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LA RAÍZ DEL VIENTO

Un documental sobre la realidad tehuelche 

 

    

   Imagen de una mujer tehuelche en el documental  "La raíz del viento" de Ignacio Busquier.

 

   El viento habla lenguas olvidadas. Un pájaro se mece en las sonoras y, al mismo tiempo, invisibles olas del aire. Imágenes en el comienzo de La raíz del viento, un documental de Ignacio Busquier que recupera las amplitudes de la Patagonia y la desconocida y silenciosa vida de una comunidad tehuelche en la provincia de Santa Cruz. En un distante e irrecuperable pasado, los tehuelches se desplazaban seguros, libres, nómadas, por la inmensidad de la Patagonia. Hoy, transformados en hombres de campo, son seres heridos por la angustia de la perdida de su antigua identidad.

  En este nueva escama de Temakel, le presentamos una entrevista a Busquier realizada por Alicia Roman. Abajo de esta líneas, encontraran la ficha técnica de La raíz del viento y las vías de comunicación para quienes deseen acceder al documental. En la conversación Busquier explora con agudeza la realidad presente de una solitaria comunidad de corazones tehuelches envueltos en las voces ásperas del viento patagónico.

* Para profundizar en las antiguas creencias tehuelches recomendamos el libro de memorias de Muster, marino inglés que recorrió toda la Patagonia con los tehuelches: George Mustes, Vida entre los patagones, Buenos Aires, Editorial Elefante Blanco.

 

FICHA TÉCNICA DE "LA RAÍZ DEL VIENTO": 

Guión y dirección: IGNACIO BUSQUIER
Dir. de fotografía y cámara: MARTIN ERREA
Sonido directo y asistente de cámara: CRISTIAN REYES
Edición: FEDERICO KEHM / IGNACIO BUSQUIER
Contacto: inbusquier@hotmail.com / carolinafilms@hotmail.com

 

 

LA RAÍZ DEL VIENTO

Entrevista a Ignacio Busquier, director del documental de este nombre sobre la cultura tehuelche.

  Entrevista de Alicia Roman 


   ¿Por qué elegiste los tehuelches?
 IB:  Nací en Río Gallegos y, un poco por curiosidad, empecé a averiguar sobre los tehuelches mientras vivía allá, en la provincia de Santa Cruz. La reserva
Camusuaike es un lugar no muy difundido en Santa Cruz. Es un lugar que no lo conoce prácticamente nadie en la provincia. Se sabe que hay tehuelches pero no hay un verdadero conocimiento de quiénes viven en la reserva, y de qué clase de vida llevan. Además, existe  un quiebre entre lo que es el ideal de tehuelche y lo que es el indio en realidad. La gente tiene un ideal del indio como se vería desde la ciudad. Es decir el indio que vive en carpa y hace artesanías, con un universo de dioses a los que adoran, con un chamán. Y vestidos con cuero, robusto, con la cara curtida. Y celoso de su lengua.
   Pero ese ideal no existe. Los tehuelches se asimilaron mucho a la condición de hombre de campo y ellos mismos se reconocen más como paisanos que como indios.

   Es decir que la pureza de la raza en la reserva ya prácticamente no existe...
 IB: La pureza casi no existe. Debe de haber tres personas que son lo más puro, cuyos bisabuelos fueron tehuelches. Son dos mujeres y una persona mayor que es inaccesible. No habla. Y es reacio a cualquier forastero.

   ¿Dónde viven habitualmente?
 IB: Mientras están trabajando viven en las estancias y el resto del año viven en la reserva. La reserva está formada por 10 familias que habitan en un lote. No es cerrada. Es un campo grande que el Estado se los asignó como reconocimiento a los derechos indígenas.
   Las casa están bastante dispersas. Y en la reserva no se produce nada. Por lo que deben  salir a trabajar a las estancias vecinas. El trabajo de campo es muy duro y las distancias son muy grandes. 

   ¿Qué tipos de problemas existen en la reserva?

  I.B: Los pobladores de la reserva tienen variados problemas. Los muy jóvenes caen en el alcoholismo y el robo. Mientras van a la escuela primaria, son chicos sanos que crecen en el campo; ahora, de los 17 años en adelante, tienen mucho tiempo libre, y la reserva no les puede dar otras cosas. No pueden aprender un oficio, un oficio que los mayores tampoco tienen y, por eso, no lo pueden enseñar. Y todo esto los mueve a veces al alcoholismo y el robo.

   Los mayores tienen su propia desolación. Trabajan  muy duro en una estancia. Después, vuelven y se gastan la mitad de lo que ganaron en vino. Y después tienen que ir a trabajar de nuevo.

  En la reserva también tienen problemas parecidos a los de una villa miseria en la capital. Problemas de hacinamiento; familias numerosas; las jóvenes quedan embarazadas, y tienen 6 o 7 hijos. No tienen cólera ni chagas porque el clima no lo permite. 

   Por otra parte, en su quiebre con su propia cultura, los tehuelches perdieron su tradición de cazar y autosustentarse. Cambiaron esta tradición por nuestro sistema, el sistema del hombre blanco. Que consiste en: trabajar. Después me pagan. Voy al almacén y gasto. El almacenero así le paga a su médico. Todo es un sistema de dependencias cíclicas. Antes, cazaban, comían lo que cazaban y se curaban con su propia medicina. Pero ahora, su realidad es muy distinta.

  ¿Están incomunicados en la reserva?
  I.B: Se mueven solo a caballo. A veces, viajan a Río Gallegos o a Esperanza, que está muy cerca. Tienen intercambio y relación con otras poblaciones. E insisto en que  ellos en algún punto no se consideran indios. Al estar allí, descubrís que más bien se sienten gente de campo, peones. Pero para justificar su vida en la reserva tiene que hacer como si fueran indios... Es algo que se repite en toda la Argentina y en Sudamérica. La reserva recibe un subsidio del Estado, por lo que tienen cierta obligación de ser indios, tienen como un cierto discurso armado para los visitantes. Pero ellos saben que perdieron mucho de la tradición tehuelche, de su cultura. Entonces, uno descubre que muchos de ellos se muestran reacios a hablar porque, en el fondo, no saben sobre la tradición que se les pregunta. Y no quieren develar demasiado que no son el indio que uno esperaba encontrar.

  En tu film vimos que una señora tenía su casa y, aparte, una vivienda indígena...
 IB: Sí, esa mujer se llama Marserat de Sapa. Se la menciona en todos los libros. Porque ella es todo un símbolo del estar entre dos culturas. Es también una señal del quiebre entre la antigua cultura tehuelche y la nueva civilización. Marserat de Sapa tiene una casa de material y, al lado, un toldo. Duerme en la casa de material, pero pasa todo el día en el toldo, donde trabajaba los cueros.  

   ¿Los tehuelches siguen trabajando los cueros?
 IB: En el pasado trabajaban el cuero para uso propio, para los toldos, para abrigo. El trabajo de los cueros era bastante interesante por que los pintaban con ciertos criterios estéticos. Había una forma de cortarlo, una forma de hacer una capa y una forma de decorarlo con dibujos; y esos dibujos tenían representaciones simbólicas relacionados con animales. Son dibujos primarios, que parecen infantiles y están pintados con tintas vegetales.
  Me llamaba mucho la atención una mujer que entrevisté, llamada Argentina. Ella pintaba animales y me mostró una capa que parecía pintada por un chico.
    En los tiempos pasados, con estos cueros los tehuelches se vestían. Hoy, se sigue trabajando el cuero pero sólo lo usan como ropa de campo. 

   ¿Qué tipo de dioses tienen?
 IB: En la época antigua tenían un dios Kooch y el héroe Elal. Creían en el origen divino del hombre y el mundo. Pero ya no recuerdan nada de esto, o lo que se le transmitió de la antigua mitología es muy poco. En la actualidad, de esa antigua mitología no queda nada. Si uno les pregunta sobre esto no contestan. Porque no quieren reconocer que ya no conocen las antiguas creencias. Porque  aceptar esto es aceptar que no son tan indios, y esto, a su vez, sería reconocer que tampoco son muy blancos. No se encuentran así ni en una cultura ni en la otra.

   ¿Cuántos tehuelches pensás que hay en Santa Cruz? 
 IB: Ese es todo un tema.  Muchas fundaciones indigenistas hacen estudios donde toman por tehuelche a todo aquel que se reconoce como tehuelche, o que se dicen tehuelches por ser descendiente de los antiguos tehuelches.  
   Pero, según mi criterio, ya no quedan tehuelches de sangre. Sí queda gente que se reconoce como tehuelches y viven en grupos desde la Pampa hasta la Patagonia. El grupo que hay en Santa cruz me parece el más puro. Hubo grupos que se fueron hacia el norte y se mezclaron con otras culturas. Hay quienes dicen que, en la provincia de Buenos Aires, viven hoy muchos  tehuelches según los datos de un revelamiento realizado. 

  ¿Quedan todavía algunas costumbres de los tehuelches del pasado en los actuales?

 I.B: Los tehuelches de la reserva Camusuaike tienen varios rasgos de los tehuelches primitivos. Por ejemplo, la organización familiar, con su anarquía en donde los chicos en la familia hacen lo que quieren, donde cada uno va y viene y nadie le pone límites a nadie. La libertad que tienen los chicos en la casa es un aspecto muy interesante. También la relación de ellos con los animales y con el medio. No es como las vacas en la India pero los perros en la reserva tienen su buena vida, se sientan en el mejor sillón y, si llega visita, nadie lo corre. Y este trato preferencial para los perros es algo que figura en todos los relatos que vienen del pasado sobre las costumbres tehuelches.
    En ese pasado, los tehuelches eran nómades y circulaban por toda la provincia. Se movían según las estaciones, siguiendo a los animales de caza. En una época del año se instalaban cerca de la cordillera, en los cerrados bosques de la región del cerro El Chaltén. 
  Se desplazaban siempre en grupos, como clanes. No había líderes. Antiguamente, un integrante del grupo se iba y nadie le decía nada. Luego podía volver. Eran muy libres. Cada familia tenía autonomía en relación a la comunidad. Y la figura del cacique era más bien simbólica. Se movían del Atlántico al Pacífico con sus toldos que eran unos cueros con cuatro palotes que los armaban y desarmaban con rapidez. Ahora, imaginemos que de la noche a la mañana les dicen a ustedes que tienen que vivir, quietos, encerrados en una reserva.
   Es como morir en vida.

Vivienda de los actuales tehuelches que habitan en la reserva Camusuaike.

 

 

 

     ©  Temakel. Por Esteban Ierardo