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 LA EMOCIÓN DEL IDEAL

    Una nueva remembranza de un diamante olvidado. Una joya preciosa surgida de la pluma de José Ingenieros a comienzo del siglo pasado. Se trata de La emoción del ideal, aquello que siempre disuelve con su calor el hielo muerto de lo mediocre. Quizá la mujer de plata, nuestra República Argentina, volvería a latir con fervor si nuestros políticos entendieran y practicaran eso que puede llamarse idealismo... 

 

 LA EMOCIÓN DEL IDEAL

Por José Ingenieros

    Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia
tal excelsitud inasible, afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad,llevas en ti el resorte misterioso de un Ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Custódiala; si la dejas apagar no se reenciende jamás. Y si ella muere en ti, quedas inerte: fría bazofia humana. Sólo vives por esa partícula de ensueño que te sobrepone a lo real. Ella es el lis de tu blasón, el penacho de tu temperamento. Innumerables signos la revelan: cuando se te anuda la garganta al recordar la cicuta impuesta a Sócrates, la cruz izada para Cristo y la hoguera encendida a Bruno; cuando te abstraes en lo infinito leyendo un diálogo de Platón, un ensayo de Montaigne o un discurso de Helvecio; cuando el cora­zón se te estremece pensando en la desigual fortuna de esas pasiones en que fuiste, alternativamente, el Romeo de tal Julieta y el Werther de tal Carlota; cuando tus sienes se hielan de emoción al declamar una estrofa de Musset que rima acorde con tu sentir; y cuando, en suma, admiras la mente preclara de los genios, la sublime virtud de los santos, la magna gesta de los héroes, inclinándote con igual veneración ante los creadores de Verdad o de Belleza.    Todos no se extasían, como tú, ante un crepúsculo, no sueñan frente a una aurora o cimbran en una tempestad; ni gustan de pasear con Dante, reír con Moliére, temblar con Shakespeare, crujir con Wagner; ni enmudecer ante el David, la Cena o el Partenón. Es de pocos esa inquietud de perseguir ávidamente alguna quimera, venerando a filósofos, artistas y pensadores que fundieron en síntesis supremas sus visiones del ser y de la eternidad, volando más allá de lo real. Los seres de tu estirpe, cuya imaginación se puebla de ideales y cuyo sentimiento polariza hacia ellos la personalidad entera, forman raza aparte en la humanidad: son idealistas. Definiendo su propia emoción, podría decir quien se sintiera poeta: el Ideal  es un gesto del espíritu hacia alguna perfección. (*)

 

Ojo que atraviesa el cielo. Apertura, desde lo terrestre, hacia el centro del movimiento.

 

 

(*) Fuente: José Ingenieros, El hombre mediocre, Buenos Aires, Ed. Losada.

* Imagen arriba, izquierda: Mujer que contempla el cielo en Stars, de Federick Parrish.

 

 

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