alumbrar el jardín.

   Sin decir nada a nadie, se fue hasta las casas de los hombres, y durante todo un día trabajó en el jardín preparando la trampa. Y cuando llegó la noche, quedose al acecho aguardando la aparición de la luna.

   Estaba Truila escondido, vigilando su trampa, cuando del otro lado del jardín llegó Miltar, el gnomo triste. Venía a recorrer la sombra llena de recuerdos que anidaba entre las grietas del viejo muro. Sobre éste quiso trepar Miltar, para iniciar la búsqueda de su sombra. Y no vio los trozos de vidrio, y su mano se desgarró al apoyarse en ellos.

    Roja y cálida brotó la sangre, y destellos del sol poniente tuvo la luna al herir los vidrios ensangrentados. Corrió Truila hasta el muro, maravillado ante el nuevo reflejo. Y vio entonces a Miltar, el gnomo triste, con su mano desgarrada, que le miraba con sus ojos llenos de sombra.

    Todos los reflejos se borraron entonces para Truila, y una pena muy grande anidó en su corazón y ensombreció su frente. Miltar, un pobre gnomo triste, tenía su mano desgarrada, y él, Truila, era el culpable, todo por querer ser el primero, el gnomo más rico entre los gnomos. Bajó la cabeza, dejó manar el tibio arroyo de lágrimas.

    Vio Miltar la sombra que ensombreció la frente de Truila, el gnomo niño. ¿Qué sombra entre todas sus sombras podía igualarse a la que oscurecía la frente de Truila, que le estaba revelando que éste podía ser su amigo?

    En sus ojos llenos de sombra, brilló entonces un límpido destello... ¡Él, Miltar, el gnomo triste, tenía un amigo!

   Y vio Truila el destello alegre que iluminaba los ojos de Miltar, y comprendió que este reflejo tan pequeñito y nuevo sobrepasaba a todos los reflejos que guardaba en su casita, allá entre las retorcidas raíces de le encina... El puro destello de un par de ojos que descubren un amigo...

   Nunca más rivalizaron Truila, el gnomo niño, y Miltar, el gnomo triste. Reunieron sus dos tesoros y anduvieron desde entonces siempre juntos.

    Y son los envidiosos, los que quieren hacer recordar a Miltar que Truila le desgarró una vez la mano, los que siguen poniendo trozos de vidrio sobre los muros.

   Y los pobres rayos de luna, que nada tienen que ver con esto, siguen enredándose en ellos...

   Esto me lo contó Karyl, el más viejo entre los gnomos, en un lento atardecer de verano en que la luz y la sombra parecían confundirse, como si fueran muy amigas.

BIBLIOGRAFÍA

- Rien Poortvliet (ilustración), Wil Huygen (texto). Los Gnomos. Ed. Montena.

- Brian Froud y Alan Lee. Hadas. Ed. Montena.

- Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Ed. Espasa-Calpe. Madrid. 1927.

 

                                               

©  Temakel. Por Esteban Ierardo