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MURALES PARLANTES DE UNA FACULTAD DEL SUR

                                                                          

                                                                                Fotos y texto de Andrés Manrique

 

                                  

    En las paredes de la facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, las paredes se han liberado de su habitual mudez. Una polifonía de colores y formas trasmutan las paredes lisas, silenciosas, homogéneas e inexpresivas, en murales parlantes. El arte de los murales no sólo trasmutan la seca faz de las paredes. También modifican el ambiente íntimo de una casa académica. Quizás, en secreto, el arte que bulle en los murales anhela una trasmutación del propio saber. De un saber no sólo devoto del concepto, sino también de la imagen ebria de figuras y símbolos. 

   En este momento de Temakel, Andrés Manrique nos guía en un viaje de imágenes entre los universitarios murales incendiados de arte...

  ( Aclaración: todas las imágenes que se presentarán a continuación pueden ser ampliadas mediante un clic)

 

MURALES PARLANTES DE UNA FACULTAD DEL SUR

    Habituados a lo artificial-inanimado, los comunes nos transportamos por la ciudad siempre hacia un destino previsto, siempre tan y demasiadamente planeado. Ya no la recorremos; ya no habitamos los ambientes, la usamos a ella, los usamos a estos. Nos movemos desde un plano o una guía que nos da las coordenadas para llegar, de la forma más eficiente, al lugar indicado. Nuestro entorno es sólo la estructura funcional que sirve para cumplir con nuestras actividades. Y que no se entrometa.

   Por esto es que ahora proponemos otra forma del habitar, la posibilidad de que la carcasa de cemento sea algo más que una mera protección del ruido y la temperatura externa. La posibilidad de que un muro, una columna, un edificio o el frente de una casa se transformen en el lienzo, la paleta y la creación de algún artista que ha dejado de lado el museo y ha escogido al hábitat mundano para plasmar su sensibilidad. La posibilidad de que lo inanimado dialogue y cobre una identidad: que un pasillo deje de ser el pasaje de acceso al ámbito deseado y que él mismo se convierta en la casa y el abrigo de otros seres creados.

    De este modo, poquito a poco, los espacios recortados para un fin determinado comienzan a cobrar relieve; de ellos se desprenden imágenes que nos interpelan, que nos comunican y que nos involucran en otras dimensiones.

    Las paredes abandonan el mutismo inmóvil al que fueron sometidas y para lo que fueron levantadas y se zambullen en el mundo simbólico que albergan. El color las invade e inyecta dinamismo a su rigidez. Los muros cobran plasticidad y los ángulos aburridamente rectos se quiebran.

   Las paredes, ahora, se internan en zonas que hasta el mismo muralista ignora.

   Las paredes, ahora, murmuran a cada uno diferentes cosas.

   Y así, de pronto, saltamos dentro de ese ambiente que trueca sus formas.

    Instados por su murmullo entramos a la Facultad de Ciencias de la Comunicación, en la calle Ramos Mejía 841, subimos por las escaleras de la izquierda, esquivando los carteles de agrupaciones políticas y las imágenes nos saltan encima. Como un grito:

                                                  fotomuralfacuaa.jpg (17375 bytes)

    Seguimos ascendiendo y a la derecha, la pared se amolda a la fertilidad femenina que avanza a nuestro paso:

                                                            fotomuralfacub.jpg (15272 bytes)

      Giramos la vista y frente al avance femenino, escaleras arriba, asciende el disco creador:

                                                            fotomuralfacuh.jpg (17551 bytes)

   Seguimos unos pasos y nos damos vuelta para ver el rugido de las paredes que nos llaman:

                                               fotomuralfacui.jpg (19868 bytes)

    Cuando volvemos al pasillo y seguimos paso por el segundo piso, nos encuentra la confusión del hombre y sus dilemas:                                       

                    fotomuralfacuc.jpg (30919 bytes)                      fotomuralfacud.jpg (34722 bytes)

    Apenas cruzando el río, de frente, nos internamos en el surrealismo y la multiplicidad de sentidos que provoca:

                        fotomuralfacue.jpg (18576 bytes)                         fotomuralfacul.jpg (18097 bytes)

             Unos pasos más y...

                                   fotomuralfacuf.jpg (18814 bytes)

     Pero si por temor bifurcamos por el pasillo hacia la izquierda, escapando a esa apertura, en seguida a nuestra derecha:

                                                      fotomuralfacug.jpg (15841 bytes)

    Y si curiosos continuamos el camino, desde arriba unos ojos azules nos observan:

                   fotomuralfacun.jpg (20494 bytes)                     fotomuralfacum.jpg (17159 bytes)

             Y un cuerpo que estira el misterio colorido de sus músculos: 

                                                      fotomuralfacuo.jpg (22798 bytes)

     Hasta que nos dejamos llevar por la apelación simbólica de un  misterioso y luminoso ser, que nos eleva:

                                                     fotomuralfacuk.jpg (19911 bytes)                

                                                     fotomutalfacuv.jpg (14928 bytes)

         Y después de estos viajes entre formas y espacios, lo que eran simples muros de un enclaustrado pasillo, se abren a la ciudad danzante...

                                                                             fotomuralfacup.jpg (21405 bytes)

  

                                                           

© Temakel. Por Esteban Ierardo