REVISTA KENOS

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 Número 2 dedicado a la diversidad cultural

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     LA POESÍA DE LOS PUEBLOS. Poemas ancestrales de diversos pueblos.

 

    

  

   PRESENTACIÓN 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

  "Toda mi vida canto, y canto como respiro", le asegura un esquimal al explorador Knud Rasmussen. La poesía resopla en todos los ventisqueros de la vida cotidiana de los llamados pueblos primitivos. Para la diversidad de estas culturas la cadencia poética es tan indispensable como el aire. La poesía popular suele ser esencialmente religiosa. Guenon observa que la palabra latina carmen (canto) proviene de la palabra sánscrita karma (rito). El cantar poético es puente o tránsito hacia la divinidad. Los nahuas del Antiguo México creen que lo poético es la expresión de Dios en la tierra. El fluir poético puede fundirse con la danza y la música, como en el caso de los tarahumaras (también de México) cuya danza devocional dura dos noches. Las "Danzas del Venado" de los yaquis comunican  el mundo natural y el sobrenatural. En las primeras estrofas se alude a un hecho del mundo físico; en la segunda estrofa se presenta   este suceso en el mundo místico llamado "Tierra Florida", ubicado debajo del Amanecer. 

  La poesía es incandescencia de la vida interior. Los maidu de California dicen: "No se necesita la luz de las hogueras porque se tiene la luz interior".  Y la poesía de los pueblos puede expresar soledad, un sentimiento de abandono. En muchos de sus poemas, los pigmeos se lamentan diciendo que Dios los ha abandonado. Los poemas impregnados de belleza sacra pueden proceder de los sueños. Sioux y guaraníes aseguran que sus poemas sagrados nacen de los sueños. En las Islas Fiji el sueño es incursión en el mundo de los espíritus. Allí se ofrecen los poemas, o estos pueden brotar de trances hipnóticos como en las Danzas del Espíritu de los indios arapos.  

Algunos poemas sólo pueden ser dichos por una persona en especial, por su propietario exclusivo; o puede ser pronunciado únicamente en el momento de la muerte. Algunos movimientos artísticos de vanguardia hablan de la recuperación de la materialidad del lenguaje verbal o musical. El lenguaje que vale más por su condición material o sensorial que por el plano del significado. Mucho antes de estas búsquedas filosóficas modernas, los yámanas de Tierra del Fuego componían cantos de sonidos, sin significado conceptual. Lo sonoro como expresión de gozo o sorpresa. Algunos creen que estos quizás sean los cantos más antiguos de la humanidad.

La poesía primitiva distingue niveles de recepción. Los guaraníes creen que muchos cantos son comprensibles para todos, pero otros sólo podrán ser entendidos por unos pocos. El lenguaje también se diversifica. Hay un lenguaje religioso (con "las palabras de los situados arriba de nosotros") que es válido entre ancianos y ancianas que han recibido revelaciones de la comunidad, y existe un lenguaje secreto compuesto por escasas oraciones y palabras que sólo se revelan a los iniciados. E incluso existen "los cantos verdaderos" de una profundidad y sacralidad que los hace incomprensible para sus cantores.

 La continuidad tradicional de la poesía de los pueblos es también parte de su esencia medular. Los araucanos destacan que sólo la oralidad conserva la inspiración y espesor del canto. La palabra escrita pierde, disgrega.

  La poesía ancestral alimenta el verbo de la diversidad de los pueblos y culturas. Y también manifiesta la universalidad del canto poético como oración religiosa, como fuerza hechicera de curación o como revelación del mundo sobrenatural.

  En este primer momento de Revista Kenos 2, deseamos contribuir a la percepción de la diversidad cultural mediante las cadencias de la antigua poesía popular. Todos los poemas que presentamos aquí proceden del tesonero esfuerzo recopilador del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal. Mediante una búsqueda de varios años, logró reunir en un solo y especial libro poético muchos de los líricos frutos de ancestrales pueblos de todos los continentes.

  Aquí incluimos poemas de los pueblos cunas (Panamá);  esquimales; galas, pigmeos (África); navajos y sioux (América del Norte); guaraníes (Paraguay); Yamanes (Tierra del Fuego); Miskitos (Nicaragua); y yaquis (México). 

   La diversidad de los pueblos canta una sola música sagrada.

   Esteban Ierardo

 Arriba, izquierda,  imagen de Alce Negro, anciano sioux que transmitió oralmente sus poéticas visiones y recuerdos y muchas tradiciones de su pueblo. En Temakel puede consultarse:    La gran visión de Alce Negro

 

 

 

LA POESÍA DE LOS PUEBLOS

 

Congo. África

Oh gran Nzambi, lo que tú haces es bueno,

pero tú nos has dado una gran tristeza con la muerte.

Tú debías haber hecho que no muriéramos.

Oh Nzambi, tenemos una gran tristeza.

Pueblo Cunas. Panamá
Canto mágico para curar la locura (Fragmento)


El curandero en un extremo del piso de plata, en un asiento de oro,
en un asiento pequeño, está sentado mirando el lugar.

El viento del norte se hace más fuerte; el curandero está mirando el lugar.

El viento del norte y el viento del sur están peleando; el curandero está mirando el lugar; él es el curandero.

 Las olas del mar se están levantando con espuma; el curandero está mirando el lugar; él es el curandero.

 Los olas del mar casi lo alcanzan; el curandero está mirando el lugar; él es el curandero.

Las olas del mar casi se han calmado; el curandero está mirando el lugar; él es el curandero.

Las olas del mar casi se han alisado; el curandero está mirando el lugar; él es el curandero.

La saliva de las olas del mar está salpicando; el curandero está mirando el lugar.

La saliva de las olas del mar está formando hilos; el curandero está mirando el lugar.

Las olas del mar están resplandeciendo con blancura, como la de la garza, las olas del mar están blanqueando; el curandero está mirando el lugar.

Los cocoteros del mar se están doblando por el viento; el curandero está mirando el lugar.

Las manzanas de los cocos del mar están brillando en el viento; el curandero está mirando el lugar.

Las manzanas de los cocos del mar están luciendo en el viento; el curandero está mirando el lugar.

Las puntas de los cocos están resonando por el viento; el curandero está mirando el lugar.

Las hojas secas de los cocoteros se están moviendo por el viento; el curandero está mirando el lugar.

El sol le está oscureciendo la tierra, el curandero va a acostarse en la hamaca, las sogas de las hamacan están rechinando...

Abajo, izquierda, imagen de una muchacha esquimal.

 

Dos poesías esquimales

1. El monte Koonak

El gran monte Koonak allá en el sur,

yo lo veo.

El gran monte Koonak allá en el sur,

lo contemplo.

El luminoso resplandor allá en el sur,

estoy mirando.

Tras el Koonak se extiende

la misma luz que cubre el Koonak del lado del mar.

Mira cómo en el sur las nubes

crecen y cambian;

unas a otras se hacen bellas;

mientras la cumbre está cubierta del lado del mar

por cambiantes nubes,

está cubierta del lado del mar

unas a otras se hacen bellas.

El otoño viene sonado

con el recio viento del norte.

Rudamente todo lo abate con su enormidad.

El mar amenaza con volcar mi kayak.

Y ay, yo tiemblo, tiemblo, porque el viento y el mar 

me pueden enviar a lo profundo,

al lado del fondo del mar lleno de conchas.

Rara vez veo calma,

las olas juegan conmigo,

y yo tiemblo, tiemblo, pensando en la hora

en que las gaviotas hambrientas picotearán mi cuerpo.

 

Fiord en primavera

Yo iba en mi canoa

iba en el mar remando

suavemente en el fiord Ammassivik.

Había hielo en el agua

y en el agua un petrel,

movían la cabeza a un lado y al otro

no me vio remando.

De pronto sólo se vio la cola

después nada.

Se hundió pero no por mí:

una gran cabeza sobre el agua

la gran foca peluda

cabeza enorme con enormes ojos, y bigotes,

toda reluciente, chorreando agua,

y la foca se me acercó despacio.

¿Por qué no la arponeé?

¿Me dio lástima?

¿Sería por el día, el día de primavera, y la foca

jugando en el sol

como yo?

 

Galas. África.

Oración

 

Dios de la tierra, mi Señor, tú estás por encima de mí, yo estoy debajo de ti.

Si la desgracia cae sobre mí, si los árboles me ocultan el sol, aparta de mí la desdicha, Señor, sé mi sombra protectora.

Suplicándote paso el día, suplicándote paso la noche. Cuando la luna se levanta lejos, no me abandones. Cuando yo me levanto no te abandono. Aparta de mí el peligro.

Dios, mi Señor, Sol de treinta rayos, si el enemigo se me acerca, no dejes que mate a tu gusano de la tierra, apártalo.

Igual que nosotros vemos a un gusano: si se nos antoja lo aplastamos, si se nos antoja lo dejamos con vida: igual como nosotros aplastamos un gusano del suelo, así, si se te antoja, viéndonos en tierra, aplástanos.

Yo, cuando veo a uno o dos hombres, viéndolos con los ojos los conozco; tú, aunque no ves con ojos, ves en ti mismo.

Un hombre malvado ha arrojado a todo los hombres de su casa, ha dispersado a los hijos y a la madre como gallinas. El enemigo malvado ha arrancado a los niños de la mano de la madre y los ha matado. Todo esto tú lo has permitido. ¿Por qué has hechos esto? Tú lo sabes.

Tú has hecho crecer los cereales. Los has puestos delante de nuestros ojos: el hambriento se consolaba viéndolos.

Cuando el trigo estaba en flor has enviado las langostas y los insectos, los saltamontes, los pichones. Todo esto ha venido de tu mano. Tú eres quien lo ha hecho. ¿Por qué los has hecho? Tú lo sabes.

Mi Señor, perdona a los hombres que te ruegan. Como el propietario del grano ata a quien roba su grano, así átanos, mi Señor. Si has atado a aquel que tú amas, desata a aquel que tú amas. Así me amas, desátame a mí que te suplico de corazón.

Si no clamo a ti de corazón, no me escuchas. Si grito de corazón, tú lo sabes, tú me escuchas.

Oración

¡Óyenos, antiquísimo Dios, tú que tienes orejas!

¡Míranos, antiquísimo Dios, tú que tiene ojos!

¡Cobíjanos, antiquísimo Dios, tú que tienes manos!

Si amas los bellos caballos, tómalos.

Óyenos, Dios.

 

Pueblo guaraní

Oración matutina al Creador

¡Oh, verdadero Padre Ñamandú, el Primero!

En tu tierra el Ñamandú de corazón grande (el sol)

se está levantando con el reflejo de su divina sabiduría.

Y porque tú dispusiste que aquellos a los que proveíste 

de arcos

nos irguiésemos,

es que volvemos a erguirnos.

Y por eso, palabras indestructibles,

que jamás, en ningún tiempo, se debilitarán,

nosotros, unos pocos huérfanos del paraíso,

volvemos a pronunciar al levantarnos.

Por eso séanos permitido

levantarnos repetidas veces,

¡Oh, verdadero Padre Ñamandú, el Primero!

 

Sioux. América del norte

 

La canción del oso

 

Mi zarpa es sagrada,

todas las cosas son sagradas.

***

 

Padre, píntame la tierra en mi cuerpo.

Padre, píntame la tierra en mi cuerpo.

Padre, píntame la tierra en mi cuerpo.

Una nación yo voy a transformar.

Una nación de hombres yo haré sagrada.

Padre, píntame la tierra en mi cuerpo.

 

 

 Arriba, izquierda, mujer guaraní. Abajo, izquierda, en imagen para ampliar, Alce Negro ya anciano.

 

 

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Miskitos. Nicaragua.

Carta a la amada

Yo soy más alto que el cocotero

porque mis ojos alcanzan sus palmas

y aun las aves que el cocotero quisiera atrapar.

Yo soy más largo que el río Waki

porque oigo el lejano rumor del mar

o cerrando los ojos reconstruyo su playa brillante.

Yo tengo más pecho que la leona de Alamikamba

porque mi dolor escrito llega más allá de su rugido

hasta las manos de mi muchacha en Bilwaskarma.

*    *   *

Muchacha, estoy triste por ti.

Recuerdo el olor de tu piel.

Quisiera recostar mi cabeza en tu regazo,

pero estoy solo, recostado bajo un árbol,

oyendo únicamente el ruido del mar.

El oleaje revienta mar afuera:

pero no oigo tu voz.

 

Negritos. Malaya.

El jengibre

Su tallo se dobla al brotar las hojas,

se dobla hasta las raíces y se mece,

se dobla y se mece de muchos modos,

sus hojas se frotan y se hacen suaves,

en la escarpada Inas se agita,

en la escarpada Inas que es nuestra casa.

Se agita con la brisa leve,

se agita en la niebla, se agita en la bruma,

se agitan sus retoños,

se agitan en la bruma de las montañas,

se agitan en la brisa leve,

se mecen y mecen en las montañas,

montañas de Beching, montañas de Inas,

montañas de Malau, montañas de Kuwi,

montañas de Mantan, montañas de Lumu,

en todas las montañas que son nuestra casa.

 

Pigmeos. África.

 

La noche está oscura en el cielo negro,

hemos dejado la aldea de nuestros padres,

el Creador está airado con nosotros.

 

***

¡Estrellas resplandecientes de la noche blanca,

luna que brilla allá arriba,

atravesando el bosque con tus pálidos rayos,

estrellas, amigas de los espíritus blancos,

luna, su protectora!

 

***

Dios nos ha abandonado.

El creador del sol no nos da vida.

Oh pálida luna,

el creador del sol no nos da vida.

 

***

Espíritus del bosque, espectros de la noche,

que durante el claro día,

como el murciélago que chupa la sangre de los hombres,

están colgados de las paredes resbaladizas de las grandes cavernas,

detrás del musgo verde, detrás de las grandes piedras blancas.

Dinos: quién los ha visto, a los espectros de la noche,

dinos: quién los ha visto.

 

El elefante

 

En el bosque lloroso, bajo el viento de la tarde,

la noche, toda negra, se ha acostado contenta.

En el cielo las estrellas han huido temblando,

luciérnagas que brillan vagamente y se apagan;

arriba la luna está oscura, su luz blanca apagada.

Los espíritus andan  dando vueltas.

¡Cazador de elefantes, toma tu arco!

¡Cazador de elefantes, toma tu arco!

 

El árbol duerme en el bosque medroso, las hojas están muertas,

los monos han cerrado los ojos, colgados de las ramas 

allá arriba.

Los antílopes se deslizan con pasos silenciosos,

comen la hierba fresca, aguzan atentamente los oídos,

levantan la cabeza y escuchan asustados.

La cigarra se calla, detiene su canto rechinante.

¡Cazador de elegantes, toma tu arco!

¡Cazador de elefantes, toma tu arco!

 

En el bosque azotado por la gran lluvia,

papá elefante camina pesadamente, baou, baou,

sin cuidado y sin miedo, seguro de su fuerza,

papá elefante a quien nadie puede vencer;

entre los árboles quebrados se para, y sigue otra vez.

Come, ruge, bota los palos y busca a su hembra.

Papá elefante, se te oyó desde lejos.

¡Cazador de elefantes, toma tu arco!

¡Cazador de elefantes, toma tu arco!

 

En el bosque donde nadie pasa sino tú,

cazador, ten valor, salta y camina,

allí tienes carne, el gran trozo de carne,

la carne que camina como una loma,

la carne que alegra el corazón,

la carne que se va a asar en el fuego,

la carne en la que se entierran los dientes,

la rica carne roja y la sangre que se bebe humeante.

¡Cazador de elefantes, toma tu arco!

¡Cazador de elefantes, toma tu arco!

 Arriba, izquierda, niño pigmeo; abajo, izquierda, un indio yámana.

 

Yamanes. Tierra del Fuego

Lamento

Mi padre, ¿por qué me ha castigado ÉL, 

allá en lo alto?

* * *

Lamento

Mi padre de arriba está irritado conmigo ¡ay!

Sí, el Matador de la montaña está irritado ¡ay!

 

Canto de júbilo

(Sin sentido o significado conceptual)

Ja ma la

Ja ma la

Ja ma la.

O la la la la

la la la la la.

 

Yaquis. México.

  Venadito de flores, ya vienes a jugar

en esta agua de flores.

Allá lejos, en la Tierra Florida, en el patio florido,

estás jugando en un agua de flores.

Venadito tierno de flores, ya vienes a jugar

en el agua de flores.

 

Venadito de flores,

bajo la flor de la cholla te pares

a frotar tus cuernos,

encorvado y volteando tus cuernos para frotarlos.

 

Y allá lejos, en la Tierra Florida, debajo del Amanecer,

bajo otra flor de cholla te paras

a frotar tus cuernos;

venadito de flores, bajo la flor de la cholla te paras 

encorvando y volteando tus cuernos para frotarlos.

¿Adónde es que silbas tú, palo seco?

Allí estás silbando tú, palo seco.

 

Allá lejos, en la Tierra Florida, en medio del monte,

allá lejos, en aquel lugar, estás silbando,

palo viejo seco.

Allá estás silbando, palo viejo seco.

 

Cuando viene la fresca noche, 

te levantas de la rama de mesquite,

pájaro negro.

 

Y allá lejos, en la Tierra Florida, debajo del Amanecer,

allá lejos, en aquel lugar,

te levantas de una rama de mesquite,

pájaro negro.

 

Parecen venir hacia acá, las palomitas del monte,

las tres cabecitas gris meneándose rápidas,

caminando hacia el agua de flores,

luego las tres cabecitas grises se alejan juntas

caminando lentamente.

 

Y allá lejos, en la Tierra Florida, debajo del Amanecer,

van tres cabecitas grises meneándose,

hacia el agua de flores,

y luego juntas, alejándose lentamente.

 

En verano viene las lluvias y nace la hierba.

Es la época en que el ciervo tiene cuernos nuevos.

 

Corres delante de la tempestad de polvo,

venado encantado, haciendo mucho ruido.

El venado

mira a una flor.

 

 

Navajos. América del Norte

 

La ardilla con su camisa está allá de pie.

La ardilla con su casa está allá de pie.

Esbelta, está allá de pie; rayada, está allá de pie.

 

***

¡La voz que embellece la tierra!

La voz de arriba,

la voz del trueno,

entre las nubes negras,

está sonando y sonando,

la voz que embellece la tierra.

 

¡La voz que embellece la tierra!

La voz de abajo,

la voz de saltamontes

entre las flores y la hierbas,

está sonando y sonando

la voz que embellece la tierra.

 

***

Oración

Dichosos pueda caminar.

Dichoso con abundantes nubes negras pueda caminar.

Dichoso con abundantes lluvias pueda caminar.

Dichoso con abundantes plantas pueda caminar.

Dichosos por un sendero de polen pueda caminar.

Dichoso pueda caminar.

Igual como fue en días lejanos ahora pueda caminar.

Todo sea bello delante de mí.

Todo sea bello detrás de mí.

Todo sea bello debajo de mí.

Todo sea bello arriba de mí.

Todo sea bello alrededor de mí.

En belleza esto termina.

En belleza esto termina. (*)

  

(*) Fuente: Todos los poemas proceden de la Antología de poesía primitiva, recopilada por el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, y publicado por Editorial Alianza, Madrid, 1979.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    © Revista KENOS. Número 2. 2003 Dirección Esteban Ierardo