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  LA  LLAMA CELESTE INCAICA

   La llama, animal sagrado de los incas. Todos los pueblos arcaicos convierten los hechos o seres de su vida inmediata en símbolos del macrocosmos o universo superior. Para los incas, detrás de cada llama singular, se halla la Llama celeste, el animal arquetípico, inscripto en la eternidad de lo divino. La llama terrestre es un reflejo de la llama titilante en el cielo estrellado bajo la forma de una constelación. Aquella Llama Cósmica se refleja en ciertos lugares sagrados, como en uno de los flancos de la montaña Tamboqhsa, en Ollantaytambo, Perú. En este instante de Simbolismo animal de Temakel, podremos sumergirnos en los relumbres de la llama verdadera, la Llama celeste. 

 

LA CONSTELACION DE LA LLAMA

   El análisis detallado de las informaciones proporcionadas por las fuentes etnohistóricas y etnográficas, en lo referente a los conocimientos astronómicos alcanzados por el pueblo andino, permite afirmar de su avanzado estado de desarrollo. 
   Entre aquellos conocimientos se encuentra el referente a la constelación andina denominada Catachillay o Yacana, de la cual los cronistas manifiestan representaba a una llama junto a su cría.
   "Y estos veneraban a otra que andaba cerca a la estrella de Urcuchillay y era la llama Catachillay, que es algo grande junto a otra pequeña, de las que dicen era una llama con su cría..." (Bernabé Cobo, Historia del Nuevo mundo, 1653) 
    Estas versiones se complementan con la información obtenida en quechua por Avila, traducida por José María Arguedas y publicada con el nombre de Dioses y Hombres de Huarochirí en el que se mencionan concepciones muy parecidas.

     "...dicen que la Yacana (Catachillay), es como la sombra de una llama o un doble de este animal que camina por el centro del cielo. Es muy grande y más negro que el cielo nocturno, tiene un cuello largo y dos ojos... dicen también, que baja a medianoche a beber el agua del mar, cuando no es posible que la vean y sientan por que si no bebiera esta agua, el mundo entero quedaría inundado y dicen que tiene cría y cuando está empieza a lactar, despierta"  (Francisco de Avila, Dioses y hombres de Huarochorí, 1598).

   Estas informaciones muestran dos aspectos importantes, una es que dicha constelación está asociada a la forma de una llama junto a su cría, y en efecto estas formas se dan en las constelaciones conocidas como "sacos de carbón" (de allí el color negro de este ser mítico), asociada a las estrellas Alfa y Beta Centauro que hacen las veces de sus ojos (Llamac Ñawin), así las identifican actualmente en las comunidades pastoras y agricultoras del Ande. Y la otra es la relación existente entre la llama y el agua, debido a esto es que la mitología andina atribuye a las llamas y alpacas la creación de los manantiales y las lagunas y hace mención que al término de la existencia del mundo estas regresarán a ellas.
   En términos astronómicos, la constelación que describimos, se localiza en la parte sur de la Vía Láctea, debajo de la Cruz del Sur. Las estrellas Alfa y Beta Centauro simbolizan sus ojos. Entonces cuando a media noche de su culminación inferior estas desaparecen del horizonte, es cuando de acuerdo a los mitos se interpreta que la llama baja la cabeza para beber el agua del mar para así evitar la inundación del mundo. Este suceso astronómico se puede apreciar en Ollantaytambo la medianoche del 28 de Octubre.

LA IMAGEN DE CATACHILLAY, LA LLAMA SIDERAL

  Dentro de la concepción de lo sacro, los templos y santuarios tienen siempre un modelo supraterrestre y fueron concebidos como un doble o un reflejo del existente en un nivel que es el que está "perfectamente ordenado" o es cósmico, de allí la necesidad de representarlos con formas definidas, porque sólo así participan de un símbolo determinado que fue siempre el preexistente.

    Es por este motivo que a efectos de representar la constelación de Catachillay en la Tierra, se edifico en Ollantaytambo en uno de los flancos de la montaña llamada Tamboqhsa, un gigantesco espacio ritual que representa a una llamada sentada acariciando a su cría.

  En el diseño arquitectónico de este espacio ritual, se puede observar cómo es que las formas tienden a la geometrización, como si existiese una aparente voluntad hacia la abstracción para conseguir una cierta separación de la cualidad física del objeto y así extraer de lo amorfo algo simple, entonces así se pudo establecer una relación entre el hombre y el cosmos por medio del manejo del espacio. 

    Existe también en estos diseños toda una síntesis que refleja la intención de crear una unidad visual a partir de muchos elementos, y a la vez una necesidad formal que deriva de la voluntad tanto de representar como de ocultar un contenido que en el trasfondo es vital, porque escapa a los procesos de repetición y busca plasmar en la representación del símbolo el mundo fenoménico.
   Sin embargo, las personas condicionadas por tipos naturales e ilustrativos del arte conceptual o por prejuicios naturalistas, encuentran en estos diseños carencia de sentido, porque no toman en cuenta que este es un tipo de lenguaje simbólico que requiere una sensibilidad adecuada, la que revelará una escala de emociones estéticas que responden a un lenguaje plástico. Nos daremos cuenta entonces que nada es más vivo que estos diseños y llegaremos a la conclusión que la vitalidad que se mostraba como principio distintivo de la expresión naturalista, es el principio distintivo de la expresión geométrica de estas formas.
   Estos diseños representan en sí "Campos de Poder" o lugares cuidadosamente seleccionados, desde donde se puede establecer una relación armónica entre las manifestaciones de la Naturaleza y las acciones del Hombre, es decir, lugares en los que es posible lograr una ruptura de nivel para trascender el espacio profano y penetrar en una región pura.
    En lo que respecta al diseño del espacio ritual de la llama, las características plásticas tan bellas logradas, muestran un sorprendente manejo de técnicas lo suficientemente desarrolladas, como para plasmar una figura de proporciones en un terreno tan irregular. Para esto fue necesario ubicar en los cerros aledaños miradores o ángulos de dirección constructiva, para desde allí establecer las cotas respectivas y luego realizar el trazo definitivo, tomando en cuenta la posición del sol en el transcurso del año. 

   La parte que representa la cabeza (A) de esta Llama corresponde al sitio donde se encuentra el denominado "templo solar" y los recintos asociados a este, que albergan a su vez gigantescos elementos líticos destinados a la observación astronómica, y junto a estos una construcción cuadrangunlar que simboliza el ojo de la Llama madre (G).

  La sección correspondiente al lomo, está ingeniosamente delineada por una calzada que conecta la cabeza con la cola (E) y el resto de su perfil, está conformado por los andenes y las escalinatas que intercomunican estas secciones, las mismas que representan su abundante fibra mediante la textura de los paramentos. 
    Las secciones más importantes de este conjunto (a más de la cabeza por su significado implícito), lo conforman el corazón simbolizado por una masa pétrea esculpida en bajo relieve (B) y los genitales tanto masculinos como femeninos, representados por dos grandes qolcas o depósitos de semillas (C) y (D).
    La relación existente entre la llama y el agua, se encuentra evidenciada en el diseño arquitectónico que nos ocupa, ya que este, está dotado de una compleja red de canales de agua y fuentes litúrgicas en la parte correspondiente a la cabeza y cuello. Curiosamente, los canales de agua que irrigan los andenes de cultivo que forman una parte del cuerpo de este ser mítico, inician su recorrido desde las secciones correspondientes a la cola (F) y genitales (C) y (D) como vías urinarias.
    Todo este contenido simbólico, en sí trata de explicar el ciclo del agua, es por ello que el mito de Catachullay, en parte explica como el agua del mar llega al Mayu o Río Celestial (Vía Láctea). Esto solo es posible gracias a que la Llama la bebe, y para que discurra por el Mayu y caiga a la Tierra en forma de lluvia, ésta tiene que orinar.
    Sólo así se entiende la información dada por el cronista Cobo (1653) quién dice:

   "...que por medio del cielo atravesaba un río muy grande, que es una cinta blanca llamada Vía Láctea. De este río se creía que la llama tornaba el agua que derramaba sobre la Tierra..." 
    En términos de su relación funcional este conjunto se constituyó en un observatorio astronómico ritual, en el que se determinaban las fechas para la realización de ceremoniales dedicados a la propiciación del ciclo regular de lluvias necesarias para las sementeras en Octubre; y para su maduración así como multiplicación del ganado en Diciembre.
   Junio, es otro de los meses directamente vinculado a la función calendárica de este espacio ritual, puesto que en este mes se registra el Solsticio de Invierno (21 de Junio) tiempo en el que se acentúa la estación seca (Abril-Setiembre). Este es el momento en el que de acuerdo al mito recogido por Avila (1598) la cría de la Llama lacta por que "tiene sed" entonces la Llama "despierta" o se revitaliza (llama con su cría, arriba, en imagen estilizada).
    Esta parte del relato del mito, fue ingeniosamente representado mediante el observatorio astronómico que representa el ojo de la Llama (G). En él se puede observar un sorprendente efecto lumínico, el cual seguramente se medía con la precisión propia de quienes planificaron su construcción.
    Este hecho está marcado por una secuencia de efectos lumínicos. En un primer momento, la luz del sol ingresa al sector correspondiente al genital femenino, entonces fecunda a la Llama, luego la luz del sol ingresa al espacio que representa el ojo. En su significado simbólico, el hecho de que este sector del templo (ojo), sea el único receptáculo de la luz del sol, es interpretado como el momento en el que este animal del cielo "despierta". Es decir, que luego de que la constelación de Catachillay llega a su culminación superior o su posición más alta en el cielo (Abril), experimenta solo un ligero cambio en su posición estelar, para hacerlo con mayor notoriedad a partir de Junio, hasta llegar a su culminación inferior o posición más baja en el horizonte (Octubre), tiempo en el que como dice el mito la Llama está tomando el agua del mar. Se interpreta entonces, que "despierta" alertado por el hecho de que el mes de Junio es extremadamente seco, por lo que debe dirigirse a beber el agua del mar y reiniciar el ciclo. (*)

(*) Fuente: Fernando E. Elorrieta Salazar y Edgar Elorrieta Salazar, El valle sagrado de los incas. Mitos y símbolos, Sociedad Pacaritanpu Hatha, Cusco, Perú, 1996.

Foto arriba de llamas, de Cecilia Rodríguez.

 

 

                                              

©  Temakel. Por Esteban Ierardo