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  LAS MANIFESTACIONES DE YAHVÉ EN LOS ELEMENTOS DE LA NATURALEZA

                                                                                Por Sergio Fuster

         sergio@fuster.net

 

                                      

 

    "Yo soy Yahvé tu dios...No tendrás otros dioses fuera de mí. No te harás escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en los cielos, abajo en la tierra, o en las aguas, debajo de la tierra." (Éxodo XX: 2-4, Nueva Biblia de Jerusalén)

   Estas palabras recogidas del Decálogo mosaico, son una prueba de que en la antigüedad existía una interpretación simbólica y existencial que ligaba lo sagrado con el medio geográfico. Vale decir, que a simple vista, se puede observar que existen en las mitología dioses del cielo y de la tierra, así como divinidades oceánicas y del submundo. Lo que se conoce como "tipología espacial".

   Entre los egipcios, el cielo fue llamado "Nut", que era representado en algunas versiones del mito como una entidad femenina en forma de vaca. Mientras que la tierra, "Geb", era imaginada como un hombre recostado en cuyas espaldas le crecían plantas. El espacio intermedio era conocido como "Shu". El tercer plano de existencia era "Duat", entendido como el mundo o morada de los difuntos (1).

  Los griegos de la antigüedad, tuvieron una visión similar con el mito de la castración de "Urano" (El cielo) y como consecuencia la separación con "Gea" (La tierra) (2). Estas concepciones basadas en los ambientes naturales surgen de la necesidad del hombre de explicar el lugar que ocupa en el cosmos (3).

   Las configuraciones básicas del medio, prepararon el escenario para el posterior drama mitológico; cuyos papeles pasarían a protagonizar otras divinidades activas. Ya sea en Egipto, con el ciclo mítico del sol y la luna; o en Grecia, con la lucha de "Cronos" contra los titanes. Es decir, que la dualidad cielo-tierra y el obvio espacio intermedio, fueron el receptáculo para los ciclos y para los fenómenos de la naturaleza. El gran impacto que estos produjeron en la vida y la cultura de los pueblos antiguos, fue una de las razones para que su mundo se poblara de "fuerzas"; ya sea divinizadas en sí mismas o como atributos de las distintas deidades (4).

   Podemos concluir entonces, que el medio geográfico y los diversos "misterios" naturales que allí se producen nos ponen en una de las pistas para comprender la posterior evolución de los pensamientos "teológicos" de los diversos pueblos.

   Siguiendo con el ejemplo de Egipto, su aridez abrumadora relacionada con el caos y la muerte, era abruptamente quebrada por la serpenteante franja de las aguas del Nilo. Sostenedoras de la vida y ordenadoras de cosmos. En este caso la salvación no provenía de las gotas de lluvia, sino de las propias aguas del divino "Hapy" y sus crecidas.

   A otras culturas, sin embargo, su ambiente siempre los limitó a una lucha tenaz contra las fuerzas de la naturaleza, ruda e inclemente, pobre y agreste. Esta le imponía al hombre que vivía bajo ella el esfuerzo constante por alcanzar nuevas regiones. Un lugar mejor; "una tierra que manara leche y miel" (5).

   Los israelitas, al ser un pueblo seminómada, tenían una mentalidad diferente a los egipcios. Nostálgicos, eran los "extranjeros" a la espera de recuperar su "paraíso perdido". Su anhelo y salvación no estaba en el país de la "tierra negra" ni en las aguas vivificadoras del Nilo, sino en la "tierra prometida" y en el rito de la sangre sacrificial (para obtener mayores detalles del papel de la sangre en la teología hebrea, ver él articulo en Temakel  El Arca de la Alianza). Quizá por ello, Moisés en la primera de las plagas tiñe sus aguas de rojo en desafío al carácter sagrado del Río (6). Vale decir, que mientras el egipcio solo deseaba nacer y morir en su suelo, el hebreo solo esperaba rendir culto fuera de allí.

  Como pueblo sin territorio, tenía puestos sus ojos en la región prometida a su antepasado, Abraham, la tierra de Canaan. En aquel "Edén" típico, abundaban las copiosas precipitaciones. Los verdes valles torrenciales, con sus gargantas profundas bañadas de cascadas desbordantes, presentan aún hoy, una estabilidad climática no conocida en el valle del Nilo. En las tajantes temporadas invernales, ocurría la resurrección de Baal; hierofanizado en las lluvias fertilizantes. Y en los recios veranos, reinaba Mot; el dios de la aridez manifestado en el fuego (7).

  Ahora, si Yahvé no era como los dioses de Egipto ni como los dioses de Canaán, ¿cuál era su naturaleza?

 ¿ERA YAHVE EL DIOS DEL FUEGO?

   Desde los estratos más antiguos del Pentateuco, se puede observar que existía una concepción abstracta e ilimitada de Dios. Es decir, que este no estaba ni subordinado a un espacio o a un clima, ni era el mismo ningún elemento de la naturaleza; si no que estaba por encima de ellos.

   Para entenderlo mejor, veamos el siguiente ejemplo. Los antiguos creían que la luz y las tinieblas eran entidades que existían independientes del sol. De hecho, en el Génesis, Dios crea la luz antes de crear al "astro rey". Vale decir, que él no era ni la luz ni el fuego solar. Tampoco estas eran divinidades menores como parte de un panteón; sino elementos impersonales subordinados a su obra creativa.

   Sin embargo, se ha especulado que Yahvé antes de ser el Dios de Israel era una antigua divinidad quenita del fuego (8); cuyo lugar de habitación era la cumbre del Sinaí. Los quenitas eran una tribu nómade, herreros y adoradores del fuego. El suegro de Moisés procedía de ese pueblo y quizás introdujo a su yerno en este culto. La relación del dios hebreo con una divinidad local no es descabellada. Es posible que estos pueblos hayan observado los misteriosos fenómenos volcánicos de la cumbre del Sinaí, creyendo que alli se alojaban dioses. Por otro lado, todos sabemos que Yahvé se manifestó en su cumbre con fuego y humo. De hecho, en el Exodo se lo llama "el dios de la montaña".

   Pero por el momento, dicha teoría carece de fundamento. No existe indicio de que en estas tribus se adorara a una divinidad con el nombre de Yahvé. Además, sobre la esencia y naturaleza del dios quenita solo se pueden hacer conjeturas (9). Yahvé no era el dios del fuego, los mismos pasajes bíblicos que se usan para afirmarlo lo contradicen.

   Es cierto que se apareció en la nube de humo cuando cubrió la cumbre en Horeb y en las llamas de la zarza ardiente. De ahí que además se le llame el "Dios de la zarza" y no por ello deba ser una divinidad vegetal. Con relación a esta expresión ultima cabe hacer una aclaración. Debido al termino hebreo, una traducción seria "el que mora en la zarza" o mejor aún "el que es residente temporario o huésped en la zarza". En este caso, la divinidad se "muestra" en una nube o en un arbusto llameante pero no pertenece a ninguno de estos elementos. Además, en este ultimo episodio, en ningún momento Dios se revela como una entidad del fuego sino como "el Dios de sus antepasados" (10); dando a conocer el significado de su Nombre.

   En el pensamiento ontológico primitivo, el nombre de una persona revelaba y expresaba su carácter de "ser", es decir, su "existencia" (11). En el poema babilonio de Enuma Elis, hallado en 1875 en la biblioteca de Asurbanipal dice:

"Cuando en lo alto no se nombraba el cielo,

y abajo la tierra no tenía nombre(...)

Cuando ninguno de los dioses había aparecido,

Ni eran llamados por su nombre ..." (12)

   Según este mito, en el origen existía solo el caos. El cielo y la tierra todavía "no tenían nombre". Por lo tanto, aún no habían sido creados. Por que todo lo que existe, tiene que tener un nombre.

   Cuando los egipcios recurrían a sus dioses, los conjuraban repitiendo sus "nombres verdaderos". Para los antiguos, el nombre no era una mera denominación o formula mágica, era la esencia de la persona misma, su ser. Como un llamado a la existencia, a la actividad. En el nombre lo inaccesible se convertía en accesible (13). 

   Yahvé es un verbo hebreo imperfecto en forma causativa (l4), cuyo significado es: "El causa que llegue a "ser" o "El causa que cosas y eventos sean" (15). Para expresarlos en términos metafísicos, él es él "ser" cuya "potencialidad" puede causar "acciones" y como consecuencia llegar a "existir". Por ello su Nombre encierra una altísima densidad simbólica y existencial.

   El énfasis, estaba en la esencia de un Dios no limitado a un sitio determinado, como una montaña, o algún elemento natural incandescente; si no que era un ser viviente y activo, que era, es y siempre será (16). El es el Dios vivo o el ser que hace que las cosas sean o acontezcan.

   Por lo tanto, en una visión superior, Yahvé no se materializa en los elementos de la naturaleza. Estos mediatizan sus actos para con el mundo físico; ya sean actos salvadores o ejecutores de juicios divinos. Veamos algunos ejemplos.

LAS MANIFESTACIONES EN EL "FUEGO Y EN EL HUMO"

   El fuego es un símbolo ideal que tiene una diversidad de sentidos. Los hombres antiguos sintieron gran perplejidad y asombro ante este elemento tan vital y necesario como destructivo. No es de extrañar que desde el alba de las civilizaciones se lo llegara a divinizar.

   El fuego estaba asociado con el cielo y con lo que este obsequiaba. Por mucho tiempo, los egipcios consideraron que los meteoritos eran bendiciones de las divinidades debido a su utilización de en la obtención del hierro (17). Los hititas, según un texto del siglo XIV a.c., empleaban un "metal negro procedente del cielo". En la India, el fuego llegó a constituirse en una personalidad divina.

   En la Biblia, se lo relaciona con el refinamiento o aprobación; pero en su otra polaridad, con la destrucción total y sin recobro.

    En Génesis 3:24, se da el primer ejemplo. Cuando Adán y Eva fueron echados del Jardín, Dios apostó dos ángeles y sobre ellos la hoja de una espada llameante que daba vueltas. Estos nos retrotrae a las figuras querúbicas del Arca de la Alianza y su corona luminosa celestial, la luz milagrosa de fuego o "Shekinah". Según la interpretación judía medieval, el jardín prohibido tenia siete puertas en una de ellas estaba un circulo de fuego representado en el símbolo esotérico de la cruz svástica erecta (18). Esto era obviamente señal de amenaza destructiva para aquellos que osaran violar la entrada.

   Otro sentido simbólico de amenaza y advertencia se da en el humo. Cuando Yahvé destruye las impías ciudades de Sodoma y Gomorra con fuego volcánico y azufre una espesa humareda salía de ellas.

   El uso del fuego como amenaza y poder destructivo, se pueden ver: Números 11:1; 16:35, donde Dios consume por fuego a murmuradores y rebeldes. También II Reyes 6:18-19, Donde el rey Ben-Hadad II manda a capturar a Elíseo y Dios tranquiliza al profeta mostrándole un ejercito de carros de fuego.

    En otra dirección simbólica, el fuego aparece como señal de aprobación. Por ello entre los antiguos, los sacrificios quemados eran como si fuesen "transmutados" por las llamas para que asciendan en forma de humo a otro plano de realidad.

   El fuego también es símbolo de aceptación de un pacto por ambas partes. (Lo observamos en el tema antes tratado de la aparición de Yahvé en el humo y el fuego en la cumbre del Sinaí). En un pasaje de Génesis 15, se muestra como Abraham trozo varios animales y puso por separado sus partes. Cuando una niebla espesa, como el humo de un horno se apareció. Un terror invadió a Abraham, era la reacción previa a la manifestación de una entidad espiritual. Una llamarada de fuego incandescente se deslizo entre los animales trozados, así sellaban los pactos en la antigüedad (19).

   El ritual de caminar entre trozos era muy común entre los árabes del desierto de Moab. Es interesante notar que en la Ilíada, existe un pasaje donde Agamenón antes de partir a Troya hace pasar a su ejercito entre animales trozados por consejo de un adivino (20).

   Un pasaje similar lo encontramos en Exodo 33:34, donde Yahvé paso con su gloriosa llamarada y luminosidad espléndida ante la persona de Moisés.

   No cave duda que el fuego es también asociado en las escrituras con la limpieza y la santidad de Dios. Los Serafines de la visión mística de Isaías (cap, 6), santifican al profeta por medio de quemar su boca para que pueda hablar los mensajes de juicio. De hecho, muchos biblistas piensan que la palabra Serafín (Heb."SAFAR") significa "arder" o "quemar" (21), cumpliendo la función de refinadores. Es de notar que a Yahvé, lo describe el deuteronomista como "un fuego consumidor".

LAS APARICIONES EN "EL AGUA Y EN EL VIENTO"

   El agua y el viento, también tienen una multiplicidad de simbolismos. La vida esta asociada con ellos, tanto los animales como los hombres necesitan del agua y de la respiración para la subsistencia. Por otro lado, lo liquido es un elemento "seminal" reproductor. De las precipitaciones y los vientos dependía la fertilidad de la tierra, las corrientes de los ríos y la abundancia de los lagos. En el Salmo 1, las aguas de los ríos son dadoras de vida. En Egipto se las adoraban (22). Las aguas dulces eran lo positivo. En otra valencia, las aguas también eran destructivas, fuerzas descontroladas y caóticas. En la mayoría de las mitologías, se muestra que en el origen solo había caos, representado por las aguas primordiales. En el mito babilonio, las aguas personificaban al monstruo marino "Tiamat". "Yam" era el dios fenicio del mar, el contra creador negativo. Como en el caso del diluvio bíblico eran vistas como consecuencia de la ira divina descontrolada.

   Veamos ahora algunos ejemplos de las apariciones en las aguas y el viento. En la cosmogonía del Génesis, un viento o fuerza vital aleteaba sobre las olas turbulentas. En los orígenes de los tiempos, cuando Dios se comunicaba con Adán, su presencia se sentía en el viento (Génesis 3:8). El patriarca Jacob, mientras viajaba por el valle torrencial de Jaboq, lucha con un hombre durante toda la noche. El extraño se va al amanecer, quiso huir como "el fantasma del padre de Hamlet que huyó al despuntar el alba". Jacob logra que el hombre le dé la bendición antes de desaparecer. ¿Quién era aquel extraño? Jabob llama a aquel lugar "El rostro de Dios". Es plausible que haya sido interpretado por Jacob como la manifestación acuática de Yahvé. Los antiguos creían que los ríos y las fuentes eran habitados por entidades benéficas tímidas. Hesíodo cuenta que los griegos antes de cruzar un río daban una plegaria. Los persas creían que las aguas dulces estaban habitadas por espíritus (23). En el estanque de Betzata, situado en la antigua Jerusalén, se pensaba que un ángel mecía sus aguas y como consecuencia tenia poder curativo (24).

  En II Reyes 3: 16,17, se registra el episodio que también narra la estela del rey Mesá. Cuando los reinos de Israel junto con el rey de Edom, se enfrentan con este. Según el documento, una sequía se apodero de la zona, inmediatamente se le solicitó ayuda al profeta Eliseo. Este por medio de una plegaria produjo un viento tormentoso y proveyó aguas. En I Reyes 17:1, Elías también pide a Dios que produzca lluvias y este lo concede.

   No es extraño que en la época de la monarquía Yahvé tuviera un papel preponderante sobre las aguas; debido a la tan extendida adoración de Baal, el dios de las lluvias fertilizantes.

EL LIBRO DE LA NATURALEZA

  Si bien, en determinadas ocasiones Yahvé se manifestó en los ciclos y los elementos de la naturaleza, no estaba esencialmente dentro de ellos. Todo lo que existe es por "causa de él"; de su palabra creadora. En el origen dividió las aguas primigenias (pero no estaba en las aguas) e hizo que aparezca la maza terrestre sobre lugares establecidos (pero el no estaba en la tierra), poniéndole límite a los mares y coto a los ríos. La vida vegetal y animal así como los cuerpos celestes luminosos que allí se pasean vinieron a la existencia por y para su esplendor (aunque no estaba en sus llamas).

  "Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento anuncia la obra de sus manos... sin hablar y sin palabras y sin vos que pueda oírse (...). La ley de Yahvé es perfecta hace revivir" (Salmo 92, Vs. 2,8. Nueva Biblia de Jerusalén)

  En este himno, se celebra al creador de los cielos y hacedor de los cuerpos celestes, como el sol, que en el Oriente antiguo era símbolo de justicia. En Sumer, el Dios Solar "Shamash" era la encarnación de la justicia y la ley. Por ello, en el código de Hammurabi, es esta divinidad quien entrega la legislación al rey. Estas palabras de los Salmos, citadas arriba, nos remiten a la creencia mesopotámica de que los astros "hablaban" mediante escrituras silenciosas. En esta misma corriente, se nos muestra que disponemos de dos fuentes para conocer al creador del que habla la Biblia: el "libro" de la naturaleza y su palabra escrita.

  A la primera de las fuentes se refería el Apóstol Pablo en su epístola a los Romanos 1:20 cuando escribió: "Por que lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras, su poder eterno y divinidad de forma que son inexcusables."

   Es cierto que el cielo "habla" de las cualidades de Dios, pero el hecho que el hombre haya rendido "adoraron a la creación mas bien que aquel que creó" (Romanos 1:25) demuestra que esta no es una fuente suficiente. Es un testimonio callado, mudo.

   Por ello el hombre necesita el complemento de una fuente sagrada que sea escrita, porque esta devela lo que la creación no puede. Narran acerca del significado de su Nombre y de su propósito. Por ella sabemos que El es un ser que existe desde la eternidad fuera de la esfera del tiempo y el espacio. Posee una naturaleza distinta a los demás dioses antiguos.

   Ninguna potencia adversa puede disputarle su dominio sobre los elementos. Es el creador de ellos, de las lluvias y de las cosechas, aquel que le pone límites al mar y lo domina.

   El Antiguo Testamento presenta una teología única y de otro orden. El Dios Uno de la Biblia es una personalidad extraordinariamente dinámica, que saca un cosmos de la nada, que da vida y existencia a los distintos cuerpos que constituyen nuestro universo. El es el Dios Yahvé, aquel que establece un orden maravilloso y cuya manifestación es en su entera obra creativa.

" Y, ¡Mire!, Jehová iba pasando, y un fuerte viento

estaba desgarrando montañas y quebrando peñascos... Jehová no estaba en el viento".

" Y después del viento hubo un temblor, Jehová no estaba en el temblor."

"Y después del temblor hubo un fuego, Jehová no estaba en el fuego"

                                                                         I Reyes 19: 11,12 T.N.M. (*)

(*) Fuente: Sergio Fuster, "Las manifestaciones de Yahvé en los elementos de la naturaleza", editado aquí de manera original.

 

  Imágenes (de arriba hacia abajo): 1: Yavhé manifestándose en la zarza llameante según una miniatura de un manuscrito griego del siglo Xll; 2: Llamas de fuego (foto Andrés Manrique); 3: El mar, en el atardecer; 4: Grabado del siglo XVlll que representa a Moisés escribiendo el Génesis bajo la inspiración divina. 

BIBLIOGRAFIA

 (1) Juan Bergua: "Historia de las religiones"; España, Ed. Seme Martin, 1964 tomo I, Pg.231 "Posteriormente hubo otras representaciones más racionalistas, que mostraban al cielo apoyado sobre cuatro montañas o sobre cuatro columnas (Papiro 1143). También se puede ver en el papiro Leiden 347 a la tierra asentada sobre vigas.

 (2) J.P. Vernant": El universo, Los dioses y los Hombres", España; Ed. Cículo 1999. Cap I

 (3) Cave mencionar a estas alturas el planteo de Hegel, que los elementos naturales no siempre deben servir de explicación para lo espiritual; pero si tiene una correspondencia.( Hegel" Lecciones es sobre filosofía de la historia universal").

 (4) El papiro Chester Beaty, habla sobre los contenidos relativos al ciclo de Horus y Set como manifestaciones del ciclo solar. Se puede observar en los textos de las pirámides (Imperio Antiguo) como el mito fue evolucionando y adornándose de verdaderas especulaciónes metafísicas. Finalmente nos llega en forma definitiva en la versión final de la mano de Plutarco.

 (5) Según Tácito, Los germanos vivían en terrenos muy fríos y pantanosos; su geografía desfavorable hizo que tuvieran en constante alarma a los romanos.

 (6) En la primera y la ultima plaga estuvo envuelto el símbolo de la sangre como salvación.

 (7) Op. Nota 1. Pg. 205.

 (8) E. O. James: "Historia de las Religiones" Madrid. Ed. Alianza Pg.63.

 (9) Ibídem

 (10) Martín Buber "Moises" Pag.83

 (11) Ibídem

 (12) L.Arnaldich: "El Origen del Mundo..." España" Ed. RIALP ,1954 pág. 81.

 (13) Ibidem pág.84

 (14) "El tiempo no se entiende en la lengua semita como se entiende en la mayoría de las lenguas modernas(...). El conocimiento del estado de acción, en cuanto a terminación o falta de terminación, era suficiente para el semita". K. Yates: "Nociones esenciales del hebreo bíblico", 1979. Pág. 183.

 (15) "Vetus testamentum" de "Los orígenes de la adoración Yahve", Ed. Alianza, 1986,pág 68.Madrid 1959,pág 433.

 (16) Enciclopedia Americana Tomo XXVI Ed. 1929,pág 9.

 (17) Mircea Elíade, "Herreros y Alquimistas"

 (18) Graves-Patai , "Los mitos hebreos". Pag. 68

 (19) J.G. Frazer "El folklore en el Antiguo Testamento" México, Ed. Fondo de Cultura, 1986,págs 206,207. "En Guezer, según Macallister, descubrió un cementerio con una urna cilíndrica de seis metros de profundidad. Se hallaron quince esqueletos, es decir, catorce y medio. Uno estaba trozado al medio, solo fue hallado su parte superior, esto demuestra que fue sacrificado en un ritual"

 (20) Ibídem.

  (21) Algunos piensan que se relacionan con serpientes o reptiles, pero su significado es incierto.

  (22) Un Himno al Nilo decía: "Salve a ti que vives en esta tierra para darle vida a Egipto... cuan bondadosamente escuchas las oraciones de los hombres... creador de todas las cosas buenas y Señor de las semillas".

 (23) Heródoto. Libro I, Cap.CLXXXIX.

 (24) En Juan 5:1-19, Jesús cura a un enfermo en este estanque. La versión Valera y Nacar Colunga apoyan la idea que un ángel mecía las aguas haciendo una interpolación en el Vs.3 que no aparece en los manuscritos griegos más antiguos.

                                      

 

 

                                                 

©  Temakel. Por Esteban Ierardo