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L'ORIGINE DU MONDE" DE COUBERT

Por Ángel Uranga

 

L´origine du Monde" de Courbet

 

   Ángel Uranga, gran ensayista y novelista patagónico, nos has enviado un brillante ejercicio de hermenéutica filosófica sobre una especial obra de Gustave Coubert, el gran maestro de la pintura realista francesa, admirado fervientemente por los impresionistas. En esta pintura, el oculto órgano creador de la mujer es representado en su desnudez, en un magnetismo que puede engañarnos con una falsa sensación de inmediatez. Los sentidos del cuerpo femenino en la pintura de Coubert no son precisamente evidentes. El lúcido análisis de Uranga intenta revelar algunos de esos significados por los cuales la pintura siempre es una acción de pensamiento.   

Esteban Ierardo

 

L'ORIGINE DU MONDE" DE COUBERT

Por Ángel Uranga


   Courbet, en esta pintura lanza una mirada búmerang que al volver nos introduce en un vértigo fascinante. El pintor tituló su obra "L´origine du monde", origen que no debemos referirlo necesariamente a ningún comienzo astronómico sino al núcleo, la matriz, el centro y valor primero de nuestra existencia y condición. Incluso, y quizá forzando la interpretación, también podría referirse a la substancia, al fundamento, de acuerdo al concepto primigenio de los filósofos materialistas griegos al referirse a la physis, la naturaleza, la vida.
  Como todo gran artista, su mirar es de una audacia provocadora al atreverse a pintar lo secreto y oculto, aquello rigurosamente prohibido y reprimido por siglos por una cultura negadora del cuerpo, despreciadora de la piel, sospechante de las pasiones. Expone lo no visible ni representable por interdicciones morales, aquello que, siendo dicho, lo será con ambigüedad, como negación o "mala palabra " y con el más retorcido doble sentido, nunca con la legalidad del franco decir.
  "L´origine du monde" es un centro, el eje donde se concentra y gira el núcleo principal de la vida, la fuente del deseo, del sentido íntimo e inmanente de nuestra existencia.
La visión del sexo femenino –de eso se trata-, expuesta casi con violencia (la sola exposición del sexo tiene en si cierta violencia), pese a que la representación muestra una actitud reposada, no agresiva; sin embargo su violencia no emana de lo que se representa sino de la retórica moral que rodea al objeto representado (Retórica moral del espectador, no de la representación).
   La obra, tanto tiempo oculta, es de una audacia temática que sólo un genio es capaz de acometer; al pintar el nido sexual con su mata de vello púbico se enfrentó al espiritualismo oscurantista de una tradición tan milenaria como retrógrada, empeñada en ocultar y reprimir las fuerzas de la vida. Esta es la otra faceta de la audacia pictórica de Courbet, su enfrentamiento militante ante la hipocresía moral y social de la cultura con su pesada carga represora y culposa.
   Obra sin duda provocadora, al evidenciar lo invisible, expone como verdad lo real no evidente. La pintura cuestiona y desenmascara todo un universo imaginario. Como toda obra de arte, incomoda y desequilibra la moralina legitimada.
   Señalamos a la verdad porque ésta es, ante que nada, aletheia, descubrimiento de lo real des/velado, exposición de lo real como verdad, y el sexo aparece como la más raigal inmanencia en tanto mundo encarnado que somos, es decir; cuerpos deseantes-deseados, orígenes, emanaciones pulsionales de todo el universo significante, sea de la historia o de las grandes creaciones del genio artístico.
   "L´orgine du monde" no muestra un objeto, el sexo no es, de hecho, un objeto por más que se empeñen la fisiología o la medicina, resulta sí, en tanto cuerpo, la fuente de nuestro imaginario tanto consciente como inconsciente, por lo que la mirada del arte no es la misma que la de la ciencia, la de la religión o de la moral, en tanto respuestas enjuiciadoras tan prejuiciosas como reglamentaristas.
    La pintura representa un detalle del cuerpo femenino que muestra, especialmente en la unión de las piernas la tensión de la vida; es, sin duda, un cuerpo joven, su carne es sólida y es fuerte. Es el cuerpo de la mujer en posición no de entrega aunque predispuesta, expuesta y expectante, anhelando quizá, pero ahí está, relajada, mostrándose en su legítima e incuestionable presencia, ofrecida a nuestros ojos, para placer del voyerista que todos llevamos dentro.
    El detalle (sólo se percibe de la joven su sexo, el seno derecho y parte de sus muslos), nos permite mirar (más que observar) con la impunidad de quien mira o espía a una persona dormida, sin la molestia, sin la agresión o tensión de la mirada que te mira y cuestiona tu mirar curioso. Miramos "el origen" sin sobresaltos sin el peligro de ser sorprendidos como mirones, como quien mira una planta o a los animales aparearse, lo hacemos con curiosidad tanto estética como científica. Courbet nos invita a mirar de otra manera, nos llama a observar con mirada curiosa y realista, no olvidemos que el pintor fue considerado en pintura el "padre del realismo".
   No hay lugar para el pudor y la vergüenza, que son formas culturales de nuestra mirada. Al mostrar lo prohibido y al hacerlo sin pudor, roza, es cierto, aunque sin llegar a lo pornográfico, porque la mirada y el mostrar pornográfico consiste en la insistencia y el exceso de aquello que muestra; las escenas de una realización porno, aunque destinadas a excitar al espectador resultan de una frialdad cientificista; los primeros planos de los sexos imitan al microscopio obsesionado en los detalles epidérmicos, glandulares, en las gotas salobres de la transpiración o en la pesada viscosidad hormonal. Imágenes y significados escabrosos que transmiten la intencionalidad del realizador (enfoques, montaje, actuación) destinados a la complicidad culposa del espectador voyerista.
    El arte, en tanto habilidad, talento, técnica y disciplina del bien hacer, cuando menciona o discurre en torno al sexo y a lo sexual enseña a ver y a sentir, es o constituye una pedagogía de la sensibilidad; crea una nueva sensibilidad e inéditas estimativas .
    La pornografía que muestra lo sexual desde la curiosidad obsesiva y meramente mercantil, provoca del simple mirar sin ver un acto turbio y cosificante, el cuerpo se transforma en cosa, en materia de humillación y explotación. Sucede lo mismo que en política: cuando se trabaja honestamente por el bien común se hace arte político, pero el político corrupto hará pornografía política; y así en todos los órdenes.
    La percepción del arte al ser estética resulta enriquecedora de la sensibilidad por lo que, al tratar lo sexual produce arte erótico.
     El erotismo, en tanto refinamiento de la sensibilidad, arte del placer por el placer, del gozo como objeto de sí mismo, cualidades apreciativas que Kant proponía para el bien o la belleza pura en tanto "finalidad sin fin". La erótica sería el arte construido sobre la propia experiencia de la sensualidad intensa, la estudiada pasión, el placer refinado y como camino de búsqueda de unión con lo absoluto, por eso, como dice Bataille, lo erótico está ligado a lo sagrado.
   Por su parte, la pornografía en su pretensión de transparentar y evidenciar una supuesta verdad del acto sexual, en su exhibicionismo -lo porno es en sí mismo exceso, abuso gratuito-, pone en escena la pasión sexual como mecánico simulacro, como parodia. La pornografía que pudo en un determinado momento -cuando la censura se manifestaba desde el totalitarismo- tener un carácter subversivo y transgresor, en tanto respuesta libertaria a un ámbito social represivo, hoy por hoy en su repetición, aburre, estiriliza la imaginación y empobrece la sensibilidad.
   El sexo humano, que es imaginación creativa y es destrucción, pone en riesgo a la sociedad, por lo que su elección resulta transgresora, y en esta dialéctica, el arte, en tanto mediación produce el erotismo, o experiencia sexual estética.
  El erotismo es, de acuerdo con Octavio Paz, la sexualidad socializada y transfigurada por la imaginación. El arte erótico al elevar lo sexual a dimensiones estéticas, muta el instinto irreprimible en placer medido y amable, de ahí que el erotismo como arte resulta sospechoso para la sociedad al concebir el sexo para el puro placer que niega la reproducción.
    En "L´origine du monde" nos miramos en el espejo de nuestra condición de seres sexuados y deseantes. Vivimos en el permanente deseo de volver de alguna manera al origen, sea por el placer erótico, en el vértigo de la simbiosis entre Amor y Muerte, el orgasmo como "pequeña muerte", el Nirvana del definitivo sosiego.
   El sexo como el Abismo y la gran Tentación, el Deseo principal, la fuente de todos los deseos, es la caída y el vuelo, aquello oculto y prohibido que al mirarlo no deja de turbarnos, arrobados ante el ojo del huracán, el templo del éxtasis, la "cara de Dios", según el decir popular. Es el campo donde juega la dialéctica de la vida y de muerte.
   Ahí, juntos, el placer y el dolor, la luz y las tinieblas. Buscamos entonces en las espasmos de la unión sexual la fusión absoluta, la unión con la totalidad de lo Real. Queremos, en la unión de los cuerpos, dejar de ser discontinuidades individuales para realizarnos como continuidad cósmica. Morimos y nacemos cada vez que llegamos al clímax y fugazmente oscilamos en el sutil umbral que entre Eros y Tánatos.
   Al detenerse el pintor en el órgano sexual como sede del placer y lugar de la copulación, vale decir, de la unión de lo diferente, insiste en la topografía corporal que da origen a nuestro mundo.
    El arte, que es praxis corporal, erotiza la mirada y le infunde nuevos significados a la representación, por lo que Courbet nos diría que, "esto que ustedes ven, no es un sexo sino l´ origine du monde".
   Hasta aquí comenté una interpretación de la pintura de Gustav Courbet, una serie de ideas que me generaron la representación de su obra. Ahora bien, y sin agotar el tema, pienso en el devenir que el desnudo humano, en especial su aspecto más erótico ha tenido en la plástica; pienso en las figuras o estatuillas del arte incaico, en los relieves eróticos de los templos hindúes, en la pintura en platos y ánforas griegas y romanas, en la serie de "Venus" renacentistas hasta llegar a la "Maja desnuda" de Goya, y finalmente a esas dos pinturas de Manet "Almuerzo en la hierba" y la "Olimpia" que provocaran gran escándalo en la sociedad burguesa.
   A partir de entonces, mejor dicho, a partir de Cézanne, el desnudo en la pintura se convierte en la pintura desnuda, ésta se alejará de la retórica de la representación realista y busca sólo la forma, los tonos o la sensualidad en sí como en las féminas desnudas y horizontales de Modigliani o en las asperezas desnudas de "Les demoiselles d`Avignon" , en el puro movimiento del "Desnudo bajando la escalera" de Duchamps.
   Es decir, después del realismo, la pintura se despojará de lo literario y especular para y manifestar su propio y específico lenguaje, ese que tan bien ha expresado el título de un dibujo de Magritte al referirse a la pipa dibujada: "Esto no es una pipa"
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(*) Fuente: Ángel Uranga, "L'origine du monde", editado aquí de manera original.

 

 

 

 

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