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EL CRISTIANISMO ETÍOPE

Una especial tradición cristiana en África

 

 

Imagen aérea de la Iglesia de San Jorge, en Etiopía, África, construida en el siglo XII. Se halla hundida en una colina de roca volcánica y su aspecto cruciforme corresponde a una cruz griega.

 

   Entre las tierras africanas de la aridez, lo selvático y desértico, surgieron culturas ancestrales signadas por el mito y el culto de los antepasados. Pero también en África pueden escucharse las invocaciones al Hijo de un Dios que sufre en una cruz y resucita tras ser martirizado. Es el caso de la Iglesia etíope, un ejemplo de singular cristianismo africano. Los orígenes de esta iglesia se remontan al siglo IV. Más al norte, en el Valle del Nilo, existieron los reinos cristianos de Nubia que, al ser sometidos por los musulmanes, desaparecieron paulatinamente. Para el siglo XV, el único culto cristiano sobreviviente en África era el de Etiopía. En aquel entonces, su máxima autoridad era un egipcio nombrado por el Patriarca de Alejandría. La capital del reino cristiano de los etíopes fue Aksun. Allí, se cultivó la lengua literaria y litúrgica llamada ge'ez. El cristianismo etíope es monofisita. El monofisismo procede de Eutiques, heresiarca griego del siglo IV que fundó la secta de los eutiquianos. Eutiques sostenía que Jesucristo posee una sola naturaleza: la divina, que ha absorbido a la humana. Esta doctrina fue condenada por el Concilio de Caledonia en el 451. 

 La iglesia monofisita etíope mantenía a su vez una importante relación con la religión judía. Una antigua tradición asegura que la famosa y desaparecida Arca de la Alianza estaría oculta hoy en un templo etíope de acceso totalmente prohibido. En la Etiopía cristiana se conservan algunas costumbres judías, como el respeto del descanso el sábado (además del domingo) y la circuncisión. También, la Iglesia etíope comparte con las iglesias orientales la coexistencia de un clero secular, integrado por individuos del pueblo que deben estar casados, y un clero regular, del que provienen los obispos. 

 La arquitectura más extraordinaria creada por la Iglesia etíope lo constituyen los templos monolíticos de Lalibela, nombre de un rey del siglo XII y de una población entre las montañas en las provincias de Welo, al norte de Addis Abeba, la vieja capital de Etiopía. En el siglo XII, el rey Lalibela se presentó como el heredero de la dinastía Salomónida, estirpe dinástica creada por Menelik ( o León de Judá), hijo del rey Salomón y de la reina de Saba. Bajo la autoridad de Lalibela se construyó una iglesia única en el mundo: la Iglesia de San Jorge de forma cruciforme ( su cruz es griega, dado que sus cuatro extremos son iguales) empotrada en una fosa de doce metros de profundidad excavada en roca volcánica. La explicación profana es que Lalibela habría erigido numerosas iglesias en piedra con el propósito de legitimar su gobierno y esmaltar con brillo y gloria su capital. Pero la tradición legendaria es más seductora: al construir sus iglesias en la roca, el rey etíope se embargó de santidad y humildad. Al concluir su tarea, Lalibela renunció al poder y se entregó a la contemplación y la adoración de la divinidad.

   Aquí, en este nuevo momento de Textos sobre Mitología, simbolismo y religión en Temakel, le presentamos una aproximación mediante texto y fotografías de la singular y poco conocida manifestación de la religión cristiana en el continente africano.

E.I

 

 

EL CRISTIANISMO ETÍOPE

Una especial tradición cristiana en África

 

En 1520, el explorador y misionero portugués Francisco Alvares penetró en las tierras altas de Etiopía central y se encontró en medio de una nación de cristianos profundamente piadosos. Realmente, Etiopía se había convertido en el año 333, y durante más de tres siglos estuvo en contacto con Alejandria, que era el centro espiritual del Norte de África. Mas en el año 640, Egipto abrazó el islamismo, y con ello Etiopía quedó aislada de la corriente principal de la cristiandad durante más de 800 años.

 Alvares se quedó doblemente sorprendido cuando vio los lugares de culto etíopes, especialmente ante las iglesias monolíticas de Lalibela, remoto poblado montañoso que había sido la capital de Etiopía. Diez de dichas iglesias habían sido talladas en la roca viva durante el siglo XVll, bajo la dirección del rey Lalibela, el cual dio su nombre  a la ciudad. A diferencia de tantas otras reliquias del África antigua, éstas iglesias todavía siguen muy activas: a través de los siglos, Lalibela se ha conocido con el nombre de "la Jerusalén de Etiopía", y los peregrinos aún recorren incontables centenares de kilómetros para ir a orar allí.

Durante siglos, los eruditos se han preguntado qué es lo que pudo inspirar al rey Lalibela a emprender la enorme tarea de labrar 10 iglesias en la roca viva. Según un manuscrito etíope del siglo XIX, fue Dios quien inspiró a Lalibela al construir las iglesias; además, cuando los trabajadores de Lalibela terminaban su trabajo diario los ángeles trabajaban durante la noche.

Los historiadores dan una descripción algo distintas. Dicen que los antepasados de Lalibela habían usurpado el trono etíope de la dinastia salomónica hacia el año 1100, iniciando la dinastía zagwe.

 

Derecha, en imagen para ampliar, celebración de la Navidad en Lalibela. Los monjes se hallan vestidos por blancos ropajes tocan trompetas y se alinean junto al borde de un barranco, mientras, abajo, otros sacerdotes los acompañan con danzas.

 

Mas el país, bajo esta dinastía, declinó en poder y prestigio, y los salomónicos se hicieron peligrosamente fuertes. Lalibela construyó iglesias para dar grandeza a su ciudad capital, y así oscurecer a los salomónicos, pero principalmente lo hizo para ganarse el favor de clero cristiano de Etiopía como rey legítimo.

 

Derecha, en imagen para ampliar, detalle de una de las columnas dentro de la iglesia atribuida a Lalibela labrada en la roca e ilustrada con pinturas policromas de motivos geométricos.

 

Por seculares que hubieran sido sus motivos originales, cuando el trabajo estuvo terminado, Lalibela era un hombre distinto. Según la leyenda, había gastado toda su riqueza para financiar el proyecto. Dormía sobre piedras, comía solamente hierbas y raíces, y cuando dos décadas después se completó la última iglesia, abdicó el trono para adoptar una vida cristiana contemplativa. En la actualidad, si bien otros reyes zagwe son considerados por los etíopes como unos perfectos canallas, el rey Lalibela es aún reverenciado como un santo.

Izquierda, imagen desde el nivel de la tierra, de la iglesia cruciforme asentada en la trinchera de roca volcánica.

 

 En ningún otro sitio de Lalibela se ilustra de un modo más vívido la enormidad de la tarea realizada por los constructores de iglesias, como en la Iglesia de San Jorge, que aquí se muestra. Los trabajadores excavaron el lecho rocoso hasta profundizar unos 12 metros, formando una trinchera, pero dejando sin tocar un enorme bloque de piedra, que fueron desbastando para darle la forma de una cruz griega.

  Una leyenda relacionada con la iglesia dice que fue construida después de que San Jorge, furioso porque no se había erigido iglesia alguna en su honor, se presentó en la ciudad al galope y ordenó a los trabajadores que le construyeran una. Existe una piedra, cerca de la iglesia en la que hay impresa una huella que parece un casco de cabello. (*)

 

La iglesia de San Jorge vista desde el interior de la cavidad que le sirve de hogar. Puede observarse el basamento pétreo con escalones en derredor de la iglesia, que se ensancha en la escalera de la entrada principal y en la capilla lateral de la derecha.

 

 (*) Fuente: Basil Davidson, Reinos africanos, v.II, Barcelona, Folio, 1993.

 

 

 

 

   ©  Temakel. Por Esteban Ierardo