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MITOLOGíA Y ARTE: DOS UNIVERSOS COMPLEMENTARIOS EN LA OBRA DE XUL SOLAR

Por Daniela Casaretto

 

Xul Solar (1887-1963)

 

  Xul Solar fue un notable pintor, inventor y visionario argentino. Gran amigo de Jorge Luis Borges, en su pintura confluyen el torrente de los símbolos míticos y ancestrales, la sapiencia astrológica, la apertura a lo religioso, lo lúdico que deconstruye convencionalismos y que crea un nuevo modelo de ajedrez o un nuevo lenguaje. Aquí, Daniela Casaretto traza un brillante recorrido ensayístico donde explora y une varias de las principales notas de la muy especial rapsodia visual, inventiva y simbólica de un genial creador.

E. I

 

MITOLOGíA Y ARTES: DOS UNIVERSOS COMPLEMENTARIOS EN LA OBRA DE XUL SOLAR

Por Daniela Casaretto

 

   Xul Solar: vanguardista de vanguardias

   A partir de la segunda mitad del siglo XIX, cuando las formas productivas capitalistas se comenzaban a consolidar en casi toda Europa occidental, los cánones estéticos sufrieron una gran transformación. No fue simplemente una distorsión de cánones anteriores, la transformación implicó un cambio estructural en la forma de percibir el arte.

El avance de las nuevas formas productivas trajo aparejado la destitución de toda tradición. Al deshacerse el colectivismo medieval y al perder la fe en el positivismo del progreso como consecuencia de los conflictos mundiales del siglo XX, el hombre moderno se vio atrapado en un mundo nuevo que ya no le pertenecía, sobre el cual no tenía el control: la sociología de Durkheim que plantea a los hechos sociales exteriores e independientes a las voluntades individuales, la "economía-política" de Marx que, (si bien discutida en numerosos textos), sostiene la determinación de la estructura sobre la super-estructura, y las investigaciones de Freud que despojan al individuo del poder sobre si mismo. Por otra parte el individualismo de la modernidad y el aceleramiento del devenir, del cambio, la revolución constante de las formas productivas, derrumbaron las nociones estéticas. Las corrientes artísticas duran tan poco que los cánones no llegan a cristalizarse en el tiempo. La Belleza se hizo minúscula: a partir de esta época podemos notar la aparición de las Vanguardias que, entre otras tantas cosas, padecen la particularidad de lo efímero; una continua sucesión de vanguardias. La manera en la que el artista se acerca al mundo y a sus pares es de una subjetivad tan fuerte que las convenciones se complican; paralelamente las burguesías nacionales "engordan", necesitan nuevos mercados y tierras para explotar y se suceden las guerras mundiales. El espíritu queda devastado; se pierde la fe en el arte; surge el Dadaísmo. Los contenidos desaparecen con una brutalidad feroz y la forma pura atenta contra la existencia del arte. De este movimiento, completamente autodestructivo, muchos saltaran al surrealismo contando con el marco teórico que Freud había aportado. El redimensionamiento del concepto de realidad consistía en una de las principales intenciones de aquellos que pertenecían a esta vanguardia. La realidad "objetiva" no era la única ni la más legítima o verdadera, para éstos existía otra realidad: el inconsciente que hasta entonces había sido ignorado. Los surrealistas intentarían unir estas dos realidades, querrían construir una meta-realidad.

Como ya es sabido el hombre desde siempre ha intentado explicar el mundo. Lo hizo a través del mito, de la religión, a través de la filosofía o de la ciencia, en suma quizás todas ellas nuevas reencarnaciones del mito originario. En la modernidad el hombre entiende que el mundo no existe de por sí sino es como una construcción del sujeto. Concepto, este último, clave durante toda la modernidad y post-modernidad: el sujeto, el individuo se convertirá en una "fabrica" de sentido, llenará constantemente el vacío que ese el descubrimiento había generado, explicará y dará sentido a las cosas desde la o desde las esferas que eventualmente más oportunas le resulten (la ciencia, la religión, la filosofía). En este marco se dibujarán los personajes muerto-vivos de Bécquer, la mentira metafísica de Arlt, los seis personajes en busca de un autor de Pirandello. En este clima de desconcierto general que ha caracterizado los últimos tiempos de la historia humana aparecerá Xul (luz) Solar proponiendo una nueva manera de acercarse al mundo a partir de las distintas religiones, artes, de distintos métodos, de un sinfín de innovaciones que contribuirían al verdadero desarrollo del espíritu humano.

La figura de Xul Solar ha sido largamente asociada al movimiento surrealista en función de las evidentes similitudes que ha compartido con la vanguardia. Sin embargo tales semejanzas no deben ni pueden reducirse a identidad, las diferencias abundan en forma y contenido más allá de las frecuentes reciprocidades que eventualmente compartiera con los integrantes del movimiento. La obra de Xul Solar rechaza todo encasillamiento; se ha intentado, por el cientificista equívoco de archivar todo suceso, aproximar su obra al simbolismo, al expresionismo, al realismo mágico, al dadaísmo o particularmente al surrealismo. Pero lo cierto es que ninguno de estas fijas definiciones se ajustan a su poética singular y compleja; su estética y su "Stimmung" (disposición de ánimo) desbordaban incluso las normas del surrealismo, es significativa la interpretación de Walter Benjamín al respecto: "Surrealismo significa pesimismo en toda la línea. Así es y plenamente. Desconfianza en la suerte de la literatura, desconfianza en la suerte de la libertad, desconfianza en la suerte de la humanidad europea, pero sobre todo, desconfianza, desconfianza, desconfianza en todo entendimiento: entre las clases, entre los pueblos, entre éste y aquél"1. Nada más alejado de sus sentimientos que el pesimismo y la desconfianza, siempre guiado por la optimista creencia en la unión de todos los hombres, que lo incentivarían a sus más osados proyectos.

Según Borges recuerda, Xul no creía profundamente en el arte moderno y la mayor parte de sus innovaciones le resultaban "arcaísmos"; se consideraba a sí mismo un pintor realista, ya que, lejos de representar formas arbitrarias, pintaba las formas del bien y del mal, las divinidades que rigen el mundo tal como las había visto "realmente" en sus visiones. Pero son justamente sus visiones, sus relatos de excursiones por los otros mundos, aquellas que recuerdan las escrituras automáticas de los surrealistas.

Como "bestimmung" o determinación y a falta de toda posible definición esquemática, Xul Solar se ha referido a sí mismo como "recreador, y campeón mundial de un panajedrez y otros serios juegos que casi nadie juega; padre de una panlengua que quiere ser perfecta y que casi nadie habla; y padrino de otra lengua vulgar sin vulgo; autor de grafías plasti-útiles que casi nadie lee; exegeta de doce religiones y filosofías que casi nadie escucha"

En la engorrosa tentativa de encasillar su enorme versatilidad, su espíritu multifacético, en una rígida definición, resulta oportuno citar aquel sintético apelativo con que solía aludir a sí mismo: "castrólico"; condensada nominación en que se concentran comprimidos los cuatro pilares que, a grandes rasgos, delinean su individualidad: respectivamente, cabalista (ca), astrológico (tro), liberal (li) y coísta o cooperador (co).

Despojada de toda realidad indicial, de todo particularismo, de todo referente histórico, la vanguardia, podría funcionar como eficaz caracterización de las ambiciosas coordenadas espacio-temporales que Xul Solar ocupó durante toda esa primera mitad del siglo XX: un adelantado a sus tiempos, por lo que todo arbitrario intento por adaptar su heterogeneidad, la riqueza de sus actos y potencias a las cristalizadas categorías del pasado, resulta un penoso reduccionismo y una paradójica caída en las prisiones de la convención a las que tanto se empeñó en abatir. Xul Solar ha resultado ser un verdadero inclasificable del arte contemporáneo y como tal único exponente de su propia vanguardia; un lúcido visionario.

Su notable singularidad ha hecho de él, sin embargo, un genio incomprendido, ininteligible y despreciado por sus coetáneos, como por quienes, aún medio siglo más tarde, encuentran en sus cuadros solo humor e ingenuidad, o quizás el miedo que avasalla ante lo desconocido. Para algunos sus pinturas esotéricas y misteriosas encierran simplemente el encanto de lo insólito, de la inocencia, del humor y lo excéntrico; pero otros han sabido ver o intuir en él, una experiencia múltiple fundada sobre profundos conocimientos de religiones y filosofía hermética, mitologías y astrología, a la que consideró clave reveladora de la armonía universal y de la unidad del cosmos; un personaje ecléctico que ha admirado las profundas culturas orientales (desprestigiadas por la indiferencia del mundo occidental etnocentrista), que logrará combinar con las culturas precolombinas, dando forma y vida a una "cultura de mezcla"2. Su pintura saturada de fantasía y originalidad, solo cobra sentido dentro de su mundo espiritual, como un medio ideal para promover la comunicación entre los hombres haciendo símbolos de las imágenes; un intento que en lo absoluto se limita a la pintura, pues se extiende incluso a su optimista tentativa de elaborar un lenguaje universal que uniera a todos los hombres. Era un tenaz partidario de la integración, y en ello y por ello se explica el carácter al que obedece su simbolismo que, en lo absoluto arbitrario, responde a una concepción esotérica basada en la correspondencia que existe entre los diversos órdenes de la realidad natural y sobrenatural, donde se considera a lo natural exteriorización de lo sobrenatural. Los símbolos hacen sensible todo concepto inteligible, creando un nexo entre el cuerpo y el espíritu, mediadores de múltiples sentidos coherentes y verdaderos y por tanto susceptibles de ser sometidos al dominio de la exégesis; interpretables en diferentes niveles en relación con la percepción determinada de cada espectador frente a la obra.

 

Xul Solar y su sed metafísica:

Dueño de una sed metafísica, de un ansia de conocimiento y de un romántico espíritu aventurero, se embarcará clandestinamente, en 1911, en un buque de carga que supuestamente lo llevaría a Hong Kong, quizás inspirado o maravillado ante el exotismo oriental, los monasterios tibetanos. Pero no por azar, el destino le encomendó un extenso peregrinaje por Francia, Alemania, Italia, Inglaterra, España, por los estudios de religiones y filosofías, por cenáculos, reuniones, sociedades, museos, exposiciones.

Impulsado quizás por las fuerzas dialécticas que se disputan entre el todo y la nada que eclécticamente coinciden en él, comprende que lo puede ser todo aunque su libertad consista paradójicamente en la humilde y sabia elección de la parte. Dentro de una insólita y desafiante "weltanschauung", organiza un mundo de aparentes manifestaciones heteróclitas sobre sólidas concepciones sincréticas, que confluyen en una suerte de correspondencias o analogías entre las ramas del saber; saber que la modernidad se ha encargado esquemáticamente de clasificar, haciendo de lo real un mosaico de compartimentos, de recortes fragmentarios, una mera suma de partes yuxtapuestas, inconexas, exorcizadas de esencia, de verdad. Xul Solar rescata aquel arcaico principio euclidiano según el cual el todo es irreducible a la mecánica suma de las partes, y en ello toma forma su misticismo, su sentido de lo real que trasciende la aparente manifestación de heterogeneidad y que descubre más allá de ella un orden universal y único, que buscará expresar simbólicamente y en surtidos formatos; una modalidad coherente con su provocativa concepción del universo que desafía permanentemente los límites de lo cotidiano, limitado y conocido. Se ha consagrado como portador de profundas y curiosas inquietudes que abarcan cada área del espíritu humano obviando toda clase de distinción jerárquica entre supuestos niveles de conocimiento; partidario de la transformación e integración de todas las categorías en su totalidad, demuestra su preocupación por dicha totalidad y por todo aquello intelectualmente abordable: arte, lingüística, filosofía, religión, mitología, ciencias astronómicas y submarinas, música y pintura.

La astrología ocupará una jerarquía nuclear en el seno de sus especulaciones, pues por medio de ella Xul cree intuir las leyes analógicas del universo y a partir de ellas deducir las relaciones necesarias que enlazan microcosmos y macrocosmos, principio de correspondencia presente en todas las religiones.

Su propio concepto de "catrolicismo" se identifica justamente con la armoniosa conjunción de religiones. Su perfil sincrético lo lleva a integrar partes de las grandes doctrinas religiosas, filosóficas, en una unidad, testimonial del producto de su pensamiento relacional. Xul reconoce la similitud, las simetrías, en lo que aparenta ser radicalmente diverso, lo igual trascendental vedado a quién con percepción ingenua se detiene ante la irregularidad de la superficie. Preso, en los primeros años, del entorno burocrático y rutinario de un puesto público en la Municipalidad de Buenos Aires, calmará su incompatible temperamento renovador, ávido de conocimientos místicos, sumergiéndose en el descubrimiento de las grandes religiones del mundo: el hinduismo, budismo tibetano y japonés, taoísmo chino, judaísmo, islamismo y cristianismo. En su tentativa de dar forma y contenido a una nueva representación del cosmos se servirá particularmente del brahmanismo de la India antigua, las enseñanzas de los Vedas, sus escritos sagrados, conceptos extraídos del lamaísmo y del tantrismo, a los que incorporará las influencias de los pensamientos espiritualistas de Rudolf Steiner y el misticismo de Emanuel Swedenborg en su búsqueda de la máxima espiritualización en la tierra como medio de comprensión de la realidad trascendente.

En coherencia con su modalidad holística de recepción de lo real, Xul, mediante interpretaciones astrológicas que siempre actúan de sustrato de sus formulaciones teóricas, logrará establecer los nexos ocultos que vinculan entre sí, lenguaje, música, pintura, teatro, juegos, matemáticas, arquitectura; inspirado en la cábala mística hebrea, el artista dará cuerpo y vida a su propia cábala

Genuino autodidacta, jamás estudió dibujo o pintura, ni tampoco ingresó a facultad alguna tras haber cursado por dos años arquitectura en la Universidad de Buenos Aires. Le resultaría incompatible con su temperamento el rigor de lo académico. Sus obras han sido producto de experiencias íntimas, místicas, un aspecto que lo ha llevado a ser objeto de reiteradas comparaciones con William Blake: "Si tuviéramos que encontrar algún hombre parecido a Xul, tendríamos que pensar en William Blake: su obra no se parece, desde luego, nadie puede confundir un cuadro de Xul con un cuadro de Blake, pero se parece en el sentido de que ambas obras salieron de experiencias íntimas; los dos fueron pintores místicos"3. Xul Solar respetará siempre y en cada plano posible de existencia y realización humana una misma actitud, a la vez única y universal. Su perfil mesiánico lo incitará a vivencias signadas por la voluntad de integración, de comunicación, o mejor aún de comunión humana; un impulso total revelado en cada detalle, en cada iniciativa de un políglota obsesionado por la intersección, entrelazamiento, mezcla, interconexión en todos los sentidos, un verdadero cosmopolita, tal como el mismo Borges lo definió. Su ininterrumpido esfuerzo conllevaría la realización de uno de sus más ambiciosos proyectos en el ámbito de la lingüística: una lengua universal, la "panlingua"o "lengua universal". Más allá de los obstáculos que comportan las distinciones idiomáticas, esta lengua "monosilábica, sin gramática, de base numérica, y astrológica y combinable a voluntad", tal como él mismo la definió, garantizaría la comprensión mundial entre los hombres; su diccionario sería otro de sus peculiares inventos, el "panjogo" o "panajedrez": "las consonantes son las piezas del juego y las vocales con sus combinaciones son los escaques del tablero que suman ciento setenta y nueve", explicaba sobre el proyecto que habría llevado siete años de trabajo y que en cierto modo constituiría un resumen de todo su sistema de equivalencias construido sobre la base de la astrología; un juego que permite simultáneamente formar palabras, crear acordes musicales, o temas pictóricos con el principio de correspondencias de las percepciones sensoriales, sin dejar de plantear problemas matemáticos. Cabe resaltar que, en líneas generales, estos inventos, o más exactamente recreaciones, permanecieron inconclusos, como resultante de la continua experimentación, reelaboración, en su incesante proceso de perfeccionamiento.

 

Xul Solar: su Pintura

Gran parte de su producción pictórica se ha caracterizado por el uso sistemático de un color saturado, irisado, de formas esquemáticas y planas, planimetrías que la crítica de sus tiempos ha malinterpretado, reduciéndolo a una suerte de artista infantil, ingenuo, puro; atributos que lejos (y no tan desmesuradamente lejos) están de su verdadera caracterización. Deben rechazarse todos los simplistas o peyorativos intentos en hacer de él un mero reproductor de imágenes superficiales o delirantes, pero debe aún reconocerse a sus recreaciones, los estímulos, las pulsiones, de la infancia incontaminada de convenciones, alegre, colorida, soñadora, libre; madurar no implica represión, exterminio de las raíces infantiles, sino crecer incorporando experiencia como herramienta útil disponible, un escalón necesario en su camino de ascensión. Las elaboraciones de Xul eran en este sentido, en cierto modo, pedagógicas, aspiraban a la reeducación de la humanidad, un "homo novas", una toma de conciencia o una nueva conciencia, su renovación, entendida como un cambio de dirección, la modificación de aspectos que la experiencia y el dolor indican errados.

Entre personajes tratados geométricamente, a veces por planos yuxtapuestos que recuerdan la pluralidad de prospectiva del cubismo, y formas no representativas, también geométricas, entre transparencias del color, superposiciones de formas, flechas, números de significados simbólicos, símbolos de la alquimia, del tarot, signos astrológicos, letras, y constantes serpientes, dragones y pájaros simbólicos, Xul juega construyendo mundos mentales e imaginarios de multiplicidad de puntos de vista que dislocan la escena, de "plurentes" o seres complicados de varios rostros. Tal modalidad de presentación es la que justamente confiere realidad a la obra, libre de recorte, fragmentación, desmembramiento, integrada al todo en un absoluto infinito y metafísico que, por definición, carece de centro fijo, segmentación, unilateralidad, esquema fijo.

Inquietado por reflejar sus aspiraciones de ascensión y autoafirmación, se alejará transitoriamente del uso de colores saturados, experimentando en sus "dibujos" con blanco y negro. Luego, enseguida, recuperará el color en los retratos de paisajes imaginarios, montañas antropomorfizadas, arquitecturas semánticas, rampas o escaleras, entre variada iconografía religiosa que reitera abiertamente la mística de la ascensión, la trascendencia de las condiciones humanas, penetrando en los niveles cósmicos superiores. Xul era un ser de incesante imaginación, de creación o mejor aún de recreación, de experimentación, de búsqueda metafísica de lo invisible y desconocido, lo más allá oculto que escapa a la percepción. De espíritu atento, condensaba el esfuerzo de quién imprevisiblemente inventa, vive fabulando continuamente, libre de toda imaginación ociosa, siempre encaminada, orientada, convencida y deseosa de alcanzar el verdadero conocimiento. Toda la obra de Xul responde a un recorrido experimental, a la profundización de la experiencia de sí mismo, a partir de la que participa de una reciprocidad modeladora entre sí mismo y el producto de su espíritu. La pintura es la externalización de su "yo" que se torna re-conocimiento y des-cubrimiento de sí mismo; oportuno citar una creencia griega arcaica: "la memoria es la madre da las musas".

Se reconoce a menudo en la figura de Xul Solar, uno de los motivos más recurrentes de la cultura romántica, aquella concepción de la vida como inquietud, aspiración, deseo, esfuerzo incesante ante el vértigo del infinito; lo que lleva al hombre a un estado de perenne tensión en que quiere trascender los horizontes del finito. Este espíritu faustiano delineado por Goethe o el idéntico "Streben" (esfuerzo) teorizado por Fichte, coinciden con la batalla eternamente conducida por la conquista de la propia humanidad. La expresión germánica "Sehnsucht" sintetiza la interpretación del hombre como deseo y falta, insuficiencia, el deseo frustrado hacia un "quid" que siempre escapa, inasible a la razón humana. La Sehnsucht se identifica con la aspiración hacia el más y el más allá que se resuelve en "un deseo de tener lo imposible, de conocer lo inconocible y de sentir lo suprasensible"4.

Xul será asociado en estos sentidos a la noción de angustia Kierkegaardiana, una condición generada en el hombre por el posible que lo constituye, la conciente ignorancia, y el puro sentimiento, de la posibilidad de poder. Así la angustia se asocia a aquello que no es pero puede serlo potencialmente, a la nada que es posible, a la misma condición humana. "En lo posible, todo es posible" afirmaba Kierkegaard vinculando estrechamente la angustia con el principio de infinitud, omnipotencia e indeterminación del posible. La infinita posibilidad de realizaciones tornan paralizante la selección de ejecuciones efectivas, la totalidad es inabordable, el conocimiento absoluto es inasible; ello genera la angustia existencial del artista refugiado en el pathos del símil analógico.

 

Xul Solar: la mitología arcaica

Una síntesis compleja, un microcosmos que posee en pequeña escala el universo compactado, quizás el resumen de sí mismo durante siete años de trabajo, significarían esta sintética invención, este juego saturado de simbologías e imprevisible potencialidad creadora, de realidad, de la noción de tiempo y espacio, de azar entre representaciones zodiacales o planetarias: el "panajedrez". Más allá de todos sus particulares aportes, con los que de todos modos se posicionó auténticamente comprometido, su interés permanente se centraba en la astrología, era su verdadero acceso al conocimiento. De allí se explica, por consecuencia, que no pudiera mantenerse al margen del mundo mitológico de las ancestrales civilizaciones arcaicas y primitivas, que en gran medida construyeron, dieron vida a sus mitos, con la vitalidad que confiere la astrología, el poder astral, su influencia, (no digo su determinación), sobre todo el conjunto cósmico; por medio de los astros la humanidad se ha explicado el mundo de los tiempos pretéritos. "El mito es arcaico y se refiere a sacramentos, es decir, a actos que presuponen una realidad absoluta, extrahumana"5.

Las sociedades arcaicas tradicionales se han caracterizado por el rechazo, la rebelde desconsideración del fenómeno histórico, el tiempo concreto y la hostilidad hacia toda tentativa de historia autónoma sin una correspondiente regulación arquetípica; se han visto particularmente dotadas de un sentido de nostalgia por el retorno periódico al tiempo mítico de los orígenes, menospreciando todo acontecimiento indiferente a los modelos transhistóricos: esconden tras la negación del hecho profano, una profunda valoración metafísica de la existencia humana. Lejos de identificar sin restos la insólita creatividad imaginativa, la afluencia de pensamientos que corresponden al artista, se reconocen, sin embargo, los significativos paralelismos que aúnan ambos paradigmas, pues de algún modo, Xul Solar, ha sabido reconocer en la ontología arcaica una fuerza capaz de renovar las concepciones del universo. El mundo arcaico mitológico, al margen de las grandilocuentes y sistemáticas producciones teóricas, ha conservado quizás una riqueza hoy extraviada, o, más precisamente, olvidada, sustrayéndose, alejándose de las "modernas" e inflexibles esquematizaciones con las que los hombres han pretendido organizar, moldear, forjar, las estructuras reguladoras del cosmos. Los hombres de estos tiempos pasados, librados de la formulación, se han expresado por medio de símbolos, mitos y ritos mediante los que materializaron complejos sistemas de afirmaciones coherentes sobre la realidad última de las cosas; sencillamente, sistemas metafísicos sobre los que los hombres han construido su hermenéutica cósmica por medio de determinaciones de infinitud intensiva, es decir infinitamente interpretables, y "omnicomprensivos", aplicables a todo plano de lo real.

En los tiempos modernos que aquejan al pintor, los procesos conceptuales han devenido según los intereses normativos del proceso histórico y, obedientes a tales directivas, se han tornado definiciones nominales sin valor cognoscitivo, detenidos ante el nombre sin ser desarrollados; vacíos de significado en los que radican, quizás hoy, útiles significados: el diplomático interdicto al libre ejercicio de la imaginación.

Privados de ánima, vueltos tautología, los concepto pierden su naturaleza dialéctica a la vez idéntica y no idéntica, cualidad que, en la contemporaneidad, se exhibe fracturada, pues los conceptos son reducidos a pura identidad renunciando a la riqueza auténtica del significado del mito; los conceptos se cristalizan abandonando la capacidad dialéctica que el mito resguardaba. Carentes de esa propiedad de superación que comporta el intrínseco conflicto de opuestos, los conceptos permanecen sumergidos en la falsificación y en la ausencia absoluta de comprensión, de legítima interpretación y reinterpretación. Sin ajustarse a la verdad, la errónea retórica a la que el concepto moderno se rebaja, logra apropiarse arbitrariamente del sentido primordial anulándolo, y consecuentemente desvalorizándolo.

La narrativa cotidiana circulante se revela quizás como expresión de encubiertos intereses que reproduce el inconsciente colectivo. Todo conocimiento, hecho fórmula, se ha reducido a conocimiento nuclear, axiomático, y se ha vaciado de toda energía imaginativa; censurada la fantasía que comporta el lado anular del saber, la comprensión se tergiversa ante el concepto congelado y por tanto privado de toda originalidad e innovación. El conocimiento se vuelve falso y homogéneo. Los mismos usuarios cotidianos del lenguaje hacen desfilar tales verdades prefabricada, que impactan holísticamente sobre el sujeto de modo que funda una suerte de artificiosa religión, de mito, que discurre como dogma, truismo; son verdades que (dudosamente) comprendidas permanecen de todos modos irreflejas.

La modernidad exorciza ese "schleiemacher" residual de las mentes de los interpretantes. Ante esta "realidad" de accesos denegados a las verdades trascendentes, la imposibilidad de penetrar en ellas con los medios que el presente ofrecía, resulta sensato recurrir a las energías atesoradas del pasado, a las fuerzas reveladoras de las mitologías arcaicas.

Desde ellas Xul Solar se apartará de las visiones fragmentarias de lo real e incorporará a su existencia un paradigma unitario, unificador y coherente, en el que los objetos, actos y hechos del mundo exterior no tienen un valor intrínseco autónomo, sino que adquieren un valor; se tornan reales porque participan de una realidad que los trasciende, aquella que les confiere sacralidad. Así los hombres arcaicos sacralizaban, saturaban de ser incluso aquello que la humanidad ha ido paulatinamente desmereciendo, rebajando a inanimado; el mundo mítico reconocía la totalidad, la respetaba, participaba en ella y de ella, conciente de su recíproca compenetración con la naturaleza omnipresente, con el "mana" primordial que expresa el símbolo. Toda dimensión física adquiere valor, significación, identidad, exclusivamente en la medida en que participa de una magnitud arquetípica, paradigmática, y de ello se deduce en el orden "primitivo", la repetición, imitación del prototipo ideal y por tanto la vida se torna repetición de actos ya planteados y vividos anteriormente, Esta variable del universo mitológico planteada de modo talmente radical, es próxima (y no por ello equivalente), a la reflexión especulativa de Xul, lo que se lee ya de su misma noción de sí mismo como recreador (no inventor), pues la fabulosa enormidad del cosmos efectivamente existente, garantiza la continuidad del movimiento ascendente siempre dentro de su infinitud limitada; lo nuevo existe en lo viejo reproducido como fenómeno innovador y creativo.

El conocimiento es ahora relacional en el sentido de que su verdad deriva de su relación o vínculo con un modelo celeste metafísico que opera sin excepciones sobre la realidad total. Cada objeto o acontecimiento se conoce y re-conoce en la medida en que corresponde primero al orden celestial, a una "idea platónica"; cada realidad en su manifestación fenomenológica posee una contrapartida trascendente que representa la verdadera realidad a la que el artista accede intuitivamente con mayor profundidad que el vulgo, y de la que se proclama o instaura como comunicador, mediador entre ambas dimensiones. Aquí se sintetizan el recurrente elitismo aristocrático atribuido a Xul, y su disposición al democrático acceso al campo del saber, que, en última instancia, se revela; inquietudes democráticas secundadas por el auge explosivo del aparato massmediático y su impacto gravado en el clima vanguardista; todos acceden a la información del mismo modo que cada cual accede a la verdad necesariamente traducida o interpretada por la intermediación del artista entre ambos planos de lo real.

Otra particularidad alimenta y estimula las curiosidades del filósofo: la unidad que se revela comparativamente entre sociedades entre sí ajenas temporal y espacialmente, las armonías analógicas, las semejanzas o estructuras de fondo capaces de contener universos simbólicos a simple vista heterogéneos y que acaban por manifestarse armónicos, conexos, sincrónicos, y posiblemente idénticos. Allí Xul reconocerá un testimonio garante de verdad, allí comprobará sus visionarias intuiciones profetas de la perfección unitaria, del caos vuelto cosmos, y se esforzará por revivir o hacer actual el reino de tal perfección, seriamente dedicado a la labor regenerativa de lo real mediante toda artística contribución posible. Es la búsqueda de la unidad humana, la búsqueda de la hermandad perdida, integrada con y entre sí.

Tal como ha sido propio de la atmósfera romántica, Xul reconoce el absoluto en el detalle, recrea lo creado y de tal modo reproduce "microcósmicamente" la creación hasta los límites que su naturaleza humana le permiten, embarcado en caminos de superación, de obsesiva ascensión continua, de sed por lo real, por el ser, tal como el primitivo añora lo real.

Sus frecuentes representaciones escénicas descentradas dan cuenta de un supuesto diseño del universo en el que el mundo no se agota en una circunferencia finita, no presenta un centro fijo, estático, definido y permanente, pues todo el espacio y toda la realidad se ven comprendidas en un mismo y único cosmos con su centro en todos lados y en ninguno.

Las creencias arcaicas han asignado un gran prestigio a la noción de un "centro", tal como atestiguan simbolismos arquitectónicos, en los que templos y palacios (y por extensión ciudades consideradas sagradas) han sido asociados a "montañas sagradas" donde cielo y tierra se reúnen, "axis mundi" en que cielo, tierra e infierno se encuentran sobre un mismo eje central. Paralelamente Xul representará irisadas montañas, troncos, mástiles elevados hacia el cielo como centros de pasaje a las regiones cósmicas superiores, realizando la ansiada ruptura de nivel, trascendiendo el espacio"profano", heterogéneo, y penetrando en la mística oculta a la que se accede desde todas las realidades, desde todos los centros, desde toda parte, detalle, por medio de todas las cosas que en el fondo heredan la unidad esencial. Aquí se esconde su relativismo total, tal como Borges se lo atribuyó.

Solo Xul se atrevería entonces a tratar la gestación de Jesús en el vientre de María según los términos de la embriología, del mismo modo que muchas tradiciones cosmológicas han expresado el simbolismo del centro en formas extraídas de la embriología, dónde la cima de la montaña cósmica no es solo el punto más elevado de la tierra, sino también el ombligo, el punto donde la creación comenzó. "El centro es la zona de lo sagrado por excelencia, la de la realidad absoluta. (…).El camino que lleva al centro es un "camino difícil" (…) de peregrinaciones cargadas de los peligros de las expediciones heroicas (…); extravíos en el laberinto; dificultades del que busca el camino hacia el yo, hacia el "centro" de su ser. El camino es arduo está sembrado de peligros, es un rito del paso de lo profano a lo sagrado; de lo efímero y lo ilusorio a la realidad y la eternidad, de la muerte a la vida, del hombre a la divinidad. El acceso al centro equivale a una consagración, a una iniciación, a un a una existencia real, duradera y eficaz"6. Así Xul Solar interpretó y vivió su propia vida.

De estas antiguas mitologías el pintor ha recuperado en sus habituales trazos pictóricos, figuras zoomorfas, pájaros, dragones y por sobre todo, serpientes, que en aquellos mundos pretéritos simbolizaban (como los dragones) el caos, lo amorfo no manifestado. Se hallan impregnadas, muchas tradiciones, de simétricos simbolismos cosmológicos donde las serpientes han transmitido el sentido de involución, modalidad preformal del universo, el uno no fragmentado previo a la Creación. Su fulminación decretaba simbólicamente el acto de la creación, del pasaje de lo amorfo a lo formal, pues la serpiente impedía que el mundo se hiciera o durara; representaba el caos anterior a la creación. De todos modos este caos no es más que la forma amorfa de lo real indiferenciado, y como tal también verdad, un caos primordial, germinal, digno de ser conocido aunque inaccesible en su plenitud al categórico conocer que guía la razón humana. En este sentido Xul proveerá de tanta más profundidad y potencia al ejercicio disperso de la imaginación, a la autoridad educadora de la intuición omnipotente.

Desde cierta perspectiva, la representación simbólica de la serpiente guardaría en sí una significación quizás paradójica, pues se plasma a través de ella la coincidencia del ser y el no ser; en ella coexiste toda la realidad genérica contraída (el caos indistinto es ya el todo luego distintamente manifiesto) y por tanto, cielo e infierno conviven, pasado y futuro se identifican con esa misma sub-stancia metafísica que la serpiente intenta someramente transmitir.

Con frecuencia los variados modelos míticos han identificado dragones y serpientes, pero una cualidad atribuida al dragón los distingue significativamente: el fuego elemental que pone término a las formas ya existentes y gastadas para dar lugar al nacimiento de una forma nueva. De tal modo el dragón se torna una unidad dialéctica de muerte y simultánea resurrección, reactualización de la creación, un hombre nuevo tal como Xul Solar pretendía renovar.

Él recrea la realidad en sus obras, construye del mismo modo que los hombres arcaicos explicaban sus ritos de construcción como imitaciones del acto cosmogónico; todo está animado, todo dotado de alma, todo puede ser revivido a través del sacrificio: "el prototipo del rito de construcción es el sacrificio que se hizo al fundar el mundo"7. Xul recrea y con el mismo acto sacrifica las realidades más alejadas del centro, conducido por el anhelo sediento de la unidad subyacente; un centro que en verdad coincide con todos los espacios, pues todos se consagran como realidad viva, como verdad que atestigua la voluntad de Verdad. Del mismo modo, la humanidad en el pasado aseguraba la realidad de las construcciones por "la transformación del espacio profano en espacio trascendente ("el centro") y por la transformación del tiempo concreto en el tiempo mítico"8 del "principio"; tiempo al que Xul se recoge, se retrae en él mismo por medio de meditaciones y visiones plasmadas artísticamente en recurrentes formas geometrizantes, eternizadas, "realistas", que como los antiguos sacerdotes, Xul Solar se responsabiliza por comunicar; detentor del poder del rito y del verbo.

"El hombre no hace más que repetir el acto de la creación; su calendario religioso conmemora en el espacio de un año todas las fases cosmogónicas que ocurrieron ab origine. El año sagrado repite sin cesar la creación, el hombre es contemporáneo de la cosmogonía y de la antropogonía, porque el ritual lo proyecta a la época mítica del comienzo. Una bacante imita mediante sus ritos orgiásticos el drama patético de Dionysos , un órfico repite a través de su ceremonial de iniciación las hazañas originales de Orfeo"9, y la "liturgia" recreativa de Xul Solar es también una "imitatio Dei", una reactualización de esos fértiles fundamentos vivientes escondidos más allá, ese impulso restaurador de la plenitud integral.

En los tiempos pasados que Xul Solar se propone recuperar, las acciones, las actividades eran todas en conjunto retenidas "responsables", todas incorporadas a las directivas de una finalidad propia y definida, eran todos actos rituales completamente ajenos de lo profano. A modo de ejemplo, e independientemente de las desacralizaciones y resemantizaciones características de nuestra Modernidad, todas las danzas han sido sagradas en su origen, y en especial los hombres de ayer y de hoy han sabido reconocer en la música un médium incontenible por las barreras de la conceptualización lógico-racional, por tanto interiormente comprendida por categorías que trascienden la comprensión racional. Claude Levi-Strauss ha afirmado al respecto: "la invención de la melodía es el supremo misterio del hombre", y tal consideración del tesoro musical se ha visto marcadamente en el universo de curiosidades que inquietaba a Xul, que veía en ella una dimensión que, lejos de ser irracional, resultaba irreducible a la razón o apreciación pragmática. La famosa sentencia de Schopenhauer parece auspiciosamente enraizada a su pensamiento: la música "se presenta como lo metafísico de todo lo físico del mundo". Xul dedicó un amplio esfuerzo a la incorporación de la música en su universo integrado, reconociendo en ella un carácter trascendente que la hacía digna de ser comunicada y conocida, sentida por cada uno de los hombres. Sumergido en tales ambiciones, se dedicó a plasmar en transparencias pictóricas y rítmicas su propio lenguaje musical. Entre sus más exóticas invenciones amerita comentarse brevemente la modificación que logró del piano tradicional, volviéndolo tanto más sencillo a la práctica, e incluso accesible al no vidente. Las teclas coloreadas, "porque el color de cada nota pertenece en vibración, muchas octavas por encima, al número de vibraciones de cada cuerda, correspondiendo el fa al infrarrojo o ultravioleta, y así las demás notas con los colores del arco iris". A conciencia de ello es fácil argumentar a favor del constante impulso por entrelazar o, mejor dicho, descubrir los ocultos entrelazamientos que ligan todo aspecto de la realidad multiforme: complementa, hace corresponder sonidos, colores y significados, y en cierta medida evoca la impronta fauvista, su fuerza expresiva, violenta y provocadora, la libertad expresiva del ego por el color, su fineza, equilibrio y claridad solar.

En las arcaicas sociedades creadoras de mito, las cosas no se manifiestan jamás perfectas en sí mismas, todo es precioso en la medida en que participa de un arquetipo; por ello se explica una estética en la que las obras del arte humano no son más que imitaciones del arte divino: "haec hominis est perfectio, similitudo dei" la más sublime de las actividades humanas es justamente "hacerse tan parecido a Dios como sea posible" (Santo Tomás de Aquino). La concepción ontológica "primitiva"ha querido que toda categoría de realidad se adquiriera exclusivamente trámite la participación de un arquetipo; todo aquello exento de modelo ejemplar, se ha insertado en la paradigmática conciencia colectiva, como desprovisto de sentido, y por ello de autenticidad, de realidad (quizás el revolucionario destronamiento de tales arquetípicas y básicas concepciones pueden explicar en parte la absolutamente relativista y fragmentada fenomenología del mundo actual posmoderno). La mentalidad moderna vería paradoja en tales estructuras del ser y del conocer, pues afirmaría su rechazo y oposición a mecanismos que incitan a los hombres a dejar de ser sí mismos imitando y repitiendo actos exteriores a su propia individualidad con la finalidad de poseer, de esta forma, estado de realidad; en pocas palabras la modernidad vería en ello dependencia y enajenación. Xul Solar recuperará el mérito de las estructuras platónicas, pues la originalidad de su genio filosófico no debe desmerecerse; Platón ha interpretado el universo de modo que la unidad trascendente tan anhelada por el artista ha conservado un status de supremacía en el conjunto. La actividad meditativa purificadora, la ininterrumpida regeneración visionaria de Xul, no radican en la distinguida genialidad del sujeto particular, sino en su desarrollo singular en razón de un genuino interés y esfuerzo por acceder a ese "quid" metafísico que cree imperioso comunicar a la hermandad humana. El mismo artista es uno y todo, encarnación finita de la sustancia universal y absoluta que rige el nomos cósmico.

El hombre de las sociedades tradicionales abolía el tiempo del insignificante devenir en el tiempo mítico ritual, en tales actos los hombres eran verdadera y esencialmente sí mismos, difícilmente soportaban la historia anulándola en forma periódica. Raras veces, Xul Solar, ha retratado las concretas imágenes que aquejaban su época, su angustia metafísica se ha alimentado periódicamente del pleno goce de sus visionarias levitaciones, rupturas del continuo del tiempo "profano", vuelto, en el acto, sincrónico, intemporal, sagrado; pero lejos de atribuir tal modalidad creativa de significaciones ingenuas, indiferentes o consoladoras de la realidad histórica, debe descubrirse en la producción de Xul el retrato de lo exclusivamente real, pues las desgracias heteróclitas son en verdad las reales materializaciones de lo Real. Todo objeto tratado en su pintura, todo acontecimiento histórico, enciende imaginación poética, se transforma en hecho mítico, se mistifica; todo hecho individual es intrascendente en sí mismo, es poderoso como detalle reflejo de estructuras auténticas trascendentes, que funcionan por categorías y no meros accidentes (en verdad) inexistentes; acepta lo individual conservándolo en lo ejemplar. Sus sintéticas geometrías no anulan la particularidad histórica y personal, no se trata de formas simplificadas vaciadas de contenido y significado, por el contrario, sus recreaciones enriquecen la heterogeneidad incorporándola a una entidad que la trasciende, la llena de sentido; su panlingua no significa en lo absoluto el empobrecimiento de la pluralidad lingüística, sino un exceso, un progreso en relación a las ventajas de velocidad, facilidad y capacidad de complejización conceptual y por sobre todo de integración humana, mestizaje, que presenta: la síntesis no implica reducción o estrechez, su creación enriquece teoría y práctica; he aquí la prueba de su marcado vínculo con la realidad concreta, que aplaca toda sospecha infundada. Esta tendencia al tratamiento de lo primordial no revela la caducidad o el carácter secundario del ser humano individual, sino que tales experiencias místicas, reveladoras de lo superior mediante la espontaneidad creadora del mismo y particular sujeto, implican una suerte de elevación "del Dios personal al Dios transpersonal"10, el acortamiento del abismo que separa finito de infinito; sin olvidar que se trata de un finito limitado en relación con lo macrocósmico, pero que en sí mismo encierra una idéntica configuración de formato microcósmico; toda vida es una realidad absoluta y como tal sagrada, no se anula al individuo, simplemente se modifica la dirección, se escapa a la pasividad de la inercia existencial, en la búsqueda de lo nuevo como recreación, no invención. El sujeto del mundo mítico durante su vida solo realiza actos ejemplares, heroicos, que en verdad se rebelan, en última instancia, impersonales; ante ello reacciona la conciencia histórica de la modernidad que ha magnificado el culto por la personalidad, y en supuesta defensa del individuo, denuncia los esquemas de sentido arcaicos, convencida de la sinonimia entre supervivencia impersonal y muerte verdadera. El espíritu brahmánico de Xul, sediento de unidad primordial, reconoce la coincidencia entre el estado mítico y el momento actual; el místico, como el hombre religioso en general, como el primitivo, vive en un continuo presente atemporal.

Devoto de una comprensión astrológica del real, las rítmicas concepciones cíclicas del mundo estarán al centro de sus consideraciones del devenir universal, un proceso en el que todo es continuamente renovado, todo muere y renace, en que nada es definitivo y ninguna desaparición es total; optimista afirmación por la que todo se regenera nuevamente, la totalidad se asimila a un ciclo en el que la catástrofe (también cíclica) se concientiza como normalidad, con la certeza de que guarda un sentido funcional al conjunto y de que jamás es definitiva. La estructura cíclica se proyecta en todos los planos entrelazados del Universo y es en razón de ello que Xul elogiará la astrología como instrumento, herramienta gnoseológica y a la vez dotada de realidad ontológica que permitirá saciar en parte su sed metafísica de lo óntico. "El pasado no es sino la prefiguración del futuro. Ningún acontecimiento es irreversible y ninguna transformación es definitiva"11, el mismo Hegel próximo a tal visión "primitiva" afirmaba: "no hay nada nuevo bajo el sol".

En sintonía con la mentalidad arcaica, Xul Solar delata su sed de realidad; poco importa si las fórmulas e imágenes de expresión de la realidad puedan parecer infantiles o ridículas: "lo que es revelador es el sentido profundo (…), la creencia en una realidad absoluta que se opone al mundo profano de las irrealidades (…), este comportamiento que responde a un esfuerzo desesperado por no perder el contacto con el ser"12.

Un mito antiguo que puede bien ejemplificar la cosmovisión de Xul Solar es el de Eros y Psiche. En este caso Eros, hijo de Afrodita y Caos, representa la energía vital omnipresente que habita en los elementos singulares que constituyen el cosmos. Debemos notar aquí el juego de palabras que existe entre caos y cosmos; lo primero constituye el presupuesto metatemporal o el principio primero que dará lugar al cosmos. Dicho término significa orden y representa el estado de cosas del universo. La energía vital, Eros, se ordena de un determinado modo para dar lugar a un mundo posible que es el que conocemos. Tal principio inmanente es la unidad presente en la multiplicidad. Asimismo Xul Solar entiende la tarea del artista como quien debe articular y en todo momento intentar descifrar la relación entre lo infinito y lo finito. Xul Solar encuentra la conexión entre estas dos esferas en la astrología. La misma preocupación asolaba a su amigo Borges cuya obra es muestra de la misma inquietud metafísica. Así, en La Biblioteca de Babel, por hacer un ejemplo, lo que se busca es el nombre de Dios que está escrito en alguno de los copiosos libros allí presentes, que aun sin ser infinitos, existen en una cantidad que resulta inconmensurable con la unidad de tiempo, en la que se inscribe la vida de un hombre. La voracidad de ambas personalidades respecto de los productos culturales puede verse justificada desde esta perspectiva.

Volviendo al tema del mito, Psiche, que no debe entenderse como alma en la acepción actual del término, sino como intelecto volcado al entendimiento de lo parcial, no puede contener su curiosidad y en consecuencia rompe la promesa que mantenía con su amante e intenta conocer su corporeidad. No es que Xul Solar estuviese en contra de la ciencia y las artes, mas bien todo lo contrario, él cultivaba el conocimiento racional, pero no creía que éste se pudiera desarrollar dentro de los compartimientos estancos de una disciplina, sino que debería tener pretensiones holísticas. Consistentemente con estas ideas, él se interesó por todo y a la manera de genio renacentista estudió las más diversas materias. En este punto se distancia del expresionismo, corriente con la cual se lo ha emparentado; él no quiere plasmar en su obra las vicisitudes de su yo interior en cuanto inconsciente, sino dar cuenta de sus experiencias místicas, al modo de un profeta. Este aspecto proyectivo de su labor, vuelto a superar las barreras del tiempo, esta muy de acuerdo con las ideas que Kandinsky tenía respecto del arte. El vanguardista ruso considera que el arte no debe ser reflejo del mundo que le dio vida, sino emitir un mensaje plausible de generar un estado de cosas diferente. Siguiendo esta línea Xul Solar se ve a sí mismo como un revolucionario. Para concluir esta idea podríamos decir que la producción artística proviene de una necesidad interna pero que al objetivizarse actualiza su intrínseca función social.

La visión cristiana de este mito que se transmite a la cultura occidental a través de S. Tomás, confirma aquello que veníamos diciendo y presta fundamentos para la idea de Xul Solar respecto de la multiplicidad de las religiones. Pensaba que todas hablaban básicamente de lo mismo desde una óptica ligeramente distinta. En este sentido se expresa también Rabindranath Tagore, poeta contemporáneo al artista. Cabe destacar que no creía en un solo Dios sino en una multiplicidad de divinidades benévolas.

Su ideal de superación de las diferencias y de asimilación de las diversidades en un esquema integrador, no tiene que ver con la ponderación de un fruto particular de la razón, sino con una operación mística. No se pretende afirmar la superioridad de un concepto de alcance universal, como en gran parte de la historia de la filosofía, sino de aproximarse a la verdad a través de una espiritualidad y sensibilidad diferentes.

Por este motivo Borges lo consideraba un hombre digno de ser llamado cosmopolita, un ciudadano del cosmos cuya personalidad desbordaba la estructura de los estados nacionales. Ponía de manifiesto la arbitrariedad de dichas divisiones y la naturaleza típicamente convencional de los símbolos, que integran el legado cultural de occidente mediante la invención incesante de idiomas, religiones, matemáticas. Así cada una de estas manifestaciones representaba un segmento de la verdad y daba cuenta de aquel otro mundo que Xul Solar experimentaba como místico y profeta; un juego de espejos donde cada uno refleja un ángulo de la poliédrica realidad que se nos opone. Ahora bien, todo espejo refleja pero a la vez distorsiona, interpreta. Del mismo modo el conocimiento humano no puede aprehender la completa dimensión del universo sincrónicamente, sino sólo parcialmente y a lo largo del tiempo. Así, al igual que los viajeros de la antigüedad, aquellos a los que les fuera concedida la posibilidad de aventurarse en el mas allá, para luego regresar entre sus pares y develar la verdadera esencia de las cosas; Xul Solar quiere abrirnos una vía de acceso a sus visiones y cada cuadro debe entenderse como una puerta abierta hacia ese otro mundo; en su obra aparece la idea del arte como revelación de una experiencia metafísica. El arte es el poderoso instrumento capaz de penetrar aquello que Schopenhauer, retomando la tradición hindú, llama "velo de Maya", o sea el engaño de lo aparente, fenoménico, tras de lo cual se esconde la verdadera esencia de las cosas. Xul Solar no sostenía que la vida es sueño pero, sin embargo, definía a lo que llamamos realidad como "lo que queda de antiguas imaginaciones"13. Este emerger de lo oculto, si se quiere, es característico de las vanguardias que a su vez toman inspiración de los escritos de Freud. El expresionismo, por dar un ejemplo, quiere tratar la aparición del inconsciente del artista sobre la superficie de la realidad; realidad que debe tomar por asalto siguiendo la fórmula del Sturm und Drang. En el caso de Xul Solar no se trata tanto de algo inconsciente, como de algo conciente; un conocimiento poseído con exclusividad que quiere traspasar el ámbito privado y perpetuarse en la esfera publica.

El tratamiento de la perspectiva en la obra del artista también refleja estas ideas. En aquel momento en la pintura se empieza a innovar en ese campo: Klimt trata a las figuras bidimensionalmente. Tiene que ver por un lado con la revalorización del Medioevo que en vez de la perspectiva lineal optaba por el punto de vista de Dios, que como creador omnisciente de la realidad ve todo en todos los momentos. En el caso de Xul Solar prevalece la multiplicidad de puntos de vista, lo que da cuenta de la disolución del consenso respecto de aquellas que fueron las ideas herederas de la Ilustración y los valores positivistas burgueses, generalizados entre los intelectuales y encarnados en la forma de sentido común de los actores en la vida cotidiana. Ahora lo que prevalece es la polivalencia de abordajes dispares, que en muchos casos, no pueden comunicar entre sí por no contar con un referente común.

A modo de Conclusión:

Se desprenden del conjunto de sus recreaciones precisas determinaciones sobre la naturaleza del entendimiento, moldeada esta última, sobre un saber estructurado matemáticamente; un saber en el que las posibilidades de conocimiento residen en una suerte de proporción entre lo conocido y lo ignorado, donde lo ignorado parece compartir una suerte de proporcionalidad, homogeneidad con lo ya sabido. Xul se embarca en la búsqueda de conocimientos cada vez más complejos, cada vez más ambiciosos y alejados de lo cotidianamente conocido, hasta dar con aquello que escapa de toda posibilidad de comprensión humana, lo metafísico que carece de toda conexión, proporción lógica con las hegemónicas doctrinas científicas. Así, su presente perplejo ante el desconcierto de sus obras, ha querido cristalizarlo como un absurdo y utópico, y lo ha hecho circular ante el público como un personaje inextricable y disparatado; a lo que él mismo objetaba, ser un fiel reproductor de las realidades tal como las veía.

Xul hizo público una y otra vez su desaforado e íntimo deseo de conocimiento, reconocía constantemente en su itinerario ascendente un escalón más, un salto más allá de lo conocido, una eterna ignorancia, un saberse no sabido, tal como tantos otros antes de él (entre Pitágoras, Sócrates, Aristóteles o Salomón) habían afirmado, una "docta ignorancia"como única actitud posible ante el máximo grado del ser y la perfección. Xul atraviesa los grados sucesivos de conocimiento, se avecina a la Verdad más allá de las verdades, mediante el camino marcado por la proporción entre ese infinito inalcanzable y el mundo físico manifiesto. Indaga, explora aquello que se reconoce más allá de los humanos principios racionales de no contradicción, aquello que se encuentra en un estado de coincidencia de opuestos, tras los sentidos, la razón, lo distinto, la contrariedad y contradicción mundana, sobre la que se eleva su intelectual intuición del infinito, vaticinando la coincidencia de lo múltiple en la unidad absoluta inmanente al cosmos. Xul desenmascara un orden cósmico en el que el Absoluto contraído se determina e individualiza en la multiplicidad de cosas singulares, en el que se revela una absoluta unidad complicada que se explica, se despliega creativamente.

En base a tal visión del universo el artista acoge absolutamente todo aquello susceptible de ser conocido, nada se descarta o se cataloga de inútil, pues todo se integra en una armónica relación trascendente, en la que todo está dado como posibilidad, como un poder crear, un poder devenir, un poder ser creado y crearse del mundo.

Xul se ha consagrado como sujeto de especulaciones, hacedor de los espejos que retrataron el otro mundo, más allá de tiempo y espacio en la búsqueda experimental e inalcanzable de la forma absoluta. Xul ha viajado y explorado esos mundos a través de su propia subjetividad, ha pertenecido a sí mismo, ha sido de sí mismo y solo así Dios le ha pertenecido. (*)

 

(*) Fuente: Daniela Casaretto, "Mitología y arte: dos universos complementarios en la obra de Xul Solar", trabajo realizado en el contexto de la materia Principales corrientes del pensamiento contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en 2005.

 

Citas:

1. Walter Benjamín, "Iluminaciones I", Ed. Taurus, Madrid, 1971, p.60.

2. Beatriz Sarlo, "una Modernidad periférica: Buenos Aires", Nueva Visión, Buenos Aires, 1988, p.15.

3. Jorge Luis Borges, "Recuerdos de mi amigo Xul Solar", Comunicación 3, Buenos Aires, Fundación San Telmo, 1990.

4. Sergio Lupi "Il romanticismo tedesco", Ed Sansoni, Florencia, 1933, p.52

5. Mircea Eliade, "El Mito del eterno Retorno", Alianza Editorial, Madrid, 1972, p.34.

6. Mircea Eliade, op. cit., p

7. Mircea Eliade, op. cit., p

8. Mircea Eliade, op. cit., p

9. Mircea Eliade, op. cit., p

10. Mircea Eliade, op. cit., p.51.

11. Mircea Eliade, op. cit., p

12. Mircea Eliade, op. cit., p.88.

13. Jorge Luis Borges, Conferencia, Xul Solar en el Museo Nacional de Bellas Artes, MNBA, Argentina, 1998.

 

Bibliografía:

 

    • Mircea Eliade, "El Mito del eterno Retorno", Alianza Editorial, Madrid, 1972.

    • Beatriz Sarlo, "una Modernidad periférica: Buenos Aires", Nueva Visión, Buenos Aires, 1988.

    • Sergio Lupi "Il romanticismo tedesco", Ed. Sansoni, Florencia, 1933.

    • "Xul Solar en el Museo Nacional de Bellas Artes", MNBA, Buenos Aires, 1998.

    • "Pintores Argentinos del Siglo XX: Xul Solar"; Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1980.

    • Piero Adorno, "L`arte italiana: Il novecento dalle vanguardia storiche ai nostri giorni", Ed. G. D`Anna, Firenze, 1999.

    • Agnes Heller, "Políticas de la Posmodernidad", Ed, Península, Barcelona, 1989.

    • George Steiner, "Presencias Reales".

 

 

 

 

 

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