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EL ORIGEN, LA FIESTA Y LA RECREACION DEL MUNDO

 

     En muchas culturas, lo que se celebra en año nuevo es la posibilidad del regreso al origen, el recuerdo del sagrado y originario momento de la creación del mundo. También, en tradiciones milenarias, la fiesta se relaciona con el mito, con la comprensión de un sentido profundo de la vida; y con la recreación y el renacimiento. Estas distintas musicalidades posibles de la fiesta y del retorno al origen intentaremos rescatar en este envío de Recuerdo de lo sagrado. Un primer fruto a degustar será el relato de la creación de los indios hopis, oriundos de la región de Arizona, en los Estados Unidos. Los hopi son célebres por sus profecías y sabiduría. Para ellos, el recuerdo del origen es un regalo que los dioses entregan para que los hombres no olviden el sentido de la vida. Luego, un pasaje de El Hombre y lo sagrado, de Roger Caillois. Caillois es uno de los pensadores franceses que en este siglo buscó comprender lo moderno mediante lo arcaico. En el texto que elegimos, el autor expone la esencia de la fiesta desde la perspectiva del hombre antiguo. En tercer lugar, un ejemplo de las viejas resonancias de la fiesta: la fiesta dionisíaca en la Grecia Antigua, desde la recreación nietzscheana. Nietzsche rescató el efervescente pulso del dios del éxtasis y la embriaguez. A través de su fiesta, Dioniso asegura la transformación mágica del hombre y su unión con la divinidad y la naturaleza. Como ya advertimos, la fiesta se entronca con el origen. Estar en lo originario es un ejercicio de memoria metafísica del sentido del mundo, de acercamiento a la trascendencia y el renacimiento. Vivir la fiesta es un acto de superación de la muerte. Por eso, el último momento lo dedicaremos a Dylan Thomas, a su poema Y la muerte no tendrá dominio. D.Thomas, poeta elegido por las musas. Panteísta, místico, embriagado con los bálsamos de bosques de leche, y con los rumores de las olas rompiéndose sobre los acantilados de las costas de su Gales natal. Para él, como para el hombre de la festividades paganas, la muerte siempre es retazo de fango que se disuelve dentro del torbellino de la vida creadora. 

                                                                                                                  Esteban Ierardo

 

 1. El RELATO HOPI DE LA CREACIÓN

      Al comienzo del tiempo, una chispa de conciencia se en­cendió en el espacio infinito. Esta chispa era el espíritu del sol, llamado Tawa. Y Tawa creó el primer mundo: una enorme caverna poblada únicamente por insectos. Tawa observó durante unos instantes cómo se movían y sacu­diendo la cabeza pensó que aquella población hormi­gueante era más bien estúpida. Entonces les envió a la Abuela Araña que dijo a los insectos: -Tawa, el espíritu del sol que os ha creado, está des­contento de vosotros porque no comprendéis en absoluto el sentido de la vida. Así que me ha ordenado que os conduzca al segundo mundo, que está por encima del techo de vuestra caverna. Los insectos se pusieron a trepar hacia el segundo mundo. La ascensión era larga, tan larga y tan penosa que, antes de llegar al segundo mundo, muchos de ellos se ha­bían transformado en animales poderosos. Tawa los contempló y dijo:

 -Estos nuevos vivientes son tan estúpidos como los del primer mundo. Tampoco parecen capaces de comprender el sentido de la vida. 

    Entonces pidió a la Abuela Araña que los condujera al tercer mundo. En el transcurso de este nuevo viaje algunos animales se transformaron en hombres. La Abuela Araña enseñó a los hombre la alfarería y el arte del tejido. Los instruyó convenientemente y en la cabeza de hombres y mujeres comenzó a despuntar un destello, una vaga idea del sentido de la vida. Pero los brujos malvados, que sólo se sentían a gusto en las tinieblas, extin­guieron aquel destello de luz y cegaron a los humanos. Los niños lloraban, los hombres peleaban y se lastimaban: ha­bían olvidado el sentido de la vida. Entonces la Abuela Araña volvió a ellos y les dijo: -Tawa, el espíritu del sol, está muy descontento de vo­sotros. Habéis desperdiciado la luz que había brotado en vuestras cabezas. Por consiguiente, deberéis ascender al cuarto mundo. Pero esta vez, tendréis que encontrar por vosotros mismos el camino. Los hombres, perplejos, se preguntaban cómo podrían subir al cuarto mundo. Durante largo tiempo permanecie­ron en silencio. Al fin, un anciano tomó la palabra: 

-Creo haber oído ruido de pasos en el cielo. 

-Es cierto -asintieron los demás-. También nosotros hemos oído el caminar de alguien allá arriba.

  Así pues, enviaron al «pájaro gato» a explorar el cuarto mundo que parecía habitado. EI pájaro gato se coló por un agujero del cielo y pasó al cuarto mundo, donde descubrió un país semejante al desierto de Arizona. Sobrevoló el país y divisó a lo lejos una cabaña de piedra. Al aproximarse, vio delante de la cabaña a un hombre que parecía dormir, sentado contra la pared. El pájaro gato se posó junto a él y el hombre despertó. Su rostro era extraño, pavoroso; completamente rojo, cubierto de cicatrices, quemaduras y cos­tras de sangre, con unos trazos negros pintados sobre los pómulos y sobre la nariz. Sus ojos estaban tan hundidos en las órbitas que eran casi invisibles, a pesar de lo cual el pájaro gato vio brillar en ellos un resplandor aterrador. Reco­noció a aquel personaje: era la Muerte. La Muerte miró detenidamente al pájaro gato y le dijo gesticulando: 

  -¿No tienes miedo de mí? 

  -No-respondió el pájaro-. Vengo de parte de los hombres que habitan el mundo que está debajo de éste. Quieren compartir contigo este país. ¿Es eso posible? 

  La Muerte reflexionó unos momentos. 

  -Si los hombres quieren venir -dijo finalmente con aire sombrío-, que vengan. 

  El pájaro gato volvió a bajar al tercer mundo y contó a los hombres lo que había visto. 

  -La Muerte acepta compartir con vosotros su país-les comunicó. 

  -¡Gracias le sean dadas! -respondieron los hombres-. ¿Pero cómo podremos subir hasta allá arriba? Pidieron consejo a la Abuela Araña y ésta les dijo: 

  -Plantad un bambú en el centro de vuestro poblado y cantad para ayudarle a crecer.

   Así hicieron los hombres y el bambú creció. Cada vez que los cantores tomaban aliento entre dos estrofas, se formaba un nudo en el tallo del bambú. Cantaban sin cesar y la abuela araña danzaba y danzaba para ayudar a que el bambú creciera bien derecho. Del alba hasta el crepúsculo cantaron sin tregua hasta que, por fin, la Abuela Araña exclamó: 

  -¡Mirad! ¡La punta del bambú ha pasado por el agujero del cielo! 

  Entonces los hombres empezaron a trepar por el bambú, alegres como niños. Nada llevaban consigo, estaban desnudos, tan desprovistos como el primer día de su vida. 

  -¡Sed prudentes! -les gritó la abuela-. ¡Sed prudentes! 

   Pero ya no le oían, estaban demasiado arriba. Alcanzaron el cuarto mundo y en él construyeron poblados, plan­taron maíz, calabazas y melones, hicieron jardines y huertos. Y esta vez, para no olvidar el sentido de la vida, inventaron las leyendas. (*) 

(*) Fuente:  El árbol de los soles. Mitos y leyendas del mundo entero, de Henri Gougaud, Editorial Crítica, Barcelona. La imagen muestra unas muñecas de katchinas, expresión de la creatividad artesanal hopi. Los katchinas eran antiguos sabios de los hopis, encargados de dispensar el conocimiento sobre el mundo sagrado y divino.  

  2. LA FIESTA Y LA RECREACIÓN DEL MUNDO

  Pesadilla y paraíso a la vez y por las mismas razones, la primera edad aparece como el período y el estado de vigor creador del que ha salido el mundo presente, sujeto a las vicisitudes del desgaste y amenazado por la muerte. Re­naciendo, por lo tanto, impregnándose en esa eternidad siempre actual, en esa fuente de juventud de aguas siempre vi­vas, es como tendrá probabilidades de rejuvenecerse y encontrar de nuevo la plenitud de vida y de robustez que le permitirá afrontar el tiempo para un nuevo ciclo. Esa es la función que ejerce la fiesta. Ya se la ha definido como una actuación del período creador. Adoptando una fórmula exacta de Dumézil, diremos que constituye una abertura en el Gran Tiempo, el momento en que los hombres abandonan el devenir para acercarse a ese receptáculo de fuerzas todopoderosas y siempre nuevas que representa la era primitiva. Se celebra en los templos, en las iglesias, en los santos lugares, que figuran, del mismo modo, aberturas en el Gran espacio, aquél en que evolucionaban los antepasados divinos y cuyos parajes, cuyas rocas consagradas son los jalones visibles que quedan asociados a los gestos decisivos de los Creadores. Se procede a la ceremonia durante una fase crítica del ritmo de las estaciones. Cuando la naturaleza parece renovarse, cuando se efectúa un cambio visible a los ojos de todos: al principio o al fin del invierno en los climas árticos o templados, al principio o al fin de la estación de lluvias en la zona tropical. Con una emoción intensa, mezclada de angustia y de esperanza, se acude entonces en peregrinación a los lugares recorridos antaño por los míticos antecesores. El australiano repite con piedad el itinerario que ellos realizaron, se detiene en todos los sitios donde ellos se detuvieron y renueva sus gestos cuidadosamente. Elkin ha subrayado con vigor ese lazo vital, religioso, que rebasa con mucho la simple geografía y que existe entre el indígena y su país: éste, escribe, se presenta a sus ojos como la vía de acceso que le conduce al mundo invisible, que lo pone en comunicación con “las potencias dispensadoras de vida, de las que se benefician la naturaleza y el hombre”. Si tiene que abandonar su región natal, o si la colonización trastorna ésta, se cree condenado a morir y desfallece; ya no puede recobrar el contacto con las fuentes que periódica­mente vivifican su ser. La fiesta se celebra de este modo dentro del espacio-tiempo del mito y asume la función de regenerar el mundo real.(*)

 (*) Fuente:  El hombre y lo sagrado, de Roger Caillois, Fondo de Cultura económica.

 3. LA FIESTA DIONISIACA, SEGÚN F. NIETZSCHE
   
  El arte dionisíaco...descansa en el juego con la embriaguez, con el éxtasis. Dospoderes sobre todos son los que al ingenuo hombre natural lo elevan hasta el olvido de
sí que es propio de la embriaguez: el instinto primaveral y la bebida narcótica. Susefectos están simbolizados en la figura de Dioniso. En ambos estados el principiumindividuationis (principio de individuación) queda roto, lo subjetivo desaparecetotalmente ante la eruptiva violencia de lo general-humano, más aún, de lo universal-natural. Las fiestas de Dioniso, no sólo establecen un pacto entre los hombres, tambiénreconcilian al ser humano con la naturaleza. De manera espontánea ofrece la tierra susdones, pacíficamente se acercan los animales más salvajes: panteras y tigres arrastran elcarro, adornado con flores, de Dioniso. Todas las delimitaciones de casta que la necesidad y la arbitrariedad han establecido entre los seres humanos desaparecen: el esclavo es hombre libre, el noble y el de humilde cuna se unen para formar los mismos
coros báquicos. En muchedumbres cada vez mayores va rodando de un lugar a otro elevangelio de la ‘armonía de los mundos’: cantando y bailando manifiéstase el ser humanocomo miembro de una comunidad superior, más ideal: ha desaprendido a andar y hablar.Más aún: se siente mágicamente transformado, y en realidad se ha convertido en otracosa. Al igual que los animales hablan y la tierra da leche y miel, también en él resuenaalgo sobrenatural. Se siente dios: todo lo que vivía sólo en su imaginación, ahora eso éllo percibe en sí. ¿Qué son ahora para él las imágenes y las estatuas? El ser humano noes ya un artista, se ha convertido en una obra de arte, camina tan extático y erguido comoen sueños veía caminar a los dioses. La potencia artística de la naturaleza, no ya la de unser humano individual, es la que aquí se revela: un barro más noble, un mármol másprecioso son aquí amasados y tallados: el ser humano. (*)

 (*) Fuente:  ¨ La visión dionisíaca del mundo¨, en El nacimiento de la tragedia, de Federico Nietzsche, ed. Alianza.  

4. Y LA MUERTE NO TENDRA DOMINIO

Y la muerte no tendrá dominio. 

Los hombres desnudos han de ser uno solo con el hombro en el viento y la luna poniente; 

cuando sus huesos queden limpios y los limpios huesos se dispersen, 

ellos tendrán estrellas en el codo y el pie; 

aunque se vuelvan locos serán cuerdos, aunque se hundan en el mar de nuevo surgirán, 

aunque se pierdan los amantes, no se perderá el amor;

 y la muerte no tendrá dominio.  

Y la muerte no tendrá dominio.

 Los que hace tiempo yacen bajo los dédalos del mar

 no han de morir entre los vientos, retorcidos de angustia cuando los nervios cedan, atados a una rueda no serán destrozados; 

la fe, en sus manos, ha de partirse en dos, ...rotos todos los cabos, ellos no estallarán. 

Y la muerte no tendrá dominio.  

Y la muerte no tendrá dominio. 

Ya las gaviotas no gritarán en los oídos 

 ni romperán las olas sonoras en las playas; 

donde alentó una flor, otra flor tal vez nunca levante su cabeza a los embates de la lluvia;

 y aunque ellos estén locos y totalmente muertos su cabezas martillearán en las margaritas; 

irrumpirán al sol hasta que el sol sucumba, 

y la muerte no tendrá dominio. (*)

Ojo que atraviesa el cielo. Apertura, desde lo terrestre, hacia el centro del movimiento.

 


 (*) Fuente:  Poemas Completos, de Dylan Thomas, Ed. Corregidor.

 

 

 

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