REVISTA KENOS

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 Número 3 dedicado a la apreciación de la naturaleza

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  EL DESCUBRIMIENTO DE LOS MARES. De la naturaleza mítica a la naturaleza visible. Por Vitorino M. Gondinho

 

    

  

   PRESENTACIÓN 

 

 

 

 

 

 

 

 En la Edad Antigua y la Edad Media, los mares respiran dentro de la bruma del misterio y el mito. El mar era la líquida llanura donde vivían seres fantásticos. El viaje medieval de San Brandan, un monje navegante irlandés, es un modelo de la travesía por un océano espolvoreado de islas feéricas y criaturas monstruosas y sorprendentes. Sólo a partir del siglo XIII se inicia un proceso de descubrimiento del espacio empírico y de sus contornos físicos u observables. Este movimiento arriba a su plenitud con los grandes descubrimientos geográficos del siglo XVI, en el Renacimiento. La exploración de la amplitud del mar es paralela al desvanecimiento de su rostro mítico. Vitorino Magalhaes Godinho, es un historiador portugués, descendiente de los antiguos y temerarios navegantes lusitanos. Godinho, miembro de la real Academia de Historia de Madrid, anima esta nueva escama de Kenos 3 mediante la reconstrucción del lento devenir que sustrajo a Occidente de los mares del mito hacia un espacio marino, visible, cartografiable y desacralizado.

  El resultado histórico de esta aventura es el conocimiento geográfico y el dominio de las mares. Pero quizá el saber empírico sobre los mares, sus costas y corrientes, se relaciona con un proceso de excesiva racionalización. Quizá luego del conocimiento físico de los mares sea necesario una nueva mitología del mar y sus olas, de sus orillas y profundidades. Una mitología que le restituya al océano, al vientre líquido de la naturaleza, su aura de símbolo poético y misterioso.

E.I  

 

 Arriba, una carabela, la ágil nave que catalizó fuertemente la exploración de los mares a partir del siglo XV.

 

 

 

 

  EL DESCUBRIMIENTO DE LOS MARES

 De la naturaleza mítica a la naturaleza visible 

Por Vitorino M. Gondinho

 

   Los hombres de la Edad media reaccionaban en función de la geografía mítica y, sólo esporádicamente, en función de la realidad. Las transformaciones del siglo XIII y de los siglos que lo anteceden y siguen abren la primera brecha por la que ha de transitar la funcionalidad de lo real. No existía hasta entonces un sistema de representación del globo terrestre: los llamados planisferios que en realidad se hallaban separados por mares o ríos, o bien, siguiendo la lógica del mito, atribuían a estos cursos nacidos de la fantasía, al margen de toda ley científica o de una mínima correspondencia de formas, dimensiones o ubicación relativa. Todo aquello no pasaba de las meras configuraciones simbólicas.

  Entre los años 1270 y 1320 renace la geometría euclidiana, y con ello la ciencia adquiere capacidad para construir el espacio. Por la misma época llegan la aritmética y el álgebra indomusulmanas; recobran actualidad la astronomía de Ptolomeo -transmitida por seguidores del Islam-, la óptica de Apolinio y Ptolomeo, la medicina de Hipócrates, Galeno y Avicena. Entretanto, llega desde China el "indicador del Sur", que en el Mediterráneo va a convertirse en auténtica brújula; misioneros y mercaderes descubren el Asia inmensa, y se recibe también cumplida noticia del tráfico de las caravanas de camellos que surcan el Sahara. Estos nuevos conocimientos permiten trazar el primer conjunto de mapas con indicaciones de rumbos y distancias. Correctamente representado -aunque con longitud excesiva- el Mar interior pasa a ser eje de la representación científica de la ecumene (el universo mundo) que, gracias a las informaciones de los viajeros de las caravanas euroasiáticas, se extiende ahora hasta Catay.

  ¿Qué visión existía del mundo por los años 1375-1381? Si observamos el Atlas catalán de los Cresques (los dos hermanos cartógrafos mallorquines) podremos divisar, en el esplendor de sus iluminaciones, las cáfilas de camellos en África y en Oriente, los reyes del oro, las ciudades opulentas de Asia, las naves del Índico, las galeras desplazándose cerca de las Canarias y de Madera. Las Islas Británicas aparecen, en cambio, toscamente dibujadas, y a medida que nos alejamos del eje de lo científicamente conocido y mensurado las indicaciones se confunden, como sucede con el Asia sudoriental. En ese atlas saltan a la vista los restos míticos, propios de toda la cartografía de los siglo XIV y XV.

 Arriba, derecha, el navegante portugués Vasco Da Gama, el primero en unir Europa con la India, en 1497.

 A partir del siglo XI, o a más tardar desde mediados del siglo XII, tiene lugar, desde el Guadalquivir y hasta las costas del Canal de la Mancha e Irlanda, el asentamiento de poblaciones humanas a orillas del mar. (...) Suele sostenerse que esta actividad marítima fue resultado de la iniciación de la construcción naval mediterránea de galeras genovesas, fomentada por los nombramientos de almirantes de ese origen. Las escuadras de galeras servían sólo para la guerra marítima. La concepción y la construcción de los barcos atlánticos son propias de las orillas de este océano. En Vizcaya surge la coca, que servirá de modelo de carga italianos y catalanes. La invención del timón con goznes, que reemplazará, como medio de gobernar la nave, a los dos remos de popa, proviene seguramente de los puertos del Cantábrico. El Mediterráneo aporta la vela latina de forma triangular y Escandinavia y el Mar del Norte contribuyen a perfeccionar el casco brindan otros elementos.

 (...) A mediados del siglo XV nace entre los portugueses el interés por las especias de África, sin contar el marfil, que ya les interesan de antes. En el decenio de 1480, con el rey Juan II, los portugueses comienzan a interesarse por las especias y las drogas de Asia, proponiéndose entonces unir su complejo del nordeste africano y de las islas con la ruta del Cabo, que finalmente será contemporánea de la ruta de Colón y de la ruta de los hermanos Corte-Real (los navegantes portugueses que descubrieron Labrador, Terranova y Groelandia).

  Tres innovaciones van a abrir las rutas de los océanos. La primera se relaciona con el abandono de la galera que no sirve para la navegación de los descubridores, como tampoco sirven la pesada carraca o las naves mixtas que combinan remo y vela. Por los años 1440 a 1450 los portugueses lanza la carabela, que es una adaptación de naves anteriores, musulmanas, nórdicas, atlánticas. De forma más alargada y más angosta, con timón axial de gozne, dotada de velas triangulares que permiten navegar de bolina (no sólo con viento a favor), la carabela es más veloz, robusta y manejable.

Arriba, izquierda, maqueta de un barco de los fenicios, el pueblo de la antigüedad pionero en el conocimiento del mar.  

  El invento de la carabela permitió abrir los océanos gracias a una nueva forma de navegar. No puede hablarse todavía de experimentación científica, pues la formación del espíritu científico tomara tiempo. Comienza, sin embargo, la exploración sistemática; lo observado se corteja con los mitos; se registran vientos y corrientes, profundidades y puntos de referencia; se busca medios para determinar la posición y el rumbo de las nave fuera de la bahía, a veces a cientos de millas de la costa. Observado el régimen de las horas nocturnas y la altura de la estrella polar, se van trazando, con ayuda de otros instrumentos  y observaciones, las rutas de alta mar, especialmente de regreso, lo que permite encontrar las islas perdidas en el océano. Esta práctica náutica sistemática conducirá, en el decenio de 1480, a la navegación astronómica, que se nutre de las fuentes científicas judeo-musulmanas y que va acompañadas por la recuperación de las obras de Ptolomeo y de otros frutos de las ciencias antiguas que la imprenta divulgara a fines del siglo XV y comienzo del XVI.

  En tercer lugar, los adelantos de la artillería permiten instalara a bordo. Carabelas y naves poderosamente artilladas asientan su dominación en los océanos, constituyendo una fuerza que abre paso a los contactos con otras civilizaciones. Los descubrimientos son resultado de la situación coyuntural a que condujera la larga depresión y a la inversión de esa tendencia vinculada con la serie de inventos de mediados del siglo XV. En diversos periodos, a fines de ese siglo, durante el siglo XVI y a comienzos del XVII, tienen lugar otras series de inventos. La revelación de lo que estuviera oculto y la unión de lo que hallase disperso demandaran nuevas herramientas intelectuales y una práctica nueva englobada en la palabra "experiencia", la cual, si bien se usaba ya frecuentemente, va a adquirir ahora nuevo significado.   

 (...) Otra gran revolución en el modo de pensar-después de la del siglo XIII- es el trazado del mapa universal del orbe gracias a los nuevos ejes científicos sobre las latitudes, que permite tejer una telaraña de rutas mundiales e inscribir la presencia del hombre en todo el globo. Surge así todo un sistema de datos obtenidos organizadamente, en que la observación o la mirada del caravanero se unen a las del piloto, teniendo por telón de fondo y expansión y la acción del mercader.

  El lugar de seguir reaccionando en función de símbolos y mitos, por primera vez los hombrees son capaces de actuar físicamente sobre lo que ellos mismos han construido- el espacio, los espacios- y de proyectar eficazmente su mente para guiar su acción. A lo largo de milenios la tierra había sido sólo una franja cuyo extremos no alcanzaban a tocarse; desconocíanse las Américas, tampoco se conocía el Pacífico, la circulación solo existía entre Europa, Eurasia y África al norte del Ecuador, entre África oriental y el Lejano Oriente. En este mosaico, la mayoría de las culturas y de las civilizaciones no se conocían ni comunicaban entre los medios intelectuales y técnicos disponibles no permitían concebir el globo terráqueo como un todo con su diversidad, sus divisiones y sus unidades; no existan medios que permitieran desplazarse con la certeza del poder retornar al puerto de partida; formaban esa globo jirones de realidad que apenas alcanzaban a interponerse entre las geografías míticas y los seres fabulosos. Dispónese ahora, en cambio, un sistema de representación verificable y eficaz para los desplazamientos y las comunicaciones. Las innumeras barreras que enclaustraban a los pueblos han ido cayendo y esfuman los Paraísos Terrenales, los Eldorados, las islas fabulosas de la eterna juventud, los reinos hechos de oro y piedras preciosas, las cristiandades perdidas, los tórridos desiertos intransitables, los mares en ebullición, los gigantes a los que nadie se atreve a hacer frente, los pigmeos de las selvas impenetrables.

 

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 Arriba, en imagen para ampliar, el mar envuelto por la bruma frente a las islas Feroe.

  Aunque predominaba ya la concepción de la tierra, en ciertos círculos librescos tradicionales seguía vinculada con leyendas y mitos. La Sphaera Mundi de John Holywood (Sacro Bosco), el matemático y astrónomo inglés del siglo XIII, sigue usándose como base para una buena parte de la enseñanza y, también, de la practica. Así lo atestiguan sus 30 ediciones publicadas entre 1472 y 1500, y más de 40 que ven la luz entre esta fecha y el año 1647. Aparecen asimismo numerosas ediciones de Mandeville, e Imago Mundi, sigue ejerciendo influencia; y no son menos las ediciones del Auto das Sete Partidas (incluyendo la carta fabulosa del preste Juan en que describe su reino a los reyes de Occidente) y la avidez con que se le lee.

  Frente a todo ello la reacción sigue proviniendo de la náutica, quedando toda la geografía fantástica en manos de círculos librescos, ajenos a las practicas comerciales y marítimas. La idea consagrada de la esfericidad del planeta se acompaña con análisis y pruebas concretas: la sombra de los eclipses, la desaparición de los barcos en el horizonte, la circunnavegación de la tierra iniciada por Magallanes y completada por Elcano. Los debates sobre la medida del grado de latitud y de longitud prepararán la medición que las Academias, especialmente, la francesa, realizarán en el siglo XVIII. Esta medición dará pleno carácter científico a la representación cartográfica, gracias a la instalación a bordo, para el cálculo de la longitud, de un reloj con suspensión a la Cardan. La experiencia y el raciocinio físico demuestran la existencia real de las antípodas y demuelen la idea del carácter inhabitable de las zonas tórrida y polar. La nueva manera de pensar, que tiene por bases la experiencia y el raciocinio probatorio, esta presente con nitidez en el Tratado da esfera de Juan de Castro (1536, probablemente), iniciador de los viajes de exploración científica.

  De este modo la navegación y el desplazamiento de las caravanas, la búsqueda de mercaderías, permitirán -sobre la base de la representación cartográfica fundada en un sistema científico -conocer Estados, pueblos, productos, paisajes y poblaciones con costumbres distintas, con asiento en los continentes europeo, africano, asiático, americano. La literatura disponible entre los años 1560 y 1570 abarca ya gran parte de la tierra: de China y Japón a Brasil y a Guinea, de Canadá al cabo de Buena Esperanza. Mapas marítimos, bitácoras, catálogos de pesos y medidas, geografías, crónicas sobre los ámbitos más variados proporcionan, en esencia, conocimientos bastantes precisos sobre todo el planeta, sobre mares y tierras, sobre gentes y paisajes.

  Los Lusiadas (1572) de Camoens consagran todas estas adquisiciones: lo maravilloso nada tiene ya que ver con prodigios y fábulas, constituyendo una forma poética de comunicar y de lanzar un puente hacia la utopía, hacia la isla de los Amores. Y como ya antes de 1516 cantara Diego Velho: "Las nuevas cosas presentes/nos son hoy tan evidentes/que nunca antes otras gentes/vieron jamás mundo tal". (*) 

 

  

(*) Fuente: Vitorino M. Gondinho, "Los descubrimientos marítimos", editado en El Correo de la Unesco, diciembre 1983, pp. 20-29. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arriba, derecha, uno de los primeros mapas posteriores al arribo de Vasco da Gama a la India donde los contornos del continente asiático y el Océano Índico están claramente integrados.

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    © Revista KENOS. Número 3. 2003 Dirección Esteban Ierardo