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KANDINSKY Y LA OBRA DE ARTE

                                                             

      El artista se sumerge en aguas escarlatas. Allí, en aquel mágico líquido, el ser creador nada, flota. Y a su alrededor emergen colores extraños, sensaciones profundas, paisajes de otras tierras y de una humanidad más elevada. Para expresar y preservar todas aquellas visiones, el artista genera su obra. El sabe que la  vida artística real no es gesto o impostura. La vida artística es crear para ser fiel a la potencia creadora del mundo.

Cuando, muchas veces, la repetición sin creación y la banalidad se desatan en nuestra vida moderna , ¿por qué no alabar la capacidad humana para tallar bellos rostros de cristal en el nervio de la noche más monótona? Para meditar sobre este poder sagrado, sobre la fuerza de creación del artista y su obra, en esta oportunidad les propongo recordar lo que Kandinsky, célebre pintor expresionista, todavía puede decirnos sobre el rayo de lo bello y lo creador, capaz de sembrar plenitud aún en el barro. 
 
                                                                                                                                                   Esteban Ierardo

LA OBRA DEL ARTE Y EL ARTISTA
La pintura es un arte, y el arte en su conjunto no implica una creación innecesaria de entes que se diluyen en la nada, sino una fuerza que contribuye al desarrollo y la sensibilización del alma humana... El arte es el código que se comunica con el alma de las cosas, que es para ella un pan cotidiano, imposible de obtener de otra manera. Si el arte no cumpliera esta obligación, dejaría un hueco, pues no existeningún poder que pueda tomar su lugar. Cuando el alma humana alcance una vida más intensa, el arte renacerá, pues el alma y el arte se encuentran en relación mutua de efecto y perfección. En los periodos de ideas materialistas, y como consecuencia de ellas, de ateísmo y fines exclusivamente prácticos, que entumecen a un alma abandonada, emerge la postura acerca de que el arte en sí no fue dado a la humanidad con ningún objetivo preciso, sino que es gratuito; el arte existe sólo por el arte. El lazo existente entre el arte y el alma sobrevive como anestesiado. No obstante, pronto hay una revancha para esta situación: el artista y el espectador (que dialogaban espiritualmente) ya no se comprenden; este último le da la espalda al primero o lo considera como a un hipnotizador de destreza e imaginación admirable. En primer término, el artista debe tratar de modificar la situación, asumiendo su obligación frente al arte y frente a sí, abandonar la postura hegemónica de la situación y subordinarse a designios más altos, teniendo importantes, precisos y sagrados deberes. El debe educarse y sumergirse en su propio espíritu, cuidándolo y alimentándolo de modo tal que su talento externo tenga qué vestir y no sea como el guante extraviado de una mano desconocida, una impostación de mano, vacía y sin significado. El artista debe tener qué decir, pues su deber no es dominar la forma sino amoldarla a un contenido. El artista no es un ser con prerrogativas en la vida, no puede existir sin deberes, está sujeto a una labor ardua que a veces le pesa como una cruz. No debe desconocer que todos sus actos, sufrimientos o ideas, construyen la débil, pero también impertérrita y poderosa materia de sus obras, y que por esa razón no es tan libre en la vida como en el arte. El artista, confrontado con el que no lo es, tiene tres deberes: 1) debe retribuir el talento que le fue dado, 2) sus actos, sentimientos e ideas, como los de los otros hombres, deben constituir la atmós­fera espiritual, purificarla o enrarecerla y 3) sus actos, sentimientos e ideas deben constituir la materia de sus obras, interviniendo en esa atmósfera espiritual. No es, como lo llamó San Peladan, un rey con un poder inmenso, ya que su responsabilidad también es inmensa. Si el artista es el sacerdote de la belleza, debe perseguirla de acuerdo con el principio de su valor interior. Sólo puede medirse la belleza con la vara de la grandeza y la necesidad interior, que tan útil ha sido hasta ahora. Bello es lo que emerge de la necesidad emocional interior. Bello será lo que seainteriormente bello. Maeterlinck, un pionero en la composición anímica del arte modernoque se producirá en el futuro, dice: No hay nada sobre la tierra que se incline con tantafuerza a la belleza y se embellezca con tanta sencillez como el alma...Por ello,
escasas son las almas que resisten en la tierra a otra alma entregada a la belleza.
Esta característica del alma es el aceite que potencia el movimiento ascendente yprogresivo del triángulo espiritual; movimiento lento, casi imperceptible, en ocasiones detenido aparentemente, pero constante y sin interrupciones.(*)

 Ojo que atraviesa el cielo. Apertura, desde lo terrestre, hacia el centro del movimiento.

   

(*) Fuente: Sobre lo espiritual en el arte, de Vassily Kandinsky; ed. Need, Buenos Aires, Argentina.

                                

 

©  Temakel. Por Esteban Ierardo

 
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