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UN CANTO A TIERRA DEL FUEGO

  El recitado de un antiguo y popular cantor: Nicolás Granato

 

Nicolás Granato

  

    Desde el pasado de la áspera y bella Isla Grande de Tierra del Fuego emerge este canto de una antigua voz cantora y poética. Darío Granato, autor en Temakel de Los Altares, nieto de Nicolás Granato, nos acerca aquí este cantar de su abuelo donde la patagónica isla de los fuegos cobra dimensiones existenciales y líricas. Nicolás Granato visitó Tierra del Fuego aproximadamente entre 1925 y 1927. En aquel entonces, funcionaba allí una famosa prisión. Granato fue a visitar a un recluso. La cárcel, la dureza del clima, lo áspero de la geografía del fin del mundo, le inspiró un canto que recitó acompañado de su guitarra. Durante algún tiempo, una copia de aquel canto fue exhibida en Ushuaia, en el Museo del Fin del Mundo. Y ahora es el propio Darío Granato quien, a continuación, nos presenta el verbo poético de su ancestro a propósito de la tierra que libera su fuego en un extremo del planeta.

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     En Tierra del Fuego, en la ciudad de Ushuaia, hay un receptáculo de acero en forma de pirámide que contiene seis discos de video láser con información enviada hacia el futuro. Esta "Cápsula del Tiempo" fue diseñada para durar 500 años, al cabo de los cuales se abrirá y mostrará al mundo parte de la vida y el pensamiento del, para ese entonces, pasado.

De la misma forma estos versos dedicados a Tierra del Fuego me ponen más cerca de su autor, Nicolás Granato, mi abuelo a quien nunca conocí. Son mensajes que llegan del pasado y que estaban esperando el momento justo para ser leídos, como una conexión que nos quedó pendiente y que ahora se va completando. Cuando advertí que él había estado allí 75 años antes que yo, sentí que habíamos compartido mucho más que un mismo lugar, habíamos sentido lo mismo en el mismo lugar y reconocí parte de él en mi, haciendo que lo conozca aún sin haberlo conocido. 
Su visión hecha prosa es como una cápsula del tiempo que nos acerca una perspectiva de aquellos días en el fin del mundo.

   Darío Granato

  

  En el continente hermoso 
De la tierra americana 
En una región lejana 
Y de clima venenoso 
Existe un rincón brumoso 
De aspecto triste y sombrío 
Donde impera el aire frío 
De las regiones polares 
Que congela hasta los mares 
En el rigor del estío. 

Tierra del Fuego es su nombre 
Como burlesca ironía 
En la constante porfía 
De los errores del hombre 
No habrá ser que no se asombre 
De tamaña enormidad 
Tergiversar la verdad 
Llamándole fuego al frío 
Es como decir ¡impío! 
Al amor de la piedad. 

Tristes costas arenosas 
Perfilan a la bahía 
Que da entrada a la sombría 
Isla de sendas tortuosas; 
Pobres y míseras chozas 
Rodean a las prisiones 
Que tienen por murallones 
A cerros inexpugnables, 
Que se yerguen implacables 
En apiñados montones. 

Su bahía solitaria 
Es el puerto adonde llega 
Aquel que con llanto riega 
La tierra triste y precaria; 
Yo te elevo esta plegaria 
Isla de costas desiertas 
Tumba de ilusiones muertas 
Y de esperanzas perdidas, 
Donde sangran las heridas 
De las penas que despiertas. 

Isla de Tierra del Fuego 
Sos morada muy ingrata 
Para aquel que se arrebata 
Sin escuchar su ruego; 
Sitio del desasosiego 
Del padecer y el llorar 
Eres el triste lugar 
Donde al hombre se recluye 
Y donde todo concluye 
Para otra vida empezar. 

Solo infelices que lloran 
Tu población involucra 
Y nadie en tus tierras lucra 
Ni el sol tus campos coloran; 
A tus picachos no doran 
Esos preciosos matices 
Los naturales tapices 
Que en regiones generosas 
Brindan las flores hermosas 
Donde anidan las perdices. 

Desdichados presidiarios 
Habitan tu triste suelo 
Y hasta el ave alza su vuelo 
De tus campos solitarios; 
Tus nieves son los calvarios 
Furiosos del huracán 
Martirio de los que van 
A tus montes pantanosos 
A juntar leña haraposos 
Para poder comer pan. 

A cualquier hora del día 
Se ven filas de penados 
Que trabajan custodiados 
Cerca de la serranía; 
Y allí en medio de la impía 
Temperatura Glacial 
Mas de una vez la fatal 
Idea de suicidarse 
Ha llegado a concentrarse 
En un cerebro anormal. 

Tu crepúsculo es eterno 
En la época del estío 
Y es este tan cruel y frío 
Como el riguroso invierno; 
Eres isla del infierno 
Un constante vendaval 
Y más de un ocasional 
Derramó llanto en tu arena 
Lo mismo que por su pena 
Un infeliz criminal. 

Tus montes impenetrables 
Tus arenosas llanuras 
Y las tétricas figuras 
De montañas implacables, 
Son los signos destacables 
De tu miserable suelo 
Y hasta el color de tu cielo 
Proyecta una negra sombra 
Que cubre al mar una alfombra 
Del más infinito duelo. 

Y en ti yo paso la vida 
Isla de la desventura 
Caos inmenso de amargura 
Por mi recién conocida; 
Página triste escondida 
Dentro de mi corazón 
Imborrable decepción 
De un fatal presentimiento 
Constante y cruel sufrimiento 
Que aniquila mi corazón. 

De mi hogar triste y perdido 
O para siempre deshecho 
Ya no volverá su techo 
A cubrir mi dulce nido; 
Y el lecho donde ha dormido 
Por mi madre yo me vi, 
Ya no tendrá para mi, 
Este sitio que otra veces 
Supo compensar con creces 
Las penas que yo sufrí. 

Hoy mi miserable hogar 
En mi soledad de paria 
Es mi celda presidiaria 
Donde llego a descansar; 
Allí me aduermo al llorar 
De mi alma apesadumbrada 
Sobre una cucheta helada 
Y ambiente envilecido 
Con el recuerdo querido 
De mi madre idolatrada. 

Me parece hasta mentira 
Al verme como me veo, 
Y juro que a veces creo 
Que mi alma enferma delira; 
Llora alma mía y suspira 
Marchita en Tierra del Fuego 
Mi llanto es constante riego 
Que va secando a mis ojos 
Como si fueran despojos 
De la retina de un ciego. 

En fin si la triste suerte 
Otro rumbo me dejara 
Y me señala la vara 
Implacable de la muerte, 
Soportaré como fuerte 
Esta desgracia sombría 
Y enterrado en la bahía 
De tus costas solitarias, 
No tendré ni las plegarias 
De la santa madre mía. 

 

 

 

 

 

   ©  Temakel. Por Esteban Ierardo