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LA BODA DE HIELO

Entre el Chimehuin y el Lanín

Por Ariel  Puyelli

 

La boca del patagónico río Chimehuin (Foto Mariano Moran).

 

   El río Chimehuin habla sobre el volcán. El volcán roza el cielo con sus pensamientos secretos. Un poeta presiente la pasión de la montaña de fuego. Ambiciona llegar hasta su corona de blanca nieve para entender el fuego del volcán. Quiere escribir esa fogosidad. Convertirla en poema. Pero, luego del ascenso, el poeta, entre sus manos ateridas, sólo trae silencio. Un mensaje esquivo.

  Ariel Puyelli nos ha enviado la bella y poética narración que ahora presentamos en este nuevo momento de Patagonia: poesía e imagen, en Temakel.

   Puyelli vive en la ciudad de Esquel, en Chubut, Argentina. Allí, además del cultivo de la poesía y la literatura impulsa una publicación cuyas señales podrán hallar abajo.

   Un volcán patagónico y un poeta dialogan en silencio.  Pero el viento quizá escucha.

E.I

 

 

Ariel Puyelli realiza Palabras del alma. Encuentro con la poesía y el cuento. Publicación literaria mensual de distribución gratuita. 

Palabras del alma es una publicación literaria que se edita en la ciudad de Esquel, Chubut. Su distribución es gratuita y abarca, entre otras, las localidades de Esquel, Trevelin, El Bolsón, El Maitén, General Costa, Río Pico, Puerto Madryn, Rawson, Trelew, Comodoro Rivadavia, otras del interior de la provincia del Chubut así como Río Gallegos, Tierra del Fuego, La Plata, Neuquén y Buenos Aires.

Mil quinientos ejemplares se entregan en los comercios auspiciantes, Direcciones de Cultura, bibliotecas municipales, populares y barriales, centros culturales y ferias artesanales, alcanzando así a un público muy diverso compuesto por residentes y turistas.

En Palabras del alma se publican cuentos cortos y poesías de autores -en su mayoría-patagónicos;sean éstos adultos, jóvenes o niños, ya que la intención de la publicación es que los periódicos sean leídos por toda la familia. La cantidad de autores interesados en editar sus obras en Palabras del alma crece mes a mes; reflejándose este hecho en los mails y cartas que llegan con cuentos, poemas o libros, de diversos puntos del país.

A través del periódico, los autores conocidos ganan difusión a la vez que los inéditos encuentran una vía de edición gratuita y efectiva para hacer conocer su obra. Éste es uno de los objetivos más importantes que se cumplen mes a mes y que poetas, escritores y lectores reconocen y valoran.

Todos los meses, distintas escuelas patagónicas cuentan en sus bibliotecas con ejemplares del periódico para que el material sea trabajado con sus alumnos, dada la avidez de las instituciones por proveerse de literatura patagónica de autores reconocidos o inéditos.

El carácter gratuito de Palabras del alma le otorga una difusión tan amplia como rápida y efectiva y, debido a la creciente demanda del público lector de distintos puntos del país, próximamente habilitaremos una página web con gran parte del contenido de todas las ediciones editadas, así como las biografías de los autores, quiénes hacen posible la edición (auspiciantes, instituciones, etc).

Director: Ariel Puyelli

Chacabuco 1232 - Depto. 3 - Tel.: (02945) 450052 - (9200) Esquel - Chubut - Patagonia Argentina

e-mail: palabrasdelalma@topmail.com.ar  /  aapuyelli@hotmail.com

 

 

La boda de hielo

Por Ariel Puyelli

    Dicen que fue a orillas del río Chimehuin. Que fue una apuesta con sus amigos. Que Juan no se animaba, pero que su orgullo fue más fuerte. Que por eso lo hizo.

Otros dicen que fue un mensaje que trajo el río. Que Juan oyó en la época de deshielo, el canto del agua trayendo desde la base del volcán Lanín, la invitación a alcanzar el infinito, la cumbre, el cielo.

Dicen que Juan tomó la decisión de escalar el volcán una mañana de noviembre y que esa mañana el Lanín había amanecido recortado en el cielo como una novia.

Los que lo vieron partir con su equipo, creyeron que regresaría con las manos rojas de frustración y no de frío. Pero Juan fue resuelto al encuentro de esa dama de blanco de casi cuatro mil metros de altura.

Cuando Juan le propuso matrimonio a Clara, su ex esposa, el corazón latía con la misma intensidad que esa mañana; y sonrió en silencio al sentir la comparación.

Parado en la base, observó un largo rato el camino que debería elegir para besar la gloria con su orgullo. Una leve brisa sacudió los matorrales que se raleaban a medida que la vista de Juan ascendía la ladera norte, hasta que se transformaban en una mancha blanca donde se asentaba el refugio, casi a mitad de camino.

Cuentan los mapuches que al Lanín no le gusta que lo suban demasiado. Que se enoja con los excesos de cortejos. Y que entonces empieza a arrojar piedras desde la cumbre para deshacerse de los intrusos que no llevan consigo palabras de amor, sino desafíos personales. Apuestas con el destino.

Pero Juan no era un intruso. Había nacido en Junín de los Andes y durante sus treinta y cinco años de vida, había grabado a fuego y lágrima, cada día del volcán. Porque Juan era poeta, no escalador.

- No se puede escribir lo que no se conoce –le habían dicho sus amigos esa tarde a las orillas del Chimehuin.

Y Juan pensó que estaban en lo cierto.

A partir de entonces comenzó a sentir una necesidad física de acariciar las nieves eternas, como si ellas guardaran el secreto de su amor por ese sitio que durante tantos años había idealizado como inaccesible para una persona frágil como él.

Los mapuches también cuentan que en el principio de los tiempos había dos volcanes: el Lanín bueno y el Lanín malo, que por ensañarse con los hombres de ese tiempo, por intentar, con sus vómitos de fuego y piedra, echarlos del paisaje, había sido aplastado por un pulgar de Nguenechén.

El Lanín bueno gozaba entonces, además de su belleza, de buena reputación. Pero no es necesario escalarlo para adivinar la personalidad de esa mole de piedra y nieve, de historia y leyendas, dueña de un magnetismo casi sobrenatural.

Juan era poeta, no escalador. Por eso sintió que cada paso que daba rumbo a la cumbre, era un verso construido con la fuerza de esa musa que lo recibía con los brazos abiertos; por eso convirtió al viento que había desplazado a la brisa, en una caricia de bienvenida. Por eso Juan imaginó que el color oscuro que había tomado el cielo era el telón de fondo de esa novia majestuosa.

La tormenta lo alcanzó llegando al refugio.

Todos en el pueblo temieron por la vida de Juan y de inmediato una patrulla partió en su rescate.

Los gendarmes no habían sido invitados a la ceremonia. Por eso debieron soportar la ira del volcán que detesta intrusos en su cuerpo.

El refugio estaba vacío. Y cuando decidían regresar habiendo rescatado sólo un lamento, la tormenta amainó.

Llegaron a la cumbre al anochecer. Allí estaba Juan, inconsciente, con una sonrisa de hielo en los labios, con una lapicera congelada en sus manos.

El poeta no habló en todo el descenso.

Algunos dicen que nunca más le escribió versos al Lanín.

Otros, que el último poema intentó ser escrito en la cumbre, con tinta de nieve, sobre el papel blanco de la cabeza de esa novia díscola.

Unos pocos aseguran verlo todos los años, el mismo día de aquel noviembre, recitar por la ventana en un movimiento de labios que se asemejan más a besos que a versos.

Todos dicen. Pero Juan calla. Como calla el Lanín.

 

Vista de la nevada cima del Volcán Lanín, de vívida presencia en el relato poético "La boda del hielo".

 

 

 

 

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