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LA ESTÉTICA ILUSTRADA

 

Por Daniela Salzman

 

 

 

 

 

Escultura de Canova: Psique reanimada por el beso del amor (1793), en Louvre. Ejemplo de una estética neoclásica contemporánea a la Ilustración. 

 

  La ilustración produce su primera atracción en el terreno de la cultura moderna a través del emplazamiento de un sujeto racional como centro de una cosmovisión lógico-matemática de lo real. Pero, paralelamente al flujo de su filosofar, en el que el argumento y la demostración lógica o científica es espinazo fundamental, también resplandecen en el proceso paralelo de la creación artística neoclásica. Un estética ilustrada que, en algunos de sus principios particulares explora Daniela Salzman en el texto que sigue a continuación.

E.I

 

LA ESTÉTICA ILUSTRADA

 

Por Daniela Salzman

El presente trabajo se propone dar cuenta de la relación existente entre el movimiento llamado Ilustración y la estética que, en su forma autónoma, se presenta contemporáneamente a las ideas ilustradas. Tanto este movimiento filosófico como la estética rescatan el arte clásico, representado en este trabajo por el David de Miguel Angel, debido a que encuentran en él una verdad estética que se intuye racionalmente. Esta afirmación, en un primer momento, podría parecer paradojal debido a que la palabra estética ya por su origen se refiere a la “sensibilidad”, siendo captada por los sentidos y no a través de la vía intelectual. Sin embargo, durante el siglo XVIII, la filosofía del arte como así también el pensamiento iluminista recorrerán un camino para alcanzar a través de la razón y el conocimiento científico una justificación de sus prácticas que abarcarán la totalidad de las expresiones humanas.  

La Ilustración surge en el siglo XVIII, llamado el Siglo de las Luces, su origen se encuentra en el período renacentista, donde aparecieron nuevas ideas sobre el hombre y la cultura, éste se sitúa en los siglos XV y XVI y en él se manifiesta la afirmación gradual del hombre como principal forma de conocimiento de la realidad. El nombre Renacimiento se utiliza porque éste retomó los elementos de la cultura clásica, de esta manera, se genera el renacer de la cultura greco romana. El hombre del renacimiento celebra los sentidos, busca recrear las cosas tal como se presentan al ojo humano con la intención de recuperar el espacio terrestre. El cuerpo, que es un elemento central en la cultura griega, será representado con armonía y perfección apuntando al modelo de representación mimética. La Naturaleza es valorada en tanto modelo para el arte.

Dentro del renacimiento italiano se encuentra el David, obra realizada por Miguel Ángel Buonarroti  entre los años 1501 y 1504. Su escultura representa al rey bíblico, marcando el volver a nacer de la clásica estatua al desnudo. La anatomía humana es estudiada científicamente por los artistas incentivada por el deseo de plasmar en las obras las formas estructurales del cuerpo: “La apariencia física y sus estudios anatómicos abrieron la puerta para el modelamiento de los movimientos  y posturas del cuerpo humano. El resultado fue la reafirmación del poder expresivo del desnudo”(1). Miguel Angel eligió, como motivo para la obra, el momento previo al enfrentamiento de David con el gigante Goliat, esto explica el aspecto que muestra la figura, con los rasgos típicos de un luchador que se apresta al combate, traducido en la mirada penetrante, y  expresado asimismo mediante la tensión corporal: la musculatura e incluso los tendones y las venas son claramente perceptibles (2). Se traduce aquí la observación cuidadosa de los fenómenos naturales y la voluntad de reproducir los objetos tal como los capta la visión. De esta manera, la figura escultórica del rey David se erige como representación de los ideales renacentistas.

El Renacimiento planteó una nueva forma de ver el mundo y del ser humano, cambiando la postura teocentrista de la Edad Media, por el antropocentrismo tributario de la física de Galileo Galilei. El hombre posee valor en tanto hombre y, dicha exaltación del ser humano en tanto tal, conlleva la valoración del cuerpo humano en su relación con la naturaleza. El iluminismo volcará estas ideas renacentistas en su modelo de arte ligado a la estética clásica, tanto como en sus principios filosóficos.

La época de desarrollo del iluminismo es la del absolutismo del siglo XVIII que coincide con el ascenso de la burguesía como clase con poder económico y político. Fue originalmente un movimiento francés que planteó posiciones invectivas que supusieron un modelo de hombre inscripto en la modernidad contrario a un pensamiento en términos cortesanos o nobiliarios. 

Se los llamó iluministas porque creían que con la luz de sus obras iban a despejar las tinieblas y a  iluminar tantos siglos de oscurecimiento generados por las ideas de la Iglesia y la monarquía absoluta (3). La promesa del Iluminismo fue desterrar todo lo oscuro relacionado con la Edad Media, a través del concepto de progreso mediante la creencia que tanto sociedades como individuos progresan en un sentido de mayor perfectibilidad. Esto coincide con el auge de la burguesía en todos los ámbitos a los que el arte no podía ser ajeno, porque éste se convertirá en otra de las áreas de posesión al cual se accede mediante las condiciones materiales.  

  El desarrollo iluminista tuvo como sus principales características la firme creencia en la razón y en la racionalidad humana desafiando la autoridad religiosa y rechazando la tradición. Se plantea la superación de las verdades dogmáticas mediante la búsqueda de un nuevo saber que funcionaría libre de prejuicios a través del rechazo del principio de autoridad.  En el pensamiento moderno serán las leyes racionales las que gobiernen la naturaleza, el hombre y la sociedad.

La constitución del sujeto de la modernidad se vincula con esta ruptura con los preceptos de la tradición y con la búsqueda de un nuevo saber. Para el sujeto racional de la Ilustración la razón era la única herramienta para encontrar la verdad de la cosas.

El iluminismo liberó a la ciencia de los obstáculos de la tradición teológica y fue haciendo posible la evolución autónoma del pensamiento moderno. La ciencia tuvo un puesto destacado en el "Siglo de la Luces", pues representaba un factor de progreso social, que permitía mejorar la calidad de vida de los hombres. La observación y la experiencia era los puntos de partida. Galileo Galilei defendió la teoría heliocéntrica del sistema solar, opuesta a la aceptada por la Iglesia medieval, donde se sostenía que era el planeta Tierra, quien se encontraba en el centro de nuestro sistema. Galileo debió retractarse de su teoría y fue enjuiciado y castigado por la inquisición eclesiástica. Los progresos científicos, en los cuales la visión antropocéntrica tradicional del universo se desmorona, son retomados por Isaac Newton quien según John H. Randall: “...durante todo el siglo XVIII habría de construir la suprema verdad científica”. Para el citado autor: “Mientras Galileo todavía estaba discutiendo con el pasado, Newton desconoce las antiguas polémicas y, dirigiendo su mirada por entero hacia el futuro, tranquilamente enuncia definiciones, principios y pruebas que desde entonces han formado las bases de la ciencia natural(4)”.   

Se buscaba una explicación racional y científica de la naturaleza y el universo: el método analítico de la física de Newton se aplica al conjunto del pensamiento y conocimiento. Esta se difunde bajo una consigna que abandona el orden basado en Dios y se instaura en un orden basado en el hombre. De esta manera, se enfrentó al pensamiento tradicional, donde todo era obra de Dios y estaba sujeto a un plan divino.  

El orden logrado por Newton en las ciencias deberá ser el camino a seguir por el mundo de lo estético, para Ernst Cassirer en su libro “La filosofía de la Ilustración” afirma que: “la estética del siglo XVIII anhela un Newton del arte(5)”. Se maneja el supuesto de que las artes están fundadas, al igual que las ciencias, sobre la razón. El artista se vincula con su arte a partir de las leyes de la naturaleza y, deviene así, a postularse la idea fundamental de la mímesis de  la estética clásica.

La filosofía iluminista se inscribe dentro de un espíritu crítico ya que todo lo que el hombre medioevo consideraba verdadero fue puesto en duda. Por lo tanto, todo debía ser analizado, mediante la observación y la experimentación, obteniéndose finalmente una conclusión. Pusieron en duda las instituciones, la iglesia, los conocimientos y las costumbres de la sociedad feudal. Esto produjo  que  se comenzara a observar el planteo de fomentar la educación popular, la igualación de los súbditos frente a la ley y la apertura hacia la libertad religiosa. Por su parte, Ernst Cassirer afirma que el Iluminismo ha logrado unir lo crítico y lo creador en la estética fundamentada en el siglo XVIII. Esta síntesis que se produce conlleva “una nueva forma fundamental de la filosofía lo mismo que una nueva manera y una nueva dimensión del proceso artístico creador(6)”.  

La palabra estética o aiestesis viene del griego y significa “sensibilidad”, por lo tanto se relaciona con el conocimiento sensible, y se elaborará analizando la sensación que experimenta el que observa la obra de arte, sea ésta producto de la naturaleza o de la realización humana. Al relacionarse con el conocimiento sensible la estética se alcanzará con los sentidos y no por vía de la Razón.  Sin embargo, la educación que plantea el iluminismo tiene que ver con la posibilidad de esclarecer en todas las direcciones. Este planteo se relaciona con la abolición que se busca ejercer del pensamiento medieval, prometiendo al hombre la soberanía sobre todo lo existente. Se exalta la libertad del hombre para pensar, expresarse, trabajar, estudiar y crecer. La educación en estética estará incluida en este planteo de iluminación esclarecedora transformándose en uno de los elementos de formación del hombre.

La Ilustración, dentro de su concepción antimonárquica, le otorga a la educación el papel fundamental de formar ciudadanos y no el de reproducir súbditos. La educación pedagógica se postula el objetivo de instruir sobre los derechos y obligaciones en la sociedad, resaltando la importancia de la formación de la conciencia social. Jean Jacques Rousseau será quien escriba “El contrato social” instaurando la  filosofía política que aporta al lector una visión que cambiará la relación entre el hombre y la Nación. En su obra formula los valores que determinarán el sentido de la democracia moderna, prefigurándola. Para este autor, todos los ciudadanos tienen iguales derechos y obligaciones frente al Estado y deben participar en el gobierno eligiendo a sus representantes y otorgándoles la autoridad. Rousseau plantea la instrucción tendiente a formar un ciudadano esclarecido, ya que no es suficiente tener los derechos, sino que es necesario instruirse en la significación de los mismos.

En los philosophes se encuentra la base de un pensamiento alternativo al de la iglesia, con el planteo de no estudiar preconceptos sino formar los cimientos que posibiliten el “aprender a pensar”. La estética toma en este planteo un lugar central, ya que se afirma el educar, también mediante las expresiones artísticas. Esta formulación del lugar de la estética en el proceso educativo es consecuente con el surgimiento de los museos en el siglo XVIII. El primero será el Fredericianum en 1769, en Alemania; el segundo es el del Louvre en 1792, en Francia y luego el del Prado en 1819, en España como grandes museos nacionales. Se produce, de esta manera, la exposición de la producción artística en un lugar al cual se puede acceder para su observación, no estando ya reservada exclusivamente para las residencias de los poderosos, las iglesias o las cortes de los reyes.  

La conciencia de época de estar protagonizando un movimiento renovador en el plano ideológico, produjo el deseo de condensar todo el saber en varios libros, para que las luces de la razón y de la ciencia se difundieran. “Entre 1751 y 1772, la Encyclopédie de Denis Diderot y Jean le Rond d´Alembert se convirtió en el diccionario más famoso (...) del mundo occidental (7)”. En 1751 vio la luz la primera edición del primer volumen de la Enciclopedia. Con esta iniciativa los hommes de lettres aspiraban a convertirse en guía de la renovación y del progreso social. En las páginas de esta obra, debían incluirse todas las entradas importantes para la cultura, las ciencias y las artes. El título completo era Diccionario Razonado de los Ciencias, de las Artes y de los Oficios y fue la primera obra colectiva escrita “Diderot (...) convenció a unos 160 colaboradores para que escribieran para su Encyclopédie que, una vez completada, comprendería 72.000 entradas de texto y más de 2.500 láminas en veintiocho volúmenes infolio(8)”. La intención de los pensadores de la época que colaboraron en su publicación era la de difundir conocimientos concretos que pudieran ser usados por aquellos hombres que desearan ampliar su formación general.

El nombre de Estética, refiriéndose a la filosofía del arte data de este período histórico y la autonomía de la misma se consuma en Francia con su inclusión dentro de la Enciclopedia en 1778 como una nueva ciencia entre las filosóficas, como “Filosofía de las Bellas Artes” o “Ciencia de deducir de la Naturaleza del gusto la teoría general y las reglas generales de las Bellas Artes”. 

La autonomía del arte en la modernidad se debe a que éste tendrá que fundarse a sí mismo, porque va a quedar sin fundamento eclesial. El arte dejará de estar insertado dentro de lo religioso y, de esta manera, buscará contextualizarse a sí mismo, autofundamentarse. Necesidad que no se había manifestado anteriormente al estar enmarcada la obra de arte en la religiosidad. Para el filósofo alemán Hans Gadamer: “La estética es una invención tardía que coincide con la aparición del sentido eminente del arte separado del contexto de la práctica productiva, y con su liberación de esa función cuasi religiosa que tiene para nosotros el concepto de arte y todo lo referido a él. (...) Como disciplina filosófica la estética no surgió hasta el siglo XVIII, la época del racionalismo moderno que se alzaba sobre la base de las ciencias naturales...(9) ”. De este modo, la estética conquista su autonomía como disciplina, en paralelo con lo que ocurre en la práctica que ejerce el hombre de dominio de la Naturaleza.  

La teoría estética pretende seguir los postulados de la física y de la matemática para postular su universalidad. El objetivo de la estética será el de liberarse de la mera intuición e independizarse de la imaginación; ya que, siguiendo el pensamiento de René Descartes, la imaginación es la facultad que nos permite tener imágenes del mundo exterior, pero éstas son accidentales, pueden cambiar. Por lo tanto, no encontramos en ella la verdad que se encuentra en el entendimiento. El pensamiento es la sustancia, lo permanente, lo que no puede variar del objeto. A la verdad segura, se accede sólo por la vía intelectual, ya que la intuición intelectual determina el núcleo permanente de las cosas, subyace a un conjunto de atributos que pueden variar. Cassirer afirma que para Descartes: “La imaginación aparece, no como camino para la verdad, sino como manantial de todas las ilusiones a que está sometido el espíritu humano”(10). Así, la meta de la crítica filosófica, ahora con autonomía propia en la fundación de la estética, será la de disciplinar a la imaginación, para alejarnos de la extensión sensible y conducirnos hacia la extensión inteligible.

La estética clásica tomará estrictamente esta idea de traspaso del mundo sensible por la luz de la razón. “Aquí hay que romper todos los puentes que nos llevan al mundo de la mera fantasía, porque la ley a que está sometida la obra de arte, en tanto tal, no procede de la fantasía, no es un producto de ella, sino una pura ley objetiva que el artista tiene no tanto que inventar como encontrar, tomarla de la naturaleza de las cosas(11)”. Por lo tanto, el artista debe responder al imperativo de la belleza, a la cual se accede por el camino de la verdad, no necesitando falsos adornos, debido a que no debe detenerse en la superficialidad que reposa en los sentidos, sino que deberá separar la esencia de la apariencia. Del mismo modo que la verdad de la res extensa está en la sustancia, así debe obrarse en relación al objeto artístico. Las obras no actuarán como certeza filosófica por su encanto exterior, sino por la claridad del contenido intelectual.    

Para el arte clásico no existe separación entre arte, ciencia, matemáticas y filosofía  ya que todo conocimiento humano estará destinado a la búsqueda de la perfección. En su texto, Ernst Cassirer afirma que el pensamiento cartesiano, por su parte postula que :

La nueva dirección no debe abarcar sólo a las ciencias, en el sentido restringido de la palabra, a la lógica, a la matemática, a la física y la psicología, sino también el arte queda sometido a la misma exigencia rigurosa; tendrá que adecuarse a la razón y ser probado con sus reglas y después de tal prueba veremos si su contenido es genuino, permanente y esencial. (...) Descartes no incluye en su filosofía ninguna estética, pero la tendencia de su obra filosófica contiene ya su esbozo mental; porque la unidad absoluta a que reduce la esencia del saber y merced a la cual deberá superar todas sus separaciones arbitrarias y convencionales, la extiende al campo del arte (12).”

La idea fundamental es que la naturaleza se somete a principios fijos, y la meta de la ciencia es precisarlos claramente. Asimismo el arte, posee la misma condición interna, si existen leyes universales de la naturaleza, también las habrá para el arte “imitación de la Naturaleza”. “Y, finalmente, todas esas leyes parciales tendrán que subordinarse a un principio único y simple, a un axioma de la imitación(13)”.

El paralelismo de las ideas científicas y artísticas se observa en cómo se supera, en la estética clásica, la relación entre el caso y la regla para no caer en la demostración interminable de casos particulares.  El sistema de la razón es el que permite subsumir todas las cuestiones particulares en los principios universales. La totalidad, tanto a nivel artístico como científico, permite someter a un mismo principio todas las manifestaciones artísticas aparentemente disímiles. El arte griego estará asociado a la idea de mímesis, que considera que en el mundo real, la manifestación artística debe representar la naturaleza. Por lo tanto, según el punto de vista clásico, el arte es una imitación de la naturaleza, pero no se reduce a un simple retrato de ella, sino que busca una naturaleza universal. Descartes con sus demostraciones matemáticas y geométricas puede postular reglas universales en las cuales cada caso particular está determinado por el a priori de la experiencia, determinando la unidad de lo múltiple. De la misma manera, según Ernst Cassirer: “Las especies y géneros artísticos no se comportan de manera distinta que las cosas naturales, como ellas poseen su invariabilidad, su consistencia, su forma y destino específico que ni se deja cambiar ni es posible agregarles.” Por este motivo, la originalidad puede manifestarse en esta concepción artística en lo referente a la expresión, pero no en lo que atañe al contenido que se halla preformado antes del contacto con la mera intuición por la verdad artística. 

Los conceptos desarrollados abrirían el camino a la esperanza de que, siendo una gran funcionalidad ideológica para el liberalismo, por medio del arte el hombre pueda conciliar la razón con los instintos o la naturaleza con la razón. Si el iluminismo, es según la afirmación de Immanuel Kant: la salida del hombre de un estado de minoridad ya que “La minoría de edad es la incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin la guía del otro(14).” Entonces, la puesta del sujeto de la modernidad como único parámetro de toda verdad lograría una emancipación del hombre que a través de la técnica, la ciencia y la razón. El racionalismo y su matematización de la regularidad de la naturaleza aportaron conceptos vinculados con la universalidad de la razón válidos para todo lo relacionado con la naturaleza humana en todo tiempo y espacio. De esta manera, se puede dominar la naturaleza pero en este dominio sobre el mundo natural, el hombre se terminaría explotando a sí mismo ya que él está inserto en la naturaleza.

El David representaría el cuerpo y el alma de la perfección pictórica, el cuerpo desnudo con su estilo clásico que resume sin falsas ornamentaciones al imperativo de la belleza, a la cual se accede por el camino de la verdad “Las ataduras de la figura son sólo simbólicas, pues Miguel Angel no se preocupaba por el aspecto exterior (...) sino por el tormento interior”(15). La idea platónica del cuerpo como la prisión del alma se expresa en la escultura de Miguel Angel expresando la dualidad en su obra. Sin embargo, la educación estética permite la unificación en la obra de esa doble carácter alma-cuerpo, la unión de lo sensible y lo intelectual por lo tanto, la estética y especialmente la educación referida a ella, resolvería esa dualidad platónica, logrando la utopía de la conciliación, ya que presume que podría unir utópicamente, lo material y lo espiritual, cubriendo parte del vacío que ha dejado la desdivinización del mundo moderno. (*)

 

 

(*) Fuente:  Daniela Salzman, "La estética ilustrada", trabajo realizado en el contexto de la materia Principales corrientes del pensamiento contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en 2007.

 

Citas:

[1] Fleming, W. “El renacimiento” En artes, música e ideas. Ed. Interayericaza.

[2] Información pictórica obtenida en http://aprendersociales.blogspot.com

[3] Información sobre el movimiento iluminista suministrada en www.portalplanetasedna.com.ar/ilustracion

[4]Randall, John H. “La formación del pensamiento moderno. Historia intelectual de nuestra época.” Ed. Mariano Moreno, Bs. As., p. 263.

[5]Cassirer, Ernst. “La filosofía de la Ilustración”, FCE, México, 1950, p. 309.

[6]Cassirer, Ernst. Op. Cit., p. 307.

[7] Birn, Raymond, “Enciclopedismo”, Ficha de Cátedra N°2 de la materia Principales Corrientes del Pensamiento Contemporáneo, Cátedra Nicolás Casullo, año 2007, p. 157.

[8] Birn, Raymond, Op. Cit. p. 157-158.

[9]Gadamer, Hans. “La actualidad de lo bello”, Paidós, Bs. As. 1998, p. 53.

[10] Cassirer, Ernst. Op. Cit., p. 312.

[11] Cassirer, Ernst. Op. Cit., p. 314.

[12] Cassirer, Ernst. Op. Cit., p. 308.

[13] Cassirer, Ernst. Op. Cit., p. 309. 

[14] Kant, Immanuel. “Respuesta a la pregunta ¿Qué es la Ilustración?”, en Ficha de Cátedra N°2 de la materia Principales Corrientes del Pensamiento Contemporáneo, Cátedra Nicolás Casullo, año 2007, p. 9.

[15] Fleming, W. Op. Cit., p.183.

 

 

 

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