Inicio  Mapa del sitio Volver novedades

 

 

 

 

FILOSOFÍA Y ADIVINACIÓN: PITAGORISMO ANTIGUO 

              Por Bernardo Nante

 

Pitágoras

 

   En sus comienzos, la filosofía griega aún combinaba el razonamiento con una intuición ontológica del ser cercana a lo místico y un saber de índole hermética. Ejemplo arquetípico de esta conjunción de elementos es la cosmovisión filosófica pitagórica. En el artículo que sigue a continuación, Bernardo Nante, notable investigador en el terreno del pensamiento antiguo, la alquimia y la obra junguiana, recrea el vínculo de la filosofía pitagórica, y su estimación de la racionalidad matemática, con la adivinación o inspiración. Este artículo fue anteriormente editado en la página amiga, que recomendamos plenamente: www.elhilodeariadna.org

E.I

 

FILOSOFÍA Y ADIVINACIÓN: PITAGORISMO ANTIGUO 

              Por Bernardo Nante

 


  La adivinación, en su aspecto sapiencial, contribuyó en modo significativo, en la conformación de la filosofía pitagórica antigua, ella misma no mera indagación racional sino saber divino e inspirado que se adentra en la Verdad.
Como es sabido, contamos con escasas fuentes directas e indirectas, tempranas y fidedignas, debido probablemente a que la regla del silencio impuesta en la escuela, por un lado limitó la transmisión de la doctrina y, por el otro, dio pábulo a la fabulación en torno a la vida y obra de Pitágoras , ya sea en tono laudatorio o difamatorio. Si bien nos limitaremos aquí a presentar unas pocas fuentes, el presente trabajo - que continúa otros anteriores -, ha sido concebido en el espíritu de la recomendación de Burkert, según la cual es menester abordar al pitagorismo de modo global para evitar conclusiones unilaterales .
El mismo nombre de Pitágoras se asocia con el oráculo de Delfos. Según una explicación de Apolonio de Tiro admitida por Jámblico, "Pitágoras" significa "el anunciado por el Pitio". Delcourt afirma que la composición –agoras le otorga más probablemente un sentido activo, 'Pitágoras' sería "el que expresa el Pitio", lo cual se conforma con la imagen legendaria. Así Diógenes Laercio glosa: "Aquel que dice la verdad tan bien como el Pitio". Es posible, sin embargo, que esta etimología discutible y ya legendaria, haya actuado sobre el resto de la leyenda en torno a la personalidad de Pitágoras . Lo cierto es que puede dilucidarse un núcleo unitario en la leyenda pitagórica antigua si se cuida de no atribuirle referencias tardías. Así, si bien varias fuentes tardías atestiguan el origen délfico de las enseñanzas de Pitágoras, al menos una fuente intermedia, Aristóxeno, lo consigna en un texto de Diógenes Laercio : "Afirma también Aristóxeno que Pitágoras recibió la mayor parte de los preceptos morales de Temistoclea, sacerdotisa de Delfos ' . El carácter suprahumano de Pitágoras aparece consignado en los textos más antiguos. Su filiación apolínea atestiguada en textos aristotélicos, se halla vinculada a diversos prodigios tales como el dominio sobre los animales, la bilocación y la adivinación que le permite conocer el futuro y anunciar por ejemplo la sublevación de Crotona o el pasado y revelar las anteriores encarnaciones de quienes lo rodean . La filiación antes apuntada, se ve corroborada por el ascetismo purificatorio que aproxima adivinación y sabiduría, y posibilita que la incipiente especulación pitagórica conforme una adivinación sapiencial, según la cual el adivino decodifica patrones impersonales de la realidad y lleva un modo de vida acorde con los mismos. Acaso en este contexto debe entenderse el relato de Jámblico según el cual Pitágoras enseñó a Abaris una forma no sangrienta de adivinación por medio de números . Será la misma vinculación del pitagorismo con la tradición délfica ya anticipada, la que nos permitirá orientar nuestra investigación. Según Giorgio Colli, en Delfos, suerte de símbolo unificador de Grecia, se manifiesta la inclinación helénica hacia el conocimiento . Es característico de los griegos que el aspecto teórico esté ligado a la adivinación, pues esta lejanía propia de Apolo, reflejaría a la vez una suerte de distanciamiento metafísico y una actividad dominadora del mundo humano sometido al inexorable destino. Apolo "hiere de lejos", pero su mortífera distancia es también símbolo de su conocimiento del destino. Este es quizás el sentido del fragmento de Empédocles, que al referirse con seguridad a Apolo, lo describe desprovisto de miembros, "... sólo es mente sagrada e inefable, que se lanza por el mundo entero con veloces pensamientos ". La agónica lejanía apolínea está presente en el mismo lenguaje oracular; recuérdese el célebre fragmento de Heráclito : "El Señor, cuyo oráculo está en Delfos, no dice ni oculta, sino indica por medio de signos ".El lenguaje oracular instaura un diálogo desigual y enigmático ya que por su intermedio lo superior, la divinidad, se comunica con lo inferior, con el hombre. Por ello, el enigma sólo es comprendido por el noble o el sabio, según señalan en contextos diversos y con variados matices Teognis, el mismo Heráclito o Platón. La forma más antigua de enseñanza de los pitágoricos se encuentra representada en los akousmata o symbola que consisten en máximas transmitidas oralmente en un contexto ritual y cuyo carácter enigmático refleja por un lado la regla del secreto de la escuela y, por el otro, la misma naturaleza de un conocimiento profundo, divino, que no consiste en expresarse con claridad sino en suscitar una inspiración transformadora. Uno de los akousma consignado por Jámblico y cuya fuente es aristotélica, reza así: "¿Qué es el oráculo de Delfos? La tetraktys, es decir la armonía en la cual se encuentran las Sirenas ". La tradición consigna diversas variantes de interpretación de la tetraktys pero en su mayoría coinciden en concebirla como una estructura numérica cuaternaria que despliega la década mediante la suma 1+2+3+4=10, y cuya figuración triangular se realiza mediante puntos. Los intervalos musicales básicos, representados por las proporciones 1:2, 2:3 y 4:3, contenidos en la tetraktys, expresan la armonía universal y postulan al universo como orden bello, como cosmos. Su carácter sacro se halla confirmado por la fórmula de juramento pitagórico, probablemente vinculado con el oráculo délfico : "No, lo juro por aquel que transmitió a nuestra alma la tetraktys, en la cual se encuentra la fuente y la raíz de la Naturaleza eterna ".

Delatte ha demostrado la antigüedad y la importancia de la tetraktys, que representa una de las doctrinas fundamentales de la aritmología pitagórica . En efecto, en ella se concilia un aspecto especulativo que explica las leyes de la armonía del universo y a la vez un aspecto ético-religioso, pues el rol catártico de la música hizo de ella un instrumento óptimo para la purificación . Delatte advierte en este akousma una imagen del mundo análogo al mito de Er de la República X. La relación entre la tetraktys y el oráculo se realiza mediante el rol intermediario de las Sirenas quienes a su vez se relacionan con Apolo, por su doble carácter musical y profético. El akousma apunta fundamentalmente a señalar la armonía de las esferas como la más alta enseñanza pitagórica , como la mayor revelación de Apolo-Pitágoras . Nosotros entendemos que es posible esclarecer en alguna medida el alcance filosófico de este akousma recurriendo al concepto pitagórico de mímesis. Aristóteles en la Metafísica señala que los pitagóricos dicen que las cosas son ‘por imitación’ de los números . Delatte afirma que esta es la forma más antigua de la teoría numérica pitagórica, que fue transmitida por Timeo como correspondiendo al Discurso Sagrado, lo cual permite suponer que el concepto de mímesis posee un significado ético-religioso .
Timpanaro Cardini observa que si la mímesis es para Aristóteles la acción dramática, extrinsecación del mythos creado por el poeta; en términos pitagóricos el mythos o eidos sería el número, el complejo de acción escénica que correspondería a las cosas, manifestaciones sensibles del número . La extrinsecación del número se realiza acercándose a la Mónada, como ocurre en la serie de los números impares, o alejándose de ella como ocurre en la de los pares. Guthrie recuerda que en el teatro griego la mímesis no es mera imitación, el personaje "penetra" en el actor. El origen religioso del teatro se conjuga aquí con el carácter religioso del pitagorismo. En las representaciones dramáticas más tempranas, los hombres personifican dioses o espíritus; así en el culto de Dionisio, los Bacchoi "... eran entheoi, dios estaba en ellos, o desde otro punto de vista ekstatikoi, fuera de sí mismos . El pitagórico aspira a "ser " Pitágoras o "ser " Apolo Hiperbóreo.
Apolo se manifiesta, se expresa, con autoridad en el oráculo de Delfos, en el omphalos. Se trata, entonces, de alcanzar ese centro para recibir la inspiración apolínea. Se indaga al oráculo, es decir a la tetraktys, se indaga a una estructura numérica que se expresa tácitamente en la armonía universal, pero esta indagación no puede limitarse a la razón; la tetraktys es en sí misma una suerte de anima mundi. Así, puede afirmarse acaso que la sabiduría oracular délfica comienza a interiorizarse en el pitagorismo. No podemos asegurar el alcance del akousma "Conócete a ti mismo", pero la máxima délfica constituía una recomendación para reconocerse mortal y no Dios, y así evitar la hybris, la desmesura. Desde el punto de vista especulativo, inquirir a la tetraktys supondría indagar a y en los números, descubrir las semejanzas, las concordancias entre las cosas y los números. La conciliación entre el aspecto ritual y el especulativo no está exenta de una cierta ambigüedad que se refleja en el mímesis pitagórica que vacila oscuramente entre los conceptos de semejanza e identidad. El ritual lleva en germen la especulación, el tránsito de la posesión apolínea , de la mímesis como identidad (que ya supone en alguna medida "distancia", "moderación") a la mímesis como semejanza que se hace patente en un proceso racional. La mímesis expresada en la inmediatez del cultivo de la música, se mediatiza en el contar y en las operaciones numéricas, generándose así la matemática: y en el descubrimiento de las correspondencias numéricas que revelan el cosmos como un todo ordenado de acuerdo con el número se genera la filosofía. Sin embargo, paradójicamente, este tránsito, lejos de implicar una mediación definitiva , recae en la experiencia inmediata del sabio que aspira a escuchar la armonía de las esferas.
El esclarecimiento de la mímesis pitagórica antes emprendido permite que se la encuadre como una modalidad peculiar de un fenómeno religioso universal. Eliade afirma que para el hombre religioso: "no se llega a ser verdadero hombre, salvo conformándose a la enseñanza de los mitos, salvo imitando a los dioses20". Como es sabido, este autor demuestra que el rito actualiza al mito de acuerdo a las siguientes pautas:
Para el hombre arcaico, la realidad es una función de la imitación de un arquetipo esencial.
La realidad es conferida a través de la participación del "simbolismo del centro": ciudades, templos, casas se tornan reales por estar asimiladas al centro del mundo.
Los rituales se tornan significativos porque repiten los actos realizados originariamente por dioses, héroes o ancestros21. Veamos cómo funcionan estas pautas de acuerdo a la concepción y al ritual pitagórico:
El arquetipo es para el pitagórico el número o la estructura numérica de la realidad expresada fundamentalmente a través de la tetraktys.

El oráculo de Delfos es precisamente el omphalos, el centro del mundo, según señala la más antigua tradición griega y según retoma el pitagorismo, transformando el topos espacial en un topos numérico.
Satisfechas las dos primeras características, cabe preguntarse:
¿ Cuáles son para los pitagóricos los actos realizados originariamente por dioses, héroes o ancestros?
Es menester recurrir a la naturaleza misma de los números pitagóricos para descubrir estos actos originarios, constitutivos. Para ello es posible adherirse a la concepción "genética" de los números pitagóricos defendida por Kucharski, sin por eso tomar partido en la controvertida discusión en torno a la filiación pitagórica o platónica del pasaje del De Anima que hace alusión a la tétrada. Según este autor los números son realidades cuasi animadas; de modo tal que los más simples engendran a los más complejos. De allí que la terminología "engendrar" (gennán) y "ser engendrado" (gennásthai) se aplicara normalmente a las operaciones numéricas22. Pero esta génesis se realiza de acuerdo con la disposición del gnomon, en torno al uno, en el caso de los números impares, y en torno al dos en el caso de los números pares. No es de extrañar que esto expresara un vacilante y no deseado dualismo del primer pitagorismo o de algún estadio casi inmediato a éste, presente en la tabla de oposiciones pitagórica consignada por Aristoteles23. Es probable que este dualismo tuviera un carácter eminentemente religioso y su superación vacilara entre una negación de lo ilimitado como negación del cuerpo, y una conciliación de lo limitado/ilimitado en la mónada que es par/impar. En cualquier caso la tetraktys se construye en torno a la unidad y a la progresión numérica y consiste en un mayor acercamiento o alejamiento de la misma. Según señala von Franz, todos los métodos oraculares numéricos utilizan la idea de contar lo numéricos según su regresión24. Así, este modo de "contar hacia atrás", apunta a una vuelta al origen y a la vez a una interiorización. Se realiza una vía convergente; en el plano de macrocosmos la parte (lo principiado) se vincula al principio; en el plano del microcosmos el hombre se unifica consigo mismo o bien con el principio.
Hemos adelantado que el "conócete a ti mismo" délfico comienza a interiorizarse en el pitagorismo antiguo. Delatte y Schuhl vinculan el examen de conciencia pitagórico que exige someter las acciones cometidas a un juez interior, con el precepto délfico; de modo tal que se trata de conocer al daimon, al ser divino que mora en nosotros25. El examen de conciencia, con su doble objeto moral y cognoscitivo descubre el destino humano y universal. La adivinación, concebida en su dimensión sapiencial, expresa el don de la memoria que descubre el pasado y el camino futuro hacia la divinidad. Empédocles refiriéndose con toda probabilidad a Pitágoras, afirmó que este veía (leússesken) "... todas y cada una de las cosas que existen en el curso del diez o veinte generaciones26...".
Hemos señalado que el lenguaje oracular es enigmático porque pretende reflejar y quizás ser en sí mismo una teofanía. Así el silencio del secreto no es más que la mudez externa de una verdad inamisible o, por lo menos, difícil de verbalizar. El akousma debe ser "escuchado", es decir oído con atención y veneración, pues expresa al cosmos que "habla", mediante la armonía de las esferas. Por ello la lengua verdadera, el lógos verdadero debe entenderse como número. La lengua griega no fue ajena a esta afinidad entre el número, palabra, razón; en el sentido más originario de lego como "reunir, recoger, elegir ", ya resplandece el de "contar, numerar ", de modo tal que el número acompaña posibilitando la reunión en la concordancia de lo múltiple en lo uno27.
Sin embargo, como ya fue señalado la mímesis pitagórica lleva en su seno el germen de la razón discursiva. Contar y operar con números y figuras geométricas implica establecer relaciones, cuya coherencia se articula en un proceso racional. Pero en la medida que esto ocurre, la inmediatez de la mímesis cede ante la mediatez de la demostración. La "mística numérica" cede su lugar a la matemática propiamente dicha, que se desinteresa del contenido de un fenómeno, para limitarse a su relación abstracta. En suma, la aspiración de la unidad del saber se fragmenta en una "polymátheia". Música, aritmética, geometría y astronomía se confundían con el culto de la tetraktys y el número. Esta oscura síntesis, que parece haberse perdido si nos atenemos a los testimonios de pitagóricos posteriores, habrá alentado la crítica mordaz de Heráclito. Erudición y charlatanismo son en definitiva la misma cosa, pues contrapuestas a la unidad, nada enseñan. Sin embargo Platón, que según Aristóteles "pitagoriza" en silencio, celebra el temple educador de Pitágoras. Música, aritmética, geometría, astronomía reaparecen así en la paideia platónica en un sistema más elaborado que, además, intentará articular críticamente la tensión pitagórica entre el discurso y el silencio. Y la compleja problemática de la Década platónica reactualizará en dimensión metafísica la aspiración del pitagórico quien, instalado en el oráculo, en el topos -idea de la tetraktys, intentaba con el don de la memoria unir el pasado y el futuro imitando así a los astros que con su órbita circular unen el principio con el fin.(*)

(*) Fuente: Bernardo Nante, "Filosofía y adivinación: pitagorismo antiguo", editado anteriormente en la página, con gran variedad y calidad de textos sobre filosofía, simbolismo tradicional y literatura: www.elhilodeariadna.org

 

 

 

   ©  Temakel